Los poemas de
|
XV Antes de la caída, en un tiempo sin nombre Habité en una isla que no se hallaba en mapas Y allí bellas mujeres, eternamente jóvenes Nadaban junto a mí en las noches de luna Paraíso oceánico forrado de delirios Ninguna ley pesaba sobre nuestros amores Oh blanda languidez de sus labios carmíneos Yo vivía prendida de sus ojos marinos Las coronas de flores bailaban sobre el agua Y adoraba morder aquella pulpa roja La vida era tan dulce y el ánimo tan claro Que, embriagada de esencia, dejé correr los días Esto fue hace ya mucho y el agua fue pudriendo Los amores, los frutos, las coronas de flores Y un buen día la isla se hundió bajo las aguas Pero a mí la corriente me arrastró hasta esta tierra Huérfana de deleites recorrí sus ciudades Buscando en cada cara aquellos ojos de agua Perseguí a mis hermanas en mujeres amables Que tenían los mismos tibios cuerpos de ondina Y creí recuperarlas en ciertos recovecos Esquinas de locales muy poco iluminados Y en soplos de gloriosa desnudez recobrada Donde el alma revive y soñar es saber
Oficio de placer y amor furtivos Los sueños más temibles e imposibles Son visión de otra vida más intensa De otro estado más libre y provechoso De otra tierra más rica donde habitan Los ángeles caídos, las más bellas Y dramáticas sombras revestidas Por el oscuro encanto de lo sórdido
|