Homilía sobre el Rosario
Abbé Henri Stéphane
Habría muchas cosas que decir sobre el Rosario que los buenos cristianos recitan a menudo y más especialmente en este mes de octubre. Habría que tratar:
1) Sobre el simbolismo de la Rosa.
2) Sobre el simbolismo de los Nombres que constituyen la armadura del rosario.
3) Sobre los misterios del Rosario.
La palabra «rosario» (chapelet, en el original francés), que significa «pequeño sombrero» (petit chapeau), designaba primitivamente una corona de rosas que se llevaba sobre la cabeza en ciertas procesiones en honor a la Santa Virgen; a continuación se deshojaban las rosas de este rosario, recitando el Ave María.
Esta corona –cuya palabra latina «corona» traduce la palabra «chapelet» (rosario)– evoca en el Apocalipsis «la mujer revestida de Sol, la Luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas en su cabeza» (XII, 1). Evoca también la corona de espinas puesta sobre la cabeza de Jesús en el momento de la Pasión, ya que, podríamos decir, no hay rosas sin espinas, y no hay que separar la Rosa de la Cruz (cf. El símbolo de la Rosa-Cruz). A continuación la Liturgia compara la Virgen María con una Rosa plantada al borde de las aguas «quasi rosa plantata super rivos aquarum» (capítulo de Vísperas del 7 de Octubre) y en fin las letanías de la Santa Virgen la invocan bajo el nombre de «Rosa Mística».
Nosotros nos limitaremos hoy al significado esencial de la Rosa que nos mostrará hasta que punto ella conviene en tanto que símbolo de la Virgen. Como no importa que flor, la Rosa es una copa o un cáliz, en definitiva un receptáculo destinado a recibir las influencias celestes, como el seno virginal de María que recibe el Verbo divino o el Espíritu Santo, y en el cual se desparrama el Verbo encarnado, es decir el Niño Jesús. Estas dos ideas de receptáculo y de expansión se encuentran en otras figuraciones. La copa es entonces asociada a la lanza, que recuerda a la lanza del centurión Longin (de la leyenda del Grial) atravesando el costado de Cristo por donde surgieron la sangre y el agua. En ciertas imágenes, las gotas de sangre caen de la lanza misma en la copa, y en otras representaciones la sangre, extendiéndose por tierra, da nacimiento a una flor. Así sobre una custodia del siglo XIII de la catedral de Angers, se ve también la sangre divina, corriendo en arroyos, extenderse bajo la forma de rosas. En fin en un dibujo se ve la rosa situada al pié de una lanza colocada verticalmente a lo largo de la cual llueven gotas de sangre.
Este simbolismo tradicional no parecerá hermético más que a aquellos –¡desgraciadamente numerosos!– que están embrutecidos por la cultura profana, pero las almas simples lo comprenden inmediatamente. Así, que la Sangre de Cristo sea a la vez creadora y redentora no tiene nada de extraño para aquel que sabe que la Creación y la redención son dos aspectos complementarios de la Obra del Verbo divino. La Virgen ella misma es a la vez una criatura –lo cual evocan las gotas de sangre transformadas en rosas– y la «co-redentora», –lo cual es evocado por la Rosa, aquí el cáliz de la flor recibiendo la Sangre divina– pero ella es también la criatura redimida por la sangre de Cristo, como lo enseña el dogma de la Inmaculada Concepción; en fin señalemos una representación en la que las cinco llagas de Cristo están figuradas por cinco rosas, lo cual religa la Pasión y la Resurrección, y muestra, como lo decíamos al comienzo, que la Rosa no debe de estar separada de la Cruz.
Estando el simbolismo fundado en sus correspondencias, podemos terminar por la «Rosa Gótica», que lleva el mismo nombre y a la que se llama también «rosetón». Podemos ver magníficas muestras en nuestras catedrales. Una tal Rosa evoca entonces la idea de centro y de círculo o de Rueda, con los diferentes rayos o sectores que corresponden a los pétalos de la flor. El Centro representa evidentemente la Divinidad, la Rueda representa el Mundo, y los rayos representan, en el caso de la Rosa mística, la vuelta de las criaturas hacia el Creador, la multiplicidad dispersada en la circunferencia devuelve a la Unidad del Principio divino conforme a la palabra evangélica: «Jesús debía morir ... a fin de reunir en un solo cuerpo los hijos de Dios que están dispersos» (Juan XI, 52). Amen.
Fiesta del rosario 1974.
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ANEXO: Rezando Despacio...