VOLVER


- La relación fe y razón.

Hay dos tradiciones en el pensamiento cristiano con respecto a la relación fe y razón: la conciliatoria y la polémica. La tradición conciliatoria parte del principio de que la razón y la fe se complemente y para la tradición polémica ambos se contradicen.

Y ambas tradiciones pululan en el ambiente y de vez en cuando entrecruzan sus espadas.

Miguel de Unamuno decía que la razón y la fe se necesitan y critican mutuamente, y sólo se abrazan como luchadores.

Y bien que sabía San Pablo de Tarso que el cristiano tiene que dar razón de su fe y cimentar sus creencias en postulados fuertes que no sean capaces de arrancar ni siquiera los más airados vendavales.

Te sugiero en el día de hoy que intentes armonizar en tu existencia una razón que esté abierta continuamente a la trascendencia, que le da el soporte último y el sustento global de sentido, y una fe que razona y se sustenta en los pilares más profundamente filosóficos.

No pienses que la fe es algo tan misterioso y tan oscuro que raya en el subjetivismo más primario y en un edificio ideológico irreal y engañoso, porque solamente desde la fe la vida puede encontrará su sentido más profundo y su soporte más manifiesto.

Y si algún día sientes la tentación de abandonar la fe en nombre de la razón no lo hagas porque entonces tu vida entrará en dimensiones inmanentes demasiado estrechas.

 

- Demasiados prejuicios.

Una familia fue a la playa para pasar una jornada de descanso entre la arena y el agua. Tenían dos niños pequeños que alegres y contentos estaban jugando en la arena, creando sus propias figuras y castillos. Eran realmente felices y estaban muy contentos.

Los padres estaban cerca de ellos y vigilaban cualquier movimiento que hacían los niños. Estaban muy contentos de ver a sus hijos divertirse.

La tranquilidad de los padres cambió drásticamente cuando vieron a una anciana mal vestida y despeinada, que iba recogiendo cosas de la arena.

Los padres creyeron ver un peligro para los niños en aquella vieja y llamaron rápidamente a los niños, que dejaron de inmediato de jugar y fueron a cobijarse al lado de sus padres.

La anciana pasó a su lado y los miró apenada un buen rato, y al marcharse sonrió a los niños.

Pocos días después supieron que aquella anciana había muerto. Supieron por algunos del lugar que cuando era joven su hermano se quedó inválido por cortarse con un cristal en la playa, y desde entonces, prácticamente toda su vida, se había dedicado a recoger cristales y vidrios que había en la playa para que los niños no se cortasen.

Y lamentaron con furia su falta de compasión y sus prejuicios hacia aquella anciana.

 

Reflexiona sobre lo que has leído...