ESTELLA
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Estella-Lizarra, esta situada en la zona media de Navarra, provincia situada en el norte de España. La ciudad se encuentra como metida en un circo de colinas bajas, tan oculta para quien se acerca que, según el dicho, "no se ve Estella hasta llegar a ella". Este cerco, de pequeñas alturas, suaviza su clima, abrigándola del viento. La cruza el río Ega, que vierte su caudal en el Ebro. A lo largo de la amplia curva del río, por su orilla izquierda se extiende un hermoso paseo, Los llanos, con frondoso arbolado y jardines. Ciudad alegre y cordial, ofrece al visitante su encanto especialisimo, por las evocaciones de sus antiguas construcciones que mantienen vivo el recuerdo de épocas lejanas. |
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Foto Jorge Tutor |
Nace en 1090, cuando el monarca de Navarra y Aragón, Sancho Ramírez,
decide fomentar el asentamiento de francos (comerciantes, hombres libres del vasallaje a
nobles y eclesiásticos) en este lugar, a mitad de camino entre Pamplona y Logroño, y
donde se hacia necesaria una población que atendiera la creciente afluencia de peregrinos
que de toda Europa dirigían sus pasos a la tumba del apóstol Santiago.Al poco tiempo,
este camino estuvo, en su paso por Estella, flanqueado por tiendas y hospederías abiertas
por los recién llegados burgueses, en su mayor parte procedentes de fuera del reino. El auge económico tuvo su reflejo inmediato en la importante actividad constructora, que en un plazo breve de tiempo transformo este primitivo núcleo comercial en un conjunto urbano bien definido.
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A lo largo de la Rua, desde el Santo Sepulcro a Rocamador, a partir del
siglo XII, se levantaron sólidos edificios, principalmente religiosos, que, en palabras
de Caro Baroja, hicieron de Estella "la capital del románico navarro". La
tradición explica que el rey Sancho Ramírez eligió este lugar para su propósito
repoblador movido por el milagroso descubrimiento de una imagen de la Virgen por parte de
unos pastores que se encontraban en la montaña del Puy. Fue en torno al año 1085.
También sucedió que en 1270, apareció en la tumba de un oscuro peregrino , una caja de madera en cuyo interior se encontró un omoplato. Las indagaciones identificaron al misterioso romero con el obispo de Patras, la ciudad griega donde fue martirizado el apóstol san Andrés.
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Foto Jorge Tutor |
La Rua de las Tiendas del burgo de los francos encontró la competencia
de la Carrera Luenga, la actual calle Mayor, que en su largo trazado une los nuevos
barrios de san Miguel y san Juan al tiempo que se ensancha a la derecha para dar lugar a
plazas abiertas al comercio como la del Mercado Viejo. Dentro del barrio de san Juan se
abren las plazas de San Juan y de Santiago, la más moderna, pues en el siglo XVI todavía
no se había construido todo su perímetro.
Este fue el inicio de un camino azaroso que a lo largo de nueve siglos nos conduce a la Estella de hoy, una ciudad que mantiene su vieja función de cabeza de merindad y que, como tantas otras, se esfuerza por armonizar su pasado histórico y cultural con las necesidades que nuestro tiempo reclama.
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Las fiestas de Estella, que se centran en el viernes anterior al primer
domingo de Agosto, ofrecen una gran animación y alegría, unidos a una forma de ser que
recuerda en mas de un aspecto, a las de San Fermín de Pamplona. Hay encierros y corridas
de toros; los gigantes y cabezudos recorren las calles, entre el bullicio de jóvenes y
viejos. También por la noche encontramos buen ambiente nocturno en los bares de lo viejo
de Estella. Como dijo Americo Picaud cuando paso por Estella en el siglo XI, "buen pan, excelente vino, mucha carne y pescado y toda clase e felicidad".
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