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La Risa.

 Erasmo de Rotterdam, uno de los humanistas del Renacimiento más importantes, afirmaba con contundencia: "Reírse de todo es propio de tontos, pero no reírse de nada lo es de estúpidos".

La risa es beneficiosa para el alma y para la salud. Continuamente los psicólogos nos advierten de lo saludable que es para nuestro equilibrio personal. Algunos hablan de dos horas diarias de risa y alegría desbordante.

Pero no usemos como motivo de nuestras risas los fallos, errores, defectos de los demás. Esta actitud es patológica y evasiva, al tiempo que es de mal gusto y mala educación.

Quizá el mejor ejercicio que podamos hacer por la mañana es mirarte al espejo y reírte de ti mismo.

Puedes decirle a los que te rodean: No quiero reírme de ti, quiero alegrarme y reírme contigo.

 

 Desvelando incógnitas.

 Séneca afirmaba: "No puedo decirte quiénes me irritan más, si los que quieren que no sepamos nada o los que ni siquiera nos dejan ignorar".

En muchas ocasiones la vida posee ciertas incógnitas que ni el estudio ni el razonamiento, ni la experimentación ni las más grandes sabidurías humanas pueden desvelar. Y el ser humano tiene derecho a que nadie, en nombre de ningún poder ni autoridad científica, quiera desvelárselo.

Muchas veces la ignorancia no es la ausencia de un espíritu sabio, sino la esencia misma de la sabiduría. Ya lo decía Sócrates, el filósofo griego que impulsó a la filosofía más allá del mito y de los sofistas, cuando decía: "Sólo sé que no sé nada". Era uno de los hombres más inteligentes de su tiempo.

 

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