DIFERENCIA DE LAS CONDICIONES PÓSTUMAS SEGÚN LOS GRADOS DE CONOCIMIENTO

RENÉ GUÉNON

 

"En tanto se halla en esta condición (todavía individual que acabamos de tratar), el espíritu (que por consiguiente es todavía jîvâtmâ) de aquél que ha practicado la meditación (durante su vida, sin alcanzar la posesión efectiva de los estados superiores del ser) permanece unido a la forma sutil (que también se puede considerar como prototipo formal de la individualidad, donde la manifestación sutil representa un grado intermedio entre lo no-manifestado y la manifestación grosera, y cumple el papel de principio inmediato en relación con esta última); y en esta forma sutil, está asociado con las facultades vitales (en el estado de reabsorción o de contracción principial que se ha descrito anteriormente)". Es necesario, en efecto, que haya todavía una forma de la cual esté revestido el ser por el hecho mismo de que su condición depende todavía del orden individual; y ésta no puede ser sino la forma sutil, puesto que ha salido de la forma corporal y que, por otra parte, la forma sutil debe subsistir después de esta por haberla precedido en el orden de desarrollo dentro de la modalidad manifestada, que se encuentra reproducido en sentido inverso en el retorno a lo no-manifestado; pero esto no quiere decir que dicha forma sutil deba ser entonces exactamente tal como era durante la vida corporal como vehículo del ser humano en el estado de sueño (1). Ya hemos dicho que la condición individual misma, de un modo general y no solamente en lo que concierne al estado humano, puede definirse como el estado del ser que está limitado por una forma, pero es evidente que dicha forma no está necesariamente determinada como espacial y temporal, como lo está en el caso particular del estado corporal; y no puede estarlo de ninguna manera en los estados no humanos, que no están sometidos al espacio ni al tiempo, sino a condiciones totalmente distintas. En cuanto a la forma sutil, si no escapa enteramente al tiempo (aunque éste tiempo no sea aquél en el cual se cumple la existencia corporal), escapa al menos al espacio, y por ello no se debe de ningún modo intentar imaginarla como una especie de "doble" del cuerpo (2), como tampoco se debe interpretar que sea un "molde" de éste cuando decimos que es el prototipo formal de la individualidad en el origen de su manifestación (3); sabemos demasiado bien en qué medida los occidentales llegan fácilmente a las representaciones más groseras, y a cuantos graves errores se puede dar lugar por no tomar las precauciones necesarias en este aspecto.

"El ser puede permanecer así (en esta misma condición individual donde está unido a la forma sutil) hasta la disolución exterior (pralaya, o vuelta al estado indiferenciado) de los mundos manifestados (del ciclo actual, que comprende a la vez el estado grosero y el estado sutil, es decir todo el dominio de la individualidad humana tomada en su integralidad) (4), disolución en la cual está sumergido (con el conjunto de los seres de estos mundos) en el seno del Supremo Brahma; pero aún entonces puede estar unido a Brahma sólo de la misma manera que en el sueño profundo (es decir sin la realización plena y efectiva de la "Identidad suprema")".

En otros términos, y para emplear el lenguaje de ciertas escuelas esotéricas occidentales, el caso al cual se hace alusión en último lugar corresponde a una "reintegración en modo pasivo", en tanto que la verdadera realización metafísica es una "reintegración en modo activo", la única que implica verdaderamente la toma de posesión por el ser de su estado absoluto y definitivo. Es lo que indica precisamente la comparación con el sueño profundo tal como se produce durante la vida del hombre ordinario: así como hay un retorno de este estado a la condición individual puede haber también, para el ser que está unido a Brahma sólo "en modo pasivo", un retorno a otro ciclo de manifestación, de modo que el resultado obtenido por él a partir del estado humano no es todavía la "Liberación" o la verdadera inmortalidad, y su caso es finalmente comparable (aunque con una diferencia notable en cuanto a las condiciones de su nuevo ciclo) al del ser que, en lugar de permanecer hasta el "pralaya" en las prolongaciones del estado humano, pasa después de la muerte corporal a otro estado individual. Paralelamente a este caso, se puede considerar aquél en el cual la realización de los estados superiores y hasta la de la misma "Identidad Suprema" que no se han cumplido durante la vida corporal, se da en las prolongaciones póstumas de la individualidad; de virtual que era, la inmortalidad se vuelve entonces efectiva, y, por lo demás, ello puede no tener lugar sino en el final mismo del ciclo; es la "Liberación gradual" de la que hemos hablado anteriormente: En uno y otro caso, el ser que debe ser considerado como jîvâtmâ unido a la forma sutil, se encuentra durante toda la duración del ciclo "incorporado" en alguna medida (5) a Hiranyagarbha que se considera como jîvaghana, como ya hemos dicho; permanece entonces sometido a esta condición especial de existencia que es la vida (jîva), por la cual se delimita el dominio propio de Hiranyagarbha en el orden jerárquico de la Existencia Universal.

"Esta forma sutil (donde reside después de la muerte el ser que permanece en el estado individual humano) es (en comparación con la forma corporal o grosera) imperceptible a los sentidos en cuanto a sus dimensiones (porque está más allá de la condición espacial) así como en cuanto a su consistencia (o a su sustancia propia que no está constituida por una combinación de elementos corporales); por consiguiente, no afecta a la percepción (o las facultades externas) de los que están presentes cuando se separa del cuerpo (después que el "alma viviente" se retiró de él). Tampoco es alcanzada por la combustión u otros tratamientos que sufre el cuerpo después de la muerte (que es el resultado de esta separación, a raíz de la cual ninguna acción de orden sensible puede tener repercusión sobre esta forma sutil ni sobre la conciencia individual que, permaneciendo ligada a ella, no tiene relación con el cuerpo). Es sensible solamente por el calor que la anima (su cualidad propia en tanto que asimilada al principio ígneo) (6) durante todo el tiempo que habite en la forma grosera, que se vuelve fría (y por consiguiente inerte en tanto que conjunto orgánico) en la muerte, desde el momento en que la abandona (aún cuando las otras cualidades sensibles de esta forma corporal subsistan todavía sin cambio aparente), y que era caldeada (y vivificada) por ella mientras tenía allí su morada (puesto que es en la forma sutil donde reside propiamente el principio de la vida individual, de modo que es solamente en virtud de la comunicación de sus propiedades que el cuerpo también se puede llamar viviente, en razón de la relación que existe entre estas dos formas en tanto constituyen la expresión de estados del mismo ser, precisamente hasta el instante mismo de la muerte)".

"Pero quien ha obtenido (antes de la muerte, siempre entendida como separación del cuerpo) el verdadero conocimiento de Brahma (que implica, por la realización metafísica sin la cual no habría más que un conocimiento imperfecto y absolutamente simbólico, la posesión efectiva de todos los estados de su ser) no pasa (de modo sucesivo) por todos los mismos grados de retirada (o de reabsorción de su individualidad, del estado de manifestación grosera al estado de manifestación sutil, con las diversas modalidades que comporta y luego al estado no-manifestado, donde las condiciones individuales son finalmente suprimidas por entero). Procede directamente (en este último estado, y aún más allá de él si se lo considera solamente como principio de la manifestación) a la unión (ya realizada al menos virtualmente durante su vida corporal) (7) con el Supremo Brahma, con el cual se identifica (de un modo inmediato), como un río (que representa aquí la corriente de la existencia a través de todos sus estados y todas las manifestaciones), en su desembocadura (que es la culminación o término final de esta corriente), se identifica (por penetración íntima) con las olas del mar (samudra, la reunión de las aguas, que simboliza la totalización de las posibilidades en el Principio Supremo). Sus facultades vitales y los elementos de los que estaba constituido su cuerpo (considerados en principio en su esencia suprasensible) (8), las dieciséis partes (shodasha-kalâh) componentes de la forma humana (es decir los cinco tanmâtras, el manas y las diez facultades de sensación y acción), pasan completamente al estado no-manifestado (avyakta, donde, por transposición, vuelven a encontrarse en una modalidad permanente en tanto que posibilidades inmutables), sin que además esta travesía implique ningún cambio para el ser (tal como lo implican los estados intermedios que, por pertenecer todavía al "devenir", comportan necesariamente una multiplicidad de modificaciones). El nombre y la forma (nâma-rûpa, es decir la determinación de la manifestación individual en cuanto a su esencia y en cuanto a su sustancia, como hemos explicado precedentemente) cesan igualmente (en tanto que condiciones limitativas del ser); y, al estar "no dividido", o sea sin las partes o miembros que componían su forma terrestre (en el estado manifestado, y en tanto esta forma estaba sometida a la cantidad bajo sus diversas modalidades) (9), está liberado de las condiciones de la existencia individual (así como de todas las otras condiciones correspondientes a cualquier estado especial y determinado de existencia, aún supraindividual, puesto que el ser se halla desde entonces en el estado principial, absolutamente incondicionado) (10)"

Muchos comentadores de los Brahma-Sûtras, para marcar aún más claramente el carácter de esta "transformación" (11), la comparan con la desaparición del agua con la que se ha rociado una piedra ardiente. En efecto, esta agua se "transforma" al contacto con la piedra, al menos en el sentido relativo de que ha perdido su forma visible (y no toda forma, puesto que continua evidentemente perteneciendo al orden corporal), pero sin que se pueda decir por ello que ha sido absorbida por esta piedra, puesto que en realidad se evaporó en la atmósfera, donde permanece en un estado imperceptible a la vista (12). Asimismo, el ser no es "absorbido" al obtener la "Liberación", aunque pueda parecer así desde el punto de vista de la manifestación, para la cual la "transformación" aparece como una "destrucción" (13); si se lo coloca en la realidad absoluta, que es la única que permanece para él, está, por el contrario, dilatado más allá de todo límite, si es lícito emplear semejante modo de hablar (que traduce exactamente el simbolismo del vapor de agua que se expande indefinidamente en la atmósfera), puesto que ha realizado efectivamente la plenitud de sus posibilidades.

NOTAS:

(1). Hay cierta continuidad entre los diferentes estados del ser y, con mayor razón, entre las diversas modalidades que forman parte de un mismo estado de manifestación; la individualidad humana, aún en sus modalidades extracorporales, debe forzosamente ser afectada por la desaparición de su modalidad corporal, y, además, hay algunos elementos psíquicos, mentales u otros, que no tienen razón de ser sino en relación con la existencia corporal, de tal modo que la desintegración del cuerpo debe entrañar la de los elementos que permanecen ligados a él y que, por consiguiente, son abandonados también por el ser en el momento de la muerte entendida en el sentido ordinario de la palabra.

(2). Los psicólogos mismos reconocen que lo "mental" o el pensamiento individual, único que pueden alcanzar, está fuera de la condición espacial; se necesita toda la ignorancia de los "neoespiritualistas" para querer "localizar" las modalidades extracorporales del individuo, y para pensar que los estados póstumos se sitúan en alguna parte del espacio.

(3). Es este prototipo sutil y no el embrión corporal lo que se designa con la palabra "pinda", como hemos indicado anteriormente; este prototipo preexiste por otra parte al nacimiento individual, pues está contenido en Hiranyagarbha desde el origen de la manifestación cíclica como representante de una de las posibilidades que deberán desarrollarse en el curso de esta manifestación; pero su preexistencia no es entonces sino virtual, en el sentido de que no es todavía un estado del ser del cual está destinado a constituir la forma sutil al no estar dicho ser actualmente en el estado correspondiente y al no existir, por consiguiente, en tanto que individuo humano; y la misma consideración puede aplicarse analógicamente al germen corporal, si se lo considera también como preexistente en cierta manera en los ancestros del individuo en cuestión, y esto desde los orígenes de la humanidad terrestre.

(4). El conjunto de la manifestación universal se designa a menudo en sánscrito con el término de "samsâra"; tal y como ya hemos indicado, comporta una infinidad de ciclos, es decir de estados y grados de existencia, de modo que cada uno de estos ciclos, al terminar en el "pralaya" como el que aquí se considera en particular, no constituye propiamente sino un momento del samsâra. Por otra parte, recordaremos una vez más para evitar todo equívoco, que el encadenamiento de estos ciclos es en realidad de orden causal y no sucesivo, y que las expresiones empleadas con respecto a esto por analogía con el orden temporal deben considerarse como puramente simbólicas.

(5). Esta palabra que empleamos aquí para hacernos comprender mejor con el auxilio de la imagen que evoca, no debe ser entendida literalmente, puesto que el estado en cuestión no tiene nada de corporal.

(6). Como hemos indicado anteriormente, este calor animador, representado como fuego interno, se identifica a veces con Vaishwânara, considerado en este caso, no como la primera de las condiciones de Âtmâ de la cual ya hemos hablado, sino como el "Regente del Fuego", como veremos más adelante; Vaishwânara es entonces uno de los nombres de Agni del cual designa una función y un aspecto particulares.

(7). Si la "unión" o la "Identidad Suprema" no se ha realizado más que virtualmente, la "Liberación" tiene lugar inmediatamente en el momento mismo de la muerte; pero esta "Liberación" puede producirse también durante la vida misma si la "unión" se realiza desde entonces de modo pleno y efectivo; la distinción de estos dos casos se expondrá de manera más completa a continuación.

(8). Puede ocurrir también, en ciertos casos excepcionales, que la transposición de estos elementos se efectúe de tal manera que hasta la forma corporal desaparece sin dejar ninguna huella sensible y que, en lugar de ser abandonada por el ser como ocurre comúnmente, pasa en su totalidad, sea al estado sutil, sea al estado no-manifestado, de modo que no hay muerte en sentido propio, como hemos recordado en otra parte en los ejemplo bíblicos de Henoch, de Moisés y de Elías.

(9). Los modos principales de la cantidad se designan expresamente es esta fórmula bíblica: "Tu has dispuesto todas las cosas en peso, número y medida" (Libro de la Sabiduría, XI, 21), a la que corresponde término por término (salvo la inversión de los dos primeros) el Mane, Thekel, Phares (contado, pesado, dividido) de la Visión de Baltasar (Daniel ,V, 25 a 28).

(10). Prashna Upanishad, 6º prashna, shruti 5; Mundaka Upanishad, 3º mundaka, 2º khanda, shruti 8. Brahma-Sûtras, 4º adhyâya, 2º pâda, sûtras 8 a 16.

(11). Recordamos, para evitar todo equívoco, que siempre utilizamos esta palabra en su sentido estrictamente etimológico, que es el de "paso fuera de la forma".

(12). Comentario de Ranganâtha sobre los Brahma-Sûtras.

(13). Por esta razón Shiva, según la interpretación más ordinaria, es considerado como un "destructor", cuando en realidad es un "transformador".

 

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