| Los 72 Angeles de la Cabala |
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Sitael: "El Sabio Constructor" Por tres veces consecutivas lo habian intentado, pero seguian sin poder conseguirlo...
Quiza tuviera razon para estarlo, pues su unico hijo, el principe Aquin, era victima de un terrible mal que le habia sumido en una profunda pena. Desde hacia tres aqos nadie habia tenido la dicha de verle sonreir, y todos desconocian la razon que le llevo a aquel melancolico estado. Su padre, el rey Kebin, sumido en la desesperacion, penso que tal vez si le construia una ciudad y la habitaba con los mejores magos de reino, quiza Aquin recuperase de nuevol a alegria. Pero tras muchos intentos, y de un modo miesterioso por cierto, los arquitectos que hasta ahora lo habian intentado, fracasaron a pesar de muchos esfuerzos. Por ese motivo, el Soberano estallo en ira, pues no comprendia lo que estaba pasando. Tenia enemigos secretos y el desconocia donde podia encontrarlos. Si pudiera averiguarlo -penso-, les haria arrepentirse de lo que estaban haciendo. Kebin aumento la vigilancia y se dijo que nadie podria burlar a la guardia en aquella noche. Seria una noche larga, muy larga. No lograba conciliar el sueqo, no podma alejar de su mente aquellos rabiosos pensamientos. Pero pronto se daria cuenta, de que a pesar de sus preocupaciones nada cambiaria al dia siguiente.
Tan solo un gesto amargo y un ademan de impotencia se dibujaron en el rostro del apenado rey. Ya no sabia que hacer, lo habia intentado todo. Pero esta historia no puede tener un triste final, y para evitarlo, llego al reino un misterioso viajero, el cual decia llamarse Sitael y ser un habil arquitecto. Esta noticia llego hasta el rey Kebin quien mando buscarle de inmediato.
Aquellas palabras pusieron en guardia al Monarca, quien muy extraqado le dijo:
El rey Kebin no pudo mirar a los ojos de aquel extraqo viajero. Reconocia en sus palabras una vedad que le consumia. El era entonces el unico responsable, el que impedia levantar los pilares de la ciudad de la alegria, del amor. Desde aquel dia todo cambio. El rey perdono a cuantos habian sido sus enemigos, y de inmediato, como por arte de magia, pudo comprobar como las murallas de la ciudad se elevaron solidas, poderosas hasta el cielo, dando cobijo al elixir de la felicidad, donde su hijo encontraria para siempre una maravillosa paz. Fin |
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