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- Dios y la soledad.

 Ingmar Bergman ha sido probablemente uno de los directores de cine más importantes de todos los tiempos. Sus películas se cuentan entre las mejores del mundo del cine. Él comentaba a menudo que "mis temas son siempre Dios y la soledad. Busco a Dios constantemente, rabiosamente, porque sin Dios la vida no tiene sentido y desemboca en la más espantosa soledad".

¡Qué bien sabía Ingmar que negar a Dios de la existencia humana lo único que acarrea en el hombre es sumergirlo en el sin-sentido y que la soledad sea probablemente el mayor de los problemas existenciales y el mayor temor para el hombre postmoderno!

Comprende que una de las causas que lleva al hombre a entrar en la esfera religiosa es la búsqueda de sentido a su vida de manera global y buscar en el Eternamente Otro la alternativa que lo saque de su soledad y lo integre en el trato íntimo de amistad con Dios.

 

- Más grandes que el amor.

 Dominique Lapierre escribe en su libro "Más grandes que el amor" una maravillosa experiencia de las hermanas de Madre Teresa de Calcuta, que atendían a enfermos de Sida en Nueva York.

Una mañana, en la capilla, una de las monjas se echó a llorar durante la oración: "No puedo más. No se nos pide que cuidemos a leprosos ni a moribundos, sino a verdaderos monstruos. Parias malditos de Dios, castigados por sus pecados. Amarlos y respetarlos es superior a mis fuerzas".

Sor Paula la abrazó, le enjugó las lágrimas y trató de calmarla: "Precisamente porque Dios les ha castigado, nosotras debemos ofrecerle sus sufrimientos y los nuestros".

Entonces intervino Sor Ananda: "Estos hombres no son unos monstruos ni pecadores. No son más que víctimas. Yo viví la esclavitud de algunos de ellos, yo conocí su degradación física y moral. Yo fui insultada como lo han sido muchos de ellos. No, hermana, su enfermedad no es un castigo sino la prueba de que Dios les ama, como me amó a mí, como te ama también a ti, en tu aflicción".

 

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