Los libros de

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También publiqué un libro sobre Kurt Cobain y Curtney Love, y firmé ejemplares en la Feria del Libro del Retiro, en Madrid, allá por 1996. Casi nadie vino a verme.

El título original de "Amor, curiosidad..." era "Exceso de testosterona", pero a la editorial no le gustó.

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"Amor, curiosidad, prozac y dudas", 1997

Plaza & Janes

"Beatriz y los cuerpos celestes", Premio Nadal 1998

Ediciones Destino

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"Nosotras, que no somos como las demás", 1999

Ediciones Destino



Sobre "Amor, curiosidad, prozac y dudas"

AMOR: Una posibilidad remota para Rosa, que hipoteca su vida para pagar unos lujos que no puede disfrutar. Una memoria triste para Cristina, superviviente de  una relación catastrófica diluida en un maremágnum de sexo y drogas. Un recuerdo borroso para Ana, encerrada en su casa y a punto de ahogarse en sus lágrimas.
CURIOSIDAD: La última esperanza ¿ Hay vida más allá de los limitados confines del día a día, de los escasos metros de refugio que proporciona un despacho de oficina, una casa de diseño o un bar tecnificado? PROZAC: Veinte miligramos de paz química comprimidos en una pastilla verde y blanca que bloquean en el cerebro los puntos donde se conectan las ideas y los sentimientos. DUDAS: Familias desintegradas, empleos precarios, relaciones efímeras y sexo infectado ¿Qué
sentido tiene seguir adelante?

La historia de las hermanas Gaena constituye una novela vertiginosa y polémica sobre la difícil búsqueda de la identidad femenina al margen de convenciones de género y esteretipos obsoletos, escrita un estilo personalísimo, esculpido a golpe de guiños y ambivalencias en el lenguaje de lo cotidiano.

AMOR CURIOSIDAD PROZACK Y DUDAS se publicó el 19 de marzo de 1997 en la editorial Plaza y Janés.


CRISTINA GAENA
24 años. Soltera. Camarera

SEXO
"Fue Froid el que escribió que las mujeres tenemos envidia de pene, ¿no? Menuda tontería. Es evidente que con un solo coño te puedes agenciar todos los penes que te de la gana, así que no sé por qué ibamos a envidiarlos...
... Al final, los tíos con los que ligamos son idénticos a sus viejos, que le echan a la parienta el casquete de los sábados mientras piensan en los culos de las azafatas del Telecupón. Y no creas, que a veces casi pienso que eso es lo mejor, porque cuando les da por hacer de amantes hábiles entonces sí que no hay quien les aguante. Hay algunos que se deben de creer que trabajan en el circo; una vueltecita, ¡hop!, ahora otra vueltecita, ¡hop!.Ni que una fuera un filete, qué manía con el vuelta y vuelta."

DROGAS
"Hay millones de formas de categorizar la vida, existen millones de maneras de dividirla en dos, y así podría deciros que hay dos formas de vivirla: con drogas o sin ellas, o lo que es lo mismo, a pelo o anestesiada. El éxtasis es el pan nuestro de cada día y ya no sabemos vivir sin él. Nos metemos por lo menos una pastillita por semana, para pasar el fin de semana como Dios y el underground mandan, pero lo normal es que también caiga alguna entre semana....
... Me da miedo inyectarme, para qué negarlo. La aguja, el pinchazo, la grima de sentir el jaco entrándote por la vena... ¿Entendeís ahora mi pasión por las pastillas, esas dosis de fecilidad comprimida que se deslizan sin sentirlo por tu esófago, sin exigir sacrificios ni autoperforaciones? Yo, que tengo terror hasta a los análisis de sangre ¿cómo voy a meteme una aguja, así, a lo bruto?"

ROCANROL
" En los escasos momentos en que la barra se queda vacía cierro los ojos e intento concentrarme en los sonidos sintetizados, visualizando la música como una cebolla iridescente a la que yo, lenta y concienzuda, voy arrancando capas,una tras otra, hasta darme con una diseñada especialmente para mí: el regalo de la rave.
Y cuando la encuentro, la hago ascender a través de mis venas, mis capilares y mis arterias, recorriendo mi cuerpo mezclada con mi linfa y mi sangre, ascendiendo hacia mi cabeza, inundándome por completo. Me diluyo en música, me borro, me extiendo, me transformo, me vuelvo líquida y polimorfa. La oscuridad me invita a dejarme llevar y me arrastra hacia el altavoz que vomita una música monótona, geométrica, enérgética, lineal, suavizada en mi cabeza por el éxtasis. En la pista la masa baila en comunión al ritmo de una sola música, una sola droga, una única alma colectiva. El DJ es el nuevo mesías; la música, la palabra de Dios y la iconografía
de las vidrieras ha sido sustituida por los monitores de televisión"

TRABAJO :
"Me pasaba allí la vida, sentada en mi cubículo, mi punto de engorde, un espacio de apenas dos metros cuadrados acotado por dos mesas de formica dispuestas en forma de ele. Se me jodió la vista a cuenta de pasarme los días forzándola, cegada por la luz fantasmal del ordenador; y la claridad excesiva de las lámparas halógenas, y la constante inclinación forzada sobre el teclado me provocó unos dolores de espalda espantosos. Y todo por un sueldo de mierda, porque como
servidora era estudiante le habían hecho un contrato de prácticas, que en cristiano quería decir que curraba lo mismo que los demás pero ganaba mucho menos.Yo me levantaba a las ocho de la mañana y llegaba a casa a las ocho y media de la noche, totalmente agotada, sin ganas de nada, excepto de cenar e irme a la cama...

Y ahora soy camarera. En el bar gano más de lo que ganaba en aquella oficina, y mis mañanas son para mí, para mí sola, y el tiempo libre vale para mí más que los mejores sueldos del mundo. No me arrepiento en absoluto de la decisión que tomé y no volvería a trabajar, nunca, nunca jamás en una multinacional. Antes me meto a puta."

SEÑAS DE IDENTIDAD
".... Nos parecíamos tanto: emocionalmente inadaptados, familiarmente renegados, socialmente inútiles.
.....No se lo conté a ninguno de los psicólogos. Para qué. Sin embargo, hubo uno que debió de adivinarlo, porque una tarde dejó caer, así, como quien no quiere la cosa, que las niñas que han sufrido lo que yo viví tienden a ser muy promiscuas en la edad adulta, porque van buscando desesperadamente aquella atención exagerada que se les prestaba de pequeñas. Puede. Puede que yo sea una víctima. "

DEPRESION
"Si yo me muriera ahora mismo, ¿ a quien dedicaría mi último pensamiento? ¿ qué recuerdo decidiría llevarme? ¿ me daría mucha pena dejar esto? Para qué engañarnos: no tengo casa, porque no se le puede llamar casa a mi apartamento enano de alquiler astronómico; no tengo trabajo, porque tampoco se le puede llamar trabajo al papel de florero andante que ejerzo en el bar; no tengo novio,ni siquiera podría estar segura de que lo tuve alguna vez; por no tener ni siquiera tengo perro, y eso que a los cuatro años me prometí a mí misma que adoptaría uno en cuanto me hiciese mayor."


ANA GAENA
34 años. Casada, un hijo. Ama de casa.


SEXO
"Supongo que le sorprendería saber que yo nunca he fumado un cigarrillo de hachís y que tampoco he usado preservativos, por increíble que resulte, porque Carlos me decía que le resultaba incómodo usar aquella cosa de goma y además aseguraba que no se sentía lo mismo, y si él lo decía, a mí me parecía bien, porque al fin y al cabo era él quien tenía experiencia. Supongo que le sorprendería saber que cuando hojeo los consejos sobre vida sexual en el Mía y leo esas barbaridades que escriben sobre el orgasmo me pregunto si yo alguna vez habré tenido alguno, y acabo llegando a la conclusión de que no he debido de experimentarlo, porque si
hubiese sentido un orgasmo lo sabría, digo yo. "

DROGAS
"Tomaba tranxilium para dormir y por las mañanas tomaba Dicel para superar el sueño que me daban los tranxilium. Y cuando el Dicel se acabó, empecé con el minilip, que me parece que es lo mismo pero con otro nombre... Y luego empecé a variarlas, cuando se acabó el tranxilium probé el donormil, y después del minilip vino el adofén, y el propio Borja me aconsejó el lexatín, y ahora creo que no hay pastilla que cambie el ánimo que yo no haya probado. Y a veces tengo ganas de
llorar, pero ya no lloro, porque voy tan tan cargada de pastillas que creo que los lacrimales se me han obturado. Me he quedado seca, como un árbol derrumbado que va camino de la serrería."

ROCANROL
"No me hacía gracia la manía de Cristina de escuchar sus discos a todo volumen, aquellos discos que oía y que parecían pasos de semana santa, con unos cantantes que ni cantaban ni nada en cuyas portadas andaban todos vestidos de negro y cubiertos de crucifijos, o su manía de pasarse días enteros sin comer, o de empeñarse en llevar medias con agujeros".


TRABAJO
"Antes se me ocurrían millones de cosas que hacer, y las mañanas se me pasaban volando. Limpiaba la casa, iba a hacer la compra, llamaba a mamá, contestaba cartas, pintaba cenefas, tejía maceteros, regaba plantas, cosía almohadones, restauraba muebles, colgaba cuadros, fijaba estanterías... tenía la casa hecha una bombonera. Entre unas cosas y otras estaba siempre ocupadísima. No , no trabajaba, ni falta que me hacía. En mi opinión Rosa y Cristina podían quedarse con sus monsergas feministas. ¡Cuántas veces les había oído decir que ellas no podrían vivir sin trabajar, que se aburrirían, que se asifixiarían entre cuatro paredes, que se volverían locas ..! Pamplinas. Puro cuento. Entre la casa y el niño, decía yo cuando hablaba del tema con mamá, a poco que te esmeres, no te queda un minuto libre, y debía ser verdad porque por entonces yo no me aburría nunca."

SEÑAS DE IDENTIDAD
"Cuando me miro en el espejo y me doy cuenta de que todo el mundo me echaría como unos veintitantos me gustaría medir unos centímetros más, no sé, quizá así la gente me tendría más respeto, y sé que muchas me envidiarían por aparentar menos edad, pero para mí es una cruz. Cristina y Rosa son las dos como bastante altas y parece que la gente las trate ... Yo he salido bajita como mamá y eso no es ninguna suerte. Quizá parezco más joven por cómo me visto, porque hoy, por ejemplo, llevo una camisita de cuello redondo con estampado de florecitas rosas y los vaqueros de Caroche y tengo que reconocer que el modelito es más propio de una niña
de quince años que de una mujer casada y madre de un niño, no sé, a veces me gustaría aparentar más edad, pero sencillamente, no me veo con otro tipo de ropa, es que alguna vez he intentado probarme jerseys negros y pantalones grises,no sé, colores más sobrios, ropa más seria, pero me deprimía muchísimo, me daba la impresión de que iba de luto, supermal, no sé... Me siento cada vez más débil. Lo que yo digo, que nadie m tiene respeto"


DEPRESION
" Quizá yo no tengo razones para llorar. Tengo un marido maravilloso y un niño guapísimo y una casa que podría salir fotografiada en el Elle decoración, y sin embargo, no sé que me pasa, sólo tengo ganas de llorar.... Sólo quiero volver a casa. Volver a casa. Volver a casa, tumbarme en la cama, cerrar las persianas y los ojos y sumergirme en la nada, arropada por capas y capas de oscuridad que me vayan axifisiando lenta y dulcemente..... Y el caso es que las horas y los días se me pasan sin hacer nada, como una sucesión inacabable de hojas en el calendario, y yo no paro de llorar, la vida se me escapa por los ojos brillantes... Pero Antonio se ha muerto y el mundo, por su parte, también ha cambiado, y mi hermana pequeña se acuesta con unos y con otros, con quien le da la gana, y nadie dice nada, nadie se lo cuestiona. Y yo, yo, ¿qué? Yo sólo he conocido a dos hombres, y ninguno merecía la pena. Como tampoco mereció la pena hacerles caso a mi madre y a las monjas.No ha merecido la pena esforzarme en demostrar que soy una buena chica... Lo único que importaba, lo único que ha inportado siempre, era limpiar una mancha. Pero eso tampoco importa ya. Al fin y al cabo, ya no me obsesiona la limpieza... Ahora duermo con un extraño, confinada en una casa que ha demostrado que no me necesita, recluida en un calabozo que yo misma ha decorado. Me siento vacía como una mujer burbuja."



ROSA GAENA
32 AÑOS, SOLTERA, DIRECTORA FINANCIERA

SEXO
" Si ha iniciado un romance en la oficina póngale fin - dicen los manuales - no ascienda a la persona con quien ha mantenido esa relación y no cometa la equivocación de creer que la incidencia es “inocente” y que nadie se enterará. Todo acaba por saberse y esa es una regla que no conoce excepciones. La mayoría de los triunfadores una vez han tomado la decisión de atacar la cumbre, ponen término a todas las relaciones privadas susceptibles de originar equívocos. Saben que es alterar las reglas del contacto humano y llamar al desastre. Así que pusimos término a nuestra relación. Lo que no justifico es tanto derroche de lágrimas. Tanto chantaje sentimental ..Y todo por tener a un sujeto balanceándose encima de tí, jadeando como un cachorro."

DROGAS
"¿Es esa pastillita blanca y verde que me tomo cada mañana la que me ayuda a no llorar? ¿Esa pastillita que el medico me recetó, ese concentrado milagroso de fluoxicetina, es la que hace que las preocupaciones me resbalen como el agua sobre una sarten engrasada?. ¿Es la paz o el prozack? No lo sé."

ROCANROL
"La música que yo había conocido y amado era dulce y tranquila, metódica, pausada, con un orden interior y una razón de ser. Las notas se dividían en redondas, blancas, negras, corcheas, semicorcheas, fusas y semifusas. Una redonda equivalía a dos tiempos de blanca, una blanca a dos tiempos de negra y así sucesivamente.
El pentagrama se dividía en compases que sólo podían albergar un número exacto de tiempos y estaba presidido por una clave, de sol o de fa, que determinaba la manera de ser de las notas. Todo poseía un orden estricto, una razón de ser clara, una lógica. Pero la música que Gonzalo escuchaba no se podía transcribir a un pentagrama. El compás era fácil de identificar, cuatro por cuatro. Todo lo demás era el caos. Las voces desafinaban y se iban de tono, las guitarras distorsionaban y chirriaban, el bajo se salía de compás. A veces no había melodía, y en otras la melodía se repetía con machacona insistencia hasta hacerse insufrible. Intenté a pesar
de todo mostrarme interesada. Aprendí a seguir el ritmo con los pies como hacía Gonzalo cuando leía, determiné que la mayoría de las composiciones de Hendrix estaban escritas en tono menor, me aprendí de memoria las letras de todas las canciones de los Stones, y hubiese podido solfear varias de los Kinks. "

TRABAJO
"Gran parte de mi vida, por no decir toda, la vivo encerrada en un despacho, tecleando sin parar. Cada día produzco más y más información. Ha llegado un punto en que mi memoria está duplicada, y la memoria exteriorizada en archivos y basos de datos supera a la almacenada en mi cerebro biológico. Una gran cantidad de información se guarda en mi ordenador.Los diskettes y la memoria RAM contienen cifras y datos precisos, archivados por orden alfábetico en carpetas y
subarchivos, fácilmente localizables. Esta información procesada en dígitos binarios conforma mi identidad laboral, la que me identifica frente al mundo. Luego está mi otra memoria. Dentro de mi cabeza navegan recuerdos difusos almacenados sin orden ni categorías. Recuperarlos no es fácil. Imágenes olvidadas, nombres que ya no se recordaban, dolores que creía enterrados. A partir de ellos, supongo, se construye mi verdadera identidad, mi vida propia ¿Acaso la tengo?
En casa dispongo de agua caliente, sábanas limpias, lavadora y televisión con antena parabólica. Pero apenas tengo tiempo para mí misma. Doce horas diarias de mi tiempo están hipotecadas para conseguir el dinero que pague esos lujos que no puedo disfrutar. Doce horas diarias de mi tiempo enclaustrada en un despacho de tres por tres metros cuadrados, batallando contra el lotus, sometida a una presión de treinta mil atmósferas."


SEÑAS DE IDENTIDAD
"Empujo decidida la puerta de mi apartamento conceptual, estrictamente monocromático. Todos los objetos de adorno han sido eliminados. Resulta moderno. Sofá negro por elementos diseño Philip Stark. Mesa de metacrilato transparente. Televisor ,vídeo y equipo de alta fidelidad negros. Incluso los CDs (música clásica, en su mayoría) están almacenados en un mueble negro diseñado específicamente para albergarlos. Estanterías negras, ceniceros negros, lámpara negra. Alfombra
irreprochablemente aspirada, y negra. Hasta el ordenador portátil es de color negro. Y al fondo, en la pared, una enorme ampliación en blanco y negro de una foto de Diane Arbus, que me costó un ojo de la cara. Es el único toque personal que me he permitido en este entorno minimalista."


DEPRESION
Y mientras conducía de vuelta a Madrid, enfrentada a la perspectiva de tener que enfrentarme a una sucesión infinita de días iguales, grises, borrosos y anodinos, sola, esclavizada, condenada a jugar como peón en un tablero que no entendía,sin compañero ni amantes, sin hijos, sin amigos íntimos, pensé más de una vez en soltar las manos del volante y dejar que el coche se despeñara por una curva. Pero no lo hice porque, en el fondo,soy idéntica a mi ordenador, que dispone de una batería de emergencia que se conecta automáticamente en caso de un fallo en la corriente eléctrica.
Diseñada para durar. Programada para seguir adelante.



Sobre "Beatriz y los cuerpos celestes".

"La casualidad juega un papel crucial en cada historia. Cada proceso evolutivo se caracteriza por una poderosa aleatoriedad. El choque de un rayo cósmico con un gene diferente, la producción de una mutación distinta... nanosegundos de consecuencias profundas, quizá no evidentes al principio, pero cruciales al cabo de unas eras. Cuanto más tempranamente ocurren los acontecimientos críticos, más poderosa será su influencia sobre el presente. Y este axioma se admite para la historia, para la biología, para la astronomía... Para nuestra propia vida.
Nacemos determinados por una serie de condicionantes, materiales y emocionales. Podríamos haber nacido en otra casa, en otro país. Podríamos haber sido más o menos ricos, más o menos queridos. El sitio a donde fuimos a parar, las personas que nos criaron, las enseñanzas que nos transmitieron, la percepción de nuestra persona que nos hicieron admitir, el afecto que nos profesaron... Eso marca.
Pero tiendo a creer, quiero creer, que aunque nacemos con unas cartas dadas está en nuestra mano cómo jugarlas.
Una radiación, bautizada por científicos como el Fondo Cósmico de Microondas, constituye el origen de la vida y lleva en sí la huella de la materia oscura y la materia brillante. Inunda el universo, lo impregna todo, pero no está asociada a ningún objeto en particular. A fin de cuentas de cuentas todos somos una parte de un todo mucho más grande que nos integra, todos llevamos dentro el caos y el orden , la creación y la destrucción. Todos somos al mismo tiempo víctimas y
responsables de nuestra propia vida."

Del amor, de Dios, y de la Literatura , cada cual tiene su propia idea.
En varios cuentos y en una novela he incluido esta misma frase. Al referirnos a entelequias, a conceptos abstractos que existen en la mente del hablante, y quizá también del receptor - pero eso nunca se sabe - , resulta a veces inevitable que los más diversos significados acaben por asociarse a un mismo significante. En numerosas ocasiones he acudido a presentaciones o tertulias literarias y me ha dado la impresión que el concepto que allí se manejaba de literatura no tenía nada que
ver con el mío, y sin embargo, eso no quiere decir que considerase que dicho concepto estaba equivocado, puesto que no considero al mío excluyente. En realidad podrían existir tantas definiciones de literatura como maneras de acercarse a una obra literaria y es sabido que para una misma novela, por ejemplo, pueden existir multitud de diferentes interpretaciones. Y no hablo solo de interpretaciones críticas, sino de la interpretación que cada lector hará de una misma obra. De esta manera el escritor no hace sino dejar un testimonio que puede ser entendido de tantas maneras como lectores se acerquen a él, y por lo tanto una visión de un libro jamás puede ser cerrada ni concluyente. En este sentido la pretensión de la crítica de descifrar los textos literarios se convierte en algo pretencioso e inútil Darle a un texto un único significado válido supone imponerle un límite, dotarlo de un significado final, cerrarlo. Y supone, también, imponer un tipo de control sobre el lector, negarle su libertad y su criterio.
Creo que yo nunca he tenido vocación literaria de esa manera mística en la que algunos la entienden. Jamás he soñado con crear una obra inmortal ni con que mi biografía pasara a engrosar las enciclopedias de la literatura. Yo escribo porque no tengo más remedio, y si algún día dejo de sentir esa necesidad, si de verdad me acomete el famoso terror al folio en blanco del escritor - que yo nunca he experimentado - dejaré de escribir como en su día dejé de pintar: sin remordimientos ni crisis de conciencia.
En mi caso la necesidad de escribir se explica por una urgencia casi desesperada de recomponer los dispersos elementos que podrían dar sentido a mi existencia y de buscarles una explicación. La literatura para mí es un entretenimiento, una catarsis y una terapia. También es un compromiso, y una forma de denuncia, de exponer problemas, de plantear preguntas.
Yo me lo paso bien escribiendo, disfruto inventando historias, rehaciéndolas, buscando palabras y ordenándolas como quien descifra crucigramas. Durante la mayor parte de mi vida la escritura ha sido una distracción, un pasatiempo. Nunca, hasta hace poco, me había parado a pensar en que se pudiese convertir en mi ocupación profesional, probablemente porque nadie en mi entorno me animó nunca a ello o pensó que yo pudiera poseer auténtico talento, y, en consecuencia, yo tampoco lo pensé nunca.
En el otoño de 1996 yo atravesaba una de las tantas crisis de otoño que he atravesado a lo largo de mi vida : en aquel otoño en concreto la persona con la que vivía acababa de dejarme y estaba harta de mi trabajo, una ocupación tediosa y estresante que acaparaba diez horas diarias de mi vida. Para consolarme y para distraerme empecé a escribir a aquella persona que me había abandonado una serie de cartas diarias, pequeños cuentos o alegorías de apenas dos páginas en los que iba narrando en tono irónico diferentes aspectos de mi existencia y de las personas que me rodeaban . Seguí haciendolo durante casi un mes, hasta que aquella persona - carente del más mínimo criterio literario, como ha quedado demostrado - me suplicó que dejara de enviárselas. Entonces, desesperada, me puse a escribir un cuento: La mujer burbuja. En él narraba la historia de una mujer que se pasaba la vida intentando crearse a su alrededor un entorno doméstico acogedor y apastelado para olvidar la violación que había sufrido en la adolescencia, y cómo esta vida ilusoria se le derrumba de repente al conocer la noticia de la muerte de su violador . En el cuento mezclé dos historias: la de mi propia violación y la impresión que me causó el ver que en el funeral de uno de mis amigos la más afectada no parecía ser su novia oficial, sino la novia del mejor amigo del difunto, que había mantenido con el fallecido una breve relación en la primera adolescencia. A partir de estas dos historias construí un relato que no era ni mi historia ni la de aquella chica, sino la historia de una tercera persona, una historia que había dejado de
pertenecerme, que pertenecería desde entonces a aquél que la leyera y que ilustraba la situación que yo estaba atravesando: la de las personas que se empeñan en vivir vidas que en realidad no desean, pero que su entorno les ha señalado como las más aceptables socialmente. Ni la chica de mi cuento quería ser en realidad ama de casa ni yo había nacido para trabajar en una oficina. En cuanto acabé el cuento se me vino a la cabeza una especie de iluminación - y copio el concepto de
Rimbaud y de Carson Mc Cullers para referirme a la imagen repentina que te viene al cerebro para darte la idea de una obra literaria - y se me ocurrió escribir una serie de cuentos en el que los personajes secundarios de una historia fuesen los protagonistas de otra, un poco a la manera de las historias de Esclavos de Nueva York, de Janowitz. Contaba, para empezar, con la historia de la mujer burbuja y con los cuentos cortos que había ido escribiendo durante ese mes. En dos meses
había acabado el borrador de una obra titulada Exceso de testosterona, que un año después saldría publicada con el nombre de Amor, curiosidad, prozack y dudas, aumentada, recorregida y convertida en novela después de reescribir ocho versiones diferentes.
En Amor, curiosidad... me limité a coger trozos de la realidad que flotaba a mi alrededor para reinterpretarlos y asignarles un sentido. De esta manera reelaboré diferentes vivencias tanto mías como ajenas para integrarlas en una especie de mosaico que una vez terminado intentaría reflejar la imagen de una serie de personajes urbanos entre los veintipocos y los treintatantos años condenadas a vivir unas vidas que en realidad no les pertenecían por derecho, y que habían acabado eligiendo por imposiciones de cultura y educación. Pero las historias que narraba, si bien tenían un cierto parecido con historias que había vivido o que me habian contado, no habían sucedido en la realidad, sino que surgieron de mi cabeza de la misma forma en que se gestan los sueños: se trataba de historias que yo no había vivido, pero que sin duda encontraban su raíz en mis propias experiencias, de la misma forma que las imagenes oníricas se relacionan con acontecimientos vividos, aunque yo misma sea incapaz, tanto con mis sueños como con las historias que escribo, de encontrar la conexión exacta entre lo vivido y lo imaginado.
Beatriz y los cuerpos celestes, mi segunda novela, surgió a partir de dos ficheros diferentes: el primero incluía las notas que había ido recopilando para escribir una tesis que finalmente abandoné sobre Identidad, sexo, rol y género ; el segundo era un guión que escribí a los veintiseís años y en el que reelaboraba diferentes historias vividas en mi adolescencia: la relación con una de mis mejores amigas, politoxicómana, que se dedicaba a comerciar con drogas para poder financiarse su consumo, y el contacto episódico que mantuve con algunas bandas de adolescentes de mi barrio, integrados en comandos de Fuerza Nueva y de la CEDADE, que salían a la calle a los dieciocho años armados de bates de béisbol y de pistolas que probablemente no sabían manejar. De esta manera fui construyendo el relato de un mundo en el que a las chicas se nos preparaba para afrontar una vida muy distinta que la que nos íbamos a encontrar: se nos enseñaba a ser chicas buenas y calladitas sin avisarnos de que si queríamos sobrevivir tendríamos que ser, más bien, todo lo contrario. A la hora de comenzar a escribir la historia decidí que la narradora debería situar su relato desde un tiempo posterior al que acontecieron los hechos, pues solo así lograría encontrar la distancia suficiente para que ella pudiera explicar lo sucedido - un embrollo de encuentros, desencuentros, y encontronazos - con objetividad. La situé pues en un tiempo y en un lugar distintos al de la acción : cuatro años después y en Edimburgo, un lugar que me fascina por el contraste que se abre en una ciudad relativamente pequeña entre la periferia (un
cinturón de verguenza constituido de enormes barriadas de hormigón integradas por infinidad de pisos oscuros y diminutos) y el centro ( una zona de elegantes edificios victorianos en el que residen estudiantes, intelectuales, escritores y artistas). Por otra parte me fascinaba la oposción literaria que podía establecerse entre una Madrid horizontal y luminosa y una Edimburgo sombría y vertical. Yo no contaba con que Edimburgo se me iba a rebelar y que los personajes que allí residían acabarían cobrando tanto protagonismo en la historia como los que pululaban por Madrid, y de pronto empezaron a invadir mis páginas trasuntos de algunos de los sujetos que yo había conocido durante mis estancias en Edimburgo: Barry, el astuto traficante de drogas, Cat la fascinante camarera lesbiana, y Aylsa, la Dj enamorada de Cat, diminuta e insignificante como un ratón. Me encontré de pronto con una historia que sucedía en tres planos temporales diferentes: la infancia de la protagonista, trancurrida en el clustrofóbico interior de su casa, junto a su madre (una epiléptica que utiliza su enferemedad como arma para culpabilizar a su marido y a su hija por la escasa atención que le prestan) y su padre afectivamente incapacitado; su adolescencia, una epopeya en permanente busca de amparo y protección, una huida hacia delante en la que la protagonista se verá envuelta en una serie de episodios violentos en un esfuerzo desesperado e inútil por proteger y ayudar a su mejor amiga, la única persona que le ofrece afecto y apoyo; y su juventud en Edimburgo, unos años meláncolicos y solitarios empañados de la inevitable nostalgia por su ciudad natal. En esta novela volví a escribir una historia sobre personajes que acababan abocados a unas vidas que no habían planeado ni buscado, seres que simplemente habían ido dejándose arrastrar por los acontecimientos sucedidos en su vida, hasta que cada uno de ellos había acabado por ocupar una casilla asignada dentro de una especie de tablero de ajedrez en el que les había tocado jugar.
En realidad creo que yo escribo sobre cómo los condicionantes externos: sociedad, cultura, familia, escuela, medios de comunicación ... nos llevan a aceptar como nuestras ciertas ideas, ciertas formas de vivir la vida, ciertas opciones sexuales, ciertos automatismos violentos, ciertos comportamientos y reacciones que asumimos como nuestros sin detenernos a analizar hasta que punto no nos estamos limitando a imitar a nuestros mayores, a repetir esquemas aprendidos en la primera infancia y grabados a fuego en el subconsciente. Escribo sobre el punto de libre albedrío en el que una persona puede decidir o no asumir las riendas de su propio destino y optar a partir de ese momento por elaborar un plano del tipo de vida que conscientemente desea vivir. Para explicarlo con un ejemplo: está demostrado que todos los asesinos en serie han sufrido experiencias de abuso y maltrato durante su infancia. Sin embargo, no todos aquellos que han sido sometidos a experiencias de abuso y maltrato acaban por convertirse en asesinos, ni siquiera necesariamente - aunque así sea en casi el 90% de los casos - en sujetos agresivos. En algún
momento algunas personas han sido capaces de sobreponerse a sus condicionantes de educación y ambiente y a imponer su propia identidad por encima de los comportamientos aprendidos. Ese punto de decisión propia es el que a mí me interesa describir, y por eso suelo escribir sobre vidas que se sitúan en el límite de la cordura, vidas dificiles, poco convencionales. Como todas, al fin y al cabo. Porque, como se citaba en un pasaje de Beatriz.., en la vida todas las sendas de lo posible están abiertas a los pasos de lo real. Pero no todos somos tan sabios como para comprenderlo ni tan audaces como para trazar un itinerario.
Sobre "Nosotras, que no somos como las demás"

Las protagonistas:

RAQUEL LOPEZ MARQUES

25 años. Licenciada en Bellas Artes. Considerada una de las modelos   más relevantes de la última hornada, ha sido portada de las ediciones españolas de Elle, Vogue y Marie Claire.

ELSA GUERRERO BAWCUTT

28 años. Doctorada en Filología Inglesa.Ha publicado su tesis de fin   de carrera, un ensayo sobre John Milton titulado El paraíso perdido y el viaje interior, así como una novela, La más fatal de las mujeres fatales, que constituyo un succès d´estime, esto es, que fue muy calurosamente aclamada por la crítica pese a su más que modesto éxito de  ventas. Trabaja como correctora, traductora y como articulista en diversos suplementos culturales.

SUSI GARDELA ROCAFORT

30 años. Licenciada en derecho. Trabaja en el departamento de asesoría fiscal de una conocida multinacional norteamericana. Excelente deportista, nada a diario.

MARIA RUBERT DE BERNAUS USLE

Licenciada en empresariales, habla a la perfección el inglés y el francés y domina el italiano a nivel conversación. Jefa de marketing de la multinacional previamente citada.

 

VIDA ? DROGAS CURIOSIDADES
PERRA LIBROS EL MUNDO ES ASÍ MENSAJES