Aclaración de Términos
Corazón. (Ver Hridaya). Centro del ser, «lugar» de actualización de las manifestaciones incesantes de lo Absoluto; todo corazón divinizado toma la forma perfecta adecuada para reflejar fielmente la actividad de lo Real. Sede de la Intuición Intelectiva o Consciencia y no sede de las emociones y sentimientos como se viene considerando actualmente al confundir lo emocional y sentimental con lo espiritual, consecuencia de confundir el alma con el espíritu.
«Lo mismo que el sol da a los planetas su luz, igualmente el corazón –sede del intelecto– ilumina todas las facultades» (Titus Burckhardt).
«Se sabe que en las tradiciones gnosticas de la India (sâmkya, vedanta, jñâna-yoga), el corazón (hrid o hridaya) no está asociado al sentimiento sino al conocimiento; de ninguna manera es la sede de las sensaciones, emociones o pasiones sino la sede del intelecto, en el sentido guenoniano del término, de esa pura intuición intelectual (buddhi o mati) que ve directamente las cosas en su luz verdadera sin pasar por la intermediación del mental (manas). Es más, según los más antiguos upanishads, el corazón es considerado como el centro del "alma viviente" individual (jivâtman), idéntica en su esencia al Principio supremo del universo (Paramâtman o Brahman). Nuestra individualidad humana es a la vez somática y síquica o, en términos hindúes, grosera y sutil. Es de todo este compuesto –y no solamente del cuerpo material– del que el corazón (la "caverna" o el "santuario") es el centro.» (Pierre Feuga)
Hridaya (Hrid). (Ver Corazón). El «centro del Ser». En la tradición metafísica de la India, así como en la tradición metafísica occidental anterior al Renacimiento, el corazón no se asocia con el sentimiento sino con el conocimiento; no es de ninguna manera la sede de las sensaciones, emociones o pasiones sino la sede del intelecto, en el sentido guenoniano del termino, es decir de esa pura intuición intelectiva (buddhi) que ve directamente las cosas en su luz verdadera sin pasar por la intermediación del mental (manas).
Intelecto. «El intelecto designa un conocimiento simple y absoluto, de modo inmediato, en una primera y súbita captación, sin movimiento y discurso alguno» (Santo Tomas de Aquino, De Veritate (qXV, a1). El conocimiento intelectual puro, por ser, inmediato, es infalible, y cuando se lo posee, toda discusión se desvanece por su carencia de sentido. Se puede discutir indefinidamente desde la parcialidad de un sistema filosófico, especialmente al enjuiciar a otro sistema, pero no desde el saber metafísico. De aquí la decadencia intelectual representada por Descartes, al colocar la razón como supremo árbitro. «Entre los haberes de la inteligencia en virtud de los cuales alcanzamos la verdad, hay unos que son siempre verdaderos y otros que pueden dar en el error. El razonamiento está en este último caso; pero el intelecto es siempre conforme a la verdad, y nada hay más verdadero que el intelecto» (Aristóteles, Segundos Analíticos, II, 19, 100b)
«Hay algo en el alma que es increado e increable... y eso es el Intelecto" (M. Eckhart)
Intelecto y Espíritu se equivalen en el campo de la metafísica. Según el conocimiento tradicional, es preciso hacer una distinción esencial entre el intelecto y la razón, y no confundir ambos conceptos, tal como ha ocurrido en los tiempos modernos debido especialmente a la influencia cartesiana. La razón es una facultad intrínsecamente humana, es justamente el modo humano de la inteligencia. Es la inteligencia discursiva, el ámbito de lo mental. Significa la posibilidad mediata de conocer. Su objeto es lo general, que surge de lo particular e individual. El intelecto puro, que conlleva la llamada «intuición intelectual» o «inspiración» es, en cambio, un órgano por así llamarlo de un nivel supra-humano, «puesto que es una participación directa de la inteligencia universal» (R. Guénon). El reflejo de esta última produce la conciencia individual, asiento de dicho intelecto. Esta posibilita el conocimiento directo o visión inmediata de la realidad absoluta. Con él se llega, por lo tanto, al saber verdadero, o sea trascendente. Tradicionalmente se han asimilado ambas facultades, es decir la razón y el intelecto, al cerebro y al corazón respectivamente; simbólicamente a la luna (luz reflejada) y al sol (luz directa).
«La teología coloca a la visión de Dios más allá del poder de la razón y de los sentimientos, afirmando que, como ser finito, el hombre sólo puede conocer a Dios directamente por medio de una gracia especial denominada "lumen gloriae". En el lenguaje de la metafísica esta "lumen gloriae" es el conocimiento de lo infinito, superior al conocimiento racional o afectivo; sin embargo, la razón y la emoción pueden lograr este conocimiento en una forma analógica adecuada a su naturaleza. (...) Pero el anhelo racional y afectivo nunca puede por sí mismo alcanzar lo infinito, de la misma manera que no lo alcanza la indefinida adicción de números. El deseo de más y más de la razón y de la emoción, el indefinido "más y más", no es sino la mejor analogía espacial y temporal de lo infinito. (...) Por consiguiente, el logro del conocimiento metafísico dependerá de la presencia en el hombre de alguna facultad más elevada que la razón o el sentimiento. Se denomina adecuadamente intelecto a esta facultad, aunque el significado de esta palabra ha sido menospreciado en la misma forma que la palabra metafísica. De la misma manera que en la filosofía moderna la metafísica es especulación y teoría de los principios últimos, sin el menor grado de conocimiento o comprensión inmediatos, así el intelecto ha llegado a ser identificado con la razón lógica y especulativa. Pero la razón es la facultad que generaliza a partir de lo particular; pertenece únicamente al orden individual, y así no tiene ningún punto de contacto con lo universal. Por otra parte, el intelecto, aunque se halle presente en el hombre; pertenece al orden de lo universal, no de lo individual» (Alan W. Watts, La Suprema Identidad)
Ver el documento «Espiritu e Intelecto» de René Guénon en la página Sabiduría Universal.
Intelectualidad. «Pensamos que es casi superfluo recordar que tomamos siempre esta palabra en el sentido que se relaciona con la inteligencia pura y con el conocimiento supra-racional» (René Guénon, Autoridad Espiritual y Poder Temporal)
Intuición. Captación directa de la Luz inteligible durante su descendimiento al plano supra-individual, no al plano de la facultad reflexiva del ser. «Deja de hacer razonamientos y comprende por la luz de la intuición» (Ibn Arabî, El Tratado de la Unidad)
Intuición intelectual. «Las verdades metafísicas no pueden ser concebidas sino por una facultad que no es ya del orden individual y que el carácter inmediato de su operación permite llamar intuitiva; pero, por supuesto, a condición de añadir que ella no tiene absolutamente nada que ver con lo que ciertos filósofos contemporáneos llaman intuición, facultad puramente sensitiva y vital que está propiamente por debajo de la razón y no por encima de ella. Es preciso decir, para una mayor precisión, que la facultad de la que hablamos aquí es la intuición intelectual.» (René Guénon, Introducción General al Estudio de las Doctrinas Hindúes)
«Esta percepción directa de la verdad, esta intuición intelectual y suprarracional de la cual los modernos parecen haber perdido hasta la simple noción, es verdaderamente el conocimiento del corazón. Tal conocimiento es en sí mismo incomunicable, y es preciso haberlo realizado, por lo menos en cierta medida, para saber qué es verdaderamente (...) (todo conocimiento particular) es una participación más o menos lejana del conocimiento por excelencia, así como la luz de la luna no es sino un pálido reflejo de la del sol (...) el conocimiento del corazón es la percepción directa de la luz inteligible, esa luz del Verbo de que habla San Juan al comienzo de su Evangelio» (R. Guénon)
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