Novedades
en el Saco sin Fondo
Si vuelas por ese espacio de arcángeles
que es la noche de jóvenes mujeres
que arrastran sus delicadas sonrisas y muecas
para que te sientas el hombre solo del museo
que paladea las exquisitas pinturas
manchadas de color y humedades
y te encierras en las cinco paredes del humo
como un borracho de ansiedades
llevadas después al sueño
en forma de pesadilla gaseosa
como hago yo cotidianamente
en mi sala particular de desagravios
en la escritura dura de poemas blandos
y canciones mudas como alfileres
para una piel insensible
y murmuras como yo cuando te afeitas
y el universo se contrae en un espejo borroso
si vuelas en el espacio mínimo de los ángeles
y haces del recuerdo un baúl de jóvenes
mujeres
que exhiben sus pinturas en un museo ruidoso
y desprovisto de folletos de explicación
y te muerdes el entrecejo con las manos
cansadas de dormitar en los bolsillos
sin saber qué desean sin desear
más que otras manos donde cerrarse
en la crispación absoluta de la no-felicidad.
* * *
Novedades en el saco sin fondo
en el desesperado adorno
que colgamos en los árboles
de un bosque apacible de muerte.
Exitosas novedades
en los mercados del aroma,
en los tenderetes de los recuerdos,
en aquellas viejas tabernas
donde los solos nos emborrachamos.
Novedades de invierno
sobre la fría mesa de madera y de sangre,
paños de papel mojado
para congelar por fin la memoria.
Y como siempre, lo de siempre.
* * *
Para Gema, que ya lo tiene y me tiene.
No me digas nada,
casi nada,
que tu silencio sea la palabra
resbaladiza y turbia
que los amantes no pronunciaron.
No rompas la monotonía del paisaje
con tu cuerpo desnudo,
no destruyas la tranquilidad del solitario.
Préstame tan solo un espacio vacío
para que mi rabia sea comprendida,
un rincón absolutamente limpio
para llenar de lágrimas tan sucias.
No seas la victoria del agua
ni el fracaso de la tierra,
Abandóname solamente en esta baldosa fría,
que tu impulso me lleve al cuarto
donde cada noche recompongo mis cristales.
Pero si fuera posible no me hagas caso,
lléname de ruido y desnudeces,
rompe la cuerda que mantiene tensa
la tristeza de mi sonrisa.
Nadie necesita la poesía
y yo no necesito este poema.
Lo único urgente es la vida.
* * *
Me sobra media vida,
al menos la mitad del paisaje
me es innecesaria.
No necesito la cara visible de la luna,
me pesa en los ojos
el peso de medio millar de estrellas.
El horizonte es demasiado extenso para mis brazos,
la cama es infinita
y el sueño posee un doble rostro que nunca
duerme.
No sé lo que hace mi mano cuando la otra
descansa,
no sé hacia qué pozos interiores
van los reflejos del llanto.
Me sobra medio vocabulario,
al menos trescientos países
debería eliminar de mis viajes.
Para todo aquello que me falta
exijo un espacio en demasía,
un reino desierto de ojos y brazos,
una cueva sombría donde amontonar
la leña de lo improbable.
Medio nombre me sobra,
media lengua y medio apellido,
porque soy demasiado yo por encima de mí
y no me queda sitio para nadie.
* * *
Si los dos somos para cada uno un recuerdo
no escribamos cartas que mueren en los buzones,
no lloremos esas lágrimas
que nadie alcanza a contemplar,
no amontonemos en los negros cajones
promesas rojas y recuerdos invisibles.
Si en cierta manera estamos muertos
el uno para el otro,
no surjamos cada noche de la tumba
para recorrer un cuarto vacío sin el otro,
no prolonguemos la madrugada
ante la cerveza y el whisky,
ni inventemos ritos de amor
siniestros y fantasmales,
ni adornemos la memoria
de teatros de papel consumidos
por las llamas.
Si la vida ha terminado no nos besemos
necrófilamente
entre un tumulto de trenes pasmados
y almohadas despiertas secas y turbias.
* * *
Tengo suficiente
con este poema,
para tenerte sin dudas
y claro, también sin certezas.
Tengo bastante con las palabras
que enredan los dedos
y me atan la lengua,
con el sentido del amor
que se tambalea
entre verbo y adjetivo.
Me basta con amarte
para saber que te amo
y que todo es perfecto,
sin futuro, claro,
pero también sin terribles melancolías.
Me es suficiente esta cama vacía
para serenarme en el sueño
y recuperarte sin fronteras.
Después de todo los dos sabemos
que nunca estaremos suficientemente juntos
para ser uno solo.
Para eso existen la poesía
y las masturbaciones.
* * *
Lo confesaré algún día,
cuando haya vivido,
que las horas pasaron
mansas y feroces,
que los días se agolparon
sobre la espuma de las noches,
que amé,
que cuando no amaba quería amar,
que a veces me amaron.
Confesaré también que en ocasiones
quise ser poeta o payaso,
o ambas cosas vestido y desnudo,
que los mares siempre me emocionaron,
que pensé en la muerte
pero la muerte no vino,
que me emborraché
y creí ser eterno cuando el alma me sonreía
que a millares me cayeron las lluvias
y el sol me hizo cientos de quemaduras.
Contaré, cuando haya vivido,
que las estaciones pasaron de largo
ante los trenes,
que el humo del cigarrillo
se hizo amante de mis pensamientos,
que creí morir en noches solitarias
que creí resucitar en los orgasmos amorosos,
que tú venías despacio
y me vertías tu aroma de musgo,
que revisé con ojos de incrédulo
las fotografías de mi infancia.
Confesaré, cuando haya vivido
lo suficiente, que nunca quise ser poeta
que fue un accidente,
que pido disculpas,
que de ahora en adelante
permaneceré respetuosamente callado.
* * *
Si desfallezco en la carrera
y me encontráis exhausto
de lágrimas y bosques,
sabed que en el horizonte
escribí mi nombre
con letras de arena y sudor,
que conocí a todos aquellos
que murieron tristes sin haber amado,
y con ellos me apreté los puños
hasta que la sangre se mezcló
con los cadáveres.
Si perezco ante vuestra mirada
y halláis en mi rostro una sonrisa
borradla si queréis con epitafios
y medallas, con nombres dulces
o con besos temblorosos de viuda.
Pero os dejaré escrito el diario de los sueños,
no poesía, sino vida,
con la tinta espesa de las horas.
Aunque no os sirva para nada.
* * *
Regresas, o viajas,
y a veces te encuentras
sumideros del alma,
extraños castillos
de habitantes superfluos.
Te demoras en el sentir,
sobrevives sobre un desierto
de arenas muertas
y fantasmales.
Compiten con la sombra
de tu hambre
y quemas el papel amarillo
de tus poemas más dulces.
Te haces hombre y adelgazas,
plantas un árbol y te nace un cuchillo.
A veces sólo te vale la poesía.
A veces nada.
* * *
Aprovecha que siempre vives
la vida muerta de los ajenos
para sorprenderte a ti mismo llorando
sobre tu tumba
tan clara y tan ausente también
en ese entorno impasible
que es un cementerio en las afueras,
aprovecha que tus sueños no obedecen
a las normas de cemento
que son tu pensamiento,
para sentirte libre de tu casa y tu cuerpo
de tu camisa y tus zapatos
del bolsillo escaso que te compra espejismos,
aprovecha tus manos sumisas
para garabatear sobre el papel
la historia verdadera de la mentira
y contadla a esos niños tristes que te habitan
para que lloren con la alegría siniestra
de los payasos
y cuando se incendie tu casa
recoge tan sólo los papeles
los billetes contra el banco de la nada
y sueña con bosques quemados
y el dulce aroma de la ceniza.
* * *
Ahí, en esa esquina casi oculta,
el mundo se rompe en sus propios cielos,
la esperanza muerde con su boca de gata
y el horizonte es travieso como un ciempiés.
Tú eres tan pequeña que te faltan
deseos
y tu vida es el alfiler donde te miras.
Tus animales son sombras
y tu despertar es una burbuja
de cristales amarillos
con una mirada triste.
Allí, en ese armario robusto y sin alma,
las colecciones se deterioran
y el sol abre su boca de linterna.
Tú te marchas hacia los extraños valles
donde permaneces silenciosa.
Yo me subo a las montañas de barro
que resbalan por mis nudillos.
Tú no lo sabes y yo lo sé,
que el cuarto de la ceniza
ya no puede ser presa del fuego
y que el pájaro herido
tan sólo escupe en su ceguera.
Y que allí, aquí, en esa falsa esquina,
se encuentran los cadáveres maniatados
que fuimos tan amantes.
