HUBO UN DÍA EN CASTILLA UN HOMBRE BUENO...
... y Castilla lo desama todavía. Hubo una vez –pues hay que decir que se nos murió como de viento, como de siega, como de aliento contenido- un hombre bueno en el más puro y estricto sentido de la palabra "bueno", que creía, que sabía que la vida es buena y bella para el hombre sencillo y sensato... (*)
Este hombre fue Antonio José Martínez Palacios, músico folclorista, burgalés de pro, uno de los grandes desconocidos de la cultura del S. XX, pero que mejor ha sabido recoger lo más esencial y granado del folclore de su tierra, la burgalesa.
Nació en Burgos el 12 de diciembre de 1902. Su padre, Rafael Martínez Calvo, confitero artesano de "La Rojilla", establecimiento cercano a la plaza mayor; su madre, Ángela Palacios Berzosa, natural de Ibeas de Juarros. La sencillez y la campechanía son las virtudes de esta familia, presentes en la vida del propio Antonio José, quien desde muy niño mostraba un especial fervor por la música.
En 1909, no cumplidos aún los siete años, Antonio José acude a las Escuelas de San Lorenzo. Sus primeros pasos musicales los da con los maestros Julián García Blanco y José María Beobide.
En 1915 compone su primera obra "Cazadores de Chiclana", ampliando su labor de aprendizaje y creando más de 75 títulos. En 1920, becado por la Diputación de Burgos realiza estudios en Madrid, compartiendo pupitre con el maestro Jacinto Guerrero. Antonio José aprovecha bien estos años y, en 1921, compone su "Sonata Castellana", obra para piano que fue la base de la célebre "Sinfonía Castellana", que culminará dos años después; dedicada a sus padres, esta obra consta de cuatro movimientos: "El Campo", "Paisaje de Atardecer", "Nocturno" y "Danza Burgalesa". También en este año logra en un concurso el primer premio con otra de sus obras: "Poemas de Juventud", que será publicada dos años más tarde.
Así va dándose a conocer en los mejores círculos culturales y hace amistad con Regino Sáinz de la Maza, García Lorca... En 1924 comienza a publicar sus obras al tiempo que trabaja en la composición de "Danza de Bufones". Obras importantes como su "Danza Burgalesa nº 3" se codea en cartel con obras de Händel, Wagner, Brahms y Rimsky-Korsakov.
En 1925 recibe el ofrecimiento de ser profesor de música en un colegio malagueño, en Miraflores del Palo. Está allí durante cuatro años, periodo de tiempo que le permitió seguir creando música. Sin duda es la mejor época del maestro burgalés. Escribe su "Danza Burgalesa nº 4", ya la última de la serie. Más tarde, en 1927, gana otro concurso con "Sonata Gallega". Sigue publicando más obras, entre ellas "Evocaciones". Comienza a trabajar en su gran ópera "El Mozo de las Mulas", extraído de los famosos capítulos cuadragésimotercero y cuadragésimocuarto del Quijote; comedia lírica con los ingredientes de la gran música operística.
Sigue ganando premios y publicando sus obras. Ya en 1929 se hace cargo del Orfeón Burgalés y de la Escuela Municipal de Música. Crea y estrena por entonces el Himno a Castilla.
En 1932 obtiene el Premio Nacional de Música por su "Colección de Cantos Populares Burgaleses".
En 1934 la Orquesta Sinfónica de Enrique Fernández Rabos estrena en Madrid "Preludio y Danza Popular", dos fragmentos de "El Mozo de las Mulas".
Toda su actividad musical se completa con escritos de crítica de arte, ponencias, artículos y conciertos.
El 11 de octubre de 1936 es fusilado en la zona nacionalista, allá en los montes de Estépar, a veinte kilómetros de Burgos, durante las primeras semanas del alzamiento militar.
Este año, cuando conmemoramos el centenario de su nacimiento, en un necesario "encuentro" con este gran músico burgalés -siquiera en su semblanza humana y en su obra tan extraordinaria- el que suscribe, también amante de la buena música, quiere recordar, a modo de colofón, las palabras de un musicólogo contemporáneo, Ángel Sagardía, quien definía así a nuestro músico burgalés:
"El músico o compositor del pueblo, tal Antonio José, es el que siente una atracción por lo humilde, lo sencillo, que es también casi siempre, lo puro. Estudia y profundiza en las canciones populares, sobre todo en aquellas que tararean en ocultos lugares las personas más ancianas, para llevarlas al pentagrama y trazar obras principalmente corales. Así las ha tomado de los labios del pueblo...
... Antonio José une un excepcional temperamento musical con esa sensibilidad artística que sólo poseen los grandes talentos (...)."
Durante este año en Burgos, sobre todo en los últimos meses, se presentarán actividades culturales relacionadas con la vida y la obra de este gran compositor: conciertos, exposiciones, charlas... El recuerdo del músico está pues en marcha. Aquí, en esta publicación, el que firma el artículo, ha querido volver a poner el arte y la vida de este gran músico burgalés sobre el tapete de nuestra rutinaria vida musical.
(*) Epílogo sobre un manuscrito de Antonio José Martínez Palacios a los 26 años.
Raúl Contreras
La Chinada Salas de los Infantes 2002