- H. G. WELLS Y LA MÁQUINA DEL
TIEMPO
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- Autor: Adolfo Pérez Agustí
- MADRID (España)
- Número de Inscripción en el Registro de la
Propiedad Intelectual: M-82161
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Los viajes en el tiempo han
constituido uno de los sueños básicos del ser humano. Hay quien sueña con
volver al pasado cercano para enmendar su vida y errores, mientras que otros
desearían estar ya en el futuro para olvidar su penosa vida actual. También
los hay que están convencidos de que la vida en épocas gloriosas del pasado
era, cuando menos, más atractiva que la actual y desearían haber vivido, por
ejemplo, durante los años de la dominación romana, con sus centuriones y
emperadores vitoreados por el pueblo, en oposición a quienes prefieren
recrearse en la época de Luis XV o el esplendor de Viena.
Cada uno de nosotros se
imagina habitualmente siendo partícipe de hechos históricos decisivos para la
humanidad, e intentando modificar el destino del hombre gracias a su buena
voluntad o sabiduría. Por supuesto, también son legión quienes se trasladan
mentalmente a un futuro muy lejano, con la Humanidad inmersa en un desarrollo
tecnológico perfecto en el cual no hay ni enfermedades ni miseria.
Los futurólogos y adivinos
constituyen ese recurso fácil para quienes, ansiosos por saber su destino,
acuden a ellos para que les vaticinen un futuro más halagüeño, aunque en
demasiadas ocasiones se limitan a hablarnos de nuestro pasado, como si no lo
conociéramos ya suficientemente.
Los científicos, por su
parte, nos han aportado algunas posibilidades para viajar en el tiempo y
mientras unos hablan de velocidades superiores a la de la luz, girando en
sentido contrario a la rotación de la Tierra, otros alegan que solamente
entrando en un agujero negro o de gusano es posible viajar a través del tiempo.
Y en medio de todos están los
escritores, los únicos sinceros que no tratan de engañar a nadie puesto que ya
dejan claro que sus relatos sobre viajes en el tiempo son pura ficción, en
ocasiones científica, pero simplemente ficción.
Esta es la historia ficticia
de uno de esos soñadores, el genial H. G. Wells, el primer escritor que se
atrevió a hablar de una máquina del tiempo que podría aportar más beneficios
a la Humanidad que ningún otro invento.
CAPÍTULO UNO
1938: LA INVASIÓN DE LOS
MARCIANOS
En 1938, la compañía Mercury
Theatre compuesta por Orson Welles y su amigo Houseman, efectuaron una recreación
radiofónica de la novela de H. G. Wells "La guerra de los mundos".
La víspera de Todos los Santos salió en antena la invasión de los marcianos
al planeta Tierra, contando Welles y sus ayudantes con todo detalle cómo éstos
destruían sistemáticamente todas las ciudades. El terrible rayo calorífero
que era capaz de destruir los cañones y tanques del poderoso ejército
norteamericano, sumió en el terror y la desesperación a los hasta entonces,
pacíficos ciudadanos. Presos de pánico salieron a la calle en demanda de
ayuda, tratando de evitar ser víctimas del poderío marciano. Pero allí no había
ni marcianos, ni naves extraterrestres, y mucho menos rayos destructores;
solamente la voz de Welles en antena advirtiendo cada quince minutos que se
trataba de una novela radiofónica.
Una vez tranquilizados los
asustados ciudadanos, no faltaron voces de protesta exigiendo responsabilidades
a quienes habían sido capaces de aterrorizar a toda una nación en plena
histeria de invasiones extraterrestres. Con el planeta Marte más cerca que
nunca de la Tierra, y las apariciones de ovnis mezcladas con los supuestos
ataques de los rusos, el miedo contenido de la población no necesitaba muchos
estímulos para salir a flote. Por eso y ante la amenaza de serias denuncias por
lo que se consideraba un fraude gigantesco con ánimo de notoriedad y lucro, el
realizador Orson Welles se vio en la necesidad de convocar una conferencia de
prensa, a la cual asistió igualmente el creador de la novela "La guerra de
los mundos", el señor H. G. Wells.
El lugar elegido fue el
National Arts Club, un club privado situado cerca del Gramercy Park,
concretamente en la East 20 ND Street de Nueva York. Allí estaban
representantes de las revistas Variety, Photoplay y Metronome, además de los
columnistas E. Wilson y Louella Parsons, famosos ambos por sus mentiras sobre el
comportamiento de la gente del espectáculo.
Aunque compartían, casi, el
mismo apellido, ni Herbert ni Orson se conocían y ni siquiera eran parientes,
pero pronto surgieron multitud de rumores que afirmaban que en realidad eran
hijos de la misma mujer pero distinto padre, lo que sin lugar a dudas no era
cierto. Cualquier biógrafo sabía que ambos habían vivido durante la mayor
parte de sus vidas en países diferentes, pero la prensa canalla sabía que
inventando historias venderían más noticias que diciendo la verdad.
- -Bien, señores – comenzó
Orson Welles dirigiéndose a los periodistas – antes de empezar esta rueda
de prensa debo aclararles que me he visto presionado por el fiscal del condado
para convocarla. No tengo ningún interés en explicar al público los motivos
para radiar la novela "La guerra de los mundos", ni mucho menos para
disculparme por haberles entusiasmado. Si han existido situaciones de pánico
colectivo es solamente porque sé contar historias en la radio. Del mismo modo
que a un padre no se le puede sancionar por contar eficazmente la historia de
"Caperucita Roja", hasta el punto de hacer temblar de miedo a su
hijo cuando el animal se come a la infeliz abuelita, no encuentro razonable
que se alcen voces pidiendo mi cabeza.
- -Pero señor Welles – le
cortó E. Wilson – usted no se ha limitado a contar la historia de una
manera eficaz. Lo que en realidad ha hecho es hacer creer a los oyentes que
estaba narrando una noticia, tal y como se hace en los noticiarios.
- -Es que la historia es así.
Nos narra un suceso ocurrido en nuestros días y emplea situaciones y
personajes reales. Pero eso ya lo hicieron anteriormente Arthur Conan Doyle o
Edgar Alan Poe y hasta ahora nadie les ha condenado a la hoguera.
- -Creo que en realidad –
insistió Wilson – usted sabía que confundiendo al oyente lograría un
mayor impacto y empleó ese truco deliberadamente. Es como si mañana saliera
en antena el Presidente de los Estados Unidos anunciando el ataque de los
rusos y luego dijera que había sido una broma.
- -Me halaga comparándome con
el Presidente, pero creo que no tengo tanta influencia como él.
- -¿No cree que a partir de
ahora su popularidad haya alcanzado cotas similares? A fin de cuentas, usted
nos ha demostrado que sabe mentir tan hábilmente como cualquier político
(Risas)
- -(Sensiblemente enojado) Veo
señor Wilson que es usted tan imbécil en persona como escribiendo, así que
ahora concédame la satisfacción de no volver a oír su voz y deje hablar a
sus compañeros.
- En ese momento y quizá a
causa de la gran cantidad de murmullos, algunos insultantes para Orson Welles,
se levantó H. G. Wells y con las manos alzadas pidió silencio a los
periodistas.
- -Por favor, señores, no
convirtamos esta conferencia en un enfrentamiento personal. La historia
original es mía y, por tanto, si existe algún responsable sobre esa histeria
colectiva soy yo. Es a mí a quien deben hacer sus críticas.
- -Pero señor Herbert –
habló conciliadora Louella Parsons – nadie ha criticado la validez de su
novela, tan extraordinaria que creo que todos nosotros la hemos leído.
Personalmente escuché la recreación que hizo Welles en la radio y debo
admitir que me fascinó, aunque por supuesto nunca pensé que se trataba de un
hecho real. El problema estuvo en que solamente se habló de que se trataba de
una novela al principio, pero desde ese momento todo se narró como si fuera
un hecho real. Por eso aquellos oyentes que sintonizaron su emisora después
de la introducción cayeron en la trampa y creyeron que se trataba de un
noticiario.
- -Bueno, eso no es
condenable. Espero que si radian mi novela "El alimento de los
dioses" o "La isla del doctor Moreau", no caigan ustedes en la
misma trampa. La radio es un medio de expresión en el cual la imaginación
del oyente es vital para lograr su interés, pero para estimular esa imaginación
hay que utilizar algunos trucos como los de mi amigo Orson. Cuando los
protagonistas se besan en la radio todo el mundo sabe que es pura ficción, lo
mismo que cuando oímos el vuelo de Supermán o las aventuras de Flash Gordon.
Creo que ustedes deben aplaudir al señor Welles en lugar de criticarle por
haber logrado confundir al oyente.
- -Por lo que creo entenderle
– dijo levantándose de su asiento el delegado de Variety – usted afirma
que todo es válido en la radio con tal de conmocionar al oyente. Eso me
parece infame, puesto que justifican todo si con ello ganan audiencia.
- -¡Es usted – dijo Orson
Welles furioso – el menos indicado para criticarme!. Usted pertenece a una
revista que disfruta inventándose historias sobre los actores y actrices, no
dudando ni un momento en calumniarles si con ello consigue vender más
ejemplares. Yo al menos no he calumniado a nadie y mis personajes son
ficticios, a no ser que considere reales a los marcianos (risas en el
auditorio)
- -Mi revista publica
habitualmente notas de rectificación cuando hemos dado alguna noticia falsa,
pero...
- -(Welles, interrumpiéndole)
Pues van a necesitar un número extra cada semana para pedir disculpas. Usted
es el que tendría que estar en mi puesto respondiendo a los ataques. Yo soy
un profesional de la radio que sabe hacer perfectamente su labor, lo mismo que
lo supo hacer H. G. Wells cuando escribió su novela. Las personas como usted,
ávidas siempre de publicar noticias falsas, son las que realmente causan daño
a la población.
- En aquel instante la totalidad de
los periodistas estaban ya levantados de sus asientos, gesticulando fuertemente,
y las llamadas a la concordia que efectuaba H. G. Wells no surtían efecto.
Solamente la presencia de los dos policías que vigilaban los acontecimientos
impidieron que los puñetazos sustituyeran a los insultos, especialmente porque
Orson Welles insistía en boxear con el representante de la revista Variety.
- Todavía sensiblemente
alterados, ambos colegas salieron a la calle por la puerta trasera donde les
esperaba un coche que les llevaría a sus domicilios.
- -Esos cretinos –
siguió hablando Orson Welles – creen que tienen derecho a poder calumniar a
quienes deseen. Al menos he podido disfrutar diciéndoles lo que opino de
ellos.
- -Sí – le contestó
Herbert – pero mañana su nombre estará en las portadas de todos los periódicos
y no precisamente para hablar de su trabajo en la radio.
- -Lo importante es que
hablen, aunque sea mal. Habría sido mucho peor que mi programa hubiera pasado
desapercibido. Ahora al menos, y de una manera gratuita, todo el mundo sabrá
que existe un realizador llamado Orson Welles.
- -(Profetizando) Me da la
impresión, amigo mío, que no será la única vez que su nombre aparecerá en
las portadas de los periódicos.
- -Ese comentario, viniendo de
un escritor que habla tanto del futuro, me parece aleccionador. Espero que sus
pronósticos se cumplan. Ciertamente, estoy convencido de que tanto sus pronósticos
científicos, como los de Julio Verne, terminarán por ser una realidad.
- -(Sonriendo) ¿Incluida la
invasión de los marcianos o la máquina del tiempo?
- -No sé si serán los
marcianos o alguien procedente de una galaxia cercana, pero del mismo modo que
los pueblos de la Tierra han sido invadidos en numerosas ocasiones, es muy
posible que algún extraterrestre sienta los mismos impulsos. El universo
entero tiene que estar regido, lógicamente, por los mismos principios, técnicos
y morales. Lo que no acabo de creer posible es eso de los viajes en el tiempo.
¿Cómo se puede viajar a un futuro situado a miles de años de distancia
simplemente poniendo una fecha en un reloj?
- -Bueno, lo del reloj lo he
incluido en mi novela para que el viaje fuera exacto y más fácil. Mi idea
principal era hablar de la cuarta dimensión, ese lugar que nunca se modifica
aunque cambien las fechas y las circunstancias.
- -¿Pero usted está
convencido de la posibilidad de viajar en el tiempo?
- -Ir al futuro no le veo
muchas posibilidades, pero sí al pasado.
- -¿Y dónde radica la diferencia?
- -El futuro es algo que no
existe y posiblemente no exista nunca. Nadie sabe si mañana estará vivo y si
esa gran ciudad seguirá allí o habrá sido destruida por un terremoto. Sin
embargo, el pasado es algo real, algo físico que existió y que aún
permanece presente. Todos los sonidos de años atrás, las luces, el calor y
el frío, o los movimientos de las personas, han sido transformaciones de la
materia, no han desaparecido. Se encuentran dispersos en algún lugar del
universo esperando que alguien los restituya a nuestra época.
- -(Poniendo cierto interés
en la conversación) Entiendo. Sería como escuchar en un magnetófono una voz
grabada años atrás. La persona que habló en ese momento quizá esté muerta
ya, pero su voz permanece allí, tal y como fue expresada.
- -(Comenzando a entusiasmarse
al oír la respuesta de Welles) Exacto. El cine y las grabaciones sonoras son
un ejemplo perfecto para explicar mi teoría sobre la máquina del tiempo.
Esos dos sistemas en cierto modo nos llevan al pasado una y otra vez, al
pasado real, puesto que eso que ha quedado impreso o grabado fue auténtico,
no es ficción. Las películas han sido impresionadas por fenómenos luminosos
emitidos por los personajes o los elementos, mientras que la voz es también
una transformación de la materia y puede ser recogida en un soporte adecuado.
Dentro de mil años, la Humanidad podrá ver y oír realmente lo que sucedió
en el pasado y estarán realizando así un cómodo viaje a través del tiempo.
- -Pero, aún así, todavía
falta algún elemento para que esa experiencia sea real. Tenemos la vista y el
oído, pero no hay posibilidad de tocar, oler y saborear nada del pasado.
Personalmente, me gustaría poder tener un romance con la reina Cleopatra,
preferentemente dentro de ese baño con leche de burra.
- -(Esbozando sin entusiasmo
una sonrisa) Ese salto en el tiempo tan lejano es ahora imposible, pero existe
la posibilidad de viajar a épocas más cercanas.
- -Querrá decir que encuentra
factible que en el futuro alguien pueda inventar esa máquina del tiempo.
- -(Se endereza y dice
orgulloso) Amigo Welles, creo que ha llegado el momento de que me sincere con
alguien y estimo que es usted la persona más adecuada.
- -Me habla de una manera que
me hace sentir miedo. ¿Qué me está ocultando?
- -Nada que su fértil
imaginación no haya presentido ya. La máquina del tiempo que describí en mi
novela no es ficción, ni mucho menos una utopía. Ahora mismo está
totalmente terminada en el sótano de mi domicilio.
- -Amigo Herbert, veo que
pretende venderme algo, pero le debo advertir que después del desastre de
esta noche no creo que me pueda sacar ni un centavo. Es usted una persona
agradable a quien admiro, pero todavía no he entrado en ese delirio de
confundirle con un dios.
- -(Comenzando a encogerse de
nuevo, aunque conservando su orgullo) Señor Welles, soy ya un anciano de 72 años
algo cansado de vivir en un mundo de fantasía y deseoso que se me tenga en
cuenta por algo más que ser un visionario que escribe novelas sobre el
futuro. Llevo mucho tiempo esperando encontrar a alguien que se merezca
compartir conmigo la gran experiencia de viajar en el tiempo y esa persona
elegida es usted. ¿Cree acaso que he acudido a su conferencia de prensa
solamente para defenderle ante los periodistas?
- -Bueno, en cierto modo usted
también es culpable de la crisis de histerismo de esa novela radiofónica. Si
su relato no hubiera sido tan descriptivo e inquietante, nadie hubiera creído
que mi recreación en la radio era un hecho real. De todas maneras, me gustaría
que siguiera hablándome de esa máquina del tiempo que dice ser una realidad.
- -(Cogiéndole del brazo) Si
dispone de tiempo, venga conmigo y se la enseñaré. Mi apartamento no está
muy lejos de aquí.
-
LA MÁQUINA DEL TIEMPO
Ambos se dirigieron calle
abajo, ahora ya bien entrada la noche, mientras por el camino H. G. Wells
explicaba los detalles técnicos que le llevó a la construcción de esa
pretendida máquina del tiempo. Su entusiasmo era ya contagioso y ni siquiera
esperaba ya la confirmación de ser creído.
- -Si usted ha leído mi
novela "La máquina del tiempo" - empezó a explicarse – sabrá
que aunque hablo de la cuarta dimensión como un lugar del espacio-tiempo al
cual se puede llegar con facilidad, no explico cómo se puede alcanzar, ni
menciono detalles técnicos sobre la máquina del tiempo. Simplemente describo
el invento como un vehículo dotado de una silla, un panel de mandos sumamente
sencillo, una rueda que es el motor que nos mueve en el tiempo y un cristal
extraño que se supone aporta la energía necesaria. Pero no explico ningún
dato científico, puesto que es pura ficción el hecho de viajar al futuro.
- -Entonces, ¿cuál es la
diferencia con la máquina que ahora pretende haber construido?
- -(Atropellando parcialmente
sus palabras) Es que se trata de viajar al pasado, a un lugar que ya existió
y cuya presencia física circula por algún lugar del universo. El futuro no
está escrito, eso es cierto (duda un momento), o posiblemente lo esté, pero
el pasado está perfectamente descrito y sobre los acontecimientos acaecidos
unos pocos años atrás disponemos de fotografías y grabaciones. Simplemente
mirando una fotografía estamos ya realizando un viaje visual al pasado.
- -Pero faltaría el elemento
físico, aquel que nos permitiría llegar de nuevo a esa época.
- -(Con nuevas energías)
Piense por un momento en lo que es una fotografía. Un instante del pasado que
ha quedado detenido para siempre. Desde el momento en que se impresionó esa
fotografía comenzó ya el futuro, pero ya hemos conseguido detener por un
segundo ese presente, lo que ahora consideramos el pasado. (Sigue hablando sin
esperar respuesta, aunque ahora tratando de ser más sencillo) Cuando empecé
a pensar sobre cuál sería el modo de poder entrar a formar parte de ese
elemento visual real se me ocurrió una idea descabellada, bueno, entonces la
consideré así, pero que me llevaba a un paso ya del viaje en el tiempo. Por
cierto ¿usted ha leído ese cuento titulado "Mary Poppins" de una
tal Pamela L. Travins?
- -Tanto como el de Peter Pan.
- -¿Recuerda cómo realizan
el primer viaje a un mundo de carruseles y tiovivos?
- -Creo que fue entrando
simplemente en un cuadro pintado en el suelo que contenía ese mundo
imaginario.
- -Pues ahora imagínese que
pudiese entrar dentro de una fotografía. Que encontrase el medio de
integrarse dentro de esa imagen y fundirse con ella empleando rayos X.
- -(Sonriendo) Pero faltaría
Mary Poppins para que el milagro se pudiera realizar...
- -Pues la señorita Poppins
es ahora mi máquina del tiempo.
- Aún mantenía la boca abierta
Orson Welles, no tanto por el asombro como por las ganas de reír, cuando
llegaron a la vivienda de Herbert. Franqueando un pequeño jardín, en el cual
había un reloj de sol, entraron en una casa victoriana, con las paredes
forradas en madera de nogal al más tradicional estilo inglés.
- Sin hacer ningún nuevo
comentario, Herbert condujo a Welles a un sótano bien iluminado, ocupado casi
totalmente por un extraño habitáculo cilíndrico.
- -He aquí mi máquina
del tiempo – comentó orgulloso Herbert -.
- -(Con los ojos ya un poco más
abiertos) Bien, admito que su extraño aparato impresiona al verlo, pero
siento no compartir con usted esa convicción sobre la posibilidad de viajar
al pasado mediante una fotografía. (Sonriendo) Soy demasiado pesado y grande
como para algo así. De todas maneras y otorgándole una pizca de
credibilidad, me gustaría saber si ya ha realizado algún viaje al pasado con
este artefacto.
- -(Casi gritando) ¡Dos, y
constituyeron un éxito total!. De no ser así no estaría ahora pidiéndole
que realice mi tercer experimento conmigo.
- -¡Por Dios, querido Herbert!,
¿es posible que haya pensado que le he creído hasta el punto de meterme en
esa máquina con usted?
- -Si no me cree, ¿cuál es
su temor? ¿Qué le puede pasar por hacer la prueba?
- -No sé, es posible que
muramos electrocutados. Además, esos rayos X no me ofrecen mucha confianza y
he leído que sus radiaciones pueden ser perjudiciales para la salud. ¿Está
seguro de haber realizado ya dos viajes al pasado?
- -No tengo la menor duda de
ello y una prueba de la inocuidad de mi máquina es que estoy ahora aquí,
hablándole, completamente sano y consciente. La primera vez se trataba de
averiguar solamente la posibilidad de viajar al pasado y para ello empleé
simplemente una fotografía que me había realizado un día antes en el
Central Park. La puse en la máquina, activé todo el proceso, y en pocos
segundos me encontré en el mismo día y lugar de la fotografía, con el mismo
clima y con las gentes que estaban en ese momento a mí alrededor.
- ¿No consideró nunca que
era simplemente una ilusión?
- -Debo reconocer que siempre
consideré esa posibilidad y debía descartar que todo fuera una ilusión óptica
o un proceso de hipnotismo inducido por la máquina. Cuando entré en la máquina
del tiempo disponía de la fotografía realizada el día anterior que
reflejaba fielmente ese instante, además de mi reloj, el cual marcaba la hora
y día del momento en el cual activaba la máquina del tiempo. Había, por
tanto, una fecha que no iba a ser alterada.
- -(Intrigado) Bueno, ¿y qué ocurrió?
¿No provocó ningún histerismo entre la gente del parque cuando
apareció bruscamente ante ellos?
- -Ninguno. Todo se realiza
tan rápidamente que ni siquiera el ojo humano puede captar nada extraño. Me
encontré en el mismo lugar en el cual había realizado la fotografía y nadie
fue capaz de percibir mi súbita presencia allí. Era una sensación extraña
y por un momento pensé que todo era un sueño y que en realidad seguía
viviendo la existencia del día anterior y que mi máquina del tiempo era
producto de mi delirio imaginativo. Debo reconocer que fui el primero en
dudar.
- -¿Qué fue lo que le sacó
de dudas?
- -(Contundente) Mi reloj.
Marcaba la misma hora y día en que me introduje en la máquina del tiempo, o
sea, un día después. Un vistazo a los periódicos que estaban a la venta me
indicaba sin lugar a dudas que estaba en el pasado.
- -(Un poco aturdido) ¿Y qué
hizo entonces? ¿Cómo volvió a su época?
- -Simplemente dejé que el
efecto de la máquina pasara. Había efectuado mis mediciones para que apenas
durase diez minutos y pasado este tiempo retorné al interior de la máquina.
Para mí esa experiencia había supuesto apenas unos minutos – mi reloj daba
fe de ello – pero cuando retorné, todo estaba como antes, sin que hubiera
pasado ni un solo segundo de más. Era como si el mundo actual se hubiera
detenido en el momento de mi viaje. (Ilusionado, sin dejar de hablar) Un día
después volví a realizar el mismo experimento, ahora empleando una fotografía
de la Estatua de la Libertad que compré en una tienda de souvenires. Aparecí
bruscamente entre los turistas, con un salto atrás en el tiempo de seis
meses, y en esta ocasión permanecí media hora.
- Y nuevamente, de vuelta a
casa...
- Sí, pero ahora necesitaba
nuevas pruebas sobre la veracidad de mi viaje. Durante mi estancia en la
Estatua de la Libertad compré un periódico editado ese día y cogí una flor
del lugar para llevar ambos objetos hasta mi época. La posibilidad de traer
tesoros del pasado era demasiado tentadora como para no intentarlo.
- -(Ansioso) Bien, ¿y dónde están?
- -(Algo desilusionado) No sé,
quizá perdidos en algún lugar de la cuarta dimensión. No retornaron
conmigo, lo que ahora me parece lógico. Esos objetos no podían viajar al
futuro, del mismo modo que yo tampoco puedo hacerlo. Hace seis meses mi época
actual no existía, era el futuro, y ya sabemos que nadie ni nada pueden
viajar al futuro porque no está escrito.
- -(Sonriendo desilusionado)
Vaya, mis sueños de traerme a Cleopatra conmigo se han desvanecido.
- -Y también los de estar con
ella, puesto que es imposible viajar hasta esa época tan lejana.
- -No lo entiendo. Si la máquina
permite viajar al pasado ¿cuál es el problema para no poder viajar hasta el
Egipto antiguo?
- -La transmutación solamente
puede realizarse mediante una fotografía y ese avance científico pertenece a
nuestro siglo. Por desgracia, necesitamos una materia real para viajar al
pasado, ni siquiera nos sirven los cuadros, puesto que no reflejan la
realidad. Los pintores utilizaban los ojos para captar las señales luminosas,
pero sus manos, pinturas y pinceles, eran simples instrumentos.
- -Parece lógico, pero lo que
no acabo de entender es cómo consigue integrarse dentro de una fotografía.
- -Venga, se lo mostraré.
- No sin cierta intranquilidad,
Welles entró con Herbert dentro de ese gran cilindro oval, totalmente forrado
de espejos y el cual parecía pensado para albergar a varias personas. Dentro,
la atmósfera era pura y un fuerte olor a electricidad indicaba la presencia de
alguna máquina generadora de alta energía.
- -Mire – le explicó
Herbert – aquí, justo detrás de donde nos situaremos para hacer el salto
en el tiempo, hay un aparato de rayos X, un instrumento descubierto en el
siglo pasado pero que no fue perfeccionado hasta hace pocos años,
precisamente por unos amigos míos llamados Lane y Braggs. Este maravilloso
aparato emite unas radiaciones electromagnéticas invisibles, con una
frecuencia superior a los rayos ultravioletas y tiene dos propiedades
fundamentales: puede pasar a través de los cuerpos y posteriormente
imprimir una película fotográfica.
- .He oído hablar de ello y
de las muchas aplicaciones que tendrá en medicina para explorar el interior
de nuestros cuerpos. Debo reconocer que su invento empieza a interesarme.
- -Me alegro porque quiero
que realice conmigo mi tercer viaje al pasado.
- -Amigo Herbert – le cortó
nervioso Welles – sabe que soy un admirador de sus novelas, pero no me
confunda con un conejillo de indias.
- -Bueno, no se niegue a
ello hasta que conozca las características de mi invento. Lo que le puedo
asegurar es que no existe ningún peligro para nosotros y que el aparato nos
devuelve siempre automáticamente a nuestra época.
- -Usted siga hablando y
luego matizaremos eso de que yo debo acompañarle.
- -(Cogiendo nuevas energías)
Una vez que los rayos X están en funcionamiento atravesarán una fotografía,
la que hayamos elegido, y proyectarán esa imagen en este tubo de rayos catódicos,
similar al que están empleando en los televisores.
- -Espero que ese nuevo
invento para ver películas en casa no malogre toda la industria del cine.
- -No me interrumpa, por
favor, porque ahora viene lo mejor. En medio, entre el tubo de rayos catódicos
y la fotografía, estaremos nosotros, igualmente atravesados por los rayos
X. Desde ese momento nuestra materia se une a la fotografía y ambos somos
proyectados en el tubo de rayos catódicos, tan fundidos en una sola imagen
que resulta imposible diferenciarnos. En ese instante viajaremos ya al mismo
lugar y tiempo que había en la fotografía.
- -¿Así de sencillo?
- -(Algo molesto) ¿Sencillo? He trabajado siete años para lograr esta máquina y a usted le parece
sencillo. También nos parece ahora sencilla la energía eléctrica o el
vuelo de un aeroplano, pero hace trescientos años eran solamente quimeras
de los soñadores. No, amigo mío, no hay nada sencillo en mi máquina del
tiempo.
- -Bueno, no se ofenda,
aunque sigo sin comprender en la totalidad su invento. Otra pregunta que me
viene a la mente es sobre el retorno a nuestra época. Si la máquina del
tiempo no viaja con nosotros y permanece en este sótano, ¿cómo logramos
volver?
- -En realidad yo no hago
nada en este sentido. La imagen que se graba en el tubo de rayos catódicos
viaja por el espacio-tiempo, de manera similar a como viajan las imágenes
de televisión, pero no son perennes y su efecto es pasajero. Necesitaría
una fuente de energía mayor que la corriente eléctrica para que pudiésemos
permanecer semanas o meses en el pasado. Según mis experimentos, los
electrones que se mueven dentro de ese tubo son inestables y necesitan una
fuente de luz muy intensa para estar unidos. Quizá dentro de unos años
alguien invente generadores eléctricos más potentes, aunque seguramente yo
no estaré ya vivo para mejorar mi invento.
- Hubo un silencio dramático en
ese momento, sin que ninguno de los dos hombres fuera capaz de romperlo. La
tremenda ilusión inicial de uno, Herbert, y la curiosidad precavida del otro,
habían desaparecido inmediatamente ante la posibilidad de que ese invento se
perdiera para siempre por algo tan natural como la muerte. Pero ese comentario
debió ser la motivación que necesitaba Orson Welles para decidirse a emprender
el viaje a través del tiempo, puesto que le dijo con viveza que le acompañaría.
- -Concédame solamente
media hora para ir a mi casa y avisar a mis padres. Tengo que ordenar mis
asuntos, pero puede contar ya con un compañero de viaje en su máquina del
tiempo. Por cierto, ¿dónde iremos?
- -Viajaremos aquí mismo, a
Nueva York de 1934. Tengo una fotografía del estreno de una obra de teatro
que he visto en cine, titulada "El bosque petrificado", y siento
curiosidad por ver los comienzos de ese actor llamado Bogart. Tiene una gran
personalidad y carisma, y presiento que pronto será alguien muy popular.
- -Debo confesarle que no he
visto nunca trabajar al tal Bogart, pero como aficionado al teatro que soy me
encantará ver en directo esa popular obra. Por cierto, ¿sabe que hice de
Tymbal en "Romeo y Julieta".
- -Siento no haber estado en
ese momento para aplaudirle, pero posiblemente efectuemos un viaje allí para
comprobar sus virtudes como actor.
- -¡Cielos!, eso será algo
increíble. Yo, como espectador, viéndome a mí mismo en las candilejas. En
cierto modo siento miedo de esa posibilidad. ¿No ha oído hablar de las
paradojas del tiempo?
- -Ya tendremos tiempo para
divagar sobre cuestiones científicas y sobre la posibilidad de poder influir
en el destino de la Humanidad. Ahora lo más importante es que usted vuelva
cuanto antes y podamos efectuar el viaje.
-
CAPÍTULO TRES
UN ACTOR LLAMADO HUMPHREY
BOGART
Orson Welles estaba
entusiasmado, aunque todavía receloso, por efectuar ese salto al pasado
cercano. Ansioso por clarificar cuanto antes sus dudas se dirigió, corrió, a
su domicilio para poner en orden su trabajo y, cómo no, llevar una ropa
adecuada a tal experiencia. Lo que no tenía aún definido era la explicación
que le daría a sus padres para tan repentino viaje, consciente de que hablarles
sobre una máquina del tiempo y de asistir a una función de teatro realizada
cuatro años antes, no era algo que se pudiese asimilar en unos minutos.
Afortunadamente, cuando llegó a su casa sus padres no estaban y respirando
aliviado revisó el correo para organizar su trabajo cuando retornase. Allí se
encontró una carta con membrete de la RKO, la cual abrió presuroso puesto que
no era habitual que una productora cinematográfica le tuviera en cuenta.
Desgarró nervioso el sobre y
leyó el texto:
"Estimado señor Welles:
hemos recibido buenos informes sobre su trabajo en la radio y su capacidad para
realizar innovaciones en el mundo del espectáculo, cualidades que encajan
dentro de la política renovadora de nuestra compañía. Como sabrá, hemos
estrenado ‘King Kong’ con un éxito extraordinario y tenemos dos nuevos
proyectos para los cuales desearíamos contar con usted como director y
protagonista. El primero de ellos trata sobre la vida del magnate William R.
Hearst, a quien sabemos odia usted en lo más profundo de su alma. Llevaría por
título ‘Americano’, aunque hay quien opina que sería mejor cambiarlo por
el de ‘Ciudadano Kane’. El otro guión se titula ‘El cuarto mandamiento’
y también contaría con la actuación de Joseph Cotten. Por ambos trabajos
recibirá usted 225.000 dólares y la posibilidad de entrar a formar parte de
nuestros directores habituales. Si esta oferta es de su interés, le rogamos se
persone en nuestras oficinas en el plazo máximo de 24 horas para formalizar el
contrato. Atentamente: David O’Selznick, vicepresidente".
No podía creerlo. En poco
menos de dos días había conmocionado al mundo con su serial radiofónico
"La guerra de los mundos", estaba a punto de realizar un viaje al
pasado en una máquina del tiempo, y acababa de recibir la mejor propuesta de
trabajo de toda su vida. Aparentemente eran demasiadas emociones juntas para
cualquier persona, pero para Welles suponían solamente incentivos y
confirmaciones de su capacidad creativa.
Lo avanzado de la noche, eran
casi las once, le impedía dirigirse de nuevo a casa de Herbert para pedirle un
aplazamiento de 24 horas en su viaje al pasado, justo el tiempo que necesitaba
para acudir a los estudios de la RKO a firmar el contrato. Algo inquieto por los
acontecimientos, dejó todo debidamente ordenado en su casa y se acostó con la
intención de visitar a primera hora a Herbert, desde donde iría a los estudios
de cine.
Mientras tanto, Herbert
esperaba ya impaciente el regreso de Orson Welles, aunque en su mente tenía
claro que no haría concesiones a nadie, consciente de que era difícil que
alguien creyera realmente en su máquina del tiempo. Los minutos se convirtieron
en horas en la imaginación de Herbert y enfurecido por lo que consideraba una
falta de ética y respeto, se dirigió al sótano con la clara intención de
poner en marcha su máquina del tiempo. El viaje lo haría en solitario, tal y
como lo había realizado con anterioridad.
Colocó en el sitio adecuado
la fotografía del patio de butacas del Lyceum Theater, efectuada durante el
estreno de "El bosque petrificado" en 1934 y puso en marcha el
generador que debía activar el aparato de rayos X, además de encender el tubo
de rayos catódicos y el amplificador de las células fotoeléctricas. En medio,
y sin ninguna protección adicional, H. G. Wells, de nuevo en su viaje al
pasado, aunque ahora debería durar al menos, según sus cálculos, tres horas.
Una luz cegadora inundó el
habitáculo, amplificada intensamente gracias al recubrimiento reflectante de
las paredes, y en pocos segundos una nueva imagen aparecía proyectada en el
tubo de rayos catódicos. La señal luminosa viajaba ya rumbo al pasado y con
ella H. G. Wells. En el camino, y por un azar del destino, se había quedado
Orson Welles.
La figura humana de Herbert se
materializó justo al final del pasillo del teatro, ahora en penumbras por estar
representándose la obra, por lo que nadie se dio cuenta de su presencia.
Consciente de la necesidad de pasar desapercibido, se sentó en una de las pocas
butacas traseras disponibles y asistió emocionado al desarrollo de "El
bosque petrificado". Allí estaban Leslie Howard y Humphrey Bogart, este último
interpretando con maestría al malvado Duke Mantee, el gángster que no tenía
piedad con sus enemigos y que ahora se había convertido en secuestrador de
personas inocentes.
Los aplausos del público
interrumpieron varias veces la obra, mientras que Herbert, aún aturdido por
poder ser testigo de un hecho así, no conseguía batir sus manos para
participar con el entusiasmo del público. Cuando la función terminó solamente
tenía una idea obsesiva en su mente: debía aprovechar este momento para
conocer en persona a Bogart. Discretamente, como esperando que alguien le
reconociera su papel de viajante en el tiempo, se dirigió a los camerinos y
solicitó al bedel saludar a Bogart y Howard. Aunque esta pretensión, ver
personalmente a los actores, habitualmente conduce siempre al fracaso, una
tarjeta de visita con su nombre fue suficiente para abrirle el camino hasta los
camerinos. Afortunadamente, H. G. Wells hacía mucho tiempo que era un escritor
famoso en el mundo entero.
- -¡Señor Wells, qué
alegría poder saludarle! – dijo Leslie Howard saliendo de su camerino y
acercando su mano para estrechársela -. Su visita es lo mejor que me podía
haber sucedido hoy.
- -La alegría es mutua
entonces, puesto que hacía mucho tiempo que deseaba saludarles a ustedes.
- -(Aparece Bogart sonriendo)
Espero que no haya venido con algún Morlok. ¿Dónde está Weena?
- -Creo que me he perdido algo
– dijo extrañado Howard - ¿De quiénes están hablando?
- -Ya veo – le contestó
Bogart – que no has leído "La máquina del tiempo" de H. G. Wells.
En su viaje al futuro se encuentra con una hermosa joven a la cual enamora,
pero luego tiene que rescatarla de los malvados Morloks, unos habitantes del
mundo subterráneo que gustan de comerse a los infelices habitantes de la
superficie. Es una obra apasionante.
- -Debo admitir que no soy un
entusiasta de la ciencia-ficción, pero me convertí en un admirador de usted
desde que leí "La isla del Dr. Moreau". La posibilidad de que los médicos
manipulen a los animales y las personas para conseguir aplausos y dinero me
parece detestable. Su historia me dejó hondamente preocupado y desde entonces
acudo mucho menos al médico. Bien, ¿por qué no continuamos nuestra
conversación en la cafetería de la esquina?
- Y allí estaban reunidos tres
leyendas del mundo del arte, cada uno tan dispar que resultaba imposible que
tuvieran algo en común. Afortunadamente, la filosofía de Wells y la verborrea
de Bogart eran motivo suficiente como para conseguir que la conversación fuera
algo inédita y apasionante.
- -Yo no puedo entender
por qué las personas se enfadan – dijo Bogart -. No se puede vivir en
soledad y para discutir se necesitan dos personas. Si entre ellos no están de
acuerdo entonces nace la discusión. Nadie empieza una disputa diciendo:
"¡Oh, por supuesto, usted tiene razón!", ni, "¡reconozco que
usted sabe más que yo!".
- -Me da la impresión de que
a ti – le matizó Howard – te gusta demasiado la polémica. Personalmente
no disfruto discutiendo con nadie y prefiero buscar una plácida conversación
con alguien que esté de acuerdo conmigo.
- -Mi idea sobre una discusión
- continuó Bogart - es empezar exponiendo cada uno su opinión. Entonces,
cuando el otro diga algo así como, "usted solamente es un necio",
es cuando las cosas empezarán a moverse en un sentido práctico. Seguro que
pronto llegaremos a un entendimiento.
- -Veo que es usted tan
pendenciero en la realidad como en sus personajes del teatro – replicó
Wells con una sonrisa -. No estoy seguro si se le han contagiado sus
personajes o es que ha encontrado en Duke Mantee su hermano gemelo.
- -¡Oh!, no crea ni por un
momento que mis ganas de polémica terminan siempre tan pacíficas. En una
ocasión, en este mismo bar, estaba con la que ahora es mi esposa, Mary
Phillips, y un tipo se acercó a nosotros y me dijo: " He oído que usted
es un tipo duro, pero eso se debe referir a otra persona porque usted no me
parece tan duro como dicen". "Tiene usted razón - le contesté- ¿por
qué no se sienta, amigo, y toma una bebida conmigo?". El hombre
aceptó la oferta pero continuó: "¿Sabe que me han contado sobre
usted?, que no quería firmar autógrafos a los niños".
- -Era obvio – interrumpió
Wells – que ese hombre solamente deseaba pelear, no dialogar.
- -No había la menor duda de
ello. Pero yo no quería problemas con nadie así que cogí a Mary y me
dispuse a marcharme. El individuo se levantó y me dijo: "¡Justo lo que
pensaba!, que se marcharía corriendo. Usted me da risa, no es un tipo
duro". Me agarró por el hombro y ambos terminamos rodando por el suelo.
- -¿Y quién ganó la pelea?
- -Mi mujer (risas) Se quitó
un zapato y le incrustó el tacón en la cabeza varias veces. Creo que ese
individuo aún anda por la calle portando un cuerno de unicornio como recuerdo
de aquel día.
- -Veo que su imagen en el
teatro se corresponde bastante con su personalidad - comentó burlonamente
Wells -.
- -Creo que este mérito, si
es que lo tengo, se lo debo a mi madre. El último beso que recibí de ella
fue cuando apenas contaba siete años. Cogí una pulmonía que me dejó al
borde de la muerte y eso la decepcionó tanto, pues me consideraba un niño
tan fuerte que ni las enfermedades me podían vencer, que desde ese momento
olvidó las caricias hacia mí.
- -No deberías hablar así de
tu madre – le criticó suavemente Howard – seguro que te quería aún más
cuando estabas enfermo.
- -No puedo afirmar que quiera
a mi madre; quizá la admiro y respeto, pero desde luego no es el tipo de cariño
que sirviera como modelo para una película de amor. Ni siquiera le envío
regalos el Día de la Madre; estoy seguro que me los devolvería. Cuando me
ve, en lugar de besarme me da palmadas en la espalda para que siga trabajando
como actor.
- -¿Mantiene esa misma relación
con su padre?
- -Mi padre acaba de morir
hace quince días.
- -¡Cuánto lo siento! – se
disculpó Wells – y creo que no debimos obligarle a que nos contase sus
problemas familiares.
- -No se disculpen. En
realidad las personas tenemos necesidad de sacar nuestros demonios internos
para que no nos corroan por dentro. Yo tengo magníficos recuerdos de mi padre
y es la persona que más he querido en mi vida. Solíamos ir a pescar y aunque
nunca cogíamos ni un solo pez acudíamos al mismo lugar porque él deseaba
estar lejos de mi madre. Su muerte llegó de repente, mientras jugaba al
ajedrez con un amigo en un local de la Sexta Avenida. Le llevaron a casa por
deseo propio y murió en mis brazos. En ese momento es cuando me di cuenta de
todo lo que le quise, aunque tengo la satisfacción de haberle dicho que le
quería antes de morir. Sé que me oyó porque me miró y sonrió. Era un gran
señor y siento que no hubiera vivido más para poder haberme visto trabajar
en esta magnífica obra.
- -Pues, amigo mío, - le dijo
Leslie Howard – si es cierto que existe el cielo tu padre estará orgulloso
de ti puesto que tengo una buena noticia que darte. He recibido una carta de
la Warner Brothers en la cual me piden que interprete en el cine "El
bosque petrificado", junto a Bette Davis y Edward G. Robinson. Les he
respondido que si tú no haces el papel de Duke yo rechazo el trabajo y han
aceptado.
- -Veo que aún existen los
buenos amigos.
- -Bueno, no me aplaudas
demasiado. En realidad a mí me sobran las ofertas y por eso me he permitido
el lujo de presionarles para que trabajes junto a mí. También he recibido
proposiciones para interpretar el principal papel en "Pigmalión" y
me han entregado una novela titulada "Lo que el viento se llevó"
para que la lea. Existe un proyecto muy ambicioso para llevarla al cine.
- Mientras esta conversación se
mantenía viva, Wells miraba nervioso su reloj, consciente que el tiempo de
permanencia en esa época llegaba a su fin. Como si se tratara de una cenicienta
masculina, sabía que apenas le quedaban unos minutos para regresar al futuro y
debía hacerlo en un lugar solitario, sin la presencia de testigos. Pronto
encontró la excusa más creíble y fácil.
- -Si me perdonan un
momento, quisiera ir al servicio.
- Y así, apenas había entrado
en uno de los reservados, la máquina del tiempo le devolvió de nuevo al año
1938, tan sano y salvo como estaba antes del viaje al pasado. Atrás quedaba la
experiencia de haber podido conocer a dos actores tan extraordinarios como
Bogart y Howard, aunque ahora bullía ya en su mente el propósito de volver a
visitarles sin necesidad de nuevos viajes en el tiempo.
- De nuevo estaba en su casa,
dentro de la máquina del tiempo aún caliente por haber estado funcionando casi
tres horas seguidas. Repasando su experiencia, sabía que aún le quedaban
muchas dudas por resolver, y la más inquietante de todas era la posibilidad de
que todas estas experiencias no fueran nada más que un trance hipnótico
inducido por los rayos X. También existía la posibilidad de que la teoría de
los universos paralelos fuera una realidad y que aunque hubiera estado en el
pasado estos hechos no hubieran quedado reflejados en su propia época y
existencia.
- Tenía que salir de dudas y
para ello necesita imperiosamente un acompañante, alguien que le confirmase
todo cuanto estaba sucediendo. Después de asearse y cambiarse de ropa comió la
cena que le había preparado su fiel ama de llaves, y se dirigió presuroso al
domicilio de Orson Welles, ansioso por contarle su nueva experiencia. Allí
recibió la desalentadora noticia de que había partido súbitamente a Europa y
que no esperaban su regreso hasta una semana después; demasiado tiempo para una
persona tan mayor e inquieta como H. G. Wells. Consciente de que la muerte
rondaba ya a su alrededor y que no podía permitirse el lujo de desperdiciar ni
un solo día de su vida, se dirigió presuroso hacia su casa para planificar
minuciosamente su próximo viaje en el tiempo.
-
-
- LO CORRECTO Y LO INCORRECTO
-
- Ahora tenía un objetivo
prioritario: volver a ver a Bogart y Howard para que ellos le confirmasen el
encuentro sucedido hacía cuatro años en el Lyceum Theater. También pasó por
su mente otro tipo de proyectos, entre ellos lograr viajar sesenta años al
pasado, cuando él era aún un niño, para volver a recuperar las emociones de
su niñez, con sus padres aún vivos y el mundo inmerso en los planes para
entrar en el siglo XX. Como disponía de algunas fotografías de aquella época
el viaje no debería ser un problema, aunque estaba seriamente preocupado por la
posibilidad de verse cara a cara consigo mismo, el pequeño Herbert. No sabía
qué podría suceder si modificaba su propio destino, ni si en realidad podría
modificarlo.
- También le atraía la
posibilidad de cambiar los acontecimientos históricos más importantes de la
humanidad como el asesinato del Zar Nicolás II y su familia, o del archiduque
Francisco Fernando durante su visita oficial a Sarajevo. Quería impedir, si
ello era posible, el hundimiento fortuito del Titanic, conocer a Lenin y a Karl
Marx, estrechar la mano de Charles Chaplin, orientar al aviador Lindbergh sobre
los detalles técnicos para su viaje a través del Atlántico, y ¿por qué no?,
sacar todo su dinero depositado en las bolsas norteamericanas un día antes del
colapso de Wall Street. También quería impedir el imparable poder de Hitler,
quien acababa de anexionar Austria a Alemania y le llegaban rumores que estaba
intentando apoderarse de Checoslovaquia, Polonia y la Unión Soviética. Desde
que hicieron canciller a Hitler en 1933, este nazi de 44 años había conseguido
apartar a todos los comunistas de la débil democracia alemana. Los Estados
Unidos querían permanecer al margen de lo que solamente consideraban como
"pequeños conflictos" políticos en Europa, pero él, como buen inglés,
deseaba que su país conservase su independencia eternamente.
- No era fácil para Wells tomar
una decisión correcta sobre cuál era su misión en esta vida, ahora que parecía
tener la posibilidad de influir en los destinos de la Humanidad. Era consciente
de lo limitado que estaba, pues aunque conocía los acontecimientos que ocurrirían
hasta el año 1938, así como los detalles y las personas involucradas en ellos,
no disponía para corregirlos de armas, dinero o amigos poderosos. Un hombre de
72 años viajando al pasado no sería más creíble que cualquier adivino de
feria y muy probablemente le meterían en un tenebroso manicomio antes de que
pudiera hacer algo positivo para modificar los acontecimientos.
- Triste encrucijada para una
persona tan deseosa de aportar un legado a la humanidad tan importante, aún más
desalentadora porque todas las decisiones las tenía que tomar en solitario.
Necesitaba imperiosamente una o dos personas (más no podían viajar en la máquina
del tiempo) para, al menos, compartir dudas y propósitos. Su febril imaginación
le llevaba a extremos angustiosos, advirtiendo del peligro inminente a unos,
mientras esta misma advertencia podría suponer la muerte de otros. Si enviaba
un anónimo al Zar Nicolás II relativo a las personas que estaban conspirando
contra él, esto supondría el fusilamiento inmediato de Lenin y Trotski, y sin
ellos la posterior revolución rusa no podría tener lugar. El destino de ese
gran país sería pues impredecible, quedando a merced de Alemania que lograría
así el mayor imperio del mundo.
- Tampoco le serviría de mucho
acercarse a la naviera inglesa White Star para advertirles que ese buque que
consideraban insumergible se hundiría precisamente en su viaje inaugural, junto
con más de la mitad de sus pasajeros. Nadie daría crédito a sus vaticinios y
hasta podría ser acusado de saboteador y causante del hundimiento de ese buque
cuando el hecho tuviera lugar. ¿Cómo podría explicar que sabía el triste
desenlace de ese barco gracias a una máquina del tiempo inventada varias décadas
en el futuro? Con seguridad, millones de personas pedirían su procesamiento
inmediato, y posiblemente su ahorcamiento sumarísimo.
- Tenía que serenarse y
planificar mejor sus próximos viajes, evitando inmiscuirse demasiado en los
destinos del Hombre, aunque estos fueran tristes. Lo primero era buscar compañía
y estaba seguro que Humphrey Bogart sería el compañero ideal. Por ello escogió
el momento y el lugar ideal para un nuevo encuentro: la boda de Bogart con Mayo
Methot, una actriz de quien se decía tenía una derecha demoledora para
resolver conflictos. La noticia había sido publicada en la revista Variety y
hasta describían el lugar donde se celebraría. Y así, ese mes de agosto de
1938, Wells y Bogart volverían a tener un nuevo encuentro en el cual quedaría
ya claro si el viaje anterior en la máquina del tiempo había sido realidad o
un sueño fantástico.
- La respuesta no se hizo
esperar, pues aunque Wells permaneció sentado entre los invitados a la boda,
tratando de confundirse con uno de ellos, Leslie Howard le vio enseguida y se
acercó presuroso a saludarle.
- -¡Señor Wells, qué
estupendo verle de nuevo!. Espere que le diga a Bogie que está aquí, en su
boda, y verá la alegría que le damos. Hemos intentado volver a saludarle
desde aquel encuentro que tuvimos en el teatro, pero nos fue imposible
contactar con usted. Nadie pudo decirnos su dirección y creíamos que se había
marchado de nuevo a Inglaterra.
- -Ciertamente me tuve que
ausentar rápidamente y créame que sentí mucho no poder despedirme de
ustedes. Surgió bruscamente un problema y no tuve tiempo de dejarles mi nueva
dirección.
- -¡Ah, el tiempo!, no hay
manera de que lo podamos controlar como quisiéramos.
- -No se crea, amigo Howard,
no es tan difícil tener el tiempo en nuestras manos. Es cuestión de saber
retroceder a tiempo.
- -Pero el reloj no se detiene
nunca, es tan inexorable recordándonos las horas como el destino avisándonos
que somos mortales. Si pudiéramos retroceder y volver a vivir épocas
pasadas, quién sabe dónde estaríamos ahora usted y yo.
- -(Irónico) Posiblemente aquí
mismo, tratando de planificar nuestro futuro.
- En ese momento llegaba Bogart
junto a su nueva esposa Mayo, tan hermosa como aparentemente irascible. La
expresión de él se parecía más a la de un joven tratando de zafarse de su
novia para salir de juerga con los amigos que a la de un recién casado,
supuestamente deslumbrado por el amor.
- -¡Amigo Herbert, no
sabe la alegría que me da verle!. Me alegro que estuviera presente en mi boda
y así nos podrá acompañar a la fiesta que hemos organizado. Le presento a
mi esposa Mayo, la más encantadora de los mortales y la única que consigue
que deje de fumar de vez en cuando.
- -Entre el alcohol y el
tabaco – sentenció ella – es posible que me quede sin marido muy pronto.
Creo que fundaré una Liga contra los Maridos Bebedores. ¿Sabe usted, señor
Wells, que a mi marido y a Errol Flynn no les aceptan en muchos restaurantes
de lujo?
- -Quizá es porque no les
gusta la comida y protestan muy enérgicamente.
- -No, en absoluto. Es que
cuando toman dos copas de más, y en su caso deberíamos hablar de diez,
organizan destrozos en esos locales.
- -(Bogart, por alusiones) Es
que en ocasiones es mejor beber mucho antes que volver a casa con ciertas
esposas. Es difícil llegar al hogar sabiendo lo que nos espera y, además,
hacerlo sobrio.
- -Amigos – dijo Howard poniéndose
en medio de los nuevos esposos – creo que ha llegado el momento de que se
den el primer beso como recién casados y que guarden sus diferencias para
cuando estén debajo de las sábanas buscándose el uno al otro.
- Este pequeño conato de guerra
entre los dos nuevos esposos se disolvió con la misma rapidez que se había
generado, y todos se dirigieron a la recién estrenada casa de los Bogart, en
donde tuvo lugar el bullicioso banquete de bodas. Allí estaban Spencer Tracy,
Errol Flynn, Samuel Goldwyn, Alan Ladd y Bette Davis, además de numerosos
amigos no tan conocidos popularmente. Pero para H. G. Wells todo este mundo de
personalidades no le entusiasmaba y solamente deseaba encontrarse a solas con
Bogart para hablarle sobre su máquina del tiempo. Tenía tantos proyectos y
tantas posibilidades para vivir acontecimientos perdidos, que no podía demorar
por más tiempo su nuevo viaje. A Bogart le encontró sentado en la pequeña
barra de su restaurante privado, leyendo un periódico.
- -¿Le interrumpo? –
inquirió Wells -.
- -No, en absoluto. Estaba
repasando la cartelera cinematográfica, pues hace tiempo que no voy al cine y
deseo saber qué ocurre a mí alrededor. Hay una película que me gustaría
ver de manera especial, pues guardo un buen recuerdo de sus protagonistas. Veo
que aún se mantiene en cartel "The Cocoanuts", de los Hermanos Marx
y creo que esta puede ser una buena opción.
- -Debo reconocer que no he
visto ninguna película de ellos, quizá porque mi sentido del humor no es tan
desquiciado. Siempre he sido un admirador de Chaplin y de Buster Keaton.
- -Pues creo que ha llegado el
momento en que disfrute de ese trío de cómicos y esta es una buena ocasión.
Como encuentro muy aburridas las bodas, incluida la mía, saldremos
sigilosamente por la puerta que da al jardín y seguramente nadie nos echará
de menos.
- -¿Ni siquiera su esposa?
- -¿Mi esposa? Mírela, creo
que acaba de iniciar su baile número 59. Cuando yo la conocí presumía de
bailar más que Ginger Rogers.
- -¿Y a usted no le gusta bailar?
- -Ni encima de mi enemigo.
Bien, vamos, creo que este es el momento de iniciar una sutil retirada en
busca de Groucho Marx.
- Y tal como habían planeado así
sucedió. Los dos amigos salieron furtivamente por la puerta de atrás, rumbo al
cine donde proyectaban una reposición de "The Cocoanuts". Allí
ocuparon una discreta butaca y las carcajadas de Bogart terminaron por
contagiarse a Wells, quien desconcertado consigo mismo se tapaba la boca para no
demostrar que también la comicidad delirante de los Marx se había adueñado de
sus sentidos. Cuando terminó la proyección ya era casi de noche e iniciaron
lentamente el camino de regreso al hogar de Bogart.
- -Bogart, ¿no le
preocupa que la violencia de sus personajes sea un mal ejemplo para los
espectadores? Es como si les diera ideas para delinquir.
- -Yo no creo que el cine
pueda inducir al crimen. Cuando yo era joven nosotros estábamos leyendo sobre
Billy el Niño, pero eso no aumentó el número de delincuentes entre mis
amigos. Si alguien quiere averiguar lo que convierte a los niños en
delincuentes debería mirar en su ambiente y particularmente su vida familiar.
Los padres que permiten que sus hijos pequeños se queden en la calle hasta la
noche son los únicos responsables de que se hagan después delincuentes.
- -¿No cree que los actores
puedan tener alguna influencia positiva en la educación de las personas?
- -Tarde o temprano yo seré
padre y por ello estoy muy interesado por la violencia juvenil. El problema es
que el público está fascinado por los gángsteres y la razón es su gran
popularidad. La policía trata de detenerlos en masa, con muchos coches, la
Guardia Nacional y el FBI al completo, para cazarlos como conejos y
dispararles tanto que ni su madre les reconocería. Pero luego la policía no
es apreciada porque se la asocia con un ejército que solamente sabe disparar,
en lugar de detener a los cabecillas. Cuando un jefe de la mafia se escapa se
convierte en un ídolo, una persona que ha logrado burlar el cerco policial.
Entonces pasa a ser un asesino simpático.
- -(Reflexivo) La historia está
llena de ejemplos en los cuales el delincuente es más apreciado que aquellos
que llevan una vida honrada. Vea el ejemplo de Robin Hood y Pancho Villa, dos
personas adoradas en sus respectivos países por robar y matar al enemigo.
- -Pero este no es un buen
ejemplo, pues estas personas lo hacían como un acto de justicia. Debían
hacer daño al poderoso para beneficiar al pordiosero. No es lo mismo que Al
Capone o Bonnie y Clyde, personas que solamente han perseguido su propio
beneficio sin importarles a quién hacían daño.
- -Exacto – insistió Wells
– pero seguramente se realizarán más películas sobre estos delincuentes
que sobre Edgar Hoover, el director del FBI encargado de atrapar a los
profesionales del crimen. Si usted interpretara papeles de amante esposo
seguramente no estaría alcanzando tanta popularidad.
- -(Menos sombrío) Bueno,
también me han felicitado por el modo en que beso a las actrices. No siempre
podemos escoger los papeles que nos gustaría interpretar. El destino no está
en nuestras manos.
- -¿Cree usted ciertamente
que el destino está escrito? ¿Qué haría usted si pudiera volver al pasado
y tuviera la posibilidad de rectificar?
- -Señor Herbert, habla de un
tema que me he planteado en numerosas ocasiones. Si yo pudiese volver a vivir
no estoy muy seguro de que hiciera las cosas muy diferentes a como las he
realizado. Nos comportamos en función de las circunstancias y por eso cuando
miramos atrás solemos justificarnos en casi todo. Lo que sí estoy seguro es
de las cosas que volvería a repetir, como estar cerca de mi padre. Mi vida
nunca ha sido escandalosa, nunca he acudido a los prostíbulos, ni he
perseguido a jovencitas vírgenes. Tampoco he fumado drogas ni he buscado
aparecer en la prensa. Si volviera a vivir mis años jóvenes seguiría
comportándome así, pues forma parte de mi persona.
- -¿Está dispuesto a
realizar una apuesta conmigo a que si volviera a vivir no se comportaría
igual?
- -Por supuesto que estoy
dispuesto a apostar, pero no entiendo cómo le voy a poder demostrar nada.
- -Solamente tiene que venir
conmigo a mi casa. Allí le demostraré que las personas nunca están
satisfechas de lo que hicieron en el pasado, salvo en ocasiones excepcionales.
- -Estaría encantado de
acompañarle señor Wells, pero creo que si lo hago mi esposa practicará el
boxeo con mi nariz cuando vuelva.
- -(Agarrándole del brazo) No
se preocupe por ello, tenemos todo el tiempo del mundo para volver sin que
ella le eche de menos.
- -A usted le gusta mucho
hablar del tiempo; no me extraña que haya escrito esa novela sobre viajes al
futuro.
- -Y al pasado, amigo Bogart,
y al pasado.
-
-
- EN BUSCA DE SU DESTINO
-
Cuando ambos amigos entraron
en el sótano de H. G. Wells, en donde estaba anclada la monumental máquina del
tiempo, el pragmatismo de Bogart fue como un jarro de agua fría para el genial
inventor. Ninguna muestra de asombro, ningún rictus de sorpresa y ni siquiera
un deseo de averiguar la utilidad de ese artilugio tan extraño. Por toda
respuesta le preguntó si podía darle algo de whisky, pues se encontraba con la
garganta reseca.
- -He hablado más en
los últimos minutos – dijo – que en toda mi vida. Si no me refresco la
garganta cuanto antes necesitaré que venga el servicio de bomberos.
- -Siento desilusionarle, pero
no soy bebedor y lo único que puedo ofrecerle es zarzaparrilla.
- -¿Zarzaparrilla?, ¡Qué
horror!. Eso es para los mejicanos.
- -Pues dicen que estimula las
facultades viriles del hombre.
- -(Con ilusión) Pues
entonces deme una botella entera sin demora. Me espera una noche de amor muy
intensa con mi esposa. Eso si no me recibe a bofetadas por llegar tan tarde.
- -No se preocupe, llegará
usted a tiempo de disfrutar de los placeres que le brindará su esposa. Dígame
una cosa: si pudiera retornar al pasado, aunque fuera durante unos pocos
minutos, ¿dónde iría?
- -Bueno, eso depende de si
tuviera una única ocasión o pudiera repetir el experimento. Posiblemente me
gustaría conocer alguna mujer hermosa del pasado, como Cleopatra o Lucrecia
Borgia.
- -(Extrañado) Pero esas
mujeres no solamente han pasado a la historia por su belleza, sino en
ocasiones por su maldad.
- -Bueno, a una mujer
atractiva y apasionada en el amor no se le puede pedir, además, que sea
alguien benevolente y tolerante. Personalmente, me conformo conque sea capaz
de llevarme al séptimo cielo cada vez que la bese.
- -¿Pero no hay otras mujeres
que le atraigan igualmente, pero que hayan pasado a la historia por sus
legados literarios o humanísticos?
- -Bueno, también me resulta
interesante la princesa de Éboli, ya sabe, famosa por sus muchos amantes, o
la bailarina Isadora Duncan de quien decían que tenía tanta habilidad
bailando como quitándose los siete velos.
- -Yo creo que la Duncan no
fue famosa por quitarse velos y usted la confunde con Mata-Hari.
- -¿Mata-Hari?, ¿La espía
nazi que bailaba desnuda? ¡Esa sí que es una mujer interesante!. Imagínesela
revolviendo los pantalones de sus amantes en busca de documentos secretos
mientras les besa apasionadamente.
- -Veo que la zarzaparrilla
está haciéndole efecto. Por cierto, creo que tengo una fotografía de Mata-Hari
durante una de sus actuaciones en el Folies Bergère de París, aunque todavía
no se había quitado los siete velos.
- Revolviendo en su
correctamente desordenado archivo fotográfico, en donde acumulaba cientos de
fotografías de años atrás que le sirvieran de pauta para sus viajes al
pasado, Wells tenía serias dificultades para encontrar alguna fotografía de la
famosa espía francesa.
- -No me diga – dijo
impaciente Bogart – que no sabe dónde está guardada esa foto con la
bailarina desnuda. Esos documentos hay que llevarlos en la cartera y
emplearlos en los momentos de tristeza y soledad.
- -Creo que nuestra valoración
sobre las mujeres es muy diferente (Sigue buscando la foto)
- -Para mí, las mujeres son
muy simples: no he conocido a ninguna que no supiera lo que significa una
bofetada en la boca o una bala del 45.
- -Si no le conociera pensaría
que es usted un misógino convencido.
- -He vivido dos divorcios y
por eso no tengo mucha confianza en la bondad de las mujeres. Cada una de mis
ex-esposas me ha amargado la vida a su manera y con gran entusiasmo. Solamente
estuvieron interesadas en mi cuenta bancaria y en controlarme mis ratos
libres. Cuando no consiguieron ninguna de las dos cosas pidieron el divorcio.
- -Pero usted también tendrá
sus rarezas, ¿no?
- -Soy consciente de que no
soy socialmente aceptado en general. No muestro entusiasmo por los gustos de
las personas y detesto las fiestas. Por eso creo que las personas tienen miedo
de invitarme a sus casas. Es posible que piensen que voy a decir tonterías o
a pelearme con alguien, cuando en realidad lo que más me gusta es que me
dejen en un rincón con un vaso de whisky en la mano.
- -(Sigue buscando, casi sin
prestarle atención) Ser amable tampoco le hará daño.
- -Es que la gente cree que
por el hecho de ser actor debo tener un gran carisma en las fiestas y ser el
perfecto anfitrión, siempre dispuesto a jugar y a reír malos chistes. No soy
un payaso encargado de alegrar las fiestas de la gente.
- -¡Mire, aquí está la
fotografía!. Estoy seguro que le gustará.
- Ciertamente la imagen tenía
que agradarle, puesto que allí estaba Mata-Hari en medio de un decorado que
simulaba un jardín hindú, totalmente desnuda, montada en un caballo blanco
ricamente adornado con incrustaciones de turquesas auténticas. Parecía el
premio para cualquier hombre que tuviera el privilegio de ganarlo. Bogart la miró
con entusiasmo, aunque demostrando que estaba habituado a tener entre sus brazos
a mujeres igualmente bellas.
- -No se crea que mis
pensamientos están siempre ligados con las mujeres, hay momentos en la
historia que me hubiera gustado vivir, y uno de ellos es la guerra europea
contra Alemania - comentó Bogart, intentando ser algo más trascendental -.
- -¿Pero usted no peleó
durante la Primera Guerra Mundial?
- -La guerra comenzó en 1914
y yo me incorporé a filas en mi país en la primavera de 1918. En ese momento
las fuerzas americanas luchaban al mando del general Pershing y mi destino era
un navío llamado Leviathan, encargado del traslado de la tropa. El armisticio
se firmó tres meses después, así que ni siquiera llegué a disparar mi
fusil.
- -¿Y esa cicatriz?
- -(Acariciándose el labio
superior) Me hubiera gustado que fuera a causa de un trozo de metralla del
enemigo, pero no fue así. Me la hizo un prisionero a quien escoltaba hasta la
prisión de Portsmouth. Me pidió un fósforo y mientras lo buscaba me golpeó
en los labios. En ese momento logró escapar pero le perseguí y conseguí
detenerle. Cuando pude acudir por fin a un médico la herida estaba ya
empezando a cicatrizar y mi labio quedó ligeramente deformado. (Mirando el
reloj) Por cierto, creo que ya va siendo hora que me marche.
- -Antes me gustaría enseñarle
mi invento. Venga conmigo.
- Ambos amigos entraron en la máquina
del tiempo y en ese momento fue cuando Bogart comenzó a ser consciente de que
aquello era mucho más importante de lo que pensaba.
- -¿Qué es este cacharro?
- -Este cacharro, como
despectivamente le considera, es una máquina del tiempo.
- -¿La misma que describe en
su novela?
- -Tiene la misma finalidad,
los viajes en el tiempo, pero tecnológicamente no se parecen en nada. No
tiene relojes, ni cómodos sillones y ni siquiera existen luces de colores.
Esos accesorios son solamente fruto de mi imaginación. Para viajar en el
tiempo se necesita una tecnología adecuada, la misma que he logrado
construir.
- -¿Me está tratando de
convencer que esta máquina puede llevarnos a conocer nuestro futuro? Sepa
que aunque he bebido bastante, no ha sido suficiente como para que no sepa
aceptar una broma.
- -No estoy bromeando, amigo.
Esta máquina no nos puede llevar al futuro, puesto que es imposible llegar a
donde no existe, pero nos puede hacer viajar al pasado, por ejemplo, a ver en
persona a esa Mata-Hari que tanto le atrae.
- -(Lógicamente, sin creerle)
No acabo de entender la finalidad de esta conversación, pero creo que ha
llegado el momento de marcharme a refugiarme en los brazos de mi recién
estrenada esposa. Si me disculpa... (marchándose)
- -¡Por favor, espere!.
Desearía demostrarle que no estoy tratando de engañarle. Venga conmigo y
haremos un viaje al París de 1917, justo cuando los norteamericanos acababan
de declarar la guerra a los alemanes, interviniendo ya bélicamente en la
Primera Guerra Mundial. Quizá tenga ocasión de aportar su granito de arena
en ese enfrentamiento.
- -Si fuera cierto lo de esa máquina
del tiempo, la oferta me parece tentadora. (Analizando) Perseguir nazis y
tener un romance con Mata-Hari es más atractivo que acudir a las fiestas que
pretende organizarme mi esposa.
- -Mucho me temo que lo de las
fiestas lo tendrá que solucionar usted solo. La máquina del tiempo nos
retornará justo a este mismo momento, ni un minuto más.
- -(Un poco menos escéptico)
Pero si viajamos al pasado y estamos allí durante algunos días, ese tiempo
también transcurrirá ahora. Si regreso a mi casa después de unos cuantos días
de vacaciones, justo ahora que me acabo de casar, no estoy muy seguro de la
respuesta de mi mujer. Probablemente habrá movilizado ya a la mafia para
buscarme.
- -(Más entusiasta) El viaje
en el tiempo nos llevará varios días, pero la estancia en el pasado no
influirá en nuestro presente, puesto que el momento actual es inalterable. No
se puede cambiar lo que no existe. Siempre estamos dejando atrás el pasado y
pensando en el futuro, no existe el presente.
- -No entiendo nada de su
razonamiento, puesto que siempre he creído que lo único interesante y real
es el presente.
- -Se lo explicaré con un
ejemplo: si usted tiene intención de decir "gracias, amigo", eso es
el futuro, puesto que es un propósito aún no realizado. Cuando dice
"gracias" y hace una pausa pequeña, casi imperceptible, para
continuar con "amigo", la pausa es el presente. Ya tenemos, pues, el
pasado que ha sido "gracias", el presente que es la pausa y el
futuro que sería "amigo".
- -Bien, pero el presente
también existe mediante esa pausa.
- -No exactamente. La pausa no
es nada, no hay sonido, y sirve solamente de lazo de unión entre el pasado y
el futuro, pero no aporta nada físico. Incluso el futuro tampoco es nada,
salvo un propósito, una intención de continuar. Lo que quiero decirle es que
lo único tangible, lo único que podemos medir o registrar es el pasado.
Todos nuestros actos han dejado ya una huella indeleble en el tiempo y como
toda materia existe la posibilidad de recuperarla.
- -Bueno, parece claro según
me lo explica, pero no entiendo que nuestro presente no se modifique si
viajamos al pasado. Si nosotros viajamos al pasado tres días, ese mismo
tiempo transcurrirá ahora, en el presente y cuando volvamos seremos tres días
más viejos.
- -(Insistiendo) Vuelva a
reconsiderar la idea de lo que es el presente y el futuro y se dará cuenta
que no podemos alterar lo que no existe. Usted y yo volveremos casi en el
mismo instante en que comencemos el viaje. Por tanto, para la gente no
habremos desaparecido ni un solo segundo. ¿Quiere hacer la prueba?
- -No soy hombre que le
asusten los riesgos y las aventuras, así que adelante.
- Un poco receloso, pero
bastante convencido sobre las buenas intenciones de Wells, Bogart se introdujo
con él en la máquina del tiempo, ajustada ahora para un viaje que duraría
varios días. Situó la fotografía del Folies Bergère en un extremo del
aparato, graduó el haz de rayos X, aumentó la potencia del generador de
corriente, permitiéndole funcionar sin problemas por más tiempo, y encendió
el tubo de rayos catódicos. En medio de todo, nuestros inquietos amigos. Wells,
por su parte, y gracias a sus experiencias anteriores, llevaba ya el suficiente
dinero para no tener problemas de supervivencia, así como una pistola,
municiones y un reloj para precisar su nuevo viaje. La máquina se puso en
marcha, salió el potente haz de luz que atravesó la fotografía y a nuestros
amigos, fundiéndose todo dentro del tubo de rayos catódicos en un alocado
baile de electrones.
-
-
- MATA-HARI
-
- Como era de esperar, y
mezclados entre el público, allí estaban ya Bogart y Wells, ambos algo
aturdidos por el viaje. Ciertamente el más desconcertado era Bogart, quien
miraba a su alrededor buscando una señal que le indicase que todo era un
montaje, tal y como es habitual en el mundo cinematográfico.
- -Si esto es el rodaje
de una película - dijo – debo felicitar al decorador; es perfecto.
- -Esto es la realidad, amigo
mío. Pronto se lo demostraré.
- El Folies Bergère no era una
sala de fiestas muy grande y por ello proporcionaba una gran sensación de
confort entre los asistentes. Con docenas de cigarrillos humeando al mismo
tiempo el ambiente era aún más intenso, a lo que contribuían especialmente
las discretas luces rojas que apenas conseguían romper las penumbras del
ambiente. Y allí, al fondo, en el escenario, estaba una guapa mujer totalmente
desnuda sentada sobre la grupa de un caballo blanco. Mata-Hari era aún más
hermosa a la luz de los focos que en la fotografía. Pronto bajó del caballo e
inició su sensual baile al que denominaba "Devandasisher" y que según
la publicidad lo había aprendido en sus días más jóvenes, cuando estuvo
recluida en un templo indio sagrado. Por todo vestuario llevaba un par de
pendientes que pertenecieron a una sacerdotisa de Shiva y que eran la causa de
su buena suerte en la vida.
- No había en aquel momento ni
un solo espectador varón que no tuviera sus ojos puestos en ella, en su cuerpo
ondulante, mientras las pocas mujeres asistentes trataban de averiguar dónde
radicaba el secreto para lograr esa seducción imparable en los hombres. No
solamente era el desnudo, algo que cualquiera de ellas podía efectuar sin
problemas, sino su mirada ingenua y su cuerpo no demasiado voluminoso lo que le
aportaban un encanto imposible de superar. En la mente de los hombres suponía
algo por modelar, por mejorar, lo mismo que hiciera anteriormente el escultor
Pigmalión y que Bernard Shaw inmortalizó en su famosa novela. Pero en su forma
de mirar y moverse había algo más que una simple mujer que sabía las
debilidades de los varones. Había sagacidad, inteligencia y orgullo de saberse
admirada. Su forma de mirar a sus futuras presas indicaba que para alcanzarla
les costaría mucho trabajo... y dinero. A cambio de ello, el placer sin límites.
- -¿Qué opina de esa
mujer? – preguntó Wells -.
- -Pues que la sensualidad no
se aprende, se nace con ella, y esa mujer la tiene. Nos pone delante el
pastel, pero nos indica también que solamente un privilegiado lo podrá
comer. Es como si fuera un óvulo que solamente será penetrado por uno entre
millones de espermatozoides. Indudablemente, se trata de una mujer muy lista.
- -¿Qué haría usted para conquistarla?
- -Lo que no haría nunca es
ofrecerla dinero. El amor no se compra.
- -Pero el sexo, sí.
- -Se pueden tener ambas cosas
sin necesidad de pagar por ellas.
- -Ya, para usted es fácil
porque es un actor y está acostumbrado a tratar con mujeres. Pero mire a su
alrededor y verá que la mayoría de esos hombres son unos infelices a quienes
nadie ha regalado un beso en los últimos cien años. Solamente les queda el
recurso de arruinarse si quieren conseguir abrazar a una mujer como ella.
- -No se confunda Wells,
estamos hablando de Mata-Hari, la diosa del amor, la Niña del Alba. Ella es más
un producto para la fantasía de los hombres que una solución para el amor
verdadero. Existen miles de mujeres que nos pueden hacer vibrar de emoción y
pasión solamente mostrándonos un hombro desnudo, y que, además, son
maravillosas compañeras en la vida cotidiana.
- (Dudándolo) Espero que su
mujer sea así con usted.
- Ahora que me acabo de casar
y que estoy tan lejos de ella, creo que aún me queda mucho para encontrar la
mujer perfecta.
- En ese momento algo ocurría
allí, cerca del escenario del Folies Bergère. Cuatro policías franceses
hablaban y gesticulaban con uno de los encargados del local, quien pugnaba por
impedir que subieran al escenario. Mientras tanto, Mata-Hari había salido ya
presurosa de allí sin que nadie se diera cuenta de ello. En pocos segundos la
pequeña resistencia del empleado del local se vio desbordada y los cuatro policías
subieron al escenario mientras pedían con sus manos silencio al público.
- -¡Silencio, por
favor! - dijo uno de ellos gritando -. Tenemos que comunicarles algo muy
importante. La señorita Mata-Hari está acusada de espionaje contra el
gobierno francés, a favor de nuestros enemigos alemanes. Recientemente ha
logrado escapar de las fuerzas aliadas que la habían deportado a Holanda y
nos vemos en la obligación de detenerla para que sea juzgada en nuestro país.
- Mientras esta conversación
tenía lugar ante los ojos incrédulos de Bogart, Wells le estaba apartando a un
lado, llevándoselo discretamente hacia la puerta de salida.
- -Creo que es
imprescindible que nos marchemos cuanto antes. Hemos llegado justo en el
momento de su detención y si hacen una redada seguramente nos tomarán también
por espías. No tenemos pasaporte, ni salvoconducto y ni siquiera disponemos
de ninguna reserva en algún hotel.
- -Pero somos americanos -
replicó Bogart – y podemos demostrarlo con nuestra identificación
personal.
- -Esa identificación
pertenece a dos personas del futuro. Imagínese en una comisaría francesa
tratando de explicar a los gendarmes que ha viajado conmigo en una máquina
del tiempo.
- -Es que aún no me creo que
estemos en el pasado. Todo esto es producto de la imaginación de alguien que
quiere gastarme una broma.
- -Todavía no es usted lo
suficientemente famoso como para que alguien se tome tantas molestias. Lo
acepte o no estamos en el París de 1917, veintiún años en el pasado. Y
ahora, vámonos porque están llegando más refuerzos.
- El Folies Bergère se convirtió
pronto en un lugar tumultuoso, con la gente dando gritos, unos para exigir que
les dejasen salir y otros a causa de los pisotones de la multitud. Lo que hasta
hace unos minutos era un lugar de placer y ensueño se había convertido en un
desastre en el cual los más débiles estaban teniendo la peor parte. La policía,
ahora con nuevos y más enérgicos refuerzos, pegaba sin piedad a cuantos
intentaban hacerles frente, mientras que otros agentes bloqueaban ya la puerta
de salida. Los disparos no se hicieron esperar y los primeros cadáveres
inundaron el suelo. Mientras tanto, Wells y Bogart habían conseguido salir ya
al exterior y corrían calle abajo en dirección desconocida.
- -(Wells, casi sin
aliento) ¿Dónde podemos ir?
- -Usted siga corriendo sin
parar hasta que estemos bien lejos. Luego veremos dónde nos podemos esconder.
- -¿Esconder?, ¿Para qué? Si nadie sabe que estamos aquí nadie nos va a buscar.
- -Dos personas corriendo
siempre infunden sospechas.
- -¿Y por qué corremos?
- -Porque es una regla
elemental de supervivencia. Primero corremos y luego nos paramos. Así de
sencillo (se detienen)
- -(Wells) ¿Dónde estamos?
- -Hemos corrido tanto que ni
siquiera sé si lo hemos hecho a derecha o izquierda. (Mirando un letrero) Aquí
dice "Rue Fontaine", pero con mis escasos conocimientos de francés
me da lo mismo que dijera "Quinta avenida".
- -No se olvide que soy inglés
y que el francés es casi mi segunda lengua. Ese letrero quiere decir algo así
como "Calle de la fuente", pero da lo mismo el nombre, puesto que
ahora lo más importante es buscar un lugar donde dormir.
- -Oiga, ¿no sería mejor
volvernos a nuestra época? Creo que por esta vez ya hemos tenido las
suficientes emociones. Prefiero estar ahora en brazos de mi mujer, aunque no
tenga las mismas curvas que esa Mata-Hari. Creo que es el momento de poner en
marcha su máquina del tiempo, pero en sentido inverso.
- -Desdichadamente no tengo
esa llave mágica que usted me pide. Mi máquina del tiempo nos devolverá a
nuestro mundo dentro de tres días, el 17 de octubre, justo cuando se acabe la
energía de las baterías.
- -¿Está loco?, ¿Tres días
en este infierno?
- -¿Pero no me dijo que quería
vivir las emociones de la guerra y ayudar a luchar contra los alemanes? Pues
ahora tiene su oportunidad.
- -Yo hablaba de luchar con un
ejército americano muy poderoso a mi lado, con sus cañones y tanques, no de
estar perdido en un país extraño, perseguido por toda la gendarmería
francesa por haber visto a una bailarina desnuda.
-
-
- MONTMARTRE
-
Ambos, más calmados,
siguieron caminando por las oscuras calles parisinas, en busca de un hotel. La
calle ahora era más empinada, aunque al fondo se vislumbraba muchas luces y con
ellas la posibilidad de encontrar gente despierta y una cama libre. Un gran
griterío, esta vez de gente cantando y riéndose, les condujo hasta un bar
llamado "Maison Catherine". La agradable noche del verano de París
les invitaba a sentarse en la pequeña terraza del lugar, en busca de un alivio
para sus resecas gargantas.
Sentándose, más
concretamente tumbándose, en las sillas de mimbre, nuestros amigos decidieron
permanecer en silencio hasta recuperar el aliento y serenarse un poco. Un
camarero se les acercó y les preguntó qué querían tomar. Aunque Bogart hizo
intención de pedir, una mirada de Wells fue suficiente para hacerle callar.
Este, hablando un correcto francés, pidió dos cervezas y un poco de queso, no
sin antes explicar al camarero que solamente tenían dólares, pues eran
americanos.
- -.(Bogart, algo
enfadado) Bueno, querido Herbert, dígame ahora qué podemos hacer aquí en
París, durante tres días y en plena invasión fascista.
- -Si conociera mejor la
historia sabría que los norteamericanos somos bien recibidos aquí en
Francia. Hemos abastecido de comida durante toda la contienda a los franceses,
hemos roto nuestras relaciones con Alemania y estamos colaborando militarmente
con Londres y París. En estos momentos no somos unos espías, sino unos
aliados muy queridos.
- -Bueno, pero eso no quita
que estemos cansados, hambrientos y muy sucios.
- -Está bien, le preguntaré
al camarero si sabe de algún hotel próximo donde podamos pasar la noche.
- Cuando volvió Wells, todo
parecía empezar a normalizarse en su aventura. En ese mismo lugar había
habitaciones libres y podían pasar allí los tres días que les quedaban hasta
su regreso al año 1938. Cuando subieron a su cuarto apenas hablaron y tumbándose
cada uno en su cama durmieron plácidamente toda la noche. A la mañana
siguiente, la fresca brisa que soplaba en la colina de Montmartre les despertó
casi simultáneamente. Arreglados, aseados y repuestos físicamente, los dos
pasajeros del tiempo salieron a dar una vuelta por los alrededores, no sin antes
ser advertidos por el dueño de la pensión que tuvieran cuidado con los
carteristas.
- -Dos turistas
americanos – les dijo – son siempre una presa apetecible para los
ladrones. Guarden sus dólares en los calcetines y no se fíen de nadie.
- La escarpada colina de
Montmartre era el lugar escogido por los pintores europeos para elaborar sus
mejores cuadros, aunque la mayoría de los que allí vivían, o malvivían, eran
sencillos entusiastas y soñadores que nunca conseguirían vender ni uno solo de
sus cuadros. Hacinados en pequeñas pero entrañables buhardillas, sin más luz
que la que entraba por las ventanas, pasaban la mayor parte del día pintando
una y otra vez los mismos paisajes, en busca de ese estilo y peculiaridad que
les hiciera saltar a la fama súbitamente. Por esas calles habían pasado ya en
busca de un lugar inédito que plasmar en sus lienzos pintores como Van Gogh,
con su pelo rojo y su locura incipiente, quizá provocada por el hambre. También
estuvo Toulouse-Lautrec antes de refugiarse para siempre en el Moulin Rouge, en
donde consiguió ser aceptado por las prostitutas y recobrar así su confianza
como ser humano a pesar de su corta estatura.
- Todos estos pintores, además
de Cèzanne, habían contribuido a proporcionar a Montmartre una aureola de
leyenda en todo el mundo, y no había estudiante de las bellas artes que no
considerase como obligado pasar algunos años de su vida allí, entre el hambre
y el romanticismo. Es más, para quienes regresaban a sus países la estancia en
París suponía ya el mayor de los prestigios, aumentado por la posibilidad de
mantener amores intensos en los cuales el dolor y la tristeza eran lo más
habitual.
- -¿Se da cuenta, amigo
Bogart, que estamos viviendo una época irrepetible?
- -(Sarcástico) Lo de
irrepetible estoy de acuerdo, pues espero que la próxima vez que viajemos en
el tiempo lo hagamos a épocas y lugares más tranquilos. Si decide viajar a
Hawai no se olvide de sacarme un billete en clase preferente.
- -(Sin escucharle) Estoy
preocupado por Mata-Hari. Según la historia fue fusilada el 15 de octubre,
aquí en París, dentro de dos días, y me gustaría intentar algo para
evitarlo. Puesto que conocemos el destino fatal que se cierne sobre ella,
parece razonable que intentemos salvarla.
- -Pero si la historia cuenta
que murió ese día, veo imposible que nosotros podamos alterarla.
- -Ese razonamiento me lo he
planteado yo varias veces, pero creo que existe una posibilidad de cambiar el
curso de la historia sin alterar los acontecimientos. Lo que nosotros sabemos
es que Mata-Hari fue fusilada ese día, pero eso es lo que los historiadores
han contado.
- -No entiendo la diferencia.
- -Es muy sencilla. Suponga
que todo fue un simulacro y quien murió ese día fue otra mujer que se le
parecía o que en realidad las balas eran de salva, totalmente inofensivas.
Los historiadores fueron engañados como el resto de la población, pues
describieron fielmente el fusilamiento y la supuesta muerte, aunque Mata-Hari
no murió realmente. Nosotros podríamos lograr que eso fuera cierto, ayudándola
a escapar de la muerte.
- -Bueno, es una posibilidad,
pero tan descabellada que no merece ser considerada. Ahora mismo no sabemos dónde
está Mata-Hari, ni quiénes son sus amigos, ni cómo lograremos montar esa
farsa del fusilamiento.
- -Usted es actor de cine y
está acostumbrado a los decorados y a fingir. Esta es su oportunidad para
hacer algo real, aunque nadie vaya a aplaudirle.
- En ese momento, un periódico
del lugar, vociferado por su joven vendedor, les sacó de dudas en cuanto al
destino de la guapa bailarina. La noticia que ocupaba la primera página decía
que Mata-Hari había sido detenida por los Servicios de Inteligencia francesa y
que el juicio sumarísimo se efectuaría esa misma tarde. La fobia generada en
esa época contra los espías alemanes se había cebado en ella y era empleada
como cabeza de turco por el gobierno para dar un aviso a los auténticos espías.
- Esto aturdió a nuestros
amigos quienes, viendo frustrados sus intentos de salvarla, volvieron a su pequeña
buhardilla. Allí se tumbaron en la cama desmoralizados, meditando sobre las
pocas posibilidades que ofrecía viajar en el tiempo, aunque se supiera el
destino cruel de las cosas y las personas. Unas voces, procedentes del cuarto
contiguo al suyo, les sacó de sus pensamientos. Dos hombres estaban discutiendo
acalorados, conversación que podía ser escuchada perfectamente a través de
las delgadas y agrietadas paredes.
- -¡No te he enseñado
a pintar –gritaba uno – para que hagas estas porquerías!.
- -¿Porquerías? Estoy
tratando de proporcionar a mis cuadros una novedad, una perspectiva más
atrevida de lo que veo.
- -Lo que haces no tiene
calidad alguna. Lo podría pintar cualquier niño, o hasta un mono si le diéramos
un pincel. La naturaleza es tal y como la vemos, no cuadrada y de colores
irreales.
- -Es que eso ya lo hacéis
todos y empieza a ser aburrido mirar tanto cuadro realista. Si no aportamos
nuevas ideas a la pintura es mejor que nos dediquemos a descargar bultos en
los muelles. No he venido desde España para hacer lo que hacéis todos, tan
discretos y puristas que aburrís al más entusiasta de los aficionados al
arte.
- La conversación subió de
tono, se oyeron algunos forcejeos, y Bogart creyó llegado el momento de
intervenir, más que nada para protegerse ante la eventualidad de la llegada de
la policía. Saltando de un balcón a otro entraron en el lugar de la
confrontación y allí encontraron a dos hombres, uno más joven que el otro,
agarrando ambos un cuadro. Mientras uno lo intentaba tirar por la ventana, el
otro pugnaba por salvarlo del desastre. La llegada de nuestros amigos puso fin a
la pelea y ahora, ambos ya más calmados, trataron de explicar dónde radicaba
su problema.
- -Miren, amigos – dijo el
mayor de ellos – este joven que ven aquí está prostituyendo el arte de la
pintura con sus cuadros. A mí no me importaría mucho que lo hiciera, pero
como maestro suyo mi prestigio se vendría abajo si sus horrorosos cuadros
actuales, de estilo desconocido, salieran de esta habitación.
- -Ese estilo desconocido –
respondió el joven - tiene un nombre y se llama Cubismo, y representa la
forma de expresión pictórica que revolucionará la pintura. Tú, querido
Monet, perteneces ya al pasado y yo soy el futuro.
- -¡Insolente Picasso! –
gritó - ¿cómo te atreves a criticar a quien tanto te ha enseñado?
- Cuando el tal Monet se abalanzó
de nuevo hacia su compañero, Bogart se interpuso entre ellos pidiéndoles de
nuevo serenidad. Como quiera que el idioma inglés les era totalmente
desconocido a los dos pintores, supuso el suficiente revulsivo como para
detenerles de nuevo y decidir bruscamente dar por concluida la pelea.
- -Permítanme que les dé
las gracias por su oportuna intervención. Me llamo Claude Monet y aunque algo
mayor para estas peleas, sigo pensando que la pintura debe reflejar la
realidad, incluso mejorarla si es posible. Mi amigo y discípulo Pablo Picasso
era hasta ahora un buen pintor con gran futuro, pero súbitamente ha cambiado
su estilo y ha diseñado eso que denomina Cubismo y que resulta incomprensible
a mis ojos.
- -Solamente quiero probar
nuevas formas de expresión – respondió Picasso, mucho más sereno -. Tengo
36 años y necesito crear mi propio estilo, aunque en principio sea
incomprensible para los demás. Eso ya lo han hecho anteriormente otros
pintores. Intento proporcionar sentimientos y emociones nuevas mediante el uso
de las formas geométricas y los colores, sin necesidad de que reflejen nada
concreto. Es el amante de la pintura quien debe poner su imaginación. De este
modo, el espectador no se limita a mirar mi cuadro pasivamente y puede dejar
volar su imaginación.
- -La idea me parece sugestiva
– alegó Wells – puesto que así convertimos al aficionado en parte de
nuestras obras. (Hace una pausa) Permítanme que me presente: me llamo H. G.
Wells, soy un escritor inglés, y debo añadir que al igual que el señor
Picasso ha hecho con su pintura, también he dado un giro grande a mis
novelas. Dejé totalmente las historias realistas y sociales para meterme en
el mundo de la ficción y la fantasía. Por eso comprendo la postura del señor
Picasso. Creo que todos los estilos artísticos pueden tener su sitio en la
sociedad, tanto el realista, como el impresionista o el cubismo suyo.
- -¿Y su compañero también
es escritor? – preguntó Monet -.
- -No, él es un actor de cine
que está comenzando a ganar mucha popularidad en Norteamérica. Se llama
Humphrey Bogart, pero no sabe una palabra de francés.
- -¡Ah, el cine! – dijo
Picasso ilusionado – es la forma de expresión artística más completa de
todas. En las películas están reunidas todas las artes al mismo tiempo. Me
alegro de poder estrechar la mano a dos personas tan interesantes como
ustedes. ¿Y cuál es el motivo de su visita a París?
- Wells se alegró de que Bogart
no entendiera la pregunta, y mucho más acostumbrado a contar historias fantásticas
les respondió presuroso pero sin vacilar:
- -Estamos buscando
escenarios para rodar una película basada en una novela mía titulada
"La isla del Doctor Moreau". Por desgracia, la guerra europea nos va
a impedir seguir con el proyecto y nos marcharemos de nuevo a los Estados
Unidos en unos días.
- -Ciertamente - dijo Picasso
- esta guerra se está alargando más de lo previsto a causa del Kaiser. Su
cruel fascismo esta provocando la ruina de toda Europa y muchas personas
inocentes están siendo fusiladas todos los días aquí mismo, cerca del
Palacio de Justicia.
- -(Wells, dándose cuenta que
puede ser sincero) Acabamos de ser testigos ayer del apresamiento de la
bailarina Mata-Hari en el Folies Bergère. Si no escapamos a la carrera ahora
mismo nos habrían acusado también.
- -(Picasso, sumamente
alterado) ¿Cómo?, ¿Mata-Hari ha sido apresada por los gendarmes? Tenemos
que hacer algo para salvarla; ella es una patriota, no una espía. ¿Quieren
ustedes ayudarnos?
- -Tanto mi amigo Bogart como
yo mismo estaremos encantados de hacer lo que podamos para ayudarla. No
obstante, tenga en cuenta que no tenemos pasaporte y que si nos detiene la
policía nos podrán acusar también de espías alemanes.
- -No se preocupe, yo también
debo permanecer oculto de ellos pues soy miembro del Partido Comunista. Espérenme
un momento que voy a indagar dónde se han llevado a Mata-Hari.
- Picasso salió presuroso,
mientras que Monet se quejaba a Wells que con sus 77 años ya no estaba en
buenas condiciones para correr por las calles escapando de la policía. No
obstante, se ofreció para colaborar con ellos en la medida en que sus fuerzas
se lo permitieran. También hubo un enfrentamiento entre Wells y Bogart, puesto
que la noticia de que Picasso era comunista le desagradó de gran manera.
- .No me gustan los
comunistas – le dijo enfadado Bogart – tratan de socavar todo lo bueno que
hemos logrado en mi país.
- -Pero usted ha manifestado
en muchas ocasiones su defensa de la libertad de expresión.
- -Y sigo estando a favor de
ella, siempre y cuando ello no suponga destrozar nuestras propias libertades.
La prensa debe ser libre y cada ciudadano podrá manifestar su idea política
preferida, pero ello no implica que puedan reunirse clandestinamente para
formar un ejército. No conozco ni un solo país comunista que tenga un buen
nivel de vida y libertades. Eso debería ser suficiente para excluirles de mi
país.
- -Pues hay mucha gente del
mundo del cine que se ha manifestado abiertamente como pro-comunistas.
- -Y sigo diciendo que son
libres de hacerlo y pensar como quieran, pero deberían ejercer su política
en Rusia.
- Fueron interrumpidos por el
regreso de Picasso, sumamente nervioso, quien les dijo que habían llevado a
Mata-Hari al Palacio de Justicia y que probablemente la condenarían rápidamente
para dar un escarmiento y una advertencia a los espías.
-
- -Probablemente – siguió
contando entristecido – la ejecutarán mañana mismo. Tienen costumbre de
hacer juicios rápidos y fusilar a los culpables en una plaza a orillas del
Sena.
- -¿Y qué podemos hacer? –
preguntó Wells con pocas esperanzas, puesto que sabía el destino de Mata-Hari
-.
- -De momento acudir al juicio
y luego tratar de rescatarla antes de la ejecución. ¡Vámonos!.
-
-
- EL CADALSO
-
Bogart y Picasso, los más jóvenes,
caminaban rápidamente hasta el Palacio de Justicia, mientras unos metros detrás
les seguían como podían Wells y Monet; sus muchos años encima les pasaban
factura. Cuando llegaron el juicio aún no había comenzado, pero ya la sala del
tribunal se encontraba llena de gente, ansiosos algunos por maldecir a Mata-Hari
y otros para intentar aplaudirla. Nuestros amigos buscaron las mejores
posiciones que pudieron, encontrándose con una barrera de fornidos policías
que impedían cualquier intento de liberar a la guapa bailarina.
Todo en los espectadores era
ya muy diferente a lo que habían visto en el Folies Bergère. Unos días antes
esa mujer era admirada y aplaudida, deseada, y suponía el ejemplo para miles de
mujeres que buscaban salir del anonimato y la miseria. Ahora, tratada como una
vulgar delincuente, iba a ser mostrada como escoria ante la opinión pública.
Cuando salió al estrado Mata-Hari,
esposada y vestida hasta los pies, escoltada por los policías, su imagen altiva
no había desaparecido y para muchos estaba más guapa aún que a la luz de los
focos.
En el juicio no había
testigos que declarasen a su favor y ni siquiera existía un abogado defensor
que la disculpara. Todo estaba ya preparado de antemano. La acusaron de mantener
relaciones amorosas con los funcionarios alemanes y pasarles así, en la
intimidad del lecho, información vital sobre los movimientos del ejército
francés.
- -He estado frecuentemente
con soldados que me han pagado por acostarme con ellos – comenzó a decir
Mata-Hari – puesto que no me interesan los hombres que no están en el ejército.
A muchos les he amado también, pero no les he preguntado su nacionalidad. Me
atraen los militares especialmente porque son valientes, aventureros y en
cierto modo superiores, pero cuando están desnudos en mi cama nadie habla de
política y solamente manifiestan interés por mi cuerpo.
- Estas sinceras palabras no
sirvieron para disculparla y en lugar de ello agudizaron los ánimos de los
jueces, ahora convertidos también en censores a causa de la presión de sus
esposas, celosas del atractivo de Mata-Hari. Allí nadie intercedía por ella,
ni siquiera los mismos hombres que días antes la habían amado. Convertidos
todos ya en sus enemigos, se la acusó de pasar información secreta gracias a
sus pendientes. Mostrados en la sala, descubrieron un compartimiento secreto en
la parte de atrás, en donde se suponía guardaba sus confidencias bélicas.
Naturalmente en ese momento no había dentro de los pendientes nada parecido,
pero para los jueces era la prueba irrefutable de su delito.
- Parte del público se dio
cuenta de la farsa de ese juicio, especialmente porque la mayoría de las
personas que pasaron como testigos de la acusación eran los mismos hombres que
habían mantenido relaciones íntimas con ella. Era obvio que querían destruir
la prueba de la infidelidad hacia sus mujeres y esta era su mejor y única
oportunidad. Sus amigos, ahora convertidos en enemigos, alegaron que había
ejercido como espía para ambas naciones, Francia y Alemania, dependiendo del
bando de su amante.
- -(Mata-Hari, llorando)
Sí, ciertamente soy una ramera, pero nunca he traicionado a Francia.
- El juez que presidía el
tribunal se levantó sin inmutarse y dijo:
- -Margaretha Geertruida
Zelle, alias Mata-Hari: ha sido condenada por este tribunal especial por sus
delitos contra Francia al ejercer como espía para nuestros enemigos alemanes
y por ello la condeno a morir fusilada públicamente. La ejecución se
celebrará mañana en la plaza de este mismo Palacio de Justicia. Que Dios
tenga piedad de su alma.
- Ni un solo grito de repulsa
por la sentencia se escuchó en la sala y en lugar de ello cientos de voces
escupieron toda clase de insultos hacia ella. Solamente cuatro personas
permanecieron mudos ante esta manifestación de injusticia, avalada por un
tribunal que precisamente estaba allí para no condenar a ningún inocente.
Cuando todos salieron, la mayoría para festejar con champán la próxima muerte
de Mata-Hari, precisamente en el Folies Bergère, Bogart ya tenía elaborado un
plan para rescatarla, inspirado seguramente en alguna de sus películas.
- -Mi idea es la
siguiente: necesitamos dos trajes de la policía francesa y algunos documentos
falsos. Con ellos, y si la suerte no nos da la espalda, lograremos rescatar a
Mata-Hari antes de que sus verdugos se den cuenta.
- -(Wells, algo menos
entusiasta) ¿Y quién se pondrá esos trajes de policía? Obviamente tienen
que ser dos personas que hablen perfectamente francés.
- -Usted será uno de ellos
– le dijo Bogart a Picasso – y el otro tiene que ser Monet; no hay nadie más
que hablen el francés como ustedes.
- -¿No cree – respondió
Monet – que ya soy algo viejo para simular ser un policía en activo?
- -Mi experiencia con los
maquillajes para el cine hará el milagro. Le convertiré en un atractivo
detective de cincuenta años. Wells y yo seremos unos agentes del Servicio
Secreto Británico que han venido para asegurarse de que se cumpla la ejecución.
Nadie sospechará de nosotros por no saber francés.
- -Pero ¿cuándo piensan
rescatar a la chica?
- -Será mañana, aquí mismo,
en los calabozos del juzgado.
- Las horas que precedieron a
esta arriesgada misión fueron intensas para todos. Picasso se encargó de
buscar entre sus amigos uniformes de la policía, mientras que Monet solucionaba
en una imprenta clandestina la elaboración de los documentos adecuados. Bogart
y Wells, por su parte, trazaban ya sobre el papel la situación del pelotón de
fusilamiento, el público, las medidas de seguridad y el recorrido que haría
Mata-Hari hasta donde le esperaba el juez que hablaría a la muchedumbre. Con
todos estos datos presentes tenían claro que solamente existía la posibilidad
de rescatarla mientras estuviese en los calabozos.
- Por la noche, los cuatro
amigos realizaron una minuciosa comprobación del terreno, la puerta del juzgado
y la situación exacta de los calabozos. Sabían ya que la ejecución tendría
lugar a las nueve de la mañana y se esperaba que miles de personas vitoreasen
el fusilamiento.
- Por eso, aquella noche apenas
durmieron, mientras cientos de preguntas y temores pasaban por sus mentes.
Bogart se preguntaba aún qué hacía allí, en la Francia de principios de
siglo, tratando de rescatar de la muerte a una guapa chica con la cual ni
siquiera había intimado. Analizaba su papel de héroe en el cine, de duro y hábil
manejando las pistolas y a las mujeres, sin entender cómo la realidad podía
ser tan distinta a la ficción. Ahora el peligro de muerte era cierto y
posiblemente inminente, mientras que a miles de kilómetros de distancia, en los
Estados Unidos, le esperaba una esposa con la cual ni siquiera había celebrado
la noche de bodas. De reojo miraba a H. G. Wells, un escritor con más fantasía
en su mente que un niño, a quien había considerado un loco pero ahora le veía
ya como un idealista empeñado en corregir las injusticias. Y en la habitación
de al lado dos fanáticos del pincel y el carboncillo, maestro y alumno,
tratando de cambiar la plácida vida de artistas por la de miembros de una
resistencia política extraña, puesto que iban en contra de su propia gente.
- -Cuando despierte de
esto – dijo casi en sueños – no volveré a beber ni una gota de alcohol.
Me ha trastornado el cerebro.
- -(Wells, semidespierto) ¿Qué dice?
- -Nada, que me apetecería
beber un buen whisky escocés o un coñac francés.
- A la mañana siguiente, dos
militantes del Partido Comunista francés trajeron los trajes de policía que
habían solicitado, más la documentación falsa para todos. Con rapidez, se
pusieron los trajes y revisaron los documentos falsificados en los cuales se
mencionaba su condición de miembros especiales de los servicios de seguridad
franceses e ingleses. Bogart, ayudado por las dotes pictóricas de Picasso,
elaboró con acuarela y óleo un perfecto maquillaje para la cara de Monet,
quien ahora se mostraba como un aguerrido policía.
- Rápidamente se dirigieron
hasta el Palacio de Justicia y allí, sin vacilar, hasta la entrada de los
calabozos. Una férrea puerta de hierro y dos centinelas armados les dieron el
alto.
- -No pueden pasar, esta
zona está restringida hasta mañana.
- -(Picasso, muy sereno)
Traemos una orden firmada por el Servicio de Inteligencia en la que dice que
tenemos que conducir a la espía Mata-Hari de nuevo hasta el juez. Se han
encontrado documentos importantes en su vivienda que comprometen a
personalidades jurídicas muy destacadas y debe ser interrogada por ello.
- -(El centinela de mayor
graduación) Tenemos órdenes estrictas de que nadie se acerque a la
prisionera, salvo una orden firmada por el propio Jefe del Gobierno. Su
ejecución no se retrasará bajo ningún concepto.
- -Estos documentos nos
conceden la máxima autoridad – replicó Monet con energía - y le insisto
que esta mujer debe ser interrogada de nuevo antes de morir. Venimos acompañados
por dos miembros de los Servicios Secretos británicos y si usted se opone
creará un conflicto internacional.
- El centinela miró a Wells y
Bogart, revisó los documentos en los cuales se explicaba la orden de traslado
de Mata-Hari hasta el juez y pidió a Bogart que le mostrara sus credenciales.
Cuando la comprobó pidió lo mismo a Wells y le preguntó:
- -¿Quién es su jefe inmediato?
Debo llamarle por telégrafo para confirmar su identidad.
- La petición dejó
estupefactos a ambos, esencialmente porque no entendían una palabra del idioma
francés. Su pasividad alertó al centinela, quien se dirigió a su compañero
para que avisase al sargento de guardia. Sus intenciones parecían sumamente
preocupantes para todos.
- -¡Espere! –
interrumpió Picasso - ¿no se da cuenta que no saben francés? Yo les hablaré
en inglés para que atiendan su petición.
- La conversación que mantuvo
con Wells y Bogart no tenía, por supuesto, nada que ver con las pretensiones
del centinela, pero la ignorancia de éste del idioma inglés les proporcionaba
total impunidad. De manera sutil y sin realizar ademanes que pudieran infundir
sospechas, les indicó que el centinela francés empezaba a sospechar y que debían
hacer algo con rapidez o todos acabarían como Mata-Hari.
- Bogart le tranquilizó y le
dijo que ahora había llegado su momento. Con una sonrisa cínica en los labios,
la mejor que tenía, y simulando ser el más fiable de los amigos, avanzó hacia
los centinelas mientras sacaba una tarjeta de su gabardina. Esta tarjeta era de
una productora cinematográfica, con teléfono incluido, pero cuando la mostró
a los centinelas parecía pertenecer al mismísimo FBI. Mientras los dos
desconfiados franceses la miraban, intentando descifrar lo allí escrito en inglés,
Bogart hizo señas a sus compañeros y los cuatro se abalanzaron sobre los
centinelas, golpeándoles en la cabeza. Desmayados y fuertemente amordazados y
maniatados, fueron llevados hasta un cuarto trasero próximo.
- -Bueno – dijo Bogart
tomando ya las riendas de la situación –ahora hay que obrar con mucha
rapidez. Vamos a los calabozos para sacar cuanto antes a Mata-Hari de allí.
Tenemos tiempo hasta que se realice el relevo de la guardia y no sabemos cuándo
ocurrirá.
- Presurosos, pero conservando
su apariencia de miembros especiales de la policía, los cuatro amigos bajaron a
los oscuros calabozos, hasta que se toparon con un nuevo control policial.
- -¡No pueden pasar!
– les gritaron - ¿quién les ha dejado entrar aquí?
- -(Picasso, sumamente enérgico)
Traemos órdenes expresas de los Servicios de Inteligencia para llevar cuanto
antes a la detenida ante el juez. Debe prestar declaración antes de ser
ajusticiada. El cabo de guardia ya ha realizado las comprobaciones oportunas.
Si quiere volver a mirar nuestros documentos, aquí están.
- El policía leyó
cuidadosamente los documentos y decidió llamar al puesto de guardia para hablar
con el cabo. Cuando descolgó el teléfono fue interrumpido bruscamente por
Picasso.
- -¡No nos haga perder
más tiempo, estúpido!. Si tardamos un minuto más en entregar a esta mujer
ante el juez la llevarán hasta el pelotón de fusilamiento sin que pueda ser
interrogada de nuevo. Usted será el responsable de que se pierdan datos sobre
otros espías. Pediré a sus superiores que le formen un consejo de guerra que
le lleve a la cárcel para toda su vida.
- Estas palabras, dichas con
energía y agresividad, más la mirada hosca de Bogart, fueron suficientes para
que el policía receloso les franqueara la puerta, mientras comenzaba a
disculparse por su desconfianza. Rápidamente abrió la puerta del calabozo
donde estaba Mata-Hari.
- -¡Sal de ahí, sucia
espía! – la gritó – el juez quiere interrogarte de nuevo. Pero no te
alegres por ello, pues nadie te salvará ya del fusilamiento. La plaza está
ya abarrotada de gente esperando ver cómo te matan.
- Más serena de lo que debería
estar, Mata-Hari recogió sus pertenencias no sin antes pintarse los labios y
peinarse minuciosamente.
- -Debo estar guapa –
alegó ante la impaciencia de todos – para hablar delante de un juez tan
importante. Le recordaré los ratos tan agradables que hemos pasado juntos en
su cama cuando su mujer se marchó a las playas de la Riviera.
- Esta vez fue Bogart quién la
agarró con fuerza, sacándola de allí con rapidez. Su decisión, que para el
centinela fue interpretada como una muestra del odio que la tenía, simplificó
las cosas y en poco tiempo todos estaban ya en la puerta de salida, ahora sin
ningún centinela allí.
- -Debemos marcharnos
cuanto antes de este lugar – dijo Bogart - pero necesitamos un coche.
Andando no llegaríamos a ningún lugar seguro.
- Miró a su alrededor y pronto
encontró aparcado el vehículo ideal: un flamante Ford T. Con decisión se
dirigió hacia la puerta y poniéndose un pañuelo en una mano golpeó el
cristal delantero hasta romperlo. Una vez dentro no le costó nada arrancar el
motor, puesto que era el mismo modelo que había conducido en las películas. Y
así, una vez todos dentro, pisó el acelerador a fondo sin un rumbo concreto.
- -¿Dónde nos
dirigimos? – preguntó Wells -.
- -No lo sé – respondió
Bogart – no conozco París en absoluto.
- Mientras esto ocurría, Mata-Hari
ya había sido informada por Monet de que eran amigos que pretendían salvarla
del fusilamiento, a lo que ella respondió:
- -Conozco un sitio
perfecto para escondernos. La iglesia del Sagrado Corazón posee una cripta
adecuada para ello. Allí es donde tenían montada su emisora los espías
alemanes. Si no les han encontrado a ellos, tampoco lo conseguirán con
nosotros.
- Velozmente atravesaron las
calles de París, ahora casi totalmente vacías por el fusilamiento público que
se iba a celebrar próximamente. Su protagonista principal, Mata-Hari, sonreía
mirando por la ventana a la gente que acudía presurosa hasta la plaza donde
supuestamente iba a ser ajusticiada. Ahora estaba a salvo, acompañada por
cuatro personas que habían demostrado ser más eficaces que los policías
franceses que la custodiaban. Dentro de una hora exactamente debería caer
muerta bajo las balas del pelotón de fusilamiento, pero ahora estaba a salvo y
custodiada por unos amigos.
- Todos estaban satisfechos
menos Wells, preocupado por las paradojas del destino y su repercusión en la
historia de la Humanidad. No sabía las consecuencias por alterar un hecho histórico,
ni qué les podría ocurrir a ellos si la policía les detenía. Acusados de espías
y cómplices de la fuga de Mata-Hari seguramente serían fusilados
inmediatamente, algo incomprensible puesto que no pertenecían a esa época ni
lugar. Bogart tenía aún que llegar a ser un popular actor de cine y a él le
quedaban todavía muchos viajes en el tiempo que realizar. Si morían ahora, ¿quiénes
eran los que estaban en el año 1938?
- Sin encontrar una respuesta a
sus interrogantes, miró su reloj y se dio cuenta de algo aún más terrible:
estaba a punto de finalizar la energía de la máquina del tiempo y cuando esto
ocurriera regresarían bruscamente. Si ocurría mientras Bogart estaba
conduciendo el coche, al quedarse sin conductor se estrellarían y es posible
que muriesen todos, mientras ellos regresaban a salvo a su época.
- -¡Bogart! – dijo
nervioso – detenga el coche rápidamente. ¡Hágalo!.
- Su tono de voz no dejaban
lugar a dudas sobre la necesidad para detenerse y aparcándolo en un lugar
discreto Bogart esperó la explicación de Wells.
- -Aguarden aquí un
momento – dijo a sus acompañantes – mi amigo y yo tenemos que hablar a
solas urgentemente.
- Ambos se bajaron del coche y
mientras Bogart interrogaba con la mirada a Wells, intentando adivinar qué es
lo que ocurría, los tres ocupantes del coche hablaban entre ellos asustados por
el suceso. La brusca detención del coche y la salida de nuestros amigos para
hablar a solas, no eran el mejor presagio para quienes huían de la policía.
Desconfiando de ellos, especialmente por la poca simpatía que Bogart tenía
hacia los comunistas, y sin esperar una respuesta, Picasso, Monet y Mata-Hari
salieron presurosos del coche, corriendo calle abajo para escapar de Bogart y
Wells, a quienes suponían ya miembros de los servicios secretos americanos. Si
querían capturarles deberían perseguirlos corriendo más que ellos.
- Pero Wells trataba de explicar
a Bogart que estaban a punto de retornar a su época y no se percató de la
huida de sus hasta ahora amigos. En ese momento, una tenue luz les envolvió y
se encontraron inmediatamente dentro de la máquina del tiempo de Wells, de
nuevo en el año 1938. El peligro para ellos había pasado.
- Unos pocos minutos después,
Mata-Hari era detenida de nuevo por la policía de París cuando intentaba
entrar en la iglesia del Sagrado Corazón. Atrás habían quedado Monet y
Picasso, después que ella les diera esquinazo sospechando que eran igualmente
fascistas al servicio de Alemania. Su desconfianza la había llevado a cometer
un grave error y ser apresada de nuevo, mientras que ellos habían conseguido
ponerse a salvo refugiándose en su buhardilla de Montmartre.
- Y así, una gran muchedumbre,
concentrada en París la mañana del 15 de octubre de 1917, vio por última vez
a Mata-Hari, ahora con un sencillo pero elegante vestido, delante del pelotón
de fusilamiento. Ella se negó por dos veces a que la vendaran los ojos y a que
le ataran las manos a la espalda, y envió un beso al pelotón de fusilamiento
antes de que ellos apretaran el gatillo. Dicen que uno de los soldados,
emocionado por este beso, y apesadumbrado por haber tenido que disparar la bala
fatal, se desmayó allí mismo.
-
-
- UN DESCONCERTANTE REGRESO Y UN
ENCUENTRO INCREÍBLE
-
- Aturdidos, no tanto por el
viaje como por las emociones de la aventura, Wells y Bogart estuvieron unos
minutos sin hablar, tratando de revivir aún los momentos más apasionantes del
viaje. Bogart pidió enseguida un cigarrillo y un vaso de whisky, mientras que
Wells comenzó a tomar apuntes y a comprobar el tiempo transcurrido.
- El reloj de su muñeca dejaba
bien claro que esta vez habían estado en el pasado durante más de tres días,
pero el implacable reloj de cuco de su biblioteca, así como el periódico del día,
le indicaban que seguían en el mismo día y hora que antes de emprender al
viaje en el tiempo. Todo permanecía igual y hasta era posible que no hubieran
envejecido ni un segundo más.
- -¿Está usted seguro,
amigo Wells - preguntó Bogart – que no ha sido todo un sueño o un trance
hipnótico producido por esta endiablada máquina suya?
- -Es difícil que dos
personas compartan el mismo sueño, especialmente de manera simultánea. Además,
hay una prueba irrefutable y son nuestros relojes de pulsera. Si comprueba el
suyo verá que marca una hora y una fecha distinta a cuantos se encuentran en
esta casa, señal inequívoca de que ciertamente hay dos universos paralelos
en los cuales nos estamos moviendo. En uno, ese viaje al pasado, el tiempo
sigue su curso, lo mismo que la historia. En el otro también avanza el
tiempo, pero no para nosotros, puesto que no estamos en este momento ni en
esta dimensión.
- -Creo que saldré de dudas
cuando regrese a mi casa y vea el recibimiento de mi mujer. (Sonriendo) Si la
encuentro durmiendo con otro hombre y me echa de casa, es seguro que su teoría
es una solemne tontería. (Ahora, más serio) A lo mejor aquí han pasado
doscientos años y ya no tengo familia ni amigos y posiblemente mi casa haya
sido derruida para construir apartamentos de lujo.
- -Si es así no se apene,
puesto que por lo menos conocerá ya su destino y sabrá si su presencia en el
cine ha dejado huella. Además, siempre nos quedará París.
- -Me gusta esa frase; es
posible que la incluya en alguna de mis películas.
- Bogart se marchó para acudir
presuroso a su fiesta de bodas, si es que aún continuaba, mientras que Wells
apuntaba en su diario todos los detalles del fabuloso viaje al pasado. Simultáneamente,
empezaba ya a realizar los planes para su próxima aventura, tratando de
encontrar un lugar o unas personas lo suficientemente importantes como para que
el viaje mereciera la pena. No estaba seguro si lo mejor era limitarse a ser un
simple espectador de la historia contemporánea, sin tomar parte en ningún
acontecimiento, o intentar, una vez más, modificar los hechos históricos en
bien de la Humanidad. Su intento fallido para rescatar a Mata-Hari de su cruel
destino le había dejado apesadumbrado, aunque estaba convencido de que
solamente el inoportuno regreso a su época era la causa del fracaso.
- Pero otras dudas le asaltaban
y le preocupaban, especialmente sobre la posibilidad de morir en uno de esos
viajes, o cuando tuviera la oportunidad de estar frente a frente a sí mismo o
su familia. No sabía qué modificaciones se podrían dar en su vida actual si
algo de esto llegara a suceder, puesto que los libros de ciencia ni siquiera
contemplaban hipotéticamente esa posibilidad.
- Confundido en relación con
aquello que había narrado en su novela "La máquina del tiempo", tan
diferente a lo que en realidad ocurría, se le ocurrió la idea de hacer una
segunda parte, ahora viajando al pasado, pero contando fielmente todas sus
vivencias. Sabía que al menos así millones de lectores disfrutarían y vibrarían
de emoción por estos viajes al pasado, aunque siempre lo considerarían como
pura ficción. Triste destino para una persona que había inventado la máquina
más asombrosa de todos los tiempos, pero que no podía mostrarla públicamente
ni ganar fama y prestigio por ello. Incluso su primer compañero, Humphrey
Bogart, dudaba que hubiera sido real y probablemente ni siquiera podría volver
a contar con él para otro viaje. Una vez en los brazos amorosos de su esposa y
con varias películas a punto de rodarse, seguramente ni se cuestionaría
efectuar un nuevo viaje. Necesitaba, pues, otro compañero de fatigas.
- Su aturdimiento le llevó a
deambular por las calles de Nueva York, esperando que algún acontecimiento le
indicara cuál debería ser su camino desde este momento. Tenía claro que el
viaje no podría hacerlo en solitario y tampoco le interesaba, puesto que
emocionalmente quería compartir la experiencia y necesitaba testigos, aunque
fueran tan incrédulos como Bogart. Sentado en un banco se dedicó a contemplar
la gente que pasaba, hasta que su vista se posó en una sala de cine que tenía
casi enfrente. Allí estaban proyectando la película "Room Service",
de los Hermanos Marx, unos cómicos que le habían apasionado desde que vio
"The Cocoanuts". No era mala idea distraerse un poco hasta que las
ideas surgieran más precisas en su mente.
- Escogió una butaca trasera,
alejada del público, y asistió más relajado a la proyección de la película,
ahora ya bastante avanzada. Su mente no lograba concentrarse, no tanto porque su
imaginación volaba frecuentemente desde allí hasta sus vivencias en París,
sino porque justo detrás de él estaban sentados dos espectadores que gustaban
de manifestar su opinión en voz alta.
- -Este argumento hace
aguas por todos los sitios – dijo uno -, parece solamente una excusa para
intercalar los chistes.
- -Por lo menos no son tan
malos como los que tú escribes – le replicó su compañero -.
- -Cierto, son tan malos que
he pensado dejar de escribir chistes y dedicarme a elaborar citaciones de
Hacienda. Así por lo menos la gente los leería.
- -¡Vaya!, casi sin proponértelo
te ha salido algo gracioso.
- -Pero es que es cierto.
Estoy convencido de que en el departamento de Hacienda es donde más
admiradores tengo. Todos quieren un autógrafo mío en un cheque.
- -Si al menos pagaras tus
impuestos de vez en cuando...
- -Es que me tienen acorralado
y hasta sueño con embargos y citaciones. El otro día fui a comer a un
restaurante de lujo y me pusieron cangrejo, pero no lo comí por si acaso era
un inspector de Hacienda disfrazado.
- -Deberías haber escogido
otra profesión, así conseguirías comer los cangrejos sin problemas.
- -Mira, yo siempre he querido
ser médico, más que nada para tener guapas enfermeras a mi alrededor, pero
ya sabes que mamá me quitó esa idea de la cabeza. Decía que era algo
perverso, especialmente si me dedicaba a la ginecología.
- -Ahora comprendo tu interés
en hacer papeles de médico en las películas.
- -Exacto, pero en ésta se
nota la mano maquiavélica de Zeppo en el guión y no me ha dejado realizar
ninguna de mis exploraciones anatómicas preferidas. Estoy convencido que por
ello la película será un fracaso total.
- La conversación ya no dejaba
lugar a dudas sobre sus protagonistas y Wells se volvió convencido de que detrás
de él estaban, al menos, dos de los Hermanos Marx. Efectivamente, y aunque
menos reconocibles que con sus habituales trajes de las películas, allí
estaban en persona Groucho y Harpo Marx.
- -¡Eh, usted! - gritó
Groucho a Wells - ¿es que acaso tengo monos en la cara?; al menos yo les doy
cacahuetes de vez en cuando.
- -(Wells, cortado por la
respuesta) Perdone, es que he creído que...
- -Fascinante. Ahora cuéntemelo
con más detalle.
- -Le decía que...
- -Eso sí que no lo entiendo.
Repítamelo.
- -(Levantándose nervioso)
Está bien, ya me voy, no he querido molestarles, es solo que...
- -¡Espere!, no puede
dejarnos ahora aquí plantados. Si lo hace tendrá que pasar por encima de mi
cadáver. Pensándolo mejor, si se marcha seguiré viendo esta horrible película
y le dejaré que acuda a mi funeral otro día que yo no esté allí.
- Wells sale presuroso de la
sala, pero en el hall es detenido suavemente por Groucho, quien esbozando la
mejor de sus sonrisas, le dice:
- -Perdóneme, era una
broma. Solamente suelo discutir de 3 a 4 de la tarde y así el resto del día
me parece maravilloso. (Extendiéndole la mano) Soy Groucho Marx y este ratón
sin queso que está a mi lado es mi hermano Harpo.
- -(Wells, aún aturdido) Debo
confesarles que durante un momento creí que estaban verdaderamente enfadados.
- -Es que nos molesta mucho
que nos confundan con los Hermanos Marx. A Harpo, por ejemplo, siempre le
confunden con Harpo y eso es denigrante para él.
- -Pero, ¿son o no son
ustedes los Hermanos Marx?
- -(Groucho, tomando aliento)
Lo cierto es que cuando yo nací quería llamarme Robinson, pero mis padres
fueron más rápidos que yo y me pusieron Julius. Lo de Groucho fue culpa de
mi madre y es que ella pensaba que así me confundirían con uno de los
Hermanos Marx y tendríamos más trabajo. ¡Pobre mujer!, era una infeliz; se
murió sin poder ir antes al servicio.
- -(Wells, ya más tranquilo)
Y usted señor Harpo, ¿cómo ha logrado mantener el mito de que es mudo?
Personalmente siempre he creído que era cierto.
- -(Groucho, sin dejarle
hablar a su hermano) Es que este hermano mío es tonto como un zorro, un carácter
sin alma ni profundidad, un hombre admirablemente sencillo. Un día se le
olvidó el guión durante una obra de teatro y siguió actuando sin articular
palabra. Le aplaudieron tanto, por primera vez, que decidió seguir así toda
la vida. ¿Y usted quién es?
- -Me llamo H. G. Wells.
- -¡Claro, por eso su cara me
recordaba a usted!. Conozco a un escritor que es igual que usted y que se
llama como usted. Bien, no tiene ningún mérito que me mire así, pero todavía
insisto en que hay una gran semejanza entre H. G. Wells y usted. ¿Cómo dijo
que se llamaba?
- -Sigo siendo H. G. Wells.
- -Bueno, pues ya que después
de habernos presentado seguimos siendo unos perfectos desconocidos me gustaría
invitarle a mi casa, pero mi mujer me ha amenazado con reconciliarse conmigo
si lo hago.
- -Podemos ir a un
restaurante.
- -¡Estupendo!, aunque quiero
advertirle que siempre que voy a comer fuera de casa voy al mismo restaurante.
Ya me conocen y me ponen cerca de la puerta de la cocina y en lugar de
servilletas me traen un delantal.
- -Si lo prefieren, mi casa
está cerca y tendré mucho gusto en invitarles a cenar.
- -(Harpo, por primera vez) Si
me perdonáis, yo no puedo ir con vosotros, he quedado con una amiga.
- -Oiga a mi hermano –
comentó Groucho – para una vez que habla es para darme envidia con sus
ligues. Te recomiendo que si quieres volver temprano a casa te olvides la
cartera encima del piano.
- -(Wells) Si usted señor
Groucho también tiene algún compromiso con una amiga la puede traer a mi
casa. Por mí no hay ningún inconveniente.
- -Por desgracia ya no tengo
ni perrito que me ladre. Me di cuenta que ya no ligaba como antes cuando un día
abrí el buzón y solamente recogí propaganda; antes encontraba bragas de
colores. Bueno, ¡en marcha!.
-
- Durante el corto trayecto
hasta la casa de Wells, Groucho no paraba de hacer chistes, aunque hubo un
momento en el cual recuperó su aliento para preguntarle sobre sus novelas y
confesarse un entusiasta de ellas.
-
- -La que más me gustó fue
"La vuelta al mundo en ochenta días" – dijo -.
- -Pero esa la escribió Julio
Verne y yo soy H. G. Wells.
- -Ya me parecía que su cara
me era familiar.
- -¿Sabe que no ha parado de
hablar desde que salimos del cine?
- -Desde que entramos en el
cine, amigo Wells, desde que entramos en el cine. Mi madre me decía que era
porque me había tragado una aguja de fonógrafo.
- Wells se preguntaba ahora si
habría sido acertada la elección de Groucho como nuevo acompañante en su
viaje en el tiempo. Todavía no había escuchado una palabra o comentario serio
de ese hombre y empezaba a pensar que meterle de lleno en la historia, con los
peligros que ello conllevaría, podía ocasionar cuando menos un caos imposible
de descifrar luego por los historiadores y biógrafos. Quería que en cada viaje
estuviera asistido por una personalidad diferente, puesto que así tendría
mejor oportunidad para evaluar los acontecimientos y la utilidad de su máquina
del tiempo, pero empezaba a considerar a Groucho como una mala opción.
- -Groucho – preguntó
Wells - ¿no es usted capaz de decir dos palabras unidas sin hacer un chiste?
¿No hay nada en su vida que le merezca estar serio?
- -Imposible. El sentido del
humor es lo que nos ayuda a soportar la estupidez que supone estar vivos. ¿Cómo
explica nuestro deseo de permanecer nueve meses dentro de nuestra madre y que
para sacarnos tengan que hacer tantos esfuerzos? Es obvio que no queremos
nacer y por eso lloramos a moco tendido cuando un estúpido médico nos tira
de la cabeza para sacarnos al exterior.
- -¿Pero no le gustaría
hacer algo trascendental en la vida?
- -¿Se refiere a poder
comprar un gran coche con un dólar o conseguir bailar con una vaca? Ambas
cosas ya las he intentado repetidas veces y si se fija atentamente en mi cara
sabrá los resultados.
- -(Con paciencia) Intente
ponerse serio por una vez. Le estoy hablando de algo como hacer un viaje a un
mundo desconocido, salvar a la Humanidad de un desastre o...
- -(Le interrumpe) O conseguir
averiguar cuál es el truco que tienen las mujeres para seducir. Bueno, en
realidad todos sabemos dónde tienen situado su truco, pero a veces prefiero
hacerme el ignorante para que me lo enseñen.
- -¡Por favor, póngase serio
una sola vez!.
- -La última vez que lo hice
fue cuando escribí una carta muy emotiva a una amiga el día de su funeral.
-Le dije que esperaba que siguiera tan guapa como siempre y que deseaba verla
muy pronto.
- -Veo que es inútil que deje
de bromear. Venga conmigo, quiero enseñarle algo que quizá le borre esa
sonrisa de su boca.
- -¿Dónde me lleva?
- -Al sótano. (Bajando)
- -¿Sabe qué es lo mejor cuando se nos
inunda el sótano? (Sin esperar respuesta) Que podemos dedicarnos a pescar
sin que nos pongan una multa.
-
- WALL STREET
-
Cuando Wells encendió las
luces que iluminaban la máquina del tiempo, mostrando el artefacto más extraño
que Groucho había visto nunca, se hizo el silencio durante unos segundos, algo
que por lo menos alivió el incipiente dolor de cabeza de Wells. Groucho se
enderezó, posiblemente por primera vez en su vida, escudriñó la máquina, se
quitó las gafas dos veces y colocándose el bigote dijo:
- -Siempre he creído
que la hierba crece más verde en casa de mi vecino, pero ahora veo que es
cierto.
- -(Welles, lógicamente, sin
comprenderle) ¿No tiene interés en saber qué es este aparato?
- -Creo que se trata de una
idea maravillosa.
- -Pero... aún no le he
explicado qué es y para qué sirve.
- -Pues me sigue pareciendo
maravillosa.
- -(Tratando de ser
contundente) Esto es una máquina del tiempo, con ella podemos viajar al
pasado.
- ¡Oh!.
- -He realizado ya varios
viajes con éxito y quisiera que usted me acompañase ahora. Mi último compañero
fue el actor Humphrey Bogart, pero su nuevo matrimonio le impide volver a
viajar conmigo.
- -¿Sabe una cosa?, eso del
matrimonio es algo extraño. Por ejemplo: yo siempre pensé que mi sobrina era
tan tonta que acabaría casándose con un caballo. El mes pasado me confirmó
que era cierto y ahora se dedican los dos a correr el Derby.
- -¡Por favor, amigo, estoy
intentando que me tome en serio!. No le quiero gastar una broma. Esta es
verdaderamente una máquina del tiempo y funciona perfectamente. Quisiera
poder demostrárselo.
- -¿Y podríamos escaparnos
de los inspectores de hacienda que visten de gris? Si es así ¿dónde hay
que sacar el billete para este viaje?
- -¡Espere, espere!, aún no
hemos decidido dónde podemos ir.
- -Vayamos a cualquier lugar
en donde no tenga que escuchar ópera. Cada vez que tengo que ir a la ópera
le pido al cochero que vaya despacio. Me sienta bastante mal que un cochero me
lleve justo cuando aún no ha terminado la función.
- -Me parece que tendré que
tomar yo mismo la decisión. ¿Qué le parece si viajamos al año 1929, un par
de días antes del colapso de Wall Street?
- -Bien, pero creo que a mi
hermano Harpo no le va agradar la idea.
- -¿Por qué?
- -Ese día acompañé a su
mujer a casa y aún no ha regresado.
- Esbozando por fin una sonrisa
ante el delirio cómico de Groucho Marx, Wells preparó adecuadamente la máquina
del tiempo poniendo una fotografía del edificio de la bolsa de Nueva York, en
cuyas inmediaciones se encontraban cientos de personas preocupadas por sus
ahorros. Puso en marcha el generador de energía y rápidamente los rayos X
incidieron en la foto. Después, atravesaron los cuerpos de los dos amigos y la
imagen se fundió perfectamente en el tubo de rayos catódicos, llevándoles de
nuevo en un rápido viaje a través de la historia.
- Cuando llegaron, el alboroto
de las personas concentradas en la calle era intenso, puesto que las noticias
que llegaban desde el interior eran sumamente confusas. El precio de las
acciones subía y bajaba escandalosamente cada minuto, mientras que los pequeños
ahorradores pasaban de la pobreza a la riqueza con la misma facilidad. Con la
mayoría de las acciones sobrevaloradas a causa del gran crecimiento económico
de la posguerra, los norteamericanos se habían dejado engañar por los agentes
de bolsa y pidieron créditos a los bancos para comprar acciones que suponían
seguras. En ese momento, más de un millón de personas estaban endeudadas con
los bancos y no lograban pagar sus créditos por la gran fluctuación de las
acciones.
- Cuando Wells y Groucho
aparecieron bruscamente en medio del griterío, nadie les prestó la menor
atención.
- -Tenía que haber
viajado en primera clase – protestó Groucho – este viaje me ha mareado un
poco.
- -No se preocupe, los efectos
de la radiación se le pasarán pronto. Ahora es importante que planifiquemos
bien nuestro tiempo disponible puesto que la máquina funcionará apenas tres
días. ¿Dónde le parece que vayamos en primer lugar?
- -Me gustaría ir a visitar a
mi mujer para ver si es cierto que me engaña con ese gran hombre que se llama
Groucho Marx. Me han dicho que es una fiera haciendo el amor.
- -Debería tomarse este salto
en el tiempo con mayor seriedad. Mi consejo es que no intervenga en su propio
destino; las consecuencias son imprevisibles.
- -¡Oh, no se preocupe por
eso!. Mi mujer ha decidido quitarse años en cada cumpleaños y si tengo
suerte dentro de poco ni siquiera estaremos casados y podré visitarla en su
bautizo. Será como visitar a mi nieta.
- -Espere un poco, tiene que
meditar las consecuencias de sus actos y aprovechar bien este viaje en el
tiempo. Creo que lo primero es vender todas nuestras acciones, ahora que todavía
tienen cierto valor. Dentro de dos días, justo el 24 de octubre, se pondrán
a la venta más de 13 millones de acciones y ninguna valdrá más de un
centavo. Tenemos que ir ahora mismo al banco para que las vendan al mejor
precio.
- -La operación bursátil
de venta no constituyó ningún problema para ninguno de los dos, puesto que
bastó con su identificación personal para poner en venta todas sus acciones y
que el dinero resultante se depositara automáticamente en sus cuentas
corrientes.
- -¡Ahora que recuerdo!
–dijo Groucho bruscamente al salir del banco – mañana es el día en que
murió mi madre y en ese momento no pude estar a su lado. Me gustaría ir a mi
casa para estar presente.
- -Ya sabe que no es prudente
que vea a su familia ni a nadie conocido. Tenga en cuenta que hemos viajado
nueve años al pasado y toda su familia será diez años más joven, incluido
usted.
- -Gracias por el piropo.
- -No me ha entendido. ¿Qué
cree que ocurriría si su familia le viese ahora, envejecido súbitamente
nueve años?
- -¿Pero no me ha dicho que
estaré nueve años más joven?
- -Me refería a su otro yo, el
que vive en 1929. Usted sigue siendo el mismo porque pertenece al 1938.
- -Me alegro que me lo explique
con esa claridad porque ahora ya sé que yo no soy Groucho Marx el joven sino
Groucho Marx el viejo. De todas formas, si me miro al espejo seguro que me
pareceré a Groucho Marx y creo que entre los dos habrá una gran semejanza.
También estoy seguro que si voy a casa de mi esposa ella no notará la
diferencia, a menos que esté conmigo en la cama. Se me ocurre una idea: ¿por
qué no va usted a mi casa para ver si mi mujer me está engañando conmigo?
- -(Irritado) Si he de ser
sincero, debo confesarle que nunca debí traerle conmigo a este viaje en el
tiempo. Me tiene aturdido con sus chistes.
- -¿Sabe usted por qué me casé
con Ruth?
- -Me temo que me lo dirá
aunque no me interese, así que...
- -Un día me hizo beber champán
en uno de sus zapatos. Calza el 38 y cuando iba por la mitad la miré a los
ojos y me enamoré de ella. Brillaban como mis pantalones azules cuando están
sucios. Hubo un momento en que en lugar de ojos veía ballenas y el champán
tenía ya un gusto intenso a arenques podridos. Fue una noche maravillosa.
- -(Claramente mareado) Está
bien, usted gana. Iremos a ver a su familia
-
- Pero cuando por fin llegan,
tratando de permanecer ocultos ante los ojos de los vecinos, un féretro portado
a hombros de unas personas les indican sin lugar a dudas que habían llegado
tarde. Su madre emprendía ya su último viaje en esta vida, ahora más aclamada
que durante toda su anterior vida como actriz. A su alrededor estaban los cinco
hermanos Marx, numerosos parientes venidos de todos los estados americanos, la
prensa y docenas de aficionados que habían acudido con el deseo de poder estar
cerca de los ya populares Hermanos Marx.
- Groucho intentó acercarse,
pero la férrea mano de Wells sujetándole le hizo reflexionar. Su semblante pasó
del inicial abatimiento a mostrar su habitual ironía mordaz.
-
- -Mire, ahí están mis
hermanos. Chico es aquel con aspecto de caballo y que parece que le duelen los
pies, y Harpo el que se está comiendo la bandeja entera de pasteles. A quien
no conozco es aquel joven tan elegante y apuesto que se parece al príncipe de
Gales.
- -¿Es posible que no se
reconozca a sí mismo?
- -¿Qué?, ¡Eso que dice es
un insulto!. Si no fuera mayor que usted le pegaría por eso que ha dicho.
- -Pero si yo soy más grande
que usted...
- -Así ya podrá.
- -(Nuevamente alterado) Señor
Marx, está consiguiendo que termine hablando las mismas tonterías que usted.
Esperaba que asistir de nuevo a la muerte de su madre le hiciera ponerse más
serio, pero veo que es incorregible.
- -Es que sería la primera vez
en la vida que alguien llorase dos veces en el mismo entierro, especialmente
si se han celebrado con nueve años de diferencia.
- -(Nervioso) Creo que ha
llegado el momento que hagamos algo más útil por la Humanidad que seguir
diciendo chistes y despropósitos. Lo primero es marcharnos de este lugar,
puesto que nos pueden reconocer.
- -Bien, yo propongo que
vayamos a comer a un restaurante italiano. ¿Sabe usted que mi hermano Chico
no era italiano? Bueno, yo tampoco lo soy y nunca he presumido de ello, pero
al menos sé hacerme entender en perfecto italiano. Conozco cuatro palabras
claves para moverme sin problemas por el centro de Roma: "Bésame, rápido",
"¡Ayuda, me ha mordido una serpiente!", "Tengo que alimentar a
mi gato" y "¡Vaya, otra multa!".
- -(Desanimado) Está bien, me
rindo. Iremos a comer a un restaurante italiano.
-
- Little Italy era el lugar
donde residían la mayor parte de los inmigrantes italianos y su aroma se dejaba
notar incluso en los barrios periféricos. Pegado al también emblemático
Chinatown, ambos modos de vida lograron convivir sin problemas hasta que la
llegada de los gángsteres les complicó seriamente la existencia. El
restaurante elegido fue el Umberto’s Clam House, situado en Hester Street, un
lugar famoso por su exquisito marisco.
-
- -Groucho, ¿no cree que este
lugar es demasiado caro para nosotros?
- -Para mí, no; quizá para
usted que es quien va a pagar. De todas formas, nos pondremos cerca de la
salida por si acaso. No olvide aquello de "las mujeres y los niños
primero"; en ocasiones yo me siento como si fuera un bebé.
- -Espero que las monedas de
nuestra época se hayan acuñado hace tiempo y sean igualmente válidas ahora.
- -Tiene que confiar más en la
gente, amigo Wells. Hay que dar una oportunidad a los centavos que tiene en el
bolsillo. Son como una gran familia deseando ser útiles.
- -Desde ese punto de vista no
me parece una mala idea.
- -Pues olvídela y comience a
comer esos raviollis con tomate, no esperará que además de pagar usted tenga
que comerme yo su comida.
-
-
AL CAPONE
Todo parecía transcurrir con
normalidad y hasta H. G. Wells empezó a pensar que precisamente la presencia de
Groucho Marx le podía aportar mayores beneficios de los planeados. Su carácter
y su punto de vista para juzgar los acontecimientos proporcionaban una visión
de la historia de la Humanidad nueva y reconfortante. Con un margen todavía de
dos días para poder realizar acciones y visitas a Nueva York, antes de que la máquina
del tiempo les hiciera retornar a su época, podrían tratar de avisar al mundo
de posibles desgracias y alertarles sobre el peligro que supone el avance al
poder de algunos líderes políticos.
Les podría advertir del
expolio que sufrirían los judíos residentes en Alemania que les privaría de
todos sus derechos y bienes, o de la desastrosa marcha de Mao Zedong hacia la
provincia de Shaanxi que provocaría la muerte de 90.000 hombres. También sabía
la futura invasión de Abisinia por parte de Italia, el desastre del dirigible
Hindenburg en el que murieron 37 personas a causa de un sabotaje, y las
consecuencias mundiales de la Gran Depresión. Pero su problema era el mismo que
en los otros viajes, puesto que no le serviría de nada acudir a uno de los
diarios neoyorquinos y explicar que gracias a su máquina del tiempo conocía el
destino de la humanidad de los próximos nueve años. Ni siquiera su bien ganado
prestigio como escritor de ficción le podría proporcionar un mínimo de
credibilidad.
Todos estos pensamientos
fueron interrumpidos bruscamente con la entrada al restaurante de cuatro hombres
armados con ametralladoras Thompson.
- -¡Todo el mundo al suelo!,
¡Esto es un atraco!.
-
- Esa enérgica advertencia debía
ser algo habitual en aquella zona, puesto que los camareros primero y
posteriormente los clientes, todos se tiraron al suelo inmediatamente sin que se
oyeran gritos o voces de protesta. Los cuatro matones, vestidos tan
impecablemente que parecían banqueros, realizaron algunos disparos al techo y a
las estanterías, mientras que un quinto apareció en escena portando sobre sus
hombros un lujoso abrigo de lana. Wells y Groucho, por su parte, aún no habían
tenido tiempo de reaccionar y seguían sentados mirando con estupor los
acontecimientos. El recién llegado se dirigió a ellos.
-
- -Veo que estos dos señores
no entienden nuestro idioma. Quizá entiendan mejor el sonido de mi Tommy –
dijo señalando su ametralladora -.
- -¡No, espere! – gritó
Wells -.
-
- Fue inútil. La ametralladora
le apuntó directamente a los ojos, mientras que el gángster esbozaba una
sonrisa de satisfacción. El gatillo se movió, pero afortunadamente el arma se
encasquilló y en ese momento fue cuando Groucho se atrevió a suplicar por su
vida, o al menos eso era lo que Wells creía.
-
- -(Groucho, levantándose) Señor
cualquiera: sepa que es usted muy afortunado por encontrarse delante de dos
personas tan importantes como nosotros. No crea que estamos aquí para
saborear los exquisitos platos de la comida italiana, sino para asegurarle a
usted y a sus amigos que dentro de muy poco habrán pasado cinco minutos, ni
uno más, ni uno menos.
-
- No solamente el matón se quedó
mudo con esta frase de Groucho, sino que todo el restaurante al completo se sumió
en un estado mental cercano al estupor. Nadie era capaz de averiguar qué había
querido decir, y ni siquiera si suponía una amenaza larvada o una palabra en
clave. El silencio que siguió era cada vez más tenso, mientras que ninguno se
atrevía a mover un solo dedo. En ese momento y justo cuando todo el mundo
esperaba una respuesta brutal del gángster, una sonora carcajada salió de su
boca adornada con una gran cantidad de saliva. A los pocos segundos todo el
restaurante estaba riendo sin parar, unos por corear a su compañero y otros
para evitar que las ametralladoras escupieran nuevamente sus balas.
-
- -¡Por la santa Madonna que
en la vida había escuchado tal disparate! – dijo satisfecho el matón -.
¿Quién es usted?
- -Hasta hace un minuto era
Groucho Marx, pero ahora me parezco más a un pedazo de mantequilla
derretido.
- -(Muy amigable) ¿Y como
alguien que tienen un nombre tan ridículo es capaz de decir una frase tan
graciosa?
- -Si me da dos pavos le diré
el secreto. Mejor aún: si nos deja marchar le pondré un telegrama pidiéndole
trescientos dólares para pagar al casero. (Risas)
- -(Conteniendo la risa) Como
me llamo Al Capone que yo a este tío le pego un tiro antes que me mate de
risa. ¿Y este abuelo que está a su lado tan pálido, es su padre?
-
- Wells se levantó también y
algo más sereno que hace un momento le tendió la mano al gángster, obviamente
sin encontrar respuesta por su parte. Nervioso y sumamente asustado ante la
respuesta tan poco cordial, miró a Groucho demandándole una ayuda inmediata.
-
- -(Groucho, de nuevo) ¡Oh, no
se preocupe por mi amigo!. En realidad se quedó así, sin habla, cuando vio
la lista de precios de este restaurante. Yo le aconsejaría, señor matón con
ametralladora, que nos marchásemos a otro lugar en donde nos pudieran servir
unos raviollis al horno, o mejor aún, una espina de pescado para dársela a
mi gato.
- -(Capone) Antes de irnos
tengo un trabajo que hacer aquí. (Dirigiéndose al dueño del local en voz
alta) Si no quiere dar un paseo en coche conmigo y terminar con una bala
alojada en su estómago, mañana nos deberá pagar los 10.000 dólares por la
protección que le ofrecemos. Y ahora usted y yo, bigotudo impertinente
(hablando a Groucho), nos vamos a ir a mi casa a tomar unos whiskys. Puede
venir con nosotros su amigo, el mudo.
-
- Saliendo con la misma rapidez
que entraron, los matones se subieron a un enorme coche dotado de cristales
tintados y troneras para disparar desde dentro, y se dirigieron velozmente a un
lugar desconocido de las afueras de la ciudad.
-
- -Debería haberles vendado
los ojos para que no supieran dónde se encuentra mi guarida – dijo Capone
– pero como de todas maneras pienso matarles no hay problema de que me
delaten. Ahora deberían sentirse afortunados de estar todavía con vida y de
gozar de mi hospitalidad, puesto que no estoy acostumbrado a tener tanta
paciencia.
- -(El chófer) Señor Capone...
- -(Gritando) ¡Capone no, me
llamo Al Capone!. Si lo vuelves a olvidar te vuelo ese cerebro estúpido que
tienes en la cabeza.
- -Perdón, señor Al Capone,
no lo olvidaré. Le quería decir que yo conozco a ese enano del bigote. Le he
visto trabajar en el cine junto a sus hermanos. Es un cómico muy bueno y creo
que podríamos pedir un buen rescate por él.
- -¡Ahora me explico sus
chistes!. ¿Así que es usted un cómico que trabaja en el cine? ¿Y el
muerto que lleva al lado, quién es?
-
- La respuesta nunca llegó
puesto que una sirena de la policía sonó potente detrás de ellos, mientras
que nuevos coches aparecían por todos los lados. Pronto los disparos comenzaron
a sonar y una asombrosa carrera por las calles de los suburbios de Nueva York
tuvo lugar. Pero el Cadillac de Al Capone no era exactamente un vehículo
cualquiera, y su carrocería blindada resistía perfectamente los impactos de
bala mientras que el potente motor de ocho cilindros era capaz de dejar atrás a
los poco eficaces coches de la policía. La persecución se empezó a complicar
cuando nuevos vehículos policiales se unieron al primero y pronto los impactos
de bala comenzaron a resonar con fuerza, al principio sin llegar a penetrar y
poco a poco logrando entrar por las zonas más débiles. Y uno de estos disparos
alcanzó al conductor, quien incapaz de controlar certeramente el coche no pudo
evitar que chocara fuertemente contra el escaparate de una tienda.
Afortunadamente, el robusto y bien diseñado habitáculo del coche impidió que
sus ocupantes sufrieran daño alguno y aunque algo resentidos por el impacto
todos salieron ilesos a la calle, justo cuando al menos una docena de policías
les apuntaban con sus armas.
-
- -¡Señor Capone! - anunció
uno de los policías – ya va siendo hora que vuelva a dormir a Alcatraz. Allí
le esperan su bien mullida cama, su periódico habitual y una espléndida reja
para que no nos olvide en muchos años.
- -¡Me llamo Al Capone!, ¡Alfonso
Capone!, y si vuelve a olvidarlo su esposa será viuda muy pronto. – le
replicó airado -
- -Debería ser más amable
delante de un policía bien armado. No está en condiciones de exigir nada.
Usted y sus amigos van a venir conmigo a una sólida celda para que mediten
largo tiempo sobre su futuro.
-
- Cuando más de una docena de
policías les rodearon, Wells y Marx decidieron que ya era el momento adecuado
para hacerles saber su condición de secuestrados, pero unos cuantos empujones
violentos, más algún golpe nada fortuito con las porras, les demostraron que
no era el momento más oportuno para las presentaciones. A los pocos minutos un
coche celular, debidamente acorazado, servía de vehículo para todos, rumbo
ahora directamente a la comisaría del distrito.
- En el trayecto Wells examinó
cuidadosamente su cabeza, ahora adornada con un modesto chichón, y buscó entre
sus bolsillos alguna credencial que le permitiera explicar a la policía su
condición de turista inglés. Pero algo debió pasar durante el accidente,
puesto que nada encontró y un escalofrío le recorrió su cuerpo cuando se
imaginó tratando de dar una explicación verosímil en la comisaría sobre su
estancia en el coche de Al Capone. Su tobillo izquierdo también le dolía y
durante unos minutos permaneció sumido en una profunda meditación, hasta que
un quejido de Groucho le hizo ver que su amigo también estaba herido.
-
- -Mi cuerpo está ahora peor
que un globo desinflado – dijo cuando notó que Wells le miraba -,
exceptuando la nariz lo cambiaría todo por el de una hermosa mujer, así por
lo menos me metería mano.
- -¿Tiene un aprecio especial
por su nariz?
- -En absoluto, pero al menos
en ella esos policías no me pueden poner un par de esposas.
- -Veo que a pesar de que
estamos metidos en un buen lío sigue conservando sus ganas de bromear.
- -Mi propuesta es que salgamos
fuera y pidamos un taxi. Si no lo conseguimos podemos probar a enfadarnos,
aunque también podríamos enfadarnos ahora y pedir el taxi después. Si los
policías consideran que es demasiado pronto para el turno de los enfados,
podemos esperar un minuto más.
-
- El enérgico frenazo del furgón
policial les indicó que ya habían llegado a su destino, la comisaría más
tenebrosa de toda la ciudad. Allí, fuertemente escoltados por la policía,
entraron todos los detenidos directamente hasta las dependencias en donde
habitualmente se interrogaban a los delincuentes. Groucho y Wells fueron
separados del grupo de los gángsteres y llevados a otra sala, más tenebrosa aún,
pero en la cual al menos había sillas, una mesa y un gigantesco espejo a través
del cual serían observados por otros detectives. Groucho le hizo una indicación
a Wells advirtiéndole que le dejara hablar a él.
-
- -Bien – comenzó a
interrogarles el primer detective – ahora me van a explicar cómo ha
conseguido Capone escaparse de Alcatraz y llegar hasta Nueva York sin ser
detenido.
- -(Groucho, tomando las
riendas) ¡Oh, no se preocupe!, nosotros cantaremos todo lo que quiera puesto
que somos la orquesta de la fiesta. En realidad deberíamos haber llegado mañana,
pero mi amigo Wells decidió que era mejor llegar un día antes por si aún
quedaba un poco de postre en la mesa.
- -¿A qué fiesta se refieren?
- -Se trataba de una cena con
bufete en la cual debería cantar la soprano Schmalhausen. Nuestra misión era
llegar cuanto antes para obligarla a cantar dos óperas seguidas y conseguir
que la gente se marchase pronto. Yo ya había amenazado a los comensales sobre
esta probabilidad y les advertí que si no se iban ella cantaría.
- -¿Y para qué necesitaba
entonces Capone una orquesta?
- -Es que nosotros cobramos por
no trabajar. Siempre llegamos un día después, cuando las fiestas se han
terminado y así la gente no sigue bebiéndose el champán.
- -Ya veo – continuó el
policía disfrutando del diálogo - ¿Y cuánto cobran por no trabajar?
- -Cien dólares la hora.
- -Es un poco caro y creo que a
Capone le saldrá más barato que les hagan trabajar.
- -Bueno, para ensayar tenemos
un precio especial. Apenas doscientos dólares la hora.
- -¿Pero si no trabajan, qué
es lo que tienen que ensayar?
- -Pues las cosas que hay que
ensayar. Mi hermano Harpo, por ejemplo, ensaya cómo poner a las mujeres
horizontalmente en dos segundos. Si me presta a su esposa un momento se lo
explicaré con detalle.
- -Creo que será mejor que
prescinda de pagarles por ensayar. ¿Cuánto cobran por no ensayar?
- -Usted no podría afrontar el
pago. Debe saber que si nosotros no ensayamos no trabajamos y si no trabajamos
nuestra cotización aumenta, aunque podemos llegar a un acuerdo.
- -(Conteniendo la risa) Bien,
me gustaría ver cómo logramos ponernos de acuerdo.
- -Verá: ayer nosotros no
vinimos. ¿Recuerda que ayer nosotros no vinimos?
- -Oh, sí lo recuerdo.
- -Pues entonces me debe ya
trescientos dólares.
- -Entiendo. Ayer ustedes no
vinieron y yo le debo trescientos dólares. Me parece razonable, pero lo
encuentro barato.
- -Sabía que usted perdería
con este negocio. Por cierto ¿no podríamos ir a pasear un poco fuera, por la
terraza?
- -Ya, a ustedes les apetecería
ahora pasear por otro sitio, ¿no es así?
- -No señor, esto nos daría
alguna ventaja y nos podríamos aprovechar de usted.
- -(Dando por terminada la
jocosa charla) ¿Sabe usted, amigo bigotudo, que está acusado de pertenecer a
la banda de Al Capone y que le van a caer al menos cinco años de cárcel?
Pero debe alegrarse por ello, porque en Alcatraz seguro que encuentra
oportunidades para seguir haciendo malos chistes.
- -Es la propuesta más
nauseabunda que me han hecho en mi vida. Aunque pensándolo bien, la peor fue
cuando el juez de paz me preguntó si quería casarme con mi mujer.
- -¿Y usted – dijo dirigiéndose
a Wells – también quiere contarme algunos chistes antes de que les ingrese
en prisión?
- -Lo que desearía es que
llamaran a mi embajada para aclarar nuestra situación. Soy un ciudadano inglés
que se encontraba comiendo tranquilamente en aquel restaurante italiano hasta
que llegaron esos mafiosos disparando con sus ametralladoras.
- -¿Disponen ustedes de alguna
identificación?
- -(Compungido) La mía la he
perdido durante la refriega. Aún así, debo mencionarles que soy un popular
escritor llamado H. G. Wells y que este bigotudo amigo, como usted
despreciativamente le llama, es el actor Groucho Marx, uno de los mejores cómicos
del mundo.
- -(Sarcástico) Entiendo, y
por eso ustedes decidieron dar un paseo en el coche de Al Capone, quizá para
conocer los suburbios o para encontrar un nuevo argumento para sus películas.
¿Estoy en lo cierto?
- -(Groucho, sin poderlo
evitar) Tan cierto como que un día me matriculé en la Universidad de Basar.
- -Veo que es también
aficionado a las grandes mentiras, puesto que esa es una universidad de
chicas.
- -Lo descubrí al tercer año,
y eso porque se me ocurrió ir un día al solarium.
- -Bueno, como no tienen
intención de aclararme su relación con Capone, se quedarán aquí hasta que
les pueda trasladar a la prisión de Alcatraz. Mientras tanto, trataré de
averiguar sus verdaderas identidades. (Marchándose con una sonrisa) Así que
Groucho Marx...
-
- Cuando la puerta del calabozo
se cerró con fuerza, Wells y Groucho empezaron a darse cuenta que su situación
era más delicada de lo que aparentaba. Ambos sabían que no existía manera
racional de poder demostrar que no eran miembros de la banda de gángsters,
puesto que a la ausencia de documentos personales de Wells se sumaba la
incongruencia verbal de Groucho quien, además, tampoco tenía más documentos
que un carné del sindicato de actores de cine, demasiado poco para un policía
tan incrédulo.
- Pronto la noche llegó y con
ella las esperanzas de que alguien pudiera ponerles en libertad. Todos los
razonamientos les llevaban a la misma conclusión: al ser dos viajeros en el
tiempo nadie sabía de su existencia en ese calabozo, ni nadie les podría echar
de menos, especialmente ahora, en el pasado. Es más, si Groucho insistiera en
demostrar su verdadera identidad pronto aparecería su verdadero yo, el Groucho
Marx de 1929, mientras que él pertenecía a 1938. Si entender esta extraña
circunstancia era difícil para Groucho, con un doble nueve años más joven a
quien se le acababa de morir su madre, más complicado sería hacérselo
entender al policía encargado del caso.
- La única solución viable era
que Al Capone les librara de esta situación explicando cómo llegaron a parar a
su coche, pero ahora estaban ambos encerrados en calabozos distintos y no le podían
manifestar su deseo.
-
-
-
- LA PRISIÓN DE ALCATRAZ
-
- A la mañana siguiente, la voz
ruda de un policía pidiéndoles que se levantaran les despertó. Su próximo
destino era la prisión de Alcatraz, en donde esperarían hasta que se celebrara
su juicio por pertenecer a una banda armada a quien todos querían dejar entre
rejas para toda la vida.
- Al Capone acababa de matar el
día de San Valentín a siete miembros de una banda rival y había sido
requerido por ello a comparecer ante un Gran Jurado el 12 de marzo de ese año,
pero sus abogados consiguieron anular esa citación gracias a un certificado médico.
En ese documento se aseguraba que Al Capone estaba en Miami, en cama, aquejado
de pulmonía y no podría acudir a ninguna citación judicial. Mientras tanto,
numerosos testigos falsos se preparaban para elaborar una coartada que le
impidiera ser juzgado. En pocas horas pudieron aportar pruebas que demostraban
que el día de la matanza Al Capone estaba en un crucero rumbo a Nassau. Pero en
esta ocasión sus pruebas fueron consideradas falsas y el 27 de marzo tuvo que
comparecer ante el Gran Jurado, aunque no solamente se negó a responder a las
acusaciones del fiscal, sino que insultó a todos los miembros del tribunal.
- Dos meses después, y una vez
pagada una multa de 5.000 dólares, fue nuevamente acusado, esta vez por
tenencia ilícita de armas de fuego, siendo condenado a un año de prisión en
Alcatraz, sentencia que nunca cumplió puesto que salió repetidas veces
comprando a los guardianes. Por eso, en esta ocasión la presencia involuntaria
de Wells y Groucho le favorecía, puesto que declaró que se encontraba
tranquilamente comiendo en ese restaurante italiano con unos amigos, justo
cuando irrumpieron bruscamente unos individuos disparando sus ametralladoras. Lo
demás era igualmente creíble, puesto que todos salieron rápidamente del lugar
y escaparon veloces en su coche. Lógicamente, no podía explicar que en
realidad ellos eran sus rehenes, y mencionándoles como amigos entrañables de
la infancia su excusa tenía todas las probabilidades de ser creída.
-
- La llegada a la Roca fue en
una mañana tan fría como habitualmente se muestra en las películas.
Lloviznaba, había bruma, se escuchaban los graznidos de las gaviotas y las olas
rompiendo en los acantilados mostraban más poderío que nunca. Wells y Bogart,
debidamente esposados, fueron introducidos rápidamente en las dependencias
después de atravesar un patio gris y desierto, siendo observados a través de
las pequeñas ventanas de las celdas por algunos reclusos. Pronto les obligaron
a desnudarse para lavarles con el agua más fría que habían sentido nunca
sobre su piel, les sacaron varias fotografías que permanecerían para siempre
en los archivos de la policía y les entregaron un par de vestimentas que deberían
llevar durante su estancia en la cárcel. Y así, comenzaron a vivir un episodio
de sus vidas que ni siquiera había formado parte de ninguna de sus pesadillas más
tenebrosas.
- Afortunadamente para todos, la
vida en La Roca no era tan repugnante y monótona como normalmente se suponía.
Como otras prisiones de su tiempo, Alcatraz permitía ciertas libertades para
aquellos que respetasen sus reglas e hicieran cuanto se les pedía. Estas
libertades se denominaban "privilegios", y para algunos prisioneros
eran su única razón de vivir, y un escape emocional al encarcelamiento en
ocasiones de por vida. Algunos de estos privilegios incluían el derecho para
pedir una lámpara o una porción más de comida en el restaurante colectivo.
- Las visitas estaban
prohibidas, aunque cuidadosamente concedidas a ciertos presos, especialmente si
disponían de dinero y amigos para saltarse las normas. La buena conducta les
permitían leer los libros y las revistas debidamente censuradas de la
biblioteca de la Isla. Igualmente, el prisionero podía tener el derecho para
mantener correspondencia con amigos y familia del exterior, pero incluso las
cartas eran censuradas cuidadosamente y cualquier material que se consideraba
como una amenaza para la institución estaba prohibido. Para Wells y Groucho
estos privilegios eran no solamente impensables, sino inútiles, puesto que sus
cartas no podrían viajar nueve años al futuro. Sus esperanzas de encontrar
ayuda en el exterior eran nulas, lo mismo que lograr que alguien les creyera su
condición de prisioneros inocentes.
-
- Su primer día en esa prisión
no fue tan desagradable como esperaban y entre los esparcimientos autorizados
estaban los paseos en el patio. Allí se podía hacer cualquier cosa, si por
ello entendemos caminar, sentarse en el suelo, hablar, mirar el reloj y
nuevamente caminar o sentarse. También se podía jugar a las cartas, pero existía
el peligro de perder todo en manos de los expertos o, aún peor, no poder pagar
las deudas contraídas en el juego. Otra opción era mirar a lo lejos la vida
bulliciosa de San Francisco situada a menos de dos millas, algo deprimente para
quienes sabían que nunca más volverían a salir. Y así, mientras estaban allí
contemplando la tan cercana y tan lejana ciudad, según el punto de vista, se
les acercó Al Capone, portando una increíble sonrisa.
-
- -Vaya, vaya... mis simpáticos
amigos reunidos de nuevo. Celebro verles en esta su casa. ¿Cómo se
encuentran después del accidente?
- -(Groucho, algo más serio de
lo habitual) Esa pregunta no viene a cuento. Esté bien o mal es asunto mío.
- -(Sonriendo) No se enfade
conmigo, solamente quiero ser amable.
- -Sí, amable como un
cocodrilo a punto de dar un beso a un pato.
- -O a un mono.
- -No meta a su familia en este
asunto.
- -(Con el semblante torcido)
Me empieza a fastidiar usted con sus chistes. Sepa que a Al Capone nadie le
insulta sin que reciba inmediatamente una visita de mis amigos.
- -No se moleste y dígales que
lo dejen para más tarde, que ahora estoy durmiendo.
- -(Escupiendo ya su cigarro
puro recién acabado) Mi insolente amigo, está usted jugando con fuego.
- -Tengo seguro de incendios.
- -(Algo más paciente) He
venido con la pretensión de pedirles que se unan a mí, que formen parte de
mi banda. Necesito a mi lado personas como ustedes, educadas y que sepan
hablar sin hacer uso de las armas. Quiero mostrar al mundo que Al Capone es
una persona honrada. Si aceptan, en menos de una semana estaremos todos fuera
de aquí riéndonos de la policía.
- -¿Y a cuánto van a ascender
nuestros honorarios?
- -Yo había pensado en 200.000
dólares al año.
- -¿No le parece demasiado? Yo le iba a pedir solamente 600 dólares. ¿Dónde hay que
firmar? Yo pondré
la O y Wells la K.
-
- Pero esta operación laboral
fue interrumpida bruscamente por un grupo de fornidos negros que se acercaron
amenazantes hasta nuestros amigos. Al Capone les reconoció inmediatamente –
eran enemigos irreconciliables - e intentó huir, aunque un certero puñetazo en
la cara le frenó en seco. Mientras tanto, los guardias de la prisión y el
resto de los presos comenzaban a mirar para otro sitio, conscientes de que se
avecinaba un nuevo ajuste de cuentas.
- Pronto había ya al menos seis
matones rodeando a Capone, Wells y Groucho, todos armados con estiletes,
punzones y barras de hierro. El gángster había caído al suelo y mientras su
nariz sangraba abundantemente alguien le agarraba ya de los pelos, al mismo
tiempo que un segundo cómplice blandía un estilete en dirección a su estómago.
Súbitamente, un fulgor luminoso inundó el lugar paralizando a todos, y Wells y
Groucho quedaron envueltos en una bella luz azul, al mismo tiempo que efectuaban
ya su viaje al futuro, al año 1938. La máquina del tiempo había acabado su
energía en el momento más oportuno y ahora estaban ya de regreso a su época,
sanos y salvos.
-
- -¡Caramba! –gritó Groucho
– un poco más y nos convierten en queso de Gruyère.
- -A veces me pregunto si es
usted hombre o ratón.
- -Ponga un poco de queso en el
suelo y verá.
- -(Algo apesadumbrado) La
verdad es que se nos han complicado las cosas mucho más de lo deseable. Quería
demostrarle de una manera sencilla las virtudes de mi máquina del tiempo y
casi acabamos asesinados por los rivales de Al Capone.
- -No se debe preocupar por
ello, ni sentir culpable del desastre. Nadie puede tener simultáneamente el
cerebro de Einstein y encima pedir que le sonría la diosa Fortuna. Yo, por
ejemplo, tengo la sagacidad de Sherlock Holmes y la belleza de Rodolfo
Valentino, pero no consigo comerme un bocadillo de atún sin mancharme los
dedos de grasa. Si la suerte no está de su lado posiblemente cuando abra la
espita de gas para suicidarse llamarán a la puerta para darle una charla los
testigos de Jehová.
- -Sí, creo que fue
Shakespeare quien dijo que el secreto era estar en el sitio preciso en el
momento preciso.
- -Eso lo intento siempre
cuando juego al tenis.
- -¿Le gustaría repetir el
viaje a otro lugar y época más tranquila?
- -Usted es capaz de embarcarme
en el Titanic, así que mejor búsquese otro compañero de aventuras. Yo ahora
saldré a la calle a lanzar miradas lascivas a las chicas guapas y espero que
alguna sienta la tentación de ser violada por mi penetrante mirada.
-
- Esa fue la última vez que
ambos hablaron, puesto que desde ese día siguieron caminos muy diferentes. Para
Wells la compañía de Groucho Marx había sido en ocasiones molesta, en otras
insoportable y en algunas divertida, pero el conjunto de todo fue una
experiencia gratificante que le proporcionó nuevo vigor.
- Ahora no sabía cómo
continuar sus experimentos y ni siquiera si debía seguir con la idea de buscar
nuevos compañeros. Sumido en un mar de dudas sobre la verdadera utilidad de su
máquina del tiempo, perfecta para viajar pero inútil para solucionar
problemas, trataba de buscar un modo para que en su próximo viaje pudiera
aportar algo de interés a la Humanidad. De otro modo, viajar al pasado para ser
un mero espectador de los acontecimientos no le proporcionaría mayor beneficio
que mirar una fotografía de la época o un documental.
- Por momentos, Wells se
comparaba simplemente a un historiador que trata de explicar con mayor veracidad
los acontecimientos pasados, sin haber tomado parte activa en ellos, una posición
tan cómoda para juzgar la historia que le parecía despreciable. El destino no
podía ser algo tan intocable, tan indeleblemente escrito, que nada ni nadie
fuera capaz de alterarlo, ni siquiera disponiendo de una máquina del tiempo.
Tenía que existir un modo de poder estar en el pasado y alterar los
acontecimientos sin que las paradojas del tiempo produjeran un cataclismo
mundial.
- Y en esos razonamientos estaba
cuando sonó el teléfono.
- Quien estaba al otro lado de
la línea era Orson Welles, su antiguo amigo, ahora más parlanchín que nunca
porque tenía en su poder sendos contratos cinematográficos que le aseguraban
poder demostrar su gran capacidad creativa. Le habló de sus múltiples ideas
sobre ese proyecto al que ya definitivamente le mencionaba como "Ciudadano
Kane" y de sus deseos de acudir a España, un país en el cual esperaba
encontrar la inspiración necesaria para todos sus proyectos. También le
preguntó, cómo no, por los resultados sobre la máquina del tiempo, aunque
mostrando un gran escepticismo sobre su viabilidad. Cuando H. G. Wells le explicó
los viajes que ya había realizado y le contó las múltiples aventuras que
tuvieron lugar, el escepticismo dio paso a una incredulidad total, puesto que
para él no habían pasado tantos días. Por mucho que el inventor lo intentó
pacientemente, no consiguió convencerle de la diferencia que existía entre el
tiempo real y el tiempo del pasado.
-
- -Usted, querido amigo – le
inquirió Orson Welles – me está intentando hacer creer que ha viajado ya a
París, que ha estado con Mata-Hari, que ha conocido a Al Capone y hasta que
le han encerrado en la prisión de Alcatraz, y todo eso en apenas tres días.
- -Tres días de su tiempo,
pero le intento explicar que cuando se viaja al pasado el tiempo presente no
se modifica ni un segundo. Afortunadamente cuento con el aval que me
proporcionan Humphrey Bogart y Groucho Marx, quienes le podrán explicar que
todo cuanto le he contado es cierto.
- -Debo informarle que el señor
Bogart se puso en contacto conmigo ayer y me contó el extraño sueño que había
tenido. Según sus comentarios, había mantenido una conversación con usted
sobre la posibilidad de viajar al pasado, al París de principios de siglo, y
que entre el alcohol que había bebido y sus comentarios fantásticos, le habían
provocado una pesadilla terrible. Dijo que fue perseguido por los nazis por
haber rescatado a Mata-Hari con la ayuda de unos pintores.
- -(Compungido) No fue un sueño,
fue una realidad total. Ciertamente estuvimos allí gracias a la máquina del
tiempo, lo mismo que también he viajado con Groucho Marx justo un día antes
del colapso de la bolsa. Yo no puedo demostrarle que todo cuanto he vivido es
cierto, salvo por el hecho de que ahora mis ahorros están a buen recaudo.
Usted debe creerme.
- -Pero ¿ni por un momento se
le ocurre pensar que todo es fruto de su imaginación? ¿No cree que en
realidad eso que llama Máquina del Tiempo es un aparato que produce sueños
fantásticos en un estado de hipnosis? No ha conseguido traer ni una sola
prueba del pasado para confirmar esos supuestos viajes. Debería separar la
fantasía de la realidad. Es lógico que le sea atractiva la idea de poder
realizar viajes en el tiempo, pero cuando todavía nadie le ha confirmado esos
viajes quizá sea porque en realidad nunca se han realizado.
- -(Desmoralizado) Pensaba que
me había llamado para venirse conmigo en el próximo viaje, pero veo que
tendré que hacerlo solo en esta ocasión.
- -No se enfade conmigo,
Herbert, no estoy tratando de quitarle sus sueños ni sus fantasías. Lo que
quiero es que sea realista y que se dedique a seguir escribiendo sus
maravillosas novelas. Deje el mundo del hipnotismo en manos de los expertos.
He leído recientemente que los rayos X son un peligro para la salud y le pido
que no siga experimentando con esa máquina. Prefiero saber que sigue
escribiendo en su confortable vivienda, en lugar de tener que irle a visitar a
un oscuro hospital.
- -Le agradezco que en el fondo
esté preocupado por mi salud y por mi vida, aunque lamento que no me crea.
Ahora desearía descansar un poco para saber hacia dónde debo dirigir mis
nuevos pasos.
-
- La conversación fue cortada
bruscamente y si hubo algún adiós no pasó a través del hilo telefónico.
Ligeramente entristecido por la conversación, Wells se sentó en su confortable
butacón de grandes orejas, y mirando a un rincón cualquiera de su biblioteca
meditó sobre todo cuanto le había acontecido anteriormente. Su mirada pasó
fugaz por la habitación, mientras que su mente viajaba ya febrilmente a mundos
de ensueño. Y en este recorrido vio una revista de arqueología dedicada a las
grandes pirámides de Egipto. En algún momento de sus pasados años había
sentido un gran interés por la vida de los faraones y sus impresionantes
mausoleos funerarios, buscando allí el tema de una próxima novela. Aunque se
consideraba demasiado mayor para iniciar una nueva novela de ficción, algo cruzó
por su mente en ese momento que le hizo coger ávidamente la revista.
-
-
-
- TUTANKAMÓN
-
- El artículo hablaba del
acontecimiento acaecido el 26 de noviembre de 1922, en un remoto valle de
Egipto, cuando un egiptólogo, el señor Howard Carter, y el filántropo Lord
Carnarvon, habían conseguido llegar a la tumba del legendario Tutankamón,
muerto en el 1323 a.C. cuando tenía 17 años. Y en la fotografía de la revista
estaban Carter y Carnarvon mostrando una gran sonrisa triunfante delante de la
tumba del mítico faraón.
- Era la oportunidad que Wells
estaba esperando para hacer un viaje al pasado que pudiera aportarle, por fin,
un poco de sentido práctico a su descubrimiento sobre viajes en el tiempo.
Ahora ya no trataría de mejorar o modificar acontecimientos sociales y ni
siquiera de impedir catástrofes escalofriantes; su próximo viaje sería
exclusivamente para él, para su inquieto espíritu y sus deseos de
conocimientos. Atrás quedarían ya sus sueños de cambiar favorablemente el
destino de la Humanidad o de buscar el reconocimiento de los científicos y del
mundo hacia su invento. Ligado ya inevitablemente a esa legión de inventores
que ven entristecidos cómo sus grandes ideas nunca verán la luz comercial,
estaba decidido a realizar ya el mejor viaje de su vida, posiblemente el último
que podría efectuar.
- En su biblioteca no tardó en
encontrar alguna información, muy escueta, sobre la tumba de Tutankamón, en la
que se describía como la KV 62, una tumba pequeña en comparación con las
otras pero que tenía a su favor el hecho de haber permanecido intacta durante más
de 3.000 años. El rey Tutankamón o Tutankhamen, hijo de Akenatón y Kiya, tenía
solamente 7 años cuando ascendió al trono de Egipto en el año 1333 a.C. y
sabemos que murió muy joven, a los 17 años, posiblemente de pulmonía. Su
tumba fue buscada infructuosamente durante cientos de años en el Valle
Occidental, cerca de la de su abuelo Amenhetep II, un lugar que posteriormente
se demostró como erróneo.
- La entrada de la tumba estaba
enterrada en el suelo del Valle Occidental, no sabemos si deliberadamente o quizá
porque antiguamente el nivel de la tierra era más bajo que en la actualidad,
especialmente por los fuertes y continuos movimientos de arena que se dan en el
desierto. Otro de los factores que contribuyeron a su ocultación a los ladrones
de tesoros faraónicos era que estaba situada justo delante de la KV 9, la tumba
de Ramsés VI y ahora sabemos que cuando esta tumba fue construida se
descargaron ruinas y tierra encima de la entrada de la KV 62. Nadie sabía que
allí estaba bajo tierra tan importante tumba o si lo sabían nunca le dieron
suficiente importancia arqueológica. Lo cierto es que el enclave de esta tumba
fue olvidado durante años y hasta se construyeron encima una serie de chozas
para los obreros de Ramesside.
-
- El resto de la información
fue asumida rápidamente por H. G. Wells, quien pronto depositó la fotografía
del acontecimiento científico en su máquina, ajustó la intensidad del
generador de corriente al máximo y la puso en marcha para que los rayos X
pudieran atravesar su cuerpo y le llevasen de nuevo al pasado. En pocos
segundos, su figura se materializó delante de la entrada principal de la tumba
egipcia, justo cuando Howard y Carnarvon comenzaban a descender por las
escaleras de la entrada principal. Esta vuelta de espaldas les impidió ver a su
nuevo compañero, quien con el mayor sigilo posible les siguió por las
descendientes escaleras, ahora iluminadas discretamente por lámparas de petróleo.
- Tras quitar un montón de
escombros, señal inequívoca de que ya había sido profanada anteriormente,
llegaron a una puerta clausurada con un sello ovalado en el cual figuraba el
nombre de Tutankhamen. Ambos investigadores, sin percibir aún la presencia de
H. G. Wells a sus espaldas, quitaron con cuidado algunas piedras que bloqueaban
parcialmente la entrada y entraron en un pasillo oscuro.
-
- -¿Ve usted algo? – preguntó
Carnarvon -.
- -(Carter, después de un
silencio esperanzador) Sí, veo cosas fabulosas, increíbles. Creo que hemos
encontrado el mayor legado faraónico de la historia. Traiga una lámpara aquí.
-
- Y fue en este momento, al
darse la vuelta para recoger el candil, cuando ambos vieron a Wells, quien
permanecía inmóvil tras ellos, con los ojos totalmente abiertos para tratar de
romper algo la oscuridad.
-
- -Pero, ¿quién es usted? –
preguntó Howard mostrando una mezcla de estupor y miedo -.
- -Perdonen si les he asustado
– titubeó Wells – pero no he podido hacerles saber de mi presencia antes.
- -Esta zona está prohibida a
los turistas – vociferó algo más seguro Carnarvon -. Tiene que marcharse
ahora mismo o le haré encarcelar; y le puedo asegurar que las prisiones
egipcias no son como las nuestras.
- -Si pueden serenarse un poco
– siguió Wells tratando con las manos de pedirles calma – les explicaré
la razón de mi presencia aquí. (En estos momentos estaba ya elaborando una
historia ficticia que fuera creíble por los dos arqueólogos) No soy un
turista, ni mucho menos un profanador de tumbas, soy un profesor de la
Universidad de Oxford que está tratando de encontrar el origen de las
civilizaciones egipcias.
- -¿Dispone de alguna
credencial que avale sus palabras?
- -No estoy aquí con una beca,
lo siento. Solamente soy ya un profesor a punto de jubilarse que desea dejar
algún legado filosófico a sus alumnos.
- -Así que... otro inglés en
busca de emociones – comentó ya más tranquilo Carnarvon -. El caso es que
su cara me es familiar, aunque ahora no sé dónde le he visto. De todas
maneras, señor... ¿cuál es su nombre?
- -Me llamo H. G. Wells.
- -¡Diantre! – gritó Howard
-. ¿Es usted ciertamente H. G. Wells, el escritor? No sabía que también se
dedicaba a dar clases en la universidad de Oxford. Los escritores de ficción
no son muy apreciados entre esa pandilla de filósofos pedantes.
- -(Wells, ahora con el rostro
contraído) Bueno, creo que no puedo seguir manteniendo con ustedes por más
tiempo una mentira tan estúpida. No estoy aquí como egiptólogo sino por mi
condición de inventor.
- -No entiendo la relación
entre las pirámides y los inventos.
- -Aunque les parezca increíble,
y estoy seguro que les parecerá, he conseguido inventar con éxito una máquina
del tiempo. No he aparecido aquí por casualidad en esta tumba. Este
acontecimiento ha sido posible gracias a mi invento que me ha permitido viajar
hasta este día del año 1922 desde mi propia época en 1938.
- -Empiezo a pensar que su
imaginación no tiene límites, señor Wells – contestó sonriendo Carnarvon
-. Así que una máquina del tiempo para viajar al pasado...
- -(Howard, complaciente) No
necesita inventarse una excusa tan fantástica para explicar su presencia en
esta tumba. Bastaría con habernos dicho que está recogiendo material para
una nueva novela y le hubiésemos aceptado con igual entusiasmo. La fantasía
que usted muestra en sus escritos no difiere demasiado de la vida de los
faraones. Ellos tenían sus dioses y su vida inmortal en estas pirámides y
usted, por su parte, se inventa el alimento de los dioses para mitigar el
hambre de la Humanidad.
- -Bien – dijo Carnarvon
impaciente – creo que ya va siendo hora que nos pongamos en camino hacia el
interior de esta tumba. Entre los tres podremos mover con mayor precisión las
piedras que impiden nuestro avance. Por mi parte, ya que está aquí, me da
igual que sea escritor que un turista si nos ayuda en nuestro trabajo. Pero lo
de esa máquina del tiempo me parece demasiado – dijo sacudiendo la cabeza
mientras descendía por la escalera -.
-
- Apenas habían dado dieciséis
pasos cuando se encontraron con una puerta sellada cubierta de grabados antiguos
que representaban guardias del Valle. Provistos de pequeños picos y empleando
pacientemente las manos para extraer una a una las numerosas piedras de roca
caliza que formaban el obstáculo, fueron despejando poco a poco el camino. Al
cabo de tres horas de trabajo habían logrado efectuar un agujero lo
suficientemente grande para poder introducir una lámpara. A través de ella
vieron lo que parecía un pasadizo bastante largo, en cuyo fondo se vislumbraba
otro hermético sello.
-
- -Creo que tenemos al fondo
otro obstáculo importante – dijo Howard -. Sería conveniente que descansáramos
un poco antes de seguir.
- -¿No tienen miedo de ser
asaltados por los profanadores de tumbas? - le preguntó Wells -.
- -Nadie sabe que esta tumba
existe, al menos ninguna persona de este lugar. La gente de aquí tiene el
convencimiento de que estamos buscando vasijas enterradas en la arena y no nos
molestarán (dudando), de momento. El problema lo tendremos si encontramos los
tesoros que esperamos, puesto que estas reliquias son muy apreciadas en el
mundo entero. Según mis investigaciones, esta tumba ha tenido que ser abierta
ya en dos ocasiones en la antigüedad, ambas con resultado negativo, y todos
sus tesoros deben estar intactos. He encontrado pruebas de que habían
excavado por lugares erróneos y posiblemente nunca pudieron pasar de la antecámara.
Tenga en cuenta que el aire se va enrareciendo a medida en que entramos dentro
y posiblemente existan muchas trampas para evitar a los intrusos.
- -¿Y nosotros no somos
igualmente unos intrusos? – preguntó preocupado Wells -.
- -Hay quien afirma que sí y
que estas tumbas no deberían ser profanadas por nadie. Mi justificación para
hacerlo es que al menos nosotros no vamos a robar nada, puesto que todo cuanto
encontremos aquí será entregado al gobierno egipcio. Somos arqueólogos, no
buscamos dinero. El destino de todo esto es el museo de El Cairo.
- -¿Y no tiene miedo a las
trampas y las maldiciones?
- -Bueno, ahora tenemos la
experiencia acumulada en otras tumbas abiertas y conocemos muchos de los
trucos que emplearon los constructores para impedir que los intrusos entraran
en la cámara funeraria. Lo más importante para ellos era asegurar la
tranquilidad del difunto, del faraón, y para ello empleaban cámaras falsas,
incluso falsos cadáveres, que despistaron a los ladrones durante siglos. Vea,
por ejemplo, estos grabados de la pared representado unas focas. Durante años
los investigadores han tratado de explicar inútilmente lo que querían decir
con estos animales, sumamente lejanos de su hábitat normal. Pero nosotros
hemos llegado a la conclusión de que en realidad no son sino llaves para
abrir las diferentes puertas de la tumba. Son tres juegos diferentes de focas,
cada una en posición opuesta, que nos indican los movimientos que tendremos
que efectuar a las llaves para poder entrar.
- -¿Y nadie ha intentado tirar
simplemente las puertas a golpes?
- -Lo han intentado y lo han
logrado, pero a costa de sus vidas. Cada puerta abierta con brusquedad acciona
gruesas piedras que no solamente sellan de nuevo la entrada, sino que bloquean
la salida al exterior a los profanadores. Pronto verá numerosos esqueletos
por los pasillos que le indicarán sin lugar a dudas dónde murieron los
ladrones.
- -Pero yo creía que esos
esqueletos pertenecían a los guardias y obreros del faraón, quien había
ordenado que muriesen enterrados en su tumba para no divulgar los secretos a
nadie.
- -Esa teoría es muy
imaginativa, pero carente de realidad. Cuando se construyeron las tumbas todo
el mundo sabía que existían numerosas trampas mortales para cazar a los
intrusos pero, simultáneamente, nadie sabía dónde ni cómo estaban situadas
estas trampas. Nunca hubo un solo arquitecto trabajando en las pirámides,
sino docenas, y cada uno elaboraba en secreto sus planos que eran
posteriormente destruidos. En esa época era imposible que nadie hubiera
podido sobrevivir entrando en una de estas tumbas.
- -¿Y ahora?
- -Ahora espero que tengamos más
suerte que nuestros antecesores.
-
-
UN PERFUME EMBRIAGADOR
Avanzaron lentamente por un
pasillo de paredes polvorientas y ásperas, algunas con grabados, mientras que
el suelo estaba elaborado con grandes baldosas. El corredor era ligeramente
descendente y apenas conseguía ser iluminado por las lámparas portátiles,
aunque la luz era suficiente para advertirles que había llegado ya al final del
pasillo, donde les esperaba un sólido muro.
- -Bien – dijo Wells - ¿y
ahora qué hacemos?
- -Pues ahora tendremos que
tirar este muro. Detrás de él se tiene que encontrar la antecámara –
respondió Howard -.
- -¿Cómo puede estar tan seguro?
- -Mi experiencia me ha hecho
ver que todos los monumentos funerarios estaban elaborados bajo los mismos
principios. Siempre nos hemos encontrado al menos con tres sellos antes de
poder llegar a la cámara funeraria. El problema, sin embargo, no reside en
tirar uno por uno los sellos hasta que consigamos llegar al lugar adecuado,
algo relativamente fácil. Lo más difícil es averiguar qué tipo de trampas
han puesto para impedirnos llegar hasta la tumba del faraón. Cada arquitecto
elaboraba sus propias trampas y en esto no existe un libro de claves que nos
indique cómo se pueden desactivar. Es como si estuviéramos en una mina
abandonada a punto de derrumbarse sobre nuestras cabezas.
- -Bueno – dijo Wells
nervioso – si quieren yo les espero fuera.
- -Ni se le ocurra hacerlo.
Todo en estas tumbas está tan bien elaborado que hasta habían previsto la
huida de los posibles ladrones. Una vez dentro solamente hay una opción:
llegar hasta el final, puesto que el retroceso conduce inexorablemente a una
muerte segura. ¿Ve estos esqueletos? Seguramente son de personas que
decidieron dar la vuelta cuando se encontraron con la primera dificultad o
prefirieron salir para buscar ayuda. Los faraones no querían testigos, ni
ladrones que volvieran para intentar robarles de nuevo. Todos los que se
atrevieran a entrar debían morir, antes o después, de una manera u otra
manera.
- -Lo dice como si esa amenaza
de muerte no nos involucrase.
- -Debe usted comprender que si
entrar y salir de cualquier pirámide hubiera sido tan sencillo, después de
tantos miles de años no quedaría ya ni una sola piedra de ellas. Durante
siglos, los tesoros que aquí están escondidos han tentado a gentes de todos
los países y si aún siguen en pie es porque la mayoría han muerto en el
intento. Pero no se preocupe, puesto que la experiencia de nuestros
predecesores nos será de mucha utilidad y disponemos de algunos documentos
antiguos que nos facilitan el trabajo.
- -Mira – interrumpió
Carnarvon – en esta esquina del sello debe estar situada la palanca que
sujeta la piedra protectora. Debemos moverla con cuidado para que no nos
aplaste.
- -Observe Wells – le explicó
Howard –, esta es una de sus trampas mortales. Aparentemente el muro parece
sencillo de tirar a golpes, pero si golpea con fuerza en cualquier zona se
caerá del techo una gruesa piedra que le aplastará. Normalmente existen tres
piedras, por si hay más ladrones que quieren intentarlo de nuevo. Si observa
en el suelo notará que al menos una de ellas ha caído ya y se ha incrustado
en la arena. Con el paso de los años y los siglos apenas si queda ya vestigio
de la piedra y del infeliz que murió aplastado por ella. Pero ahora será
mejor que se retire.
-
- Un golpe sólido en el lugar
concreto señalado por Carnarvon fue suficiente para activar la primera de las
trampas. Una parte del techo se movió unos milímetros, pero permaneció aún sólida
allí.
-
- -¿Ve?, si el golpe lo hubiéramos
efectuado en otro lugar la piedra habría caído encima de nosotros. Ahora
sigue allí, esperando que algún incauto intente de nuevo entrar a través
del muro. De todas maneras, es muy posible que para salir también tengamos
problemas con la que aún queda. Deberíamos intentar activar la trampa desde
aquí.
-
- Pero los intentos por
encontrar alguna señal que les indicase sin posibilidad de error dónde estaba
situada la llave fueron en vano. Con toda probabilidad, según sus
conocimientos, esa señal estaba tras el muro, esperando que el ladrón
intentara salir por allí una vez en posesión de los tesoros. Por ello, nos le
quedaba otra opción que tirar el muro corriendo el riesgo de que todo el techo
se les viniera encima. Armados con una piqueta de más de tres metros comenzaron
a horadar poco a poco el sello, tratando de encontrar los pequeños huecos que
habían quedado entre cada piedra. Este lento, pero minucioso trabajo, tuvo su
premio y pronto una sala oscura se dejó ver tras el agujero. Poco a poco fueron
abriendo aún más el muro y pronto pudieron pasar al interior, un lugar en el
cual se percibía un intenso perfume. Una vez los tres estaban dentro y después
que la tenue luz de los candiles iluminó la estancia, se encontraron con una
pared oriental en la cual se percibía un sello, señal inequívoca que
comunicaba con otra estancia, posiblemente la Cámara Funeraria. También había
restos en la pared frontal sobre el levantamiento de otro sello que debía haber
comunicado con otra sala, aunque por motivos desconocidos esa opción fue
desechada. Sin embargo, en el extremo izquierdo de esta pared frontal se veían
dos cortes ásperos, rodeados de líneas negras que parecían representar una
puerta sin sello.
-
- -Vean - explicó Howard –,
esa pequeña puerta seguramente nos conducirá a un lugar sin interés, aunque
posiblemente contenga algunos tesoros, todos de poca importancia. La finalidad
de estas habitaciones falsas era despistar a los ladrones haciéndoles creer
que en esta tumba no existían más tesoros de valor. Eran para obligarles a
que cogieran esas migajas y no encontrasen las verdaderas, aquellas que debían
servir para que el faraón pudiera empezar una nueva vida en el otro mundo sin
problemas económicos.
- -Lo que no acierto a
identificar – comentó inquieto Wells - es este aroma tan penetrante que hay
en esta sala, ni mucho menos su utilidad. Si no fuera porque no pretendo ser
alarmista, diría que me recuerda algo a los fumaderos de opio que existen en
el Chinatown de Nueva York.
- -¡Oh, no se preocupe! -
explicó muy entusiasta Carnarvon – una pequeña dosis de alucinógenos no
nos vendrá nada mal en estas circunstancias. Personalmente debo admitir que
este aroma me está sentando francamente bien y hasta he creído ver en la
penumbra a una hermosa reina egipcia insinuándose conmigo.
- -He leído algo – siguió
comentando nervioso Wells - sobre la mística de los olores y es muy posible
que las terribles maldiciones faraónicas, mediante las cuales los
profanadores de las tumbas enloquecían y se suicidaban o se convertían en
asesinos despiadados, tengan su origen en el uso inteligente de ciertas
esencias. Sabemos la habilidad de los médicos egipcios para momificar a sus
muertos, y es muy posible que con su increíble imaginación encontraran
sustancias muy eficaces para impedir que nadie pudiera entrar en una tumba y
salir vivo.
- -¡Oh, vamos, vamos! – dijo
sonriendo Howard – no deje volar tanto su imaginación como para confundir
un aroma a incienso con un perfume mortífero. Los científicos nunca han dado
crédito a estas leyendas y siempre las han considerado como alteraciones
producidas por la histeria o por el deseo de encontrar en esos mausoleos
funerarios cosas que se escapen de la rutina.
- -Lo que sí es cierto –
alegó Carnarvon – es que este endiablado perfume tiene algo extraño.
Empiezo a sentirme mareado y creo que sería conveniente que saliéramos fuera
un poco.
-
- Esa fue la última palabra que
dijo antes de caerse desplomado al suelo. Del mismo modo, y con la misma
rapidez, cayeron Wells y Howard, sin que ninguno tuviera tiempo ni siquiera de
intentar salir de la antecámara. Sumidos en un profundo e inquieto sueño, los
tres investigadores de ruinas egipcias estaban ahora inconscientes, absorbiendo
poco a poco los gases letales procedentes de ese extraño perfume.
-
- El primero que se despertó
fue Wells, después de estar dormido un tiempo indeterminado, quizá porque era
la primera vez que inhalaba ese aroma egipcio y no estaba intoxicado en demasía.
Lo que encontró a su alrededor no era ya esa antecámara funeraria, prácticamente
vacía, sino que se encontraba dentro de un profundo pozo débilmente iluminado
por la luz que procedía de la boca de entrada. Arriba, situada al menos a
veinte metros de altura, parecía estar la salida pero la pared era tan lisa que
hacía inviable cualquier intento de escalarla. Por otra parte, se encontraba
solo, sus dos compañeros de investigación habían desaparecido y un frío
intenso le estaba dejando seriamente dolorido y sin fuerzas. Tratando de buscar
ayuda intentó pedir socorro, pero su garganta estaba totalmente seca y no pudo
exhalar ni siquiera un débil quejido. Quizá la misma droga que le había hecho
dormir le había paralizado las cuerdas bucales, lo que, de ser así, demostraría
la gran sabiduría que tuvieron los arquitectos egipcios de entonces para
destruir a los profanadores de sus tumbas.
- Las horas pasaron implacables
para Wells, quien empezaba a considerar que su vida iba a llegar a su fin,
puesto que no había ninguna posibilidad ni de pedir ayuda ni de salir de allí
por sus propios medios. Solamente le quedaba la esperanza de que la máquina del
tiempo le retornara bruscamente a su época, pero según sus cálculos eso no
ocurriría hasta dentro de dos días y en ese tiempo podría suceder de todo en
esta extraña cueva. ¿Qué ocurriría si por desgracia muriera en esa época
del pasado? ¿Acaso moriría también en el año 1938? ¿Qué pasaría con su
cuerpo? Martirizándose por encontrar unas explicaciones válidas para su
futuro, ahora más por miedo que por interés científico, Wells intentó, de
nuevo, trepar por las paredes aunque sus escasas fuerzas no le permitieron subir
más de un par de metros.
-
- Simultáneamente al problema
dramático de Wells, Howard había sido transportado, quizá por las mismas
personas que habían encerrado al escritor en ese pozo tenebroso, a un cuarto
tan pequeño que ni siquiera le permitía estar en pie. Con una altura no
superior al metro y medio y sin puerta alguna que le diera la posibilidad de
salir de allí, Howard se vio en la necesidad de andar a gatas en busca de una
posible salida. Sus razonamientos más lógicos le hacían creer que si había
sido encerrado allí recientemente, debería existir alguna puerta oculta por la
cual le habían introducido, pero esa puerta no estaba por ningún lado. Su
imaginación, agudizada por ese alucinógeno que había inhalado, le llevó
pronto a una conclusión que le aterrorizó plenamente: con toda seguridad había
sido enterrado en vida, emparedado, tal y como Edgar Allan Poe había descrito
en una de sus novelas.
- Y poco a poco, lo que en un
principio era motivo de estupor y desconcierto, se transformó en causa de
desesperación, puesto que a la incomodidad para estar allí, solamente sentado,
se sumaba el aire enrarecido, ahora ya saturado en dióxido de carbono y que le
producía un aterrador ahogo. Con sus manos comenzó a escarbar en las paredes,
puesto que su poca serenidad le decía que donde antes hubo una entrada podría
existir ahora otra y que todo era cuestión de encontrarla. Pronto sus uñas
desaparecieron y la yema de los dedos ensangrentadas siguieron buscando frenéticas
la posible salida, primero frontalmente y posteriormente en el techo. La tierra
no era excesivamente dura y le permitía avanzar en su intento, pero salvo
horadar un pequeño agujero en la pared no conseguía nada más. Pronto el dolor
en sus dedos era tan profundo que se vio en la obligación de abandonar y así,
tumbado en el suelo, sucio y lleno de sangre, sumido en la desesperación, se
abandonó a su destino.
-
- Carnarvon, por su parte, no
había tenido mejor suerte que sus compañeros y cuando despertó estaba dentro
de una cueva oscura, en la cual el calor era la nota más predominante. Sin una
sola luz que le permitiera ver su entorno, tuvo que palpar lentamente las
paredes rocosas para darse cuenta que ese lugar debía pertenecer al interior de
alguna montaña. En poco menos de quince minutos había conseguido delimitar la
estructura y tamaño de la cueva, pero aparte de rocas y aire sofocante no
encontró nada que le permitiera salir de allí. Sus intentos por averiguar la
altura del lugar fueron infructuosos y cada tentativa para subir por las paredes
le condujo solamente a una estrepitosa y dolorosa caída al duro suelo.
- Al cabo de una hora de
intentos inútiles por encontrar un modo de salir de allí, Carnarvon intentó
tranquilizarse para razonar sobre las causas que le habían podido conducir allí,
y al mismo tiempo que se preguntaba dónde podrían estar sus compañeros,
trataba de encontrar un motivo para que alguien le hubiera narcotizado y
encerrado en tal mortal tumba. Sus divagaciones le hacían ver que lo más fácil
hubiera sido matarles a todos, puesto que para los defensores de esas tumbas no
eran nada más que profanadores del descanso eterno de los faraones. Quizá, y
esta nueva aterradora conclusión le puso la piel de gallina, querían darle un
escarmiento macabro por atreverse a perturbar el sueño de unos muertos tan
ilustres, casi unos dioses, y buscaban que su muerte fuera una agonía
prolongada y dolorosa. Pronto y al igual que sucedía en otro lugar con sus
compañeros, sentado en el suelo repasó las circunstancias que le podían haber
llevado hasta allí, mientras esperaba resignado su mortal destino.
-
- Pasaron las horas y los tres
se vieron inmersos en un largo sueño que duró varias horas, en el cual la
presencia del más allá, con fantasmas y espíritus incluidos, les envolvió y
todos se vieron transportados a un tenebroso lugar en donde el suicidio suponía
la mejor alternativa para evitar el dolor que comenzaba ya a ser insoportable.
Gritando, llorando y en ocasiones golpeándose la cabeza contra un muro,
intentaron quitarse la vida para poder escapar de esa desgracia que tan
brutalmente les había llegado.
- Y fue precisamente Wells quien
primero salió de ese espantoso lugar. Sudando intensamente y con el terror
todavía reflejado en su rostro, abrió los ojos y se encontró de nuevo en la
antecámara de la pirámide, sano y salvo. Pronto se dio cuenta que todo había
sido una horrorosa pesadilla, probablemente generada por ese extraño perfume.
Allí, en el suelo, todavía yacían dormidos sus dos compañeros, con el cuerpo
igualmente empapado en sudor y gimiendo intensamente, señal inequívoca de que
aún estaban sumidos en el terror del sueño. Presuroso les sacudió
intensamente para que se despertaran, lo que consiguió casi sin esfuerzo,
aunque tuvo que pedirles calma repetidas veces para hacerles comprender que todo
había sido simplemente un mal sueño.
-
- -¿Aún piensa que ese
perfume estaba aquí, impregnando el aire, por casualidad? – preguntó Wells
a Howard -.
- -No lo sé, aunque es posible
que todo se debiera a este aire tan enrarecido.
- -Ese aire enrarecido ya ha
desaparecido, tal y como desaparecen los aromas de un perfume. Lo más lógico
es pensar que estos aromas se han liberado justo cuando hemos abierto el sello
y que estaban allí esperando ser inhalados por el primer profanador de la
tumba, para desequilibrar su mente y hacerle vivir espantosas pesadillas.
- -Bien, pero ese aroma no era
letal y no veo su utilidad si todo se reduce a una mala pesadilla. Nosotros
seguimos aquí, sanos y salvos, deseosos de continuar nuestras exploraciones.
- -Debe tener en cuenta la época
en la cual se hicieron estas pirámides. Las gentes de entonces eran más
supersticiosas que nosotros y junto a sus dioses tenían igualmente una gran
cantidad de demonios. Creían fielmente en la otra vida y en los espíritus.
Una pesadilla como la que hemos vivido ahora debería ser suficiente para
hacerles huir rápidamente de aquí y no volver a intentar sus deseos de
robar.
- -Afortunadamente - comentó
Carnarvon – no contaban con la presencia de unos exploradores tan racionales
como nosotros. Por mi parte, no tengo ningún deseo de abandonar la búsqueda
del tesoro. Creo que ya ha llegado el momento de volver a nuestro trabajo, a
no ser que alguno de ustedes decida dar por terminada su exploración.
- -(Wells, ahora más
entusiasmado) No me perdería el final de esta historia por nada del mundo.
-
- Aunque en aquel lugar
encontraron ofrendas de comida, algunas armas, dos estatuas y algo de ropa,
ninguno de ellos quiso tocar esos objetos, puesto que su mayor interés estaba
en la tumba del faraón y en el tesoro que le permitiría llegar esplendoroso a
la otra vida. Sus exploraciones les llevaron a localizar la puerta que les debería
conducir a la cámara funeraria, el lugar en donde con toda seguridad se
encontraba la tumba de Tutankamón. Todos los indicios más fiables estaban
justo en la pared frontal, en donde una ligera variación del color de la pared
indicaba que allí los materiales empleados eran diferentes al resto. Provistos
con sus pequeñas piquetas y tratando de buscar exclusivamente una delgada línea
que indicara la presencia de una puerta, comenzaron a rascar suavemente toda la
pared.
- De nuevo fue Wells quien sacó
a sus compañeros del ensimismamiento cuando les dijo alborozado que allí,
justo en el costado izquierdo, casi pegada a la esquina, estaba la marca inequívoca
de una puerta. Desde ese momento y una vez que hubieron delimitado el contorno,
comenzó una paciente pero insistente labor para agrandar el surco que debería
liberar la puerta. Ninguno de ellos esperaba encontrar una bisagra o algo que
les permitiera mover con facilidad esa pesada puerta elaborada con enormes
piedras, pero al menos ya sabían que debía existir un mecanismo que actuase
como cerradura. Pronto ese sistema fue descubierto en la parte superior,
consistente en un pequeño y sencillo bloque que una vez empujado liberaría
cuatro más que permitiría, por fin, entrar sin problemas en la cámara anexa.
-
- -Espero – dijo Carter algo
inquieto – que no existan nuevos perfumes alucinógenos aquí.
- -Mucho me temo – le contestó
Carnarvon – que este cuarto no contiene ni perfumes ni tesoros. Vea este
mobiliario tan escueto y poco útil; ningún faraón se sentaría en tales
muebles. Apenas hay ofrendas de comida, ni tesoro alguno de valor.
- -¿Qué explicación hay para esto?
No es razonable que se haya construido una cámara sin ninguna utilidad
para el faraón. Quizá sea solamente una antesala que conduzca a otra.
- -O una nueva trampa mortal
para los profanadores – comentó nervioso Carter -. Por si es así les
recomendaría suma prudencia a la hora de tocar cualquier objeto y que
efectuemos una discreta retirada para volver a la antecámara. Por lo menos
allí ya sabemos lo que hay.
-
- Sus palabras apenas había
concluido cuando un intenso crujido le hizo enmudecer. Toda la cámara comenzó
a moverse, mientras que a través de unos agujeros situados en el techo
comenzaba a caer arena. En pocos segundos había ya seis agujeros que vomitaban
la inquietante arena y todo hacía presagiar que esa estancia se llenaría
enseguida y sepultaría en vida a los tres investigadores.
- Inicialmente aturdidos, pero
algo más serenos por su experiencia con estos problemas mortales, intentaron
ansiosamente tapar los agujeros que introducían la arena hasta la cámara.
-
- -¡Es inútil! – gritó
Carnarvon – esta arena proviene directamente del desierto y está soportando
una presión de miles de toneladas. No hay fuerza humana que la pueda detener.
Debemos salir cuanto antes.
-
- Pero los diseñadores de esa
pirámide habían previsto todas las posibles huidas y cuando retornaron hasta
la puerta de salida, en su lugar solamente había una gruesa piedra recién caída
del techo. Su única esperanza de huir había quedado bloqueada, mientras que el
suelo se llenaba inexorablemente de caliente arena. En ese momento ninguno de
ellos se mantenía quieto y buscaban frenéticamente cualquier señal o lugar
que les indicara una nueva puerta de salida, mientras que sus pies ya estaban
cubiertos por la arena. La velocidad con la cual la cámara se estaba llenado
era muy alta, aunque no tanta como para que no tuvieran tiempo de pensar en su
muerte inmediata.
- Todo parecía haber sido
cuidadosamente planeado por los constructores para que los profanadores tuvieran
tiempo suficiente de soportar una lenta agonía, castigo adecuado por su osadía
de interrumpir el sueño del faraón. Los ladrones, en este caso nuestros tres
investigadores, deberían desequilibrarse mentalmente mientras veían subir la
arena por sus cuerpos y llegar a tener una muerte lenta y terrible, conscientes
totalmente de lo que supone ser enterrados en vida.
- Los minutos pasaron
implacables y aterrorizadores, más lentamente de lo que ahora desearían, y
pronto de sus labios no salieron más quejidos y estos fueron sustituidos por
plegarias y rezos. A los recuerdos hacia sus familiares y las frases filosóficas
para prepararse con más serenidad ante su trágico destino, siguieron palabras
de consuelo de uno a otro, una vez que habían abandonado toda esperanza de
salir vivos. Pero en esta tumba de la soledad todo cuanto se decía apenas servía
para quitarles esa angustia mortal, agudizada porque la presión de la arena
alrededor de sus cuerpos empezaba a dificultar su respiración.
- Carnarvon pronto se derrumbó
emocionalmente y comenzó a gritar, primero pidiendo ayuda y luego maldiciendo
su trabajo y las circunstancias que le había llevado hasta ese lugar. Increpó
fuertemente a Carter por no haber previsto estas trampas y le acusó con grandes
insultos de ególatra incompetente, dejando algunas palabras sueltas para reírse
de Wells y su estúpido cuento sobre la máquina del tiempo. Le pidió, en un
intento desesperado por librarse de su miedo, que activase su máquina para
sacarle de allí y llorando con desesperación se quedó callado hasta que la
arena le cubrió totalmente su rostro y enmudeció definitivamente.
-
- Después, el destino fue
igualmente implacable con Wells, quien afortunadamente consiguió encontrar algún
motivo de consuelo en este momento tan mortal al pensar en que posiblemente su máquina
del tiempo le lograría rescatar justo en el último instante. Ya había
ocurrido en otras ocasiones y estaba seguro que estas circunstancias volverían
a darse y que de nuevo volvería a su viejo sótano para planear los próximos
viajes en el tiempo.
- Sus pensamientos quedaron
interrumpidos cuando la arena entró bruscamente a través de su nariz y un
intenso ahogo le sumió en la desesperación. Falto de aire y totalmente
sofocado, intentó desesperadamente salir a la superficie, mientras que miraba
implorante a Carter. Cuando quedó totalmente oculto por la arena el silencio se
hizo en ese lugar, puesto que Carter se había desmayado ya hacía tiempo por la
presión de la arena en su tórax. Fue el más afortunado de los tres al no ser
consciente del horror que supone ser enterrado vivo.
-
-
-
- EL MUNDO DE LOS MUERTOS
-
- No es fácil saber lo que
sucede en la otra vida, puesto que todavía no tenemos constancia de nadie que
haya vuelto del más allá para contarnos sus experiencias. Aunque hay quien ha
tenido paros cardíacos durante algunos minutos y ha contado experiencias místicas
sobre lo que existe en ese umbral entre la vida y la muerte, sus vivencias se
refieren precisamente a una antesala, no a la auténtica otra vida, si es que
existe.
- Por eso no nos debe extrañar
que cuando Wells, Carnarvon y Carter llegaron a ese lugar en donde el tiempo y
el espacio no existen, se dedicaran durante unos segundos a analizar dónde
estaban. En sus rostros no había temor, solamente dudas, mientras que sus
cuerpos parecían no existir al carecer de todo dolor o sensación negativa.
Aunque se miraron unos a otros y trataron de saber el lugar en el cual se
encontraban, no fueron capaces de articular palabra alguna, ni siquiera para
expresar alegría. Si estaban muertos la sensación no era desagradable y si aún
seguían vivos no deseaban saber qué les había ocurrido. Se levantaron
lentamente y aún aturdidos miraron ahora con más detalle a su alrededor.
-
- -¡Es increíble! – dijo
emocionado Carter – estamos de nuevo en la cámara anexa, pero no hay ni
rastro de arena y aún permanece abierta la puerta que liberamos. ¿Qué ha
sucedido?
- -Mucho me temo – comentó
Carnarvon – que hemos vuelto a ser víctimas de alucinaciones provocadas por
los perfumes que llenan estos lugares.
- -Lo extraño de esto –
siguió hablando Carter – es que parece ser que los tres tenemos las mismas
pesadillas, lo que resulta algo aún más increíble.
- -Unas personas – trató de
explicar Wells – que son capaces de construir unas maravillas así deberían
dominar perfectamente el mundo de las drogas. No nos debe extrañar que sus
conocimientos de los alucinógenos fueran infinitamente superiores a los
nuestros.
- -Me alegro de estar vivo,
pero si todas sus trampas se reducen a hacernos tener una mala pesadilla de
vez en cuando no veo mucha sabiduría en ello. Si lo que pretendían es
impedirnos llegar hasta la tumba del faraón les bastaría con haber puesto
trampas mortales físicas, como flechas o rocas aplastantes – dijo Carter -.
- -Aún no hemos llegado hasta
el sarcófago – replicó inquieto Wells -. Creo que todavía nos tienen
reservadas sus mejores trampas y mucho me temo que algunas pueden ser más
contundentes. Puesto que en este lugar no hemos encontrado nada de auténtico
valor, creo que es el momento de retroceder en busca de la verdadera entrada a
la cámara funeraria.
-
- No necesitó insistir mucho en
su petición, puesto que todos tenían las mismas ganas de salir de allí. Una rápida
ojeada a la antecámara les indicó que solamente en la pared oriental podría
encontrarse el sello que tapaba la entrada de la cámara funeraria. Esta vez la
velocidad con la cual picaron la pared fue muy superior a las anteriores, más
preocupados por la presencia de nuevos alucinógenos que por el posible
derrumbamiento del techo. Afortunadamente, ese nuevo sello no era tan resistente
a las piquetas como los anteriores, lo que indicaba que llegado a este punto y
si los profanadores había logrado llegar sanos y salvos, los arquitectos sabían
que nada les detendría ya, al menos nada sólido.
- Cuando por fin cayó el
voluminoso sello que tapaba totalmente la pared oriental, los tres
expedicionarios permanecieron algunos minutos sin atreverse a entrar, no tanto
por la ausencia de luz en el interior, sino por el miedo a respirar de nuevo los
aterrorizadores gases. Ninguno estaba convencido de poder sobrevivir a un nuevo
sueño, especialmente porque sus cansados corazones latían desde hacía horas
demasiado rápidos. Aquejados de una pertinaz arritmia, sudando intensamente por
la frente y con un estado emocional cercano al shock, a todos les pasó por la
mente abandonar ahora mismo, solución más placentera que entrar en esa nueva cámara.
Afortunadamente, y aunque todos pensaban lo mismo, sus pensamientos
permanecieron en su mente y lentamente entraron, por fin, en la cámara
funeraria del faraón.
-
- Este nuevo cuarto estaba
hundido con respecto al anterior y esto hizo pensar a Carter que en algún
momento de la construcción no se pensó en ubicar la cámara funeraria en este
lugar y originalmente se empezó a construir en línea con la pared norte de la
antecámara. Había en los ladrillos marcas definidas sobre estos cambios, así
como restos de caliza, yeso y pinturas, pero no encontraron ninguna explicación
razonable para este cambio tan poco práctico.
- Una vez que las lámparas
iluminaron adecuadamente la estancia, encontraron en la pared norte una pintura
que se suponía representaba al rey Tutankamón. Allí le mostraban asumiendo la
entrada en su nueva vida, vestido como lo estaba habitualmente y abrazado por el
mismísimo dios Osiris. En la pared oriental se mostraba su entierro, con la
cabeza cubierta de guirnaldas y el ataúd tirado por un trineo, además de
algunos textos jeroglíficos que explicaban quiénes eran los oficiales de mayor
rango en el palacio. Finalmente, en la pared sur le mostraban recibiendo la
bienvenida a la nueva vida de la mano del dios Anubis y la diosa Hathor, además
de otros dioses menores que permanecían apartados.
- Toda la decoración era
majestuosa, como correspondía a un dios terrenal. Adornada con abundancia de
motivos dorados, las pinturas multicolores habían resistido perfectamente el
paso del tiempo. Y allí, casi en medio del cuarto, se encontraba un enorme sarcófago
de cuarcita. Aunque el hallazgo colmaba las aspiraciones y sueños de los
exploradores, ninguno se atrevía a tocarlo, ni mucho menos acercarse a él. La
posibilidad de nuevos vapores alucinógenos en el ambiente estaba presente en
sus mentes y con ello el terror.
-
- El primero que se acercó fue
Carter, más habituado que sus compañeros a entrar y revolver en lugares
tenebrosos del pasado. Una vez que eliminó pausadamente el polvo y el moho
acumulado en la parte superior, empezó, ahora ya con la ayuda de sus compañeros,
a buscar la manera de abrir la tapa del sarcófago. El trabajo fue lento,
laborioso y delicado, pero pronto tuvo su recompensa y la tapa fue depositada en
el suelo. Súbitamente, Carnarvon dio un grito:
-
- -¡Diantre! ¡Algo me ha
picado en el cuello!.
- -¡Miren, había un mosquito
dentro del sarcófago! – dijo nervioso Wells señalando al insecto que ya huía
al exterior de la cámara -.
- -Pero ¿cómo es posible que
haya podido sobrevivir tantos años encerrado, sin aire ni comida?
- -No se extrañe de ello,
amigo Carnarvon – explicó Carter -. Ese mosquito tenía aquí el suficiente
aire para vivir otros cientos de años más, dado su pequeño tamaño y, además,
es posible que exista por algún lugar alguna entrada parásita de aire que
mantuviera el oxígeno en la proporción adecuada. Y sobre la comida debe
tener en cuenta que un cadáver tiene la suficiente cantidad de carne como
para proporcionarle alimento sin problemas.
- -¿Cadáver? ¿Qué cadáver? Aquí no hay nada, solamente una piedra de granito.
- -Tenga paciencia. Esto que ve
seguramente está ocultando un ataúd y posiblemente el faraón se encuentre
enterrado aquí. Ayúdenme a sacar la piedra.
-
- Pero una vez que dejaron la
pesada losa en el suelo, lo único que encontraron dentro del ataúd fue un
nuevo ataúd y dentro de éste otro más. Desalentados, abandonaron su trabajo y
prefirieron comer algo antes de seguir con sus investigaciones. Una vez
recobradas las fuerzas Carter investigó de nuevo aquello que parecía ser
simplemente una caja sin importancia, aunque una vez rascada la pintura que la
cubría se encontró con una envoltura de oro puro.
-
- -¡Lo encontré! – gritó
alborozado -. Aquí está la verdadera tumba de Tutankamón.
-
- Y estaba en lo cierto, puesto
que una vez levantada pacientemente la dorada tapa y eliminada la resina negra
que recubría el ataúd internamente, apareció la momia del joven faraón, con
el rostro y los hombros cubiertos por una máscara de oro, piedras preciosas y
vidrio azul. Coronada por una cabeza de buitre que simbolizaba la soberanía
sobre el Alto Egipto y los ojos de cuarzo y obsidiana, el rostro que
representaba a Tutankamón tenía una belleza esplendorosa. Cuando descubrieron
parcialmente a la momia se encontraron con un aceite de embalsamamiento que era
una mezcla de esencias de anís, tomillo, orégano y própolis, unidas con
alquitrán y exudados del propio cuerpo del difunto, quizás sangre y linfa.
Junto a estos compuestos se encontraban otros, alcaloides entre ellos, cuya misión
en el embalsamamiento no estaba clara y que podían ser las sustancias que habían
reaccionado a través de los siglos y que ocasionaron los delirios de los
exploradores.
-
- -¡Qué magnífica labor de
conservación! – comentó Carnarvon -, aunque muy poco práctica.
- -No debe juzgar tan
precipitadamente a los egipcios y su culto a los muertos. El motivo principal
del embalsamamiento era asegurar una vida placentera en el otro mundo y por
eso consideraban adecuado emplear tanto cuidado en ello. Muchas de estas
resinas contenían sustancias alucinógenas y así podían proporcionar a sus
muertos un estado anímico muy especial en el momento de la reencarnación.
- -Y a nosotros la entrada por
la vía rápida en la otra vida – comentó irónico Wells -.
- -Amigos - les interrumpió
Carter – no quisiera ser alarmista, pero huelo cierto perfume que me
inquieta. Muy posiblemente se nos aproxima otro sueño fantasmagórico del
cual tengo el presentimiento no escaparemos con tanta fortuna como las otras
dos ocasiones.
- -¡No, esta vez no! – gritó
Carnarvon – Vamos a ponernos pañuelos en la nariz para mitigar los vapores
y entremos en el cuarto del tesoro. Si los alucinógenos han partido del sarcófago
es muy posible que se volatilicen con gran celeridad.
-
- Todos se pusieron los pañuelos
que llevaban en sus bolsillos y con gran rapidez se introdujeron en la cámara
del tesoro, un cuarto anexo que, curiosamente, no estaba cerrado. Allí
encontraron, aunque ahora con poco entusiasmo, divanes rituales, joyas,
amuletos, frascos de vino, alfarería, herramientas y lámparas, además de
cestos de mimbre, cofres de alabastro, instrumentos musicales y comestibles
secos.
-
- -¡Cuánta maravilla
escondida en un solo cuarto! – dijo alborozado Carter -. Necesitaría una
vida entera para clasificar todo esto y estudiar su correcto uso. Creo que
podemos aprender más de los egipcios analizando estos objetos que estudiando
todos los libros sobre egiptología escritos hasta ahora.
- -¿Podemos llevarnos estos
tesoros a nuestro país? – inquirió Carnarvon -.
- -No, en absoluto. Las
autoridades egipcias me han dado permiso para excavar aquí, pero con la
advertencia clara que todo cuanto encontrase pertenecería a Egipto y que
cualquier otra cuestión sería considerada como un acto de robo sacrílego.
También me advirtieron de lo que les ocurría a los ladrones de tumbas y
tesoros ocultos. Todo esto está previsto que se traslade al museo de El
Cairo, primero en un tren y posteriormente en un barco de vapor que le llevaría
río abajo hasta su destino.
- -¿Pero no le dejarán ni
siquiera analizar la momia del faraón? – preguntó Wells-.
- -Creo que esto no se podrá
realizar por el momento. Lo primero que tendremos que hacer nosotros es
clasificar todo cuanto hemos encontrado aquí, hacer dibujos de los jeroglíficos
de las paredes y dibujar un plano exacto de la tumba. Tenemos que asegurarnos,
y asegurarles, que todo será entregado a las autoridades egipcias tal y como
lo hemos encontrado.
-
- Un ruido procedente de la cámara
funeraria les sobresaltó. Primero se miraron estupefactos, luego retrocedieron
por instinto y posteriormente esperaron acontecimientos que no llegaban. Pálidos,
con la cara desencajada y sudando intensamente, los tres expedicionarios no querían
ni siquiera hablar, quizá para no alertar a nada ni a nadie de que ellos
estaban allí. Carter se aproximó a Wells y en voz baja le susurró al oído:
-
- -Quizá sean bandidos o
ladrones de tumbas que nos han seguido y que esperaban pacientemente que les
mostremos el camino hasta el tesoro.
- -Pero ¿quién sabe que están
ustedes aquí?
- -(Siempre susurrando)
Solamente el director del museo de El Cairo y el Jefe Superior de Policía.
Todo se ha mantenido en un secreto absoluto. Incluso el vehículo que nos
trajo hasta aquí estaba conducido por el Jefe de Policía.
- -Eso sin contar –siguió
explicándole ahora Carnarvon – que existe una férrea vigilancia a cien kilómetros
de aquí para que nadie se pueda acercar.
-
- Cuando el ruido del interior
de la cámara funeraria se acentuó, nadie se atrevió a seguir hablando.
Carnarvon, algo más valiente y decidido que los demás, fue el primero que se
atrevió a investigar, siendo seguido algo más lejos por Wells y Carter. Lo que
allí vieron no era nada habitual y estaba en contra de cualquier conjetura
científica. La momia de Tutankamón, aún cubierta de negra resina y moho, se
encontraba sentada en su propia tumba, con los ojos dirigidos exactamente hacia
los tres investigadores.
-
- -¡Diablos! – exclamó
Carter – que alguien me diga que no es cierto lo que estoy viendo.
- -(Carnarvon, más sereno)
Bueno, bueno, no se asuste, en realidad se trata de un fenómeno natural.
Todos los cadáveres acusan una gran dilatación de sus tejidos al ser
sometidos a un cambio brusco de temperatura y es habitual que se muevan y
parezcan sentarse.
- -¡Pero es que esta momia
lleva miles de años muerta! – replicó todavía asustado Carter -.
- -Mire, amigo ignorante, las
momias egipcias pertenecen al desierto, un lugar en el cual apenas llueve.
Cuando hemos abierto la tumba ha habido un brusco cambio climático aquí
dentro y esto ha provocado esta reacción que tanto parece asustarle.
- -Pues ahora quisiera que me
explicara a mí – casi gritó Wells – el motivo por el cual la momia se
está levantando como si estuviera viva.
-
- Ciertamente, y para asombro
terrorífico de todos, la momia del rey Tutankamón, majestuosa y orgullosa, se
había levantado ya del sarcófago y permanecía en pie mirando fijamente a
todos. En estos momentos nadie era capaz de articular palabra, ni de tomar una
decisión. Cuando pasaron unos segundos, de nuevo fue Carter quien tomó las
riendas del grupo para explicar que...
-
- -Miren, todo esto no es
posible que sea real. Lo que ustedes ven ahora no es una persona recién
muerta, con todo su cuerpo aún íntegro. Las momias no tienen sesos, ni
intestinos y ni siquiera ojos. Todo es extraído y rellenado posteriormente
con mirra, casia y perfumes de todas clases. No hay forma alguna de
mantenerlas en pie.
- -Pues la única explicación
es que se trata de nuevo de otra alucinación – sugirió Wells, ahora más
sereno -.
- -Posiblemente estemos
inmersos en otro pavoroso sueño provocado por esos endiablados perfumes.
Sugiero que nos pellizquemos fuertemente para salir cuanto antes de él –
replicó Carter -.
-
- Pero mientras los tres
expedicionarios procedían a pellizcarse el cuerpo y a darse bofetadas en la
cara en un intento de salir de esa pesadilla, la momia comenzaba a caminar
lentamente hacia ellos, mientras mostraba unos ojos inyectados en sangre que no
presagiaban nada bueno. Esto les obligó a retroceder lentamente hacia la única
salida posible, la propia cámara del tesoro, situada justo detrás de ellos.
Pero a cada paso que daban hacia atrás la momia efectuaba otro hacia ellos, por
lo que en menos de dos minutos todos se encontraban ya dentro de la cámara del
tesoro.
- Acorralados entre los
fabulosos tesoros nuestros amigos no encontraban modo alguno de poder llegar
hasta la puerta para efectuar una rápida huida al exterior, y cuantos intentos
hicieron para engañar a la momia fueron inútiles. También fracasaron las
tentativas para despertarse de ese hipotético sueño macabro y lo único que
consiguieron fue una gran cantidad de moratones y pequeñas heridas. En esta
ocasión, el sueño se había convertido en realidad.
- Hubo un momento especialmente
tenso cuando la momia se quedó inmóvil mirando a los tres expedicionarios, al
mismo tiempo que ellos también clavaron la mirada intensamente en sus ojos.
Nadie se movió ni un milímetro de su sitio, ni se oyó ruido alguno que
turbase ese instante aterrador. Súbitamente, la momia se volvió discretamente
hacia la pared de la entrada y dio un fuerte manotazo al muro que retumbó
inquietante. La sala entera parecía comenzar a resquebrajarse en sus cimientos,
hasta que una gruesa piedra de mármol cayó del techo y selló totalmente la
puerta de la entrada. En ese momento, todos se habían quedado totalmente
encerrados en la sala del tesoro.
-
- -¡No es posible! ¡Díganme
que no es posible y que es todo un mal sueño! – gritó casi llorando Carter
-.
- -(Wells, angustiado) ¡Nos ha
enterrado en vida!. Esa puerta debe pesar varias toneladas.
- -(Carter, muy nervioso)
Debemos hacer algo enseguida, antes de que se acabe el aire que aún existe
aquí dentro.
- -Pero ese monstruo sigue
imperturbable hay delante...
-
- Sus palabras apenas habían
concluido cuando la momia comenzó un lento desvanecimiento y como si se tratase
del hombre invisible que describió Wells en una de sus novelas, desapareció
poco a poco del lugar. Desde ese instante, donde antes había una momia venida
del Egipto de los faraones, ahora no había nada.
-
- -¡Ha desaparecido! – gritó
Wells -.
- -(Carter) Creo que ahora
comprendo lo que acaba de pasarnos. Hemos vuelto a sufrir una nueva alucinación,
ahora la más tenebrosa de todas. Esa momia nunca ha existido, salvo en su
tumba. Nuestra imaginación nos ha hecho creer que se había levantado, nos ha
obligado a replegarnos hasta aquí y uno de nosotros, no importa quién, ha
activado la trampa que ha provocado el descenso de esa puerta.
- -¿Quiere decir – preguntó
Carnarvon – que nos hemos enterrado nosotros mismos en vida? ¿Acaso todo
era una nueva alucinación provocada por esos malditos perfumes? No es
posible que seamos tan estúpidos.
- -No hay nada de estúpido –
agregó Carter – cuando uno está bajo la influencia de un alucinógeno. Nos
hemos comportado como las personas que padecen el delírium tremens o quienes
creen asistir a la visión del diablo o los espíritus. Para nosotros todo era
absolutamente real, tan real que nos ha obligado a realizar cosas tan macabras
como esta.
- -¿Y qué podemos hacer
ahora? – suspiró Wells -.
- -Esa losa es imposible de
mover, especialmente porque la arena del desierto la ha sellado
definitivamente. Si esta cámara no dispone de otra nueva salida creo que
nuestro destino ya está escrito y que la palabra fin ha llegado.
- -Bien, pues busquemos otra
salida antes de que el fuego de las lámparas se acabe y nos quedemos a
oscuras.
- -Siento desilusionarle,
querido amigo, pero las tumbas egipcias no tienen puerta de salida, solamente
de entrada. No existe una puerta trasera de emergencia y cuando se quiere
salir hay que hacerlo por el mismo lugar por el que hemos entrado, algo que
ahora es imposible.
- -¿Y qué sugiere?
- -Que nos preparemos para
morir. Después de las dos experiencias anteriores creo que ahora estamos más
capacitados para aceptar nuestro mortal destino – sentenció Carter con una
serenidad absoluta -.
-
- A estas palabras siguieron
algunas miradas entre ellos, también muchas lágrimas y algunos actos de
desesperación para encontrar una salida que, ciertamente, no existía. En esta
ocasión la pesadilla era una realidad y solamente cabría esperar la muerte, irónicamente
justo el mismo día en que habían encontrado el gran tesoro buscado. Las horas
fueron pasando inexorablemente y los tres vivieron las fases por las cuales
todos los humanos pasan antes de morir: lucha por sobrevivir, irritabilidad por
el destino, y aceptación sumisa de la muerte. Y así, cuando la última lámpara
consumió su aceite, toda la cámara quedó inmersa en una oscuridad total,
mientras el silencio se hizo aún más aterrador.
-
-
-
- EL FINAL
-
- Wells nunca supo cuánto
tiempo pasó en aquella sala tenebrosa, ni si en realidad estuvo dormido o
despierto en espera de su muerte. Cuando abrió los ojos se encontraba - ¡albricias!
- en la máquina del tiempo, anclada férreamente en su viejo sótano. Nunca
hasta entonces se había alegrado tanto de retornar a su época, aunque pronto
sus pensamientos viajaron de nuevo hacia sus dos compañeros de infortunio:
Carnarvon y Carter, dos investigadores a quienes la tecnología no les había
podido salvar de la muerte como a él.
- Sumido en la tristeza, cansado
y dolorido por el azaroso viaje a Egipto, se dejó caer bruscamente en el mejor
sofá de su biblioteca, mientras trataba de poner en orden sus ideas. En ese
momento se daba cuenta de la gran soledad que le perseguía, incapaz de
encontrar un compañero o compañera que le siguiera ilusionado en sus viajes en
el tiempo. Nadie daba crédito a sus proyectos y ni siquiera aquellos que habían
viajado ya con él consideraban que esos viajes habían sido una realidad.
-
- "Un sueño o una ilusión,
eso es lo único que han sido para ellos estos viajes. Son unos ignorantes que
solamente logran ver aquello que su cuerpo puede ver o tocar, como si los sueños
y la imaginación no estuvieran siempre presentes con nosotros".
-
- En ese momento una chispa, una
luz, se cruzó por su mente y fue corriendo a mirar en los libros de historia un
hecho histórico que necesitaba aclarar cuanto antes. Buscó en la historia de
las pirámides de Egipto, especialmente en las páginas que hablaban del
descubrimiento de la tumba del rey Tutankamón. Allí aparecían, obviamente,
Lord Carnarvon y Howard Carter, ambos mostrando al mundo entero los tesoros que
habían descubierto en la tumba egipcia. También hablaban de las tremendas
alucinaciones que habían tenido en su interior y cómo habían estado a punto
de morir en su interior a causa de ellas. A él, a H. G. Wells, ni siquiera le
mencionaban, quizá porque también pensaron que había sido un producto de sus
delirios, lo que no es de extrañar teniendo en cuenta que desapareció de allí
súbitamente.
- La información también
hablaba de la maldición de los faraones y de la muerte de Carnarvon el 6 de
abril de 1923, así como del suicidio de Lord Westbury y de su hijo, ambos
participantes de nuevas investigaciones en esa tumba. Otras muertes misteriosas
relacionadas con Tutankamón fueron las de Arthur Weigall, Archibald Douglas y
Mace, lo mismo que la del hermanastro de Carnarvon y su propia esposa, Elisabeth
Carnarvon. El único que quedó con vida durante muchos años fue Howard Carter.
- La conclusión que Wells sacó
de todo ello es que ese último enterramiento en vida había sido otra pesadilla
más y cuando sus amigos se despertaron se encontraron con dos sorpresas:
estaban vivos y Wells había desaparecido.
-
- Durante los años que
siguieron, H. G. Wells no volvió a realizar ningún otro viaje y trató
infructuosamente de perfeccionar su máquina del tiempo, en un intento
desesperado por lograr dominarla y poder viajar sin problemas al pasado y, quizá,
al futuro. Pero con cada nuevo proyecto llegaba una nueva desilusión y después
de numerosos fracasos y viendo como la vida y la fortaleza se le escapaban poco
a poco, decidió destruir totalmente su máquina del tiempo, tan sigilosamente
como la había construido. Puesto que nadie había creído nunca en su invento,
nadie debería beneficiarse cuando él hubiera muerto. La Humanidad, con sus
habituales oídos sordos a las grandes innovaciones, había perdido su gran
oportunidad para influir positivamente en los acontecimientos.
-
-
- ¿QUÉ PASÓ DESPUÉS?
-
- H. G. Wells
- Herbert George Wells
-
- En sus últimas obras,
"Experimento autobiográfico" en 1935 y "La mente en el límite
de sus recursos" en 1945, ya no hablaba sobre un futuro esperanzador y son
una muestra del pesimismo que le invadía.
- Sus predicciones
desalentadoras comenzaron a fraguarse en 1933 y si repasamos sus relatos podemos
ver siempre un tono apocalíptico, una Humanidad que gusta de destrozar aquello
que acababa de construir. Trató de inculcar la idea de un nuevo tipo de
conciencia mundial, regido por un solo gobierno, que debería tomar las riendas
de todas las guerras para lograr un estado mundial pacífico. Este gobierno
debería proporcionar un estado de bienestar superior a todo lo conocido. Estaba
convencido de que mediante los progresos científicos el mundo entero lograría
vivir en paz y se podría liberar de viejos odios.
- Desmoralizado por la
imposibilidad de poder demostrar que su máquina del tiempo era una realidad,
abandonó en sus últimos años la literatura de ciencia-ficción para escribir
sobre acontecimientos políticos y problemas sociales. Estas obras, lógicamente,
apenas tuvieron repercusión entre el público, especialmente porque eran ya
catastrofistas y muy alejadas del tono optimista de las anteriores. Ahora, la
Humanidad ya no avanzaba hacia un mundo mejor, con los países unidos, sino que
solamente veía guerras terribles, hambre y mucho dolor.
- Herbert George Wells murió en
1946, ocho años después de sus viajes en el tiempo y aunque nunca pudo
demostrar que fueron una realidad, su obra literaria fue objeto de admiración
durante los años que procedieron a su fallecimiento. De la mayoría de sus
novelas se hicieron varias versiones cinematográficas, alcanzando gran relieve
"La guerra de los mundos", "La isla del doctor Moreau",
"El hombre invisible" y "La máquina del tiempo", todas
ellas consideradas ya como clásicos indiscutibles del cine de fantasía.
- Su gran ilusión eran los
viajes en el tiempo, y para la mayoría de los aficionados en esta obra está
resumida toda la fantasía de Wells, así como mucha de la crítica social que
le preocupaba. Desgraciadamente, nos mostró un mundo terrible que llegaría
tarde o temprano y nos vaticinó que dentro de 30 millones de años llegaría la
muerte de nuestro planeta. Pues ya veremos.
-
- Mata-Hari
- Margaretha Geertruida Zelle
-
- Nacida en Leewarden, Holanda,
el 7 de agosto de 1876, se casó muy joven con Rudolph Macleod, un capitán del
ejército holandés, destinado en Java Oriental. Tuvieron dos hijos, pero uno de
ellos fue envenenado por uno de sus sirvientes, como represalia porque Rudolph
había violado a una de sus hijas. El matrimonio volvió a Holanda, donde se
divorciaron al poco tiempo, marchándose ella a París. Con su conocimiento de
las costumbres indias, más algunas joyas orientales en su cuerpo, Margaretha se
inventó una nueva familia, en esta ocasión perteneciente a un templo sagrado
indio, seguidores, por tanto, de la doctrina Brahamán. Un adecuado
entrenamiento artístico en los rituales del Kandaswami, el sagrado baile
hinduista, la rodearon de una aureola mística, especialmente atractiva porque
lo bailaba desnuda.
- A su muerte, fusilada en París,
el famoso pendiente (se dice que regalado por una mujer que la amaba), fue
ocultado celosamente y se le vio por última vez en la subasta Dorot de París,
en 1952, siendo comprado por una mujer que afirmaba que ella también había
sido espía.
-
- Orson Welles
- George Orson Welles
-
- Después de su contacto con H.
G. Wells continuó realizando cine con un éxito comercial desigual. La película
"Ciudadano Kane" se rodó casi en secreto a causa de los intentos del
millonario Randolph Hearst por impedirlo, y su estreno casi fue un rotundo
fracaso comercial, lo mismo que "El cuarto mandamiento".
- Apasionado por España, donde
filmó "Campanas a medianoche", trató de ganarse la vida escribiendo
y en ocasiones como torero, pero afortunadamente continuó con el cine para
legarnos obras como "Otelo", "Moby Dick", "El largo y cálido
verano", "Sed de mal" o "Campanas a medianoche", entre
otras.
- Casado con Rita Hayworth, a
quien dirigió en "La dama de Shanghai", fue considerado en vida como
un director conflictivo y por eso podríamos afirmar que se le marginó de los
grandes proyectos. Su último trabajo como director fue con "Fraude",
aunque posteriormente continuó interviniendo en el cine como actor hasta 1985,
en la película "Someone to Love". A su muerte, el 10 de octubre de
1985, su obra ganó un asombroso prestigio y hoy en día se le considera como
uno de los mayores genios del cine. Está enterrado en una hacienda privada
cerca de Sevilla, un lugar que amaba especialmente porque allí había sido muy
feliz cuando era joven.
-
- Humphrey Bogart
-
- Bogart hizo su último filme
en 1956, un drama sobre el mundo del boxeo titulado "Más dura será la caída".
- Después de una breve
temporada de descanso, en febrero de 1956 Bogart sufrió una operación quirúrgica
para extirparle un cáncer maligno de esófago. Aparentemente se recuperó y ganó
algo de peso. Desgraciadamente, a los pocos meses, en noviembre del mismo año,
tuvo que ingresar en el Hospital Samaritan Good para el tratamiento de un nuevo
crecimiento del tumor canceroso que le estaba provocando una presión sobre un
nervio sumamente dolorosa. Una vez operado fue enviado a su casa, pero nunca se
recuperó. Bogart murió a las dos y diez del 14 de enero de 1957, en el
dormitorio de su casa en Beverly Hills en Hollywood.
- El entierro de Humphrey Bogard
fue lógicamente emotivo y bien organizado. El primer automóvil era una
limusina en la cual viajaban Lauren Bacall y a cada lado uno de sus hijos. También
estaba allí John Huston. En todo el recorrido hasta la iglesia la muchedumbre
llenaba las calles y seguían con la mirada el féretro. Había ya cientos de
coches aparcados alrededor de la iglesia y aunque no había nadie llorando, todo
el mundo tenía un pañuelo en la mano, conscientes de que las lágrimas llegarían
pronto. Todos estaban en ese momento callados, respetuosos, y algunos tenían
flores.
- Los funerales se celebraron a
puerta cerrada, aunque se pusieron altavoces en el exterior para que la gente
pudiera seguir los rezos. Lauren cogió a sus hijos de la mano, les sacó de la
limusina y entró en la iglesia. Huston se quedó fuera, junto con otros
ochocientos amigos que habían venido a decirle adiós. Allí estaban Gary
Cooper, Charles Boyer, Tony Martin, Gregory Peck, Marlene Dietrich, Ida Lupino,
Howard Duff, Danny Kaye, y por supuesto Kate Hepburn y Spencer Tracy. Sinatra
también había querido asistir al entierro, pero tenía un contrato muy severo
con su club nocturno que le impedía ausentarse.
- Un sacerdote llamado Kermit
Castellanos dijo unas emotivas palabras sobre Humphrey. Posteriormente llegó
John Huston y añadió un corto discurso: "Bogart es realmente
irreemplazable. Nunca habrá alguien como él". También estaba previsto
que hablara Spencer Tracy, pero desistió a última hora porque no estaba seguro
que podría hablar sin ponerse a llorar.
- Pero lo que casi nadie sabía
era que allí no estaba el cuerpo de Bogart, puesto que había sido incinerado.
Hacía años había manifestado su voluntad con el siguiente razonamiento
durante el entierro de su amigo Mark Hellinger:
-
- "Una vez que uno se ha
ido, se ha ido definitivamente. Odio los entierros. No se hacen para el que está
muerto, sino para los que se quedan y aún pueden disfrutar de vivir. Cuando yo
me muera no quiero ningún entierro. Prefiero la cremación que es muy limpia y
al final deseo que mis cenizas se esparzan por el Pacífico. Mis amigos pueden
levantar un monumento o contar historias si ese es su deseo, pero no quiero ningún
luto por mí. Cuando me muera seré solamente una estela".
-
- Desgraciadamente, cuando todo
estaba a punto para la cremación las autoridades dijeron que era ilegal lo de
esparcir las cenizas por el mar, lo que ocasionó un serio disgusto a Lauren
Bacall que deseaba que Bogie volviera al mar que tanto amaba. Finalmente fue
incinerado y sus cenizas se pusieron en una urna en el Memorial Garden en el
Cementerio del Bosque. Junto con las cenizas estaba el silbato de oro que los
dos esposos habían utilizado en su primera película juntos. En el silbato se
inscribieron las iniciales "B & B". A las doce treinta de ese día,
en los estudios de la Warner Bros, se guardó un minuto de silencio por Humphrey
Bogart.
-
-
- Groucho Marx
-
- Con el tiempo, este gruñón
fue el más famoso de los Hermanos, principalmente debido a la popularidad que rápidamente
alcanzó con sus trabajos en el mundo de la comedia. Groucho interpretó películas,
narró historias, escribió libros, presentó programas de televisión, bailó y
hasta cantó durante muchos años, creando una escuela que aún hoy nadie ha
podido quitarle el liderazgo. Ganó varios premios por su trabajo incluyendo un
Oscar, un Emmy, y el título de Maestro de las Artes y las letras de Francia.
- Groucho era un autor
consagrado (haber escrito seis libros le daba ya esa categoría, según él, el
primero de ellos titulado "Camas") y un reconocido guionista. En 1937
su obra (escrita junto con Krasna Normand) "El Rey y la Corista", tuvo
un gran éxito. Según dicen, Groucho era más feliz cuando trabajaba sobre uno
de estos proyectos literarios y es por ello que sus libros merecen una revisión
mucho más profunda que sus películas. Dignos de especial interés son
"Las cartas de Groucho", "Memorias de un amante sarnoso" y
"Groucho y yo".
- El fin de la vida profesional
de Groucho estuvo marcado por la plusvalía decreciente de los Hermanos Marx,
aunque con el paso de los años ha habido un renacer del interés por sus películas.
Es como si a cada nueva generación le volviera a interesar las obras de estos
tres hermanos que hicieron reír a sus antepasados.
- Su vida personal en los últimos
años estuvo marcada por el conflicto entre su hijo Arthur y su contable Erin
Fleming, quienes pelearon duramente por el control sobre los ingresos de Groucho
y finalmente por su testamento y los derechos mundiales de sus obras. Este período
ha sido analizado con detenimiento por Charlotte Chandler en el libro
"Hola, ya me voy" y revisado por Steve Stoliar en otra obra similar.
En 1974 le concedieron un Oscar honorífico.
- Desde 1971 hasta su muerte en
1977, estuvo unido sentimentalmente a su secretaria Erin Fleming. Murió en
Hollywood el 20 de agosto de 1977.
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- Al Capone
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- Cuando Johnny Torrio fue
herido de gravedad Capone tomó el mando de su banda, efectuando el 24 de
febrero de 1929 la Matanza de San Valentín, aunque tuvo la sabia decisión de
marcharse ese día a Florida y encargar esa misión a sus secuaces. Un mes después
comparecía ante el Gran Jurado y aunque no se le encontró ninguna prueba que
le pudiera culpar de sus delitos, fue arrestado por desprecio a la Corte Suprema
y condenado a un año de cárcel. Pero sus abogados impidieron la ejecución de
la pena, y pagando una multa de 5.000 dólares fue puesto inmediatamente en
libertad.
- Dos meses después volvió a
ser juzgado, junto a su guardia personal, y todos acabaron en la cárcel
acusados de llevar armas sin licencia. Aunque debería estar en la cárcel hasta
el año siguiente, su buena conducta y parece ser su dinero, le proporcionaron
varias salidas, entre ellas la que dio origen a esta historia.
- En 1931 se reunieron las
pruebas suficientes para acusarle de evasión de impuestos y se le condenó a
once años de cárcel, más el pago de casi 300.000 dólares de multa. Sus
continuos insultos al tribunal, en los numerosos juicios que tuvieron lugar,
solamente sirvieron para aumentar su pena y sus años de cárcel.
- Cuando por fin salió libre
era ya un ser decrépito, enfermo de sífilis, y fue ingresado en el hospital de
Baltimore para tratar su demencia. Recluido en su casa de Florida, abandonó
totalmente su vida pública y delictiva, siendo considerado mentalmente incapaz
en 1946 cuando su médico y psiquiatra diagnosticó que tenía una mentalidad no
superior a un niño de 12 años.
- Alfonso Capone murió de
pulmonía en su casa de Isla de Palma el 25 de enero de 1947, acompañado de su
esposa y familia.
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- Lord Carnarvon
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- Murió el 6 de abril de 1923,
unos meses después de haber penetrado por primera vez en la tumba de Tutankamón.
Según dijo el forense, la muerte le sobrevino como consecuencia de la picadura
de un mosquito. Después se suicidó su hermanastro Aubrey Herbert y seis años
después murió la esposa de Carnarvon, igualmente a causa de la picadura de un
insecto.