LO INCOSCIENTE
Llamaremos,
pues, "consciente" a la representación que se
halla presente en nuestra conciencia y es objeto de nuestra percepción.
En cambio, denominaremos "inconsciente" a aquellas
representaciones latentes de las que tenemos algún fundamento
para sospechar que se hallan contenidas en la vida anímica. Una
representación inconsciente será entonces una representación
que no percibimos, pero cuya existencia estamos, sin embargo, prontos
a afirmar, basándose en indicios y pruebas de otro orden.
La expresión inconsciente no designa ya tan sólo ideas
latentes en general, sino especialmente aquellas que, a pesar de su
intensidad y eficacia, se mantienen lejos de la conciencia.
El preconsciente está constituido por ideas latentes que
lo son a causa de su debilidad y se hacen conscientes en cuanto adquieren
fuerza.
La idea inconsciente es excluida de la conciencia por fuerzas vivas
que se oponen a su recepción, no oponiendo, en cambio, obstáculo
ninguno a las ideas preconscientes.
Todo acto psíquico
comienza por ser inconsciente, y puede seguir siéndolo o proseguir
hasta la conciencia, desarrollándose según tropiece o
no con una resistencia. La diferenciación de actividad
preconsciente y actividad consciente se establece después de
haber entrado en juego la defensa. Sólo entonces adquiere
un valor teórico y práctico la diferencia entre ideas
preconscientes, que surgen en la conciencia y pueden volver a ellas
en todo momento, e ideas inconscientes, a las que ello está vedado.
Al sistema que se nos
muestra caracterizado por el hecho de ser inconscientes todos y cada
uno de los procesos que lo constituyen, lo designamos con el nombre
de "lo incosciente".
Algunas obervaciones sobre el concepto de lo insonsciente en el Psicoanálisis,
Freud, 1912.