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Al que poco se le perdona, poco ama.
Jesús de
Nazaret era un seductor y un profeta que no quería la muerte
del pecador sino que se convierta y viva. No dejó a nadie
indiferente y sus palabras tenían la fuerza del amor en sus
adentros.
En cierta
ocasión, un fariseo lo invitó a comer en su casa y una
mujer, conocida pecadora, se acercó, derramó perfume en sus
pies y llorando se puso a besarlos. El profeta se
escandalizaba de aquella reacción de Jesús que, quedándose
quieto, dejaba que le tocara una mujer pecadora.
Y Jesús le
dijo al fariseo: "Un prestamista tenía dos deudores; uno
le debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían
con qué pagar, los perdonó a los dos. ¿Cuál de los dos lo
amará más?" Simón contestó: "Supongo que aquel a
quien le perdonó más".... Y Jesús le dijo:
"...sus muchos pecados están perdonados porque tiene
muchos amor; pero al que poco se le perdona, poco ama" (Lc
7, 36-50).
¡Qué
grandeza tenía Jesús en su corazón que sabía mirar al ser
humano más allá de sus actos y leía en lo más recóndito
de sus sentimientos! ¡Qué liberación sentiría aquella
mujer que alguien la miró con dignidad y la acercó a la
misericordia de Dios!
Si tu vida está
llena de caídas y eres consciente de tus pecados, recuerda
que "al poco se le perdona, poco ama"!
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