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 No hay contradicción entre la cultura y la fe.

 

La Iglesia no elimina nada de cuanto bueno, bello y verdadero hay en cualquier persona o cultura. Ella misma oferta una luz, Jesucristo, que ilumina toda la realidad y la vincula en el dinamismo de la salvación.

No puede haber contradicción entre la cultura y la fe, entre lo verdaderamente humano y el evangelio, entre las aspiraciones nobles de transformar la realidad, la realización personal de cada ser humano y la buena noticia de Jesucristo.

Vive la armonía de todo cuanto existe y ábrete a la acción sorprendente de Dios.

 

  El hombre es co-creador con Dios.

 

Dios ha dejado sobre el hombre el señorío del mundo y de todo lo creado. Continuamente está invitado a "recrear" y a transformar la realidad, utilizando sus cualidades, talentos e inteligencia. En definitiva, el hombre es "co-creador" con Dios en esta realidad no terminada ni acabada.

Esta gran vocación creadora del ser humano contrasta con el afán destructor del sistema ecológico de muchas grandes empresas y el desafío provocador de romper los límites morales en los que se deben mover toda tarea y empresa humana.

 

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