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Las
palabras de un ateo.
Albert Camus, autor
existencialista preocupado por el sufrimiento del inocente y
el problema del mal, dijo: "Cristo ha venido a resolver
dos problemas fundamentales: el del mal y el de la muerte, que
constituyen precisamente la angustia de los hombres. Los ha
solucionado sobre todo asumiéndolos sobre sí mismo. También
el Dios hombre sufre con paciencia. Ni el mal ni la muerte son
absolutamente imputables, desde el momento en que ha sido
acongojado y muerto".
Efectivamente, Jesucristo ha
cargado sobre sí el peso del sufrimiento y él mismo ha
asumido la muerte más cruel, sólo por amor, sólo por
nosotros, sólo por el hombre y mujer de siempre.
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La grandeza de un
alma.
Teresa de Calcuta, fundadora
de las misioneras de la caridad, una de las mujeres más
importantes de nuestro reciente catolicismo, cuya
espiritualidad giraba en el amor a Cristo encarnado en los más
pobres y marginados. Ella gustaba rezar a este Cristo mendigo:
"Líbrame, Jesús mío, del deseo de ser amada, del deseo
de ser alabada, del deseo de ser honrada, del deseo de ser
venerada, del deseo de ser preferida, del deseo de ser
consultada, del deseo de ser aprobada, del deseo de ser
popular, del temor a ser humillada, del temor de ser
despreciada, del temor de sufrir rechazos, del temor de ser
calumniada, del temor de ser olvidada, del temor de ser
ofendida, del temor de ser ridiculizada, del temor de ser
acusada...
Haz que nuestros corazones
se llenen de paz. Nuestro mundo, nuestro universo: paz, paz,
paz".
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