Los 72 Angeles de la Cabala
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LEHAHIAH: 'EL REY COLERICO' Poco a poco la comarca de Masar iba
quedando deshabitada. Desde que Lehahiah fue nombrado
Soberano del reino, sus habitantes fueron sometidos a un
riguroso destino. El temor hizo aparicion en cada
hombre, pues la colera del rey cuando se desataba era
terrible. Masar no babia sido nunca una tierra de
cobardes, era un pueblo acostumbrado a hacer frente a las
dificultades de la vida. No rehuian el combate cuando era
necesario luchar y se compadecian de sus enemigos cuando
eran derrotado en las batallas. Pero desde que Lehahiah se corono
rey, exigio a todos fidelidad para acabar con la
injusticia y con la corrupcion. Todos esperaban que su proposito
fuese custodiar y proteger a Masar de los traidores y
asesinos, y asi fue, pero para lograrlo dicto una orden
en la que abolio el derecho a ser juzgado. El se proclamo
unico juez y empuqando su espada sentenciaba a diestra y
siniestra. A un campesino que fue sorprendido
robando una gallina, le llevaron a su presencia y cuando
conocio los cargos de los que se le acusaba ordeno: -Cortadle la mano derecha y si
vuelve a repetir su accion, cortadle la otra tambien. Aquella fue su primera sentencia
como unico y supremo juez. La verdad es que todos
quedaron boquiabiertos por la sorpresa. Nadie comprendia
lo que estaba pasando y fue uno de los Consejeros de la
corona el que indignado por aquella actitud se dirigio al
soberano: -Majestad, perdonad mi
atrevimiento, pero hablo en nombre del Consejo Real y
debo transmitiros nuestro rechazo ante la decision que
habeis tomado. -iBasta! -grito encolerizado
Lehahiah -. Si no ponemos fin al mal, este nos ganara la
batalla. El consejero viendo que dificilmente
podria convencer al rey de que su disciplina era
despiadada, opto por abandonar la sala. A este caso sucedieron otros y muy
pronto la celda de castjgo y la guillotina adquirieron un
especial protagonismo. El pueblo estaba aterrorizado y
muchos decidieron abandonar sus hogares con mucho pesar y
aventurarse en la busqueda de un nuevo horizonte. En poco tiempo Lehahiah vio como su
reino quedaba deshabitado y la opresion a la que habia
sometido a su pueblo iba dando su recompensa. Cierta maqana, cuando se levanto,
el silencio era tan denso que se respiraba en el aire.
Aquello llamo su atencisn, y quiso conocer la causa de
tanta inactividad. Llamo varias veces a sus servidores,
pero no recibio respuesta. La colera le sobrecogia una
vez mas y tomando su espada salio nerviosamente en busca
de una explicacisn. Al pasar por un estanque vio
reflejada la imagen de un hombre. Era tanta su colera que
arremetio contra el. Con un mandoble introdujo la espada
a la altura del corazon del que presumio era su enemigo,
pero cual fue su sorpresa al comprobar que aquel hombre
era el mismo. Desde entonces, Lehahiah ya nunca
mas atentaria colericamente ni contra los seres ni contra
las cosas y se convirtio en un fiel ejecutor del orden. Poco a poco, irian retornando los
que un dia se fueron, y llegarian muchos mas, deseosos de
servir al justo Soberano de aquel reino. Fin |
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