NATURALEZA Y GRACIA
Abbé Henri Stéphane
Según la Escritura (2 Pedro I, 4) la Gracia nos hace consortes divinae naturae, es decir ォparticipantes de la Naturaleza* divinaサ. En la perspectiva cristiana, esta Naturaleza es concebida como la expansión de una Esencia* en tres Hipóstasis*, o tres ォrelaciones* subsistentes*サ idénticas a la Esencia divina pero distintas entre ellas. Estas relaciones constituyen la Santidad de Dios tres veces santo (cf. el Trisagion*: Sanctus, Sanctus, Sanctus) y es en esta perspectiva que la Gracia es llamada ォsantificanteサ, y que ella sobrepasa evidentemente todo formalismo o moralismo, cualesquiera que sean. Por la ォcomunicación del Espíritu Santoサ, el ォalma humana aspirando en ella misma esta misma aspiración que el Padre y el Hijo aspiran en el Espíritu Santoサ (1) entra en la ォCircumincesión*サ de las Tres Personas, es decir en el doble movimiento que parte del Padre y del Hijo hacia el Espíritu Santo y vuelve del Espíritu Santo hacia el Padre por el Hijo (cf. el Icono de Roublev) (2).
Desde un punto de vista algo diferente, el Verbo procede del Padre por modo de inteligencia, y el Espíritu Santo por modo de voluntad. Aquí aparece entonces una analogía* entre la Naturaleza divina y la naturaleza humana creada ォa imagen de Diosサ, analogía que constituye el fundamento de un orden natural, en el que el hombre es visto en sus facultades específicas, sin prejuicio de los elementos corporales que le religan al ォCosmosサ, pero de los que no trataremos aquí. Hacemos también abstracción de la ォhistoria mundialサ, no reteniendo más que los dos polos esenciales y de alguna manera ォcentralesサ de la Historia, a saber la Caída y la Redención. Pero es importante subrayar que estos dos acontecimientos no cambian radicalmente el orden natural, ya que este no tiene su fin último, ni su razón suficiente en si mismo: el orden natural está en ォpotencia obediencialサ con relación al Orden sobrenatural, y se puede decir sobre todo que el alma humana está en ォpotencia obediencialサ frente a la Gracia santificante. Por lo mismo que en la Unión Hipostática, la Naturaleza divina del Verbo ォasumeサ la naturaleza humana, así la Gracia santificante ォelevaサ al alma y sus facultades, haciéndolas entrar en la ォCircumincesiónサ de las Tres Personas, volviéndolas consortes divinae naturae. Es en esta perspectiva donde aparece la función de las tres Virtudes teologales*: lejos de destruir las facultades naturales, las Virtudes se ォagarranサ de alguna manera en estas para infundirles una ォsimiente de graciaサ que se expandirá in fine en la ォLuz de gloriaサ. Es así como la Fe purifica, ordena y eleva la inteligencia hacia el Hijo, que procede del Padre por modo de inteligencia (o de conocimiento); la Esperanza purifica, ordena y eleva la memoria (y la imaginación) hacia el Padre, (el ォrecuerdo de Diosサ, la Oración y la Invocación aparecen así como los frutos de esta Virtud); finalmente la Caridad purifica, ordena y eleva la voluntad hacia el Espíritu Santo, que procede del Padre (y del Hijo) por modo de voluntad (o de amor).
En esta perspectiva teocéntrica, el orden natural está situado en su lugar exacto: él está ォordenadoサ al Orden sobrenatural. Si se olvida esta ォordenaciónサ, uno se oscurece en el naturalismo bajo todas sus formas (humanismo, materialismo, etc...) o en el sobrenaturalismo (angelismo, idealismo, etc. ) que tienden a desconocer las ォestructurasサ propias del orden natural (por ejemplo el pecado, el mal, la imperfección). Así visto, el orden natural no es ni un mundo absurdo, ni un mundo cerrado teniendo su fin o su razón suficiente en si mismo: está ォabierto a la Graciaサ, y esta, en el caso particular de la naturaleza humana, hace al hombre ォparticipante de la Naturaleza divinaサ como se ha dicho más arriba.
NOTAS 末末末末末末末末末末末末
Para los términos señalados con un *, ver el GLOSARIO.
1.-
San Juan de la Cruz, Cántico Espiritual A, estrofa 382.- Una explicación de este icono la hace el Padre Stephanne en el tratado V.6 no traducido aquí.
3.- La potencia obediencial es la aptitud de un ser a recibir de un agente superior una determinación que sobrepasa su propia naturaleza: por ejemplo, la potencia obediencial permite al alma recibir la gracia.
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