Apariciones de la Virgen en Rusia
El cristianismo en Rusia no tiene sentido sin el zar, y el imperio de todas las Rusias tampoco.
-"Corregidme si me equivoco, boyardos y mariscales, si cometo un error por mi juventud y tontería..." -dijo en su discurso Boris Godunov-. Todos los miembros de la Duma imperial, mucho más viejos que él, le escuchaban en silencio, admirados de su sabiduría y noble sencillez. No se les había ocurrido a ellos en el uso de la palabra, pero sabían que decía la verdad.
"Boyardos, había confirmado Godunov momentos antes, hay algo que sabemos a ciencia cierta: sin zar no hay Rusia". La novela de Vladimir Volkoff Los hombres del zar transcurre en los tiempos de Iván el Terrible, ya iniciada la segunda mitad del siglo XVI. y prosigue. Después de saltar de una zancada por las otras formas de gobierno y creencia de otras tierras, Boris añade:
"En nuestro país no es así. ¿Por qué? Porque Dios lo ha querido así y también porque nosotros carecemos de fronteras naturales. Para que exista Rusia se necesitan dos cosas: la ortodoxia y el zar. Pero la ortodoxia tiene un defensor y una garantía: el zar. Por tanto, para que Rusia exista lo único realmente imprescindible es el zar".
En las antípodas del refrendo de estas palabras nos encontramos con Marzo –atención a este mes, clave que reaparece una y otra vez en las encrucijadas de estas notas–, con Marzo de 1917. En el frente, los ejércitos rusos combaten en la I Guerra Mundial; en la retaguardia. la Duma o cámara de los representantes, conspira contra el zar. Hay indicios sobrados para descubrir una agitación en ciernes, liberal y burguesa, contra el poder zarista, autocrático y sacralizado del ungido. No es una revuelta popular auténtica, se trata de la "revolución de los amos" como no pocos campesinos comienzan a llamarla. Rodzianko, al frente de la oposición y presidente de la Duma, mueve los hilos; él y sus amigos soliviantan a las masas de Petrogrado con discursos y consignas, y luego es el propio Rodzianko quien se presenta ante el zar urgiéndole a que le nombre primer ministro a fin de contener el "empuje popular" imparable y, de momento, amenazante. Rodzianko y Miliukof pactan con los dirigentes del Soviet: Tcheidze y sus dos vicepresiden.tes: Kerensky y Skobelef. Juntos, y al lado de algunos intelectuales de "redondeas gafas", de unos pocos hebreros, y con la aquiescencia de algunos generales resentidos, ambiciosos, inocentes o simplemente traidores, con la complicidad del propio príncipe Galitsin, al frente del gobierno del zar, se llega a la constitución de un comité ejecutivo y provisional de la Duma, un 14 de Marzo de 1917. Componen el grupo del nuevo gobierno, que suspira a los sones de una Marsellesa a la rusa y que sueña con el asesinato del zar, amén del odio que las sociedades filomasónicas y contrainiciáticas le tienen, por otra razón: ¿Cómo justificar esta revolución, este asalto interno, cuando el país batallaba con los imperios centrales, un enemigo exterior? ...Componen el incipiente grupo: Rodzianko, Kerensky, Tcheidze, Chulguin, Miliukof, Karaulof, Konovalof, Dimitriukof, Rjevsky, Chidlovsky, Nekrassov y Lvof. Tras la abdicación de Nicolás II, el Comité ordenará la detención a finales de Marzo de toda la familia imperial. Primero bajo el control de Kerensky, nuevo ministro de justicia y luego dictador, más tarde se harán cargo de los prisioneros los bolcheviques, finalmente les asesinarán dieciséis meses después en Ekaterinenburgo por orden expresa de Yakov Sverdlov y de Vladimir Ilich Ulianov –Lenin–. Como era de prever, la movilización liberal-burguesa pronto quedó anegada en la anarquía que ella misma había desencadenado o alentado a fin de propiciar sus intereses; masas proletarias, desertores del frente, fueron cada vez mejor instrumentalizadas por un pequeño partido, el bolchevique, que no tardaría en revolverse contra el gobierno revolucionario antizarista y contra el iconostasio de la vieja Rusia. Era la Revolución de Octubre de 1917, que a velocidad de vértigo sustituía o relevaba a la anterior.
Desde Julio del 988, año y mes en los que se hace cristiano, y con él todo su pueblo, el príncipe Vladimir de la realeza de los rurikidas, de los vikingos conquistadores de la primitiva Rus y fundadores de Kiev, hasta Julio de 1918, año y mes en los que muere el último zar de los Romanof, transcurren justo 930 años.
Es la era en la que bajo la inspiración de Cristo y de su Santa Madre –Theotokos– adquiere Rusia su identidad. El proceso revolucionario y su triunfo, desde Kerensky hasta Lenin, inauguran de forma harto conocida el período del Anticristo, que alargará su edad hasta cumplir los simbólicos 70 años. Los soviets, no sólo matan al zar ya su heredero; además: cambian el nombre del país y tienden sobre él una nueva bandera, a la vez que no ocultan su persecución religiosa. Ellos también sabían que Cristo y la Virgen, Rusia y el Zar configuraban la "trinidad", los anillos o las raíces de un único ser. Por eso, la revolución despliega su frente y ataca a todos ellos por igual. Boris Godunov decía la verdad. Una verdad que ha valido para mil años. No por casualidad resulta esa cifra de sumar los dos arcos de tiempo: el del Zar y el del Anticristo (930 + 70 = 1000). Precisamente, el milenario cristiano de Rusia se ha venido a conmemorar cuando ya todo había empEzado a cambiar, en el interregno de la Perestroika de Gorbachov, con el entierro del comunismo y los nuevos balbuceos rusos. Una nueva aurora se levanta por el horizonte siberiano. Rusia ha sido la elegida, pues fue señalada con una cruz en la frente; por eso, grande ha sido su martirio.
LA APARICIÓN DEL ICONO
El mismo día en que el zar Nicolás II abdicaba en Pskov, el 15 de Marzo de 1917, se aparecía el icono de la Virgen Soberana sentada en el trono de su realeza, con el cetro de los monarcas –en su mano derecha– y con el orbe a su lado izquierdo. En el futuro y hasta el retorno del zar, la Virgen, con toda su gloria, pero en silencio, y arropada con el manto rojo del príncipe San Vladimir, custodiaría la pureza de la herencia sacral. Como en el Apocalipsis o en la leyenda caballeresca, en el momento en que el dragón gana la partida, allí está la doncella; parece encadenada, pero mantiene su belleza, su corazón limpio y sellado. Ella rige desde la penumbra todos estos años.
Conocemos esta aparición gracias al relato que nos ha dejado el sacerdote ortodoxo Nicolai Lijachov, quien con el permiso del metropolita Tijon publica esta historia. Sucedió en la iglesia de la Ascensión del pueblo Kolómenskoe, una pequeña aldea de casas de madera y residencia de verano de los zares, muy cerca de Moscú.
(El cristianismo en Rusia no tiene sentido sin el zar, como tampoco el país, si es fiel a su propia identidad. Esto lo supieron los bolcheviques, por eso, su revolución implicaba no sólo matar al zar ya su familia, sino cambiar al imperio ruso su nombre, mudarle la bandera y perseguir a la cristiandad)
Evdokia Andriánova, una campesina que vivía en Pererva, otra pequeña aldea, tuvo dos sueños, uno –según nuestro calendario–, el 26 de Febrero y el otro, el 11 de Marzo de 1917. Durante, la noche del primer día oyó con claridad una misteriosa voz. "En el pueblo de Kolómenskoe hay un gran icono negro. Hay que recuperarlo; hacerlo rojo y que recen".
Andriánova, que era muy devota, se puso a rezar con fruición pidiendo más luz, pues no había terminado de salir de su asombro. Eran los días de la incipiente revolución y de la guerra, pero aún ni siquiera se adivinaba la gran catástrofe. Pocos días más tarde y como respuesta a sus oraciones soñó de nuevo. La noche del 11 de Marzo ve un templo blanco y dentro de él, sentada, con porte real, a una dama a la que no puede ver el rostro; sin embargo, su corazón intuye que es la Reina de los Cielos. Y así, sin más, toma el camino de la aldea de su visión.
Llega tres jornadas más tarde, el 15 de Marzo; se encamina hacia la casa del sacerdote y le cuenta todo lo que ha visto y oído, y le pide consejo. Como el padre iba a celebrar misa, ya a la caída del sol, invita a Andriánova a que mire bien todas las pinturas del iconostasio que sacramentan la presencia de la Virgen. No hay siquiera uno que se asemeje a la imagen que ha visto desde tan lejos. Entonces, el sacerdote se acuerda y pide al guarda ya un feligrés que bajen al sótano de la iglesia y traigan de allí el icono más grande. Lo suben. Está cubierto por el polvo, demasiado oscuro. Al limpiarlo con cuidado, todos los presentes queda- ron fascinados ante la imagen de la Virgen descubierta, aquel mismo día en que el zar era obligado a abdicar. Apareció sentada en el trono, como la zarina de cielos y tierras, con el manto rojo de la realeza varega, nórdica, de la primitiva Rusia. Evdokia Andriánova se hincaba de rodillas ante la Virgen que antes había visto y lloraba de alegría. La fama del milagro se extendió con rapidez al unísono que la revolución, atrayendo multitudes de peregrinos. Este icono no pudo ser destruido...
EL ZAR: ÚLTIMO SELLO
Existen dos textos relacionados entre sí dignos de ser mencionados aquí. El primero es de San Pablo, el segundo es de Federico Engels. En su segunda carta a los tesalonicenses, en su capítulo II, Pablo escribe (v.3) que "antes ha de venir la apostasía y ha de manifestarse el hombre de la iniquidad, el hijo de la perdición, (v.4) que se opone y se alza contra todo lo que se dice Dios o es adorado, hasta sentarse en el templo de Dios y proclamarse dios a sí mismo". Más adelante prosigue: (v.7) "el misterio de la iniquidad está ya en acción; solo falta que el que le retiene sea apartado del medio. (v.8) Entonces se manifestará el inicuo, a quien el Señor Jesús matará con el aliento de su boca, destruyéndole con la manifestación de su venida". Ahora bien, la pregunta es inmediata: ¿Quién es el que retiene? Es indudable que bajo esta figura, para que su función tenga una eficacia real, han de confluir perfectamente, sin escisiones, ni divisiones internas, el Espíritu y el Poder: la Autoridad espiritual y el Poder temporal. Karpets, después de meditar sobre el tema de este pasaje, concluye que para los Santos Padres de la Iglesia el que retiene era al mismo tiempo, como si de un águila bicéfala se tratara: la Gracia del Espíritu Santo y el Reino terrenal. San Juan Crisostomo –Poco de Oro–, como excepción, planteaba la cuestión de otra manera, parecida. "Unos piensan –decía– que el que retiene es el Espíritu Santo, mientras que otros creen que es el Estado romano. Con estos últimos estoy más de acuerdo" –termina–.
Es evidente que aquí no destaca sino una sola figura, la del monarca, la del autócrata, la del emperador, cuya esencia –en esto todas las tradiciones de los pueblos y razas son unánimes con la Tradición Primordial– es recibir, sostener y ejercer en la tierra el poder y la autoridad que le viene de lo alto, y cuyo símbolo es la corona. No podemos detenernos aquí sobre esta doble naturaleza del rey, por otra parte casi siempre reclamada en Occidente por los monarcas y nunca del todo bien reconocida, y que, no obstante, hereda del legado grecorromano el basileus o emperador bizantino, y cuyo único testigo será, por fin, el zar de todas las Rusias. Poniendo a salvo este hecho tan crucial y, sobre todo, su doctrina, asunto que prometo no dejar en el olvido, digamos ahora lo siguiente: es un hecho que la Revolución Francesa y todos sus consecuentes efectos se han dirigido siempre contra el monarca de derecho divino, el cual, aunque debilitado o desvirtuado, siempre constituyó el principal de sus obstáculos. Caído éste, la Iglesia o el templo, aun teniendo Papa, es una presa fácil, tal y como los acontecimientos vienen demostrando. Tras el triunfo de la "revolución del inicuo" en el área occidental de Europa, uno quedaba solamente ya, en el área oriental de la cristiandad, que impidiera el desencadenamiento final. Este era el zar, la cabeza de la III Roma (y después de ésta –según la profecía– no habría ya lugar para una IV). Y ahora sí podemos anotar la cita, con todo sentido, de Federico Engels, como se sabe uno de los padres del socialismo comunista. Decía él: "ninguna revolución en Europa y en el mundo entero podrá lograr el triunfo definitivo mientras exista el actual Estado ruso". Y la momia de Lenin, –"de quien no envejece nunca"–, vino a ser colocada en la ciudad santa del Kremlin.
Nicolás II conocía su destino mucho antes de que se produjera. Lo comenzó a saber ya en 1901, un 11 de Marzo, cuando rasgó los sellos de una carta muy especial dirigida a él, que poco antes de morir también asesinado su abuelo, el zar Pablo I, le dejó con la siguiente leyenda en la cara del sobre: "Abrase por Nuestro descendiente en el día del centenario de Mi Muerte" (Pablo I había muerto el año de 1801 ).
También Serafín de Sarov (1759-1833), uno de los más grandes santos rusos de todos los tiempos, que lo abandonó todo para irse a vivir al bosque y convivir con los osos y los lobos, de quien existe un relato fiel de su transfiguración solar, tabórica, se lo avisó y le dio consejos. Entre sus cosas, Serafin Sarovski dejó otra misiva, no ciertamente sellada con lacre, sino con una miga de pan y con las escalofriantes palabras: "Al último zar"... Por su parte, el monje Varnava del Getsemanía, ya en las vísperas de la primera revolución rusa del siglo XX –en 1905– anunciaba algo que parecía por entonces inconcebible que sucedería en un país tan creyente: "La pena y la oscuridad nunca vistas abarcarán todo ya todos, y los templos serán cerrados". Juan de Kronstadt (1829-1909), otro de los más grandes místicos de la ortodoxia cristiana, tres años antes de su fallecimiento escribía: "Dios tomará al zar pío y mandará el flagelo (como castigo por la falta de arrepentimiento) en personas de gobernantes pecadores, crueles e impostores que anegarán en sangre y lágrimas la tierra toda". Y concluía: "Veo una gran cruz en Ekaterinenburgo". Semejantes cosas fueron dichas también por Aristokli, quien se atrevió a hablar sin dudarlo del preanticristo, o por el poeta Lérmontov (1814-1841), cuya poesía profética comienza de este modo:
"Llegará el año, el negro año de Rusia,
En que caiga la corona de los zares"
(...)
Y todavía, una vez más, el testimonio del tan injustamente denostado y odiado Rasputín, aquel singular campesino de extraños poderes. "Amigo querido –le dijo al zar Nicolás II– vuelvo a repetírtelo una vez más: una nube amenazadora se cierne sobre Rusia... Todo es oscuro, sin el menor atisbo de luz. Una mar de lágrimas; mar sin límites...Sangre, horror indescriptible..."
Desde su abdicación, hasta la primera estación de su calvario, el zar , icono viviente de la Santa Rusia, no tuvo más que muestras de afecto del pueblo sencillo y fiel: "Padrecito Zar, no nos abandones" o esta otra: "Rusia sin el Zar...no, no es posible...jamás podrá ser...". Muchos se santiguaban a su paso...Tsarskole-Selo fue la primera, la de su detención; después, Tobolsk, la segunda, en la que los bolcheviques sustituyeron a los guardias de Kerensky, haciéndose cargo de los prisioneros, y por último: Ekaterinenburgo, una pequeña ciudad de Siberia. Allí, como ya se ha dicho, fueron acribillados por Yurovsky y su grupo, en la casa confiscada al ingeniero Ipatiev donde habían recluido a la familia imperial. Junto al doctor Botkin y a una sirvienta, fueron abatidos en cuestión de minutos, en una de las habitaciones del piso bajo donde fueron reunidos con el pretexto de un nuevo traslado: el zar Nicolás, que llevaba a su hijo, el zarevich Alexis, en brazos, y que así cayeron ambos; la zarina Alejandra, y las grandes duquesas –sus hijas– bellas y blancas: Tatiana, María, Oiga y Anastasia. Esto ocurría en la frontera de la noche del día 16 al 17 de Julio de 1918.
A muchos kilómetros de allí, en Fátima, una Virgen también blanca se aparecía a tres pastores de Cova de Iría, por última vez en aquel sitio, un 13 de Octubre de 1917, en aquel mismo mes en que estallaba la revolución bolchevique.
Misteriosamente, aquella Virgen había pedido en uno de sus secretos la Consagración de Rusia. No lo hizo, sin embargo, para condenar el comunismo, como todavía se tiende a creer, sino para consagrar aquel martirio. Luego vino a pedírselo al Papa a través de Lucía con el fin de evitar muchos males... Pero la consagración, como se sabe, tardó lo suyo. Ni Pío XI, ni Pío XII, ni Juan XXIII, ni Pablo VI, ni el pobre de Juan Pablo I –cinco llagas–, lo hicieron en los términos señalados por la Virgen. Tuvo que ser este Papa actual, Juan Pablo II, el más privilegiado de María de cuantos han sido nombrados, quien finalmente lo hiciera. Y así, sucedió que consagró Rusia al Inmaculado Corazón de María, atención ahora a las fechas, un 25 de Marzo de 1984. Un año después, en el 85, en el mes de Marzo alcanza la cima del poder en la URSS Mijail Gorbachov, quien, además, habría nacido un Marzo de 1931. ¿Coincidencias? En el itinerario de su final trazado, aquel año de 1917 en que la Virgen se había manifestado a la vez en los dos extremos de Eurasia, y sin ella saberlo, la princesa Olga de Rusia componía en la soledad, y entre otros, los siguientes versos:
"Reina del Cielo y de la Tierra,
Consoladora de los afligidos,
escucha la oración de los pecadores:
La Santa Rusia –Tu morada luminosa–
está en vísperas de perecer.
Te invocamos, protectora nuestra.
No conocemos ninguna otra.
Oh, no abandones a Tus hijos.
Conceden la esperanza a los que sufren.
Pon tu mirada
En nuestras lágrimas y nuestro martirio.
(...)
Danos la fuerza, oh Dios de la Verdad,
de perdonar el crimen de nuestro prójimo
y de aceptar con dulzura nuestra pesada cruz ensangrenta-
da.
(...)
Al borde la tumba,
infunde a los labios de tus siervos
la fuerza sobrehumana
de rezar humildemente por nuestros enemigos. "
Y, así, dieron comienzo los seten- ta años, sin Rusia, sin ortodoxia, sin zar.
APARICIÓN DE LA VIRGEN EN GRÚSHEVO
Grúshevo es una pequeña localidad de Dragobichski, una comarca situada en la región de Lvov, en la Ucrania occidental. Allí, justo en el primer aniversario de la catástrofe de Chernóbil, el mismo día y el mismo mes –26 de Abril de 1987– (como vemos el enigma de las "coincidencias" (?) se mantiene) se produjo una aparición de la Virgen. Languidecían los años de la usurpación roja, del color arrebatado a San Vladimir, el vikingo de la cruz gamada, de aquel mismo símbolo que la zarina había grabado en el marco de la ventana del cuarto que ocupaba en la casa Ipatiev "de destino especial", en Ekaterinenburgo, al lado de una fecha un tanto extraña, premonitoria, días antes de morir.
Pero nuestra historia se remonta a finales del siglo XVIII y principios del XIX, pues en el lugar de la futura aparición crecía un enorme sauce. Con los años, dentro del tronco se fue haciendo un hueco que poco a poco se agrandaba a la vez que se llenaba casi siempre de agua. Enseguida, este agua comenzó a manifestar poderes curativos. No tardaría mucho tiempo sin que alguien, sin duda llevado por la impresión milagrosa, sobrenatural, del árbol, de su agua y del entorno, colocara en lo alto del sauce un icono de la Virgen en el que, entre otras, se leía la siguiente inscripción: "Año de 1806, por el pecador pintor de iconos Stefan Chapovski". Crecieron también los peregrinos ante la fama. Pero el hecho, en lugar de alegrar a las autoridades eclesiásticas, les infundió temor. Después de todo, ¿No significaba aquello un rebrote del viejo paganismo ruso?. Así pensado, y allá por el año 1840, se vio a Yustin hacerse al camino con un hacha, un conocido bandolero de la zona a quien mandaron contra el árbol. Cuenta la leyenda que después de haberlo cortado, la desgracia cayó sobre sus parientes, ya que uno tras otro fueron muriendo en corto plazo. Quince años más tarde, en 1855, una epidemia de cólera asoló la región. y una voz se dejó oir en la aldea de Grúshevo; el viento fue el confidente de aquellos campesinos que habían llorado el daño padecido por el sauce: "por la profanación de aquel lugar sagrado padecían tan terrible mal, pero la epidemia al instante cesaría si fuera con bien restaurado". Con un poco de aquí y de allá, los aldeanos consiguieron reunir la suma suficiente para comprar, en el cercano pueblo de Dorozhevo, una antigua capilla de madera, que fueron a poner al lado de los restos, aún vivos, de aquel árbol. y la oquedad quedó asi misma limpia. Un nuevo altar fue levantado sobre él pusieron el mismo icono que en los orígenes del prodigio tuvieron fuente y sauce. En tres días todo quedó restaurado, y la epidemia de cólera cesó en un abrir y cerrar de ojos. Al mismo tiempo que un milagro, así sucedía; tres misteriosas velas, que empezaron a arder sobre la fuente sin que nadie las prendiera, una visión de la Virgen y el tañido profundo de campanas de no se sabe dónde, refrendaban aquel buen gesto. La capilla fue consagrada en 1856, en el día festivo de la Dormición de la Virgen, nuestra Asunción. Más tarde, en 1878, otra iglesia más grande, aunque al igual que la primitiva también de madera, fue levantada y consagrada, al lado de otra nueva casa para monjes. Se llamó a esta iglesia de la Santísima Trinidad.
Aquel 26 de Abril de 1987, una niña de doce años, de nombre María, y que vivía con sus padres muy cerca de la gran iglesia, jugaba cuando vio a la Virgen, con el nimbo y la corona, ambos de oro, que la llamaba. Era una nueva aparición. La noticia, sin radio, sin televisión, sin periódicos, voló más deprisa que la electricidad. Hasta el día 28 de Agosto, los millares de peregrinos que hasta allí se acercaron desde cualquier punto del extenso país pudieron ver con sus propios ojos a la mismísima Virgen (si eran creyentes) o tan sólo su silueta (si eran ateos). En esas fechas se apareció la Virgen también en otros lugares de Lvov y de Ivanovo-Frankovsk. La Madre de Dios se dejaba ver sola o acompañada de algunos santos, sobre las cúpulas de las iglesias o suspendidos sobre las casas. En Grúshevo, ataviada con manto negro, permanecía muy de mañana, por largo tiempo, en el balcón frontal de la capilla, luego descendía y describía con su desplazamiento un círculo perfecto alrededor del antiguo árbol, de la fuente y de la primitiva capilla. Era de una grácil silueta femenina, con porte de gran señora y estatura humana. Sus manos irradiaban luz intensa. Algunos no veían más que el rostro, y entonces lo comparaban a los iconos de la Virgen de Pocháevo y de Kazán. Pero mientras unos sólo veían la figura opaca, negra, de la Virgen, otros la percibían toda ella luminosa, cuyo resplandor no sólo le envolvía, sino que parecía nacerle de dentro y traspasarlo todo: las piedras, las tablas del balcón, la lluvia que pertinaz caía. En otras ocasiones, la aureola de su santidad virginal brilla aún más, expandiendo su luz y llenando todo el espacio. Ya veces, una niebla dorada abrazaba todo cuanto encontraba a su paso, pero al contrario que difuminar los verdes y los otros tonos de las hojas y de las hierbas, estos ganaban en intensidad. Las tierras cambiaban de aspecto ante la visión de algunos, asemejándose aquel mismo paisaje que notaban siempre el mismo, tan familiar, al Paraíso, donde los horizontes no tienen límites que lo acoten. La Virgen irradiaba una energía muy diferente a la que un año antes se había liberado de Chernóbil; su luz, visible e invisible a la vez, el calor suave que emanaba, entraba directamente en los corazones y los quemaba de ardor místico.
Las autoridades locales quisieron evitarlo, y para ello no se les ocurrió otra cosa que clausurar con tablas y telas el balcón de la capilla y las otras ventanas. Pero todo fue inútil. Se seguían viendo velas encendidas a través de las telas clavadas y la imagen de la Virgen se podía ver todavía con más nitidez. La admiración fue en aumento cuando al retirarse las telas se vieron sobre ellas verdaderos iconos –tres, para ser precisos– de la Theotokos con el Niño. Los comunistas las destruyeron, las quemaron o las echaron a las aguas. Intentaron cortar carreteras; cerraron provisionalmente las iglesias y sobre todo aquella de las apariciones; amenazaron a los aldeanos de Grúshevo con denunciarles como "colaboracionistas uniatas" si daban asilo o recogían a los peregrinos; un equipo de propaganda atea –residuo del sistema soviético– recorría la zona con altavoces e intentaba explicar que aquello era un engaño óptico; se unieron a los policías unos veinte miembros del KGB... Pero nada. Los vecinos del pueblo pronto se desquitaron de todo aquel, ya débil, atropello contando que, después de tanto jaleo, la Virgen les puso en fuga un día con tan sólo aparecérseles.
El día que la ortodoxia cristiana celebra la Dormición de María, la Virgen añadió fulgor a su presencia y desapareció.
CONSAGRACIÓN DEL TRONO
Desconocidas como las anteriores en Occidente son las apariciones y mensajes que, desde 1984 hasta nuestros días, vienen dando cuerpo y sentido a un llamado Evangelio Blanco, cuyo contenido le está siendo revelado al así llamado por los rusos: profeta obispo Juan, de Smolensko.
Aunque con sus peculiaridades, las palabras de la Virgen en este caso son coincidentes con las que pronuncia en otras tierras, y tal vez por ello habrán chocado en más de una ocasión con alguna de esas comunicaciones. Sabido es, por ejemplo, la histórica desconfianza, luego traducida en animadversión, que la ortodoxia más leal tiene hacia el Papado romano. Conocidas a este respecto son las opiniones de Dostoievski y de tantos otros. En efecto, no hay que olvidar el marco donde nos encontramos, donde fue frecuente e incluso lo es hoy día pensar del Papa como un agente del maligno o cuanto menos como un usurpador. Pues bien, no se puede soslayar el mensaje que, sobre este aspecto tan serio que mantiene dividida a la cristiandad católica, le fue entregado al obispo Juan, y que él siendo un ortodoxo sin tacha, riguroso, acepta y difunde. Lo transcribiremos. Por otra parte, estas recientísimas apariciones retoman el eje central del presente capítulo, proclamando sin ambages la sacralidad del trono ruso de los zares, al tiempo que pide para la Virgen el reconocimiento como emperatriz de Rusia. y dicho esto, entremos sin más en sus palabras; se encuentran publicadas en un pequeño libro que no supera el centenar de páginas, a saber: Revelaciones de la madre de Dios en Rusia (Ed.Bogorodichni Tsentr; Moscú, 1991).
ENERO DE 1990
-"Debes enseñar así -le señala la Virgen al obispo Juan-: "se están acercando catástrofes universales. Comenzarán en Rusia. Quien quiera salvarse debe construir el Arca de su alma. Yo, Madre de Dios, soy el Arca de la salvación...para todos". "Debéis decir: "La Madre de Dios se encuentra ahora en Rusia! Con Mi Corazón he abarcado todo el país; los aires están llenos de Mi respiración. ¡Someteos a Mí, transfiguraos, construid el Arca!".
DICIEMBRE DE 1990
-"Llega Mi época. Se restablece Mi Iglesia. Que Rusia se consagre a Mi Inmaculado Corazón... Sólo por Mí se salvará Rusia. Casi nadie oye... ¡Oh gran desierto!... ¡En verdad, semejante caída como en Rusia no hubo en Israel (ni siquiera) en los días terrenos del Salvador!"
(...)
-"No puedo oir hablar más del cosmos. Aquellos que no saben que el cosmos está lleno de sombras infernales, que desconocen que es una gran cámara vacía y muda, aún no han nacido en Espíritu.
-"Dios verdadero para los siglos de los siglos es Jesucristo"
(...)
-"La ortodoxia comete un grave error no reconociendo como viviente a la siempre Madre de Dios, su Transfiguración, su Revelación, su Aparición; con ello niega el poder autocrático, su égida y la viva Divina Providencia. El combate en Rusia , acaba de comenzar. Y cuanto más descarados sean los ataques del maligno, más cercano y más inveitable estará su fin. Que esto os consuele... Rusia está hoy aún más lejos de la fe que en los tiempos de los excesos de la usurpación."
Juan describe en este momento cómo se le ha presentado la Virgen. Dice él: "la Reina se halla de pie sobre la nube de la Gloria, y alrededor de Ella se extiende un aroma maravilloso."
Prosigue el mensaje, aunque en realidad son dos, uno recibido el día 8 y el otro el 9 de Diciembre de 1990:
-"Para aquellos que sellan conmigo alianza, Me revelo como Viva y entro para siempre en los secretos rincones del corazón... La liturgia ortodoxa Me es ahora tan querida como antes. La esperan de vosotros los nuevos mártires rusos (de la época de los años de la revolución y del régimen comunista). El tiempo de mis cánticos llega, pero no os adelantéis."
-"A partir de este instante, el bienestar económico y espiritual de Rusia dependerá del grado de sinceridad de su arrepentimiento."
Juan, el elegido de esta aparición, ve a los ángeles. Uno de ellos le comunica que el futuro de Rusia dependerá de la ortodoxia rusa fiel y devota de la Virgen.
Un trazo importante a fortiori de todo suerte de individualismos, tan vigentes, incluso del individualismo espiritual, es éste que no renunciamos a poner sobre el blanco papel:
-"Quien acaricia la idea de la salvación individual se encuentra aún más lejos de Mí que el blasfemo o el fariseo."
Toda una frase para la meditación, sobre todo cuando con frecuencia oímos su contraria en tantos como hoy se tienen por metafísicos. En una sociedad tan occidentalizada como la nuestra, crepuscular, donde ya nadie se "entrega", sino que se "interesa", por esto o por aquello, vuelve a ser tan necesaria como siempre lo fue la frase: vale quien sirve.
Y he aquí este memento, que hemos dejado para el final, y sorprendente como pocos. Al Cielo, desde luego, le agrada golpear. No es tibia su temperatura.
-"El Santo Padre me respeta sobremanera –descubre la Virgen–. Es la cabeza de la Iglesia Universal; sin la ayuda y bendición del trono de Roma, en Rusia no podrán plasmarse las intenciones para convertir al fuego de la fe a todo el país. Que Rusia rece al Papa Juan Pablo II, porque su corazón sagrado, sabio y receptivo, reza por todos los que sufren y por los caídos del mundo, incluida Rusia... El ángel guardián le hace (al Papa) llorar por Rusia, entristecer por ella... Su deseo de ayudaros es muy grande... es un gran guerrero... Mis fieles rusos tienen mucho que tomar de la bienaventuranza del Papado. Aquel que dice: "el católico es enemigo", "el protestante es hereje", aquel para siempre será rechazado por Mí".
ENERO DE 1991
-No veo amor a Cristo... he venido a devolveros el verdadero rostro del Salvador... La salvación de Rusia solamente está en el arrepentimiento. Os concedo tres años para el arrepentimiento y el llanto... Desde Rusia, esta luz del arrepentimiento deberá extenderse por toda la tierra. Aquellos que no se arrepientan y nieguen la protección de la Inmaculada tendrán grandes sufrimientos y padecerán catástrofes... "
En otra parte de este mismo mensaje del día 2 de Enero, la Virgen añade:
-"El enfrentamiento entre católicos y ortodoxos hiere mi cora zón. La señal de la paz entre vosotros se obtendrá invocando Mi nombre y mediante el descenso de la égida de la Virgen Inmaculada". Se ve aquí a la Reina, comenta Juan, dentro de una columna de fuego en la que se transfigura sobre el mundo.
Concluye él al hacer la Virgen una promesa muy especial de protección a todos los templos e iglesias que custodien su santo nombre, así como a los pequeños altares domésticos y todo lo que alrededor se le ha consagrado, como la casa, la vida familiar, los proyectos de cada día, la oración por los difuntos; promete también proteger los jardines y caminos que le han sido o le sean entregados bajo su amparo.
Del 3 al 6 del mismo mes y año, la Virgen comunica a Juan otro mensaje de suma importancia sobre la degradación del mundo, de la creación. El tema es idéntico al revelado en otras apariciones; sin embargo, hay aquí nuevas frases, cuyo sentido nos ayuda a entender mejor la cualidad espiritual de este "signo de los tiempos". Igualmente, hay aquí una indicación directa al papel que Rusia ha de desempeñar en el futuro, cuyo destino se encuentra ya prefigurado por el Cielo, no por los hombres. Veamos:
-"La tierra –habla la Virgen– está contaminada; la humanidad enferma. las llamas infernales ya llegan a la superficie de la tierra. No se puede excluir la desaparición de toda la estirpe de Adán... Puedo decir que el pecado concreto por el que sucedió la catástrofe de Chernóbil fue por el asesinato del zar ruso...
-"Este es mi feudo". La Virgen alude aquí a Rusia y a la naturaleza de tal afirmación como un secreto. Luego añade lo siguiente –confiesa Juan-: así como a muchos cristianos no se les revela el secreto de cómo hizo en Ella la entrada de Cristo en su seno, tampoco a la mayoría de los fieles marianos de Occidente se les ha revelado todavía la misión escatológica de Rusia y del zar. "Así que -repone la Virgen- confía aún más en los nuevos rebrotes de la propia Rusia y llama en tu ayuda a Mis ángeles... hace falta tiempo para que Occidente acepte con humildad la misión especial de Rusia...
-"El Occidente no ve el destino del martirio de Rusia, por Mi corazón sufrido y santificado. Es Mi deseo que en estos remotos parajes, en estos lugares sagrados profanados, comience a brillar la luz del cristianismo futuro. Quiero hablar con el mundo de pie y tranfigurándome sobre Rusia. Y a partir de ahora elijo a la patria de Antonio y Teodosio de Pechrsk como el lugar de la anunciación universal del siglo ("era") de Mi Gloria. Es mi país, Mi feudo, Mi tierra. Nada pueden hacer las maquinaciones de Satán contra ello...
-"Yo estoy allí donde hay más dolor, y en Rusia hay hoy tanto dolor que alcanzaría para medio mundo. Pero no sólo es el dolor lo que aquí importa, sino una singular predestinación que viene de la Providencia, de ese destino de elegida que pesa sobre la santa Rusia. Dentro de la visión universal de la tierra, tal y como la contempla el testamento de la Trinidad, sobre Rusia se encuentra el Carro. El país resplandece por la Luz. En el mapa de la Providencia, Rusia está marcada por la cruz blanca y por la pira purificadora...
"La buena nueva de la Virgen en Rusia estará acompañada por grandes dolores, porque el Hijo de Dios prevé una profanación de la Iglesia similar a la habida hasta hace poco en Occidente...
-"En el Cielo se escribe el Evangelio Eterno, y los rollos del Libro de la Vida se imprimen en los corazones. Lourdes, Fátima, (otro nombre que no se entiende), Roma, Medjugorje, son los capítulos del Sagrado Libro del ser...
-"Llamo al Occidente a la oración y al ayuno, y a vosotros, al sencillo arrepentimiento ante vuestro prójimo. 'Perdóname, hermana; perdóname, hermano '. Así emprenderéis vuestro camino hacia la purificación y la santidad. Pensad que os pido tan poco, que cerréis los ojos y que os escuchéis a sí mismos profundamente..."
FEBRERO DE 1991
El día 15 se manifiesta al profeta Juan como la Emperatriz de Rusia, pidiendo al país un reconocimiento solemne de este hecho:
-"Rusia -le dice- perecerá si no hace alianza conmigo. Debe jurarme fidelidad como su Emperatriz, como Madre espiritual, artífice del segundo nacimiento de los hombres en Cristo".
La Virgen vuelve una y otra vez a insistir sobre tal "juramento de fidelidad", pues Ella es "la novia que ha de casarse con el trono de la patria rusa, definiéndose por ello, al igual que lo hicieran los zares, como autarca rusa, "que toma el poder en sus manos y arrincona a sus enemigos (a esa pequeña diablesa que es o ha sido la URSS: auténtico engendro de los precursores del Anticristo). Es por esa razón que hay que profesar a la Virgen "como a la que tiene poder en el Cielo". En este momento se descorre el velo de una revelación extraordinaria, y de un alcance teológico todavía por descubrir, en la que la propia Virgen Theotokos, Madre de Dios, se identifica como persona integrante de la Santísima Trinidad, una revelación que, dicho sea de paso, Juan afirma no ser nueva, ni formulada en Rusia por primera vez, sino hecha ya en Roma, allá por el año 1942, en el transcurso de una aparición. El tema, es evidente, requiere otros foros y otras extensiones que no el ya de por sí limitado ámbito del presente capítulo. Baste con nuestra promesa de volver sobre ello y con delinear lo siguiente: que la Virgen sea una persona del Dios-Uno, de la Santísima Trinidad, es algo que ya subyace y se confiesa latente –todavía por ahondar, como decimos– en el dogma de la Inmaculada Concepción, aceptado por Roma sólo en el pasado siglo, pero cuya festividad inspirada ya se celebraba en la Iglesia universal desde el siglo VIII de nuestra era cristiana.
ENERO DE 1992
En la aparición que el profeta Juan tuvo el día 2, vio a la Virgen a la derecha de la Santísima Trinidad, sobre la nube de la Gloria. Le dijo que todos deben pedir a los guerreros de Elías su bendición y su ayuda para combatir a las hornadas de malignos que asolan la vida. "El ángel de Rusia –asegura la aparición– os abandonó. Debéis pedirle que vuelva.
-"A Rusia se dirigen mis palabras más misteriosas. Hay que decírselas a Mi hija enferma más querida. Nadie más las entenderá aunque las oiga...
Y Juan, el elegido, completa este mensaje de la Virgen con una visión bellísima. Dice así:
-"Ya la derecha, en el cielo, apareció una columna de fuego y tres carros tirados por caballos blancos. Había una tranquilísima Luz; suave resplandor. Después, en los rayos de Gloria de los Tronos celestiales de la Trinidad se iba transfigurando el rostro de la Reina Purísima."
LAS PROFECÍAS SOBRE EL RETORNO DEL ZAR
La Virgen tomó sobre sí el trono del zar mártir Nicolás II. El Cielo había elegido a Rusia, y por eso no le había sustraído de su calvario, de su bautismo de sangre. Así es todo lo que la santidad celeste privilegia sobre la tierra, tamizado, embellecido y purificado en la trilla y bielda del sacrificio. Mataron al zar, a su hijo enfermo, a la zarina, a sus jóvenes hijas; echaron a la santa Rusia, noble, sacerdotal, campesina, a la fragua, y sin embargo, renace. Está prometido su retorno, pero no de una forma cualquiera, no con una mera restauración del sistema, que no estaría descartado, sino con algo más hondo, perdurable, eterno, invicto, como son todos los santos héroes que resucitan.
Escribe Valentín Speranski en La noche roja (vuelvo a reclamar aquí la atención del lector para que note que el "rojo" no es sólo un color bolchevique, sino el color ruso, de los varegos o vikingos de San Vladimir, el tono en fin de la túnica y de la sangre del Cordero que, una vez sacrificado, ha de venir con todo su apoteosis y esplendor); cuenta; pues, Valentín Speranski en La noche roja cómo una aldeana de Ekaterinenburgo vio a los zares durante los últimos días de su cautiverio. Le parecieron apocados, nada, demasiado humanos, sin pompa y circunstancia, y sin embargo, en sueños, se le habían aparecido "rodeados de una aureola dorada y con trajes resplandecientes. Les acompañaba una música, y mil banderas de todos los colores flotaban al viento; caían flores de lo alto y las campanas repicaban sin cesar. El Zar, a mi juicio –le va relatando la vieja campesina a Speranski con su visión–, debía ser como un gigante divino, y la Emperatriz, una belleza rusa... del Paraíso... El Zarevich, un querube..."
Otra profecía oyó aún Valentín Speranski que, sin duda, acrecentaba ya en los primeros años de aquel poder desatado la leyenda del zar autocrático, de "aquel que por sí mismo gobierna" espíritu y materia, que no está escindido en dos, ni dividido contra sí mismo, sino que es unidad verdadera de autoridad espiritual y dominio temporal: puente entre el cielo y la tierra... Matar al zar significaba para su adversario quebrar para los hombres este enlace. Pero, para el pueblo ruso, para la tradición blanca, el zar, en realidad, no había muerto. Una vez que el imperio soviético pase "como una epidemia infantil –aseguró a Speranski un venerable anciano en el año 1923–, después de esa enfermedad tremenda, pero necesaria para fortalecer el alma, se restablecerá el régimen antiguo, lavado por la sangre y purificado por el sufrimiento..." Será entonces –le añadió otro de sus interlocutores proféticos, sencillos seres sin letras, sabios e intuitivos, moradores de la estepa o del bosque– será entonces cuando "el Zar, muy piadoso, vendrá de nuevo para juzgar a los vivos ya los muertos... gracias a los poderes que habrá recibido de Dios."
No puede decirse que estos vaticinios no se hayan cumplido. Muchos años más tarde, la Iglesia ortodoxa canonizaba al zar Nicolás II, a toda su familia, y con ellos, a todos los mártires de la revolución rusa. Lo hizo primero, ya cerca del milenario, la ortodoxia del exilio, donde también se harían los primeros iconos de los nuevos santos cristianos; en el año 1981. Y lo hará un día, probablemente dentro del 93, la Iglesia oficial rusa del interior, tal y como prometiera cumplirlo sin citar fecha el actual patriarca de todas las Rusias, Alexei II, cuando siendo arzobispo de San Petersburgo se despedía de sus feligreses desde la recién reabierta catedral de San Isaac el Sirio, en 1989, cuando fue llamado a la sede patriarcal de Moscú. Lo sobrenatural de todo esto es que las visiones de los ancianos, sin ellos darse cuenta, eran la descripción de los iconos actuales, con los nimbosy las ropas brillantes, con la corona –el zar– del basileus Monómaco y los vestidos de todos los emperadores sacros, hijos del cielo, Pontifex Maximus, de la I, II y III Romas: hijos de Constantino el Grande, el también santo, el llamado Isapóstolos ("El igual de los apóstoles") y de San Vladimir de Kiev –Ravnoapostolny– ("El igual de los apóstoles"), ambos verdaderos artífices del triunfo del cristianismo.
Claro que sí, el zar, como estaba prometido ya ha retornado. Su efigie se ve alzada por las calles; pero mejor si cabe, sus iconos se veneran y se rezan en el pueblo. ¿Quién puede negarle a un santo la presencia y el poder de hacer y deshacer todo aquello que se le pida o que el quiera realizar, por la intercesión de la autoridad divina que la santidad le ha conferido? ¿Quién puede decir ahora que el zar no escucha y abraza mejor que antes a su pueblo ruso, desde el gobierno a la vida cotidiana, desde el lado de los santos de Dios y de la Virgen? El zar inmortal, eterno, Nicolás II, vive; pero, ¿a quien siente pasar la momia siempre dormida de Lenin, el usurpador del Kremlin, ese pueril simulacro de inmortalidad?
..."y ha de manifestarse el hombre de la iniquidad, el hijo de la perdición, que se opone y se alza contra todo lo que se dice Dios o es adorado, hasta sentarse en el templo de Dios y proclamarse dios a sí mismo. "
Solzhenitsin, antiguo soldado soviético, convertido hoy, luchador cristiano que denuncia los señuelos de la civilización del lucro y del comercio, fiel ruso de la Virgen y del zar, escribió. Sus palabras bien valen el honor de un epitafio sobre una tumba, ahora ya vacía:
"Pienso que Rusia, que ha abierto las puertas del infierno al mundo, es la única capaz de cerrarlas."
Solzhenitsin piensa que Occidente y su sinuoso modo de vida, implantado en casi el entero mundo, no puede hacerlo, porque "todo el orbe está debilitado por la prosperidad y... pronto perecerá... Las manos para vencer el infierno vendrán del Oriente eslavo. para la historia... Rusia es un país clave". Como ha dicho la Virgen.