

Si la obra de un artista es el reflejo de su alma, Aubrey Beardsley (1872-1898) se ganó a pulso su fama de artista oscuro, transgresor de conceptos y estilos, dandy malcarado, provocador del escándalo y la crítica más feroz. En el corto periodo de 6 años en los que Beardsley desarrolló toda su obra, nuestro autor tuvo tiempo de sacudir la mojigata pedantería inglesa de la época, crear encendidas opiniones (a favor o en contra, al final es igual) y de asegurarse un discreto semi-olvido en la historia del arte. Su actividad artística se desarrolló, casi exclusivamente, en el campo de la ilustración y ésta ha sido encuadrada en las filas del "Modernismo" y el "Art Noveau", aunque realizó breves incursiones en la literatura.
Centrando su vida historicamente, a Aubrey Beardsley le tocó vivir, como dicen los chinos, "unos tiempos interesantes". A Europa le acababa de salir un salpullido general que se llamaría socialismo; mientras que América empezaba a enterarse de que en el norte se había engendrado un monstruo que barría Cuba al desperezarse... Asia, a la fuerza, abría sus puertas a las potencias coloniales y cambiaba de un plumazo el secular olvido de occidente por la descarada explotación que ya hacía tiempo que venía sufriendo la hermanita pobre de los continentes: África.
| De Asia, precisamente,venían gran parte de las influencias estilisticas
que, tanto Beardsley como sus contemporáneos modernistas, reconocerían
como de una gran importancia para la concepción de la nueva obra
artística... de Asia y del rococó francés y los grabados
medievales y la imitación de la naturaleza y de la quimera de las
nuevas vanguardias que los impresionistas habían empezado a concebir.
En París, el centro del mundo, se gestaban las nuevas formas de
expresión creadoras que empezaban a sacudir los cánones estéticos
al uso, la Bohême comenzaba a escribir su propia leyenda,
el arte rompía a liberarse de reglas formales y estéticas,
fijas e inmutables. Beardsley, sin embargo, no tuvo la suerte de desarrollar
su actividad en el propicio ambiente que gozaban sus colegas del continente; nuestro
autor tuvo que vivir en la Inglaterra Victoriana de finales del XIX, una
sociedad encorsetada, que vivía bajo una burguesa moral hipócrita,
opresora y castrante.
Quizá la imagen social que adoptaría Beardsley solamente fuera una reacción de defensa ante un medio intelectual tan opresivo como el de su época (aunque también se podría reseñar que era un eficaz medio de disimular su mala condición física, ya que sufrió de tisis toda su vida); una imagen de dandy, cínico y hastiado: un "flaco joven, desagradable y fatuo", como observaría Arthur Symons, asiduo colaborador suyo. Max Beerbohn lo describe físicamente así: "Todavía le veo sentado allí, la cabeza agachada, la cara seca, tan pálida como la gardenia de su solapa, y los rasgos angulosos salientes, el pelo que siempre le caía en mechones sobre la frente y que, además, tenía un color raro, como de carey; la figura flaca, también angulosa, y las largas manos, en las que había tanta fuerza". La crítica intelectual de la época se encargó de atacarle sin piedad por el caracter "inmoral" que impuso, tanto a su obra creativa, como a su manera de vivir; este hecho le divertía sobremanera y casi hasta el final de su vida alentó esa imagen de libertino y cínico. Solamente cuando vio que su enfermedad le empujaba a la muerte, buscó refugio en la religión, haciéndose católico y llegando incluso a pedir a su editor que aniquilara todos sus anteriores dibujos obscenos. Entre las obras más brillantes dentro de la producción de este autor, se encuentran las ilustraciones que realizó para el "Salomé" de Oscar Wilde, autor con el que mantuvo una relación bastante íntima hasta que el ego de ambos genios los terminara por separar; también son muy destacables los dibujos que realizó para "Le Morte d'Arthur", de Malory y las delirantes figuras eróticas que ilustraban el clásico "Lisístrata" de Aristófanes. Como provocador cultural es destacable su trabajo en la revista artístico-literaria "The Yellow Book", junto al escritor Henry Harland. El carácter de la obra de Beardsley y las feroces críticas que provocó, forzó al editor de "The Yellow Book" a despedir a tan obsceno personaje, a esto Beardsley respondió impulsando una nueva revista de ámbito artístico -"The Savoy"-, pero la excesiva dependencia de la publicación con respecto al autor (en esa época muy enfermo) no dejó que el proyecto alcanzase sus cotas deseadas de calidad. |
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"La Historia de Venus y Tannhaüser" se
publicó por entregas en los primeros números de The Savoy,
y quedó incompleta. El cuento está basado en la leyenda de
Tannhaüser (que había inspirado ya a Beardsley el relato titulado
"Under the Hill") y no recibió buenas críticas
de los columnistas de la época. Sucintamente el relato es el que
sigue: El caballero Tannhaüser conoce a Venus, diosa y meretriz, y
se enreda en una aventura pecaminosa en el Venusberg o "Monte
de Venus", pero se arrepiente. Pide entonces socorro a la Virgen María,
y esta le permite volver provisionalmente al mundo. Luego de una peregrinación
para ver al Papa, se echa a sus pies, confiesa sus pecados y pide la absolución.
El Papa le niega el perdón, diciéndole que sería tan
difícil para él redimirle como para su báculo echar
flores. Desesperado, Tannhaüser vuelve al Venusberg. Sin embargo,
al tercer día, del báculo brotan hojas verdes, y el Papa
hace buscar a Tannhaüser por todo el país, nadie logra encontrarle.
Aubrey Beardsley murío el 16 de marzo de 1898, a los 25 años de edad. El Confort del Sur sólo desearía hacer suyas las palabras que Beardsley escribió en una nota editorial al primer número de "The Savoy": "Esperamos que The Savoy sea una revista literaria y artística. Su objetivo srá presentar textos realmente literarios e ilustraciones verdaderamente artísticas. Para lograr ese objetivo haremos todos los esfuerzos posibles y tenemos justificada esperanza de que buenos escritores y artistas tengan interés en ver sus trabajos publicados aquí, junto con trabajos de otros buenos escritores y artistas. Tendremos que desilusionar a ciertos lectores que esperan de una nueva revista sólo nombres muy conocidos o muy oscuros. No tenemos nada en contra de la celebración de un artista que lo merece, ni contra algún otro, desconocido, a quien no se haya visto bastante como para reconocerlo al pasar. De nuestros colaboradores no pedimos nada más que un buen trabajo, y nada más que un buen trabajo ofrecemos a nuestros lectores. Hacemos esta oferta de buena fe. No tenemos ninguna receta ni pretendemos una falsa unidad de forma y contenido. No hemos detectado ningún punto de vista nuevo. No somos ni realistas ni románticos ni simbolistas. Para nosotros, todo el arte que es bueno es buen arte. Esperamos satisfacer el gusto de los inteligentes sin rebuscar la originalidad, sin recurrir a la temeridad para hacernos propaganda y sin mostrar timidez para complacer a los nostálgicos del pasado. Sólo pensamos publicar versos que puedan reivindicar las virtudes de la poesía, y no admitiremos una literatura que carezca de sensibilidad hacia las cosas bellas de la vida, ninguna crítica carente de sabiduría, juicio y sinceridad. Poco más podríamos decir y estamos contentos de que igualmente podamos decir poco menos". José Torres |
apoyados
en las paredes. A un lado de la estancia había seis mesitas de cartas
perfectas, con las sillas más elegantes y exquisitas que se hallan
podido encontrar colocadas con extremo gusto a su alrededor; de manera
que, en resumidas cuentas, quizá existiera una parte de verdad en
aquella línea del señor Theodore Watts: "Jugué
a la escoba con la Reina del Amor".
Aquellos que sólo
habían visto a Venus en el Louvre o en el Museo Británico,
en Florencia, en Nápoles o en Roma no podían tener ni la
más ligera idea de cómo era de dulce, de seductora y de graciosa,
de cómo era realmente tan exquisitamente bella, recostada con Tannhaüser
sobre la seda rosa, en aquel íntimo boudoir.
Sé que es
costumbre de todos los novelistas pintar héroes que son capaces
de dar a una dama prueba de su bravura al menos veinte veces en una noche.
Pero Tannhaüser no poseía esta facilidad gargantuesca, y se
sintió muy aliviado cuando, una hora después, Priapusa y
Doricourt y otros irrumpieron embriagados en la habitación y reclamaron
a Venus para ellos. El pabellón no tardó en llenarse de una
tropa bulliciosa que con bastante dificultad lograba mantenerse en pie.
Estaban algunos de los actores y Lefesses, que había interpretado
tan brillantemente el papel de Franfeluche y que todavía no se había
quitado el maquillaje, dedicó una atención tremenda a Tannhaüser.
El caballero, empero, no le mostró más interés fuera
de la escena, y se levantó y atravesó la estancia hasta el
lugar donde estaba Venus y la manicura.