Los 72 Angeles de la Cabala
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MANAKEL: 'CONOCIENDO EL BIEN y EL
MAL' Aquel
dia, seria diferente a los demas. La fiesta que daba
Lusar para celebrar su cumpleaqos reuniria a todos los
chicos y chicas del barrio. Acababa de mudarse de casa, y
apenas si habia tenido la oportunidad de hacer amigos,
por lo que penso que lo de la fiesta seria una buena
excusa para ello. Y
llego la hora del encuentro. Poco a poco fue recibiendo
la visita de los que pronto serian sus nuevos amigos.
Entre ellos se encontraba Manakel un joven amable y
bondadoso que era muy querido por todos y cuya fama de
gloton le precedia. Asi se lo presentaron a Lusar: - Este de aqui
es Manakel, es buen chico pero cuidado con el, porque
acaba con todo lo que se puede digerir. Lusar
miro a Manakel y comprobo por su fisico que en nada
exageraba, pues aquella obesidad no se conseguia
alimentandose del aire. Sin
embargo, y aunque Manakel les seguia la corriente en
aquellas bromas, en su interior se debatia en fuertes
luchas. Su conciencia le advertia que si abusaba de los
alimentos su organismo no lo soportarla, tendria una
indigestion y enfermaria. Aquella
era la voz de su conciencia, pero habia otra voz que le
hablaba, era la de sus instintos. !Oh Dios mio! que
bueno estaba todo, le decia seduciendole para que cayese
en la tentacion de seguir comiendo. Sin
duda, ninguno de sus amigos se percibian del sufrimiento
que Manakel llevaba por dentro. En la
fiesta no faltaba de nada. La comida era abundante y todo
estaba exquisito. Asi se lo parecia a Manakel, que una
vez las cedio a la voz de sus instintos y se dio un
atracon de miedo. Cuando
todo termino, cada uno se dirigio a su casa, pues se hizo
un poco tarde. Pero no todos lo hicieron asi. Manakel
se sentia tan culpable por lo que habla hecho que no Sse
atrevia a regresar a casa. Deseaba
estar solo. No pod1a salpicar a los demas con el odio que
sentia hacia si mismo. Una fuerte agresividad se
concentraba en su pecho y un fuego muy intenso le quemaba
el estomago. !Dios
mio!, que mal se sentia. Sin duda Dios le estaba
castigando por no obedecerle, y ahora se estaba muriendo. Debia
ir a casa, no queria morir sin despedirse de su familia. La
verdad es que no se estaba muriendo, ni Dios le estaba
castigando, pero se sentia tan culpable por haber
desobedecido la voz de su conciencia que le advertia de
que estaba obrando mal, que ahora deseaba estar muerto
para acallarla. Llego
a su casa y se sintio un poco mejor al ver a su familia.
Estaba tan avergonzado que no podia ni mirar directamente
a la cara de sus padres, y por ello decidio ir a la cama. Busco
en el sueqo la solucion de su problema, pero pasaban las
horas en el reloj y no podia pegar ojo. Los
remordimientos de conciencia no les permitian sentirse en
paz consigo mismo, y aquello le producia insomnio, no
podia dormir. Toda
la noche la paso en vela, y cuando el alba ya anunciaba
un nuevo dia, el cansancio le abatio llevandole a un
profundo sueqo. Pero incluso en este mundo, la paz le
fue negada, puesto que tuvo una terrible pesadilla. Se
encontro con Dios que estaba muy enfadado con el y le
dec1a colericamente: - Veo que has traicionado el
saber que he puesto en ti. Eres conocedor del bien y del
mal, y lo violas caprichosamente. Si lo vuelves a
hacer... Entonces
fue cuando Manakel se levanto sobresaltado y sudoroso. La
colera de Dios era terrible. No podia fallarle. Aquel
sueqo jamas lo olvidaria, y desde entonces el joven
logro vencer la voz de los instintos, y siempre se dejaba
llevar por la voz de su conciencia. Ahora sabia escoger
entre el bien y el mal. Fin |
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