EL MISTERIO PASCUAL

Abbé Henri Stéphane

 

Lo mismo que la encarnación del Verbo constituye el Misterio central de nuestra Salvación, de la misma manera el Misterio eucarístico, que es el Memorial de la Pasión, de la Muerte y de la Resurrección de Nuestro Señor, o equivalentemente, del Sacrificio del Calvario, debe continuar como centro de la vida cristiana, al cual todo el resto se relacione.

Antes de profundizar en este Misterio, conviene hacer un examen de conciencia. Hay en primer lugar una masa de indiferentes (ni siquiera hablo de increyentes) que dicen: «¿Qué quiere que yo haga en la misa?». Otros, sobre todo en una cierta época, iban por obligación, por rutina, pero para ellos la misa era una especie de trabajo fatigoso en el que se aburrían profundamente. Otros iban para escuchar música, en otros tiempos el órgano, hoy la guitarra. Otros van para «estar con los amigos», de tal manera que nuestros modernistas han terminado por reducir la misa a una «comida comunitaria y fraternal». Finalmente, una tercera categoría de fieles prefiere curiosamente otras formas de devoción. Por ejemplo algunos prefieren la meditación: yo me pregunto en que pueden pensar, ¡Se toman por hindúes en meditación en una cumbre del Himalaya!. Sin embargo son totalmente incapaces de ello... (1).

Un cristiano digno de ese nombre, debería centrar su vida espiritual en la Eucaristía, lo cual supone sin duda ciertos conocimientos doctrinales, pero más todavía supone lo que yo llamaría una mentalidad sacral: tener el sentido de lo Sagrado, hoy en día cada vez más despreciado o en vías de desaparición.

Para celebrar los Santos Misterios, no es indiferente entrar en una iglesia románica, o en un comedor. No es indiferente revestirse con los ornamentos litúrgicos o decir la misa en buzo de trabajo. No es indiferente de decirla en latín y en gregoriano, o de cantar pamplinas en lengua vulgar. Todo esto contribuye grandemente a dar el sentido de lo Sagrado.

Un cierto marco (¡un entorno!) es por lo tanto indispensable a nivel del hombre ordinario para que la Religión subsista bajo formas sagradas acordes a su sensibilidad. Hoy en día este marco está hecho trizas, y la Religión se evapora.

Para el hombre cultivado, le queda la posibilidad de instruirse, y, por ejemplo en lo que concierne a la Eucaristía, intentar profundizar en sus diferentes aspectos: el Sacrificio, el Memorial, la Presencia real, el Cuerpo de Cristo, la Comunión, la Acción de Gracias...

Hoy, vamos ha decir algunas palabras sobre el Misterio Pascual que nos mostrará en que marco ha sido instituida la Eucaristía, y como los Judíos tenían el sentido de lo Sagrado, y también como el Nuevo Testamento consuma el Antiguo, o también como el Sacrificio de Cristo es la coronación de la Historia de la Salvación.

Esta historia, para los Hebreos, comienza a la salida de Egipto (el Exodo). Se lee en el texto la institución de la Pascua (Exodo XII, 14): «Ese día será para vosotros como un memorial, y lo haréis solemne como una fiesta para YHVH (2); para todas vuestras generaciones, lo celebrareis como una institución perpetua». Se ve claramente por este texto como hay que entender la palabra memorial: no como un simple recuerdo, sino una institución divina destinada a perpetuar las intervenciones salvadoras de Dios.

En el caso particular de la Pascua, hay que distinguir dos cosas: la comida y el sacrificio. El cordero debe ser inmolado el decimocuarto día del mes; su carne debe de ser comida con panes sin levadura y hierbas amargas; los participantes deben comerlo apresuradamente, los cinturones atados, las sandalias en los pies, y el bastón en la mano, porque es la hora de la Liberación (3): «Es la Pascua de YHVH» (Exodo XII, 11). En cuanto a la sangre del Cordero, se debe ponerla en el dintel y los dos flancos de la puerta, de manera que YHVH pasando para castigar a Egipto y viendo la sangre en la puerta, no permita al Exterminador entrar en las casas para castigar a todos los recién nacidos. Y si, a continuación, los hijos de Israel preguntan: «¿Qué significado tiene para vosotros este rito sagrado?» habrá que responder: «Es un sacrificio de Pascua en honor de YHVH, que ha pasado de largo las casas de los hijos de Israel en Egipto, cuando golpeó Egipto y salvó nuestras casas» (Exodo XII, 27).(4)

Este rito, que actualiza una protección de YHVH, implica un sacrificio para YHVH, al mismo tiempo que un signo eficaz de Liberación. Se encuentran aquí todos los elementos de un Memorial: recuerdo a Dios de una intervención salvadora, intercesión para que ella se actualice, y recuerdo a los hombres de la Salvación, conduciendo a la acción de gracias.

Es en un marco así que Jesús instituyó la Eucaristía. Para los Judíos, cada alimento de la comida tenía su significado. Comiéndolos, ellos podían revivir sacramentalmente los acontecimientos de la salida de Egipto. Ellos se hacían contemporáneos de sus padres, o bien el acontecimiento devenía presente por el Rito.

Se comprende entonces la importancia y, por así decirlo, la necesidad de la institución de la Eucaristía en el transcurso de una comida pascual: mostrar la continuidad de los dos Testamentos, mostrar la Unidad del Sacrificio redentor. La historia de la Salvación, comenzada en el Exodo, encuentra su realización y su Perfección en el Unico Sacrificio de Cristo, y el Memorial de este Acontecimiento único se inscribe con toda naturalidad en el memorial de la Pascua judía tomando la nueva forma de la Eucaristía, rito que la Iglesia realiza en el transcurso de los siglos, esperando la llegada del Reino. Cuando celebramos los Santos Misterios, no es para escuchar discursos fangosos o cantar canciones idiotas, es para obedecer a la orden de Cristo: «Haced esto en memoria mía». Amen.

 

NOTAS ––––––––––––––––––––

1.- Es uno de los raros lugares (cf. Volumen I, tratado VII.11) donde el padre Stéphane da su opinión sobre los aficionados al yoga, al zen o a la meditación. La mayor parte de ellos rechazan o critican el Cristianismo porque no comprende de él nada en absoluto, y esto no es de ninguna manera una cualificación para seguir una vía oriental. Si no se sabe –o peor todavía, si no se ama– meditar cristianamente, no hay apenas posibilidades, por regla general, de llegar a ello por una vía hindú, sufí, tibetana o japonesa.

2.- YHVH, tetragrama sagrado del Nombre inefable de Dios. Los judíos dicen «Adonai» (mi Señor) cuando leen la Biblia. La vocalización Jehová es antigua, pero la de las Biblias modernas (Yave o Yahveh) no tiene ningún sentido.

3.- El padre Stéphane ha puesto en mayúscula esta palabra. Sin duda pensaba él en la Liberación final tal como René Guénon la expone en El hombre y su devenir según el Vedanta.

4.- Se encuentra ahí el significado de la palabra «Pascua» (pasach = él ha pasado)

 

Sobre la misa tradicional y la nueva misa se puede consultar el documento «Los Problemas con la Nueva Misa» de Rama P. Coomaraswamy, en la página «TEXTOS TRADICIONALES»

 

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