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- Ser santos.

¡Qué difícil resulta reconocer en nuestro camino que nuestros pasos son diminutos y nuestro peregrinar desconcertado!

La vida no siempre alcanza las metas esperadas y el aroma del pecado se deposita en nuestra alma como si esperara de inmediato alejar al ser humano de la ruta determinada.

Ser santos es lo importante que lleva al ser humano más allá incluso de la meta moral que consiste en construir un "hombre auténtico y realizado". Los santos palpan de vez en cuando la perfección suprema de Dios y nos recuerdan a los humanos que el mal puede ser vencido solamente con sacrificio, constancia y confianza.

Ser santos es la grandeza del ser humano que reconoce que el evangelio solamente puede transformar las raíces de la sociedad y de la humanidad, anclados a menudo en la tierra de la propiedad privada, el lucro y el poder. ¡Sí, adquirir, poseer y lucrar son los derechos sagrados e inalienables del individuo en nuestra sociedad y los santos nos recuerdan que todo eso debe ser superado y triturado por el amor!

Ya lo decía Madre Teresa de Calcuta que "la santidad consiste en hacer la voluntad de Dios con alegría...La fidelidad forja a los santos".

¡En este día, por favor, recuerda que la santidad es solamente esto, hacer la voluntad de Dios con alegría!

 

- Al que poco se le perdona, poco ama.

Jesús de Nazaret era un seductor y un profeta que no quería la muerte del pecador sino que se convierta y viva. No dejó a nadie indiferente y sus palabras tenían la fuerza del amor en sus adentros.

En cierta ocasión, un fariseo lo invitó a comer en su casa y una mujer, conocida pecadora, se acercó, derramó perfume en sus pies y llorando se puso a besarlos. El profeta se escandalizaba de aquella reacción de Jesús que, quedándose quieto, dejaba que le tocara una mujer pecadora.

Y Jesús le dijo al fariseo: "Un prestamista tenía dos deudores; uno le debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagar, los perdonó a los dos. ¿Cuál de los dos lo amará más?" Simón contestó: "Supongo que aquel a quien le perdonó más".... Y Jesús le dijo: "...sus muchos pecados están perdonados porque tiene muchos amor; pero al que poco se le perdona, poco ama" (Lc 7, 36-50).

¡Qué grandeza tenía Jesús en su corazón que sabía mirar al ser humano más allá de sus actos y leía en lo más recóndito de sus sentimientos! ¡Qué liberación sentiría aquella mujer que alguien la miró con dignidad y la acercó a la misericordia de Dios!

Si tu vida está llena de caídas y eres consciente de tus pecados, recuerda que "al poco se le perdona, poco ama"!

 

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