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Desde épocas muy antiguas, el ayuntamiento nombraba al responsable o responsables de las fiestas de San Juan. Aunque el primer "abanderado" que los documentos nos han dado a conocer es de 1560, Francisco Carrasco, la fórmula para la elección de dicha persona redactada en 1747, nos parece digna de reproducción: " En esta Ziudad se acordo por los Señores que la componen que respecto de estar Prosima la festividad del Señor Sn Juan, y ser constumbre en esta Ziudad el tener fiesta de Toros, y asi mismo auer Comisario, para que cuide, y organizare dicha funzion que el sr. Dn. Pedro Joseph Alonso de Castañeda Comissario nombrado por esta Il. Ziudad para ello cuide de lo que sea nezesario a dicha fiesta de Toros, procurando, con todo cuidado, aiga Capea, para que se Corra en la Plaza y asimismo, cuide y asista a la Composizion de las paredes, y puerta del Toril, Varreras, y que para la funzion aiga refresco como es constumbres." En la actualidad, y desde 1859, el abanderado es elegido de entre los miembros de las diferentes corporaciones municipales, y continua siendo el encargado de preparar todo lo relativo a las fiestas de San Juan.
Corresponde a los abanderados y al asombrerao de las peñas y del ayuntamiento la labor de elegir los toros. A pesar de que no se puede hablar de un prototipo de toro, si se pueden señalar algunas características que son más apropiadas para nuestras fiestas. La presencia del toro y su integridad, son la norma fundamental que todo coriano desea. Otros matices como que el toro no esté pasado de kilos, que tenga pezuñas duras, gran resistencia, etc. constituyen la garantía del buen juego del animal, verdadero protagonista de la fiesta. Varias son las ganaderías que han pasado por los sanjuanes, pero de entre ellas, los toros de Sánchez Maza siempre han sido muy apreciados. La historia nos ha dejado nombres de toros que han saltado a la fama por varios motivos. El ya mítico "Descornao", aunque su verdadero nombre era "Resellao", "... pozo inagotable de anécdota y leyenda", que escribía el cronista, corrido el 24 de junio de 1919. O aquel toro de Pérez-Tabernero cuya fiereza no acobardó a los mozos ávidos de fiestas en 1945, y que una vez hecho dueño de la plaza, sus ansias de libertad le llevaron a derribar dos portonas. O el toro que en 1979 se fue creciendo poco a poco hasta acabar siendo uno de los mejores de la década. O los Cobaleda que trajo el abanderado Calixto García en 1983, que causaron pavor debido a su casta y bravura. O ya en nuestra década el toro apodado "Astronauta", que haciendo honor a su sobrenombre, subió hasta el segundo piso de un edificio, causando estupor entre las gentes que allí se encontraban viendo el encierro.
El recorrido de los toros por Coria se divide en dos partes: la llegada del toro al toril, el encierro, y la suelta del toro en la plaza y calles del casco histórico. Si bien la suelta se ha mantenido invariable a lo largo de la historia, el encierro si ha sufrido varias modificaciones. Conocemos dos ubicaciones diferentes del toril, la actual, junto al ayuntamiento viejo, que ya se constata al menos desde 1919, y la que nos muestran los documentos de los siglos XVI al XIX, junto a la Cárcel Real. La arriesgada labor de conducir los toros desde las dehesas cercanas a la ciudad hasta los toriles se ha realizado con diferentes técnicas y recorridos. Una de las más antiguas que los corianos recuerdan consistía en traer los toros desde Minguez, atravesando el vado del río Alagón, y subiendo por la barrera del Prior para entrar en la ciudad por la Puerta Nueva, y una vez dentro, conducirlos por las calles hasta el toril, todo ello a caballo con la ayuda de los capeones. Los capeones eran los becerros sin destetar que el día antes de San Juan se encerraban con sus madres en el toril, y allí permanecían encerrados mientras las vacas eran devueltas a pastar en la dehesa donde se encontraba el toro, que posteriormente subía hasta el toril arropado por las madres que buscaban a sus crías. En las décadas de los 50 y 60, los toros se guardaban en el huerto de "Lecherina" (C/ Alfonso VII) y de allí se traían hasta el toril con vacas y caballos. El encierro comenzaba a las 12 de la noche o 1 de la madrugada, y a lo largo del recorrido se ponían carros y remolques para evitar que los toros se escapasen. Si embargo, cuentan las malas lenguas, que algunas veces los mozos ayudaban a que se escapasen, pues así duraba más el encierro. A principios de los 70 se fija el recorrido actual, y para ello se hace un vallado de madera de chopo, para el que se cortaron árboles del ayuntamiento y que duró hasta 1984, año en el que se instala el vallado metálico que hoy conocemos. La colocación de barrotes en las puertas se generaliza a partir de los años 80, pues antes bastaba con un tablón o un pequeño burladero, ya que la mayoría de las puertas estaban abiertas. Las únicas firmemente cerradas eran las portonas de la muralla, que se ataban con maromas para reforzarlas.
Es costumbre infantil imitar todo lo que hacen los mayores, y en lo que concierne a los sanjuanes no podía ser menos. A partir de la romería los chicos de Coria empiezan a sentir que la fiesta se acerca y el juego del toro en la calle se convierte, desde muy antiguo, en su pasatiempo preferido. Un juego simple pero lleno de tradición y simbología. El juego comienza con la frase "que salga el toro valiente" y se reproduce en el mismo escenario que los mayores el desarrollo de la fiesta. Uno de los niños, que representa al toro, porta unos viejos cuernos unidos con un palo, y al igual que éste se siente protagonista de la tradición. Los demás, a buscar refugio en las rejas y puertas de las calles del recinto. Otros entretenimientos infantiles durante las fiestas eran los pucheros, cucañas, carreras de saco y demás juegos tradicionales extremeños, así como la célebre marioneta "chupagrifos" que la década de los 70 esperaban impacientemente los niños corianos. Ya en época más reciente, los encierros infantiles comienzan a celebrarse para deleite de los más pequeños.
Tradicionalmente los corianos se agrupan en peñas, donde disfrutan propios y ajenos, tanto del ponche, como del caldo y demás productos típicos. El lugar preferido para la ubicación de las peñas son los inmuebles situados dentro del recorrido del toro. Actualmente, la dificultad para encontrar locales libres en el interior del casco histórico, provoca la instalación de casetas y peñas extramuros. Las peñas surgen como lugar de encuentro entre amigos, como lugar de reunión, de diversión, de acogida, etc. las peñas con sus distintivos diferenciadores llenan de colorido las calles de Coria durante las fiestas. Estas peñas contribuyen al buen funcionamiento de las fiestas, ambientando de manera especial cada momento del día.
Esta es sin duda alguna la decana de todas las peñas que existen en Coria. La memoria popular remonta su fundación a comienzos de la primera década del siglo XX, hacia 1915. Su principal misión, de la que toma el nombres, es la de asegurar la presencia del toro en las fiestas de San Juan. Si por cualquier motivo, el ayuntamiento no podía asumir el coste de un toro para las fiestas, los miembros de la peña aseguraban su compra. Con el periodo en que la fiesta no se celebra, 1937-1943, desaparece la peña, pero a partir de 1955 vuelve a surgir con su antiguo nombre, asegurando esta vez la compra de un toro para el día 25. El acta de reconstitución de la peña, que hace a modo de estatutos, fue firmada el 15 de junio de 1959, siendo presidente ese año Benigno Clemente Blanco, único representante vivo de la antigua peña. El principal objetivo de la peña era y es, según el acta: "Propagar, impulsar y realzar las fiestas en honor del bendito San Juan Bautista, imprimiendo en todos los actos a celebrar, las notas de tipismo y tradición, según los usos y costumbres que siempre se practicaron en Coria y que por su originalidad se han distinguido de otras similares en los pueblos de España." Esta peña, hasta los años 80 repartía la carne del toro que compraba entre sus socios.
Podríamos decir que la peña de la Juventud Cauriense surge en 1964 como consecuencia del lógico conflicto generacional entre padres e hijos. Los unos agrupados en la Junta de Defensa y los otros en esta peña de nueva creación. Al principio fue un toro, luego dos con el que aportaba José Zugasti, en 1955 había un mínimo de tres, ya que ponía otro la Junta de Defensa, y a partir de 1966 un toro más y por la noche, que fue asegurado por la Juventud Cauriense. Desde entonces, el día 26 esta peña pone un toro para que sea corrido al modo tradicional. El principal distintivo de esta peña es el fajín rojo y el pañuelo, aunque sus insignias se compongan siempre con los tradicionales colores azul celeste y blanco. Fue esta peña la que organizó los primeros encierros infantiles en la mañana del día 26.
La peña el 27 se crea en 1968 y recoge entre sus filas cantidad de jóvenes que según palabras del alcalde de la época, Joaquín Hurtado, se encontraban descontentos con el discurrir de las fiestas. Esta peña tomó como insignia el "sombrerino", que les diferencia de todas las demás, tomando de esta prenda el apelativo de su organizador cada año, el "asombrerao", persona que debe tener todo preparado para el buen transcurso de las fiestas. Con la irrupción de esta peña en el panorama de los Sanjuanes, se amplía un día más las fiesta, aportando entre sus socios un toro más para disfrute de todos los corianos. La peña contó desde su fundación con unos estatutos, en los cuales se decía que ningún político podía pertenecer ni entrar en la peña. Algunos recuerdan todavía como un gobernador civil tubo que conformarse con tomar el rico ponche que preparan en la puerta de la peña, negandosele la entrada por su condición de cargo político.
El día más completo de las fiestas es en el que se sueltan tres toros, uno de madrugada, otro al mediodía y otro al atardecer. La crónica de cada toro comienza con el embarque en el campo y su traslado a la ciudad. Los que se correrán en el encierro se desembarcan en los corrales de la Calleja de los Mártires, mientras que el toro de la tarde se traslada directamente al toril de la plaza. De los dos encierros, uno se celebra de madrugada y otro al mediodía. Aunque el encierro de madrugada es más tradicional y popular, el de mediodía se desarrolla en un ambiente más accesible a la población y más desafiante a los corredores, dado el horario matinal. El encierro comienza con la suelta arropado por los cabestros, hasta su llegada al toril de la plaza, conducido por los corredores. Una vez encerrado el toro, los cabestros regresan a los corrales por el mismo camino. La lidia del toro en la plaza y la posterior suelta por las calles del recinto amurallado se anuncia con tres toques de campana, separados cada uno de ellos por intervalos de diez minutos. Mientras suenan las campanadas de la vecina iglesia de Santiago, la gente busca su acomodo en las diferentes peñas, casas y tablaos, y a su vez se cierran las cuatro portonas de la muralla y de la plaza. A la voz de "toquen la tercera campanada" comienza el nerviosismo en la plaza y se suelta el toro. De nuevo se suceden tres toques de campana avisando de la suelta por las calles. Es aquí donde comienza la verdadera esencia de la fiesta de San Juan. En su libre recorrido por las calles, el toro se convierte en el principal protagonista, sucediendose escenas de tensión, tanto en los corredores como en los espectadores que se sienten igualmente embriagados por el ambiente indescriptible que envuelve las calles de Coria. Este ambiente, es perceptible desde la misma entrada en el recinto amurallado. Tras pasar las portonas, corianos y foráneos comparten la sensación de riesgo, peligro o miedo que perdura mientras el toro sea el amo de la calle. Estos intensos momentos se prolongan aproximadamente unos noventa minutos, y es el abanderado, como responsable de la fiesta, el que establece la hora de la muerte del toro. Muerto éste, baja la tensión, y dentro de la relajación general, los comentarios sobre el juego del toro, las anécdotas y diferentes vivencias, son el denominador común de los corrillos que se forman en las peñas, casas y demás rincones. Son estos instantes en los que se aprovecha para degustar la gastronomía típica de estas fechas. El tradicional ponche compuesto de vino, agua, limón y azucar, es elemento indispensable para que los corredores repongan las energías perdidas.
Las fiestas de San Juan, en su larga historia, han dado lugar a muchas anécdotas. Algunos toros se escaparon del recinto amurallado, desafiando a los corianos en su huida. Uno lo hizo destrozando las portonas que cerraban el recinto en el año 1945. Otros sin embargo saltaron las barreras cerca de la catedral, corriendo libre hasta el borde de las chumberas, algunos osados mozos consiguieron que volviera a entrar en la zona del recinto. Los toros, como ya hemos explicado, venían conducidos por vacas, o mansos, pero alguno como el llamado "Pernales", que se le trajo desde Torrejoncillo uncido con un yugo, junto a una vaca, en 1946. Este toro además estaba herrado, y según cuentan las crónicas fue muy animado.
Páginas del NCC de Coria sobre la Historia de los Sanjuanes Lista con todos los Abanderados Algunas fechas
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