UNA APROXIMACIÓN TRADICIONAL DE LA PINTURA EN EL ARTE CRISTIANO
PRINCIPIOS Y PROBLEMAS DEL ARTE SACRO
PASCAL MEIER
( FRAGMENTOS extraídos de CONNAISSANCE DES RELIGIONS nº 60 )
PRINCIPIOS
Fundada principalmente en la doctrina del misterio de la Encarnación del Hijo expresada por esta palabra patrística: "Dios se hizo hombre (imagen) para que el hombre (hecho a la imagen de Dios) se hiciera Dios", la tradición iconográfica cristiana tiene como origen directo un modelo revelado en la imagen aqueïropoïeta de Cristo. Aquel que es le Símbolo visible del Ser creador, Fuente de toda manifestación cósmica y por lo mismo de todo el arte sacro cristiano. (...)
Dado que "el Verbo se hizo carne", el arte sacro cristiano es, y permanecerá esencialmente figurativo incluso aunque comprenda elementos ornamentales. Su modo de representación central es la pintura que remonta al icono de la Virgen con el niño trazada, nos dice la leyenda, por san Lucas bajo la inspiración de los Angeles. (...)
Con la desaparición de la civilización tradicional de la Edad Media y la perdida de la consciencia espiritual, la posibilidad de un arte sacro cristiano tal como él debe de ser, ya no es realizable hoy en día. Sin embargo la Biblia nos enseña que el cristianismo permanecerá hasta el fin de los tiempos, y por este hecho, la existencia de un arte cristiano será por consiguiente siempre posible pero ¿bajo que condiciones y bajo que formas?(...)
Reposando en lo inmutable, el icono y la catedral prolongan el "descendimiento" del Verbo en el mundo y dan testimonio de la completa deiformidad del hombre. (...)
El arte sacro cristiano tiene una doble función: medio espiritual directo, siendo por ello mismo el soporte de contemplación "sine qua non" de la "inteligencia colectiva" por una parte, y de esencia teológica, haciendo presentes las verdades reveladas por sus modelos perfectamente conformes a los prototipos celestes por otra parte. El origen angélico del arte cuyos modelos reflejan las realidades supra-formales esta confirmado por todas las civilizaciones tradicionales; sus artes sacros son una imitación del Arte divino, dicho de otra manera, el artista-artesano imita la manera como el Espíritu divino opera para la creación de una obra. Es por medio de técnicas rituales, de plegarias y de una interiorización contemplativa como el artista-artesano refleja en su alma un arquetipo celeste. gracias a esa "intuición" de orden supra-formal, él interpretará este arquetipo bajo una forma mental o conceptual para realizar finalmente una obra cercana a esa imagen síquica. (...)
La tradición está ahí para garantizar y perpetuar un arte sagrado que conviene al hombre, tanto al sencillo como al sabio, y a su fin último (...) Un arte sagrado no se inventa, solo lo Invisible determina el contenido y la forma que va a tomar tal arte y no tal individualidad. El arte sacro es por lo tanto antes que nada una apertura sobre el más allá y el "descenso de lo Increado en lo creado". (...)
El Románico y el Gótico han sido las últimas manifestaciones de lo sagrado en el arte cristiano occidental. Resurgencia de la Antigüedad grecoromana decadente, el Renacimiento es una vuelta al ámbito de las pasiones mundanas y del individualismo creador. En ruptura con una tradición secular que no dejaba nada fuera de Dios, los principios del arte, en el Renacimiento, caerán finalmente en la dependencia del ego desespiritualizado. La rápida introducción del naturalismo y de la perspectiva de profundidad, dan fe del olvido de una consciencia espiritual que traduce en una visión simbolista los contenidos supramentales de una contemplación, a través de un estilo apropiado. (...)
Ningún arte sacro puede contener una obra sacra con formas profanas, dada la analogía directa y rigurosa entre la forma y el Espíritu que la ha insuflado. Solo el Espíritu puede garantizar la veracidad del arte y erigirse en criterio de toda interioridad y de toda virtud como por lo demás, de toda dimensión necesaria de la existencia. Todas las formas son determinadas por el Espíritu universal o el Ser divino. Es por lo tanto un error el creer que un santo o el Cristo pueden ser representados bajo no importa que forma o más precisamente a través de no importa que estilo. (...)
Para que el arte sea legítimamente reconocido como sacro, debe de comprender imperativamente una "ciencia de las formas", es decir que "el arte sin una ciencia simbólica de las formas no es nada". Sin embargo una civilización tradicional puede admitir un arte relativamente profano, y por lo tanto privado de temas sacros propiamente dichos, desde el momento en el que el estilo se inscribe en la tradición. Recordemos que el origen de los símbolos no deriva de un "inconsciente colectivo" correspondiendo a los contenidos síquicos más confusos y más oscuros, sino de una dimensión supra-mental y totalmente espiritual que es la Inteligencia contemplativa e intuitiva (noûs) que los fijan en formas sensibles. Así los símbolos permanecen conformes a los arquetipos celestes o a la determinaciones del Ser divino a la vez inmutables y transcendentes que ellos reflejan; son como el reflejo del cielo estrellado en el agua: "Todo lo que es abajo", decía Hermes Trimegistro, "es como todo lo que es arriba". Por el respeto a esta ciencia, una obra de arte sacro no está nunca desprovista de la belleza que es, según Platón, "el esplendor de lo verdadero". (...)
Para el artesano de la Edad Media, la belleza de una obra no era buscada por sí misma, sino que la belleza se afirma desde el momento en el que la verdad se proclama, dicho de otra manera, es amar en la imagen lo verdadero. Además si no era absolutamente necesario para el artesano de la Edad Media practicante de su arte, el conocer el sentido profundo de los símbolos que él trazaba, ya que se encontraba en un ambiente providencial y tradicional garantizante de la validez espiritual de las formas por la transmisión de los modelos sacros y las reglas del oficio, el artista-artesano de hoy en día debe de tener a la vez la humildad y el don de si hacia Dios, pero también la consciencia espiritual apta para comprender los contenidos, formas simbólicas y estilos del arte cristiano. Esto con el único fin de contener la idiosincrasia de cada uno, a menudo dominada por las pasiones y las fantasías más arbitrarias (...)
Con el fin de exponer por la forma un tema sacro, la espiritualidad del contenido, la rectitud del símbolo y el estilo a la vez claro y equilibrado deben de estar de acuerdo con la tradición que los a transmitido; ellos definen la belleza intrínseca de una obra de arte sacro garantizando a la vez su inteligibilidad y su universalidad. La interiorización contemplativa y unitiva es capital para la constitución de una obra de arte, ya que ella evita toda desviación demasiado pasional o incluso toda expresión de una sicología individualista que define las obras post-medievales. Conforme a su Prototipo celeste, la "imagen" sacra rompe, por así decirlo, los límites del mental y permite escapar del racionalismo y del sentimentalismo. (...)
En definitiva, la doctrina tradicional del arte sacro cristiano es la de hacer llegar por medio de símbolos figurativos y ornamentales, notablemente simples y primordiales, aquello que los sentimientos o las impresiones no pueden transmitir bajo pena de caer en lo ininteligible: la respuesta a la esencia espiritual de los seres. (...)
Situadas bajo la autoridad espiritual, la arquitectura, la pintura, la escultura y la orfebrería obedecían a las reglas dictadas por el segundo concilio de Nicea en 787: "La composición de las imágenes religiosas no se deja a la inspiración de los artistas: ella revela los principios expresados por la Iglesia y la tradición cristiana... solamente el arte pertenece al pintor; el ordenamiento y la composición, pertenecen a los Padres."(...)
Procediendo de la fijación espacial de los ritmos celestes, una iglesia románica es la ilustración del "tiempo transformado en espacio". El hombre toma entonces consciencia de que puede vivir -aquí y ahora- en un "espacio" que simboliza el origen y la inmutabilidad divinas. El estilo románico es claro e inmediato; podríamos decir que nos ciega por su evidencia. (...)
Esta transformación del "tiempo" en "espacio" simboliza a su vez o bien, desde el punto de vista teológico, "la reintegración de todas las cosas en Jesucristo" (Ef. I, 10), o bien, desde el punto de vista metafísico, la vuelta de la manifestación universal a la Unidad del Principio Supremo. (...)
Una de las imágenes principales del arte cristiano que representa bien en su forma una decadencia, es la del "Cristo en la Cruz". El arte post-medieval en ruptura con la tradición representará a Cristos torturados hasta el paroxismo del sufrimiento(...) El Cristo se volverá entonces un hombre que sufre como los demás; y el naturalismo del Renacimiento acentuará ese efecto. Humanizado, se olvidará que el Cristo es consubstancial al Padre, y por lo tanto igualmente de naturaleza divina. Por el contrario, los Cristos crucificados de la Edad Media de los que un ejemplo brillante se encuentra en el claustro de Silos en Burgos, sobrepasan manifiestamente el simple sufrimiento. Las líneas del rostro de Cristo no parecen estar contracturadas bajo el efecto del dolor, sino más bien dilatadas como una prefiguración de la Resurrección que vendrá. (...)
Por el modelado de los personajes, puesto en relieve gracias a los efectos de luz y de sombra, y por la voluntad de los artistas de rivalizar con la naturaleza, el arte cristiano no podía más que caer en el olvido de aquello que era sensato de expresar como esencial: la Teofanía, la manifestación humana de los Transcendente, el Hombre-Dios. (...)
La dificultad principal para un artista-artesano es la de representar a Cristo tal como se ha revelado en forma humana sin ocultar su naturaleza divina que debe de transparentarse a través de la imagen; y es por la intervención del Espíritu Santo como el artista-artesano podrá transmitir aquello que puede ser percibido por un alma que se ha vuelto semejante a la Virgen María. (...)
En cuanto al periodo romántico, las pintura de Kaspar David Friedrich sobresalen por su particularismo que consiste en ver en los elementos de la naturaleza una revelación divina en la que el hombre parece ser bien poca cosa frente a las potencia misteriosas naturales que le rodean. A pesar de no estar desprovistas de interés, estas pinturas revelan más un cierto panteísmo que una visión espiritual de los arquetipos celestes. Pintores como William Blake ilustrando los textos proféticos, la Biblia o los escritos de Dante en la "Cofradía prerafaelista" impulsada por Dante Gabriel Rossetti, aspiran a encontrar un ideal que se aleja de las tendencias sensibles a la naturaleza de su tiempo. A pesar de que en sus obras se constata una voluntad de una vuelta a lo sagrado, su estilo, y también su contenido, presentan más bien un mundo vuelto hacia lo "irracional" y lo "fantástico" en el cual la alegoría es lo predominante. (...)
Prolongación de las escrituras, el arte sacro cristiano es una escritura pintada o esculpida. Todo aquello que puede distraer la atención del tema sacro debe por lo tanto ser dejado a un lado con el fin de manifestar inteligiblemente la potencia permanente del "Verbo encarnado". Ningún principio realista o naturalista preside este arte en el cual solamente una estilización formal y el empleo de colores lo más a menudo puros, se unen para transmitir simbólicamente una verdad revelada. El rechazo en cuanto a limitarse a reproducir el mundo visible a permitido a los artistas-artesanos el expresar lo sobrenatural de manera eficaz. El rigor del hieratismo de los personajes representados, la expresión impasible de los rostros de Cristo, los nimbos luminosos y perfectamente circulares simbolizando la eternidad y ya usados por los romanos, marcan el carácter intemporal y la perfecta unión a la Luz increada como se puede ver en los mosaicos bizantinos con fondo dorado. (...)
Observar la naturaleza es captar su esencia. Una obra de arte tradicional orientará esta observación por un procesos de estilización. Así la obra estará a la vez próxima a la naturaleza, sin ser un calco de ella, y alejada de ella por la marca del Espíritu. De la misma manera que Cristo es de naturaleza humana y divina, por lo mismo el artista-artesano subordina "lo natural" a "lo esencial". En resumen, el arte cristiano es una irrupción de la esencia en la forma de ahí ciertas deformaciones o proporciones inhabituales para una mirada acostumbrada desde hace siglos a la ingeniosa reproducción de la naturaleza por un Renacimiento a la vez pasional y racionalista. (...)
Una obra de arte que se esmere en reproducir trazo por trazo la naturaleza o la apariencia de los seres vivos, no puede ser acabada más que si ella llega a ser la vida misma. Lo que los artistas a partir del Renacimiento se esmeran en crear, no es a fin de cuentas más que la reproducción de efigies cadavéricas monstruosas de ahí el significativo título de "naturaleza muerta". Incapaz de crear un alma, todo artista debería de abstenerse de copiar escrupulosamente la naturaleza y los seres animados, obras del Creador, con el fin de que no se acabe por idolatrarlos o convertirlos en fetiches. (...)
PROBLEMAS PRACTICOS
Los problemas prácticos son múltiples y pueden resumirse en estos: para estar en acuerdo con los principios mismos del arte sacro cristiano, una fe sincera no es suficiente. Un auténtico arte cristiano no puede existir sin una interiorización contemplativa en el seno mismo del cristianismo y cuya figuración se establezca por modelos o prototipos tradicionales que reorienten al hombre en su verticalidad en Dios salvándole a la vez de lo arbitrario. (...)
Otro problema es igualmente el del medium o la técnica a emplear: un arte sacro cristiano no se despega de una cierta aplicación artesanal. Las tecnologías actuales o futuras en los ámbitos de las "maquinas-herramientas" o de la informática (imágenes virtuales) con todo lo extraordinarias que puedan parecer, son medios que parodian el acto creador y la calidad original e irremplazable de cada cosa hecha por la mano del hombre. El ritmo rápido de las máquinas y de la tecnología informática no permite ya más un alejamiento suficiente de las cosas y rompe todo gesto natural propio al ser humano. Ala inversa, el empleo de una técnica tradicional hace al hombre porque lo completa. Prolongamiento de la mano, la herramienta subraya el influjo espiritualizado del gesto religado al espíritu creador, que liberado de todo automatismo, traza con seguridad y sin duda el dibujo. Es por esa razón que la tradición cristiana definía no solamente el contenido y el estilo, sino también sus medios prácticos en los que cada herramienta revelaba un simbolismo particular: relacionándose la herramienta con el Logos creador mismo.
Así, ¿cómo realizar una obra cristiana sagrada fuera de un monasterio, lugar favorable a la meditación y a la oración, o fuera de un marco definido por la tradición? (...)
Creyente antes que nada, el artista-artesano de hoy en día debe hacer prueba de una consciencia apta para discernir los errores en las formas, tener el sentido de lo sagrado o más bien ser consciente de su desaparición, no dejarse distraer por las formas numerosas, múltiples y dispersantes de las imágenes difundidas, ser humilde hasta desaparecer, evitar todo sincretismo que podría perjudicar la obra, educar la mirada purificándola de todo lo que es inútil y sin interés, tener un conocimiento suficientemente profundo de la iconografía cristiana y fijar finalmente una elección de los modelos a realizar que corresponde a su personalidad espiritual. En vista del estado cíclico actual, los temas centrales del arte sacro cristiano tales como las representaciones de un Cristo en majestad, de una Virgen con el niño, de un Crucifijo o los temas del Apocalipsis como el Ultimo juicio que se encuentran en muchos pórticos de iglesias, son suficientes para recordar al hombre occidental lo que constituye su existencia. Lo principal es el sujetarse a los modelos consagrados que nos han llegado, y captar el núcleo esencialmente cualitativo del simbolismo que lo saca a la luz. (...)
Semejante a la belleza que él transmite, el artista-artesano debe de desapegarse de todo lo que podría perturbar su alma. Con el fin de transponer lo mejor posible la visión espiritual en la materia, él debe de suprimir cualquier disturbio de su corazón. Dominar la actividad mental, es ya estar a disposición de recibir la inspiración de un arte sacro. El arte de pintar o de esculpir un Cristo en majestad por ejemplo no se concibe sin ser una cierta forma de plegaria. No pedir la ayuda providencial de Dios, es crear una obra sin El, y por lo tanto condenada al fracaso. Por otra parte afrontar la pintura o loa escultura como una oración en acto es una manera de comunicar secretamente con Dios.
La expresión impasible de un Cristo en majestad revela lo inexpresable. Ninguna agitación, ningún tormento, arrebato, desenfreno o desorden pueden leerse frente a la representación de Cristo o de cualquier otro Icono; todo es apaciguamiento, quietud, paz, serenidad, beatitud y silencio. El rostro de Cristo debe siempre ser representado de frente con el fin de que pose totalmente su mirada sobre el hombre que viene a contemplarlo como por la confianza que se testimonia a un amigo al que se quiere. He aquí lo que debe expresar un pintor lo mismo que un escultor, pero para poder manifestarlo, una vez más es necesario vivirlo interiormente y de manera suficientemente intensa.
Por este ejemplo, el artista-artesano se identificará naturalmente a su modelo según la capacidad de su receptividad contemplativa. Toda perturbación o tormento tanto exterior como interior, lo mismo que los pensamientos inútiles se dejarán inevitablemente sentir en su trabajo, incluso de manera sutil. El ideal desde luego sería que el corazón esté enteramente vacío de todo lo que impida tal camino, para recibir plenamente la inspiración divina que afluirá hasta las venas de la mano, permitiendo así una fluidez del gesto que expresará con potencia el trazo justo mezclado con el inexpresable fuego del amor que invado todo el ser.
La duda que aparece en el momento de la creación de una obra es el enemigo jurado del artista-artesano. Ninguna duda en la creación del artes cristiano; la confianza es la misma que tenemos hacia Dios y según Su voluntad. Vano parloteo del alma tentada por la acción diabólica, la duda compromete toda actividad orientada a la realización espiritual del artista-artesano. Hay que volverse sordo a aquellos que profesan la duda, ya que esta desestabiliza al hombre en su creencia más intima en Dios y a sus actos correspondientes a lo que él es. Todo artista-artesano debe desconfiar de la duda que se filtra insidiosamente en el alma no vigilante y no buscar más que la evidencia de la verdad más deslumbrante que el sol y "más íntima", decía san Agustín, "que lo más íntimo que hay en nosotros". Nunca insistiremos lo suficiente sobre el hecho de que un artista-artesano se transforma al actualizar su arte para ser recreado a la imagen y semejanza de Dios; y ser a la semejanza, es reintegrar la imagen anterior a la caída, dicho de otra manera realizar los "Pequeños Misterios". La dificultad mayor es la de renunciar a uno mismo. (...)
El arte sacro cristiano es un recuerdo de la presencia de Dios que no tiene otro objetivo que el de unir al hombre con El. No es solamente pintando u orando como nos dirigimos a El, sino en todo momento. En cada actividad, en cada uno de nuestros pensamientos, estamos en presencia de Dios. La vida misma reside en Dios. No se comprende plenamente el arte cristiano más que practicándolo de la misma manera que no se comprende la oración más que orando. (...)
La imagen producida por el artista-artesano es enteramente lineal y precisa en el trazo. La claridad del trazo permite que se hagan inteligibles las formas simbólicas con el fin de que la comunidad cristiana pueda con facilidad reconocer de que se trata y con que se relaciona todo ello. El trazo que se relaciona con la inteligencia da la pertinencia simbólica de las formas. El color no es un añadido, sino un complemento necesario por la fuerza luminosa que ejerce sobre el alma. Si el trazo dibujado corresponde al rigor geométrico de las formas, el color corresponde al amor infinito de la belleza. Esto nos lleva a decir que el trazo delimita el color que, recíprocamente, anima la verdad de las formas geométricas.
La aplicación de la pintura plana nos parece más apropiada que el modelado, porque ella evita toda ambigüedad en relación con la realidad corporal. La simplicidad de la factura de la pintura plana permite que el color entregue toda su intensidad luminosa, una mejor claridad de las formas y un respeto de la naturaleza del soporte. El toque expresionista, demasiado ligado a la patología del individuo, así como el toque impresionista, demasiado sugestivo, a pesar que tienen ambos estilos cualidades coloristas innegables, no merecen la pena de ser explorados.
En la pintura mozárabe de los Beatos por ejemplo son los colores los que por su saturación y vibración, dan al conjunto de la composición su coherencia y su dinámica. La característica específica de esta pintura son los fondos en bandas de colores con los tonos tan contrastados que la composición llega a ser el soporte espiritual de una visión superior de los misterios divinos. Esas tintas tan impactantes por las gamas tan discontinuas están muy alejadas del mundo sensible en el cual los tonos del prisma se suceden sin ruptura. "La desazón perceptiva" que resulta de ello, lleva al espectador a sobrepasar un modo de ver el mundo limitado a los ojos carnales para despertar en él una visión totalmente espiritual con vistas a acceder a una visión extática propia a la Revelación apocalíptica que esta pintura traduce.(...) Por su abundancia de colores vibrantes, la pintura mozárabe corresponde a una difracción de la luz en tanto que Luz divina. A la visión de estas pinturas tan coloreadas, el espectador se despega en consecuencia del modo sensible y racional para acceder al conocimiento de las realidades celestes. (...)
Para realizar un arte cristiano, un lugar donde reine el silencio y predisponga a la meditación y a la concentración es desde luego preferible. Un espacio abierto a la luz natural igualmente va a contribuir a una mejor creación. Un material apropiado así como reproducciones de calidad como referencias iconográficas son los medios elementales para un acercamiento práctico.(...)
También es necesario siempre tener el corazón abierto a la plegaria. Para ejercer su arte, el artista artesano sigue un ritmo conforme a su naturaleza "capaz en Dios" y no debe dejarse llevar ni por el entusiasmo desmesurado ni por una apatía que podrían afectar a su arte. El artista-artesano termina por olvidarse de la realización para encontrarse en aquello que el realiza. (...)
Si el artista-artesano asimila perfectamente el modelo a realizar, todo es claro en su cabeza y ya nada entorpecerá su trabajo. Sin preguntarlo, el artista-artesano recibirá la respuesta de su trabajo a través de lo que haya hecho; él cobrará el conocimiento que tiene de si mismo a través de su realización. El éxito de una obra depende de la liberación de su voluntad propia y de su inteligencia contemplativa.
Nuestra mirada se modifica desde el momento en que nuestra alma se transmuta en Dios, es por eso que a un icono se le denomina hagiofanía; que nace a la vez de la plegaria y de la visión. (...)
Hoy en día, el simple hecho de estudiar escrupulosamente los modelos que están a nuestro alcance y el copiarlos es ya una preparación loable para la renovación de un arte cristiano en Occidente. (...)
Todo arte sacro contiene un "margen de imprecisión"; esto se justifica en el sentido en el que solo Dios es perfecto. Un acercamiento demasiado reflexivo y calculado como la perspectiva matemática no puede más que ser un obstáculo a la espontaneidad inmediata del artista-artesano que se someta a reglas que le orientan en todos los detalles de su trabajo.
La practica no depende del hacer o del saber hacer, sino de "estar listo al buen momento". Todo depende de la disponibilidad o del "estado de ser". Ahí intervienen las condiciones necesarias a la elaboración de una obra. El artista-artesano debe de alguna manera dejarse "habitar" o "vivir" por el modelo que va a pintar o esculpir. Y como no pintará o no esculpirá lo que le es propio sino la imagen misma de su ser -y de aquello que él es en realidad- el artista-artesano se dará cuenta de que solamente el talento no es suficiente si no se acompaña de una contemplación receptiva a la gracia del Espíritu Santo. Aquel que ha conocido esa Gracia, la vuelve a buscar todo el tiempo. "Estar listo al buen momento", es saber dejar actuar en nosotros el soplo del Espíritu que ayudará a trazar de manera natural y sin dudas, las formas a manifestar. (...)
Nuestro "ego" impedirá el que "estemos listos" asaltándonos con pensamientos de todo tipo que invaden nuestra mente. En ese momento es inútil continuar, vale más ocuparse de otras cosas; incluso la oración, si esos pensamientos persisten, no puede remediarlo. (...)
Situado en el ámbito de la relatividad, el arte cristiano sacro es una aplicación de los principios emitidos por el Artista divino. Estos principios están siempre presentes para aquellos que pueden reconocerlos; y reconocerlos, es poder dar vida a estos principios por métodos prácticos (...)
El estudio de la iconografía cristiana es por lo tanto necesario. Esto incluye tanto la comprensión de los símbolos como el estilo inseparable del contenido de una imagen sacra. Los modelos no faltan; estos no son simples vestigios arqueológicos a analizar, sino los soportes de un arte vivo con contenidos intemporales que es necesario saber redescubrir y reactualizar. Y es recreando a partir de estos modelos, como se puede llegar a hacerlo. Pero además es necesario poder asimilarlos plenamente con el fin de realizar en un soplo vivificador la unidad y la calidad única de una obra partícipe de una renovación inimitable del arte sacro cristiano. (...)
Dedicarse a copiar servilmente lo que ha sido hecho antes sin vivirlo interiormente es un engaño ya que es cierto que sin el despertar del espíritu contemplativo, la renovación del arte cristiano no sería más que una reconstrucción estéril y sin sabor. (...)
Por otro lado la Iglesia de Occidente debe poner todo su empeño en afirmar su carácter intemporal potenciando lo que ella tiene de más perfecto y sin equívoco en su arte: las iglesias románicas con todo lo que ellas implican, las vidrieras y rosetones de las primeras catedrales góticas (...) los pórticos (...) los esmaltes (...) la orfebrería (...) los mosaicos (...) las miniaturas (...) y mantener realmente una tradición viva en lo referente a los objetos de la liturgia y las vestimentas sacerdotales.
( PASCAL MEIER en Connaissance des Religions (nº 60), B.P. 32 - 77212 Avon Cedex )
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