Móviles y Salud: Algunos datos que los consumidores deben conocer
Julio de 2001
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Un informe dirigido por Rubén Sánchez García,
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Este informe también está disponible en el número 8 de la revista ‘Dossier FACUA’ y en la página web www.facua.org/facuasalud/movilesysalud, donde se incluyen enlaces a los informes, instituciones y empresas que aparecen subrayados en el presente informe.
Indice
1. Introducción
2. Las primeras denuncias
3. ¿Qué tipo de radiaciones emiten los móviles y sus antenas repetidoras?
4. Los efectos térmicos
5. Los efectos no térmicos
6. ¿Pueden provocar tumores o aumentar el riesgo de sufrirlos?
7. Kits manos libres: ¿reducen o aumentan las radiaciones?
8. Móviles y niños
9. ¿Qué hacen los gobiernos?
10. ¿Existe una antena en tu edificio o pretenden instalar una?
11. ¿Qué debes tener en cuenta al comprar y utilizar un teléfono móvil?
1. Introducción
"La industria ha fomentado la creencia de que los teléfonos móviles son seguros, sin ninguna evidencia que la respalde
". La frase es del neurólogo estadounidense W. Ross Adey, presidente del Consejo Nacional Americano de Protección contra las Radiaciones, quien durante mucho tiempo realizó investigaciones para Motorola sobre las ondas electromagnéticas emitidas por la telefonía móvil. "Me frustra ver el poder que tiene el dinero para manipular las investigaciones y a los reguladores del Gobierno", advierte Adey. "La industria está mintiendo".Interfieren en los aparatos de navegación que incorporan los aviones, son capaces de alterar la sensible maquinaria de las salas de vigilancia intensiva de los hospitales, dejan sentir sus interferencias en aparatos de radio, televisores, monitores de ordenador y también en los teléfonos fijos. Pero, ¿provocan las radiaciones de la telefonía móvil daños sobre el organismo humano? Cientos de estudios sobre el tema defienden posturas contrarias. Desde los que advierten que no hay absolutamente ningún motivo para la alarma hasta los que llegan a señalar el riesgo de inducción de tumores cerebrales.
Pero de lo que no hay ninguna duda es de que las compañías de telecomunicaciones y los fabricantes de teléfonos móviles han llenado las ciudades con sus antenas y seducido a los consumidores con sus multimillonarias campañas publicitarias sin constatar previamente la inocuidad de las radiaciones que permiten la comunicación a través del nuevo juguete y símbolo de ostentación del siglo XXI.
Y ello ante la mirada pasiva de la mayoría de los gobiernos que, después de demasiados años cruzados de brazos, han comenzado a reaccionar ante las presiones de parte de la comunidad científica y de la opinión pública, aunque no siempre con la agilidad y la contundencia esperadas frente a un posible problema de salud pública.
Quién sabe si su dejadez les llevará a encontrarse en una situación similar a la provocada por el mal de las
vacas locas, en la que la falta de actuación ha puesto en riesgo la salud de millones de consumidores. Hay quien vaticina incluso que la industria de la telefonía móvil se verá envuelta en una encrucijada tan galopante como la que atraviesa la del tabaco, que tras haber ocultado durante años los efectos mortales de su producto se viene enfrentando a demandas multimillonarias de gobiernos, consumidores enfermos y familiares de fallecidos a consecuencia de su consumo.Lamentablemente, como denuncia el informe realizado por encargo del Parlamento Europeo Los efectos fisiológicos y medioambientales de la radiación electromagnética no ionizante, "se tiende a atribuir una mayor importancia, mayor publicidad y mayor repercusión a la investigación favorable al mercado que a la investigación ajena al mercado, la cual sugiere la posiblidad de consecuencias nocivas para la salud. Un ejemplo de ello es la reciente publicación de un estudio epidemiológico de los EE.UU., en el que el descubrimiento, estadísticamente importante, de un elevado riesgo entre lo usuarios de teléfonos móviles de incidencia de un tipo poco común de tumor (neuroma epitelial) en la periferia del cerebro, precisamente donde se da la máxima penetración de radiación desde el teléfono móvil (lateralidad que también está relacionada con el uso del teléfono) se pasó por alto y escapó completamente de la atención de los medios de comunicación que, en su lugar, se concentraron en el descubrimiento de que no había un incremento ‘global’ de la incidencia de los tumores cerebrales entre los usuarios de teléfonos móviles".
El citado informe también denuncia que "el escepticismo de la gente se ve exacerbado, aún más, por los informes de la industria de telefonía móvil y por sus intentos de ‘persuadir’ a aquéllos cuyos descubrimientos pudieran dañar el crecimiento del mercado hasta el punto de alterar realmente los resultados para hacerlos más ‘favorables al mercado’".
En cualquier caso y estén o no en lo cierto quienes alertan de los peligros de la telefonía móvil o aquellos que advierten que no se trata más que de estudios sin solvencia demasiado arropados por la prensa, el debate está servido. Y los consumidores esperan respuestas impacientes.
2. Las primeras denuncias
En 1992, el neurocirujano norteamericano David Reynard presentó una demanda en un tribunal de Florida contra
NEC, sosteniendo que el uso de un teléfono móvil de la marca había sido el responsable del cáncer que acabó con la vida de su esposa, que había desarrollado un tumor detrás de la oreja derecha, donde siempre sostenía el teléfono. Tres años después, la demanda fue desestimada por falta de pruebas científicas.Pero el juicio y su repercusión mediática (Reynard contó su historia en el popular programa de la
CNN Larry King Live) desataron cientos de estudios científicos, muchos de ellos financiados por los fabricantes de móviles con el prefijado objetivo de demostrar su inocuidad.El rotativo británico The Express se hizo eco en agosto de 1997 de las denuncias de alrededor de un centenar de ingenieros de British Telecom (
BT) que advertían que los teléfonos móviles provocan serios problemas de salud. Algo que fue rotundamente denegado por la compañía.Dos años después, Steve Corney, que trabajó durante diez años como ingeniero de BT, anunció una demanda contra la empresa aludiendo que el uso prolongado de teléfonos móviles le provocó daños en el cerebro. Los familiares de Corney, que padece demencia precoz, están convencidos de que la enfermedad se debe a su trabajo, que le obligaba a usar el móvil durante una media de cinco horas al día ya que el ingeniero debía verificar la fuerza de las señales. "Todo fue bien mientras usé el móvil analógico", declaró Corney al diario británico Sunday Mirror, "luego pasamos a los digitales y comencé a tener problemas de memoria. Ni siquiera me acordaba de lo que acababa de hacer". El denunciante tuvo que abandonar el caso por falta de evidencias científicas que asociasen su enfermedad al uso de teléfonos móviles.
En agosto de 2000, un neurólogo de Baltimore (Maryland, EE.UU.), Christopher Newman, formalizó una demanda contra siete empresas de la industria de la telefonía móvil (
Verizon Communications, Motorola, Bell Atlantic, Bell Atlantic Mobile, Southwestern Bell Mobile Systems, Washington/Baltimore Cellular y SBC Communications), la Asociación de la Industria de Telecomunicaciones Móviles (CTIA, en sus siglas en inglés) y la Asociación de la Industria de Telecomunicaciones (TIA). El doctor Newman reclamaba una indemnización de 800 millones de dólares (929'64 millones de euros) asegurando que el tumor cerebral detrás de la oreja derecha que le diagnosticaron en 1998 le fue provocado por los teléfonos móviles, que venía usando de forma frecuente cada día desde 1992.En la actualidad, la abogada de Newman está siendo ayudada en su demanda por el célebre abogado Peter G. Angelos. El despacho de Angelos, con sede central en Maryland y un ejército de 110 abogados repartidos por oficinas en seis estados, logró que el Estado de Maryland ganase su litigio contra la industria tabaquera, que tuvo que pagar 4.200 millones de dólares (unos 4.881 millones de euros).
A comienzos de 2001, Angelos demandó a veinticinco de las principales empresas de la industria de la telefonía móvil (desde compañías como Verizon Communications,
Sprint PCS y Reston-based Nextel Communications Inc hasta fabricantes como LM Ericcson AB, Matsushita, Motorola, Nokia, NEC, Philips, Samsung, Sanyo y Sony) acusándolas de poner en el mercado su tecnología a sabiendas de que emite radiaciones peligrosas para sus usuarios. El abogado alega que existen vínculos entre el uso de los teléfonos móviles y el aumento de riesgos para la salud, incluyendo daños en funciones básicas cerebrales, irregularidades genéticas y un aumento en la vulnerabilidad a toxinas e infecciones. En su demanda, presentada en los estados de Maryland, Pensilvania, Nueva Jersey y Nueva York, Angelos pide que se obligue a las compañías a regalar sistemas manos libres a sus usuarios para reducir las radiaciones recibidas de los móviles. Curiosamente, un reciente estudio, realizado por la Asociación de Consumidores de Gran Bretaña, advierte que los kits manos libres pueden multiplicar estas radiaciones.Angelos se ha asociado con la firma de abogados de Robert Gordon,
Weitz & Luxenberg, de Maiden Lane (Nueva York, EE.UU.), para trabajar en varios casos contra la industria de la telefonía móvil. Una de estas demandas es la de un joven ex empleado de Motorola que se dedicaba a probar teléfonos móviles y que ha desarrollado dos tumores cerebrales. El bufete de Gordon, que cuenta con cuarenta y un abogados, también es famoso por sus victorias en pleitos contra las tabaqueras y por haber logrado indemnizaciones por valor de más de 340 millones de dólares (alrededor de 395 millones de euros) para afectados y familias de fallecidos por cáncer y enfermedades respiratorias a consecuencia de la exposición prolongada al amianto, de los que ha representado a más de 17.000 clientes.En
declaraciones a la revista Quo, Gordon ha señalado que los casos anteriores que no prosperaron "no estaban lo suficientemente documentados". "Estos litigios son muy costosos, muy largos, las grandes corporaciones tienen mucho dinero y firmas de abogados de miles de personas. Esta es sin duda alguna una lucha como la de David contra Goliat", dice Gordon, quien se muestra convencido de que "vamos a tener una epidemia de casos dentro de unos años".En Europa han prosperado ya dos demandas contra empresas de telefonía móvil, relacionadas con los posibles daños de las antenas repetidoras.
El 27 de septiembre de 2000, la Audiencia de Frankfurt (Alemania) dictó una
sentencia de carácter preventivo por la que prohibió con efectos inmediatos a la compañía operadora De TeMobil Deutsche Telekom MobilNet GmbH el funcionamiento de una antena instalada en el campanario de la Comunidad Evangélica de Oberursel por motivos de salud. La sentencia señala que los treinta y ocho demandantes demostraron que "la instalación montada por la demandada (...) emite radiaciones pulsantes de alta frecuencia que representan un serio peligro para la salud de los demandantes". Tomando como referencia investigaciones realizadas por el doctor Lebrecht von Klitzing y las advertencias del SSK, organismo alemán para la protección contra radiaciones, la Audiencia consideró poco segura la normativa alemana que regula las emisiones de estas antenas, basada esencialmente en las recomendaciones de los organismos internacionales de estandarización Icnirp e IRPA.Cinco días después de la sentencia alemana, el 2 de octubre de 2000, una jueza de Bilbao (España) dictó una providencia instando a precintar y desconectar los elementos eléctricos de una antena repetidora de
Airtel (controlada por la británica Vodafone) tras la denuncia de un matrimonio que vive en el inmueble donde estaba instalada, cuya hija padece (con anterioridad a su instalación) una enfermedad denominada TDAH (transtorno por déficit de atención con hiperactividad). La pareja había aportado sendos informes, que desaconsejaban el funcionamiento de la antena en el edificio, emitidos por un psiquiatra y un ingeniero de Telecomunicaciones. El segundo se remitía al Informe Steward, elaborado por encargo del Gobierno británico, que advierte que las lagunas científicas y epidemiológicas que hay sobre las radiaciones de la telefonía móvil justifican tomar precauciones, especialmente entre la población infantil.3. ¿Qué tipo de radiaciones emiten los móviles y sus antenas repetidoras?
La telefonía móvil utiliza la física de propagación de las ondas electromagnéticas. Así, éstas viajan a través del aire desde las antenas emisoras hasta las receptoras alcanzando una velocidad cercana a la de la luz, permitiendo al usuario enviar y recibir información sin apenas limitaciones espaciales.
Para hacer posible esta comunicación es necesaria una red de antenas repetidoras, denominadas estaciones bases transceptoras (EBT). En las zonas rurales, las EBT se montan sobre mástiles o torres, mientras que en las áreas urbanas se ubican en puntos elevados, generalmente las azoteas de los edificios.
Las llamadas radiofrecuencias (RF) pueden producirse con una intensidad variable en un intervalo que va desde los 3 KHz (kilohercios) hasta los 300 MHz (megahercios), y no sólo los teléfonos móviles constituyen una fuente de radiofrecuencias en nuestro entorno más o menos inmediato. Según publica la Organización Mundial de la Salud (
OMS) en su informe Campos electromagnéticos y salud pública. Efectos de las radiofrecuencias en la salud, entre las fuentes más comunes de campos de radiofrecuencias se encuentran:- Monitores y pantallas, entre 3 y 30 KHz.
- Aparatos de radio AM, entre 30 KHz y 3 MHz.
- Aparatos de radio de FM, entre 30 MHz y 300 GHz (gigahercios).
- Receptores de televisión, hornos microondas, teléfonos móviles, entre 0,3 y 3 GHz.
- Aparatos de radar, sistemas de comunicaciones por microondas, entre 3 y 30 GHz.
- Radiaciones solares, entre 3 y 300 GHz.
La OMS puso en marcha en 1996 el
Proyecto Internacional sobre Campos Electromagnéticos con el objetivo de evaluar los efectos sanitarios y medioambientales que se derivan de la exposición a campos eléctricos y magnéticos en la gama de frecuencias de cero a 300 GHz. Sus conclusiones no estarán disponibles probablemente antes de 2005.En función de sus efectos sobre la materia y los seres vivos, pueden distinguirse dos tipos de radiaciones electromagnéticas: las ionizantes y las no ionizantes.
Las radiaciones ionizantes son de frecuencias muy altas (como las de los rayos X y gamma) y su energía es tal que es capaz de producir ionización, es decir, ruptura de enlaces atómicos (un fotón incide sobre un átomo haciéndole perder un electrón). Cuando los enlaces atómicos afectados forman parte del material genético de las células, este daño puede provocar, de no ser reparado por el sistema, mutaciones que pueden derivar en cánceres, malformaciones congénitas o defectos en el desarrollo.
Las radiaciones de frecuencias más bajas, como las radiofrecuencias en las que operan los sistemas de telefonía móvil, son, según indican las investigaciones, demasiado débiles para romper enlaces atómicos, por lo que reciben el nombre de no ionizantes. Sin embargo, las radiofrecuencias no ionizantes no están exentas de producir efectos en los organismos, aunque no hay consenso a la hora de determinarlos.
Se vienen realizado diferentes tipos de estudios con el fin de aclarar los posibles efectos nocivos de las radiaciones electromagnéticas de baja frecuencia: por una parte estudios epidemiológicos, haciendo análisis estadísticos de los historiales médicos de pacientes con patologías con el fin de determinar si pudieran ser atribuibles a las radiofrecuencias de la telefonía móvil; por otra parte, las pruebas estandarizadas llevadas a cabo en una muestra concreta bajo un protocolo determinado. Pero estos estudios tienen muchas dificultades como por ejemplo la de realizarlos en humanos, medir la radiación a la que se expone un individuo, la estandarización de los estudios (no todos los individuos utilizan el mismo modelo móvil, lo colocan en el mismo sitio, viven en zonas con los mismos niveles de radiación) o la complejidad de realizar grandes estudios epidemiológicos a largo plazo, ya que el uso del teléfono móvil se ha extendido hace relativamente poco tiempo.
El profesor Diego Pablo Ruiz Padillo, del
departamento de Física Aplicada de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Granada, que trabaja en el estudio de las radiofrecuencias, señala que uno de los grandes escollos con los que tropieza la investigación científica es la dificultad de reproducir en laboratorio las condiciones de exposición natural.El biofísico Gerard H. Hyland, del departamento de Física de la
Universidad de Warwick, Coventry (Gran Bretaña) y el Instituto Internacional de Biofísica Neuss-Holzheim (Alemania) advierte de la dificultad que plantea la reproducción de los resultados obtenidos en un experimento como obstáculo para la aceptación de las conclusiones del mismo. El fracaso de los intentos de replicar los experimentos que han mostrado indicios preocupantes radica en la dificultad de procurar idénticas condiciones debido a la singularidad de los organismos vivos y de las respuestas que emiten ante similares estímulos.4. Los efectos térmicos
Las radiofrecuencias tienen efectos térmicos: es lo que aprovechan los microondas para calentar la comida.
Según explican los doctores Alejandro Ubeda Maeso y María de los Angeles Trillo Ruiz, del
Servicio de Bioelectromagnetismo del Hospital Ramón y Cajal de Madrid (España), en la revista Radioprotección, editada por la Sociedad Española de Protección Radiológica (SEPR), los efectos nocivos comprobados bajo una exposición a radiofrecuencias están relacionados con la capacidad que éstas poseen de inducir corrientes eléctricas en los organismos, provocando una elevación de la temperatura interna del sistema. Si este incremento de temperatura es menor de 1ºC la sangre que circula es capaz de disipar el exceso de temperatura. Sin embargo, el informe indica que "en ciertas estructuras poco vascularizadas [como el interior del ojo] este incremento puede no ser equilibrado por el sistema con facilidad y ocasionar daños".Diversas comisiones de expertos han establecido unos valores máximos por debajo de los cuales consideran que la exposición a radiofrecuencias carece de efectos térmicos nocivos sobre la salud. Estos límites han sido tomados como punto de partida para la elaboración de normativas de seguridad de aplicación tanto nacional como internacional ya que, según asegura gran parte de la comunidad científica, están basados en la evidencia experimental disponible hasta la fecha. Entre las recomendaciones y estándares más difundidos se encuentran los fijados por la Comisión Internacional sobre Protección frente a Radiaciones No-Ionizantes (
Icnirp, en sus siglas en inglés), la Asociación Internacional para la Protección frente a Radiaciones (IRPA, en sus siglas en inglés), el Comité Europeo de Normas Electrotécnicas (Cenelec) y por el Instituto Nacional de Estándares Americanos y el Instituto de Ingenieros Eléctricos y Electrónicos (ANSI/IEEE).Los límites pueden venir expresados en dos magnitudes: la densidad de potencia (S) y la tasa de absorción específica (SAR, en sus siglas en inglés). La primera de ellas describe la potencia de la radiación en el aire, es decir, sin tener en cuenta su interacción con un cuerpo expuesto a ella. Se expresa en vatios por metro cuadrado, expresando la potencia que incide perpendicularmente en una superficie dividida por el área de la superficie.
En cuanto a la tasa de absorción específica (SAR), mide la forma en que una radiación es absorbida por un cuerpo. Se define como el valor de energía absorbida por unidad de masa de tejido corporal, y se expresa en vatios por kilogramo (W/kg). Su valor depende tanto de la energía que lleva la radiación electromagnética como de la cantidad y tipo de tejido expuesto.
En una Recomendación del Consejo de la UE de 12 de julio de 1999, se establece un límite para frecuencias comprendidas entre 100 KHz y 10 GHz de 0’08 W/kg para el cuerpo entero y 2 W/kg para el SAR localizado en cabeza y tronco. Estos valores máximos pretenden expresar la cantidad de energía que puede absorber el cuerpo sin que el aumento de temperatura sea nocivo. Más estricta es la regulación en EE.UU., donde el límite máximo de SAR en localizado en la cabeza se sitúa en 1'6 W/kg. En la actualidad pueden encontrarse fácilmente móviles cuya tasa de absorción específica en cabeza es inferior a 0'3 W/kg.
Sin embargo, no todos los colectivos ni todos los científicos se muestran conformes con los límites considerados inocuos en lo que a exposición a radiofrecuencias se refiere. Según el neurólogo estadounidense y presidente del Consejo Nacional Americano de Protección contra las Radiaciones W. Ross Adey, el nivel de 1’6 W/kg establecido por la Comisión Federal de Comunicaciones de EE.UU. se ha elegido de forma "arbitraria" y "no significa que los teléfonos que emitan más radiación sean peligrosos para la salud".
En relación al SAR (también conocido como Coeficiente de Absorción Específica, CAE), el
Parlamento Europeo, en su informe de marzo de 2001 Los efectos fisiológicos y medioambientales de la radiación electromagnética no ionizante, advierte que "la industria de la telefonía móvil debería aclarar a los consumidores que el CAE (que en algunos países aparecerá en breve anunciado en el aparato) sólo hace referencia al grado en que las emisiones de microondas desde la antena pueden calentar el tejido biológico y que, de ningún modo, es aplicable a los efectos no térmicos que las emisiones de un teléfono móvil tienen sobre el usuario". Se trata de un estudio realizado por el Departamento de Física de la Universidad de Warwick, en Coventry (Reino Unido), junto con el Instituto Internacional de Biofísica de Neuss Holzheim (Alemania), bajo la dirección del biofísico Gerard H. Hyland.
5. Los efectos no térmicos
Si las dudas sobre los posibles efectos térmicos de los móviles son de por sí inquietantes, el problema se agrava cuando una serie de estudios señalan posibles efectos no térmicos.
Algunos estudios han apuntado efectos sobre el comportamiento de los sujetos (aparición de estrés), alteraciones en el sistema inmunológico, incremento de la presión arterial, dolores de cabeza, ampliación del tiempo de respuesta, trastornos del sueño..., pero, sin lugar a dudas, el efecto que más preocupa a los ciudadanos es la posible inducción de tumores cerebrales o cualquier otro tipo de cáncer en el organismo.
El Informe Steward, realizado a instancias del Gobierno británico y publicado en mayo de 2000, reconoce la posibilidad de efectos atérmicos (es decir, al margen de la elevación de la temperatura corporal que se deriva las radiofrecuencias) causados por los teléfonos móviles y por sus estaciones base: "Existe evidencia científica que sugiere que pueden producirse efectos biológicos por exposiciones por debajo de estos valores de referencia [los de la Icnirp]. Concluimos que hoy en día no es posible decir que la exposición a radiofrecuencias, aunque sean inferiores a los valores nacionales está desprovista totalmente de efectos adversos para la salud, que el conocimiento que tenemos de indicios justifica la aplicación de un principio de cautela".
Las normas de seguridad aplicadas en la actualidad son "claramente inadecuadas", según el biofísico Gerard J. Hyland, que emitió en 1999 un
Memorando sobre Teléfonos Móviles y Salud en el que advierte que estas normas no consideran los posibles efectos nocivos para la salud relacionados con el hecho de que los organismos vivos pueden responder a intensidades muy por debajo de los límites marcados por las mismas. De hecho, ilustra este parecer con un ejemplo simple: la capacidad que posee una luz de flash funcionado a una cierta frecuencia de inducir ataques epilépticos en personas sensibles a ello.El informe del doctor Hyland continúa afirmando que "es totalmente irrazonable suponer que nuestro cerebro es inmune a esta agresión electromagnética cuando, por otro lado, se recalca repetidamente la prohibición de usar teléfonos móviles en los aviones bajo el argumento de que sus señales pueden interferir el sistema de control del avión". Y concluye: "las normas de seguridad existentes no protegen ni pueden proteger contra cualesquiera efectos nocivos para la salud que puedan estar ligados específicamente con la naturaleza ondulatoria de la radiación. Las habituales normas de seguridad no toman en consideración el estado viviente del organismo irradiado. Por consiguiente, la filosofía dominante debe ser considerada como fundamentalmente errónea".
Según sus propias conclusiones, la situación puede compararse con la diferencia entre poner la mano en el fuego, acto del que se deduce inmediatamente que se producirá una quemadura, y entrar en contacto con el virus de la gripe, cuyas consecuencias no serán las mismas para todas las personas: unas desarrollarán la enfermedad y otras no.
Los
experimentos llevados a cabo en 1998 por el doctor Lebrecht von Klitzing, de la Facultad de Medicina de la Universidad de Lübeck (Alemania), con voluntarios que utilizaban el teléfono móvil, mostraron que sus radiaciones provocaban alteraciones significativas en la frecuencia cerebral, manteniéndose los efectos incluso veinticuatro horas después del uso.El doctor José Luis Bardasano, director del departamento de Especialidades Médicas de la
Facultad de Medicina de la Universidad de Alcalá de Henares (Madrid, España), se encuentra actualmente desarrollando una investigación sobre la influencia que las ondas electromagnéticas de baja frecuencia pueden ejercer sobre los tejidos humanos. Según admite, "existe una reacción por parte de los tejidos humanos cuando son sometidos a radiaciones. Lo que no sabemos es si son negativas o inocuas".A pesar de su distanciamiento de posiciones alarmistas, Bardasano explica que los campos electromagnéticos (que no sólo se producen en el campo de acción de antenas de telefonía móvil, sino también, por ejemplo, en la proximidad de líneas de alta tensión) tienen la capacidad de afectar al funcionamiento de la glándula pineal, un pequeño órgano situado en el centro del encéfalo y que es el encargado de regular los ritmos vitales (conocidos como ciclos circadianos). Según explica el doctor Bardasano, la glándula pineal está sincronizada con la luz solar y, en menor medida, con el magnetismo terrestre. Una de sus funciones es la de producir por la noche una hormona: la melatonina, un antirradicales libres que produce ritmo en el organismo y actúa como un potente anticancerígeno, sobre todo frente al cáncer de mama. Y cuando una persona está sometida continuamente a un campo electromagnético, la producción de melatonina desciende.
En 1997, los científicos Javier Núñez, Rolf Veen y Raúl de la Rosa realizaron un experimento con ratones en el
departamento de Biología Animal de la Facultad de Ciencias Biológicas de la Universidad de Valencia (España). "Diseñamos el estudio para que los ratones recibieran unas dosis similares a las que está sometido un usuario medio y los resultados han sido concluyentes", explica De la Rosa. "El ciclo circadiano de los ratones, es decir, el descanso y la actividad [regulado por la glándula pineal], se ha visto afectado de forma significativa. Esto quiere decir que la radiación procedente de un teléfono móvil genera un fuerte estrés". "Evidentemente, una persona no es un ratón, pero hay que decir que el estrés se produjo de forma inmediata al recibir las llamadas y no desapareció al eliminar la radiación. Además, se pueden usar factores de escala y peso para extrapolar los resultados al ser humano, con lo cual queda manifiesto el potencial efecto sobre el sistema nervioso", concluye.Otras investigaciones se han centrado en la permeabilidad de la barrera hematoencefálica, como las efectuadas por la doctora Jocelyn Lleal, jefa del
Servicio de Bioelectromagnetismo del Hospital Ramón y Cajal de Madrid (España). Lleal constató en 1995 que, a altas frecuencias (915 MHz) y con modulación de pulso de 8, 16 y 200 Hz aumentaba de forma importante la permeabilidad de la membrana hematoencefálica. Esto significa que una serie de macromoléculas que se encuentran en la sangre pueden pasar al cerebro, exponiéndolo a las proteínas y las toxinas.Esta circunstancia fue constatada también por un estudio realizado por el neurólogo Leif Salford, de la
Universidad de Lund, de Suecia, en el que la exposición de unos ratones durante dos minutos a radiación de telefonía móvil destruía la barrera hematoencefálica, sin producir calentamiento, exponiendo los tejidos cerebrales a las proteinas y toxinas. Este resultado hace a la telefonía móvil sospechosa de favorecer la aparición de enfermedades degenerativas como Alzheimer y Esclerosis Múltiple.Una investigación realizada por una entidad alemana, la Sociedad Internacional para la Investigación de la Contaminación Electromagnética (
IGEF, en sus siglas en alemán), en 280 viviendas situadas en las cercanías de antenas de telefonía móvil, puso de manifiesto que un número significativo de personas que vivían en dichas casas desde hacía más de diez años empezaron a padecer, al poco tiempo de la instalación de las antenas, dolores de cabeza frecuentes, irritabilidad nerviosa, presión arterial alta, arritmias cardíacas, trastornos del sueño, mareos y bloqueos mentales.Un estudio realizado en 1997 en la
Clínica Mayo de EE.UU. sobre 980 personas que llevaban un marcapasos comprobó que en un 20% de los casos el uso del teléfono móvil interfería en los impulsos eléctricos de los implantes. En 7% de las ocasiones este efecto producía algún tipo de síntoma en los pacientes.Por su parte, un estudio llevado a cabo por Kenneth J. Rothman, jefe de un equipo del Instituto de Investigaciones Epidemiológicas de Newton Lover Falls, en Boston (Massachussets, EE.UU.), que revisó los expedientes médicos de más de 300.000 usuarios de teléfonos móviles y que concluyó que "la única causa letal para la cual existe un aumento de riesgo relacionado con el tiempo de uso del aparato es el accidente de circulación". Una investigación llevada a cabo en Toronto (Canadá) sobre este particular concluía que el riesgo de sufrir una colisión mientras se conduce es de tres a seis veces más alto si se utiliza el móvil al volante.
6. ¿Pueden provocar tumores o aumentar el riesgo de sufrirlos?
La revista Radiation Research ha publicado un estudio del
Instituto Centenario de Medicina del Cáncer y Biología Celular de Sidney (Australia) que fue conducido por cuatro científicos, entre ellos su director ejecutivo, el doctor Tony Basten, y el director del Proyecto Internacional sobre Campos Electromagnéticos de la OMS, el biofísico Michael H. Repacholi. Realizado durante 1996 y 1997 en el Hospital Royal Adelaide, se analizaron doscientos ratones que habían sido manipulados genéticamente para predisponerlos a desarrollar linfoma, un cáncer del sistema linfático. La mitad de los ratones fue expuesta a una radiación similar a la producida por los teléfonos móviles durante media hora dos veces al día. Tras dieciocho meses, los ratones expuestos habían desarrollado el doble de linfomas que el resto. El estudio fue financiado por la compañía australiana de telecomunicaciones Telstra.Este estudio australiano es el segundo que demuestra actividad biológica producida por una señal de teléfono móvil. En 1998, el presidente del Consejo Nacional Americano de Protección contra las Radiaciones, el doctor W. Ross Adey, del VA Hospital de Loma Linda (California. EE.UU.), anunció que una señal parece tener un efecto de cáncer para los ratones expuestos. Cuando Adey repitió el experimento usando una señal copiada de un teléfono analógico, que emite radiaciones no-pulsantes, no se produjo ningún efecto. "Esto nos indica que es precisamente la digitalización del sistema el principal agente nocivo y a diferencia de los teléfonos móviles analógicos, los modelos digitales GSM usan señales pulsantes", explica en un
artículo publicado en la revista Natural Raúl de la Rosa, autor del mencionado estudio de la Universidad de Valencia y presidente de la Asociación de Estudios Geobiológicos (GEA).En el mismo sentido, otros experimentos apuntan que la exposición prolongada a radiofrecuencias débiles es potencialmente nociva. En este grupo, el profesor John R. Goldsmith, de la Unidad de Evaluación de Epidemiología y Servicios de Salud de la
Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad Ben Gurion de Negev (Israel), señala que la exposición a radiofrecuencias de telecomunicaciones tiene efectos adversos sobre la salud como cáncer, mutaciones y alteraciones en el desarrollo embrionario.Para los doctores Alejandro Ubeda y María de los Angeles Trillo, del Servicio de Bioelectromagnetismo del Hospital Ramón y Cajal de Madrid (España), las investigaciones de Goldsmith carecen de base firme y no están respaldadas por datos concluyentes. De la misma opinión es John E. Moulder, catedrático de Radiación Oncológica de la
Escuela Médica de Wisconsin (EE.UU.), que señala que el propio Goldsmith admite que sus fuentes no han sido revisadas por expertos y que su investigación ha sido declarada incompleta y falta de estimaciones reales de la dosis.Moulder se muestra especialmente crítico con las opiniones vertidas desde parte del mundo científico al respecto de la peligrosidad de la telefonía móvil, algo que deja patente en sus informes, entre ellos el titulado
Antenas de Telefonía Móvil y Salud Humana, donde señala que de los cuatro únicos estudios epidemiológicos que considera con un diseño y análisis aceptables, tamaño de la muestra adecuado y suficiente seguimiento en el tiempo, ninguno muestra asociación significativa entre exposición a radiofrecuencias y cáncer.De hecho, las investigaciones que asocian las radiofrecuencias de la telefonía móvil con determinadas afecciones cuentan con numerosos detractores entre la comunidad científica, que en determinados casos las acusa de no haber sido sometidas a estudio por parte de los expertos que evalúan la validez de un trabajo como condición para su publicación en revistas científicas o especializadas e incluso de carecer de base científica.
Aunque también hay quienes critican a los críticos. Como Louis Slesin, editor de la revista norteamericana
Microwave News, que sin poner en entredicho sus afirmaciones, ha denunciado que John E. Moulder es un consejero pagado por la industria de la telefonía móvil en varios países.Unas conclusiones emitidas en junio de 1998 por el Comité Director Científico de la
Comisión Europea planteaban hay poca evidencia de que los campos electromagnéticos (CEM) promuevan el cáncer dado que los estudios epidemiológicos no han demostrado relación causal entre ellos. También señalaba que no hay evidencia suficiente que permita deducir que los CEM producen efectos a largo plazo, que los límites de exposición ofrecidos por la Icnirp son adecuados para la protección de la población y que no hay suficiente información disponible sobre la posible hipersensibilidad debida a los CEM (dolores inespecíficos, fatiga, sudores, dificultades para dormir...)."No podemos decir que las radiofrecuencias tengan efectos negativos sobre los seres vivos o que no, pero sí es cierto que no existe una asociación fuerte entre radiofrecuencias y cáncer", indica Diego Pablo Ruiz Padillo, del departamento de Física Aplicada de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Granada. "Si las radiofrecuencias tuvieran capacidad para producir una enfermedad se descubriría en los experimentos que se ha llevado a cabo con animales", advierte. Sin embargo, Ruiz Padillo apunta que esto no es óbice para que exista una relación débil entre ambos factores, de forma que el cáncer pueda aparecer tras exposiciones frecuentes en personas especialmente sensibles a las radiofrecuencias.
El departamento de Citogenética y los institutos de Biología y Genética Humana de la Universidad de Braumschweig (Alemania) pusieron a prueba si las ondas de radio incrementan el riesgo de desarrollar cáncer. Las pruebas se efectuaron sobre sangre de donantes no fumadores de entre 20 y 33 años que fue expuesta a campos de alta frecuencia entre treinta y nueve y setenta horas. Según apuntan las conclusiones del estudio, no se halló evidencia de que las ondas electromagnéticas causen daño a las células expuestas.
En 1999, el profesor George Carlo, que había sido contratado en 1993 por la Asociación de la Industria de Telecomunicaciones Móviles (CTIA) de EE.UU. para desarrollar un programa de investigación sobre los posibles riesgos de la telefonía móvil, advirtió que había encontrado en uno de sus experimentos una relación directa entre el uso del móvil y el "incremento del riesgo de la aparición de una rara forma de tumor llamado neurocitoma", aunque indicando que se trataba de pruebas no concluyentes. La Industria y la Administración estadounidense prefirieron pasar por alto las conclusiones de Carlo, cuyos métodos de experimentación fueron puestos en entredicho por parte de la comunidad científica.
En cualquier caso, el propio Carlo advierte que "para que un estudio estadístico sobre los efectos de los celulares en los usuarios tenga un resultado válido será necesario esperar décadas, porque el cáncer cerebral tarda varios años en desarrollarse".
Un número de diciembre de 2000 del semanario
JAMA (Journal of American Medical Association) presentó un estudio de la Fundación Americana de la Salud y veinte centros de investigación oncológica, dirigido por el doctor Joshua Muscat, que entre 1994 y 1998 entrevistó sobre el uso de los teléfonos móviles a 891 hombres y mujeres de entre 18 y 81 años (469 de ellos con cáncer cerebral), no encontrando conexión entre su utilización y el cáncer cerebral. En el estudio, cuyo principal patrocinador fue la CTIA, sólo se detectó un ligero riesgo en el aumento de posibilidades de contraer un extraño tipo de tumor neuronal denominado neuroepitelioma, pero los investigadores aseguraron que la estadística no era representativa. Sin embargo, la investigación no pudo tratar la cuestión de si el uso a largo plazo es peligroso, ya que los sujetos venían utilizando teléfonos móviles durante una media de 2'8 años en el caso de los sujetos con cáncer y de 2'2 años el resto; además, la media mensual de utilización del móvil era tan sólo de dos horas y media en los sujetos con cáncer y de dos horas y doce minutos en los demás casos."Existen algunos estudios aislados [sobre las radiaciones de los teléfonos móviles] que muestran que las cadenas de ADN se rompen, pero no han sido confirmados de manera independiente. Es posible que las radiaciones de los teléfonos móviles puedan aumentar la promoción o progresión de las células cancerosas, pero nuevamente no existen datos que lo confirmen", ha declarado Muscat en una entrevista concedida a la revista
SIICsalud, de la Sociedad Iberoamericana de Investigación Científica.7. Kits manos libres. ¿Reducen o aumentan las radiaciones?
En abril de 2000, la Asociación de Consumidores (Consumers' Association) del Reino Unido publicó en su revista,
Which?, los resultados de un estudio que había encargado a la empresa ERA Technology Ltd en el que analizaban diversos complementos de los teléfonos móviles, entre ellos dos kits manos libres. El estudio determinó que los manos libres podían llegar a triplicar la exposición a las radiaciones, ya que, según indicaban, este dispositivo actúa como un amplificador que conduce las radiaciones directamente al cerebro. El citado informe señala que los kits manos libres analizados "incrementan tres veces el peligro de sufrir un tumor".La portavoz en el Reino Unido de Ericsson (una de las firmas aludidas por la organización de consumidores británica), Lindsay James, indicó que su empresa realiza "miles de pruebas" a sus productos y han llegado a la conclusión de que los manos libres "reducen de forma considerable" el nivel de radiaciones.
A esta misma conclusión llegó un estudio de la
Asociación de Consumidores de Australia (Australian Consumers’ Association), publicado en el número de agosto de 2000 de su revista, Choice. El estudio, realizado sobre las radiaciones emitidas por tres móviles, detectó una reducción del 92% en las absorbidas en los humanos al utilizar los manos libres. También el Informe Steward recomienda el uso de kits manos libres para reducir las absorciones de radiación.En respuesta a la alarma generada en el Reino Unido a raíz de los resultados del estudio publicado en la revista Which?, el
Departamento de Comercio e Industria del Gobierno británico (DTI, en sus siglas en inglés) encargó la realización de sus propios tests, que fueron realizados por la empresa SARTest Ltd. Sus resultados fueron hechos públicos en agosto del mismo año, contradiciendo lo que había sido hallado por la Asociación de Consumidores. El Departamento de Comercio e Industria británico asegura que los kits manos libres reducen los niveles de radiaciones a las que se ven expuestos los consumidores, y recomienda, para reducir la exposición, dejar que el cable de dicho dispositivo cuelgue naturalmente desde la oreja, manteniéndolo lejos de la antena del teléfono, y no colocar el teléfono pegado al cuerpo.A pesar de que tanto la Asociación de Consumidores como el DTI medían la intensidad de los campos eléctricos enviada desde los teléfonos y los kits manos libres a la cabeza, el DTI, según explica Wich? en su página web, "utilizó un tipo diferente de prueba llamada test de la tasa de absorción específica (SAR). Pensamos que la forma en que estos tests se llevan a cabo en los manos libres es defectuosa y no pueden obtener los resultados que nuestros tests obtuvieron".
Como consecuencia de esta contradicción, la Asociación de Consumidores del Reino Unido realizó un
segundo estudio empleando para ello cinco teléfonos móviles y diez kits manos libres en diferentes combinaciones. Los tests aplicados permitían reflejar la posición en la cual las personas utilizan normalmente su teléfono móvil con kits manos libres: con el auricular en el oído y el teléfono enganchado o sujeto a la altura de la cintura. En esta segunda investigación, la Asociación de Consumidores encontró que todos los kits manos libres tenían la capacidad de reducir el nivel de las emisiones de radiofrecuencias. Sin embargo, al igual que en la ocasión anterior, encontró que también podían incrementarlas entre un 50% y un 250%.Para este nuevo estudio de la organización de consumidores británica, encargado a la misma empresa que realizó el primero, se utilizó una cabeza de maniquí con una sonda en su interior para medir el nivel de radiofrecuencias. Primero se tomaron medidas de las emisiones con el teléfono pegado al oído. Después se tomaron con el auricular de manos libres en el oído y el teléfono a la altura de la cintura. Desde esta posición, los científicos desplazaron el teléfono arriba y abajo para variar la distancia entre el extremo de la antena del teléfono y el auricular (distancia d). ERA encontró que la distancia d determina la cantidad de radiación emitida por el auricular. Las máximas emisiones tenían lugar cuando d estaba entre 40 y 47 centímetros y entre 58 y 75, dependiendo del kit testado. Entre 47 y 58 centímetros las emisiones se reducían de forma que eran menores que los niveles constatados en los teléfonos. Es decir, en muchas de las posiciones en las que es probable que se utilice el manos libres el test aplicado detectó emisiones más altas con la utilización de los kits que cuando se sostenía directamente el teléfono contra la cabeza.
Por otra parte, la Asociación de Consumidores también llevó a cabo algunos test en el mismo laboratorio utilizado por el Departamento de Comercio e Industria británico, SARTest, encontrando que ninguna posición ofrecía mayores lecturas en los kits que en los teléfonos. Pero también encontró, según indica, que el equipo empleado en este laboratorio hacía imposible colocar el cable del manos libres en la posición que ofrecía las mayores lecturas en las pruebas llevadas a cabo por ERA Technology.
Otra diferencia fundamental, señalan en Wich?, entre su investigación y la del DTI radica en que ERA Technology midió la radiación en el mismo sitio: dentro de una cabeza de maniquí a la altura del oído, mientras que en el análisis de SARTest, la sonda encargada de tomar las mediciones se desplazaba por el interior de la cabeza de maniquí y recogía el área donde la lectura era más alta. Con los kits, esto sucedía en el oído, pero con los teléfonos las medidas más altas tenían lugar en la mandíbula y la mejilla, no ofreciendo automáticamente la lectura de las emisiones de los teléfonos en el oído.
Por todo ello, Helen Parker, editora de Wich?, explica: "Aunque estos kits pueden reducir las radiaciones, también pueden incrementarlas significativamente, dependiendo de dónde se coloquen el teléfono y el kit. Desafortunadamente, no hay forma de que los consumidores puedan descubrir la mejor posición para reducir las radiaciones".
Además, la investigación encontró una solución potencial después de algunos tests preliminares para reducir los niveles de radiación al hablar por teléfono. Esta solución consiste en la colocación de una pieza de ferrita, un compuesto metálico/cerámico diseñado para absorber los campos electromagnéticos, en el kit manos libres debajo de la oreja.
Como consecuencia de todo ello, la Asociación de Consumidores del Reino Unido ha solicitado al Gobierno británico que promueva la adopción de estándares específicos para los kits manos libres.
Por su parte, el Parlamento Europeo advierte en su informe sobre Los efectos fisiológicos y medioambientales de la radiación electromagnética no ionizante que "la eficacia de aparatos tales como carcasas protectoras y auriculares ha de demostrarse teniendo en cuenta pruebas biológicas, y no sólo la reducción del valor CAE (determinado por la utilización de cabezas 'imaginarias') que podría conseguirse con el uso de tales protectores". El informe continúa indicando que "debe explicarse al consumidor que tales aparatos no proporcionan protección contra el campo magnético de impulso de baja potencia procedente de la batería del teléfono". "En cuanto a los mecanismos de protección personal con los que se pretende mejorar la inmunidad del usuario contra las repercusiones negativas de la exposición (entre ellas las que proceden del campo magnético de la batería), puede decirse que la eficacia de estos mecanismos debe establecerse mediante pruebas biológicas". Asimismo, indica que "tales mecanismos no pueden ser rechazados (como ha ocurrido en ciertas encuestas de consumo publicadas) alegando únicamente que su uso no reduce el CAE, según la medición obtenida usando una cabeza 'imaginaria' puesto que no es esto para lo que se les ha diseñado". "Por consiguiente", advierte, "el CAE es aquí una medida fundamentalmente inapropiada para evaluar su eficacia".
8. Móviles y niños
"Algunos segmentos de la industria han ignorado deliberadamente los hallazgos científicos que sugieren la existencia de efectos negativos para la salud y han seguido manteniendo que los teléfonos móviles son seguros para todos los consumidores, incluidos los niños"
. Así de tajante se muestra el científico norteamericano George Carlo en una carta dirigida a los líderes de las principales empresas de telefonía móvil, para las que trabajó durante años en el programa de investigación Wireless Technology Research.El catedrático de biología británico Sir William Steward desaconseja el uso de teléfonos móviles por niños y adolescentes menores de 16 años ya que si la exposición a ondas electromagnéticas provocara efectos nocivos para la salud, éstos serían, en todo caso, más vulnerables a dichos efectos que los adultos, dado que sus cráneos son más delgados y absorben más fácilmente las radiaciones.
Steward dirigió el denominado Grupo de Expertos Independientes en Teléfonos Móviles, constituido por el Departamento de Salud del Gobierno británico para la realización de un estudio sobre los posibles efectos de la telefonía móvil en la salud. Presentado en mayo de 2000, el Informe Steward señala que "la industria de la telefonía móvil debe abstenerse de promocionar el uso del teléfono móvil entre los niños".
"Se sabe que tanto la predisposición genética como la edad pueden determinar las consecuencias de estos aparatos", indica Steward, que recomienda adoptar todas las precauciones posibles hasta que se demuestre científicamente cuáles son los efectos que provoca la exposición a estas radiofrecuencias.
Por su parte, en su informe de marzo de 2001 Los efectos fisiológicos y medioambientales de la radiación electromagnética no ionizante, realizado por encargo del Parlamento Europeo, se desaconseja "enérgicamente que los niños (sobre todo los adolescentes) utilicen de forma prolongada y sin necesidad teléfonos móviles por su creciente vulnerabilidad a efectos perjudiciales para la salud". El informe continúa indicando que "la industria de la telefonía móvil debería evitar fomentar el uso prolongado de teléfonos móviles por parte de los niños utilizando tácticas publicitarias que explotan la presión de los compañeros y otras estrategias a las que los jóvenes son susceptibles, como la utilización (ahora interrumpida) de personajes Disney en los teléfonos".
9. ¿Qué hacen los gobiernos?
"Es absolutamente necesaria la protección de los ciudadanos de la comunidad contra los efectos nocivos para la salud que se sabe pueden resultar de la exposición a campos electromagnéticos"
, indica la Recomendación del Consejo de la Unión Europea de 12 de julio de 1999. Pero la cuestión es: ¿son suficientes las medidas que han adoptado o pretenden adoptar los países miembros de la UE para proteger a los consumidores de las radiofrecuencias?En España, el Ministerio de Ciencia y Tecnología ha elaborado un Proyecto de Real Decreto que establece unos límites de exposición a las emisiones radioeléctricas, según expresa, "basados en la evidencia científica disponible hasta la fecha, recogida en las conclusiones de la Icnirp, de Cenelec y en la Recomendación del Consejo de la Unión Europea, de 12 de julio de 1999, relativa a la exposición del público en general a campos electromagnéticos".
Así, este texto se limita a convertir en obligatorios los límites de exposición a emisiones radioeléctricas fijados en la Recomendación del Consejo de la Unión Europea, que supuestamente y según señala el propio Proyecto, "vienen cumpliendo ya en la práctica de manera general los operadores de telefonía móvil".
Límites que vienen siendo discutidos por algunos científicos. De hecho los gobiernos de dos países europeos, Suiza e Italia, han adoptado valores inferiores a los recomendados por la Icnirp, decisión que también han tomado Rusia, China y Nueva Zelanda. Concretamente, en Rusia, donde se descubrió por primera vez hace treinta años la sensibilidad de los organismos vivos a la radiación de microondas de intensidad ultrabaja, las directrices de exposición (aplicadas sólo en la teoría, no en la práctica) son 100 veces más estrictas que las de la Icnirp
Y límites que, además, sólo tienen en cuenta los efectos térmicos de las radiofrecuencias y no los discutidos efectos atérmicos.
El Proyecto de Real Decreto español tampoco toma medidas para reducir el cada vez mayor número de antenas que pueblan las ciudades, como podría ser la obligación de compartir emplazamiento por parte de diferentes operadoras con objeto de concentrar las estaciones base de telefonía móvil. E incluso podría limitar el número de operadores con cobertura propia y establecer criterios para la utilización de las redes del operador dominante o de otras compañías.
La futura norma española prevé que los titulares de licencias individuales que prestan el servicio de telefonía móvil deberán remitir anualmente al Ministerio de Ciencia y Tecnología un informe relativo al cumplimiento por sus instalaciones de lo establecido en dicha norma.
Asimismo se plantea como requisito previo a la utilización del dominio público radioeléctrico la inspección o reconocimiento satisfactorio de las instalaciones por los servicios técnicos del Ministerio de Ciencia y Tecnología. En función de la naturaleza del servicio, de la banda de frecuencias empleada o de la importancia técnica de las instalaciones que se utilicen, podrá sustituirse la inspección previa por una certificación técnica expedida por un técnico competente en materia de telecomunicaciones que acredite que los niveles de emisión de la instalación, para el caso más desfavorable, sobre los lugares donde permanezcan habitualmente personas, no superan los valores máximos establecidos en el Real Decreto.
Dentro de España, numerosos municipios y también comunidades autónomas como Cataluña y Castilla-La Mancha se están anticipando a la normativa nacional con reglamentaciones propias de su ámbito territorial. Normas que no siempre están siendo bien acogidas por todos los sectores pero que en el caso de un buen número de ayuntamientos están prohibiendo la instalación de antenas repetidoras de telefonía móvil en las zonas urbanas de sus municipios (algunos han llegado a establecer distancias mínimas de 650 metros) además de obligar a desmantelar las ya existentes.
La Unión Europea reconoció en su Recomendación de 1999 que para conseguir que se comprendan mejor los riesgos y la protección contra la exposición a campos electromagnéticos, los Estados miembros deberían proporcionar al ciudadano información en un formato adecuado sobre los efectos de los campos electromagnéticos y sobre las medidas adoptadas para hacerles frente, algo que en España, ha sido hasta la fecha completamente ignorado por las Autoridades, que, como en tantos otros casos, han optado por la desinformación de los ciudadanos.
El Gobierno británico ha obligado a los fabricantes de teléfonos móviles a incluir en sus aparatos un prospecto que advierte de los riesgos que podría implicar el uso de estos dispositivos, especialmente para los niños.
Por su parte, el Gobierno estadounidense obliga desde septiembre de 2000 a los fabricantes de teléfonos móviles a especificar la potencia de las radiaciones que emiten y la cantidad de éstas que puede penetrar en el cerebro. Algo que también será obligatorio en España.
Al igual que el Informe Steward, elaborado a instancias del Gobierno británico, un informe francés presentado en enero de 2001 bajo el título Los teléfonos móviles, sus estaciones base y la salud, elaborado por un grupo de siete expertos multidisciplinarios constituido por la Dirección General de Salud del Ministerio de Empleo y Solidaridad de Francia, se sitúa en el principio de precaución como forma correcta de actuación a pesar de concluir que no es posible afirmar en la actualidad que la telefonía móvil suponga riesgos para la salud.
El estudio, elaborado a partir del análisis de numerosas investigaciones realizadas en todo el mundo, se posiciona sobre las estaciones base explicando que la exposición a campos electromagnéticos que tiene lugar debido a las antenas es insignificante comparada con la exposición que producen los teléfonos móviles, incluso si se compara ésta con la exposición de los vecinos más cercanos a una estación base en las condiciones de emisión más desfavorables. El informe, que advierte que las antenas que se emplazan en los techos de los edificios influyen poco o nada en el área que se sitúa inmediatamente debajo de ellas, indica que los edificios como hospitales y escuelas que se encuentren a menos de cien metros de una antena emisora no deberían situarse en su ángulo de emisión.
El establecimiento de distancias mínimas con respecto a colegios y hospitales para la instalación de antenas, que viene siendo recogido por diferentes normativas y recomendaciones científicas, es otro tema también controvertido. Y es que, si se plantea alejar las antenas de zonas donde hay niños por su mayor sensibilidad a los posibles efectos de las radiofrecuencias, ¿no es evidente que los niños también viven en edificios? Por ello, ¿no es más sensato extremar el principio de precaución alejando las antenas de las zonas urbanas?
10. ¿Existe una antena en tu edificio o pretenden instalar una?
Miles de comunidades de propietarios de toda España han mordido el anzuelo lanzado por los operadores de telefonía móvil y han accedido a alquilarles parte de sus azoteas para la instalación de sus antenas repetidoras sin tener en cuenta no sólo los posibles efectos de sus radiaciones en la salud, sino otros elementos como las características de los contratos firmados con las compañías, las repercusiones económicas negativas sobre el valor de las viviendas y el sobrepeso al que se ven sometidas las estructuras de los edificios.
Al instalar la denominada estación base transceptora (EBT) y sus equipos complementarios, el edificio sufre una sobrecarga de varias toneladas que debe ser previamente evaluada por un técnico que no tenga ninguna relación con la compañía de telefonía ni con la empresa intermediaria que haya ofertado su colocación. Es importante tener en cuenta asimismo que ciertos contratos de arrendamiento de las azoteas que se firman con las compañías dejan abierta la posibilidad de ampliar en el futuro el equipo instalado, además de atar a la comunidad de propietarios con la empresa entre unos quince y veinticinco años.
La devaluación del valor de las viviendas de un edificio con una de estas antenas repetidoras e incluso de los inmuebles colindantes es una posibilidad cada vez más cercana, dada la justificada alarma social que se está suscitando en torno a las radiaciones emitidas por la telefonía móvil.
Las compañías de seguros se niegan a cubrir los posibles daños que se puedan derivar de los campos electromagnéticos producidos por estas antenas, ya que los riesgos son inciertos y las indemnizaciones a pagar en un futuro, de confirmarse aquéllos, podrían ser enormes.
El artículo 17 de la Ley de Propiedad Horizontal, según la nueva redacción dada por la Ley 8/1999, de 6 de abril, que reforma la misma, indica que las decisiones que afecten al título constitutivo del edificio deberán aprobarse por unanimidad si se trata de elementos que tengan asignado un uso específico en el inmueble. Por tanto, sólo hace falta que un propietario se niegue a la instalación de la antena para que ésta no pueda realizarse, siempre y cuando la azotea tenga asignado un uso, lo cual puede quedar recogido en los estatutos o venir determinado por la propia costumbre, dado que hay muchas comunidades de propietarios que carecen de estatutos y que no recogen en éstos la finalidad de determinados elementos comunes.
Se están dando casos de propietarios de viviendas ubicadas en edificios en cuyas azoteas están instaladas estas antenas repetidoras que, alertados por los posibles peligros de sus radiaciones, pretenden que la compañía de telefonía desmantele la instalación. Existen varios procedimientos para lograr este fin:
Así, si la reunión en la que se aprobó la instalación de la antena no se convocó fehacientemente a todos los propietarios o la votación no se ajustó a los criterios establecidos en la Ley de Propiedad Horizontal, puede recurrirse en el plazo de un año.
En el caso de que la antena todavía no haya sido instalada pero la comunidad de propietarios haya firmado un contrato de reserva, una reunión de la misma puede revocar su decisión si ha transcurrido el plazo fijado en dicho contrato para la solicitud y concesión de la correspondiente licencia municipal que autorice la colocación de la EBT.
Si la antena se ha instalado sin la correspondiente licencia municipal, puede denunciarse el hecho al Ayuntamiento del municipio. Aunque es importante tener en cuenta que algunos ayuntamientos han dispuesto que de las infracciones que se cometan contra la normativa urbanística en la instalación y conservación de la antena serán responsables solidarios, además de la empresa instaladora, el propietario o comunidad de propietarios del edificio o terreno en que se ubique la antena.
También son cada vez más los ayuntamientos que están aprobando ordenanzas que sólo permiten la instalación de estas antenas a determinadas distancias de las zonas urbanas de los municipios y obligan a la desmantelación de las ya instaladas.
De hecho, desde la
Consejería de Salud de la Junta de Andalucía, su directora general de Salud Pública y Participación Mª Antigua Escalera Urkiaga, ha advertido que, en algunos casos, los informes emitidos a petición de distintos particulares por las Delegaciones Provinciales de la Consejería de Salud sobre los posibles efectos sobre la salud de las antenas de telefonía móvil han sido manipulados y fotocopiados, "haciéndose uso incorrecto de los mismos por parte de empresas y distribuidores, que hacen valer estas fotocopias de forma interesada para influir sobre la decisión que pudieran adoptar las comunidades de propietarios para la instalación de antenas en sus edificios".Diego Pablo Ruiz Padillo, del departamento de Física Aplicada de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Granada, aclara que estas antenas emiten hacia los lados, por lo que "es mejor tenerlas encima que enfrente". Precisamente, la mejor forma de presionar que poseen las operadoras es advertir a los vecinos de un edificio que, si ellos no consienten en la colocación de la antena, alguno de los edificios colindantes sí lo hará, con lo que al fin y al cabo seguirán bajo el radio de influencia de la antena.
11. ¿Qué debes tener en cuenta al comprar y utilizar un teléfono móvil?
Debido a la incertidumbre existente en torno a los posibles riesgos de la telefonía móvil, cuya inocuidad no ha sido demostrada científicamente, FACUA recomienda a los usuarios que adopten el principio de precaución como guía en la utilización de estos dispositivos. Por ello, es importante tener en cuenta estas recomendaciones y advertencias:
- Los niños y adolescentes menores de 16 años no deben utilizar teléfonos móviles, ya que si las radiofrecuencias de la telefonía móvil provocasen efectos nocivos para la salud, éstos serían más vulnerables a ellos que los adultos, dado que sus cráneos son más delgados y absorben más fácilmente las radiaciones.
- El móvil sólo debe utilizarse para conversaciones cortas y siempre que sea imposible establecer la comunicación mediante un teléfono fijo.
- Cuanto más alejado esté el móvil de la oreja al hablar, menores serán las radiaciones absorbidas por el cerebro
- Durante la noche y cuando no se esperen llamadas, el móvil debe estar apagado.
- En los lugares con poca cobertura, el móvil incrementa notablemente la radiación recibida.
- El móvil debe mantenerse alejado de los tejidos o zonas sensibles, como el vientre de las embarazadas o el aparato reproductor de los adolescentes.
- Al comprar un móvil, es recomendable elegir el modelo de menor potencia posible para reducir los efectos térmicos de la absorción de las radiaciones. Aunque esta información todavía no es obligatoria en España, puedes solicitársela a los fabricantes y, si no te la facilitan, no compres ningún teléfono de su marca. Recuerda que aunque la recomendación de la UE indica un límite de 2 W/kg en la tasa de absorción específica (SAR) localizada en cabeza y tronco para todos los campos electromagnéticos, es fácil encontrar aparatos con un SAR de menos de 0’3 W/kg.
- No utilices el teléfono móvil mientras conduzcas, ya que por motivos no necesariamente relacionados con sus radiaciones perderás la atención en la carretera, pudiendo provocar un accidente de circulación. Si te es imprescindible realizar la llamada, detén el vehículo.