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DOLOR DE ESCENA DE CINE MUDO
Me pesa la frente como una rueda De nieve ardiendo Me pesa en la memoria La rosa de aquella copa Que acerqué a tu nariz Para oírte respirar su perfume. Cierta noche callada Por eso escribo, con un dolor De escena de cine mudo En mi sién izquierda, Oyendo pasar los trenes Que un día me llevarán Hasta ti, fugitivo no sé de qué piel. O, Por si volvieras. EN CONTRA Todo cuanto mi palabra no se calla. Esta vieja Mont Blanc con la que te escribo. A FAVOR Un teléfono cubierto de nieve, Ese silencio tuyo. Pulmón de frío Por donde respiran en ángulo agudo Las vocales de tu nombre. PUDO NO SER UN SUEÑO Ardía agosto en tu piel Como una marmita de oro. Lejos, la nieve y la herrumbre Que pone su acento en la piedra. Los rebaños y el crepúsculo. El humo que a veces Despiden esas tardes En el Norte. Pudo no ser un sueño Tu cuerpo hirviendo. Esa marmita de oro. Vivir, Entonces. VIENTO DEL NORTE Como un cuchillo helado en mi sangre El maldito viento. Ese sordo escalofrío En la columna vertebral del sueño. Su anillo de nieve. ÚLTIMAMENTE TODO ESTÁ DEMASIADO FRÍO ¿Ahora qué ha de quedar de ti? Acaso en el fondo, un cajón. La memoria blanda de unas fotos. El polvo azul de unas cartas, Su ternura. Y ese empeño mío por la nieve, Por una nieve que se adentra en mí, Allí donde morir es posible. |
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LUZ DE DÍGITO
Sentía el desasosiego espiral de una noche quemada en leer, incansable, hasta el amanecer. Al pronto, una luz de dígito iluminó mi mente. Me di cuenta de que todos los muertos son hermanos. Tratando de forzar una sonrisa, intenté pasar la página, olvidar grafemas y líneas, palabras de piedra, y dejar atrás, por fin, una historia prohibida que nunca ocurrió. Algo así, como inventar el olvido. Me asomé al vacío de lo ignoto con ansia de escribir otra historia, una historia imposible. Comprendí que había bebido demasiado y apagué la luz. La noche no se me hizo eterna. Pero casi. NI TAN SIQUIERA LAS FLORES Creo que el viento contrario, azotándome el rostro, varió mi rumbo. Inopinadamente, el nivel freático de las aguas se elevó hasta lo impensable. Y ni tan siquiera las flores tuvieron piedad de mi. UN CIERTO AROMA Marchaba, - tú lo sabías bien - hacia lo desconocido. Un cierto aroma a comedor de convento reforzó tu aire de monja secreta y tu palabra claudicante... No podía negarme. Me detuve junto a ti. La noche, dividida por dos, fue breve y desplazada por la luz de la evidencia. Pude ver, entonces, que tu amor es algo así como esos artículos de regalo que suelen venderse en las mercerías de barrio. NADA HE PERDIDO... Nada he perdido porque nunca tuve nada. Tan sólo tengo y queda - azul y verde -, el cielo y, de la mar, el agua. |
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JUAN ANTONIO RUBIO (España)
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| EVA O EL PECADO ORIGINAL
Nada fue como dicen.
Sentada ante la rueca
Nada justificaba, Eneas, tu partida.
Yo nunca fui la luz |
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| PRESENTE
Los que más se lo creían |
TETUÁN
Cuando emprendas el viaje a Tetuán |
| CALLE DEL
GENERALÍSIMO
Ya en mis tiempos se llamaba |
JUDIOS Y ANTIJUDIOS Mi tío debe ser que antijuif suena
mas corto |
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Pensar en otro tiempo desprendido de avispas, la fragilidad aprendida en el vértice oscuro de los labios. Cuando era peligroso mirarse a los ojos, me hace pensar que la felicidad
hacen que la tarde tenga Si miro su perfil,
Por eso es un privilegio tu presencia y propongo alterar la respiración azul de tu pijama Es imposible volver a engañarnos Recordar puede ser restaurar lo perfecto, Pero las palabras con que empezamos a desconocernos |
