DIARIO EL PAIS
Jueves 2 diciembre 1999 - Nº 1308
Un estudio alerta sobre los campos magnéticos de las torres de alta tensión
Un equipo británico expone sus resultados
ISABEL FERRER, Leicester
Un estudio efectuado por científicos de la Universidad de Brístol y financiado por el Ministerio de Sanidad del Reino Unido volvió ayer a plantear el supuesto riesgo de vivir junto a las torres de alta tensión. Según el director de la investigación, Denis Henshaw, experto en radiaciones de baja intensidad, las partículas contaminantes liberadas por los campos electromagnéticos generados alrededor de los cables pueden favorecer la aparición de enfermedades.
Consciente de que sus conclusiones contradicen otros trabajos similares efectuados hasta la fecha, y chocan con el rechazo gubernamental británico a la posibilidad de que las líneas de alta tensión propicien sobre todo enfermedades infantiles, Henshaw intentó establecer la relación causal entre su aparición y la presencia de los cables de alta tensión próximos a la casa del enfermo. J
unto con sus colaboradores de la Universidad de Brístol, ha efectuado dos estudios teóricos que miden las dosis internas (en el hogar) y externas (al aire libre) de partículas contaminantes salidas de las torres eléctricas y almacenadas en la piel. Aunque fuera de casa las partículas llegan al cuerpo humano 10 veces más deprisa que de puertas adentro, lo importante, según el estudio, es la carga eléctrica que portan.
Los cables de alta tensión atraen polvo y suciedad que cargan luego de electricidad. Por un lado, este hecho refuerza la forma en que estas partículas contaminantes son retenidas por el organismo al ser inhaladas. Por otro, aumenta el riesgo de enfermar. El viento, que puede transportarlas hasta a 500 metros de distancia, o bien la lluvia o la nieve, no reducen la intensidad de la exposición a las mismas.
"Teniendo en cuenta que la contaminación derivada del tráfico favorece la presencia de algunos cánceres, nuestras observaciones con los campos electromagnéticos y el cáncer, y en especial su relación con las enfermedades infantiles y adultas, demuestran que vale la pena seguir investigando sus efectos sobre la salud", señaló ayer Denis Henshaw. En su opinión, el Gobierno de Estados Unidos tiene razón al evitar de forma sistemática la construcción de edificios junto a los tendidos de alta tensión.
Rechazo oficial
Publicado en el International Journal of Radiation Biology, el trabajo del equipo de Brístol incluye más de 2 .000 mediciones de partículas contaminantes liberadas por las torres eléctricas en el condado de Gloucestershire, en el centro de Inglaterra. Según datos oficiales, más de 23.000 hogares británicos, además de escuelas y oficinas, están situados hoy junto a cables de alta tensión.
En el Reino Unido, el Servicio Nacional de Protección Radiólógica ha descartado hasta la fecha que los brotes de leucemia infantil observados en poblaciones cercanas a estos tendidos tengan nada que ver con su presencia. Al tratarse de un organismo asesor del Gobierno, tanto el Ministerio del Medio Ambiente como el de Industria y Energía favorecen la investigación, pero no aconsejan el traslado de los tendidos.
J.J.G, Madrid
Los estudios sobre posibles efectos perniciosos para la salud de la exposición a campos electromagnéticos se suceden desde los años sesenta, sin que hasta el momento se haya demostrado una relación causa efecto definitiva. En general, la comunidad científica internacional está de acuerdo en que la exposición a los campos eléctricos y magnéticos generados por las instalaciones eléctricas de alta tensión no suponen un riesgo para la salud pública.
La unanimidad se refiere sobre todo a posibles efectos a largo plazo (enfermedades como cáncer o leucemia). En cuanto a efectos inmediatos, sí se han demostrado reacciones en el organismo -desde cosquilleos o chispazos al tocar un objeto expuesto hasta contracciones musculares y arritmias-; pero sólo cuando la densidad de corriente inducida por los campos electromagnéticos es muy alta, y no con la intensidad de corriente a la que está expuesto el público cercano a una línea eléctrica o a una subestación de alta tensión.
La alarma social surgió cuando los primeros estudios epidemiológicos con personas que vivían cerca de líneas eléctricas de alta tensión concluyeron que estas personas, y en particular los niños, tenían más posibilidades de contraer cáncer.
En concreto, una serie de trabajos de Reba Goodman, de la Universidad de Columbia, decían que la exposición continua a campos electromagnéticos intensificaba la actividad celular. Numerosos estudios científicos posteriores han realizado experimentos parecidos, con poblaciones más amplias y mejor metodología, sin poder reproducir los resultados que convertían en peligrosa la proximidad a las líneas de alta tensión.
Entre los estudios que descartan el vínculo entre campos electromagnéticos y cáncer destacan los del Registro Finlandés del Cáncer, el Instituto Nacional del Cáncer de EE UU o el más reciente de la Agencia del Cáncer de British Columbia, en Canadá. En España también hay un informe que el Gobierno encargó al CIEMAT, en el que se dice que no está demostrado que vivir cerca de líneas de alta tensión suponga un riesgo para la salud.
Página
web de la sociedad de investigación radiactiva en EE UU