DESPUÉS DE DADÁ : SÓLO SALVADOR DALÍ...

 

 

 

 

Albert Serra juanola

13-1-97

 

 

Pero, después de Dadá, ¿qué ? Después de los "eady-made" de Duchamp en el plano artístico, después de la destrucción de la lógica y el principio de la identidad del pensamiento que exhiben los manifiestos en el campo de la ideología, después de las "performances" constantes que convierten la realidad vital en absurda fantasía, después de haber "transmutado" -mejor dicho, "confundido", en versión cómica y paródica de las aspiraciones nietzscheanas- todos los valores, después de haberlo negado todo... después de haber matado la propia gravedad de todos estos hechos en favor de lo lúdico, y después de haber negado lo lúdico en favor de la gravedad de estos hechos... después de todo esto, ¿qué ?

Ser más subversivo que los dadaístas se ha convertido en uno de los grandes sueños del siglo XX. Continuar su obra de manera que se pueda hablar de mas allá ("plus ultra" antiartístico) es la pesadísima y, en algunos casos, paralizante carga que han heredado todas las mentes inquietas nacidas bajo los auspicios de lo que realmente podía haber sido un gran estímulo (pequeño resorte-generador en el celebro mundial) i no fue : la segunda Guerra Mundial. El humanismo burgués, sin embargo, condescendiente y lastimero, totalmente protarizado, recuperará el control de manos del existencialismo, filosofía ignominiosa donde las haya. Pero habrá otros intentos posteriores de desestabilización que fracasarán, como el situacionismo, que se quedó a medias en todo. Para las formas artísticas (en su sentido más amplio) no supuso gran cosa y en política... Cuenta Raymond Aron en sus memorias que el 29 de mayo de 1968 le llamó por teléfono Alexandre Kojève (Kojève era un feísimo intelectual especialista en Hegel que se definía a si mismo como "staliniano de estricta observancia" ; fue con sus teorías el gran maestro y electrizante inspirador de Sartre, Lacan, Braudel, Lévi-Strauss, y tantos otros). Aron, en dicha conversación telefónica, animaba a Kojève a que se interesase por lo que estaba sucediendo ; éste le respondió que los disturbios le inspiraban el más profundo desprecio "porque nadie mata ni quiere matar". ¿Porque interesarse por las "payasadas de esta sórdida gilipollez" ? No eran más que unremedo de Gran Historia. Los situacionistas, mas ingenuos que lúcidos en la política, quisieron añadir a lo lúdico del dadaísmo la eficacia revolucionaria y se quedaron por el camino, o más bien en el mismo punto de donde habían salido, es decir, en ninguna parte.

De todo lo dicho hasta ahora se desprende fácilmente que sólo un español podía llegar más arriba, sorprender con más fuerza, provocar con más furia. Sólo en fanatismo de un español enfundado en un cadillac podía llegar a ser más subversivo que la desfachatez dadaísta ; y lo fue (parafraseando el título de la asignatura) en la vida, en el arte y en la política. De él hablaré. Aunque también hablaré de Andy Warhol.

Sólo en la figura de Salvador Dalí la provocación y el escándalo se uniran indisolublemente -por católica transubstanciación- a su personalidad, permeabilizándola toda, hasta en sus más insignificantes y cotidianos detalles. De joven, Dalí ya se da cuenta que por la línea de lo que Bachelard ha venido en llamar la "lógica del no", esto es, la nueva y peculiar lógica de Dadá que se caracteriza por rechazar abiertamente los tres grandes postulados de la lógica tradicional (el principio de identidad, el principio de no-contradicción y el principio de casualidad), no se puede hacer nada más ; se da cuenta que una vez negados todos estos principios ya no se puede "ir mas allá" y que, por tanto, la nueva vanguardia debe buscar otros caminos mucho menos transitados. En una lúcida semblanza de su gran amigo Marcel Duchamp, Dalí escribe : "Él había ya arrojado por la borda al arte y al antiarte. Había resuelto todos los problemas como un jugador de ajedrez (...) Consideraba que había gustado los placeres de una vez por todas y que la repetición mataba todo orgasmo (...) Estaba tan ausente que algunos días yo creía hablar a su sombra. Tenía la mirada helada de sus ready-made y mi pasión catalana se enervaba ante su soberana indiferencia". Es evidente que por este camino no podemos llegar más lejos porque ya estamos en la nada. Así refleja Dalí las consecuencias de todo aquello : "La Europa de posguerra moría de sus revolucionarios experimentos políticos, estéticos y morales, que progresivamente la devoraron, debilitaron y redujeron. Moría de falta de rigor, de falta de forma ; moría asfixiada por el escepticismo materialista de teorías negativistas, nihilistas, de los ‘ismos’ de toda clase. Moría de arbitrariedad, indolencia, gratuidad, orgía psicológica, irresponsabilidad moral y promiscuidad, de la desjerarquización y uniformismo de las tendencias socializantes. Moría del monstruoso error de la especialización y el análisis, de falta de síntesis, falta de cosmogonía, falta de fe". Los dadaístas, a nivel teórico lo habían agotado todo. Solamente cabe la aceptación "pasiva" de este final, de la derrota definitiva de los conceptos de originalidad, creación, valor, e incluso del concepto de antiarte ("Dada hubiera querido ser íntegro. Luchaba contra todos los valores y, ante todo, contra todos los valores estéticos, los valores del arte. Pero creaba valores antiarte. Así pues, creaba un arte. Ésa fue su principal contradicción interna" escribe Ribermont-Dessaignes) ; y este papel de aceptación pasiva de la extensión de la gratituidad lo interpretará andy Warhol. Warhol no se entristece como los dadaístas por no poder negar más cosas, sino que acepta el reto de vivir con esta nada que no se puede negar más :su obra no es más que una "comercialización" mundial absolutamente neutra y despersonalizada de las ideas dadaístas. Y por este motivo, por la magnitud de la empresa (ya no se trata de hacer una obra que representa una idea subversiva -se logra el nivel teórico-, sinó de introducir el dadaísmo materialmente en todos los hogares de América -se logra llegar al nivel práctico-) no deja de tener su espectacularidad. He aquí algunas perlas de su filosofía : "Si quieren saber quien soy, miren la superfície de mis cuadros y mis películas. Debajo no hay nada." (sólo él era capaz de reflejar la insignificancia de sus imágenes, de su vida y milagros en la insignificancia de su discurso). "Ahora me dedico al verdadero Arte, el arte de los negocios" (porque el precio que hay que pagar por haber vaciado las imágenes es muy caro). "Algunas personas que pintan cuadros abstractos se instalan en la reflexion porque así tienen la sensación de hacer algo" (Warhol nos libera finalmente del arte y de su utopía crítica instalándose cómodamente en el corazón de la nada). "Creo que los cuadros deberían ser todos del mismo tamaño y del mismo color, de manera que se pudieran intercambiar, y así nadie tendría la impresión de tener uno bueno o uno malo" (aunque las imágenes de warhol ya no tienen objeto : les falta por completo el imaginario del sujeto). "Comprar es mucho más americano que pensar" (es absurdo hablar de denuncia en el universo de warhol, ya que, como dice Jean Baudrillard, hablando con exactitud, ni siquiera hay enunciado)...

Pero todo esto, querámoslo o no, es dadaísmo en el fondo, en la medida que se propone suprimir el arte, y es, por tanto, un proyecto agotado desde hace muchas décadas (¿necesita quizas del apoyo de la revolución proletaria como creía el infeliz Debord ?). Sin embargo, en cualquier caso Warhol hizo algo, argumento que no podemos predicar del situacionismo por ejemplo, cuyo increíble prestigio actual no se corresponde con sus escasos méritos. Pero ocumpémonos ahora de ese caso fenomenal y asombroso que es el caso de Salvador Dalí. Me limitaré a dar algunas pinceladas sobre cada uno de loa ámbitos (vida -en absoluto gris, a diferencia de los situacionistas-, atre y política) que conforman aquello que, según él, tiene de verdaderamente genial : su cosmivisión. No me cabe duda que serán suficientes para dar cuenta por fin de su relevancia, del lugar privilegiado que ocupa en el Olimpo de los fílosofos (aunque él siempre creyó que la filosofía debía acabar siendo absorbida por la religión). Veremos como la fuerza expensiva de su incontrolable imaginación siempre confundirá los tres ámbitos, dando lugar a situaciones que parecen dictadas por una extraordinaria presión psíquica ("la única diferencia entre un loco y yo es que no estoy loco").

En las raíces de dadá subsistió siempre, es forzoso reconocerlo, un abstracto pero tangible idealismo ; la noción de libertad absoluta, que se identifica con esa "implacable voluntad de alcanzar un absoluto moral", está presente, de forma más o menos solapada, en todos sus textos y manifestaciones artísticas. Dalí, en canvio, desde un principio, declara que su "visión social está en favor de la represión de la libertad". Para él, la libertad es "la explotación infantil de la capacidad superior del ser que posee voluntad, es el abuso de lo divino (...) la verdadera libertad es la voluptosidad suprema de ser esclavo". Estas afirmaciones nos remiten sin duda a los grandes escritores decadentes y malditos de finales del siglo XIX (barbey d’Aurebilly, Baudelaire, Huysmans, Roussell, Wilde, Lautrémont...), todos ellos, sea sólo por motivos, grandes reaccionarios al tiempo que absolutamente modernos : "el paraíso es una tiranía ; allí me sentiré como en casa", escribió Oscar Wilde. Pero la originalidad de Dalí consistió en derivar de ellas todo un sistema de organización social (y de conducta personal) basado en la monarquía y la esclavitud (aquí encontramos ecos de De Maistre, el escritor favorito de Baudelaire). En esta nueva sociedad la democracia será substituida por la jerarquía de manera que la uniformidad de paso a la diversidad. Y pide alí para ella la actualización de las grandes ideas víctimas del materialismo : las ruedas combinatorias de Raimundo Lulio, la teología natural de Raimundo de Sabunde, la poesía de Roussell, etc. El provenir, según Dalí, "está en lo fantástico". ¿I cómo será la justicia en esta nueva sociedad ? La justicia será, por supuesto, el "azar objetivo". Dalí nos oferece un ejemplo de esta justicia extraído de su propia biografía : "La justicia... yo rompí sus cristales a las cinco de la tarde en la Quinta Avenida de Nueva York el día que hice añicos el escaparate de Bonwit-Teller, que había saboteado mi decoración. La justicia la he encontrado en la persona de un portoriqueño en la sala de la policía de una comisaría : al conocer lo que yo acababa de hacer, tomó mi defensa frente los borrachos y apartó a patadas a toda esa hermosa caterava de granujas para protejerme de sus vómitos". Porque, como hemos repetido una y mil veces, en Dalí sus opiniones políticas, su arte y su vida se confunden, así una impresión gastronómica por ejemplo puede ser el punto de partida de toda una teoria filosófica sobre el origen del universo o sobre la moral de los romanos. Del "Franco mató poco" pasamos al hombre que se niega a entregar un cheque en el banco antes que le den el dinero "por miedo a que el cajero se lo coma" ; o del hombre que inventa un violín masturbatorio femenino para uso de sus amigas de la aristocracia al hombre que entra en el Hotel Meurice de París - ¡en la plaza Vendôme !- con un caballo blanco y lo hospeda tres dias en el hall de su suite dándole de comer alfalfa con caviar ; Dalí es el hombre que proclama que la arquitectura del futuro será "blanda y peluda" y para demostrárselo a Le Corbusier escribe un libelo filosófico ; y es el mismo que se presenta a una conferencia de la Sorbonne en un Rolls-Royce lleno a reboasr de coliflores, o el que en su sistema de valores "la gastronomia tiene una ountuación de diez sobre diez ; el dandismo y el heroísmo igual, pero la bondad cero. La perversidad, por el contrario ocupa un lugar de primera fila" ; si, este Dalí es el mismo Dalí que quiere fundar la secta del pan entre la aristocracia parisina y para el que "el pacifismo es una gran decadencia" por ir en contra de la Antigüedad, el Renacimiento y Montaigne ; el mismo Dalí que considera "monstruoso que un ser humano pueda imaginarse una humanidad sin guerra" ; e incluso es el mismo Dalí que, después de haber estado a punto de asfixiarse -hasta venir pálido de muerte- mientras pronunciaba una conferencia disfrazado de buzo y con una escafandra, se regocija con la interpretación que él público ha dado a su mimodrama -en realidad gesticulazión de asfixia- : para el público "encarnaba las relaciones del consciente intentando aprender el subconsciente" (o el método paranoico-crítico conquistando adeptos entre la gente normal). Y se parece mucho este Dalí a aquel pintor que firmaba litografías en blanco "para poder experimentar la sensación (aun consciente de estar devaluando la cotización de su obra) de convertir un trozo de papel oro". Estamos, sin duda, ante un personaje formidable, inteligentísimo, capaz de estar hablando horas con Lacan sobre "profundísimas matizaciones y tecnicismos de la teoria psicoanalítica" sin darse cuenta que lleva puesta una nariz de papel ; o de marcharse siempre de los restaurantes sin pagar porque, textualmente, "no sé como se hace". André Breton, en una entrevista en 1952, después de no tratar con Dalí desde su expulsión sel surrealismo veite años atrás, afirma refiriéndose a Dalí : "(...) al salir de mi casa para ir a reunirse con algunos amigos en un café de la plaza Blanche (el trayecto era de unos cien metros) tomaba regularmente un taxi ; al llegar a su destino lanzaba un billete de cien francos al conductor, y salía corriendo para no tener que recoger el cambio. Si, tal como ha dicho Arthur Cravan, ‘todo artista posee el sentido de la provocación’, debemos reconocer que nadie ha ido tan lejos en este sentido como Dalí, tanto artística como personalmente". Nadie mejor que el propio Dalí para resumirnos su drama vital : "A partir de la Rebolución francesa se desarrolla una viciosa tendencia cretinizante que consiste en consederar que los genios (aparte de su obra) son en todo seres más o menos parecidos al resto del común de los mortales. Esta creencia es falsa. Lo digo por mí, que soy el genio moderno por exelencia".

¿Qué decir de su arte ?... ¿Qué sentido puede tener el arte abstracto después de Duchamp ? Evidentemente ninguno, aunque todos los críticos de arte moderno se empeñen en marginar esta cuestión. Por tanto, sólo nos queda otra vez el clasicismo y la tradición, pero pasados por el tamiz del surrealismo (método paranoico-crítico) y la ciencia moderna (física nuclear). Sobre todo esto escribió Dalí un hermoso y explosivo libelo titulado Los viejos cornudos del viejo arte moderno. En él, Dalí no deja títere con cabeza, y aparte de enseñarse a gusto con el arte abstracto (que es, según él, cuatro veces cornudo por haber sido engañado por "la fealdad, por lo moderno, por la técnica y por lo abstracto), hace unas lúcidas observaciones, ya muy aventajadas, sobre los dadaístas, a los que considera "los cornudos menos magnéticos de todos". Dice de ellos : "Aventajados y canosos pero siempre de un anticonformismo extremo, gustan con locura recibir de una bienal cualquier medalla de oro por una obra elaborada con la más firme voluntad de desagradar a todo el mundo".

Decididamente, la época marcada por Rimbaud con esa frase que escinde la conciencia artística europea e inaugura la modernidad, "Une soir l’ai indassis la Beauté sur mes genoux. -Et je l’ai trouvée amère.- Et je l’ai injuriée.", se cierra de forma inexorable con esta otra frase de Dalí, escrita en su diario el primero de agosto de 1953 : "Esta tarde senté la fealdad entre mis rodillas y muy pronto me cansé de ella." Sólo Salvador Dalí...

  

Ó Albert Serra Juanola

 

 

"Diví DALÍ".