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Antonio
Esteve Ródenas.
Elda
(Alicante), (1936, ). Bailarín, bailaor y coreógrafo.
Fue Pilar López quien le
puso el sobrenombre de Antonio Gades cuando lo admitió en su compañía
hacia 1952, con dieciséis años él. Antes había dado algunas clases con
La Palitos. Y antes había hecho ya muchas cosas este muchacho a quien la
vida obligó a dejar la escuela a los once años y a madurar precozmente:
empleado de fotógrafo, aprendiz de torero, chico de los recados,
cuartillero en la redacción de un periódico...
Debutó en el circo
madrileño Price
y comenzó en la compañía de Pilar López
como uno más del cuerpo de baile y terminó siendo primer bailarín.
Gades ha declarado en más de una ocasión que a Pilar tiene que
agradecerle, sobre todo, que le enseñara antes la ética que la estética
de la danza. Ella, por su parte, piensa del que fuera su discípulo:
"Muy sensible, muy cultivado, muy inquieto. Muy inquieto, unas veces
para bien y otras para mal. Pero está buscando siempre, busca, busca. Ya
queda a un lado el concepto de bailarín para entrar en el concepto
universal de lo artista". Antonio Gades tiene muy claro que él no se
siente un artista, sino un simple trabajador de la cultura. Dos horas
diarias de ejercicios, siempre, para mantenerse en forma, y un tiempo
ilimitado de trabajo cuando ensaya una obra para su puesta en escena. En
1964, tras un viaje a Italia, organizó su propia compañía; pronto se
destacó como el más fiel continuador de la escuela de Vicente
Escudero. Hacia mediados de la década de los 60 Antonio Gades montó la que quizás
debe ser considerada su primera obra renovadora, el Don Juan de Alfredo Mañas,
colaborando con él un joven José Granero llegado pocos años antes a
España. Evocando aquel momento ha manifestado al autor: "Para mí el
que renovó la danza de hombre fue Antonio Gades, el hombre cambió su
visión de la danza con Antonio Gades. Llevó una línea. Un Don Juan que
hicimos al principio, ahí se empezó a fraguar una nueva forma de hacer
cosas, ahí empezamos a trabajar en nuevas formas, intentando encontrar
nuevas tendencias".Esta renovación del papel del hombre en el baile
flamenco, es algo que, antes que él, únicamente había hecho una sola
persona: Vicente Escudero; Gades y su
compañía de baile español, intervinieron en el homenaje que se le hizo a
este gran maestro de maestros en el año 1974. Al
crearse el Ballet Nacional Español en 1978 fue requerido para su
dirección, cargo que ocupó hasta 1980, año en el que debido a fuertes
polémicas fue destituido por
Antonio Ruiz Soler.
Su coreografía más elogiada fue la que se basó en las Bodas de
sangre de Federico
García Lorca.
A partir de ahí se puede hablar de la obra mayor del bailarín, la que
haría ya al frente de compañías propias y con plena responsabilidad
sobre todos los procesos de creación. En ella hay, entre todos los demás,
tres títulos que tienen un relieve muy especial. Las tres fueron éxitos
de excepción, tanto en el teatro como en el cine, medio al que pasaron de
la mano de Carlos Saura y que sirvió para darles una resonancia mundial
sin precedentes. Son Crónica del suceso de Bodas de sangre y El Amor
Brujo. Caballero Bonald dice sobre la personalidad y la obra de Gades,
entre otras cosas: "El baile de Antonio Gades define, esencialmente,
la profundización de un rito popular. No hay un solo movimiento, un solo
gesto, que no responda a esa venerable tramitación humana. Incluso podría
asegurarse que Gades es el intérprete de un material artístico recibido
en herencia, pero al mismo tiempo el protagonista de una historia
enraizada en su propia vida. El bailarín -o el bailaor- exterioriza así
de modo ritual todo el apasionado contenido de su experiencia. Cuando
Gades baila parece que se está explicando virtualmente a sí mismo, que
narra en una magnífica síntesis gestual ese desbordante repertorio de
ideas que le circula por dentro (...) Cada uno de los bailes creados
-recreados- por Antonio Gades suponen ciertamente, junto al espléndido
despliegue coreográfico, otras tantas valiosas conquistas encaminadas a
la cristalización de un auténtico ballet nacional. Por medio de la
supresión de grandilocuencias teatrales y falsas ornamentaciones, Gades
ha posibilitado algo muy parecido a un conjunto de principios básicos
para alcanzar esa meta. No conozco ningún bailarín español que, en este
plano de valores, haya sabido unir un más verídico legado artístico
español con un más universal sentido estético del baile. Hasta las
formulaciones coreográficas responden aquí a una fértil liberación de
cualquier mimetismo.
En la potestad estilística de Gades está latente el pueblo andaluz, pero
también la herencia expresionista del ballet europeo. Lo popular y lo
culto se han aliado en un compendio decididamente ejemplar (...) Quizá el
más provechoso magisterio artístico de Antonio Gades consista en haber
sabido incorporar a la delicadeza expresiva de la danza de escuela la
furia trágica del flamenco. La elegancia del gesto, la contención del
braceo clásico, se asocian aquí al frenesí comunicativo del baile
gitano-andaluz. En esa precisa fusión de elementos cultos y populares
reside, sin duda, el más perseverante ejemplo de quien, siendo uno de los
más universales de nuestros bailarines, es también uno de los más íntegramente
españoles de nuestros bailaores".
Toda la obra de Gades ha tenido algunos importantes reconocimientos, como el
Premio Nacional de Danza en 1988, por "su labor como puente entre la
tradición flamenca y los aires de modernidad que vive la danza española".
Ha intervenido en
varias películas, entre ellas Los tarantos (1963, Francisco
Rovira Beleta, junto a la mítica Carmen Amaya),
Con el viento solano (1965, Mario Camus, con la legendaria
Imperio Argentina), Bodas de sangre (1981, Carlos Saura, con los
bailarines Cristina Hoyos y Juan Antonio).
Casado durante varios años con la actriz española Pepa Flores
(Marisol), filmaron juntos Los días del pasado (1977, de Mario
Camus). |