99.03.21
10.000 hectáreas de alta tensión Las líneas eléctricas metropolitanas ocupan una superficie equivalente a Barcelona RAMON AYMERICH Barcelona Diez mil hectáreas. Esa es la superficie que ocupan las líneas de alta tensión en las siete comarcas del área metropolitana barcelonesa. La Administración ya ha iniciado los primeros contactos con las compañías <eléctricas> con vistas a una eliminación gradual de esas líneas, ya sea por su impacto ambiental y paisajístico, ya por la enorme cantidad de suelo que consumen. En las estadísticas constan como suelo no urbanizable. En la práctica se trata de grandes franjas de terreno que difícilmente pueden catalogarse como de no urbanizadas. De las 325.000 hectáreas que ocupa la superficie del área metropolitana, 20.000 corresponden a redes de comunicaciones, simples líneas trazadas en los mapas en las que cabe de todo: carreteras, autopistas y líneas de ferrocarril. Pero también sistemas de conducción del agua, gas, teléfono y electricidad. Las que ocupan más espacio, gracias al sistema de reserva de suelo y servidumbre, son las compañías <eléctricas>. Sólo las líneas de alta tensión ocupan por sí solas 10.000 hectáreas de suelo no urbanizable, según datos que acaba de hacer públicos Albert Serratosa, director del Plan General Metropolitano de Barcelona. El objetivo de ese plan, cuya vigencia se prolonga hasta el 2002, es soterrar y recuperar como suelo urbanizable 5.000 hectáreas. El PSC, junto a CiU, el otro gran partido con responsabilidades en el área, también ha hecho constar en su programa electoral la apertura de negociaciones con las compañías de servicios para reordenar de forma selectiva sus redes mediante convenios a medio plazo. Lo ha lanzado como idea Pasqual Maragall en su incipiente campaña y lo ha recordado Oriol Bohigas en un reciente artículo en el que alude al impacto visual de estas líneas en el paisaje de los pueblos de la Costa Brava. En el sector eléctrico las cosas se ven distintas. Según Ramon Jané, director de planificación de Fecsa-Enher, el grupo con la mayor red de distribución en Cataluña, "no existe en el horizonte actual una política de soterramiento de las líneas de alta tensión. Eso es algo que sólo hacemos básicamente en las zonas urbanas, entendiendo como tales aquellas localidades con más de 50.000 habitantes. En las zonas rurales las líneas seguirán siendo aéreas". El argumento de Jané es económico: soterrar una línea de alta tensión cuesta, como mínimo, tres veces más que instalarla de forma aérea. "Se trata de un problema de financiación para el que buscamos fondos Feder." "También es un sistema poco operativo y menos seguro -añade Jané-. Para soterrar hay que disponer de una profundidad de entre 90 y 100 centímetros, que es por donde deben discurrir las líneas. Además, siempre es más difícil localizar y reparar una línea soterrada. El problema con el que topamos, en cualquier caso, es de rasante. Plantearse, en esas condiciones, un soterramiento general de las líneas es algo muy complejo en una geografía como la catalana." Otra cosa son intervenciones aisladas, en las que la financión de las obras se realiza de forma compartida. Es el caso del reciente acuerdo para soterrar 1,8 kilómetros de línea en Collserola, cofinanciado con fondos europeos. O la próxima remodelación de las líneas en el tramo final del cauce del río Besòs, según el acuerdo que se espera alcanzar con la sociedad municipal Barcelona Regional con vistas a los actos del Foro 2004. En su exposición del Plan General Metropolitano, Serratosa prevé la instalación de estas líneas en lo que él denomina "vías cívicas", autovías de gran capacidad y poca velocidad que actúan en la práctica como grandes corredores de servicios. El ingeniero asegura que las <eléctricas> aceptarán el nuevo sistema porque éste les exime de realizar las declaraciones de impacto ambiental y les evita negociaciones con los ayuntamientos. "De hecho, las compañías de servicio ya han sido consultadas y están de acuerdo en ello", declaró en el ColÀlegi d'Arquitectes. La clave, aseguran unos y otros, está en el cambio de cultura que los consumidores demandan. Jané advierte, en todo caso, que sólo países como Holanda han podido alcanzar ese sueño. "Holanda es un país extremadamente llano, en el que la mayor parte del terreno ha tenido que ganarse al mar. Y en ese marco le ha sido fácil planificar la instalación de las líneas <eléctricas soterradas." LA VANGUARDIA