UNIR LA ALEGRIA A LA SIMPLICIDAD

Conversación con Laurence Freeman

 

Laurence Freeman es monje benedictino y vive en Londres. Sus estudios le habían conducido hacia el mundo de la banca y el periodismo, pero su encuentro con John Main, benedictino que le inicio en la meditación, fue determinante. Ordenado sacerdote en 1980, continúa ahora la obra de John Main dando a conocer, a través de conferencias y de encuentros en varios países, el arte de la meditación cristiana. Nuestra conversación tuvo lugar en París, en un barrio mas bien ruidoso. Pero como el otoño era suave, elegimos un jardín en el cual la calma se veía subrayada por el sonido del agua de una fuente.

A aquél que busca el silencio y la interioridad, la oportunidad se le ofrece en cualquier lugar...

Cuando he tenido que asistir a una misa, siempre me choca y me molesta el poco lugar que se reserva para el silencio. En las celebraciones cristianas, se habla mucho, se canta, la gente se mueve...

El silencio es la esencia de la meditación. Nacido en una familia católica, mi madre era de origen irlandés, yo no había rechazado mi religión pero me parecía demasiado autoritaria, institucional y poco propicia para favorecer el despertar espiritual. Es así como me dirigí hacia la espiritualidad oriental y leí los Upanishads y los textos budistas. Así esta escrito en el Bhagavad Guita: +Dichoso el hombre que ha descubierto que el silencio es un trabajo;. Los místicos cristianos experimentan lo mismo. La meditación es ese trabajo del silencio. En la práctica litúrgica misma, hay una dimensión contemplativa, pero durante la misa esa dimensión parece cerrada, como si se tuviera miedo ante el silencio. Por mi parte, cuando celebro misa, dejo mucho tiempo de silencio y los fieles pueden recogerse media hora tras la Eucaristía.

Para un acercamiento a esta dimensión de silencio, que es necesario calificar de sagrada, se evocan diferentes actitudes: meditación, atención, contemplación. ?Podría darnos alguna aclaración sobre esos términos?

Estos términos se encuentran en un mismo campo de significación pero conllevan aspectos diferentes. Meditar significa +estar en el centro;. Contemplar, por su etimología misma, quiere decir +estar en el templo;. La meditación es el trabajo que hacemos como una disciplina para darnos cuenta de que ya estamos en la contemplación. La atención corresponde al trabajo de la meditación. Simone Weil dice que +la atención purifica;, por lo mismo que la meditación es la purificación del corazón, de nuestra consciencia.

Al comienzo, para los cristianos, la meditación es un acto de repetición mental y espiritual en relación con las escrituras: se medita tal pasaje hasta poder recitarlo, se repite tal palabra como en la práctica del hesicasmo. Se pasa así de la lectura a la meditación y después se entra en un estado de unión con el silencio, se descubre el estado que está siempre presente. La práctica ordinaria tiene por objetivo formar una vía meditativa ordinaria, es decir que pueda tener lugar en el metro, haciendo la compra... la espiritualidad no significa otra cosa que una manera de vivir con el corazón abierto las veinticuatro horas del día.

Cuándo hoy en día se habla de meditación, se piensa en las prácticas tibetanas, hindúes, taoístas y en los mantras !pero apenas nadie se refiere a los cristianos!

Sin embargo la meditación existe también en la tradición cristiana, y John Main es uno de los que han redescubierto la enseñanza de los Padres del desierto. Juan Casiano, por ejemplo, un monje del siglo IV que vivió siete años en el desierto de Egipto, habla de +la fórmula; que hay que repetir, que corresponde exactamente al +mantra;. Se conoce también +la plegaria de Jesús; en el hesicasmo oriental. La insistencia sobre la plegaria en voz alta hizo pasar a un segundo plano lo que se llama meditación.

La meditación no es desde luego una huida fuera del mundo ni lejos del cuerpo, la meditación sería mas bien una manera de tomar conciencia de su presencia.

La mayoría de nosotros, Occidentales, somos muy cerebrales y tenemos tendencia a enfocarlo todo, incluida la oración y la espiritualidad, de manera cerebral. Así pues la meditación es la plegaria de la persona total, es la plegaria mas encarnada que pueda haber, no es ni mental ni etérea. Esta práctica vuelve a darle importancia al cuerpo, unido al espíritu desde luego. Para la Iglesia de Occidente, que a transmitido durante mucho tiempo una idea negativa del cuerpo, incluso represiva, esta restauración del sentido del cuerpo como compañero en la vida espiritual me parece muy importante. Y nosotros tenemos necesidad de redescubrir prácticas corporales en este ámbito.

Se diría que muchos objetos, utilidades o técnicas inventadas por el mundo moderno, llevan a desconectar al hombre de sí mismo, a desposeerle de su ser. Cuando, caminando en las calles de París, me cruzo con tantas personas con la mirada vaga y vagando pegados a su teléfono portátil, yo me digo: no están ahí... ?Para qué buscar extraterrestres si todas estas personas ya están fuera...?

Si, nuestra sociedad no anima a la presencia en sí mismo: es una carrera loca, una huida hacia delante, una perpetua distracción. La meditación es la realización del momento presente. Se puede vivir entonces cotidianamente, en el momento presente, aquello que no es el instante. El mundo de la presencia no tiene nada que ver con la inmediatez, es una presencia a todas las cosas al mismo tiempo. Tu sabes, los hombres de negocios están, mas que los religiosos, preocupados por la eficacia. Ahora bien, está probado que somos más eficaces cuando hacemos menos cosas, mas lentamente y con más atención. Por lo que respecta al teléfono portátil, al fax y a otros aparatos, nos comportamos como niños en vez de instaurar una disciplina.

La disciplina, !esa si que es una palabra austera!

Esta palabra tiene la misma etimología que +discípulo; y viene del verbo que significa +aprender; (discere en latín). Para todas las cosas importantes de la vida hay que aprender una disciplina, se trate de música, de matemáticas o de la vida cotidiana. La palabra +ascesis;, que tiene también una resonancia severa, no significa un castigo sino, en el sentido exacto, un +entrenamiento;. En el mundo actual, la ascesis y la disciplina son irreemplazables, no solamente en la educación sino también en la ecología: como no derrochar, por ejemplo, los recursos naturales. Me impresiona también cuando veo que hay niños que comenten crímenes, matan o agreden a otro niños de su edad: eso indica una grave laguna en la educación, una ausencia total de respeto y de disciplina. Sería necesario repensar nuestras ideas educativas a la luz espiritual porque si nos preocupamos solo por llenar las cabezas, nada se hace para el crecimiento espiritual ni para la educación del corazón.

Si en el mundo actual y en la educación en particular, la meditación no se tiene en cuenta !es porque no sirve para nada!

En efecto, la meditación no es útil ni rentable pero pone en juego grandes cosas y sus beneficios son imposibles de medir con las herramientas convencionales. Los frutos obtenidos por la meditación se llaman calidad de vida, de consciencia, calidad de las relaciones personales, libertad de amar, liberación del miedo, coraje para expresar la verdad... Semejante a la música, la meditación es difícil de definir, de explicar con las palabras, pero cuando se experimente es de una maravillosa fecundidad.

El error que podría cometer el que comienza a meditar consiste en meditar para uno para una mejor salud, equilibrio o serenidad, para conseguir su salvación o "realizarse"...

La meditación será más feliz y más sincera si se ha comprendido el significado de la pobreza. La pobreza no es ni un estado negativo, ni un estado de carencia sino un estado de disponibilidad, de no-posesividad. En este estado, se puede disfrutar de todas las cosas de la vida y soportar las cosas penosas con una alegría igual y fundamental. Nosotros meditamos sin deseo. Sin ni siquiera el deseo de Dios. No se trata de acaparar a Dios, por medio de una técnica, en el reino de mi ego. Por lo tanto si meditamos para una mejor salud física, para la paz sicológica, meditamos con un deseo que nos limita. Lo que se llama el Reino, prometido a lo pobres, no es ese estado en el que hemos colmado todos nuestros deseos sino aquel en el que hemos transcendido todos nuestros deseos. !Es así como la meditación resulta ser una espiritualidad muy apropiada dentro de una sociedad de consumo!

La meditación nos devuelve a nuestra soledad, y por mi parte, no me gusta la perspectiva de una meditación colectiva...

Hay que distinguir bien la distinción entre la soledad y el aislamiento. La soledad es el estado en el que nosotros hemos descubierto nuestra unicidad profunda y enorme, el estado en el que hemos aceptado con humildad nuestra unicidad. Para ello !de ninguna manera es necesario irse al desierto o a lo profundo de un bosque! La tradición monástica enseña a la vez la necesaria soledad y la vida en comunidad. Estamos en soledad cuando meditamos con los demás; estamos en comunidad cuando meditamos solos.

?Los grupos de meditación con los que usted está en contacto en varios países tienen muchos participantes?

No, son grupos muy pequeños que forman una "amistad espiritual". De hecho tenemos más necesidad de la amistad, de la afinidad espiritual que de simplemente estar juntos. La amistad humana es una manifestación de la presencia de Cristo. Tenemos también más necesidad de amigos espirituales que de maestros y gurús. Jesús mismo se describe como "un amigo" y al habla de Dios como un "Padre". Desde ese momento no se puede ya más pensar en Dios como en un juez violento, celoso, enfurecido y vengador, sino como un Ser amigo: ese es el desafío del Cristianismo. La trascendencia de Dios se ha convertido en intimidad.

John Main fue un maestro espiritual para usted. ?Sin embargo usted rechaza la idea de maestro o de instructor?

Muchos de nuestros contemporáneos están a la búsqueda de un maestro como si fuera un padre, un sustituto, un tutor. El encuentro con un maestro se hace en la libertad y en la madurez. Creo que en el futuro los maestros espirituales serán cada vez más personas ordinarias, de la vida laica, llevando una vida contemplativa con su oficio, sus hijos ...

La meditación, como la espiritualidad ?se pude enseñar como se enseña cualquier otra disciplina?.

Se enseña la simplicidad de la meditación como vía de silencio, de tranquilidad física y mental. Es interiormente la repetición con fe e intención, de una palabra sagrada, es una escucha silenciosa. Este método de atención, de simplificación y de unificación de nuestra mente, que describen muy bien tanto Simone Weil como el autor anónimo de La Nube del No Saber en el siglo XIV, es uno de los métodos posibles, pero no es el único. De esta manera hace tres años organizamos un seminario con el Dalai Lama y hubo numerosas conversaciones entre cristianos y budistas. El éxito de este encuentro está en que todos meditábamos juntos tres veces por día, cada uno según su tradición. Cuando se practica un método de meditación, ocurre un aumento continuo del contexto de tu meditación: todas las otras dimensiones de la consciencia espiritual se vuelven abiertas, irradiantes... No solamente se tiene cada vez más consciencia de sí, sino que se reconoce cada vez mas la responsabilidad propia con el mundo. Así para que llegue a buen fin un trabajo para la paz y la justicia, cada uno de los protagonistas deben de estar en paz y en justicia: la meditación no está separada de la acción.

?La meditación es una escuela de gran paciencia?

Yo diría más bien que la paciencia es el resultado de ello. Se puede comprobar cada día, sobre todo en los conductores, la perdida del control de uno mismo, que no es más que una perdida de la paciencia. Según San Pablo, el amor, la alegría y la paciencia son los frutos de la oración. En la meditación descubrimos que en el centro de nuestro ser, estamos en paz. La palabra paciencia debe de ser puesta también en relación con la pasión, que significa padecer, soportar. Yo veo ahí también uno de los grandes problemas actuales de la juventud: los jóvenes no están preparados para el sufrimiento, para las pruebas, para el envejecimiento, para la muerte. Están inmaduros y tienen la fantasía de que pueden escapar de todas las pruebas de la vida recurriendo a diferentes tecnologías y en particular a lo virtual. Ellos manipulan la realidad, quitan los elementos difíciles o dolorosos pero se encuentran totalmente desarmados, desarraigados, si algo grave o inesperado les ocurre. Si la meditación es difícil, es porque es una confrontación con la realidad pura y simple, con este momento preciso.

?Es también un acercamiento a la alegría?

Aprendí hace tiempo de John Main que +monje triste; es una contradicción. El deber del monje consiste en mostrar la posibilidad de vivir en un espíritu de alegría. Podemos sentir el placer o la felicidad cuando conseguimos lo que queremos, pero la alegría es una experiencia de Ser. La naturaleza de Dios como alegría de Ser. La vida monástica tiene como responsabilidad dar testimonio de la relación que une la alegría con la simplicidad. No es necesario complicar nuestra vida ni material, ni espiritualmente.

Sin embargo comprobamos que la simplificación es difícil ...

La meditación es la simplicidad misma....

 

( The World Community for Christian Meditation: http://wccm.org/index.html )

 

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