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Gracias, Señor.
Señor,
en esta mañana he contemplado la salida del sol y no me he
resistido a no darte gracias.
Gracias,
Dios mío, por todo cuanto existe que me hace sentirme vivo,
despierto, formando parte de un universo coordinado y armónico.
Gracias,
Señor, que me concedes un día más para santificar mis
espacios y mis vacíos, mis fragilidades y mis fortalezas, mis
dudas y mis certezas, mis cualidades y mis complejos.
Gracias,
Dios mío, que haces estallar en esta mañana de alegría
inmensa contemplativa ante los rayos de sol que iluminan los
secretos de la noche.
Hoy,
Señor, en esta mañana te he sentido especialmente admirable
y radicalmente grande.
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Gracias por el teléfono.
Gracias,
Dios de los mil nombres, por el teléfono que nos hace sentir
muy cerca de las personas que están lejos, que nos hace
palpar en segundos que la distancia no está en los kilómetros
sino en unas miradas con rabia y unos labios mudos.
Gracias,
Señor, que nos haces sentir en el día la grandeza de los
inventos humanos a favor del progreso y de la calidad de vida.
Hoy,
Señor, cogiendo el teléfono he comprendido que el hombre es
grande porque participa de Ti, verdadero creador de todo lo
que existe.
Hoy,
Señor, mirando el teléfono en la sala de estar de mi casa he
descubierto con pena que no siempre damos importancia a lo que
tenemos.
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