

Mi caldo casi está, pero el timbre y entonces las
voces fuera. Parecéis como en un túnel, ingrávidos,
dóciles, gigantes o microscópicos según os acercáis
o alejáis de mi puerta. Y es como si tú te fueras a otra
dimensión cuando enciendes la luz de la escalera y luego un masaje
cardíaco te ha recuperado para esta orilla mientras yo, por mi humilde
estatura, hago equilibrios inverosímiles evitando expiraciones ruidosas
no sea que empecéis a aporrear la puerta gritando que sabéis
que estoy aquí y sería muy desagradable ver los ávidos
medios rostros de mis vecinos asomados y receptivos, con las manos manchadas
de bondad y a medio vestir para la gran ocasión.
Y tú desentonas tanto con esos monstruos, tú, tan mujercita
ya, vestida desde temprano para no molestar luego y tan buena, ofreciéndote
a pasear por todo el edificio a los enanos cantores. Y sabes bien que estoy
solo y no he puesto árbol, por eso vais en seguida hacia otra puerta
aunque me hayas oído refunfuñar y te hayas acordado de que
en tu casa me llaman Scrooge. Sabes bien que estoy solo y que os miro cantar
y que veo tu gesto de "ya ve señora", paseando a los pequeñajos
para que no den mucho la lata en casa y que he visto que mirabas de reojo
mi puerta y sonreías, sabiendo.

Lo que no sabes es que voy a cenar caldo recalentado por tu culpa y que
a ti van a decirte que has crecido y eres toda una mujer, que cada día
te pareces más a la abuela, que vas a sonrojarte cuanto te pregunten
si tienes novio. A ti van a dejarte probar el primer sorbo de champán
y a besarte por última vez sin pensar que vaya con la niña.
Y sí, mejor que vayas a otro piso, me hace daño mirarte,
mejor que me dejes con mi caldo y te vuelvas a casa.
Maullidos a un Marco Descolorido y Roto
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Querida pasajera
Amputando ciertas partes de mi cerebro
y de mi cuerpo. Imagino que no sería necesario recurrir al olvido.
Y no es que no esté dispuesto a que me cercenen las yemas de los
dedos o los lóbulos de mis humildes orejas o a que me arranquen
la epidermis que cubre el esternón y las costillas (incluidas las
flotantes, favoritas de tu boca), pero intuyo que son innecesarias tales
mutilaciones porque no sirven ya de nada las pruebas que pudiera mandarte
en cajitas multicolores, con lacito y amebas de papel. Así que tendré
que recurrir al olvido aunque, como sabes, no me entusiasmen los procesos
lentos y mucho menos los irreversibles. Cabizbajamente
tuyo: |