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Más grandes que el amor.
Dominique
Lapierre escribe en su libro "Más grandes que el
amor" una maravillosa experiencia de las hermanas de
Madre Teresa de Calcuta, que atendían a enfermos de Sida en
Nueva York.
Una mañana,
en la capilla, una de las monjas se echó a llorar durante la
oración: "No puedo más. No se nos pide que cuidemos a
leprosos ni a moribundos, sino a verdaderos monstruos. Parias
malditos de Dios, castigados por sus pecados. Amarlos y
respetarlos es superior a mis fuerzas".
Sor Paula la
abrazó, le enjugó las lágrimas y trató de calmarla:
"Precisamente porque Dios les ha castigado, nosotras
debemos ofrecerle sus sufrimientos y los nuestros".
Entonces
intervino Sor Ananda: "Estos hombres no son unos
monstruos ni pecadores. No son más que víctimas. Yo viví la
esclavitud de algunos de ellos, yo conocí su degradación física
y moral. Yo fui insultada como lo han sido muchos de ellos.
No, hermana, su enfermedad no es un castigo sino la prueba de
que Dios les ama, como me amó a mí, como te ama también a
ti, en tu aflicción".
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