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Abul-l-Hassan-al-Qartayanni, poeta del Islam, nació
en Cartagena en el año 608 de la hégira musulmana (que corresponde
al 1211 de la era cristiana) su familia era de noble linaje; juez y literato
fue su padre, que desempeñó importantes cargos jurídicos
en la Cartagena de la época. Por aquel entonces, en la España árabe del siglo XIII, comienza la alarmante decadencia del imperio almohade, se van acrecentando poco a poco los avances de la reconquista y se va deteriorando el imperio musulmán por todas las ciudades del Al-Ándalus y el Levante de la península; en aquellos tiempos, los reyes cristianos Fernando III el santo y Jaime I de Aragón fueron unificando y agrandando los territorios ganados a los árabes. ![]() La formación de Hazim se va consolidando entre Cartagena y Murcia, estudia el Corán, recibe clases del gran maestro at-Tarasuni y, empujado por el deseo ardiente de saber es atraído por la gran figura del maestro as-Salubín, discípulo de Aberroes. Es entonces cuando cambia la tierra murciana por Granada y Sevilla. Más adelante Hazim completa su formación con el estudio de la filosofía griega de al-Farabi, Abicena (Ibn-Sina) y Aberroes. Debido al desmembramiento y paulatina decadencia del imperio musulmán en España, Hazim, junto a otros intelectuales musulmano-españoles se exilia en Marruecos, pero la vida allí no era más estable que en la península ibérica, a pesar de que, a través de los contactos con otros exiliados y el florecimiento de las tertulias literarias, Hazim comienza a hacerse de un nombre y de una cierta fama como poeta. Posteriormente se traslada a la corte de Túnez, y es allí donde despliega todos sus esfuerzos para robustecer la influencia andaluza. En la Corte del gran al-Mustansir, Hazim se va revelando por su firme autoridad poética y dominio de la gramática, la prosodia y la retórica. De esta época es su libro “Minhâg Al-Bulagâ Wa Sirâg Al-‘Udabâ”, pero su gran obra poética es la gran “qasida Maqsura del Qartayanni”, la más grande obra de poesía arábigo-andaluza del siglo XIII y una de la más grande de la literatura islámica. Toda qasida consta de tres partes, la primera se llama nasib, y es como un prólogo amoroso en el que se canta a la amada. La segunda se llama rahil, y es la descripción de un viaje por el desierto. Y la tercera se llama madih o hiya; y es en esta parte donde está el intríngulis de esta gran composición. El contenido de esta hermosa maqsura, además de ser una loa, una dedicatoria de versos al rey al-Mustansir de Túnez, a la grandeza de su corte, sus victorias y sus grandes cualidades; es también un canto a la tristeza del enamorado y describe su vida en las ciudades de Murcia y Cartagena, donde transcurrió su juventud. Hazim dice de nuestra tierra:
“Donde las innumerables norias giran como adargas movidas en la batalla por los guerreros enlorigados que son las acequias rizadas por el viento, mientras los enamorados cogían las flores del amor, los que no estaban cogían las flores del campo”
“Es un palacio de elevados muros,
cuyo techo son las estrellas”.
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Corría
el año 110 de nuestra época, el Mediodía Francés
era un mosaico ininterrumpido de señoríos y latifundios de
todos los tamaños y nombres, que combatían entre ellos o
se unían bajo casamientos y cambios de propiedad continuos. En los
castillos se desarrollaba una gran vida social, el término cortés
se acuñó para designar aquello que era propio de una reunión
selecta o "Corte", se inauguró, por tanto, un nuevo estilo
de vida y de cultura.
La poesía que fue cultivada en aquella época
la desarrollaron los llamados trovadores, que escribieron entre los siglos
XI al XIII en lengua románica, que se conoce también con
el término de provenzal, aunque su uso se extendió a otras
regiones del Mediodía Francés. La mayoría de los trovadores
fueron hijos de caballeros y de burgueses, también de ricos varones
y hasta príncipes de elevada alcurnia. El arte de trovar, pues,
se consideraba una de las invenciones más perfectas de la época,
su práctica exigía discreción y cuidado, incluso se
exigían unas reglas, a veces demasiado refinadas, que la hacían
inasequible al común de la sociedad. El Trovador tenía nombre
propio, y su arte era personal e independiente,
libre;
porque era él el que encontraba nuevas fórmulas poéticas
para enriquecer su propia lírica. El trovador no es un juglar, el
trovador es un aristócrata, y el poema trovadoresco es también
una canción para ser acompañada con violín y con arpa,
aunque, por desgracia, la música de muchas de estas canciones no
han llegado a nuestros días.
Guillermo de Aquitania, IX Dux de Aquitania (1071-1127),
es el primer trovador cuya obra nos ha llegado, al mismo tiempo fue un
gran personaje que heredó de su padre, Guillermo VII, territorios
que ocupaban más del doble de los dominios del Rey, y lo convirtieron
en el principal potentado de Francia. Marchó con sus ejércitos
a Jerusalén, adquirió nuevos territorios y firmó alianzas
con Alfonso I "El Batallador" de Aragón hasta que, producto
de tantas batallas y acciones feudales, así como de su vida llena
de amoríos (se cuenta que llegó a fundar en los últimos
días de su vida una abadía en Niort donde llegó a
reunir a todas sus amantes),
burlas,
enfrentamientos con la iglesia y de un carácter impío y burlón,
ve como van reduciéndose sus primitivos dominios y fallece un 10
de febrero del año del Señor de 1127.
En sus poemas, sin moderar palabras y utilizando un lenguaje
plástico y a la vez brutal, le canta al amor, a la vida, a sus guerreros
y vasallos en las noches de inacabables campañas. También
crea, de forma inesperada y por vez primera en las letras occidentales,
el Amor Cortes, en que la dama, elevada y inaccesible, hace del caballero
su vasallo, ordenándole proezas a voluntad antes de concederle la
más mínima prueba de su amor, progresivamente el sentimiento
amoroso va dejando paso, con mayor emotividad, a melancólicas reflexiones
sobre la proximidad de la muerte. El poeta, antes de partir a su última
guerra, se despide de la vida y de sus placeres y, probablemente excomulgado
en la época que escribe, se reconcilia con Dios pidiéndole
el gozo del Cielo.
