EL MISTERIO DE LA VIRGEN MARÍA
abbé Henri Stéphane
Trataremos una cuestión esencial que se relaciona directamente con la «Virtudes Espirituales». Es la cuestión de la Virgen.
Subrayemos antes que nada la ignorancia casi total de los cristianos y su incomprensión fundamental hacia uno de los más grandes Misterios del cristianismo y hacia el papel irremplazable de la Virgen en la «vida espiritual». Ciertamente la «devoción» a María, su lugar en la Liturgia y la intuición de los grandes místicos deberían de ser suficientes para las almas de «buena voluntad». Pero hoy en día, más que nunca, se evita hablar de eso, sin duda para no molestar a nuestros «hermanos separados», y los partidarios de la «desmitificación» se hallan en condiciones favorables para tratar el comienzo del Evangelio según San Lucas con el desprecio que ya sabemos. Podríamos decir que en este punto Satán a obtenido una victoria aplastante.
No hablaremos de la metafísica de la Virgen ya que eso será tratado en otro lugar (1). Nos contentaremos con situar a la Virgen en el cuadro de las «virtudes» de Pobreza y de Caridad que, de un extremo a otro de nuestro estudio, han sido de alguna manera la «clave», el hilo de Ariana, el tema de nuestra exposición (2).
Pobreza y Caridad, decíamos más arriba, deben de ser «realizadas», no solamente a nivel moral o sicológico, sino en una forma de alguna manera ontológica o existencial. Es decir que estas virtudes -se podría decir otro tanto de la castidad- aun situándose necesariamente a nivel sicológico o humano para los «debutantes», deben de ser constantemente referidas a su Prototipo celeste o a su Arquetipo principal in divinis, es decir a la Theotokos, sin olvidar que nuestra condición actual exige una «mediación», a ejemplo del Verbo Encarnado, y que esta mediación es colmada por la Virgen María.
Sin duda la «síntesis» entre los dogmas como la Inmaculada Concepción, la Maternidad divina, la Virginidad perfecta y perpetua y la Asunción de María, supone una exposición metafísica preliminar, pero el dogma debe de ser suficiente para la inteligencia clarificada por la Fe y purificada por la Gracia: santa Bernadette y santa Teresa de Lisieux nunca han hecho metafísica.
Nos contentaremos entonces con decir aquí lo siguiente: la vida espiritual consiste esencialmente en hacer la Voluntad del Padre. Ahora bien el Padre no tiene otra Voluntad que la de engendrar el Hijo Unico, en el seno de la Trinidad por una parte, y en el seno de María por la operación del Espíritu Santo, por la otra (Trinidad y Encarnación). En consecuencia el alma cristiana no tiene nada más que hacer que realizar existencialmente el estado marial para que el Padre engendre en ella a su propio Hijo.
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1.-
El tema lo desarrolla en otros tratados de los cuales aquí presentamos «De la Inmaculada Concepción», «De la Virgen», «Sofía o la Sabiduría», «De la Asunción».2.- Este escrito sobre la Virgen forma parte de un documento más amplio en el que el Padre Stéphane va comentando las bases doctrinales católicas.
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