AVES DE NUESTRO ENTORNO

LA CIGÜEÑA BLANCA (Ciconia ciconia)

 

Si hay un ave asociada a la tradición y a la mitología popular, ésa es la Cigüeña Blanca: ya desde pequeños se nos inculcaba la creencia de que era la cigüeña quien  traía a los bebés en su pico, envueltos en una sábana. Ésta es una de las numerosas creencias populares relacionadas a las aves, que tienen mucho de ficción y poco (o nada) de realidad.

 

La Cigüeña Blanca (Ciconia ciconia) pertenece a la familia Ciconiidae, orden Coraciiformes. Este grupo comprende, además, otras 3 familias: Ardeidae (a la que pertenece, entre otras, la garza Ardea ssp.), Threskiornithidae (la especie más común y conocida es la Espátula Común Platalea leucorodia) y Phoenicopteridae (flamencos Phoenicopterus ssp.).

 

El adulto tiene el plumaje enteramente blanco, a excepción de las alas que son negras; el pico y las patas son largos, de color rojo; cola corta y redondeada. La hembra se distingue por su menor tamaño; y el joven por tener el blanco más limpio, las alas más parduscas y el pico con la punta oscura.

 

Es un ave de vuelo majestuoso, con lentos batidos de alas, que lleva el cuello extendido, algo caído, y las patas sobresalen por detrás de la cola. Bien observada en vuelo resulta inconfundible. No obstante, en una observación somera y/o distante podría ser confundida con una Garza Real (Ardea cinerea), aunque ésta tiene el plumaje grisáceo, y en vuelo lleva el cuello contraído en forma de "S" y las alas arqueadas hacia abajo. La confusión con un Alimoche Común (Neophron percnopterus) tampoco resulta extraña, pues tiene el colorido similar, aunque la silueta de vuelo de este buitre difiere por completo.

 

La Cigüeña Blanca es una especie común en los pueblos y ciudades, si bien habita también los espacios abiertos poblados de viejos árboles. Para encontrar alimento frecuenta praderas, tierras de cultivo, ríos con aguas poco profundas, zonas pantanosas..., donde se desplaza con movimientos pausados y el cuello estirado en busca de lombrices, insectos, ranas, sapos, culebras, lagartos, moluscos, micromamíferos, etc. Cuando sestea encoge el cuello entre las plumas del pecho y reposa sobre una sola pata. A menudo planea, con las alas rígidas, y asciende a gran altura haciendo uso de las corrientes térmicas (como buitres y otras aves planeadoras). Pese a que se trata de un ave muy silenciosa podemos conocer su estado de ánimo según sean los sonidos que emite. Por ejemplo, la percepción de un silbido significa que el ave está asustada, se siente molestada o amenazada; en cambio el típico crotoreo o "castañeo" significa territorialidad o celo; cuando se hallan en el nido, y durante la época de celo principalmente, también emiten sonidos guturales.

 

Cuando los rigores invernales más se dejan sentir en la Sierra burgalesa regresan a sus nidos las primeras cigüeñas. Sólo viajan los migradores adultos, pues los inmaduros no abandonarán sus áreas de invernada hasta que estén en condiciones de reproducirse (entre los 3 y 5 años de edad). Es un ave que tiene una marcada tendencia a construir sus nidos en los puntos más altos. Un hecho muy común es observar sus enormes construcciones en las torres de las iglesias de los diferentes pueblos serranos; además, los viejos chopos (véase Hacinas), pinos (importante enclave en Vilviestre del Pinar) o edificios varios también son emplazamientos muy apreciados por las cigüeñas. El que estas aves nidifiquen en zonas humanizadas no es un mero capricho, pues lo que buscan es una mayor seguridad y protección frente a sus depredadores naturales.

 

Ficha Técnica:

Nombre común: Cigüeña Blanca.

Nombre científico: Ciconia ciconia.

Orden: Ciconiiformes.

Familia: Ciconiidae.

Longitud: 100-110 cm.

Envergadura: 200 cm.

Peso: 2,7-4,4 kg.

Iris: ø 14 mm.; castaño oscuro.

Condición en la zona: Estival.

El primero en llegar al viejo nido es el macho; la llegada de la hembra se produce varios días más tarde. La Cigüeña Blanca es un ave que utiliza el mismo nido todos los años, regresando cada pareja al mismo lugar, pues son aves cuyo emparejamiento es de por vida. Si una de las aves muere, la superviviente se empareja con otra cigüeña, normalmente una joven que cría por primera vez. Desde el primer momento que llegan dedican toda su atención a reparar los desperfectos que haya podido sufrir el nido durante el período de ausencia, de ahí que la constante acumulación de ramas año tras año haga que vaya siendo cada vez más voluminoso, llegando en muchos casos a alcanzar los 3,5 metros de altura y los 2,5 de diámetro. En ocasiones, los ocupantes del nido se ven hostigados por la presencia de cigüeñas "intrusas", en estos casos marcan territorialidad y amenazan a los extranjeros con una serie de retorcimientos del cuello a la vez que castañean con el pico. Más feroces (y hasta dramáticos) son estos enfrentamientos cuando la cigüeña intrusa se adueña del nido aprovechando la ausencia de la pareja, aunque finalmente casi siempre resulta vencedor el legítimo propietario del nido.

 

Cría una sola vez al año. La puesta normal consta de 2-3 huevos de color blanco, que son depositados cada 48 horas e incubados durante poco más de un mes (32-34 días). Los polluelos al nacer están recubiertos por plumón de color blanco y poco denso. Los adultos no les dejan solos un instante, y son abundantemente cebados con la comida que aportan semidigerida en el buche. Los pequeños permanecen en el nido unos dos meses, y cuando lo abandonan (junio) acompañan durante un tiempo a sus padres con los que aprenden a sobrevivir por sí mismos, pudiéndose llegar a formar grupos integrados por varias familias que frecuentan prados y humedales en busca de alimento. Cuando se observan estos grupos los jóvenes destacan, además del plumaje más blanco, por la torpeza en alguno de sus movimientos (por ejemplo, los aterrizajes). Estos grupos permanecen unidos durante la migración.

 

En la actualidad, aproximadamente un 30% de las cigüeñas blancas españolas ya son residentes anuales en sus territorios de cría. Estos cambios de conducta se deben fundamentalmente a dos factores: que, por un lado, los inviernos son climáticamente más benignos; y por otro, a la facilidad que tienen las aves para encontrar alimento durante esos meses (por ejemplo, en los vertederos de basura). A pesar de todo ello, en toda la Comarca de Salas todavía se trata de una especie estival; si bien este carácter tiene unas connotaciones especiales, pues sus primeras llegadas se produce en pleno invierno (finales de diciembre-enero), cuando lo normal es que las aves estivales regresen a partir de finales de febrero y más frecuentemente de marzo o abril (periodo en el que se observa un importante flujo de migrantes europeos). En agosto, nuestras cigüeñas emprenden el viaje que les lleva hacia tierras más cálidas. Se podría hablar largo y tendido sobre las conductas migratorias de las cigüeñas, aunque de una forma sencilla podríamos resumirlas diciendo que parte de la población opta por invernar en el suroeste peninsular, uniéndose a la población sedentaria; el resto de individuos cruzan el Estrecho de Gibraltar para alcanzar sus cuarteles invernales situados en regiones áridas o semiáridas del África subsahariana.

 

 

 Texto y fotografía: Rufino Fernández González

Página web: http://www.mundofree.com/carferg


            

 

La Chinada Salas de los Infantes 2002