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Dios es padre y madre.
Y
dijo el profeta: Dios es el padre que acoge y la madre que
abraza. Aunque tu vida se aleje de lo eterno y lo sientas
ausente de tus fatigas. El estará esperando sin desmayo tu
regreso, quizá motivado por la desolación y el desengaño.
Dios
tiene un corazón generoso y compasivo que hace estallar en añicos
el alma de los buenos y cumplidores, demasiado ocupados en
hacer méritos a sus ojos y poco entusiastas con el perdón y
el arrentemiento.
Una
madre respresenta el cariño, la delicadeza, el amor sin
condiciones, la mediación en beneficio del hijo; un padre
simboliza la autoridad, el brazo fuerte y el sustento seguro
de una vida responsable.
Eso
es Dios, padre y madre, calor y apoyo, sustento y fuego,
aliento y compasión, misericordia y felicidad, aliento en las
caídas y esperanza en el camino.
En
el fondo todos somos hijos pródigos, necesitados de amor y
suplicantes de compasión.
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