EL HOMBRE Y SU DEVENIR SEGÚN EL VEDANTA

RENÉ GUÉNON

  

La continuación del viaje simbólico cumplido por el ser en su proceso de Liberación gradual, desde la terminación de la arteria coronal (sushumnâ), en comunicación constante con un rayo del Sol Espiritual hasta su destino final, se efectúa siguiendo la vía marcada por el trayecto de este rayo recorrido en sentido inverso (según su dirección refleja) hasta su fuente, que es este mismo destino. Sin embargo, si se considera que se puede aplicar una descripción de este género, por un lado, a los estados póstumos recorridos sucesivamente por los seres que han de obtener la "Liberación" a partir del estado humano, y, por otro, a aquellos que, después de la reabsorción de la individualidad humana habrán de pasar en cambio a otros estados de la manifestación individual, deberá haber dos itinerarios diferentes que correspondan a estos dos casos: se dice, en efecto, que los primeros siguen la "Vía de los Dioses" (Dêva-Yâna), mientras que los segundos siguen la "Vía de los Antepasados" (Pitri-Yâna). Estos dos itinerarios simbólicos están resumidos en el siguiente pasaje del Bhagavad-Gita: "Voy a enseñarte en que momento, 。Oh Bhârata!, los que tienden a la unión (sin haberla realizado de manera efectiva) dejan la existencia manifestada, sea sin retorno, sea para volver a ella. Fuego, luz, día, luna creciente, semestre ascendente del sol hacia el Norte, es bajo estos signos luminosos que van a Brahma los hombres que conocen a Brahma. Humo, noche, luna menguante, semestre descendente del sol hacia el Sur, es bajo estos signos de sombra que van a la Esfera de la Luna (literalmente "alcanzan la luz lunar") para volver luego (a nuevos estados de manifestación). Estas son las dos vías permanentes, una clara, la otra oscura, del mundo manifestado (jagat); a través de una no hay retorno (de lo no-manifestado a lo manifestado); a través de la otra se vuelve hacia atrás (a la manifestación)" (1).

El mismo simbolismo está expuesto con más detalles en diversos pasajes del Vêda; y en principio; en cuanto al Pitri-Yâna, sólo haremos notar que no conduce más allá de la Esfera de la Luna, de modo que a través de él el ser no se libera de la forma, es decir de la condición individual entendida en su sentido más general, puesto que, como ya hemos dicho, es precisamente la forma lo que define a la individualidad como tal (2). Según algunas correspondencias que hemos indicado anteriormente, esta Esfera de la Luna representa la "memoria cósmica" (3); ésta es la razón por la cual constituye la morada de los Pitris, es decir de los seres del ciclo antecedente, que son considerados como generadores del ciclo actual, en razón del encadenamiento causal del cual la sucesión de los ciclos no es más que el símbolo; y de allí proviene la denominación de Pitri-Yâna, mientras que la de Dêva-Yâna designa naturalmente a la vía que conduce hacia los estados superiores del ser, es decir hacia la asimilación a la esencia misma de la luz inteligible. Es en la Esfera de la Luna donde se disuelven las formas que han cumplido el curso completo de su desarrollo; y es también allí donde están contenidos los gérmenes de las formas todavía no desarrolladas pues, tanto para la forma como para cualquier otra cosa, el punto de partida y el punto de llegada se sitúan necesariamente en el mismo orden de existencia. Para precisar más estas consideraciones, sería necesario que nos pudiéramos referir expresamente a la teoría de los ciclos; pero nos basta con repetir aquí que, como cada ciclo es en realidad un estado de existencia, la forma antigua que abandona un ser no liberado de la individualidad y la forma nueva que con que se reviste pertenecen forzosamente a dos estados diferentes (dado que el pasaje de uno a otro se efectúa en la Esfera de la Luna donde se encuentra el punto común a los dos ciclos), pues ningún ser puede pasar dos veces por el mismo estado, tal como hemos explicado en otro lugar al señalar el carácter absurdo de las teorías "reencarnacionistas" inventadas por ciertos occidentales modernos (4).

Insistiremos un poco más sobre el Dêva-Yâna, que se relaciona con la identificación efectiva del centro de la individualidad (5), donde todas las facultades han sido precedentemente reabsorbidas en el "alma viviente" (jîvâtmâ), con el centro mismo del ser total, residencia de lo universal, Brahma. El proceso en cuestión no se aplica entonces, repetimos, más que en el caso en que esta identificación no haya sido realizada durante la vida terrestre ni el momento mismo de la muerte; por otra parte, cuando está cumplida no hay ya un "alma viviente" distinta del "Sí-mismo", puesto que a partir de ese momento ha salido de la condición individual: esta distinción, que jamás existió salvo en una modalidad ilusoria (ilusión que es inherente a esta condición misma), cesa para él desde el momento que alcanza la realidad absoluta; la individualidad desaparece con todas las determinaciones limitativas y contingentes, y sólo permanece la personalidad en la plenitud del ser que contiene en sí principialmente todas sus posibilidades en estado permanente y no-manifestado.

Según el simbolismo védico, tal como lo encontramos en muchos textos de los Upanishads (6), el ser que realiza el Dêva-Yâna, al haber abandonado la Tierra (Bhû, es decir el mundo corporal o el dominio de la manifestación grosera), es primeramente conducido a la luz (archis), por la cual debe entenderse aquí el Reino del Fuego (Têjas), cuyo Regente es Agni, llamado también Vaishwânara, en una significación especial de dicho nombre. Se hace necesario observar, por otra parte, que cuando encontramos en la enumeración de estos estados sucesivos la designación de los elementos, ésta no puede ser sino simbólica, puesto que los bûthas pertenecen en propiedad al mundo corporal, que está representado en su totalidad por la Tierra (la cual, en tanto que elemento, es Prithvi); por lo tanto, se trata en realidad de diferentes modalidades del estado sutil. Del Reino del Fuego el ser es conducido a los diversos dominios de los regentes (dêvatâs, "deidades") o distribuidores del día, de la semilunación clara (periodo creciente o primera mitad del mes lunar) (7), de los seis meses de ascensión del sol hacia el Norte y finalmente del año, con la expresa reserva de que todo esto debe entenderse como la correspondencia de estas divisiones del tiempo (los "momentos" de los que habla el Bhagavad-Gita) transpuestos analógicamente a las prolongaciones extracorporales del estado humano, y no como las divisiones en sí mismas, que no son literalmente aplicables más que al estado corporal (8). De allí pasa al Reino del Aire (Vâyu), cuyo Regente (designado por el mismo nombre) lo dirige al lado de la Esfera del Sol (Sûrya o Aditya), a partir del límite superior de su dominio, por un pasaje comparado al cubo de la rueda de un carro, es decir un eje fijo alrededor del cual se efectúa la rotación o la mutación de todas las cosas contingentes (no debemos olvidar que Vâyu es esencialmente el principio "móvil"), mutación de la cual el ser escapará de allí en adelante (9). Pasa luego a la Esfera de la Luna (Chandra o Soma), en donde no permanece como aquel que ha seguido el Pitri-Yâna , sino que de allí sube a la región del relámpago (vidyut) (10), bajo la cual se encuentra en el Reino del Agua (Ap), cuyo Regente es Varuna (11) (como, analógicamente, el rayo estalla debajo de las nubes de lluvia). Se trata aquí de las Aguas superiores o celestes que representan el conjunto de las posibilidades informales (12), por oposición a las Aguas inferiores que representan el conjunto de las posibilidades formales; no puede tratarse ya de estas últimas desde el momento en que el ser ha sobrepasado la Esfera de la Luna, puesto que ésta es, como dijimos en su momento, el medio cósmico donde se elaboran los gérmenes de toda la manifestación formal. Finalmente, el resto del viaje se efectúa a través de la región luminosa intermedia (Antariksha, de la que hemos hablado anteriormente en la descripción de los siete miembros de Vaishwânara, pero con una aplicación algo diferente) (13), que es el Reino de Indra (14), y que es ocupado por el éter (Akâsha, que representa aquí el estado primordial de equilibrio indiferenciado), hasta el centro espiritual donde reside Prajâpati, el "Señor de los seres producidos" que es, como ya hemos indicado, la manifestación principial y la expresión directa de Brahma mismo en relación con el ciclo total o con el grado de existencia al que pertenece el estado humano, pues éste todavía debe ser considerado, aunque en principio solamente, como el estado en el cual, aún salido de la forma o de la individualidad, guarda ciertas relaciones en tanto no ha alcanzado el estado absolutamente incondicionado, es decir en tanto que la "Liberación" no es plenamente efectiva para él.

Existen en los diversos textos donde se describe el "Viaje Divino" algunas variaciones, poco importantes por otra parte y más aparentes que reales en el fondo, en cuanto al número y orden de enumeración de las estaciones intermedias; pero la exposición que precede es el resultado de una comparación general de dichos textos y puede entonces ser considerada como la estricta expresión de la doctrina tradicional acerca de esta cuestión (15). Por lo demás, nuestra intención no es extendernos más allá de la medida en una explicación más detallada de todo este simbolismo, que es bastante claro por sí mismo en su totalidad para quien tenga aunque sea una mínima familiaridad con las concepciones orientales (hasta podríamos decir con las concepciones tradicionales sin restricción) y con sus modos generales de expresión; por otro lado, en las consideraciones que ya hemos expuesto, se habrá encontrado un número bastante grande de estas transposiciones analógicas que constituyen el fondo de todo simbolismo (16). Lo que vamos a recordar una vez más, a riesgo de repetirnos y porque es totalmente esencial para la comprensión de estas cosas, es lo siguiente: debe entenderse claramente que cuando nos referimos por ejemplo a las Esferas del Sol y de la Luna, jamás se trata del sol y la luna en tanto que astros visibles, que pertenecen simplemente al dominio corporal, sino más bien de los principios universales que estos astros representan de alguna manera en el mundo sensible, o al menos de la manifestación de dichos principios en grados diversos, en virtud de las correspondencias analógicas que religan entre sí a todos los estados del ser (17). En efecto, los diferentes Mundos (Lokas), Esferas planetarias y Reinos elementales que se describen simbólicamente (pero sólo simbólicamente, puesto que el ser que los recorre no está sometido ya al espacio) como otras tantas regiones, no son en realidad más que estados diferentes (18); este simbolismo espacial (así como el simbolismo temporal que sirve fundamentalmente para explicar la teoría de los ciclos) es bastante natural y de un uso generalmente extendido como para que no haya posibilidad de error salvo para aquellos que son incapaces de ver otra cosa que el sentido más groseramente literal; ésos no comprenderán jamás lo que es un símbolo, pues sus concepciones están irremediablemente limitadas a la existencia terrestre y al mundo corporal, en el que, en virtud de la más ingenua de las ilusiones, quieren encerrar toda realidad.

La posesión efectiva de los estados que tratamos puede obtenerse por la identificación con los principios que son designados como sus Regentes respectivos, identificación que, en todos los casos, se opera a través del Conocimiento, con la condición de que éste no sea simplemente teórico; la teoría no debe ser considerada más que como preparación, indispensable por otra parte, de la realización correspondiente. Pero, para cada uno de estos principios considerados en particular y de manera aislada, los resultados de una identificación semejante no se extienden más allá de su propio dominio, de modo que la obtención de tales estados, todavía condicionados, no constituye sino una etapa preliminar, una especie de puesta en camino (en el sentido en que lo hemos precisado más arriba y con las restricciones que conviene aportar a tal modo de hablar) hacia la "Identidad Suprema", meta última alcanzada por el ser en su completa y total universalización, y cuya realización, para aquellos que tienen que cumplir previamente el Dêva-Yâna puede, como se ha dicho precedentemente, ser diferida hasta el pralaya, sin que el paso de cada estado al siguiente se haga posible más que para el ser que ha obtenido el grado correspondiente de conocimiento efectivo (19).

Entonces, en el caso considerado en el momento presente, que es el de krama-mukti, el ser, hasta el pralaya, puede permanecer en el orden cósmico y no alcanzar la posesión efectiva de los estados trascendentes, en lo cual consiste propiamente la verdadera realización metafísica; pero no por ello ha obtenido en menor grado, desde el momento mismo en que ha sobrepasado la Esfera de la Luna (es decir desde que ha salido de la "corriente de las formas"), está "inmortalidad virtual" que hemos definido más arriba. Por esto es que el Centro espiritual tratado no es todavía más que el centro de cierto estado o de cierto grado de existencia, aquél al cual pertenecía el ser en tanto que humano, y al cual continúa perteneciendo en cierta medida, puesto que su total universalización según la modalidad supraindividual no está actualmente realizada; y por esto también se ha dicho que en esa condición los obstáculos individuales no pueden ser completamente destruidos aún. Es exactamente en este punto donde se detienen las concepciones que pueden llamarse con propiedad religiosas, que se refieren siempre a extensiones de la individualidad humana, de modo que los estados que permiten alcanzar deben conservar forzosamente alguna relación con el mundo manifestado inclusive cuando lo sobrepasan, y no son estos los estados trascendentes a los que no hay otro acceso más que a través del conocimiento metafísico puro. Esto puede aplicarse fundamentalmente a los "estados místicos", y en lo relativo a los estados póstumos hay precisamente la misma diferencia entre la "inmortalidad" o la "salvación" entendidas en sentido religioso (el único que contemplan comúnmente los occidentales) y la "Liberación", que entre la realización mística y la realización metafísica cumplida durante la vida terrestre; por tanto, aquí no se puede entonces hablar en rigor más que de "inmortalidad virtual" y, como meta última, de "reintegración en modo pasivo"; este último escapa además al punto de vista religioso tal como se lo entiende comúnmente, y sin embargo es solamente por su intermedio que se justifica el empleo que se ha hecho en él de la palabra "inmortalidad" en un sentido relativo, y como puede establecerse una especie de unión o de traslación desde dicho sentido relativo al sentido absoluto y metafísico en que el mismo término es tomado por los orientales. Todo esto, por lo demás, no nos impide admitir que las concepciones religiosas son susceptibles de una transposición por la cual reciben un sentido superior y más profundo, y esto es así porque tal sentido también se encuentra en las Escrituras Sagradas sobre las cuales reposan; pero, en virtud de tal transposición pierden su carácter específicamente religioso porque dicho carácter esta ligado a ciertas limitaciones, fuera de las cuales nos hallamos en el orden metafísico puro. Por otra parte, una doctrina tradicional que, como la hindú, no se coloca en el punto de vista de la religiones occidentales, no por eso reconoce en menor medida la existencia de estados que se consideran de un modo más específico por parte de estas últimas, y ello debe forzosamente ser así puesto que dichos estados son efectivamente posibilidades del ser, pero no puede concederles una importancia igual a la que les dan las doctrinas que no van más allá (dado que la perspectiva, si se permite la expresión, cambia con el punto de vista), precisamente porque los sobrepasa y los sitúa en su lugar exacto en la jerarquía total.

Así, cuando se dice que el término del "Viaje Divino" es el Mundo de Brahma (Brahma-Loka), no se trata, inmediatamente al menos del Supremo Brahma sino solamente de su determinación como Brahmâ, que es Brahma "cualificado" (saguna) y, como tal, considerado como "efecto de la Voluntad productora (Shakti) del Principio Supremo" (Kârya-Brahma). Cuando se habla aquí de Brahmâ, hay que considerarlo en primer lugar como idéntico a Hiranyagarbha, principio de la manifestación sutil, y, por lo tanto, de todo el dominio de la existencia humana en su integralidad; en efecto, hemos dicho precedentemente que el ser que ha obtenido la "inmortalidad virtual" se encuentra por así decir "incorporado", por asimilación, a Hiranyagarbha; y este estado, en el cual puede permanecer hasta el fin del ciclo (solamente para el cual existe Brahmâ como Hiranyagarbha) es lo que se considera más comúnmente como Brahma-Loka. (21)

 

Sin embargo, así como el centro de todo estado de un ser tiene la posibilidad de identificarse con el centro del ser total, el centro cósmico donde reside Hiranyagarbha se identifica virtualmente con el centro de todos los mundos (22); queremos decir que, para el ser que ha franqueado cierto grado de conocimiento, Hiranyagarbha aparece como idéntico a un aspecto más elevado del "no supremo" (23), que es Ishwara o el Ser Universal, principio primero de toda manifestación. En este grado, el ser no está ya en el estado sutil, ni siquiera solamente en principio; está en lo no-manifestado, pero conserva sin embargo ciertas relaciones con el orden de la manifestación universal, puesto que Ishwara es en realidad el principio de esta, aunque no esté ya vinculado por ligaduras especiales al estado humano y al ciclo particular del cual éste forma parte. Este grado corresponde a la condición de Prâjna, y es el del ser que no va más lejos, y del cual se dice que no está unido a Brahma, aún en ocasión del pralaya, más que de la misma manera que en el sueño profundo; de allí, aún es posible el retorno a otro ciclo de manifestación pero, dado que el ser está liberado de la individualidad (contrariamente a lo que tiene lugar para aquel que ha seguido el Pitri-Yâna), este ciclo no podrá ser sino un estado informal y supraindividual (24). Finalmente, en el caso que la "Liberación" deba ser obtenida a partir del estado humano, hay todavía más que lo que acabamos de decir, y entonces el término verdadero no es ya el Ser Universal sino el Supremo Brahma mismo, es decir Brahma "no cualificado" (nirguna) en su total infinitud, que comprende a la vez al Ser (o posibilidades de manifestación) y al No-Ser (o posibilidades de no-manifestación), y es principio de uno y otro, lo cual implica que está más allá de los dos (25), al mismo tiempo que los contiene por igual según la enseñanza que ya hemos referido acerca del estado incondicionado de Âtmâ que es precisamente el que ahora nos ocupa (26). Es en este sentido que la morada de Brahma (o de Âtmâ en este estado incondicionado) está inclusive "más allá del Sol espiritual" (que es Âtmâ en su tercera condición idéntica a Ishwara), (27) así como está más allá de todas las esferas de los estados particulares de existencia, individuales o extraindividuales; pero esta morada no puede ser alcanzada directamente por aquellos que no han meditado sobre Brahma más que a través de un símbolo (pratîka), puesto que entonces cada meditación (upâsanâ) tiene solamente un resultado definido y limitado (28).

La "Identidad Suprema" es entonces la finalidad del ser "liberado", es decir, libre de las condiciones de la existencia individual humana, así como de todas las otras condiciones particulares y limitativas (upâdhis), que se consideran como otras tantas ataduras (29). Cuando el hombre (o más bien el ser que estaba precedentemente en el estado humano) es "liberado" de este modo, el "Sí-mismo" (Âtmâ) está plenamente realizado en su propia naturaleza "no dividida" y es entonces, según Audulomi, una conciencia omnipresente (que tiene por atributo a chaitanya); esto es lo que enseña también Jaimini, pero especificando además que dicha conciencia manifiesta los atributos divinos (aishwarya) como facultades trascendentes, por el hecho mismo de estar unida a la Esencia Suprema (30). Allí está el resultado de la Liberación completa, obtenida en la plenitud del Conocimiento Divino. En cuanto a aquellos cuya contemplación (dhyâna) no ha sido sino parcial, aunque efectiva (realización metafísica que queda incompleta), o que ha sido puramente pasiva (como la de los místicos occidentales), gozan de ciertos estados superiores, (31) pero sin poder llegar a la Unión perfecta (Yoga), que los hace uno con la "Liberación" (32).

 

NOTAS末末末末末末末末末末末末末末末末末

(1). Bhagavad-Gita, VIII, 23 a 26.

(2). Sobre el Pitri-Yâna ver Chândogya Upanishad, 5コ prapâthaka, 10コ khanda, shrutis 3 a 7; Brihad-Aranyaka-Upanishad, 6コ adhyâya, 2コ brâhmana, shruti 16.

(3). Por esta razón, en ocasiones se dice simbólicamente, inclusive en Occidente, que allí se vuelve a encontrar todo lo que se ha perdido en este mundo terrestre. (Cf. Ariosto, Orlando Furioso).

(4). Todo lo que acabamos de decir aquí tiene una relación con el simbolismo de Janus: la Esfera de la Luna determina la separación de los estados superiores (no individuales) y los estados inferiores (individuales); de allí el doble papel de la luna como Janua Coeli (Cf. Las letanías de la Virgen en la liturgia católica) y Janua Inferni, lo que corresponde en cierta medida a la distinción de Dêva-âna y Pitri-Yâna: Jana o Diana no es otra cosa que la forma femenina de Janus y, por otro lado, yâna deriva de la raíz verbal "I" ("ir", del latín"ire"), donde algunos, y sobre todo Cicerón, quieren ver también la raíz del nombre mismo de Janus.

(5). Es obvio que se trata aquí de la individualidad integral y no reducida únicamente a su modalidad corporal, la cual por otra parte no existe ya para el ser considerado, puesto que se trata de estados póstumos.

(6). Chândogya Upanishad, 4コ prapâthaka, 15コ khanda, shruti 5 y 6.

(7). Este periodo creciente de la lunación se llama pûrva-paksha, "primera parte", y el período menguante uttara-paksha, o "última parte" del mes. Estas expresiones, pûrva-paksha y uttara-paksha, tienen también, por otra parte, otra acepción totalmente diferente: en una discusión designan respectivamente una objeción y su refutación.

(8). Podría ser interesante establecer la concordancia de esta descripción simbólica con las ofrecidas por otras doctrinas tradicionales (Cf. fundamentalmente el Libro de los Muertos de los antiguos egipcios y la Pistis Sophia de los gnósticos alejandrinos, así como el Bardo-Thodol tibetano), pero esto nos llevaría mucho más lejos. En la tradición hindú, Ganêsha, que representa el conocimiento, es designado al mismo tiempo como "Señor de las Deidades"; su simbolismo, en relación con las divisiones temporales que acabamos de tratar, daría lugar a desarrollos extremadamente dignos de interés, y también a aproximaciones muy instructivas con antiguas tradiciones occidentales; todas estas cosas, que no pueden tener espacio aquí, serán tal vez retomadas por nosotros en alguna otra ocasión.

(9). Para emplear el lenguaje de los filósofos griegos, se podría decir que escapará a la "generación" (g e n e s i z ) y a la corrupción (j q o r a ), términos que son sinónimos de "nacimiento" y de "muerte" cuando estas últimas palabras se aplican a todos los estados de manifestación individual; y a través de lo que hemos dicho de la Esfera de la Luna y su significación, se puede comprender también lo que querían decir estos mismos filósofos, sobre todo Aristóteles, cuando enseñaban que sólo el mundo sublunar está sometido a la "generación" y a la "corrupción". Este mundo sublunar, en efecto, representa en realidad la "corriente de las formas" de la tradición extremo oriental, y los cielos, por ser estados informales, son necesariamente incorruptibles, es decir que no hay ya en ellos disolución o desintegración posibles para el ser que ha alcanzado estos estados.

(10). Esta palabra "vidyut" parece estar todavía relacionada con la raíz "vid", a causa de la conexión entre la luz y la vista; su forma es muy cercana a la de vidya: el relámpago ilumina las tinieblas; éstas son el símbolo de la ignorancia (avidyâ), y el conocimiento es una "iluminación" interior.

(11). Hacemos notar de pasada que este nombre es manifiestamente idéntico al griego O u r a n o z , aunque ciertos filólogos hayan querido, no se sabe bien porqué, contestar esta identidad; el Cielo llamado O u r a n o z , es también lo mismo, en efecto, que las "Aguas superiores" de las que habla el Génesis y que aquí encontramos en el simbolismo hindú.

(12). Los Apsarâs son las Ninfas celestes que simbolizan también estas posibilidades informales; corresponden a las Huríes del paraíso islámico (El-Jannah) que, salvo en las transposiciones de las que es susceptible desde el punto de vista esotérico y que le confieren significaciones de orden más elevado, es propiamente el equivalente del Swarga hindú.

(13). Hemos dicho que es el medio de elaboración de la formas porque, en la consideración de los "tres mundos", esta región corresponde al dominio de la manifestación sutil, y se extiende desde la tierra hasta los cielos; aquí por el contrario, la región intermedia a la que nos referimos está situada más allá de la Esfera de la Luna (por lo tanto en lo informal), y se identifica con Swarga, si se entiende por esta palabra, no ya los cielos o los estados superiores en su conjunto, sino solamente su porción más elevada. Observaremos en este sentido, cómo la observación de ciertas relaciones jerárquicas permite la aplicación de un mismo simbolismo a diferentes grados.

(14). Indra, cuyo nombre significa "poderoso", es también designado como Regente del Swarga, lo que se explica por la identificación indicada en la nota precedente; este Swarga es un estado superior, pero no definitivo, y todavía condicionado, aunque informal.

(15). Para esta descripción de las diversas fases del Dêva-Yâna, ver Brahma-Sûtras, 4コ adhyâya, 3コ pâda, sûtras 1 a 6.

(16). En esta ocasión nos excusaremos por no haber multiplicado las notas y por no haberles dado una extensión mayor que la acostumbrada; lo hemos hecho sobre todo en lo que concierne precisamente a las interpretaciones de este género y a las relaciones por establecer con otras doctrinas; esto se hacía necesario para no interrumpir la continuidad de nuestra exposición con digresiones demasiado frecuentes.

(17). Los fenómenos naturales en general, y fundamentalmente los fenómenos astronómicos, jamás son considerados por las doctrinas tradicionales salvo a título de simple modo de expresión en tanto que simbolizan ciertas verdades de orden superior; y si las simbolizan en efecto, es porque sus leyes no son en el fondo otra cosa que una expresión de estas verdades mismas en un dominio especial, una especie de traducción de los principios correspondientes, adaptada naturalmente a las condiciones particulares del estado corporal humano. Se puede comprender por ello cuán grande es el error de quienes quieren ver "naturalismo" en estas doctrinas, o creen que ellas no se proponen otra cosa que describir y explicar los fenómenos como puede hacerlo la ciencia "profana", aunque bajo formas diferentes; esto es en rigor invertir las relaciones y tomar el símbolo mismo por lo que representa, el signo por la cosa o la idea significada.

(18). La palabra sánscrita "loka" es idéntica a la palabra latina "locus" (lugar); se puede observar al respecto que, en la doctrina católica, el cielo, el purgatorio y el infierno son igualmente designados como "lugares", que también se toman en ella para representar simbólicamente algunos estados, pues no podría tratarse de ninguna manera, hasta para la interpretación más exterior de esta doctrina, de situar en el espacio a dichos estados póstumos; tal error no ha podido producirse más que en las teorías "neo-espiritualistas" que han visto la luz en el Occidente moderno.

(19). Es muy importante hacer notar aquí que los Brahmanes siempre se han aplicado casi exclusivamente a la realización inmediata de la "Identidad Suprema", mientras que los Kshatriyas han desarrollado preferentemente el estudio de los estados que corresponden a los diversos estadios del Dêva-Yâna así como a los del Pitri-Yâna.

(20). La palabra "kârya" ("efecto") deriva de la raíz verbal "kri" ("hacer") y del sufijo "ya" que marca un cumplimiento futuro: "lo que debe ser hecho" (o más exactamente "lo que va a ser hecho", pues "ya" es una modificación de la raíz "i", "ir"); éste término implica entonces una cierta idea de "devenir", lo cual supone necesariamente que aquello a lo que se aplica no es considerado sino en relación con la manifestación. A propósito de la raíz "kri", observaremos que es idéntica a la del latín "creare", lo cual muestra que esta última palabra, en su acepción primitiva, no tenía otro sentido que el de "hacer"; la idea de "creación" tal como se la entiende hoy, idea de origen hebreo, no llego a relacionarse con ella hasta que se empleara la lengua latina para expresar las concepciones judeo-cristianas.

(21). Eso es lo que corresponde más exactamente a los "cielos" o a los "paraísos" de las religiones occidentales (en las cuales, desde este punto de vista, comprendemos al islamismo); cuando se considera una pluralidad de "cielos" (que a menudo está representada por correspondencias planetarias), se debe entender por ello la totalidad de los estados superiores a la Esfera de la Luna (a veces considerada como "primer cielo" en cuanto a su aspecto de Janua Coeli), hasta el Brahma-Loka inclusive.

(22). Aplicamos todavía aquí la noción de la analogía constitutiva del "microcosmos" y el "macrocosmos".

(23). Esta identificación de cierto aspecto a otro aspecto superior, efectuada de igual modo en la serie de los diversos grados hasta el Principio Supremo, no es en suma sino el desvanecimiento de otras tantas ilusiones "separativas" que ciertas iniciaciones representan por medio de una serie de velos que caen sucesivamente.

(24). Simbólicamente, se dirá que tal ser ha pasado de la condición de los hombres a la de los Dêvas (lo que se podría llamar estado "angélico" en lenguaje occidental); por el contrario, en el término de Pitri-Yâna hay un retorno al "mundo del hombre" (mânava-loka), es decir a una condición individual designada así por analogía con la condición humana aunque sea necesariamente diferente de ella, puesto que el ser no puede volver a un estado por el cual ya ha pasado.

(25). Recordamos que se puede sin embargo entender al No-Ser metafísico así como a lo no-manifestado (en tanto que éste no es solamente el principio inmediato de lo manifestado, que no es otra cosa que el Ser) en un sentido total en el cual se identifique con el Principio Supremo. De todas maneras, por otra parte, entre el No-Ser y el Ser, como entre lo no-manifestado y lo manifestado (y ello aún si en este último caso no se va más allá del Ser), la correlación no puede ser sino una pura apariencia, puesto que la desproporción que existe metafísicamente entre los dos términos no permite verdaderamente ninguna comparación.

(26). Con este propósito citaremos una vez más para marcar las concordancias de las distintas tradiciones, un pasaje tomado en préstamo del Tratado de la Unidad (Risâlatul-Ahadiyah) de Mohyiddin Ibn Arabi: "este inmenso pensamiento (de la "Identidad Suprema") no puede convenir sino a aquél cuya alma es más vasta que los dos mundos (manifestado y no-manifestado). En cuanto a aquél cuya alma no es sino tan vasta como los dos mundos (es decir aquél que alcanza el Ser Universal pero no lo sobrepasa), no le conviene. Pues en verdad este pensamiento es más grande que el mundo sensible (o manifestado, debiendo aquí la palabra "sensible" ser transpuesta analógicamente y no restringida a su sentido literal) y el mundo suprasensible (o no-manifestado, según la misma transposición), tomados ambos en su conjunto".

(27). Los orientalistas , que no han comprendido lo que significa verdaderamente el Sol, y que lo entienden en un sentido físico, tienen sobre este punto interpretaciones muy extrañas; es así que el Sr. Oltramare escribe ingenuamente: "con sus salidas y sus ocasos el sol consume la vida de los mortales; el hombre liberado existe mucho más allá del mundo del sol". ソNo se diría que se trata de escapar a la vejez y de llegar a una inmortalidad corporal como la que buscan ciertas sectas occidentales contemporáneas?.

(28). Brahma-Sûtras, 4コ adhyâya, 3コ pâda, sûtras 7 a 16.

(29). Se aplican a estas condiciones palabras tales como "bandha" y "pasha", cuyo sentido propio es "ligadura"; del segundo de estos términos deriva la palabra "pashu", que significa etimológicamente, un ser viviente cualquiera ligado por tales condiciones. Shiva se llama "Pashupati", "el Señor de los seres ligados", porque es a través de su acción "transformadora" que son "liberados". La palabra "pashu" es tomada a menudo en una acepción especial para designar una víctima animal del sacrificio (yajna, yâga o mêdha), la cual además es "liberada", al menos virtualmente, por el sacrificio mismo; pero no podemos soñar con plantear aquí, ni siquiera sumariamente, una teoría del sacrificio que, entendido así, está esencialmente destinado a establecer cierta comunicación con los estados superiores, y deja completamente fuera las ideas totalmente occidentales de "rescate" o "expiación" y otras de este género, ideas que no pueden comprenderse más que desde el punto de vista específicamente religioso.

(30). Cf. Brahma-Sûtras, 4コ adhyâya, 4コ pâda, sûtras 5 a 7.

(31). La posesión de tales estados, que son idénticos a los diversos "cielos", constituye, para el ser que goza de ella, una adquisición personal y permanente a pesar de su relatividad (se trata siempre de estados condicionados aunque supraindividuales), adquisición a la cual no podría de ningún modo aplicarse la idea occidental de "recompensa" por tratarse de un fruto, no de la acción, sino del conocimiento; esta idea es, por otra parte, al igual que la de "mérito", de la cual es un corolario, una noción de orden exclusivamente moral para la cual no hay espacio alguno en el dominio metafísico.

(32). El conocimiento, desde este punto de vista, es entonces de dos clases, y se lo llama "supremo" o "no supremo", según concierna a Para-Brahma o a Apara-Brahma y, por consiguiente conduzca a uno o al otro.

 

Capítulo XXI del libro "El Hombre y su devenir según el Vedanta": EL "VIAJE DIVINO" DEL SER EN VÍAS DE LIBERACIÓN

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