Los libros de
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| También publiqué un libro sobre Kurt Cobain y
Curtney Love, y firmé ejemplares en la Feria del Libro del Retiro, en Madrid, allá por
1996. Casi nadie vino a verme. El título original de "Amor, curiosidad..." era "Exceso de testosterona", pero a la editorial no le gustó. |
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"Amor, curiosidad, prozac y dudas", 1997 Plaza & Janes |
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"Beatriz y los cuerpos celestes", Premio Nadal 1998 Ediciones Destino |
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"Nosotras, que no somos como las demás", 1999 Ediciones Destino |
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Sobre "Amor, curiosidad, prozac y dudas" AMOR: Una posibilidad remota para Rosa, que hipoteca su vida para pagar unos lujos que no puede disfrutar. Una memoria triste para Cristina, superviviente de una relación catastrófica diluida en un maremágnum de sexo y drogas. Un recuerdo borroso para Ana, encerrada en su casa y a punto de ahogarse en sus lágrimas. CURIOSIDAD: La última esperanza ¿ Hay vida más allá de los limitados confines del día a día, de los escasos metros de refugio que proporciona un despacho de oficina, una casa de diseño o un bar tecnificado? PROZAC: Veinte miligramos de paz química comprimidos en una pastilla verde y blanca que bloquean en el cerebro los puntos donde se conectan las ideas y los sentimientos. DUDAS: Familias desintegradas, empleos precarios, relaciones efímeras y sexo infectado ¿Qué sentido tiene seguir adelante? La historia de las hermanas Gaena constituye una novela vertiginosa y polémica sobre la difícil búsqueda de la identidad femenina al margen de convenciones de género y esteretipos obsoletos, escrita un estilo personalísimo, esculpido a golpe de guiños y ambivalencias en el lenguaje de lo cotidiano. AMOR CURIOSIDAD PROZACK Y DUDAS se publicó el 19 de marzo de 1997 en la editorial Plaza y Janés. CRISTINA GAENA 24 años. Soltera. Camarera SEXO "Fue Froid el que escribió que las mujeres tenemos envidia de pene, ¿no? Menuda tontería. Es evidente que con un solo coño te puedes agenciar todos los penes que te de la gana, así que no sé por qué ibamos a envidiarlos... ... Al final, los tíos con los que ligamos son idénticos a sus viejos, que le echan a la parienta el casquete de los sábados mientras piensan en los culos de las azafatas del Telecupón. Y no creas, que a veces casi pienso que eso es lo mejor, porque cuando les da por hacer de amantes hábiles entonces sí que no hay quien les aguante. Hay algunos que se deben de creer que trabajan en el circo; una vueltecita, ¡hop!, ahora otra vueltecita, ¡hop!.Ni que una fuera un filete, qué manía con el vuelta y vuelta." DROGAS "Hay millones de formas de categorizar la vida, existen millones de maneras de dividirla en dos, y así podría deciros que hay dos formas de vivirla: con drogas o sin ellas, o lo que es lo mismo, a pelo o anestesiada. El éxtasis es el pan nuestro de cada día y ya no sabemos vivir sin él. Nos metemos por lo menos una pastillita por semana, para pasar el fin de semana como Dios y el underground mandan, pero lo normal es que también caiga alguna entre semana.... ... Me da miedo inyectarme, para qué negarlo. La aguja, el pinchazo, la grima de sentir el jaco entrándote por la vena... ¿Entendeís ahora mi pasión por las pastillas, esas dosis de fecilidad comprimida que se deslizan sin sentirlo por tu esófago, sin exigir sacrificios ni autoperforaciones? Yo, que tengo terror hasta a los análisis de sangre ¿cómo voy a meteme una aguja, así, a lo bruto?" ROCANROL " En los escasos momentos en que la barra se queda vacía cierro los ojos e intento concentrarme en los sonidos sintetizados, visualizando la música como una cebolla iridescente a la que yo, lenta y concienzuda, voy arrancando capas,una tras otra, hasta darme con una diseñada especialmente para mí: el regalo de la rave. Y cuando la encuentro, la hago ascender a través de mis venas, mis capilares y mis arterias, recorriendo mi cuerpo mezclada con mi linfa y mi sangre, ascendiendo hacia mi cabeza, inundándome por completo. Me diluyo en música, me borro, me extiendo, me transformo, me vuelvo líquida y polimorfa. La oscuridad me invita a dejarme llevar y me arrastra hacia el altavoz que vomita una música monótona, geométrica, enérgética, lineal, suavizada en mi cabeza por el éxtasis. En la pista la masa baila en comunión al ritmo de una sola música, una sola droga, una única alma colectiva. El DJ es el nuevo mesías; la música, la palabra de Dios y la iconografía de las vidrieras ha sido sustituida por los monitores de televisión" TRABAJO : "Me pasaba allí la vida, sentada en mi cubículo, mi punto de engorde, un espacio de apenas dos metros cuadrados acotado por dos mesas de formica dispuestas en forma de ele. Se me jodió la vista a cuenta de pasarme los días forzándola, cegada por la luz fantasmal del ordenador; y la claridad excesiva de las lámparas halógenas, y la constante inclinación forzada sobre el teclado me provocó unos dolores de espalda espantosos. Y todo por un sueldo de mierda, porque como servidora era estudiante le habían hecho un contrato de prácticas, que en cristiano quería decir que curraba lo mismo que los demás pero ganaba mucho menos.Yo me levantaba a las ocho de la mañana y llegaba a casa a las ocho y media de la noche, totalmente agotada, sin ganas de nada, excepto de cenar e irme a la cama... Y ahora soy camarera. En el bar gano más de lo que ganaba en aquella
oficina, y mis mañanas son para mí, para mí sola, y el tiempo libre vale para mí más
que los mejores sueldos del mundo. No me arrepiento en absoluto de la decisión que tomé
y no volvería a trabajar, nunca, nunca jamás en una multinacional. Antes me meto a
puta." |
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Sobre "Beatriz y los cuerpos celestes". "La casualidad juega un papel crucial en cada historia. Cada proceso evolutivo se caracteriza por una poderosa aleatoriedad. El choque de un rayo cósmico con un gene diferente, la producción de una mutación distinta... nanosegundos de consecuencias profundas, quizá no evidentes al principio, pero cruciales al cabo de unas eras. Cuanto más tempranamente ocurren los acontecimientos críticos, más poderosa será su influencia sobre el presente. Y este axioma se admite para la historia, para la biología, para la astronomía... Para nuestra propia vida. Nacemos determinados por una serie de condicionantes, materiales y emocionales. Podríamos haber nacido en otra casa, en otro país. Podríamos haber sido más o menos ricos, más o menos queridos. El sitio a donde fuimos a parar, las personas que nos criaron, las enseñanzas que nos transmitieron, la percepción de nuestra persona que nos hicieron admitir, el afecto que nos profesaron... Eso marca. Pero tiendo a creer, quiero creer, que aunque nacemos con unas cartas dadas está en nuestra mano cómo jugarlas. Una radiación, bautizada por científicos como el Fondo Cósmico de Microondas, constituye el origen de la vida y lleva en sí la huella de la materia oscura y la materia brillante. Inunda el universo, lo impregna todo, pero no está asociada a ningún objeto en particular. A fin de cuentas de cuentas todos somos una parte de un todo mucho más grande que nos integra, todos llevamos dentro el caos y el orden , la creación y la destrucción. Todos somos al mismo tiempo víctimas y responsables de nuestra propia vida." Del amor, de Dios, y de la Literatura , cada cual tiene su propia idea. En varios cuentos y en una novela he incluido esta misma frase. Al referirnos a entelequias, a conceptos abstractos que existen en la mente del hablante, y quizá también del receptor - pero eso nunca se sabe - , resulta a veces inevitable que los más diversos significados acaben por asociarse a un mismo significante. En numerosas ocasiones he acudido a presentaciones o tertulias literarias y me ha dado la impresión que el concepto que allí se manejaba de literatura no tenía nada que ver con el mío, y sin embargo, eso no quiere decir que considerase que dicho concepto estaba equivocado, puesto que no considero al mío excluyente. En realidad podrían existir tantas definiciones de literatura como maneras de acercarse a una obra literaria y es sabido que para una misma novela, por ejemplo, pueden existir multitud de diferentes interpretaciones. Y no hablo solo de interpretaciones críticas, sino de la interpretación que cada lector hará de una misma obra. De esta manera el escritor no hace sino dejar un testimonio que puede ser entendido de tantas maneras como lectores se acerquen a él, y por lo tanto una visión de un libro jamás puede ser cerrada ni concluyente. En este sentido la pretensión de la crítica de descifrar los textos literarios se convierte en algo pretencioso e inútil Darle a un texto un único significado válido supone imponerle un límite, dotarlo de un significado final, cerrarlo. Y supone, también, imponer un tipo de control sobre el lector, negarle su libertad y su criterio. Creo que yo nunca he tenido vocación literaria de esa manera mística en la que algunos la entienden. Jamás he soñado con crear una obra inmortal ni con que mi biografía pasara a engrosar las enciclopedias de la literatura. Yo escribo porque no tengo más remedio, y si algún día dejo de sentir esa necesidad, si de verdad me acomete el famoso terror al folio en blanco del escritor - que yo nunca he experimentado - dejaré de escribir como en su día dejé de pintar: sin remordimientos ni crisis de conciencia. En mi caso la necesidad de escribir se explica por una urgencia casi desesperada de recomponer los dispersos elementos que podrían dar sentido a mi existencia y de buscarles una explicación. La literatura para mí es un entretenimiento, una catarsis y una terapia. También es un compromiso, y una forma de denuncia, de exponer problemas, de plantear preguntas. Yo me lo paso bien escribiendo, disfruto inventando historias, rehaciéndolas, buscando palabras y ordenándolas como quien descifra crucigramas. Durante la mayor parte de mi vida la escritura ha sido una distracción, un pasatiempo. Nunca, hasta hace poco, me había parado a pensar en que se pudiese convertir en mi ocupación profesional, probablemente porque nadie en mi entorno me animó nunca a ello o pensó que yo pudiera poseer auténtico talento, y, en consecuencia, yo tampoco lo pensé nunca. En el otoño de 1996 yo atravesaba una de las tantas crisis de otoño que he atravesado a lo largo de mi vida : en aquel otoño en concreto la persona con la que vivía acababa de dejarme y estaba harta de mi trabajo, una ocupación tediosa y estresante que acaparaba diez horas diarias de mi vida. Para consolarme y para distraerme empecé a escribir a aquella persona que me había abandonado una serie de cartas diarias, pequeños cuentos o alegorías de apenas dos páginas en los que iba narrando en tono irónico diferentes aspectos de mi existencia y de las personas que me rodeaban . Seguí haciendolo durante casi un mes, hasta que aquella persona - carente del más mínimo criterio literario, como ha quedado demostrado - me suplicó que dejara de enviárselas. Entonces, desesperada, me puse a escribir un cuento: La mujer burbuja. En él narraba la historia de una mujer que se pasaba la vida intentando crearse a su alrededor un entorno doméstico acogedor y apastelado para olvidar la violación que había sufrido en la adolescencia, y cómo esta vida ilusoria se le derrumba de repente al conocer la noticia de la muerte de su violador . En el cuento mezclé dos historias: la de mi propia violación y la impresión que me causó el ver que en el funeral de uno de mis amigos la más afectada no parecía ser su novia oficial, sino la novia del mejor amigo del difunto, que había mantenido con el fallecido una breve relación en la primera adolescencia. A partir de estas dos historias construí un relato que no era ni mi historia ni la de aquella chica, sino la historia de una tercera persona, una historia que había dejado de pertenecerme, que pertenecería desde entonces a aquél que la leyera y que ilustraba la situación que yo estaba atravesando: la de las personas que se empeñan en vivir vidas que en realidad no desean, pero que su entorno les ha señalado como las más aceptables socialmente. Ni la chica de mi cuento quería ser en realidad ama de casa ni yo había nacido para trabajar en una oficina. En cuanto acabé el cuento se me vino a la cabeza una especie de iluminación - y copio el concepto de Rimbaud y de Carson Mc Cullers para referirme a la imagen repentina que te viene al cerebro para darte la idea de una obra literaria - y se me ocurrió escribir una serie de cuentos en el que los personajes secundarios de una historia fuesen los protagonistas de otra, un poco a la manera de las historias de Esclavos de Nueva York, de Janowitz. Contaba, para empezar, con la historia de la mujer burbuja y con los cuentos cortos que había ido escribiendo durante ese mes. En dos meses había acabado el borrador de una obra titulada Exceso de testosterona, que un año después saldría publicada con el nombre de Amor, curiosidad, prozack y dudas, aumentada, recorregida y convertida en novela después de reescribir ocho versiones diferentes. En Amor, curiosidad... me limité a coger trozos de la realidad que flotaba a mi alrededor para reinterpretarlos y asignarles un sentido. De esta manera reelaboré diferentes vivencias tanto mías como ajenas para integrarlas en una especie de mosaico que una vez terminado intentaría reflejar la imagen de una serie de personajes urbanos entre los veintipocos y los treintatantos años condenadas a vivir unas vidas que en realidad no les pertenecían por derecho, y que habían acabado eligiendo por imposiciones de cultura y educación. Pero las historias que narraba, si bien tenían un cierto parecido con historias que había vivido o que me habian contado, no habían sucedido en la realidad, sino que surgieron de mi cabeza de la misma forma en que se gestan los sueños: se trataba de historias que yo no había vivido, pero que sin duda encontraban su raíz en mis propias experiencias, de la misma forma que las imagenes oníricas se relacionan con acontecimientos vividos, aunque yo misma sea incapaz, tanto con mis sueños como con las historias que escribo, de encontrar la conexión exacta entre lo vivido y lo imaginado. Beatriz y los cuerpos celestes, mi segunda novela, surgió a partir de dos ficheros diferentes: el primero incluía las notas que había ido recopilando para escribir una tesis que finalmente abandoné sobre Identidad, sexo, rol y género ; el segundo era un guión que escribí a los veintiseís años y en el que reelaboraba diferentes historias vividas en mi adolescencia: la relación con una de mis mejores amigas, politoxicómana, que se dedicaba a comerciar con drogas para poder financiarse su consumo, y el contacto episódico que mantuve con algunas bandas de adolescentes de mi barrio, integrados en comandos de Fuerza Nueva y de la CEDADE, que salían a la calle a los dieciocho años armados de bates de béisbol y de pistolas que probablemente no sabían manejar. De esta manera fui construyendo el relato de un mundo en el que a las chicas se nos preparaba para afrontar una vida muy distinta que la que nos íbamos a encontrar: se nos enseñaba a ser chicas buenas y calladitas sin avisarnos de que si queríamos sobrevivir tendríamos que ser, más bien, todo lo contrario. A la hora de comenzar a escribir la historia decidí que la narradora debería situar su relato desde un tiempo posterior al que acontecieron los hechos, pues solo así lograría encontrar la distancia suficiente para que ella pudiera explicar lo sucedido - un embrollo de encuentros, desencuentros, y encontronazos - con objetividad. La situé pues en un tiempo y en un lugar distintos al de la acción : cuatro años después y en Edimburgo, un lugar que me fascina por el contraste que se abre en una ciudad relativamente pequeña entre la periferia (un cinturón de verguenza constituido de enormes barriadas de hormigón integradas por infinidad de pisos oscuros y diminutos) y el centro ( una zona de elegantes edificios victorianos en el que residen estudiantes, intelectuales, escritores y artistas). Por otra parte me fascinaba la oposción literaria que podía establecerse entre una Madrid horizontal y luminosa y una Edimburgo sombría y vertical. Yo no contaba con que Edimburgo se me iba a rebelar y que los personajes que allí residían acabarían cobrando tanto protagonismo en la historia como los que pululaban por Madrid, y de pronto empezaron a invadir mis páginas trasuntos de algunos de los sujetos que yo había conocido durante mis estancias en Edimburgo: Barry, el astuto traficante de drogas, Cat la fascinante camarera lesbiana, y Aylsa, la Dj enamorada de Cat, diminuta e insignificante como un ratón. Me encontré de pronto con una historia que sucedía en tres planos temporales diferentes: la infancia de la protagonista, trancurrida en el clustrofóbico interior de su casa, junto a su madre (una epiléptica que utiliza su enferemedad como arma para culpabilizar a su marido y a su hija por la escasa atención que le prestan) y su padre afectivamente incapacitado; su adolescencia, una epopeya en permanente busca de amparo y protección, una huida hacia delante en la que la protagonista se verá envuelta en una serie de episodios violentos en un esfuerzo desesperado e inútil por proteger y ayudar a su mejor amiga, la única persona que le ofrece afecto y apoyo; y su juventud en Edimburgo, unos años meláncolicos y solitarios empañados de la inevitable nostalgia por su ciudad natal. En esta novela volví a escribir una historia sobre personajes que acababan abocados a unas vidas que no habían planeado ni buscado, seres que simplemente habían ido dejándose arrastrar por los acontecimientos sucedidos en su vida, hasta que cada uno de ellos había acabado por ocupar una casilla asignada dentro de una especie de tablero de ajedrez en el que les había tocado jugar. En realidad creo que yo escribo sobre cómo los condicionantes externos: sociedad, cultura, familia, escuela, medios de comunicación ... nos llevan a aceptar como nuestras ciertas ideas, ciertas formas de vivir la vida, ciertas opciones sexuales, ciertos automatismos violentos, ciertos comportamientos y reacciones que asumimos como nuestros sin detenernos a analizar hasta que punto no nos estamos limitando a imitar a nuestros mayores, a repetir esquemas aprendidos en la primera infancia y grabados a fuego en el subconsciente. Escribo sobre el punto de libre albedrío en el que una persona puede decidir o no asumir las riendas de su propio destino y optar a partir de ese momento por elaborar un plano del tipo de vida que conscientemente desea vivir. Para explicarlo con un ejemplo: está demostrado que todos los asesinos en serie han sufrido experiencias de abuso y maltrato durante su infancia. Sin embargo, no todos aquellos que han sido sometidos a experiencias de abuso y maltrato acaban por convertirse en asesinos, ni siquiera necesariamente - aunque así sea en casi el 90% de los casos - en sujetos agresivos. En algún momento algunas personas han sido capaces de sobreponerse a sus condicionantes de educación y ambiente y a imponer su propia identidad por encima de los comportamientos aprendidos. Ese punto de decisión propia es el que a mí me interesa describir, y por eso suelo escribir sobre vidas que se sitúan en el límite de la cordura, vidas dificiles, poco convencionales. Como todas, al fin y al cabo. Porque, como se citaba en un pasaje de Beatriz.., en la vida todas las sendas de lo posible están abiertas a los pasos de lo real. Pero no todos somos tan sabios como para comprenderlo ni tan audaces como para trazar un itinerario. |
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| Sobre
"Nosotras, que no somos como las demás" Las protagonistas: RAQUEL LOPEZ MARQUES 25 años. Licenciada en Bellas Artes. Considerada una de las modelos más relevantes de la última hornada, ha sido portada de las ediciones españolas de Elle, Vogue y Marie Claire. ELSA GUERRERO BAWCUTT 28 años. Doctorada en Filología Inglesa.Ha publicado su tesis de fin de carrera, un ensayo sobre John Milton titulado El paraíso perdido y el viaje interior, así como una novela, La más fatal de las mujeres fatales, que constituyo un succès d´estime, esto es, que fue muy calurosamente aclamada por la crítica pese a su más que modesto éxito de ventas. Trabaja como correctora, traductora y como articulista en diversos suplementos culturales. SUSI GARDELA ROCAFORT 30 años. Licenciada en derecho. Trabaja en el departamento de asesoría fiscal de una conocida multinacional norteamericana. Excelente deportista, nada a diario. MARIA RUBERT DE BERNAUS USLE Licenciada en empresariales, habla a la perfección el inglés y el francés y domina el italiano a nivel conversación. Jefa de marketing de la multinacional previamente citada. |
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