EN SALAS TAMBIÉN TOCÓ LA LOTERÍA

Lotería del Niño, 5 de enero de 1.957; las ondas de la radio, único medio de difusión que existía entonces, lanzan al aire el nº 35.031; en principio sorpresa, incredulidad..., la gente se empezaba a hacer eco de un único comentario: ¡La lotería ha tocado en Salas! Suenan cohetes, la banda de música entona alegres pasacalles. Sí, era cierto. Los hermanos Lucilo y Andrés Vicente, "Los Repisos", habían repartido en participaciones de 2, 5 y 25 pesetas la friolera cantidad de 32 millones. Por aquel entonces con 5 pesetas de participación te correspondían 40.000 ptas., dinero que te permitía comprar una casa, dado que todavía no se había comenzado la construcción de pisos.

Una anécdota digna de reseñar es esa en la que dos amigos que se asociaron para hacer trabajos diversos repartiéndose lo que sacaban independientemente de quién lo realizara, pues bien, a uno de ellos le remuneraron con unas pesetas y una participación de lotería del número ganador. Cuando el compañero ausente de ese trabajo se dispuso a dar la enhorabuena a su socio éste le respondió: "nos hemos hecho socios para todo, así que para el reparto del premio también" (esta acción causó admiración entre la población).

También ocurrió lo contrario, familiares que se negaron a compartir el premio creando el consiguiente disgusto e intervención de los tribunales.

Hubo gente que se supo administrar bien, otros no tanto; lo que sí es cierto es que gracias a la entrada de ese premio en la comarca se notó cierto grado de bienestar.

Los Sres. Vicente tuvieron el capricho de adquirir en Madrid un Mercedes cada uno. Era envidiable cómo la gente observaba los modernos bólidos, privilegio de unos pocos, puesto que en esa época sólo circulaban media docena de coches, que eran utilizados como útiles de trabajo.

Por último la anécdota de nuestro amigo "Paquillo", un andaluz que con su gracia acostumbrada nos explicó que al ir a cobrar su jornal le ofrecieron cuatro pesetas de lotería, a lo que él, poco aficionado, dijo que le diesen sólo dos y las otras dos para echar un porrón de vino. Cuando se enteró de que a él también le había tocado contaba con alegría y cierto pesar, aceptado de buen grado: ¡tiene grasia la cosa, a ver quién tiene, como yo, el salero de beberse un porrón de vino de 16.000 pesetas!

José Antonio Rodríguez


 

La Chinada Salas de los Infantes 2002