Los 72 Angeles de la Cabala
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NANAEL: 'LA LUZ DE
LA MEDITACION' La familia de Nanael era humilde y
muy pobre. Su padre aunque trabajaba de sol a sol sin
desfallecer, apenas si ganaba para alimentar a sus doce
hijos, y a pesar de ello, nadie se quejaba, bueno excepto
uno, puesto que Nanael soqaba con ser alguien famoso, influyente y
poderoso. Ignorando los muchos esfuerzos que
sus padres hacian para poder sobrevivir, su orgullo le
llevo a despreciar aquel modo tan humillante de vivir, y
decidio abandonar su hogar y salir en busca del prestigio
y de riquezas. Siempre habia querido ser un gran
mago y habia oido que en la Ciudad Sagrada admitian a
aprendices que buscaban dominar la Alta Magia. Asi que
dirigio sus pasos hacia donde nacia el Sol. Alli le
aguardaba su destino. Tras cuatro dias de camino, nuestro
joven protagonista logro lleqar hasta las puertas de la
Gran Ciudad. Un silencio armonioso le sobrecogio. Estaba
ante la entrada y ya podia respirar el particular aroma
del Misterio. Dos Querubines custodiaban con espadas
flameantes el acceso al Santuario. Nanael tras recuperar su aliento, quiso penetrar en su interior, pero una voz paro en seco sus pasos. - A donde crees que vas
extranjero? -le interroqo uno de los Querubines mientras
le apuntaba con su espada -. - No soy extranjero, vivo a... No pudo seguir hablando el joven,
pues fue bruscamente interrumpido por el Querubin. - !Calla insolente!. Todo el
que Es, no Es. y todo aquel que no Es, Es. Nanael un poco asustado no entendia
aquel juego de palabras. Penso que seria un enigma y
dirigiendose al Guardian del Templo, le dijo: - Acaso es un misterio que debo
resolver? - Asi es muchacho. Medita,
medita, y cuando tengas la respuesta llama de nuevo -le
ordeno el Querubin -. El osado joven se sintio muy
desilusionado. Nunca habia pensado que fuera tan
complicado ser maqo, y menos aun aprendiz de mago. Meditar, acaso tenia paciencia para
meditar? Si estuviera alli su padre, el si sabria como
hacerlo. 5iempre le aconsejaba lo mismo: - Hijo mio, cuando siembras la
semilla de un arbol hay que tener paciencia hasta que de
sus frutos. Observa como la semilla se protege en la
tierra y satisfecha crece poco a poco con el afan de dar
al final sus frutos, esos apetitosos y dulces frutos que
nos alimentan. Cuanta razon tenja su padre. Ahora
el estaba solo y debia tener paciencia. Busco un lugar donde poder meditar y
se entrego a ello en cuerpo y alma. Al principio se
irritaba, pues su mente era como un avispero rabioso. Sus
ideas revoleteaban sin sentido en su cabeza, pero aquel
silencio armonioso fue penetrando lentamente en su
interior y sin saber como, una luz emergio de el. "El que Es, no Es, y todo aquel
que no Es, Es". Aquel mensaje tomo forma en su mente
y dejo que fluyera libremente. No queria que aquella luz se
apagara, y penso en la luz. En ese momento todo se
convirtio en una luz intensa, y de repente la respuesta
aparecio milagrosamente. Era el espiritu. Esa era la
respuesta. El espiritu, por eso el era extranjero. El
Eterno, no es extranjero y sin embargo, al ser invisible,
no Es, pero al no ser de este mundo, Es habitante del Templo. Las puertas del Santuario se
abrieron para Nanael, pero el joven pidio a los
Querubines que las cerrasen de nuevo, pues comprendio que
debia volver a su hogar donde tenia una labor que hacer. De sus ojos se habia desprendido la
venda de orgullo que hasta ahora le habia cegado, pero la
luz habia abierto ante el un hermoso camino. Fin |
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