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Una
historia que emociona.
Una mujer
enlutada, acompañada de sus dos hijos, se acercó a una
parroquia. Saludando al párroco, le dijo: "Soy la viuda
del hombre que hace quince días ajusticiaron en la cárcel.
Mi esposo era alcohólico y ladrón, como necesitaba dinero
para sus vicios robaba; hasta que hace dos meses un robo le
salió mal. Entró en una joyería y con un cuchillo amenazó
al joyero a que le entregara el dinero y las joyas. Éste se
resistió, entonces, mi marido se abalanzó sobre y le hundió
el cuchillo en el pecho... Mi marido fue condenado a la
guillotina y ejecutado más tarde....Y aquí vengo con mis dos
hijos, de ocho y diez años, a que les enseñe el catecismo,
en especial los Mandamientos de la Ley de Dios, para que vayan
por el camino del bien y se aparten del mal. No quiero que
sean como su padre".
La buena mujer
se despidió del párroco y dejó a sus dos hijos en la
catequesis
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El cielo.
Caminaba
por una calle un anciano sacerdote, y en dirección contraria
venía un hombre muy incrédulo. Al ver al sacerdote, se dijo
para sí: "Me voy a reír de este viejo cura".
Acercándose a
él y en tono socarrón le dijo: -Sr Cura, ¿podría decirme dónde
está el cielo? El anciano cura, con mucha bondad, le dijo: -Sí
hijo, mira, cerca de aquí está la calle Ulloa, te llegas a
la casa n. 43, subes al 8º piso, llamas y allí verás el
cielo.
El incrédulo
quedó tan desconcertado y sintió curiosidad en saber qué
había en aquel ático y fue a la casa. Allí encontró un
anciano en una habitación pobre y acostado en una cama. Una
anciana dijo al visitante: -Es mi marido; está paralítico,
yo estoy bien y puedo atenderle.
El incrédulo
se llenó de pena y compasión y preguntó: -¿Y nadie les
atiende? Ella contestó: -Sí, la parroquia nos ayuda a pagar
la renta y la luz, y nos traen alimentos; una señora, también
de la parroquia, nos limpia la ropa y la casa dos veces por
semana.
El incrédulo
dijo: -Bajo a la calle y enseguida vuelvo. Al cabo de un rato
volvió cargo de comida. Cuando bajó las escaleras sintió
tal felicidad por el bien que había hecho que repetía: -Tenía
razón el cura que, en este piso estaba el cielo, y encontré,
en este cielo, la felicidad.
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