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"No hay
ADN para resucitar a un dinosaurio"
Con 45 años y aspecto de aventurero,
este profesor de la Universidad de Chicago es uno de los principales
“cazadores de dinosaurios” del mundo. Tras sus hallazgos en
Argentina del Herrerasaurus y el Eoraptor, ha puesto sus miras en
África, donde espera descubrir las pruebas fósiles que ayuden a
reconstruir el árbol evolutivo de aquellos gigantes
desaparecidos.
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El cazador exhibe su preciado
trofeo Paul Sereno muestra una garra
de Suchomimus tenerensis, un dinosaurio de hace 100 millones
de años cuyos restos fósiles halló en 1997 en el desierto del
Sahara. El paleontólogo cree que África es clave para el
estudio de estos grandes animales. |
El cazador
de dinosaurios más famoso del mundo vuelve a la carga. Mientras
trabaja en la puesta en marcha de interesantes proyectos para
acercar la ciencia a los jóvenes, Paul Sereno prepara una nueva
expedición a África, donde espera encontrar datos que le ayuden a
reconstruir el árbol genealógico de los dinosaurios, sus antepasados
y sus descendientes.
– Cuesta creer que
los pájaros desciendan de los dinosaurios. ¿Tienen actualmente los
científicos suficientes pruebas para demostrarlo? – Hace
más de cien años que se formuló por primera vez esta teoría. El
propio Darwin encontró similitudes entre los huesos de los pájaros y
los fósiles de los dinosaurios, unos seres muy poco conocidos en
aquella época. Actualmente tenemos muchas evidencias que permiten
entender cómo se produjo la transición. Por ejemplo, hemos
encontrado fósiles de dinosaurios que tenían plumas y de aves tan
primitivas que cuesta saber si son pájaros o dinosaurios.
–¿Cómo evolucionaron los pájaros? ¿Por
qué aparecieron las plumas si no servían para volar?
–Muchos animales tienen órganos que han sobrevivido a la
evolución por motivos diferentes a su función actual. Quizá los
humanos no fuimos diseñados en principio para andar erguidos y por
eso tenemos problemas con la columna vertebral. Es muy probable que
las plumas sirvieran en principio para cubrir el cuerpo de los
pequeños dinosaurios, para mantener la temperatura. En España hay
fósiles de dinosaurios pequeños, con plumas y extremidades
superiores muy fuertes. Estos animales desarrollaron un nuevo estilo
de vida y acabaron teniendo capacidad para volar.
–¿Qué indica el descubrimiento en China del fósil de
un Microraptor, dotado con cuatro alas? –Es fabuloso. Nos
da una excelente idea de cómo pudo desarrollarse la capacidad para
volar. El Microraptor es uno de los dinosaurios mas pequeños que se
conocen. Está claro que este tipo de animales podía saltar de un
árbol a otro y planear con la ayuda de sus alas cubiertas de plumas.
A partir de esta habilidad, pensar en la aparición de los pájaros
voladores es mucho más fácil.
–¿Por qué
desaparecieron los dinosaurios y sobrevivieron los pájaros?
–La extinción ocurrida a finales del Cretácico, hace 65 millones
de años, afectó especialmente a los animales terrestres de grandes
dimensiones porque eran relativamente pocos y tenían pocas
posibilidades de encontrar refugio y alimentación. Es cierto que las
aves tampoco tenían muchas posibilidades de escapar a una catástrofe
como la provocada por el impacto de un meteorito, porque si faltaba
el alimento no podían sobrevivir muchos días, como hacen los
cocodrilos. Pero el núcleo del cataclismo se encontraba en América
Central, donde con toda seguridad los pájaros hallaron algún refugio
en el continente o en alguna isla.
–¿Podremos volver hacia atrás y recrear a los
dinosaurios? –No existe ADN de dinosaurio que nos permita
hacer realidad historias como la de Parque Jurásico, pero podemos
avanzar mucho descubriendo nuevos fósiles y reconstruyendo el árbol
evolutivo de estas criaturas excepcionales.
–¿Cómo empezó su carrera en el descubrimiento de los
orígenes de los dinosaurios? –A mediados del siglo XX se
encontraron en la Patagonia argentina algunos fósiles interesantes,
incluida la pata posterior de un gran dinosaurio, que cayeron en el
olvido durante tres décadas. Así que cuando logré crear un equipo de
investigación en la Universidad de Chicago en 1988, decidimos ir a
investigar sobre el terreno. Éramos jóvenes, desconocíamos la zona,
no hablábamos español y los científicos locales nos dijeron que no
encontraríamos nada, pero en tres semanas de excavaciones
descubrimos el primer esqueleto en buen estado. Aquello cambió mi
carrera. Me di cuenta de que, persistiendo en el esfuerzo,
hallaríamos más cosas interesantes. Desenterramos un buen ejemplar
de Herrerasaurus, un dinosaurio carnívoro bastante primitivo, de
unos 4 metros de altura, y unos 300 fósiles de otras
especies.
–Debe conservar muy buenos
recuerdos de Argentina... –Sí, en 1991 volvimos a la
misma zona y descubrimos los restos de un pequeño Eoraptor, que
vivió hace unos 228 millones de años. Se trata de una de las
especies de dinosaurio más antiguas que se conocen.
–¿Cómo llegaron a convertirse algunas de estas
especies, que evolucionaron a partir de pequeños reptiles, en los
animales terrestres más grandes que jamás han existido?
–Seguramente tenían una fisiología muy diferente a los
mamíferos, muy probablemente estaban a medio camino entre los
animales de sangre fría y los de sangre caliente. Los grandes
dinosaurios tenían un sistema propio para evitar la pérdida de calor
y energía.
–¿Cómo influyó la deriva de
los continentes en su distribución sobre la Tierra? –Hace
diez años que investigo en el tema; de hecho, trabajo mucho en
África porque es una de las piezas que falta en el rompecabezas de
la evolución de los dinosaurios. Hasta hace 50 años, el 90 por 100
de los fósiles se habían encontrado en Europa, Norteamérica o Asia.
Nadie se había dado cuenta de que el mayor desierto africano y del
mundo, el Sahara, está repleto de rocas de la época de los
dinosaurios. Podemos recrear el mundo del Cretácico en África.
–¿De niño ya soñaba con “cazar” animales
prehistóricos? –Era mal estudiante y pensaba ser artista,
porque tenía algo de talento para la pintura, pero también soy un
aventurero. No podía imaginar una vida sin viajar; soñaba con
participar en todo tipo de expediciones hasta que un día, cuando ya
había empezado la carrera de Bellas Artes, tuve la suerte de visitar
el Museo de Historia Natural de Nueva York. En aquellas salas
descubrí que la ciencia no era necesariamente una disciplina fría,
aburrida y llena de personas en bata blanca, y entonces supe lo que
quería hacer con mi vida. Entendí que la actividad científica me
permitiría combinar la aventura con las cualidades artísticas,
aunque lo de los dinosaurios vino más tarde.
–Porque cuando usted era joven, no existía la
“dinomanía”... –Es cierto, aunque tampoco estaba
interesado por el estudio de los dinosaurios cuando era un niño.
Bueno, la verdad es que no estaba interesado en ningún tipo de
estudios. Quizá por eso ahora me importa mucho que los jóvenes
tengan alicientes para interesarse por la ciencia. La aventura es
una manera de atraerles hacia los estudios y la investigación.
“Justo donde puse la mochila,
allí estaba el Herrerasaurus. No quería mirar por miedo a que
desapareciera”
–Después de su visita al Museo, empezó a
estudiar Biología. ¿Cómo encauzó su especialización?
–Cuando acabé la primera parte de mis estudios
universitarios en Chicago propuse siete temas para la tesis, desde
el origen de las ballenas hasta la evolución de los ungulados.
Finalmente descubrí que me atraían los dinosaurios, quizá porque
nunca habían sido tratados seriamente.
–Y encontró su primer fósil... –Mi primer
hallazgo importante fue en Argentina en 1988. Estábamos explorando
una gran área de 150 kilómetros cuadrados, que recorrimos de punta a
cabo sin ningún resultado, y ya nos íbamos a dar por vencidos. Pero
antes de trasladar el campamento a otro lugar disponíamos de un día
de descanso, y yo decidí dedicarlo a rastrear de nuevo la zona con
algunos voluntarios. En el sitio exacto donde dejé la mochila,
hallamos el fósil de un enorme Herrerasaurus. Fue un momento tan
glorioso que no me atrevía a volver a mirar por miedo a que
desapareciera. Me puse a llorar de alegría.
–¿Cuál es el fósil más importante de su carrera?
–Supongo que los dinosaurios más antiguos pueden ser
considerados como los más importantes, quizá los encontrados en
África...
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En busca del fósil
perdido |
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Nacido en 1957
en Illinois (EE UU), Paul Sereno tiene un aire a lo
Indiana Jones que le valió para ser elegido por la
revista People entre las 50 personas más atractivas del
mundo en 1997. Pero más allá de su aspecto atlético y
sus maneras de aventurero, que despiertan el recelo de
los científicos, Sereno es un paleontólogo serio a quien
se debe el descubrimiento en 1991 en Argentina del
Eoraptor, uno de los dinosaurios más antiguos (228
millones de años). Este año, el equipo que dirige en
la Universidad de Chicago presentará nuevos artículos
sobre sus hallazgos en África, como los fósiles de
dinosaurios carnívoros, competidores africanos del
Tiranosaurus rex, y los de un reptil con alas llamado
Terosaurus. También seguirán explorando el Sahara,
diversos yacimientos del este de EE UU y el desierto de
Gobi, en Mongolia. Además, Sereno ha montado con su
esposa, la historiadora Gabrielle Lyon, el Project
Exploration (www.projectexploration.org), una iniciativa
para que los jóvenes interesados en la ciencia puedan
estudiar y desarrollar una carrera científica.
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Web del
Project Exploration, una empresa promovida por
Sereno para ayudar a jóvenes
científicos. |
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–Precisamente en el Sahara usted y su equipo de paleontólogos
realizaron un espectacular descubrimiento: un gran reptil, que
dieron a conocer en 2001... –Sí, el
Sarcosuchus imperator, un cocodrilo gigante de más de 13 metros de
longitud que vivía en lo que hoy es el desierto hace 110 millones de
años. Era un animal sorprendente que comía dinosaurios. Además
pudimos ofrecer una imagen muy aproximada de cómo era gracias a la
recreación artística realizada a partir de los fósiles de tres
ejemplares diferentes.
–¿Sabe que otros científicos le critican por su
popularidad? –La
popularidad es una arma de doble filo. Yo soy un caso poco habitual:
un científico popular en una universidad de prestigio. Por esta
doble razón estoy más obligado que nadie a fundamentar mis trabajos
en artículos científicos y a demostrar que tienen una base sólida.
Respecto a las críticas, hay que saber aceptarlas; existen cosas
peores en la vida.
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Investigador y
famoso Sereno es un hombre popular en EE UU, que
usa la fama para divulgar sus conocimientos. Aquí, en el Museo
de la Ciencia de Barcelona ante un esqueleto de Protoceratops.
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Joaquim
Elcacho
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