Nociones de simbolismo
François Chenique
Un símbolo es por definición una ォcosaサ encargada de ォsignificarサ y de ォrepresentarサ a otra. El simbolismo es el lenguaje constituido por los símbolos.
Un símbolo puede ser verbal, gráfico, plástico, etc. poco importa con tal de que tenga ォpor naturalezaサ la virtud de representar y de significar algo mas alto que él.
Es necesario antes que nada eliminar del simbolismo metafísico tal como nosotros lo entendemos todo aquello que ha recibido el nombre de simbolismo en el arte y en la literatura profanos. Este simbolismo convencional y superficial es una invención humana, mientras que el simbolismo metafísico se basa, como lo hemos señalado, en la naturaleza misma de las cosas. No puede por lo tanto ser inventado por la voluntad del hombre, pero debe de ser reconocido y comprendido. El simbolismo no es la alegoría; esta es una invención del hombre y a veces la delimitación es difícil de establecer entre los dos lenguajes, sobretodo tras los abusos del final de la Edad Media. Pero los abusos o los errores individuales, que tanto han contribuido a depreciar el simbolismo en la consciencia cristiana hasta llegar a tomarlo como un simple juego de la mente, no deben hacernos olvidar que el simbolismo es el único lenguaje adecuado para la expresión de las verdades metafísicas.
El mundo creado refleja las cualidades divinas puesto que él viene del Principio. Las cosas creadas pueden por lo tanto sugerir estas cualidades divinas; son símbolos de ellas. El universo todo entero se vuelve entonces un gran libro en el que pueden leer el mensaje divino aquellos cuyo corazón está purificado y que han reencontrado la inocencia de Adán en el Paraíso, según la palabra ォBienaventurados los limpios de corazón porque ellos verán a Diosサ.
Es la disposición jerárquica del universo a partir del Principio la que de esa manera funda el simbolismo. Las correspondencias múltiples se encadenan unas con otras, para decir en definitiva lo mismo, a la vez que reflejando los múltiples aspectos del Infinito. Es por esa razón que un símbolo no puede ser símbolo más que de algo que le es superior; significa algo que lo sobrepasa y que hace ォpresenteサ de una cierta manera; es por eso que hemos dicho que el símbolo ォsignificaサ y ォrepresentaサ algo.
El fundamento metafísico del simbolismo reside o bien en la analogía del ser (según Santo Tomas), o bien en el ejemplarismo divino (según San Buenaventura) (1). Cualesquiera que sean las divergencias doctrinales de los grandes filósofos y de los grandes teólogos cristianos, el simbolismo es para ellos un lenguaje espontáneo que viene a la vez de las fuentes escrituarias del cristianismo y del la frescura de su experiencia espiritual. Abordar los Padres o la Edad Media sin conocer el simbolismo, es condenarse a no comprender nada de este universo tan particular que el hombre racional tiende a rechazar en bloque porque ha perdido a la vez el sentido del misterio y la clave del enigma (2).
Después de la caída, el sentido del universo se ha oscurecido, y el corazón endurecido del hombre pecador no puede ya más leer el mensaje divino. Es necesaria entonces la Revelación para volver a dar al hombre el sentido de los símbolos, para ォrevelarleサ lo que ha perdido a causa de la caída. Pero revelar significa al mismo tiempo ォvelarサ y ォdesvelarサ. En efecto, cuando la Verdad se desvela, o se revela, ella se recubre al mismo tiempo de velos o de expresiones simbólicas, esto con un doble objetivo: para devenir un poco inteligible, ya que la verdad informal sobrepasa la razón humana, y por otra parte para escapar a la mirada profana que, rechazando la luz de la gracia en su corazón, no ve mas que contradicciones y oscuridades en el lenguaje divino. En definitiva, por la gracia, es Dios mismo quien se ve y se comprende a si mismo por el ojo del corazón que no es otro que el intelecto del que hemos hablado.
Se oye a veces decir que el cristianismo ha contribuido a ォdesmitificarサ o a ォdesmitologizarサ el mundo por el advenimiento de una religión que ha dejado de estar ligada a las fuerzas de la naturaleza y que se considera totalmente espiritual. Para el cristiano, el universo no sería más que un conjunto de fuerzas mecánicas o de procesos químicos en los cuales sería vano buscar la clave simbólica, siendo esta búsqueda tan solo un resto en el cerebro humano de la mentalidad ォprimitivaサ o ォprelógicaサ que durante tanto tiempo ha pesado sobre la humanidad. Esta actitud nos parece curiosa, y propiamente ォantireligiosaサ, porque evacuar todos los símbolos de una religión viene a ser evacuar la religión misma; por otra parte esta actitud se manifiesta en el momento en el que antropólogos y sicólogos redescubren el símbolo a su manera y lo reintegran de alguna manera como una función normal del siquismo humano (3).
Pero todos los símbolos no se pueden poner en el mismo plano. Dentro de los símbolos cristianos algunos son más ォeficacesサ y actúan ォpor ellos mismosサ (ex opere operato); estos ォsímbolos eficacesサ son los sacramentos, signos sensibles (materiales) que producen la gracia, cada uno según su virtud propia.
Al lado de los sacramentos, la Iglesia conoce los sacramentales que producen ellos también la gracia, pero según las disposiciones del sujeto (ex opere operantis). Estos sacramentales son de naturaleza muy diversa: agua bendita, objetos bendecidos, ritos diversos, formulas recitadas, gestos, etc. Uno puede concebir que, en el límite, todo objeto creado puede llegar a ser un sacramental para aquel que tiene el corazón tan puro como el hombre surgido de las manos del Creador. Es el caso de San Francisco de Asis cuyo Cántico de las Criaturas está lejos de ser la poesía sentimental que es considerado muy a menudo. Por el contrario este Cántico testimonia una alta ォintelectualidadサ, una alta inteligencia de las cosas divinas, dicho de otra manera, un grado elevado de contemplación (4).
Si el mundo refleja las cualidades divinas, el hombre, en tanto que rey de la creación simboliza todo el universo creado, y en tanto que creado él mismo a imagen de Dios, simboliza de alguna manera a Dios presente en medio del mundo. El hombre al que podemos considerar un ォmicrocosmosサ es así el símbolo del ォmacrocosmosサ (el Universo) y del ォmetacosmosサ (Dios). Este símbolo se vuelve perfecto cuando Dios mismo se une a la naturaleza humana en la Encarnación. Es por eso que Jesucristo, el Hijo de Dios encarnado es el símbolo perfecto, el Símbolo por excelencia. El reúne todos los símbolos posibles, y como todo verdadero símbolo es eficaz en cualquier grado, él es el Símbolo eficaz por excelencia puesto que es por él por quien nos viene la gracia divina en su plenitud. Es por eso que denominado ォHijo del hombreサ, él puede ser llamado el ォHombre Universalサ, porque él es el Hombre perfecto, síntesis perfecta del ォmetacosmosサ, del ォmacrocosmosサ y del ォmicrocosmosサ, a la vez Creador y Salvador del Universo todo entero. Si el Principio del hombre creado es al mismo tiempo su Fin, la realización del ォHombre Universalサ es la ォperfecciónサ del hombre y el objetivo supremo de la ォrealización metafísicaサ de la que hemos hablado, según la palabra misma de San Pablo: ォVivo autem iam non ego, vivit vero in me Christusサ (Gal. 2,20) (5).
NOTAS 末末末末末末末末末末末末末末末
1.- ォLas cosas del mundo sensible son así la expresión de las perfecciones invisibles de Dios, en primer lugar porque Dios es el origen, el arquetipo y el fin de cada criatura y que todo efecto es el signo de su causa, toda copia el signo de su modelo y todo medio el signo del fin hacia el cual él tiende. Ellas son igualmente un signo de Dios por el espectáculo que ofrecen por si mismas, por su prefiguración profética y por la acción de los ángeles sobre ellas, en fin por institución profética sobreañadida. Todas las criaturas en efecto son por naturaleza una imagen y una representación de la sabiduría eterna; pero especialmente aquellas que la Escritura, inspirada por el Espíritu de la profecía, ha revestido de un sentido espiritual; mas especialmente todavía, aquellas de las que Dios ha tomado la forma, cuando él ha querido manifestarse por el intermedio de los ángeles; y de una manera muy particular, aquellas que él ha querido instituir como signos, no solamente en el sentido ordinario de la palabra, sino como verdaderos sacramentosサ. San Buenaventura, Itinerarium, II, 12.
2.- Sin remontarnos a la Edad Media no vemos como sin un mínimo de simbolismo admitido y vivenciado es posible penetrar los ritos cristianos (sacramentos y liturgia). Las dificultades que tiene el hombre moderno frente a los ritos vienen de su cerrazón al mundo de los símbolos.
"El verdadero fundamento del simbolismo es, como ya hemos dicho, la correspondencia existente entre todos los ordenes de la realidad, que liga uno a otro, y que se extiende, en consecuencia, del orden natural tomado en su conjunto al orden sobrenatural; en virtud de esta correspondencia, la naturaleza entera no es sino un símbolo, es decir, no recibe su verdadero significado mas que si se la considera como un soporte para elevarnos al conocimiento de las verdades sobrenaturales, o ォmetafísicasサ en el sentido propio y etimológico de la palabra, lo que es precisamente la función esencial del simbolismo, y lo que es también la razón de ser profunda de toda ciencia tradicional. Por ello, hay necesariamente en el simbolismo algo cuyo origen se remonta más alto y más lejos que la humanidad, y podría decirse que este origen está en la obra misma del Verbo divino: ésta está principalmente en la propia manifestación universal, en la Tradición primordial que es, también, ォrevelaciónサ del Verbo; esta Tradición, de la cual todas las demás no son sino formas derivadas, se incorpora por así decir en los símbolos, que son transmitidos de edad en edad sin que se les pueda asignar ningún origen ォhistóricoサ, y el proceso de esta especie de incorporación simbólica es análogo, en su orden, al de la manifestación". René Guénon, Apreciaciones sobre la Iniciación.
3.- Ciertamente, e insistimos mucho sobre este punto, no hay que confundir el simbolismo del cual hablamos, con lo que C. G. Jung llama los ォarquetiposサ. Con todo, la obra de Jung da, en el nivel sicológico en el que se sitúa, preciosas aperturas sobre el símbolo: puede su obra hacer captar al hombre moderno que pensar, sentir y expresarse por símbolos es una muy alta función del mental. Si el hombre moderno se da cuenta de que piensa y se expresa por símbolos, incluso a pesar suyo, estará más abierto al simbolismo metafísico que le parecerá menos extraño a su mentalidad y a sus preocupaciones corrientes.
4.- El simbolismo del Cántico de las Criaturas está muy próximo del de los Indios de América del Norte para los cuales la naturaleza es el templo sagrado por excelencia. Ver F. SCHUON, ォEl Sol Emplumadoサ, Ediciones Olañeta, ISBN 84-7651-149-3. También en esta misma página ォEl Cántico de las Criaturasサ.
5.- ォHijo del hombreサ significa en hebreo ォel que tiene potencia de hombreサ: el Hijo del hombre es por lo tanto el Hombre en plenitud, o el Hombre en perfección. Es el equivalente de lo que el esoterismo musulmán llama el ォHombre Universalサ. El Verbo encarnado es el símbolo fundamental del cristianismo; la conformidad efectiva con ese símbolo según la enseñanza de San Pablo no es diferente de la ォrealización metafísicaサ a la cual nosotros hacemos alusión. Ver R. Guénon, El simbolismo de la Cruz, capítulo II.
* * * * * * * * * * * *