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ALAMINOS, Antón de.

Apuntes biográficos de los más destacados marinos de Palos de la Frontera que llevaron el apellido Alaminos:

Natural de Palos. Viaja como grumete en el cuarto viaje de Colón (1502 1504). Piloto con Juan Ponce de León (gobernador de Puerto Rico) en 1512. Y le acompaña en la expedición que descubre Florida (1513). Avecindado en Cuba, fue Piloto Mayor en las expediciones de Francisco Fernández de Córdoba (1517), Juan de Grijalba (1518) y de Hernán Cortés (1519) a Yucatán y a México. Descubre corriente del Golfo. Más tarde, enemigo de Cortés.(Dicc. Hist. Esp.).

Un Alaminos, nacido en Cuba, aunque español fue con DeSoto, de Cuba a Florida en 1538. (Oviedo I, 562). ¿ Era un hijo? (Bowman, Ind. p.65).

 

ALAMINOS, Antón de. (hijo)

Asentado en Cuba en 1518. Piloto de Cortés en 1519. (BOWMAN. Indice. p.65. cit. HH; Dor. 361. Bernal Díaz.I,43).

 

ANTÓN DE ALAMINOS

Entre los numerosos marinos de Palos que destacaron en la colonización de América, existen algunos de especial relevancia como Antón de Alaminos, el hombre que verdaderamente podemos considerar descubridor de México, de las culturas maya y azteca, después del primer contacto que con ellas tuviera su paisano Vicente Yáñez Pinzón.

Antón de Alaminos nació en Palos prácticamente en vísperas del primer viaje colombino, por lo que su infancia debió transcurrir entre relatos de aventuras y viajes. Probablemente, este singular ambiente le llevó a enrolarse, cuando apenas era un niño en el cuarto viaje de Colón (15021504).

Ya en este viaje, arrastrados por Colón que desesperadamente busca el ansiado paso a la Isla de las Especias, navegaron sin rumbo ni orientación por el archipiélago del Jardín de la Reina, intentaron fundar una colonia en la rica Veragua y bajaron hasta el Golfo de Darién, ya bien conocido, desde donde dejan el continente con rumbo a Cuba.

Posteriormente, fue piloto con Juan Ponce de León, gobernador de Puerto Rico, y le acompaña a la expedición que descubre Florida en 1513. Avecindado en Cuba, va como Piloto Mayor de Hernández de Córdoba con tres navíos hacia una de las islas Bahamas (8 de Febrero de 1517), pero, después de tres semanas de navegación, el viento les empuja hacia una costa desconocida. Cuando desembarcan y preguntan a los indígenas por el nombre de la zona, éstos les respondieron "Tectecán", que significa "no entendemos", aunque los españoles creyeron que era el nombre del país, transformando el término en "Yucatán".

Habían desembarcado en la costa noreste de la península, en el Cabo Catoche, y después de contornearla hasta Campeche, habiendo perdido la mitad de los hombres, decidieron regresar a Cuba, donde Diego Velázquez, entusiasmado por los adornos de oro que trajeron, dispuso enviar otra expedición rápidamente.

El primero de Mayo de 1518, una pequeña pero bien equipada flota, compuesta de cuatro naves, partía de Santiago de Cuba al mando de Juan de Grijalba y con Antón de Alaminos nuevamente como Piloto Mayor. Siguieron el mismo rumbo que Córdoba, más la deriva les hizo desviarse al sur y llegar a la isla de Cozumel, desde donde recorrieron los mismos puntos que la expedición anterior. Grijalba dio a la península el nombre de "Nueva España", que luego se extendería a un territorio mucho más extenso. En el río de Banderas, llamado así por los estandartes que los indígenas desplegaron en sus orillas, tuvo lugar el primer contacto en el que se limitaron a los intercambios, ya que Grijalba, tal vez impresionado por el poderío y grado de civilización de esta cultura decidió regresar sin fundar colonia alguna, lo que recriminó Velázquez, que enseguida comenzó a buscar al hombre con el temple necesario para hacerlo.

Laszlo Passuth, en su obra El dios de la lluvia llora sobre México , narra un encuentro, imaginario pero muy probable, en el que Alaminos, el marino palermo descubridor de la corriente del Golfo, el hombre que mejor conocía esas costas del imperio azteca, interviene decisivamente en el destino de un hombre y de la historia:

"Paróse (Cortés) ante un piloto a quien conocía y le saludó amigablemente. Se trataba de Alaminos, que había tomado parte en todas las expediciones hacia Occidente desde el tiempo de Colón. Presentó a Cortés su timonel, un joven de barba negra llamado Bernal Díaz que por sus habilidades era alabado por todos los que le rodeaban. Pocos minutos después, los tres habían desaparecido dentro de una tasca; y allí, frente a un vaso de vino aguado comenzaron a charlar.

Señor: aborrezco ya el aguardiente de pulque; no puedo ya con él, paréceme sentir en la boca el sucio sabor de la palma. ¡ Mi primer vaso de este vino, a vuestra salud !.

Escucha Alaminos: nadie habla francamente en el Consejo; nadie deja allí conocer exactamente su pensamiento. Y cuando uno empieza a hablar, otro interrumpe con alguna pregunta. Creo que tú más que nadie es quien puede juzgar rectamente si allí en aquella costa comienza o no un gran continente.

 

Estuve allí con el Almirante Colón en su último viaje. Llegamos alrededor del mediodía a esa tierra inmensa que se extiende hacia el Oeste. El Almirante continuó navegando hacia el Sur. La tierra es firme; evidentemente es un continente.

Los indígenas son también muy diferentes a los de las Antillas, no son ciertamente salvajes desnudos y simples. No, ellos, los de allí, tienen sus dioses, llevan vestidos y usan excelentes flechas y lanzas. En la espesura, pudimos ver casas de piedra; eran templos donde ofrecen sacrificios a sus dioses. Marcan sus fronteras por medio de montones de piedras y con montones de piedras miden también el tiempo. Lo más maravilloso, sin embargo, son sus horribles ídolos.

Los otros, mis compañeros, al verlos hicieron el signo de la cruz y se alejaron. Pero yo ya he ido mucho por el mundo y me gusta verlo y curiosearlo todo, así que me arrimé y miré los ídolos y los toqué a mi placer. Son extrañas figuras con cabeza de animal. Están tallados en piedras brillantes de apretado grano y van adornados con lanzas y serpientes. Cuando niño husmeaba yo a menudo en el taller de mi tío, que era labrador de piedras, así que conozco algunas cosas de tal oficio. Aquellos indios no trabajaban con herramientas de hierro, sino que sus cinceles son de una piedra negra, una especie de pedernal, y de esa manera hacen trabajos magníficos.

Encontré allí también mazas con cabezas de cobre que supuse empleaban seguramente como martillos. Llegué a entrar en uno de sus templos, están llenos de esculturas y tallas. Encontramos allí oro y trabajos diversos hechos de plumas. Estaba el templo en una pequeña isla que llamábamos Isla de los Sacrificios porque ante el altar manchado de sangre veíanse restos de miembros humanos; en la parte de fuera había un enorme montón de calaveras blanqueadas por el sol y algunas de ellas estaban cubiertas de pinturas y colorines semejantes a los que cubren las paredes del templo. Os cuento eso, noble señor, para convenceros de que aquel continente no está poblado por cuatro pobres diablos como son los indios de aquí.

Aquellos son muy diferentes, profesan evidentemente otras creencias, lo cual ciertamente no tiene por qué admirar a un viejo hombre de mar. Solamente el señor Velázquez y sus secuaces creen que un indio es forzosamente igual a otro, que todo indio ha de huir atemorizado cuando nos ve y ha de sufrir de espanto al oír las detonaciones de nuestros mosquetes.

Debo entender, pues, Alaminos, que en tu opinión es aquello un país con su rey, su kan o algo semejante.

Aquella gente sólo con signos podían darse a comprender por nosotros; pero ¿cómo entender su modo de hablar?. Los caballeros se dedicaron tan sólo a buscar ansiosamente oro; ninguno se aventuró por el interior y menos aún se preocupó por indagar sus costumbres o modo de vivir.

Detrás de la costa ¿ existe un continente?.

Observé aquellos hombres; cuando dos de ellos se encontraban, se inclinaban a modo de saludo repetidas veces. Había entre ellos evidentemente nobles y siervos y vimos algunos que eran llevados en literas o sillas adornadas con hermosas plumas; al pasar, bajaban los demás la vista y hasta alguno, de aspecto más miserable, llegaban a postrarse a su paso. Según el modo de reunirse, de separarse y de aparecer al siguiente día en otro sector de la costa en correcta formación y ordenadamente, deduje que aquello debía ser un reino. Los caballeros no repararon en eso, pero un marino como yo ha visto mucho, se ha fijado en las cosas, sabe pescar una ramita que llevan las olas y observar el vuelo de un ave...

¿ Es cierto que Grijalba no se atrevió a internarse en el país?.

Dijo que éramos pocos para ello. El capitán Pedro Alvarado, que mandaba nuestro segundo buque, disputó con Grijalba. Quería quedarse allí y recuerdo que dijo " Dejadme algunos hombres y tres culebrinas; me fortificaré y esperaré que volváis. No huyamos indignamente". Pero Grijalba sacudió la cabeza y dijo secamente "Es preciso regresar Pedro".

La mirada de Cortés estaba como perdida en la lejanía. Sentía como si el mundo le ahogase, como si le resultase pequeño. Como un viejo profeta del Antiguo Testamento hubiese querido luchar con ángeles y diablos. Cuando salieron, Alaminos le miró al marcharse y luego sonrió.

¿ Has observado Bernal cómo ha mordido el cebo?. Un hombre bravo, de buen temple, sólo que tiene muy poco, muy poco dinero...

¿ Irías tú con él?.".

Antón de Alaminos, el marino de Palos, no sólo fue con Cortés. Se convirtió en su brazo derecho y tuvo la máxima responsabilidad de la expedición de asuntos náuticos.

 

 

GUERRERO, GONZALO.

Natural de Palos. Arcabucero en Nápoles y Granada. En 1510, o antes, va con Diego Nicuesa a América. Con Pedro de Valdivia, capitán de Núñez de Balboa, enemigo de Nicuesa, va desde Darién a Fernandina, Santo Domingo, como oficial a cargo de esclavos y tripulación de la nao Santa María de Barca, armada en Almería. Pretende ver a Almagro en la Española y presentarle recomendación de Nicuesa para ser oficial en el galeón San Pelayo de Antequera.

Parten de Darién el 15 de Agosto de 1511. Naufragan en los bajos de las Víboras o de los Alacranes, frente a la isla de Jamaica. De 18 supervivientes en un batel, llegan a la costa de

Yucatán 8. Tienen un primer contacto con los Cocomes, que sacrifican a 4, entre ellos a Valdivia, y los comieron. El resto logra escapar cuando los llevaban a la Ciudad para engordarlos.

Llegan a la tribu de los Tutul Xiúes, enemiga de los Cocomes, Ciudad-Estado de Maní, a la que pertenecía Xamanha, donde el cacique Taxmar los entrega a Teohom su sacerdote como esclavos, quien, con duros trabajos y malos tratos, acaba con todos excepto Guerrero y Jerónimo de Aguilar. Compadecido Taxmar los reclama. Sobre todo los quiere como consejeros de guerra. Gonzalo forma una rudimentaria y peculiar falange macedónica, suficiente para derrotar a los Cocomes, con lo que alcanza un gran prestigio.

Taxmar regala a Guerrero al sabio jefe Na Chan Can, cacique de los Cheles en la ciudad de Ichpaatún, al Norte de la Bahía de Chetumal, que lo regala a su Nacom (jefe guerreros) Balam, al que Gonzalo salva de un caimán, por lo que se le otorga la libertad.

Participa con gran éxito en varias expediciones guerreras, se acultura, asciende, y llega a Nacom al casarse con la princesa Ix Chel Can, hija de Na Chan Can. Consiente en hacer a sus hijos bizcos y le aplanen la frente con tablilla (belleza para los mayas),sufre los rituales de mutilación. Incluso su primogénita Ixmo fue sacrificada en Chichén Itzá, para acabar con una plaga de langostas.

Rechaza regresar con varias expediciones cristianas, y apoya la expulsión de Grijalva, Fernández de Córdoba (1517) y Cortés (1518). Combate a los conquistadores Montejo (padre e hijo) y a su capitán Dávila. Instruye a sus guerreros para que no teman a los caballos y armas de fuego, aconsejando siempre no dar tregua ni fiarse de los blancos, intentando salvar ese Paraíso, hoy Parque Natural, de Champotón.

Muere en 1536, de un tiro de arcabuz, cuando se enfrentaba a las tropas del Capitán Lorenzo de Godoy.

También es llamado Gonzalo de Aroca y Gonzalo Marinero, el Renegado.

 

[Náufrago en Yucatán 1510-19(Sch), EN MÉXICO CON CORTÉS (B.Díaz,I,112-3)BOWMAN

 

 

Juan Rodríguez Mafra

Un piloto de Palos en el viaje de Magallanes

 

Juan Rodríguez Mafra nació en Palos en 1470, según se desprende de su declaración en los Pleitos Colombinos el 16 de Febrero de 1515, cuando afirma tener más de 45 años. Era por tanto un joven marino de 22 años cuando las naves Santa María, Pinta y Niña se disponían a zarpar del Puerto de Palos. No obstante, pese a su juventud, debía ser bastante juicioso y práctico, pues se mostró reacio a participar en el proyecto colombino aún sabiendo que lo avalaba Pinzón, por el que muestra admiración y respeto cuando dice "...Que muchos no osaban venir (habla desde América) porque tenían por vana aquella empresa, e que si no viniera (Colón) con Martín Alonso Pinçón, que era hombre rico y emparentado, no viniera (Colón) con la gente que vino. Y que (ésto) lo sabe porque se halló en Palos cuando el dicho Almirante armó la dicha armada y no quise ir por lo tener por cosa vana", o quizás por estar en esa época recién casado con Catalina Ruiz.

Cuando el éxito de este viaje le demuestra que está en un error, cambia radicalmente su actitud, pasando a ser uno de los más activos descubridores palermos. Tomó parte en el segundo y tercer viaje de Colón (1493 y 1498). Seguidamente con su hermano Diego de Lepe viaja a Tierra Firme en 1499, tras la estela de la expedición de Vicente Yáñez que descubre el Brasil, al que sobrepasan cuando Pinzón se detiene en la exploración de la desembocadura del río Amazonas, por lo que fueron Rodríguez Mafra y Diego de Lepe los verdaderos descubridores de esta costa, desde el Amazonas hasta las tierras descubiertas por el Almirante. A continuación, embarcó en la expedición de Rodrigo de Bastidas al Darién (1500 1502). Y de regreso en Palos, cuando se dispone a realizar un nuevo viaje a las Indias, tuvo que hacer un breve paréntesis en su aventura americana, ya que en 1505 fue enviado, con cargo de maestre de la Carabela Santa Cruz, a la toma de Mazalquivir.

Los grandes méritos realizados y la inmensa experiencia acumulada, hacen que le nombren Piloto de Su Majestad, por Real Cédula a los Oficiales de la Casa de Contratación de 23 de Mayo de 1512. En 1513 le encontramos como piloto de la Santa Cruz, junto a Juan Bermúdez, piloto de la Santa María de la Antigua y propietario de ambas carabelas, que había comprado el año anterior en Portugal, dirigiéndose rumbo a Cuba y La Española a donde llevan "ropa de mercaderes" y pasajeros. En este viaje les acompaña Juan Martín Pinzón, el hijo de Martín Alonso.

A esta tarea de transportar hombres y mercancías para aprovisionar las islas debió dedicarse en esos años, ya que aparece nuevamente en Cuba (1515) y San Salvador (1516). En años posteriores (15171518) debió conocer en Sevilla a Magallanes, que preparaba su viaje con el objetivo de encontrar un paso que le permitiera salvar el continente americano para llegar a tierras asiáticas por Occidente, convenciéndole el portugués de que lo acompañara, para lo cual tuvo interesantes razones: una Real Cédula ofrecía conceder a los pilotos y maestres de naos que acompañaran a Magallanes privilegios de Caballería, y otra similar aumentaba en 6.000 maravedíes el sueldo anual de Juan Rodríguez Mafra, el tiempo que estuviera embarcado.

Pero antes de zarpar, encabeza la petición para que Su Majestad conceda Escudo de Armas a los Pinzón y otros marinos de Palos, exponiendo la lamentable situación en que se hallaban los descendientes de estos marinos, que tantos y tan valiosos servicios habían ofrecido a la Corona. Después de estos preparativos, se embarca en la expedición de Magallanes junto a su hijo Diego, que va como paje, y Ginés de Mafra, un pariente suyo natural de Jerez de la Frontera y vecino de Palos. Zarpó como piloto de la San Antonio, la mayor de las naos de la flotilla con sus 120 toneladas, y pusieron rumbo a Tenerife, donde arribaron el 26 de Septiembre, para proseguir el viaje el 3 de Octubre de 1519.

Llegaron a Río de Janeiro el 13 de Diciembre, en un viaje deliberadamente lento porque Magallanes desconfiaba de algunos de los Oficiales que llevaba y quería probar su lealtad antes de llegar al estrecho entre el A´tlántico y el Pacífico, su pretendido "secreto". En realidad, lo que Magallanes buscaba como Estrecho era la enorme desembocadura del Río de la Plata. Ante tal contrariedad, no pudiendo continuar hacia el Sur en aquella época, tuvieron que invernar. El desánimo cundió entre la tripulación, fomentado por los Oficiales de los que Magallanes sospechaba desde el inicio del viaje, circunstancia que le permitió abortar la rebelión desde el comienzo, ejecutando a estos cabecillas.

Deseosos de abandonar cuanto antes aquella exasperante inactividad, envían a la Santiago a explorar y naufraga, por lo que prosiguen anclados hasta el 18 de Octubre de 1520, ya en plena primavera austral, en que reanudan el viaje. Juan Rodríguez Mafra va entonces como piloto de la Concepción, pues en la San Antonio el ambiente de rebeldía no le resultaba nada tranquilizador. Y, en efecto, esta nao no siguió a las demás una vez hallado el Estrecho de Magallanes, sino que dio la vuelta y regresó a España, donde serían juzgados a su llegada.

Las tres naves restantes de la expedición, después de más de tres meses de navegación por el enorme Océano Pacífico, sin ver más tierra que la de algunos islotes, llegaron el 6 de Marzo de 1521 a la Isla de los Ladrones y comienzan a explorar el archipiélago de Filipinas, hasta que Magallanes muere a manos de los indígenas en una emboscada que les tendieron en Mactán (27 de Abril de 1521). A los pocos días es quemada la nao Concepción. Juan Rodríguez Mafra, probablemente ya enfermo, inicia, en la Trinidad o la Victoria, un largo periplo de más de seis meses hasta que al fin llegan a la meta: Tidore, las Molucas, las islas de las Especias, el objetivo de todos los descubridores de la época. Era el 8 de Noviembre de 1521. Mes en que moría, al parecer de fiebres, Juan Rodríguez Mafra.

Cuando la nao Victoria entra en Sevilla el 8 de Septiembre de 1522, después de dar la primera vuelta al Mundo, sólo 18 hombres cadavéricos, casi espectros, desembarcan encabezados por su capitán Juan Sebastián Elcano. De los Mafra, Ginés fue uno de los supervivientes, según se desprende de la documentación originada de su proceso de separación matrimonial, ya que la que fue su esposa, dándole por muerto, se había casado de nuevo. Ginés Mafra, hombre muy culto, nos legó una interesante historia del viaje más fantástico que la humanidad había realizado nunca.

 

 

JULIO IZQUIERDO LABRADO

julioil@alehop.com

 

 

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