Texto aparecido originalmente en Archivos de la Fotografía - Vol. II, nº1 Primavera - verano 1996. Revista editada por el Photomuseum de Zarautz
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Las traducciones al castellano del manual de Daguerre y otros textos fotográficos tempranos en España
1839 - 1846
Por Gerardo F. Kurtz# Introducción # Somero recorrido por los títulos fotográficos de España durante el siglo XIX # Eugenio de Ochoa (1815 - 1872) El daguerotipo. Explicación del descubrimiento que acaba de hacer, y que ha dado nombre M. Daguerre. Publicada por él mismo, y traducida por D. Eugenio de Ochoa. Madrid: Imprenta de I. Sancha, 1839. # Pedro Mata y Fontanet (Reus, 1811 - Madrid, 1877) Historia y descripción de los procederes del daguerreotipo y Diorama por Daguerre. Traducido al castellano por Pedro Mata. Barcelona: Juan Francisco Piferrer, 1839. # Juan María Pou y Camps (Gerona, 1801 - Madrid, 1865) / Joaquín Hysern y Molleras (Bañolas - Gerona, 1804 - Madrid, 1883) Exposición histórica y descripción de los procedimientos del daguerreotipo y del diorama. Traducida de la última edición francesa, corregida y considerablemente aumentada con notas, adiciones y aclaraciones que la ponen al alcance de todos. Con siete láminas. Por D. Joaquín Hysern y Molleras. ... Publicada por el Doctor Don Juan María Pou y Camps .... Madrid: Imprenta de D. Ignacio Boix, 1839. # Los Tratados elementales de física. Francisco Álvarez, Nicolás Arias y Pedro Barinaga - Francisco Álvarez, traductor del tratado de física de Despretz (1789 - 1863) Tratado elemental de física, escrito en francés por C. Despretz, .... Traducido al castellano de la cuarta edición y considerablemente aumentado por Don Francisco Álvarez. Madrid, Librería viuda de Calleja, 1839. (2 vols.) - Nicolás Arias traductor del tratado de física de Beudant (1787 - 1850) - Pedro Barinaga Tratado elemental de física, escrito en francés por Mr. F. S. Beudant. ... Traducida al castellano por Don Nicolás Arias. Segunda edición. Madrid: Imprenta de Arias, 1839. # Pedro Higinio Barinaga / El Correo Nacional de Madrid # E. de L. "Photógrapho y pintor" El daguerreotipo. Manual para aprender por sí solo tan precioso arte y a manejar los aparatos necesarios. Contiene todos los descubrimientos en él más importantes y muchas observaciones y curiosos apuntes por el Autor. E. de L. [Eduardo de León y Rico]. Madrid: Imprenta de D. Casimiro Rufino Ruiz, 1846. # Consideraciones finales # Notas #Bibliografía
Las traducciones al castellano
del manual de Daguerre
y otros textos fotográficos
tempranos en España.
1839 - 1846.
Introducción
En el año de 1839 España
está a todos los efectos en una situación política,
económica y social especialmente delicada, aunque sólo fuera
porque entonces lleva el país más de cinco años envuelto
en una cruenta guerra civil. Los acontecimientos históricos en la
España del primer tercio del siglo XIX no fueron especialmente propicios
para que el país pusiera en marcha las transformaciones en estructuras
sociales, políticas y económicas que la hubieran permitido
integrarse en la nueva realidad internacional. En noviembre de 1833, a
pocos meses de morir Fernando VII comenzaría la primera guerra carlista
que sumiría al país en una situación económica
especialmente compleja, que se verá especialmente agravada por el
hecho de que los sistemas de producción y distribución del
país tienen más que ver con realidades propias del siglo
XVIII que con las que comienzan a consolidarse ya en los países
vecinos donde la revolución industrial ha definido una compleja
serie de transformaciones. Además los profundas efectos de la guerra
de la independencia de 1808 - 1814 seguían teniendo en 1839 consecuencias
importantes en la estructura política y económica general
del país. No en vano la peculiar situación del país
en el contexto de la historia de occidente y la particular visión
que España tiene entonces del mundo, arbitrada desde un pasado considerado
como glorioso, dificultaban al país una orientación general
que estuviera más acorde con las necesidades de la nueva realidad
y ordenación de Europa. Todas estas circunstancias hicieron que
la realidad tecnológica, editorial y artística española
estuviera por aquel entonces sujeta a un proceso en el que pensadores,
científicos y artistas pugnaban por poner coherencia a un complejo
juego de contradicciones. El dilema consistía en cómo modernizarse
al modo en que lo estaban haciendo las sociedades extranjeras que dominan
estos ámbitos y a la vez mantener la identidad y tradición
que se derivaba de un pasado concebido como positivo y entendido como glorioso.
La sensibilidad de la época condicionaba poderosamente a sus pensadores,
y muy especialmente en todo cuanto tenía que ver con cuanto venía
del extranjero, que para éstos muy a menudo estaba constituido por
elementos conflictivos, elementos que en su discurso cobraban un doble
y contrapuesto carácter: por un lado un carácter invasor
y por otro un carácter modernizador. El conflicto tradición
- modernización ejercería en esta época no pocos influjos
sobre el resto del siglo XIX español, periodo en el que se exploran
prácticamente todas las combinaciones posibles entre ambas posturas,
lo cual tendría como consecuencia que se generara un alto grado
de confusión en cuanto a cómo (y cuándo) llevar a
cabo las transformaciones necesarias para el progreso del país.
En cualquier caso, el país está
en 1839 política y socialmente en un estado de convulsión
del que se derivan una serie de realidades difíciles de captar y
entender en nuestro tiempo, pues se presentan ante nosotros con tal grado
de complejidad que ponen a prueba las capacidades de comprensión
de cualquiera. Esta confusión unida a la escasa y fragmentada bibliografía
analítica que trata sobre el siglo XIX español, dificulta
aún más el entendimiento del contexto general de los acontecimientos
que tienen lugar en ese siglo. Desde luego éste será el caso
para entender el contexto general en el que la fotografía aparecerá
en la escena decimonónica española; en las siguientes líneas
se propone un planteamiento formal sobre los textos fotográficos
que vieron la luz en el panorama bibliográfico español durante
los primeros años de la existencia de la fotografía para
que sirva como aportación para aclarar algo sobre su origen y sobre
su vinculación con la realidad de su tiempo. No corresponde este
trabajo al resultado de una larga y sistemática investigación
sobre el asunto, pero sí es el resultado de una aproximación
rigurosa a algunos de los textos fotográficos originales de primera
época.
El creciente interés por la
historia de la fotografía en los últimos años ha tenido
como consecuencia que se hayan localizado noticias y referencias originales
de primera época relativas a la práctica y la teoría
fotográfica en España. Rara es la comunidad autónoma
que no cuente con un historiador de la fotografía que haya intentado
localizar las noticias fotográficas que su comunidad generó
durante el siglo XIX. Fruto de esta experiencia y actividad, algo de la
historia de los pioneros fotográficos ha sido reflejada en publicaciones
y exposiciones, pero sigue existiendo una importante ausencia de estudios
históricos específicos sobre los primeros años de
la difusión y práctica fotográfica en España
como para generar un corpus de textos con los que poder extraer conclusiones
generales sobre la introducción de la fotografía en España,
y en la ausencia de una bibliografía coherente y sistematizada sobre
el asunto, el presente texto abordará sólo aquellos textos
fotográficos de primera época que pudieran considerarse mayores,
eso es, los libros que abordan en profundidad la materia fotográfica
y que incluyen verdaderos textos con identidad bibliográfica propia
que nos permita entenderlos como instrumentos reales de propagación
y difusión del conocimiento fotográfico de su época.
Algo se verá sobre los textos y anuncios en la prensa de entonces,
pero no cabe la menor duda que para llegar a un entendimiento mínimamente
coherente sobre el papel que tuvo la prensa española en la propagación
y difusión de la fotografía sería necesario llevar
a cabo una labor de investigación que tendría más
que ver con la búsqueda de la aguja en el pajar que con una investigación
de hemeroteca, una investigación especialmente enojosa en estos
tiempos en los que la consulta de la prensa de época en la mayoría
de las instituciones ha de hacerse desde los inapropiados, olorosos, insalubres
y mareantes visionadores de películas de microfilm.
El periodo cronológico que se
aborda en este texto abarca fundamentalmente el periodo comprendido entre
el año de 1839 el inmediatamente siguiente de 1840, aunque contemplando
algo sobre el largo periodo de sequía bibliográfica fotográfica
que sigue a estos años hasta 1846. El espacio existente entre ambos
años parece que definirá buena parte del panorama bibliográfico
español en tema fotográfico a lo largo de prácticamente
todo lo que restaba del siglo XIX. Durante los años inmediatamente
posteriores a los de la sorpresa fotográfica de 1839 y 1840,
la ausencia de producciones editoriales relativas a la fotografía
es prácticamente total, y si durante 1839 y1840 se producen una
relativamente abundante cantidad de textos fotográficos, no será
hasta 1846 cuando el panorama editorial español produzca un nuevo
título fotográfico.
Somero
recorrido por los títulos fotográficos de España durante
el siglo XIX
En 1839 (-1840) aparecerán
en España tres traducciones del manual que hubo de producir Daguerre
como parte del acuerdo que firmó con el estado francés y
mediante el cual acepta dar a conocer libre de patente su invento del daguerrotipo.
Este acuerdo se convierte en ley el 1 de agosto y posteriormente se da
a conocer de forma pública el proceso del daguerrotipo en la ya
tan comentada sesión de la Academia de las Ciencias de París
el 19 de agosto de 1839. El manual impreso, que en virtud del mencionado
acuerdo debe producir Daguerre para explicar en profundidad el proceso
daguerrotípico, no vio la luz hasta principios del mes de septiembre
de ese mismo año. Sobre la edición de este manual existen
varias incertidumbres, casi misterios, pues existen datos contradictorios
sobre su publicación por diversos editores en París1,
contradicciones que parece se derivan principalmente del intento por parte
de Daguerre de controlar la edición de su manual, pues siempre se
mantuvo ansioso por obtener un beneficio comercial de su invento pese a
haber acordado recibir una generosa pensión oficial por dejar su
invento libre de ningún control de patente y explotación.
En cualquier caso dicho manual parece ya circular en París con cierta
profusión hacia mediados de septiembre de 1839, y consecuentemente
con su aparición la noticia del descubrimiento se ve consolidada
en una realidad práctica a través de la cual es posible que
en cualquier lugar al que llegue el manual se pueda poner en marcha la
experiencia fotográfica.
Es de suponer que la aparición
del manual tuvo lugar en un ambiente de gran entusiasmo (y una gran demanda)
pues ya desde comienzos de año venían generando enormes expectativas
sobre el invento; ya desde principios de enero del mismo años de
1839 en que el gobierno francés se interesa por el invento e intenta
cerrar un acuerdo con Daguerre, las distintas partes implicadas orquestan
una medida y cuidadosa campaña para llevar a buen fin el acuerdo
con el inventor. Esta campaña comienza justo después de que
Arago (François Jean Dominique Arago, 1786 - 1853) pusiera en marcha
su proyecto personal de convencer a los estamentos científicos y
oficiales de su tiempo en el interés e importancia del invento,
proyecto en el que aquel se embarca empeñado en que el invento de
Daguerre se convirtiera en bien de dominio público y no en un instrumento
que fuera explotado comercialmente por unos pocos2.
El 7 de enero de 1839 este eminente científico, y destacado dirigente
de la oposición republicana, presenta a la Academia de las Ciencias
en París un informe con el que intenta espolear el interés
por el invento, y directamente relacionado con la preparación de
este informe aparece en La Gazette de France (el 5 de enero) un
artículo escrito por un tal H. Gaucheraud3
que constituye el punto de partida de los textos que dan conocimiento público
del asunto del daguerrotipo.
La noticia del descubrimiento de Daguerre
fue objeto de gran atención por parte de la prensa internacional
desde el mismo momento de la filtración de Gaucheraud, cuyo
artículo tuvo tanta difusión que marca el principio de las
expectativas que habría de levantar en París y en el mundo
el invento de Daguerre. En España se publicó este artículo
al menos en dos periódicos pocas semanas después de que se
publicara en Francia. Desde el momento en que por París comienzan
a circular los rumores sobre el invento de Daguerre el invento suscitará
una creciente curiosidad, y para cuando tiene lugar su presentación
pública en la Academia de las Ciencias, la sociedad en general estaba
ya más que expectante. Tanto la prensa francesa como la internacional
dan cumplida cuenta a sus lectores de la presentación del invento,
y a partir de entonces el tema fotográfico cobra verdadera
carta de naturaleza. Cuando a principios de septiembre por fin sale a la
luz el manual de Daguerre en el que se describen en profundidad los procederes
prácticos necesarios para operar con el invento del daguerrotipo,
la fotografía está ya disponible como una realidad práctica
y que puede comenzar a viajar de manera extensiva por todo el globo. Efectivamente
durante los siguientes seis o siete meses el manual ha sido ya traducido
en diversas partes del mundo, y contabilizando las versiones francesas
y en otros idiomas puede establecerse que en menos de un año existen
del manual más de cuarenta versiones4.
De este manual existen en castellano
al menos tres versiones distintas, todas ellas traducciones con fecha de
publicación de 1839. Existen pocos estudios sobre estas traducciones5,
y en este trabajo se intentará desentrañar, en la medida
de lo posible, algo sobre sus características, sobre las personas
involucradas en su publicación y traducción y sobre las relaciones
de estas traducciones con otros textos fotográficos (y sólo
en casos muy puntuales se abordará alguna comparación con
lo que proponen sobre los mismos otros investigadores). Estas traducciones
se deben a Eugenio de Ochoa6
(1815 - 1872), Pedro Mata y Fontanet7
(1811 - 1877) y a Juan María Pou y Camps8
(1801 - 1865) en colaboración con Joaquín Hysern y Molleras
(1804 - 1883). Esta última traducción es especialmente interesante
desde el punto de vista histórico, editorial y fotográfico
por contener numerosas notas de traductor en las que se hacen muy
extensas y autorizadas referencias a la técnica, práctica
y circunstancias teóricas del proceso daguerrotípico, incluso
describiéndose en varias ocasiones los procederes concretos de la
toma de vistas daguerrotípicas específicas. Las dos restantes
son traducciones más o menos abreviadas y su enorme interés
radica muy especialmente en el contexto general de la vida y obra de sus
insignes y destacados traductores. Eugenio de Ochoa es un personaje clave
y fundamental para entender muchas circunstancias de la realidad artística
y editorial de su época y el que entre sus traducciones se incluya
ésta del manual de Daguerre arroja una luz reveladora sobre el contexto
y ambiente en que se lleva a cabo la introducción de la fotografía
en España. La de Pedro Mata no le va a la zaga en este aspecto,
aunque en este caso es la relación científica y humanista
(y en cierta manera política) del traductor lo que genera un contexto
particular a su involucración con la introducción del daguerrotipo
en España, y más concretamente en Cataluña. La relación
entre el traductor y la obra es manifiestamente interesante también
para el caso de la edición de Pou y Camps e Hysern, pues ambos son
también personalidades de la ciencia de su época y como se
verá esta vinculación definirá de manera sobresaliente
la naturaleza específica de su traducción.
No es difícil apreciar en este
particular contexto el carácter de las tres traducciones y así
mismo vislumbrar las motivaciones de estas personalidades al abordar la
fotografía; carácter y motivaciones que nos permiten acceder
en cierta medida a la forma y manera en que el invento fue entendido en
España. En primer lugar sorprende, tal vez no tanto, que las ediciones
estén exentas de una intención comercial, pues no son traducciones
producidas para acompañar un instrumental y facilitar su venta,
al menos ningún dato ni ninguna relación comercial de los
editores y de los traductores permite sospechar esta circunstancia. Las
tres traducciones están básicamente realizadas desde una
actitud de aportación, de colaborar y dar impulso a la difusión
de un invento que sin duda estos personajes interpretan como algo importante
y que no puede ni debe pasar inadvertido en su patria. Poco sabemos de
la realidad editorial y bibliográfica de España en esta época9,
pero no es aventurado pensar que la situación del mundo del libro
en España por aquellas fechas estaría lejos de permitir a
un traductor ganar dinero con una producción como la de la traducción
del manual de Daguerre. Por lo tanto estos traductores no están,
en principio, haciendo estas traducciones para obtener un beneficio comercial;
es desde el perfil profesional y biográfico de estos personajes
que podemos entender que realizan las traducciones con un fin que bien
podría llamarse humanista, un fin que más que con ninguna
otra cosa tiene que ver con un compromiso personal del traductor con su
tiempo y con su patria. Sin duda la categoría intelectual de estos
personajes les haría ver en el daguerrotipo un invento sensacional
al que atribuirían un magnífico porvenir, aunque sólo
fuera por el doble carácter técnico y artístico del
invento, conjunción en la que verían un espacio propicio
para que este invento no llegara a altas cotas de desarrollo sin que su
patria hubiera, al menos, podido estar en la brecha gracias precisamente
a su intervención personal.
Estas traducciones marcan la realidad
histórica de la bibliografía fotográfica en España,
aunque no por ello pueden considerarse como necesariamente los primeros
y únicos textos fotográficos. Como es lógico la prensa
tanto diaria como periódica sería un vehículo más
rápido que la edición de libros a la hora de difundir noticias
fotográficas, aunque sus posibilidades de extensión y profundidad
fueran lógicamente menores. Efectivamente aparecen diversos textos
fotográficos en la prensa española de la época, y
aunque no exista ningún trabajo sistemático que haya estudiado
en profundidad la intervención de la prensa en la labor de difusión
de los conocimientos y noticias fotográficas, sí existen
aquí y allá en la bibliografía contemporánea
referencias a artículos fotográficos de la prensa que ponen
de relieve que ésta fue un importante medio de difusión para
la fotografía de primera época. Ya se ha comentado que el
artículo de Gaucheraud del 5 de enero llegará a publicarse
traducido en la prensa española, concretamente en El Correo Nacional
de Madrid del 28 de enero de 1839. Este periódico publicará
periódicamente interesantes textos sobre el invento de Daguerre
y otros asuntos relacionados con la fotografía, y como veremos más
adelante son textos que jugarán un papel importante en la bibliografía
fotográfica de primera época. También llaman la atención
de forma muy especial en la prensa de la época dos breves textos
enviados a la redacción del Museo de Familias, una revista mensual
que había comenzado a publicarse en Barcelona en 1839 (y que como
veremos prestará una especial atención al tema fotográfico
en 1840). Estos textos son importantes por constituir una referencia clara
al trabajo de Pedro Felipe Monlau y Roca (1808 - 1871), posiblemente uno
de los más importantes y primeros impulsadores del daguerrotipo
en España. En el volumen correspondiente a 1839 (hacia el mes de
diciembre)10 de la citada
revista se publican dos textos sobre el daguerrotipo que este personaje
había remitido (24 de febrero y 17 de mayo) a la Academia de Ciencias
Naturales y Artes de Barcelona antes de que el invento hubiera sido hecho
público. De resultas del celo de Monlau en tener informada a la
referida Academia, ésta adquiere por mediación suya un equipo
completo para la realización de daguerrotipos. Este equipo será
el que se utilizará para realizar el tan documentado y famoso daguerrotipo
de la Casa Xifré en Barcelona el 10 de noviembre de 1839. Este daguerrotipo
que ejecutara Ramón Alabern y Casas puede considerarse como el que
da el verdadero pistoletazo fotográfico en España, pues aunque
existen algunas noticias dispersas y siempre vagas de la ejecución
de otros daguerrotipos en fechas anteriores, éste está ampliamente
documentado y desde luego fue realizado con una verdadera intención
difusora.
Completando el panorama de textos fotográficos
que definen las tres traducciones al castellano del manual de Daguerre
y los aparecidos en la prensa en 1839, se han de señalar dos textos
fotográficos más que son especialmente significativos. Se
trata de una serie de adiciones a traducciones de tratados elementales
de física franceses que fueron editados en Madrid con fecha de publicación
de 1839. Los traductores de textos técnicos de aquellos años
frecuentemente incluyen en su trabajo adiciones que en unas ocasiones complementan
la obra original y en otras sirven para expandir los asuntos sobre los
que el traductor piensa que podía hacer alguna aportación
propia. Dos Tratados Elementales de Física franceses, el
de F. S. Beudant (François Sulpice Beudant, 1787 - 1850) y el de
C. Despretz (César Mansuète Despretz, 1789 - 1863), ambos
libros orientados a la enseñanza de esta disciplina, fueron traducidos
al castellano en 1839 respectivamente por Nicolás Arias y por Francisco
Álvarez, y cada uno de estos traductores opta por incluir en su
traducción un texto específico sobre el daguerrotipo, tema
que echan en falta en el original y que juzgan que ha de ser tratado en
su edición tanto por la gran actualidad del invento, como por considerar
que su edición del tratado estaría incompleto si no planteaba
nada sobre tan importante descubrimiento físico. Ambas adiciones
fotográficas, descubiertas sólo muy recientemente, han sido
hasta ahora consideradas como aportaciones de los traductores mismos, pero
como se verá en el apartado dedicado a cada una de ellas, son meras
recopilaciones de textos ajenos que se confeccionan específicamente
para ser incluidos en sendas ediciones. Francisco Álvarez toma prestada,
cosa que advierte (en p.4), de la traducción de Pou y Camps/Hysern
para confeccionar sus 43 páginas de texto en las que fundamentalmente
copia palabra por palabra extensos pasajes de dicha traducción,
aunque haciendo alguna adaptación del lenguaje original al comienzo
de los párrafos y transformando los tiempos verbales en los que
Pou y Camps usa la primera persona del singular en su texto original. Nicolás
Arias hace algo similar, pues toma textos que habían sido publicados
en el periódico madrileño El Correo Nacional y con
ellos confecciona las adiciones que incluye en su traducción, detalle
que cuenta (página 460) informando que el autor de estos textos
es un tal Pedro Barinaga, personaje harto curioso y del que hasta ahora
nada se ha dicho y que parece es el autor de cuanto se incluye sobre fotografía
en dicho periódico. Arias confecciona con sus textos un par de extensas
adiciones (nº21 y 25) a su traducción y seguramente considerando
el interés y novedad del tema fotográfico los publicará
(con alguna modificación y unos añadidos que no aparecen
en las adiciones del tratado) como cuadernillo independiente bajo el título
de Memoria sobre el daguerotipo. Esta memoria se incluirá
también en el volumen de la traducción del tratado de Beudant.
En la versión independiente, esta memoria presenta una cubierta
(que no aparece en el tratado) en la que se señala que este cuadernillo
corresponde al texto que lee Nicolás Arias a la Academia de Ciencias
naturales de Madrid (en las "secciones 2ª y 3ª", en fechas que
se discuten más adelante). La paternidad de este extenso suelto
había sido atribuido hasta ahora a Nicolás Arias pues en
éste no incluye, como sí hiciera en el tratado, la advertencia
de que está confeccionado (parcialmente al menos, como veremos luego)
con textos de Pedro Barinaga.
Esta circunstancia ilustra de manera
muy clara la problemática que tiene la identificación de
autores de textos escritos y publicados en el siglo XIX. Los conceptos
de autoría son en aquellos tiempo algo distintos a los actuales
y la gramática del castellano no permite arbitrar con claridad la
naturaleza de un texto al esconder las preposiciones por y de
una ambigüedad manifiesta. Esta ambigüedad da incontables quebraderos
de cabeza a la hora de intentar identificar una persona concreta como el
autor material de un texto (o cualquier otro tipo de obra) en el que se
nos dice que está hecho por o que es de. Simplemente
en el pasado se consideraba al autor en un sentido más laxo que
en la actualidad, y no es raro encontrar casos en que, tras ser examinados
detenidamente, descubrimos que la persona que inmediatamente interpretamos
como autor de una obra resulta no serlo. Tal es el caso de la Memoria
sobre el daguerotipo de Nicolás Arias, y veremos que también
lo es para el caso de las notas de la traducción de Pou y Camps
e Hysern. No conviene olvidar esta circunstancia cuando uno intenta establecer
la correlación entre obra y autor de obra del siglo XIX español,
pues de lo contrario se corre el riesgo de obviar totalmente una problemática
que en muchos casos puede ser fundamental, amén de llegar a conclusiones
totalmente erradas. Tal fue mi caso cuando escribí sobre la Memoria
de Nicolás Arias en la Guía-inventario de los fondos fotográficos
de la Biblioteca Nacional11
y en la que identificaba efectivamente a Nicolás Arias como el autor
de este texto. Suya es efectivamente la Memoria en cuanto a editor,
pero desde luego no lo es como autor. En este caso además de generar
un error, enmascara la verdadera participación de Pedro Barinaga
en tan importante fuente fotográfica como es la memoria de
Arias.
En líneas generales lo descrito
hasta aquí dibuja el panorama de los textos fotográficos
que se produjeron en castellano con fecha de impresión de 1839.
En años inmediatamente posteriores parece que el interés
va menguando progresivamente hasta desaparecer casi completamente de los
medios impresos el asunto
del daguerrotipo y la fotografía.
Esto puede ser debido a que el tema deja de ser noticia, y este extremo
parece explicar el hecho de que no se publique ni un sólo libro
fotográfico desde 1839 hasta 1846. En cuanto a los textos en prensa
no está claro si se da esta circunstancia o no, pues los investigadores
fotográficos siempre estamos ávidos de encontrar noticias
del daguerrotipo que fueran publicadas en el mismo año de 1839 y
tal vez esta avidez, que esconde una natural búsqueda de un punto
de partida histórico que permita encuadrar el inicio del sujeto
de nuestro interés, haya hecho que las fuentes de los años
intermedios simplemente no hayan sido consultadas suficientemente como
para poder localizar aquellas que pudieron haber mantenido un interés
por la fotografía una vez dejara de ser noticia. En el intento de
localizar noticias en la prensa sobre las ya mencionadas traducciones del
manual de Daguerre con el fin de intentar establecer una cronología
de las mismas, he seguido (hasta 1841) la pista del interés de El
Correo Nacional por la fotografía y parece confirmarse el mencionado
declive, pero, una vez más, a falta de mejores referencias, esta
interpretación ha de dejarse como mera hipótesis.
En cualquier caso, y desde el punto
de vista de la producción bibliográfica, la atención
a la fotografía en España a lo largo del siglo XIX no puede
decirse que fuera extensa y profunda. Apenas si se producen en el país
libros sobre fotografía, hecho que está en clara consonancia
con la tendencia general que se detecta en España de no prestar
mucha atención a la edición de textos de carácter
teórico - técnico (para qué hablar de libros sobre
crítica artística). También tiene su lógica
pensar que mientras la práctica fotográfica estuviera circunscrita
a la actividad estrictamente profesional, y durante los primeros cincuenta
años de la historia de la fotografía lo va a estar, la edición
de títulos fotográficos en realidad carecía de amplias
perspectivas comerciales, pues una vez que se consolidara, hacia 1851,
el proceso del colodión húmedo como el proceso más
generalizado, la práctica fotográfica está realmente
lejos de ser algo a lo que tiene acceso cualquiera. Teóricamente
era posible hacer fotografías con ese proceso sin mayores complicaciones,
pero las circunstancias generales del mismo y el estado de desarrollo del
propio mercado fotográfico restringirán mucho el espectro
de personas que se asomaban efectivamente a la práctica fotográfica.
En España el potencial de mercado para el libro fotográfico
estaría bastante encorsetado a esta realidad y desde luego haría
poco atractiva la edición de libros fotográficos durante
esta época, máxime si se tiene en cuenta que el mercado potencial
que sí podía haber se cubría ampliamente con traducciones
de obras extranjeras, traducciones que seguramente resultarían más
atractivas a los potenciales compradores de libros fotográficos
por proceder sus autores de países que en aquel entonces se conciben
como los focos del desarrollo de la propia fotografía.
La aparición en 1846 del Manual
fotográfico de E. de L. (Eduardo de León y Rico) marca el
comienzo de la producción bibliográfica estrictamente española,
pues si bien hemos visto que en 1839 y 1840 ven la luz una serie de textos
fotográficos, éstos son fundamentalmente textos que tienen
que ver directamente, en una medida u otra, con el texto de Daguerre y
con cuestiones relacionadas con el anuncio del descubrimiento de su invento.
Sin embargo el libro de E. de L. es un verdadero manual escrito y producido
desde la experiencia de un fotógrafo ejecutante y no de un
simple teórico o divulgador que conoce y recopila datos e instrucciones.
Desde luego E. de L. en su libro recopila y da datos e instrucciones, pero
lo hace desde un punto de vista del que los ha experimentado y los ha puesto
a prueba de una manera práctica; y tras hacerlo los analiza y compara
para dar al lector una visión sobre lo que él encuentra de
ventajoso en cada uno de los procesos que prueba y analiza. Este aspecto
práctico y crítico, así como la amplitud, variedad
y profundidad con que trata los diferentes temas que aborda en su manual
fotográfico, es lo que lo convierte en una fuente de información
sin igual para comprender algo sobre la forma en que se concebía
la práctica fotográfica en España en aquellos tempranos
años. Esta obra puede considerarse como un de los libros fotográficos
más importantes escritos en España, tanto desde el punto
de vista histórico como desde el punto de vista puramente formal,
pues a lo largo del todo el panorama bibliográfico estrictamente
español del siglo XIX no volverá a aparecer otro libro fotográfico
de su naturaleza.
La obra de E. de L. da inicio pues
a la verdadera bibliografía fotográfica española,
bibliografía que ya se ha comentado fue especialmente exigua y relativamente
poco rica. Teniendo en cuenta los fondos bibliográficos de la Biblioteca
Nacional de Madrid12 y
algunas noticias bibliográficas que han ido apareciendo en los últimos
años, parece que desde la aparición del libro de E. de L.
apenas se producen en España media docena de títulos fotográficos
propios. Estos libros pugnarían por competir con traducciones de
excelentes libros fotográficos franceses e ingleses, y poco se sabe
sobre el éxito del que pudieron gozar en su tiempo y si constituyeron
un éxito editorial o no; pero a juzgar por la escasa presencia que
tienen estos títulos españoles en las bibliotecas actuales
que albergan títulos fotográficos, es de suponer que su impacto
en la escena fotográfica debió de ser relativamente escaso.
En cualquier caso las publicaciones posteriores a la obra de E. de L. producidas
originalmente en castellano durante del siglo XIX y que pueden señalarse
en base a las fuentes referidas son, el libro Ángel Gallego y Paniagua13
de 1851 titulado Secretos del daguerreotipo ..., del cual por desgracia
no parece haber sobrevivido ni un sólo ejemplar y del que sólo
tenemos noticias por algunas referencias en anuncios de prensa; el magnífico
libro de Ángel Díaz Pinés14Manual
práctico de fotografía de 1862 que vio la luz en Madrid;
de este mismo año es el Manual de fotografía y elementos
de química aplicados a la fotografía, manual que se incluye
como un volumen de la Enciclopedia Hispano - Americana y que se
edita en París directamente escrito en castellano por José
María Cortecero15;
el Manual de fotografía por Felipe Picatoste16
editado en 1882 e incluido como tomo nº53 de la Enciclopedia popular
ilustrada (sección Artes y Oficios); el de Francisco Jordi17Tratado
práctico de fotografía ..., editado en Barcelona en 1888;
y el libro de Jordi y Martí18
titulado El fotógrafo. Tratado práctico de fotografía
..., editado en 1892 también en Barcelona.
Tan exigua lista induce a sospechar
que necesariamente debe estar incompleta, y sin duda un estudio bibliográfico
exhaustivo completaría estos datos, especialmente los que tienen
que ver con los últimos quince años del siglo en los que
es inconcebible que se produjeran en España sólo los textos
expuestos; pero sirva esta lista para poner de relieve, una vez más,
la falta de un estudio bibliográfico desde el cual establecer un
panorama más completo, y también que éstos son los
títulos españoles del siglo XIX que dibujan el panorama bibliográfico
de los títulos más habituales de la época, al menos
son aquellos que se pueden localizar en los fondos de la Biblioteca Nacional.
De las mismas fuentes pueden extraerse
los siguientes títulos fotográficos como los que conforman
en grueso de la producción foránea que fue traducida al castellano
a lo largo del siglo XIX: Los grandes inventos científicos e
industriales en los pueblos antiguos y modernos de Figuier (traducido
en 1861)19, Nuevo manual
de fotografía sobre placa, cristal y papel, albúmina y colodión
... de E. Latreille (1861)20,
Tratado
práctico de fotografía, o sea, química fotográfica
de Barreswill y Davanne (1864)21,
El
rayo solar. Tratado teórico y práctico de fotografía
de
J. Towler (1876)22,
La
fotografía hecha fácil. Manual para aficionados de T.C.
Roche (1883)23,
A.B.C.
de la fotografía moderna ... de W.K. Burton (1887)24,
La
fotografía moderna. Práctica y aplicaciones de A. Londe
(1889)25, Tratado de
fotografía de A. Cormier (1898)26,
y los que conforman la Enciclopedia del fotógrafo aficionado
de
J. Brunel (1899-1900)27.
Extraña bastante que la lista de títulos españoles y foráneos de todo el siglo XIX sea tan corta, máxime si se tiene en cuenta que la producción editorial fotográfica del mismo año 1839, que como se dijo ve publicados hasta cuatro títulos fotográficos independientes (las tres traducciones del manual de Daguerre y la Memoria sobre el daguerotipo de Arias), constituye algo más del 20% del total de la producción editorial fotográfica del siglo XIX en España. Tal desviación estadística tiene que ver naturalmente con el impacto que en su momento tiene la novedad del invento, pero tan prometedor comienzo habría hecho previsible que la bibliografía sobre esa materia hubiera llevado un camino ascendente durante el resto del siglo XIX. El hecho de que no lo llevara creo que permite sospechar que la atención general que recibió la fotografía en España a lo largo del siglo XIX no fue especialmente alta y que no llegó a convertirse realmente en un medio que gozara de un alto grado de desarrollo, al menos no en sentido cuantitativo y desarrollista. En cualquier caso, los textos fotográficos de 1839 nos dan la pauta sobre cómo el invento fue reconocido en España por una serie de personajes prominentes como algo que no debía de pasar inadvertido y, que pese a venir del extranjero, había de ser conocido y promovido en España para que fuera desarrollado y adoptado como uno más de los inventos de la época que habría de participar del impulso modernizador y renovador del país, cosa que por entonces tanto preocupó a cuantos veían en el desarrollo de la técnica y de las artes un eje fundamental para lo que se entendía entonces como una necesaria transformación de la sociedad española. Parece que la buena intención y cuidados que pusieron estos personajes para que el invento del daguerrotipo no pasara desapercibido en su país tuvo escasa repercusión práctica, pues a tenor del desarrollo que esta técnica tendría durante los primeros tiempos fotográficos, y en buena medida a lo largo de toda su historia, no puede decirse que se desarrollaran en España ni movimientos ni industrias fotográficas especialmente importantes. Como en tantas otras actividades del país en la escena fotográfica española destacan una serie de personajes y una serie de acontecimientos, pero siempre están circunscritos a la labor y talento individual, y desde luego no puede decirse que la fotografía cobrara aquí una actividad acorde con la que sin duda esperarían quienes con sus traducciones y entusiasmo intentaron que en este campo España estuviera a la altura de las oportunidades que la novedad prometía. En cualquier caso, el daguerrotipo no parece que fuera practicado en España con ninguna profusión, al menos eso parece sugerir tanto el registro fósil que ha llegado de esta época hasta nosotros como los datos que sobre esta actividad se han ido desenterrando en los últimos años de investigación fotohistoriadora.
Tras este somero recorrido por los
títulos fotográficos de España durante el siglo XIX,
se intentará poner de relieve aquí algunas de las características
concretas de los textos fotográficos españoles que se han
comentado y que aparecen en España desde 1839 a 1846, pero ahora
atendiendo a algunas circunstancias particulares y concretas de su contenido
así como de los perfiles de los personajes responsables de su producción.
Las traducciones al castellano del manual de Daguerre, recordemos que son
las de Eugenio de Ochoa, Pedro Mata y Juan María Pou y Camps y Joaquín
Hysern y Molleras, pudieron ser impresas en cualquier momento a partir
de octubre de 1839, pues considerando que las primeras versiones originales
que aparecieron se pusieron a la venta a principios de septiembre, no es
concebible que se tradujeran, compusieran e imprimieran en menos de un
mes. Se desconoce con exactitud la cronología de la aparición
de estas traducciones, sin embargo para algunas de ellas sí se propondrán
aquí unas fechas de aparición, aunque como se verá
existen diversos datos conflictivos al respecto. Si bien no importa mucho
cuál salió primero, sí es interesante dilucidar sus
respectivas fechas para establecer algo de la relación que pudiera
haber entre estas traducciones y a su vez su relación con otros
textos fotográficos de la época.
Eugenio de Ochoa (1815 - 1872)
Eugenio de Ochoa y Montel28
(muchas veces referenciado erróneamente como E. Ochoa y Ronna29),
traductor especialmente prolífico, editor de la influyente revista
El
Artista (1ª época), crítico de teatro, erudito destacado
en literatura española e universal, eminente bibliotecario, poeta
y literato en fin que está estrechamente vinculado con lo más
granado del arte y la política de su tiempo. En su juventud es un
acérrimo romántico y decidido enemigo de los neoclásicos,
clasiquistas
los
llamaría él; más moderado, analítico y conservador
en su madurez, pero en todo tiempo fue un hombre comprometido con la causa
monárquica de la reina María Cristina y con unos principios
morales firmemente asentados en el catolicismo más conservador de
su época. Existe alguna controversia sobre el lugar de su nacimiento,
pues oficialmente consta como nacido en Lezo (Guipúzcoa), pero investigaciones
contemporáneas30
sobre este personaje apuntan a una circunstancia que nos obliga a reconsiderar
la versión oficial. De dichas investigaciones se desprende
que nació en Bayona en 1815 (murió en Madrid en 1872), y
que realmente fue hijo del abate Sebastián de Miñano y Bedoya
(1779 - 1862?), un famosísimo periodista de su tiempo y erudito
escritor (El pobrecito holgazán), conocido y comprometido
afrancesado de la época de Fernando VII. La condición de
religioso del padre de Eugenio de Ochoa le habría obligado a encontrar
a alguien que diera apellido formal a su hijo de manera que no apareciera
ante la buena sociedad como hijo natural, lo que sin duda le habría
dificultado en aquel entonces disfrutar de la aventajada posición
que su verdadero padre podía efectivamente ofrecerle. Por lo que
parecen indicar las referidas investigaciones, cuando Eugenio de Miñano
de Ochoa cumple quince años, se prepara una partida de bautismo31
en la que figura como hijo de su verdadera madre y compañera de
Miñano, Agustina Francisca Montel (natural de San Sebastián,
Guipúzcoa), y de José Cristóbal de Ochoa y Vilches
(natural de La Guardia). Si bien la exposición de esta circunstancia
es en sí misma un mero chisme, interesa aquí para, por un
lado, poner de relieve el que seguramente es su verdadero origen (aunque
en toda obra de referencia esta circunstancia parece haberse obviado sistemáticamente),
y por otro para apuntar que la paternidad de Miñano explicaría
el origen de la relación de Eugenio de Ochoa en los intereses de
palacio, relación que es fundamental para entender su biografía.
Miñano había sido un prominente personaje en la corte de
Fernando VII (1784 - 1833), lo cual explica el acceso que tuvo Eugenio
de Ochoa en su infancia a pensiones y favores de Fernando VII que le permitieron
estudiar en París y que después, ya con María Cristina
(1806 - 1878) como reina gobernadora y con Isabel II (1830 - 1904) más
tarde, le llevaron a vivir como pensionado en París durante diversos
años de su juventud y madurez.
La figura de Eugenio de Ochoa como personaje involucrado en la traducción del manual de Daguerre resulta interesante por varias razones. Para cuando traduce este texto Ochoa había sido ya el joven editor responsable de la revista El Artista, la cual circuló semanalmente entre junio de 1835 y abril 1836. Ésta sería en su tiempo el máximo exponente de revista artístico literaria de calidad, órgano de propagación de los ideales románticos y todo ello con una clara vocación gráfica. El Artista fue un proyecto de románticos jóvenes que supieron confeccionar una revista que, considerada en el ambiente en que vio la luz, podría entenderse hoy en día como una revista de vanguardia para su tiempo; y si bien remeda la forma y filosofía general de la revista francesa L'Artiste, su originalidad y vocación local supuso para algunos jóvenes artistas de su época el único medio para ver impresas sus obras y un verdadero órgano para difundir sus ideas. Al contrario de lo que habría sido habitual en su época, la revista no resulta un medio con el que simplemente copiar e importar la obra de notabilidades literarias y artísticas francesas. Ochoa sin complejos en este aspecto publica en la revista textos de literatos de su época más o menos afines a su tendencia romántica, así como textos que sirvieran para reivindicar la obra de los antecesores artísticos españoles y franceses en los que identifica el origen y la base de la corriente romántica a la que entonces está claramente dedicado. Sin duda El Artista fue una de las revistas artísticas más importantes de su época y durante buena parte de lo que restaba del siglo XIX fue punto de referencia obligada y echada en falta como revista de calidad que transcendiera unas motivaciones estrictamente comerciales.
Cuanto menos, la actividad de Ochoa
como coeditor de esta revista eminentemente artística y con una
clara tendencia gráfica, correlaciona al Ochoa erudito y literato
con un interés gráfico específico lo cual pone en
perspectiva su involucración como propagador del invento fotográfico,
correlación que por otra parte no resulta a primera vista tan aparente,
al menos no tan aparente como lo es para el caso de los otros traductores
del manual cuya actividad científica profesional en sí mismo
explica y contextualiza su interés directo por el invento, fuera
o no éste el motivo principal de este interés. No obstante,
el interés científico no le es enteramente ajeno; la educación
de Ochoa en su infancia estuvo claramente marcada e influida por las enseñanzas
que le daría su profesor y protector Alberto Lista y Aragón
(1775 - 1848), eminente pedagogo que le abrió el gusto por las artes
y las ciencias y que tuvo un indeleble impacto, ampliamente reconocido
en diversos puntos de su propia obra34,
en su pensamiento y en su actitud rigurosa y metodológica. El fragmento
de un poema que escribiera Ochoa en 1833 a su hermano sobre sus tiempos
de estudiante con Alberto Lista dice: ... Del Hombre-Dios me comenta
/ Y ya de Newton y Euclides / Los misterios me desvela .... Poco se
ha estudiado sobre el interés de Ochoa por la fotografía
y por sus intereses directamente científicos. Una ojeada a su bibliografía
revela bien a las claras su enorme e importante producción como
traductor de obras literarias, tema del que apenas se aparta, por lo que
los escasos títulos científicos que aborda son especialmente
reveladores. Entre las obras técnicas que tradujo figuran el Manual
de Daguerre en 1839 y el Tratado elemental de física de A.
Privat Deschanel de 1872, y son básicamente las únicas que
ponen una nota discordante en su producción, discordancia que apunta
o bien a los intereses y capacidades científicas del propio traductor
o bien a trabajos profesionales que hace para comer.
Además de los títulos
mencionados se han identificado como traducciones de Eugenio de Ochoa una
serie de volúmenes de la Enciclopedia del fotógrafo aficionado
que originalmente editara, y en parte escribiera, en francés Georges
Brunel (1861 - ?). Efectivamente en la versión castellana de esta
enciclopedia, editada entre 1899 - 1900, figura como traductor de varios
de sus volúmenes un tal Eugenio de Ochoa35
(al igual que figura como traductor de la obra "Los fracasos y el Retoque"36
de 1899 también de J. Brunel, pero que no pertenece a la citada
enciclopedia). En principio se han interpretado estos títulos como
traducciones póstumas de Ochoa, pero resulta imposible que fueran
de nuestro personaje pues los títulos originales se editan en París
en 1897 - 99, y además Brunel nace en 1861, por lo que en el año
de la muerte de nuestro Eugenio de Ochoa el autor de esta edición
tendría sólo unos once años de edad y difícilmente
puede pensarse que hubiera escrito ya nada. Aunque no he averiguado nada
sobre quién pudiera ser este segundo Eugenio de Ochoa (ninguno de
los diez hijos de nuestro Eugenio de Ochoa se llama Eugenio) sí
está claro es que no se trata del mismo personaje que tradujo el
manual de Daguerre. Por lo tanto el número de traducciones técnico
- científicas de nuestro Eugenio de Ochoa es bastante más
reducido de lo que hasta ahora se creía y por ello constituyen estas
traducciones una producción tanto más discordante en el conjunto
de su obra de traductor. Todo ellos hace difícil mantener que el
interés editorial de Ochoa por la fotografía fue una constante
en su vida profesional, más bien hace que su traducción del
manual de Daguerre sea en su bibliografía un título singular
y aislado.
En mi opinión este título
puede entenderse como el resultado de dos circunstancias, por un lado Ochoa
debió reconocer el invento como algo extraordinario aunque sólo
fuera desde su posición social y formación intelectual y
se viera imbuido en el entusiasmo que prevaleció durante el periodo
en que el daguerrotipo estaba en el proceso de convertirse en una realidad,
todo ello motivo más que suficiente para que Ochoa pensara en traducir
el manual. Por otro lado su interés por los medios gráficos
queda patente en la revista El Artista de la que ha sido editor
hace apenas dos años y medio, y que recordemos edita junto a su
amigo y cuñado Federico de Madrazo. Cuando en 1835 y 36 ambos estaban
ocupados en la producción de esta revista, Ochoa debió de
delegar en Federico de Madrazo todo cuanto tuviera que ver con los aspectos
gráficos de la misma, además de por estar directamente en
la línea del trabajo de éste, por los problemas que Ochoa
tenía en la vista y que hacia 1830 le impidieron poder seguir las
clases de pintura que le daba en París el pintor Antoine-Jean Gros
(1771 - 1835).
No es difícil adivinar que Federico
de Madrazo37 se vería
imbuido en el interés general que se genera cuando se hace público
el daguerrotipo, pues en ese momento está también en París38
junto a su familia, y lógicamente con el propio Eugenio de Ochoa.
Este hecho vuelve a poner a ambos personajes en estrecha una relación
con un asunto gráfico, aunque sólo podemos sospechar cuál
pudo ser exactamente la participación de Madrazo en este común
interés por el invento del daguerrotipo. El examen de la revista
El
Artista (impreso en la misma imprenta - I. Sancha - que publicará
la traducción del manual de Ochoa) pone de manifiesto el interés
que tenía Federico de Madrazo en los avances y distintas técnicas
de la litografía, pues algunas de las numerosas impresiones de este
tipo que hace para dicha revista (41 del total de 97 que contiene la revista
completa) ponen de manifiesto que utiliza técnicas mixtas o que
utiliza sistemas mecánicos relacionados con pantógrafos,
otras incluso sugieren que está experimentando técnicas de
litografiar con diferentes tipos de superficies. En cualquier caso las
litografías de Federico de Madrazo de esta revista son exponente
de que este artista es capaz de adaptar en cada momento su técnica
como litógrafo a las necesidades de los distintos temas que trata,
y no es en absoluto aventurado que cuando el invento del daguerrotipo se
hace público en París, momento en el cual Ochoa y Madrazo
están en aquella ciudad, ambos se interesaran por éste y
planearan juntos divulgarlo en España. Madrazo sale de París
en septiembre de ese mismo año para trasladarse con su familia a
Roma, y por tanto no pudo haber colaborado directamente con Ochoa en la
traducción del manual, pues como ya se dijo apareció precisamente
ese mismo mes en que Madrazo sale de la ciudad.
Este caso de coincidencia y relación
entre un literato, editor y pensador como Eugenio de Ochoa con un personaje
de la relevancia artística de Federico de Madrazo, es la fuente
para un análisis formal e histórico mucho más profundo
y riguroso del que se puede abordar aquí. La labor conjunta que
llevan a cabo cuando editan El Artista les coloca a ambos en estrecha
relación con la historia de los medios gráficos con implicaciones
en la historia en España tanto de la pintura, la litografía
y la fotografía, como de la prensa ilustrada, y sin duda es ésta
una conjunción que de ser abordada en profundidad nos permitirá
empezar a clarificar muchos pormenores del panorama de la situación
artística y fotográfica en España durante unos años
fundamentales para su desarrollo. Hasta que en un futuro, que esperamos
no sea muy lejano, los estudios fotográficos penetren en el ámbito
del estudio del arte sin rechazo a lo que muchos de sus historiadores vienen
en llamar, en estrecha connivencia con tantos historiadores del arte fotográfico
mismo, como el aspecto técnico de la fotografía, no
será posible evaluar el auténtico significado e impacto que
tuvo la llegada de la fotografía y de la fotomecánica en
el desarrollo de los medios gráficos del siglo XIX.
Existe una pequeña coincidencia
que puede merecer una elucubración especulativa interesante sobre
toda esta relación de los aspectos gráficos de la revista
El
Artista, Ochoa y Federico de Madrazo. Entre los contenidos de esta
revista existen multitud de pequeñas viñetas que se irán
repitiendo a lo largo de diferentes números y que decoran aquí
y allá bien un espacio en blanco, un final de artículo o
cualquier espacio que la estética general de las páginas
requiera un elemento decorativo. Estos pequeños grabados en principio
pueden aparecer en los libros y revistas de esta época como meros
elementos decorativos, pero a menudo tienen una estrecha relación
con el contenido mismo de los textos o con el carácter que desea
el autor tenga su obra. La funcionalidad y valor como emblemas de
estos elementos gráficos no siempre es enteramente aparente y su
interpretación correcta como elemento funcional en el libro del
XIX es disciplina harto complicada y resbaladiza. No obstante, resulta
difícil no establecer relaciones entre distintos libros que contienen
la misma viñeta o juego de viñetas. En ocasiones lógicamente
la coincidencia tiene que ver exclusivamente con un hecho accidental, pero
en otras permite establecer la hipótesis sobre la existencia de
algún tipo de relación entre los autores de los libros que
comparten la mismísima viñeta o juego de viñetas.
Como digo, éste es un tema espinoso que sólo un profundo
conocimiento del medio bibliográfico de la época permite
llegar a confirmar las supuestas correlaciones entre distintas obras y
autores. En algunas ocasiones llaman tanto la atención las coincidencias
que marcan las viñetas que sustraerse a considerarlas para establecer
la correlación es especialmente difícil. Por ejemplo, la
mencionada e influyente revista de Eugenio de Ochoa y Federico de Madrazo
El
Artista repite consistentemente en sus páginas una serie concreta
de viñetas y las repite tanto que se convierten en símbolos
que identifican la revista misma. Cuando uno se encuentra una de ellas
(una bonita viñeta alegórica con el clásico tritón
sosteniendo una fuente) en la portada de la primitiva y primera edición
del manual original de Daguerre que editan en 1839 tanto la casa Susse
Frères como la de Alphonse Giroux39,
uno no puede más que lamentarse de su falta de preparación
para interpretar ésta que se le antoja una interesante y estrecha
relación. Lo mismo pasará con la traducción del manual
de Daguerre de Pedro Mata en cuya portada también incluye una (menos
frecuente y algo transformada) viñeta usada en la revista El
Artista (Atenea/Minerva coronada por laureles y rodeada por diversos
símbolos del arte - paleta, pinceles, plomada martillo, cuadro,
etc. - con una escueta leyenda en la base que lee: Artes). Exactamente
qué significan estas relaciones es difícil decirlo, pero
uno se resiste a aceptar que son relaciones casuales derivadas de la existencia
en el mercado de una limitada cantidad de "tacos" para producir estas viñetas,
cosa que no deja de ser posible, pero el examen continuado de libros de
la época parece indicar que más que limitación en
el asunto de la cantidad de "tacos" lo que hay es una infinita riqueza
y variedad.
Pedro Mata y Fontanet (Reus, 1811 - Madrid, 1877)
El contexto concreto que le lleva a
estar en París cuando se hace público el invento del daguerrotipo
se deriva directamente de su actividad política. En 1835, llevado
por los ideales de libertad y fraternidad, participa en la fundación
de la revista El Propagador de la Libertad. En 1836 se ve envuelto
en los desórdenes que en el mes de agosto tienen lugar en Barcelona,
y tras ser apresado logra huir a París. Allí se dedica al
estudio de la medicina hasta 1838 en que vuelve a España para establecerse
en Reus, localidad donde junto a su amigo Pedro Soriguera (farmacéutico
y capitán de la Milicia Nacional) funda un periódico de doctrina
democrática, La Joven España. Un artículo que
en él publican ese mismo año será causa de un nuevo
apresamiento y de su posterior destierro. Así que Pedro Mata se
ve ese mismo año de 1838 de nuevo en París y de vuelta a
los estudios de medicina. Es durante esta estancia (1838 - 1840) cuando
tendría noticia del descubrimiento de Daguerre.
Nada se sabe sobre si Pedro Mata y Eugenio de Ochoa llegaron a conocerse o si durante sus respectivas estancias en París, uno exilado y el otro pensionado, pudieron entablar algún contacto, pues sabida es la costumbre que tenía Ochoa en París de entablar contactos con los exilados españoles. En cualquier caso ambos están involucrados en la traducción43 del manual de Daguerre en cuanto éste sale a la calle. Para Mata el anuncio del daguerrotipo y el que el estado se hiciera cargo de regalarlo al mundo sería un triunfo político de los suyos, máxime cuando este acontecimiento tiene el sello de la insistencia y labor política de Arago, personaje cuyas ideas políticas desde luego serían más del gusto de Mata que de Ochoa. Independientemente de esto, ambos reconocen en el invento algo digno de ser difundido en su común patria, pero es posible que en la decisión de Mata de difundir con su traducción el manual de Daguerre influyeran sus afinidades políticas con quienes habían logrado que tal maravilla se diera al mundo libre de patente y como regalo a la humanidad (salvo a los habitantes del Reino Unido, pues allí sí se sometió el invento al control de patente44). Además, el prólogo a la traducción de Pedro Mata no está enteramente libre de contenido político, lo cual podría poner de manifiesto las mencionadas motivaciones ideológicas. Allí dice el editor en las primeras líneas:
"Tal es el objeto que
nos ha conducido a la traducción del opúsculo"...45
Por otro lado el autor del prólogo nos dice que ha sido testigo
Nada se sabe sobre la fecha exacta
de la publicación de esta traducción, y a falta de más
noticias sobre el particular, no podemos más que especular sobre
la misma. El hecho de que la parte de esta traducción correspondiente
a la descripción práctica de los procederes del daguerreotipo
(páginas 25 a 43 de la traducción) fuera publicada en el
número de El Museo de Familias46
editado en Barcelona correspondiente a enero de 1840, bajo el epígrafe
de Ciencias - Bellas Artes, pudiera indicar que la traducción
ya había sido publicada, pero bien podría ser que dicha revista
publicara este fragmento antes de que la traducción saliera de la
imprenta como un libro independiente y completo. En dicho artículo
no se hace mención alguna ni al traductor ni a su procedencia, lo
cual en sí mismo no quiere decir nada, pero extrañaría
que de haber sido sacado de un libro no se indicara nada al respecto en
el artículo. Por lo demás el artículo coincide palabra
por palabra con lo que figura en las páginas mencionadas y sólo
las láminas no corresponden a las que figuran en la traducción,
pues aunque en ambas versiones las figuras están distribuidas en
igual manera y tienen los mismos números de identificación,
corresponden a dibujos claramente distintos. Los de El Museo de Familias
son algo más toscos que los que se incluyen en la traducción
de Mata, pero en ningún caso se detectan desviaciones que pudieran
sugerir cual es la copia y cual la fuente. En general todas las láminas
de las traducciones del manual de Daguerre se basan en las que se incluyeron
en la obra original, por lo que en principio no son muy útiles como
base para hacer comparaciones entre ellas.
Juan María Pou y Camps (Gerona, 1801 - Madrid, 1865) / Joaquín Hysern y Molleras (Bañolas - Gerona-, 1804 - Madrid, 1883)
Joaquín Hysern y Molleras, natural
de Bañolas (Gerona) y muerto en Madrid en 1885, también se
licencia, al igual que Pou y Camps, como médico en Barcelona, y
en 1830 consigue una cátedra en el Real Colegio (de medicina) de
San Carlos en Madrid. En 1839 parece que sale de España para enseñar
medicina en Francia y llegaría a ser nombrado (en 1843) médico-cirujano
de la Real Cámara. Este personaje es reconocido en la actualidad
como el introductor de la homeopatía en España, donde alcanzaría
una relativa notoriedad con la práctica de este tipo de medicina.
Desde el punto de vista estrictamente
fotográfico la traducción que hace José María
Pou y Camps junto a Joaquín Hysern y Molleras es la más completa
de las tres y desde luego la más sugestiva. Como ya se ha comentado,
esta traducción además de estar completa, contiene un par
de docenas de notas a pie de página en las que se hacen extensísimos
comentarios a multitud de puntos concretos del texto original de Daguerre.
Dichas notas son por lo general extensos textos críticos que tienen
diversas funciones, en unos casos aclaran al lector algún que otro
punto del texto original que el traductor estima algo ambiguo, en otras
sirven para incidir más sobre un asunto concreto y en muchas ocasiones
directamente para comentar algo sobre la experiencia personal del traductor
cuando al llevar a la práctica alguna operación concreta
del proceso daguerrotípico, encuentra aspectos del texto de Daguerre
que piensa deben ser discutidos, ampliados o simplemente complementados.
Estas notas son referencias a la práctica daguerrotípica
de primerísima época, realizadas al borde mismo de la aparición
del invento, y son una fuente de información histórica y
crítica sobresaliente que dibujan un contexto muy preciso y completo
sobre cómo se concebía el invento prácticamente en
el mismo momento en que entra a formar parte de la historia de los medios
gráficos y de la historia de los instrumentos científicos.
Debido a la importancia de estos textos es tanto más relevante entender adecuadamente quién los realiza y cuando los realiza. Respecto al primer punto, y aunque en primera instancia parece evidente la autoría de las notas, veremos que la cosa está bien lejos de estar clara. En la cubierta de esta traducción se dice más o menos taxativamente que su traductor es Joaquín Hysern y Molleras47. Por otra parte al final de todas las notas insertadas en la traducción se incluye la leyenda N. del T. por Nota del traductor, fórmula que permite al lector distinguir entre las notas originales del manual de Daguerre de las que inserta el traductor. Como la portada nos da a entender dicho que el traductor es Hysern, en primera instancia se llega a la conclusión de que es el autor de las notas. Pero, diversas particularidades hacen dudar de tal conclusión y que una vez analizadas nos llevarán a sospechar, espero que a demostrar, que el autor de estas notas es Pou y Camps y no Hysern y Molleras. El primer motivo para dudar de la autoría de Hysern está en aspectos puramente formales de la redacción de las mismas. El texto traducido está redactado en un castellano ausente de varios modismos y estructuras arcaicas que sí se detectan en las notas, y la lectura de uno y otro texto, nota o traducción, sugiere que se deben a plumas muy distintas. Esto podría achacarse al hecho que no se escribe igual cuando se traduce que cuando se redacta de propia iniciativa, y si sólo fuera por este aspecto poco más se podría decir al respecto. Pero existen más factores que apuntan lejos de Hysern: En varias de las notas de traductor (nota nº1, páginas 85 y 91) se hace referencia a la ejecución del conocido, y tristemente desaparecido, daguerrotipo que se realizara en Madrid el 18 de noviembre de 183948, y en dicha nota el que la redacta habla en primera persona del singular - hice, calculé, etc. - y en los textos de la prensa49 que cuentan algo sobre la ejecución de este daguerrotipo se dice que quienes lo realizan son José María Pou y Camps50, José Camps y Camps (1795 - 1877) y Mariano de la Paz Graells (1808 - 1898). Por ningún lado aparece Hysern. Por si esto fuera poco, el texto que sobre el daguerrotipo incluye Francisco Álvarez en su traducción de 1839 del Tratado elemental de física de Despretz51, texto que se comentará más adelante, está confeccionado directamente con el contenido de esta traducción de Pou y Camps e Hysern. Álvarez copia palabra por palabra pasajes de la traducción y de las notas que en ella se incluyen, eso sí, variando la redacción de las primeras palabras de los comienzos de los párrafos. Dejando de lado el porqué y cómo de esta práctica tan habitual en el siglo XIX, lo que interesa aquí es que allí donde Francisco Álvarez copia un texto de esta traducción que contiene alguna estructura gramatical en primera persona del singular como la que hemos comentado, él la adapta para su texto diciendo "Camps hizo tal o cual cosa", como por ejemplo cuando la nota de la traducción dice (ver p.85 nota 1) ... "se ha hecho en Madrid, hube de esperar siete cuartos de hora para" ... Francisco Álvarez dice (ver. p.16 nota 1): ... "se ha hecho en Madrid, Camps tuvo que esperar siete cuartos de hora" ...; de esta manera Francisco Álvarez arregla el texto en cada caso que en las notas del manual aparece alguna estructura gramatical que denote la acción directa del redactor de las mismas. Está claro que Francisco Álvarez identifica a J.M. Pou y Camps como el que dice cuanto se vierte en las notas y desde luego no identifica a Hysern en ningún caso. Es de suponer que un contemporáneo interesado en el daguerrotipo conocería bien las actividades de Pou y Camps, y gracias a la adaptación de la gramática que hace Álvarez en "su" texto podemos empezar a comprender que el personaje tras las N. del T. es Pou y Camps y no Hysern52. Claro que esto no es decir que la paternidad de todo el asunto se deba sólo a Pou y Camps, pero sí que parten de él y no de Hysern. Hay que tener en cuenta que los experimentos daguerrotípicos de Pou y Camps está realizados por un grupo de personas, los mencionados Paz y Graells, Camps y Camps y el propio Pou y Camps; además las referencias escritas de la época parece que atribuyen a Graells un papel especialmente importante en estos experimentos, aunque Pou y Camps es la persona que siempre aparece como directamente involucrada con estos experimentos53. En este trabajo se citará a Pou y Camps como el autor de las notas, pues yo desde luego pienso que lo es, pero no se debe olvidar la participación de Graells54 en todo este asunto.
Un último detalle que debe ser
comentado al respecto - y tal vez habría que haber empezado por
aquí - es que todo apunta a que Hysern estaba en Francia a lo largo
de 1839, al menos eso se desprende de varias referencias. La breve biografía
que de él incluye El Espasa dice que "En 1839 fue autorizado
a ejercer la medicina en Francia", lo cual no es enteramente claro
y concluyente al respecto de dónde está Hysern en ese año.
Como se comentará más adelante, Hysern es quien manda desde
París el equipo daguerrotípico que usará Pou y Camps
en sus experimentos en noviembre de este año. Aunque la falta
de una biografía más detallada sobre Hysern nos obliga a
especular sobre el asunto, sí parece estar claro que en 1839 no
está en Madrid y por lo tanto no sería quien está
haciendo los daguerrotipos que se comentan en las notas de la traducción
del manual, y por lo tanto no sería tampoco quien las redacta, pues
quien hace los daguerrotipos y quien redacta las notas son una misma persona,
al menos, claro, en principio.
Todos estos detalles apuntan hacia
el hecho de que Hysern está efectivamente en Francia, tal vez en
París, cuando aparece el manual original de Daguerre y bien podría
haberlo traducido él mismo y habérselo mandado a Pou y Camps
a Madrid, supuestamente con el equipo daguerrotípico, o bien que
mientras Pou y Camps anda por Madrid probando el invento con un manual
original, Hysern lo estuviera traduciendo en Francia, y una vez traducido
lo manda a Pou y Camps para que éste se encargue de editarlo (de
allí el "publicado por" de la portada), el cual incluiría
a la edición en forma de notas, los comentarios derivados de su
experiencia práctica y de sus conocimientos técnicos. En
vista de todos los detalles expuestos tal vez lo más sensato sea
considerar esta traducción como un trabajo de colaboración
directa en la labor editorial, siendo Pou y Camps quien edita la traducción
propiamente dicha y el que escribe las notas que se le añaden, y
que Joaquín Hysern sea el que traduce al castellano el texto original
de Daguerre. De ser este el caso, como parece que lo es, todo casaría
perfectamente. En el presente trabajo y a partir de este punto se referirá
a esta traducción como la de Juan María Pou y Camps / Hysern.
Ya se comentó aquí que
el tema de la autoría en el siglo XIX se concebía
de una manera algo diferente que en nuestros tiempos, y aunque sea algo
reiterativo, es necesario insistir en ello para este caso de Pou y Camps
e Hysern, pues en él nos enfrentamos de nuevo a un conflicto derivado
de los diferentes usos que se hacen del lenguaje en nuestros tiempos y
en los del siglo XIX, tiempo éste último en el que la ambigüedad
del lenguaje es especialmente significativa cuando intenta designar particularidades
relativas a la autoría. Bien podía entonces decir Pou y Camps
que suya es la traducción, pues él la saca a la luz editándola
y seguramente que pagándola, intervención que si bien en
la actualidad no daría derecho al editor a pasar por el autor de
los distintos trabajos de edición, véase: escribir, traducir,
dibujar, rotular, etcétera, en el siglo pasado esta transposición
era más que habitual. Es más, en algunos casos de lo que
hoy llamaríamos fusilamiento de textos, eso es: copiarlos y editarlos
como propios, parece que hasta se consideraría en aquel tiempo como
una especie de cortesía al autor; por ejemplo, en el caso del texto
de Álvarez que se ha comentado más arriba, el que copiara
pasajes del libro de Pou y Camps podría interpretarse como una especie
de reconocimiento a su trabajo. En cualquier caso, estas circunstancias
no pueden obviarse a la hora, como en este conflicto de autoría
Pou y Camps - Hysern, de intentar interpretar textos del siglo XIX.
Además del asunto de las atribuciones de paternidad de las notas, interesa dilucidar algo sobre la fecha relativa en que pudo haberse publicado esta traducción del manual de Daguerre. En algunos pasajes concretos del texto de las notas se hacen referencias que sitúan en el tiempo una acción fechada, y en otros se hace referencia a un lapso de tiempo entre el momento de la redacción y una fecha concreta, todo lo cual permite establecer una fecha relativa para el momento de la redacción de las notas. Una vez analizados estos datos se puede deducir el periodo de tiempo total en que se redactan las notas y las fechas más o menos exactas del comienzo y finalización de esta redacción. En un pasaje del manual de Daguerre donde se reproduce el texto del informe que presentara Arago a la Cámara de Diputados el 3 de julio de 1839 este científico hace unas observaciones sobre el futuro del daguerrotipo como medio con posibilidades para desarrollar procedimientos fotomecánicos, Pou y Camps incorpora una nota (p.27, nota 1) en la que hace una larga disquisición sobre la materia y sobre los experimentos que en este campo había hecho ya Donné, dice:
"Y del diorama. Por Daguerre, Luis Santiago Mandé, pintor inventor del diorama, ....
"Con siete láminas. Traducida de la última edición francesa, corregida ... [resto igual que en la portada de la traducción].
"Está imprimiéndose
en casa de D. Ignacio Boix, ...
Así pues este texto, bibliográficamente
hablando es estrictamente una obra de 1840 y no de 1839 como figura en
la portada. El hecho de que figure el 1839 como la fecha de publicación
puede interpretarse como fruto de un interés de darle a la traducción
el carácter que la actualidad del invento requería, y si
bien podrían haber puesto 1840, creo que no lo hacen para no perder
precisamente esa actualidad. Lo que induce a pensar en esta dirección
es el hecho de que bien podrían haber hecho aparecer la traducción
con fecha de 1840 y figurar como la más actualizada, pero la actualidad
estaba en el invento mismo y no en la traducción, por lo tanto debía
de haber algún sentimiento de urgencia en sacar a la luz la traducción
dentro del periodo de máxima atención sobre el invento. Pou
y Camps no parece conseguir su propósito, tal vez por un manifiesto
prurito científico que le llevaría a experimentar al máximo
el invento para no publicar su traducción antes de tener
comprobadas todas las características del daguerrotipo. Lo que es
innegable es que es precisamente en el rigor de sus notas y aportaciones,
así como en su condición de "haber sido el primero en Madrid
que los ha puesto en práctica" donde cifra la validez de su traducción
y seguramente la superioridad de la misma frente a otras que pudieran estar
ya en las librerías. Como veremos más tarde, otros de los
textos fotográficos (Nicolás Arias, Francisco Álvarez)
figuran como de 1839 cuando en realidad, si los cálculos no son
incorrectos, son también de 1840.
La verdad es que no importa demasiado
en sí mismo si un texto es de 1839 o de 1840, pero lo que sí
interesa es el porqué pudo ser importante en la época mantener
el año de 1839 como fecha de publicación de un trabajo sobre
el daguerrotipo. En principio pudiera suponerse alguna concepción
comercial como la causa de que se cometa este pequeño engaño,
pero esto parece improbable tanto por el carácter poco comercial
que parecen tener todas estas traducciones del manual de Daguerre, como
por el hecho de que comercialmente debería ser más interesante
presentar el trabajo con un año lo más reciente posible que
alargara la vida media de la edición, pues tardaría
más en ser considerada una obra desfasada. Años más
tarde son multitud los textos técnicos editados sin fecha de publicación
precisamente por estos motivos. En el caso de la traducción de Pou
y Camps, bien podría ser que se mantuviera el año de 1839
en la portada por el sentido histórico del propio Pou y Camps, el
cual a buen seguro habría sabido reconocer la importancia de su
trabajo en este campo como una obra fundamental en su tiempo y los futuros,
aunque sólo fuera por la aportación que hace con sus importantes
observaciones y novedades al entonces apenas existente campo de la fotografía.
Pocos alcanzarían en España un grado analítico y compendiador
tan alto en el terreno fotográfico como el que despliega aquí
Pou y Camps.
Como ya se dijo, las notas insertadas
en esta traducción son todas especialmente interesantes, y por ello
resulta algo difícil destacar algunas en particular, aunque varias
son en sí mismas especialmente jugosas y relevantes históricamente.
Tal vez la más significativa desde el punto de vista estrictamente
técnico sea aquella (p.93, nota 1) en la que Pou y Camps propone
su método para calcular el tiempo de exposición55.
Sus observaciones en este tema le llevan a desarrollar una propuesta fotométrica
realmente interesante y peculiar, propuesta que transcenderá en
la traducción a las propias notas pues le lleva a diseñar
una lámina (nº VII) en la que explica su "cámara oscura
modificada, dispuesta de manera que puedan medirse en ella las cantidades
relativas de la luz que la envían los objetos" ..., como dice él
mismo en el texto que acompaña y explica dicha lámina. Su
propuesta es altamente original en cuanto a la manera de hacer el cálculo,
y aunque aquí la desarrolla como método específico
para la obtención de daguerrotipos, Pou y Camps se basa en la idea
que ya Arago presentara en su informe en la Cámara de Diputados
donde destaca como una de las características fundamentales del
invento de Daguerre el hecho de que puede ser usado como un instrumento
científico para el estudio de la luz. El argumento que construye
Arago sobre diversas características técnicas y científicas
del daguerrotipo, como el hecho de que la placa daguerrotípica era
sensible a la luz lunar y que tenía una respuesta variable a distintos
colores de la luz, fue una de las que más destacó Arago en
dicho informe para subrayar la importancia del invento de Daguerre no sólo
como un medio gráfico, sino como un instrumento científico
con el cual poder estudiar la luz misma. Tras estas observaciones esta
idea fue la base para que la comunidad científica prestara una especial
atención al invento del daguerrotipo, y desde que el invento fue
hecho público, la ciencia encontraría en la cámara
fotográfica un instrumento fundamental para estudiar un sin fin
de propiedades físicas y químicas. La cámara fotográfica
y su material fotosensible ejercerían en la historia de la ciencia
misma un impacto que sólo la insistencia en estudiar el fenómeno
fotográfico únicamente como un medio gráfico, y además
como un medio de gráfico de expresión, ha ocultado de la
manera más escandalosa una de las vertientes más importantes
de la incorporación de la fotografía en el panorama occidental,
como lo es el hecho de que la fotografía participa muy directamente
de las profundas transformaciones que tienen lugar en la ciencia a lo largo
de toda la segunda mitad del siglo XIX y buena parte del siglo XX, tanto
por la aportación gráfica como por la aportación,
con la cámara misma y con el material fotosensible, de un instrumento
de cálculo y estudio.
Pou y Camps desde luego concebiría
la cámara fotográfica como tal instrumento científico,
y a sus experimentos con ella puede asignárseles un carácter
científico sin detrimento de su carácter foto - artístico;
que la ciencia, el arte y la fotografía van estrechamente de la
mano mucho más de lo que en los tiempos actuales parece quererse
reconocer. En el propio "Prefacio del traductor"56
de esta traducción se hacen extensos argumentos sobre esta dualidad,
y si bien allí se llegará a inclinar el traductor en favor
de considerar la cámara fotográfica como un instrumento científico
y no artístico, en sus argumentos subyace constantemente la idea
intuitiva del propio traductor del enorme valor de la cámara como
instrumento de arte, conflicto bastante característico de la época
y especialmente revelador de la duplicidad que tienen los valores de la
fotografía. En cualquier caso, la aportación fotométrica
de Pou y Camps en esta traducción resulta especialmente reveladora
de la actitud de este científico y artista, o artista científico,
hacia el invento del daguerrotipo.
Todo el asunto del cálculo del
tiempo de exposición interesó sin duda muy especialmente
a Pou y Camps, y es tal vez el tema que más veces le lleva a insertar
notas en su traducción. En una de ellas nos revelará que
él mismo57 ha visto
operar a Daguerre, y tras contarnos algo sobre el método de cálculo
de la exposición que vio usar al eminente descubridor, nos relata
sus consideraciones sobre los dos métodos que Pou y Camps mismo
propone para este importante cálculo, aunque dice que no los ha
"experimentado todavía":
"El consejo que da aquí el autor [se refiere al consejo de Daguerre de repetir una toma si la primera no sale bien como método para ir afinando el cálculo del tiempo de exposición] es sin duda más sencillo y útil que cómodo y agradable. En efecto, nada es más natural que la probabilidad de que si una prueba sale mal, otra salga mejor, si se repite inmediatamente; pero tampoco nada es más desagradable que hacer cinco operaciones sucesivas, delicadas y minuciosas, estar esperando un resultado feliz que no puede verse con toda limpieza sino después de la quinta, para hallarse entonces con que el diseño ha salido defectuoso, y tener que empezar de nuevo toda la serie de operaciones, agregándose todavía otra más si hubiese que operar sobre la misma plancha, a saber, la de borrar la imagen.
"Útil es a la verdad hacer, como lo aconseja el autor, algunas pruebas por vía de ensayo, para adquirir mucho hábito y cierto tino práctico; pero a pesar de todo queda siempre en el procedimiento cierto sello de casualidad que puede burlar alguna vez los cálculos y las esperanzas del más diestro. Hay tantas variedades en la fuerza de la luz que reflejan los objetos sobre la pantalla de la cámara oscura, según las diferentes horas del día, según el estado de la atmósfera, según las latitudes de los países, según los colores de los mismos objetos, y la brillantez o el mate, el pulimento o la escabrosidad de sus periferias, que verdaderamente no hay punto más difícil en todo el procedimiento fotográfico, que deducir por la simple práctica, el tiempo que una plancha ha de estar expuesta en la cámara oscura, para que salga el diseño con toda perfección.
"Nadie, por cierto, podría negarle al señor Daguerre el hábito, el tino práctico para esta operación: pues yo le he visto operando delante de un numeroso concurso, al llegar a la operación de la cámara oscura, mirar bien la claridad del día, que estaba medianamente cubierto y sombrío, y anunciar desde luego que se necesitaría tener la plancha en la cámara de unos 16 a 17 minutos: a pocos instantes vuelve a mirar el día, y dice no se necesitarán más que 15 minutos; luego vuelve a mirar y a pensarlo bien, y anuncia en definitiva que bastarían 13 minutos. En efecto la plancha no estuvo expuesta a la luz más que 13 minutos; se pasó en seguida a las dos últimas operaciones, y el diseño salió con una perfección admirable. Pregunto ahora: si el señor Daguerre se hubiese dejado llevar de su primer impulso y hubiese dejado expuesta la plancha 16 o 17 minutos en lugar de los 13, ¿hubiera salido perfecto el diseño? claro está que no; porque tres o cuatro minutos de más en una operación que no dura sino 13, es una cantidad de consideración, y no podía menos de que las tintas del diseño hubiesen salido demasiado cargadas, y los claros empañados y confusos.
"Sería, pues, de desear que se encontrase medio de poder calcular, si no de una manera fija y precisa, a lo menos con muy corta diferencia, el tiempo que la capa sensible de la plancha ha de estar expuesta a la luz en la cámara oscura, para que salgan bien los diseños.
"El autor declara ingenuamente que es del todo imposible una exactitud absoluta en esta parte de su procedimiento, y tiene razón. Pero yo creo que puede hallarse algún medio de calcular el tiempo necesario, con una aproximación tal, que para los efectos fotográficos del Daguerreotipo equivalga a la exactitud absoluta.
"Si hubiese algún medio de calcular casi con exactitud la cantidad y fuerza, si no absoluta, a lo menos relativa de la luz que envían los objetos a la cámara oscura, en el momento en que se va a poner en ella el bastidor de la plancha, es evidente que cierto número de ensayos preliminares bastarían para calcular con toda la aproximación necesaria, según las circunstancias, el tiempo que sería necesario tener expuesta a la luz esta plancha, para que el diseño saliese con toda perfección, y que esta parte de la operación se podría reducir así a reglas determinadas.
"Para llegar a este fin, yo encuentro dos medios, que si bien no he experimentado todavía, los expondré aquí por la suma importancia del objeto.
"Uno de ellos es indirecto y otro directo. El primero consiste en resolver cual sea la fuerza de la luz que dirigen los objetos a la cámara oscura, por la comparación de esta luz con otra de fuerza ya conocida: el segundo, en examinar directamente la impresión que hace aquella luz en determinadas circunstancias del día, sobre una sustancia muy sensible, y la diversa cantidad de tiempos que necesita dicha luz según las circunstancias dadas, para producir un grado determinado de impresión.
"Para comprender el primer medio, es necesario saber que la fuerza de la luz que despiden dos cuerpos luminosos es proporcional a la fuerza de las sombras de un cuerpo opaco que se oponga a la irradiación de entrambos, o la intercepte, o de dos cuerpos opacos puestos a igual distancia de la pantalla que reciba dichas sombras: así que, dada, por ejemplo, una luz que tenga doble fuerza que otra, producirá una sombra doble más intensa que aquella, en términos que para obtener iguales ambas sombras será preciso, o bien separar la luz más fuerte del cuerpo opaco, o bien alejar de él la sombra más intensa, o bien disminuir la intensidad de la luz, sea directamente, sea interponiendo un cuerpo más o menos opaco, una cortina, por ejemplo, un vidrio de color más o menos oscuro, entre la luz y el cuerpo que da la sombra.
"Este medio es el que me parece más cómodo y más aplicable al Daguerreotipo.
"Se podrá poner
en práctica este medio haciendo una modificación en la cámara
oscura, tal, por ejemplo, como se representa en la lámina VII, fig.
1ª." ....
"En el primer ensayo de los procedimiento del Daguerreotipo que se ha hecho en Madrid, hube de esperar siete cuartos de hora para ver cubierta la superficie de la plancha del paño amarillo de oro, o sea de la capa sensible, con las calidades indispensables para crear la imagen fotogénica. El gabinete donde se hizo esta operación estaba en una temperatura de 14° centígrados; pero la caja se hallaba harto impregnada de iodo, puesto que lo contenía en su cápsula dos días hacía: a cuya prevención me dio lugar el haber tenido que reponer el termómetro que lleva el aparato para azogar la plancha, y que advertí desgraciadamente roto, cuando quise ponerlo en juego. Hasta el tiempo indicado, que se contó reloj en mano, no hubo de aparecer el ioduro amarillo, aunque la cápsula contendría como una onza de iodo; y prueba es que no pasó a más de lo que debía, el haber salido perfectísimamente la sutil miniatura de la vista de paisaje, que se tomó desde la otra parte del Manzanares, hacia al oeste de S. Antonio de la Florida, según así lo reconocieron varios inteligentes y profesores en ciencias naturales y bellas artes.
"Desde entonces el tiempo
lluvioso no ha permitido más experimentos: sin embargo en algunos,
verificados con respecto a la sola ioduración, se ha conseguido
ésta en más o menos tiempo, con el color dorado hermoso que
le es propio, hasta en 14 minutos."
....
"Así, pues, insiguiendo
los mismos principios sentados como base por Daguerre, en el primer ensayo
que se practicó en Madrid, cuando hube de operar el día 18
de noviembre, a las tres y tres y medio minutos de una tarde sombría
y nebulosa, en que estaba cubierta la atmósfera de frecuentes y
harto densos celajes; por manera que los objetos mejor iluminados ofrecían
menos que una media tinta, y quedaban a veces sombreados por las nubes;
calculado todo con la mayor prolijidad, habida razón de la fuerza
del sol y temperatura que producen sus rayos en París y en Madrid
durante los meses más favorables y cuando en aquel clima se necesitan
de tres a cuatro minutos para promover los efectos del Daguerreotipo, durante
las horas más a propósito, y comparado y deducido y aplicado
todo con respecto al clima, temperatura y circunstancias de Madrid y del
referido día 18, se dedujo en último resultado que debería
estar sometida la lámina a la influencia luminosa por espacio de
sesenta minutos. El efecto correspondió exactamente a lo que se
había calculado y varios inteligentes en la materia, entre quienes
contaría con orgullo la primera a S.M., que tuvo la dignación
de aceptar aquel ensayo, por ser el primero que se había hecho,
sino temiese abusar de tan augusto nombre y de su amable cuanto benéfica
condescendencia, aseguraron que en nada desmerecía a los que habían
visto sacados en París y en mejores circunstancias, hasta llegar
a decir que podía competir con aquellos. Cierto apreciable periódico
de esta corte dijo con este motivo, y después de haber hecho mención
de las circunstancias que llevamos enunciadas: "A pesar de estas contrariedades,
admira el efecto del cuadro, que es una miniatura delicadísimamente
acabada, y contiene todos los pormenores, con una verdad, de que sólo
es capaz la misma naturaleza .... Cuantas personas han visto la lámina
han reconocido la exactitud del traslado, y se han asombrado de los maravillosos
efectos del mecanismo del señor Daguerre."
Como todo el mundo sabe, la imagen de la cámara oscura se proyecta en su interior con una inversión completa de direcciones, tanto en sentido vertical como en el horizontal, característica que se corregía en aquel tiempo colocando un pequeño espejo frente al objetivo de manera que la inversión de derecha a izquierda quedara corregida (la vertical se soluciona sin dificultad, simplemente girándola de arriba abajo una vez está realizada la fotografía). Si la imagen del daguerrotipo que nos ocupa está invertida o no es difícil aseverarlo, pues aunque la imagen superviviente es suficientemente clara para que podamos identificar en ella al Palacio Real, no lo es tanto como para que podamos identificar los detalles que nos sirvieran de referencia para identificar si está o no invertida la imagen. Si estuviera invertida correspondería la imagen al emplazamiento del que nos habla Pou y Camps en las notas transcritas más arriba como el usado para la toma del primer daguerrotipo que realiza el 18 de noviembre; si no estuviera invertida, correspondería con una vista realizada más o menos desde al pie del Puente de Segovia, emplazamiento que Pou y Camps no cita. El estudio de la confusa imagen de esta vista que se obtiene del mencionado negativo da pie a pensar de que efectivamente se trata de una imagen tomada desde el Puente de Segovia. Sería lógico que los daguerrotipos de Pou y Camps no estuvieran invertidos, no sólo por su conocimiento del sistema de colocar delante del objetivo un espejo inversor (como lo demuestra su lámina de la cámara oscura - lám. nº IV, fig. 2 - incluida en la traducción), sino porque sería muy extraño que Pou y Camps obtuviera imágenes invertidas y no lo hubiera comentado en sus notas. Efectivamente en ningún momento comenta en sus notas que éste fuera el caso, y bien al contrario alaba la exactitud de sus tomas. Pou y Camps habría conseguido corregir sus tomas utilizando el mencionado recurso del espejo colocado delante del objetivo de manera que se restituyera en la imagen resultante el sentido derecha izquierda natural de la misma y es seguro que hubiera comentado el asunto de la inversión de la imagen en la toma daguerrotípica si pensara que esto era un problema sin resolver, y todo apunta a que, de hecho utilizaba el mencionado espejo corrector y considera que el problema de la inversión de la imagen es algo completamente resuelto. Por todo ello soy de la opinión de que el daguerrotipo de la Facultad de Farmacia no corresponde con el que comenta Pou y Camps en sus notas como el realizado el 18 de noviembre de 1839 y seguramente que tampoco con el segundo daguerrotipo que realizara el 16 de diciembre y del que nos habla en la nota 1 de la página 10960. Pero abandonando aquí este tema de la identificación de tan interesante e histórico daguerrotipo, la toma del día 16 de diciembre le servirá a Pou y Camps para traer a colación en sus notas una serie de observaciones sobre la ioduración y el cálculo de los tiempos de exposición:
"Para nueva confirmación del cálculo que más circunstanciadamente se establece en la nota de la pag. 91, con relación al tiempo que debe estar expuesta a la influencia de la luz la capa sensible, o sea el paño de ioduro de color de oro, para que se reproduzcan debidamente los objetos en la plancha, expondré brevemente el resultado de una nueva operación practicada a las dos y media de la tarde del día 16 de diciembre.
"El día, como
todos los de este mes y aun del pasado, con muy cortas excepciones, había
amanecido sumamente lluvioso; pero como despejase un poco hacia la una
de la tarde a beneficio de un viento oeste bastante fuerte, resolví
hacer un ensayo, a pesar de lo avanzado de la hora, de la tarde nebulosa,
fría y en extremo húmeda. Situado en los altos de san Bernardino,
en compañía del distinguido profesor y amigo mío D.
Mariano Graells, y dirigido el objetivo de la cámara oscura al cuartel
de Guardias de la Real Persona, y vista de Madrid que sigue hacia la puerta
de Foncarral [sic, Fuencarral], se dejó expuesta
la plancha a la influencia de la luz durante el espacio de 95 minutos;
puesto que si bien es verdad que brilló el sol algunos ratos con
la fuerza que es consiguiente a la estación y a la hora, estuvo
sin embargo muchos otros y los más, harto apagado, como era de esperar,
quedando los objetos enteramente sombreados por frecuentes y densas nubes,
que de cuando en cuando barría o acumulaba un viento notablemente
incómodo en aquel punto y en aquella hora, cuando apenas estaría
el termómetro a unos seis grados sobre cero. El resultado salió
con toda perfección y cual hubiera podido en tiempo y horas favorables,
presentando una miniatura delicadísimamente acabada. Es de advertir
que la ioduración sólo había tardado unos 20 minutos."
"La dificultad de sacar retratos de personas vivas por medio del Daguerreotipo, depende principalmente de dos circunstancias: de la inmovilidad absoluta que se requiere en la persona que se retrata, y de la fuerza de luz en que debe ésta permanecer bañada, para que se haga la operación con más o menos prontitud.
"La primera condición es indispensable, para que el retrato salga con toda perfección, y tenga en todas sus partes la limpieza de contornos, y la exactitud, la delicadeza, y la degradación en el claro y oscuro necesarias. Cualquiera alteración un poco prolongada, o repetida en la inmovilidad del sujeto, disminuye, y aun puede llegar a destruir del todo la belleza del retrato; desfigura los contornos, confunde las sombras, empaña los claros, y puede hacer perder hasta la semejanza. Pero esta inmovilidad es harto difícil de guardar por mucho tiempo, y exige una voluntad firme, y una atención continuada, a no ser que el sujeto esté dormido, o absorto en la meditación. Así es, que los primeros retratos que se han obtenido representan sujetos ocupados en la lectura, o en la actitud de dormir. La segunda condición es susceptible de varias modificaciones; porque se puede emplear una luz más o menos débil, o una luz medianamente fuerte, pero difusa, y no tomada directamente del sol, o bien interponer los cristales azules de que habla el Sr. Arago, entre los rayos solares y la cara; en cuyo caso parece que la luz solar directa ha de obrar de un modo análogo a la luz difusa, a lo menos si hemos de juzgar por el efecto que producen en la vista de los anteojos azules de conservación. En todos estos casos se deberá prolongar la inmovilidad y la operación por más tiempo que si el sol bañase de frente y de lleno las facciones de la persona.
"Pero sea lo que fuere
de estas consideraciones, ello es que la cuestión que el sabio académico
anunciaba a la Cámara como todavía problemática, se
ha resuelto ya completamente después. Se han sacado por este método
varios retratos de personas vivas, de los cuales he visto algunos de un
parecido, de una limpieza, de una suavidad inimitable. Los hay de varias
dimensiones, y he visto uno, cuya cara no llegaba a tener el diámetro
de una lenteja. Lo que admira más en estos retratos, dejando aparte
las cualidades referidas, es la actitud, la expresión, que es la
naturaleza misma: y a la verdad no podía ser de otra manera, como
que la naturaleza es el pintor."
Los Tratados elementales de física.
Francisco Álvarez, Nicolás Arias y Pedro Barinaga
Además de las traducciones del
manual de Daguerre, el año 1839 es la fecha de publicación
en España de un par de textos sobre el daguerrotipo y demás
asuntos fotográficos que forman parte de las adiciones que hacen
un par de traductores a ediciones de Tratados elementales de física,
el de C.M. Despretz61 traducido
por Francisco Álvarez, y el de F.S. Beudant62,
traducido por Nicolás Arias. El término "tratado" se utilizaba
en aquel tiempo para designar obras generales que tratan en más
o menos en profundidad y amplitud una disciplina confeccionados expresamente
para la enseñanza de la disciplina tratada. Los dos tratados
de física mencionados incluyen adiciones sobre el daguerrotipo y
fueron obras cuyas versiones originales tuvieron en Francia cierta repercusión
en la enseñanza de la física y allí se convirtieron
en libros de texto clásicos en la enseñanza de esta
disciplina, y a juzgar por la cantidad de ediciones que se publicaron allí
de estos manuales debieron de ser un éxito editorial.
Francisco
Álvarez, traductor del tratado de física de Despretz (1789
- 1863)
Pero centrándonos en la traducción
que hace Francisco Álvarez del Tratado elemental de física
de Despretz, vemos que al final del segundo (y último) volumen de
la misma, precediendo a las 14 láminas desplegables que contiene
y en paginación totalmente independiente, se insertan 43 páginas
de texto encabezadas con el título "Del daguerreotipo." Este texto
es una adición del traductor, y como ya se dijo aquí al tratar
la traducción de Pou y Camps, está confeccionado casi enteramente
con párrafos tomados directamente de la traducción y las
notas de Pou y Camps. Álvarez lo incluye en la edición de
su tratado fuera de los apartados que en el mismo reserva para los textos
que titula como "Adiciones", cada una de las cuales está numerada
y referenciada con su correspondiente apartado del texto original. El texto
"Del daguerreotipo" aparece simplemente intercalado, como imbuido en el
volumen y con paginación independiente, colocado directamente entre
el texto de la traducción y las láminas de la misma, la última
de las cuales (nº 14) pertenece precisamente al texto "Del daguerreotipo."
Esta lámina representa los instrumentos relativos al proceso del
daguerrotipo, y también se puede concluir que está compuesta
con figuras copiadas de la mencionada traducción de Pou y Camps,
pues incluso introduce en la misma aquellas figuras correspondientes a
la lámina VII de aquél que representan la "cámara
oscura modificada"; efectivamente en el texto de Álvarez donde explica
las figuras de "su" lámina dice (página 42-43) que éstas
corresponden a una "cámara oscura modificada, propuesta por Camps."
El texto en sí mismo carece de divisiones formales claras, pero
sí se puede identificar una cierta división temática.
Las primeras cuatro páginas de la adición de Álvarez
corresponden a un relato resumido de las circunstancias que rodean a la
invención así como de algunas particularidades del acuerdo
entre Daguerre y el estado francés, y las siguientes cuatro, hasta
la página 9, a poner en perspectiva el trabajo de Niépce,
todo ello tomado de la traducción de Camps, pero reelaborando la
redacción y colocación de manera más o menos libre.
A partir de esta página 9 se incorpora el apartado de la "descripción
del procedimiento", y desde aquí en adelante Álvarez trae
casi palabra por palabra el texto y notas que al respecto encuentra en
la traducción de Camps.
Todas estas circunstancias establecen
claramente que el texto de Álvarez ha de ser posterior al de Pou
y Camps, el cual a su vez se ha situado aquí como de enero de 1840,
por lo que la fecha de edición que figura en la portada de este
tratado tampoco es auténtico. Todo estaría claro si no fuera
por un anuncio que aparece en El Correo Nacional de 20 de octubre
de 1839 en el que se nos dice que el "Tratado elemental de Física,
escrito en francés por C. Despretz ... Traducido al castellano de
la cuarta edición ... por D. Francisco Álvarez, .... se halla
a la venta en la librería de la viuda e hijos de Calleja" .... A
primera vista también está claro que este anuncio tiene que
ver con el tratado de Álvarez que decimos contiene el texto "Del
daguerreotipo", pues coinciden todos los datos, pero sabemos que esto no
puede ser así, por lo cual sólo cabe pensar que debieron
existir dos versiones de este "tratado ... traducido al castellano de la
cuarta edición", una sin el texto del daguerrotipo y otra, posterior
al 24 de enero, con el texto del daguerrotipo. Es concebible que una vez
impreso y puesto a la venta el tratado no se encuadernara toda la edición
y que se fuera procediendo a la encuadernación a medida que vinieran
los encargos. Esto habría permitido que una vez apareciera (en enero
de 1840) el tratado de física de Beudant que tradujera Nicolás
Arias y que contiene un extenso texto sobre el daguerrotipo, y cuya calidad
y fama seguro que ejercería una importante presión de competencia
sobre el tratado de Álvarez, se hubiera podido insertar en éste
un texto sobre el daguerrotipo elaborado después de tener la edición
completamente impresa. Esto habría permitido aumentar el atractivo
de la edición y colocaría a la traducción de Álvarez
en situación de intentar competir con el mencionado tratado de Beudant
en aparente igualdad de condiciones.
Resultaría difícil de
creer que en el plazo de menos de tres meses, entre octubre de 1839 y enero
de 1840, se efectuaran dos ediciones distintas de esta misma traducción,
máxime si se tiene en cuenta que las tiradas de este tipo de libro
debían de ser en la época especialmente cortas. Lo que no
tiene explicación es que en el referido anuncio del 20 de octubre
se advierte que la traducción que se vende tiene 25 láminas,
cuando la que conocemos tiene sólo catorce, lo cual establece alguna
diferencia entre ambas posibles ediciones, pero esto no es suficiente como
para demostrar que efectivamente existieron dos ediciones diferentes. Sería
interesante comparar diferentes ejemplares de este tratado para comprobar
si a alguno le falta el texto sobre el daguerrotipo así como su
correspondiente lámina.
Las adiciones nº1 a nº25 tratan sobre aspectos directamente relacionados con el texto del tratado y en ellos Arias comenta particularidades de aspectos físicos tan variados como el "Movimiento oscilatorio del péndulo" (adición nº8), la "Salida de un líquido por un orificio" (Adición 13), la "Presión atmosférica [en Madrid]" (Adición 15), el "Espejismo" (Adición 20, 1ª parte), o los "Instrumentos ópticos" (Adición 21 - p.460). Esta adición la trae aquí Arias para añadir (adicionar) el instrumento óptico del daguerrotipo a la lista de los que cita Beudant en su tratado (Libro VI, cap.X, pp. 370 - 374), el cual (recordemos que esta traducción tiene que ver con lo que Beudant edita en 1838) cita el microscopio, el telescopio, el micrómetro, la cámara oscura, la cámara lucida, la linterna mágica, la fantasmagoría, el microscopio solar y el colorigrado de Biot. Arias mismo nos cuenta en esta adición que (p. 460):
A esta interesantísima adición nº 21 confeccionada por Arias siguen en el tratado otras que hacen referencia a diversos aspectos físicos concretos (auroras boreales, pila galvánica, variaciones en la aguja magnética en Madrid) y cerrando este apartado de "Adiciones" propiamente dichas, figura la nº25 titulada "Mejoras en el daguerrotipo" (p.470). Esta adición, al igual que la nº21 está confeccionada con un texto que apareciera en El Correo Nacional, concretamente con el que corresponde con el fragmento que Arias no toma para la adición nº21 del artículo del 9 de septiembre titulado "Explicación del daguerrotipo." Se citan aquí diversos pormenores sobre el uso del "instrumento óptico" para realizar retratos y las dificultades inherentes a esta aplicación, como aspectos relativos al barnizado del daguerrotipo, a la potabilidad del instrumento que ha construido Seguier y otros detalles que indican que:
Esta Memoria sobre el daguerotipo que Arias incluye en este tratado,
está compuesta por una variada "colección" de textos; por
un lado los mismos textos que utilizara en las adiciones nº21 y nº25
que acabamos de mencionar (aunque dispuestos de distinta manera), y por
otro un texto sobre Bayard que también tomará de El Correo
Nacional y una larga "Descripción del daguerotipo."
El extenso artículo sobre Hippolyte Bayard (1801 - 1887) lo toma
Arias de un artículo que publica el mencionado periódico
el 9 de diciembre bajo el título de "Heliografía de Mr. Bayard",
Arias lo resume y reelabora, pero su origen es claro. Originalmente este
artículo de El Correo Nacional corresponde a una traducción,
que suponemos se debe a Pedro Barinaga, del informe que presenta Raoul
Rochette68 en la Academia
de Bellas Artes de París el mes de noviembre de 1839 sobre el invento
de Bayard. El segundo texto titulado "Descripción del daguerotipo"
tampoco aparece en las adiciones propiamente dichas del tratado y corresponde
con una extensa descripción del proceso en que se explican los procederes
para realizar un daguerrotipo a la vez que se describen los aparatos involucrados
(donde se hace con referencias a la lámina mencionada).
El examen detenido de este último texto en que se describe el
modo de operar para obtener un daguerrotipo revela que está elaborado
directamente del manual original de Daguerre, y aunque es una traducción
bastante libre, está claro que se trata efectivamente de la traducción
de los pasajes de Daguerre que tienen que ver con este tema. Comparándolo
con las traducciones de Ochoa, Mata y Pou y Camps/Hysern (que por cierto
también son traducciones bastante libres) pone de relieve que Arias
(o Barinaga) no está aquí usando para elaborar este texto
la traducción de ninguno de ellos, por lo que hemos de concluir
que se está elaborando directamente del manual de Daguerre. En sí
mismo este texto constituye pues una cuarta traducción al castellano
de este manual, fragmentaria o incompleta, pero cuarta versión al
fin y al cabo.
Como ya se ha comentado aquí, esta Memoria sobre el daguerotipo apareció publicada en Madrid como un opúsculo independiente en una versión idéntica a la que contiene el volumen de la traducción de Arias, salvo por el hecho de que a la versión suelta se le añade, lógicamente, una cubierta que no aparece en el volumen de la traducción del tratado. Dicha cubierta nos informa que este opúsculo es la:
Una vez vista la aportación general de estos textos que edita Arias, interesaría poder hacer alguna aproximación a la figura de este personaje, pero en realidad sobre la figura del propio Nicolás se sabe bien poco. En la cubierta de la edición de esta traducción que se vuelve a imprimir en 1841 nos dice que este personaje es "individuo de número de la academia de Ciencias Naturales", se supone que de Madrid (la cubierta de la de 1839 no dice nada al respecto). Poco más sabemos realmente de Arias excepto lo que muy tangencialmente averiguamos en su mencionado opúsculo de 1834 que contiene las adiciones a la quinta edición francesa del tratado de Beudant. Allí nos dice70 que fue discípulo numerario de química y física en el Real Estudio71 que montó el Infante Don Antonio72 (1755 - 1817) y al frente del cual puso a Juan Mieg "para que no sólo cuidase del [laboratorio químico y el gabinete físico], sino instruyese a una escogida parte de la juventud española"73. De su labor como traductor no se conocen más que sus ediciones de los tratados de Beudant y una traducción, también del francés, de 1836 de la conocida autobiografía de Manuel Godoy. Nada más se sabe realmente de Nicolás Arias, aunque las referencias a sus estudios en el Real Estudio químico y físico del Infante Don Antonio, que se supone estarían ubicadas en el Palacio Real, podrían establecer alguna relación de Arias con las actividades científicas que tienen lugar tanto allí como en el gabinete de física que hacia 1834 está montando el Infante don Sebastián (1811 - 1875), actividad en la que es de suponer también estarían relacionados de alguna manera J. Hysern y Molleras (por su calidad de médico personal del Infante don Sebastián), y tal vez incluso Pou y Camps y Eugenio de Ochoa.
Poco más se puede decir sobre
la figura de Nicolás Arias. Su tercera edición del manual
de Beudant verá la luz en 184174,
edición que n cuanto a traducción es exactamente la misma
que venimos comentando de 1839 pero que incluye una nueva revisión
y ampliación de las numerosas adiciones. La adición nº
21 de la edición de 1841 vuelve a corresponder al daguerrotipo y
en ella repite sustancialmente lo mismo que incluyera en la Memoria
sobre el daguerotipo de 1839, aunque ahora aparece el texto de forma
un tanto resumida, incluso omitiendo pasajes enteros como es el caso para
el texto sobre Bayard que incluyera en 1839. Incluye sin embargo una curiosa
introducción en la que hace una interesante discusión sobre
los términos fotográficos mismos proponiendo que además
del término
daguerotipo "que es de suave pronunciación"
se deben usar los términos "fotografía, fotogénico
y heliografía." Como era de esperar el apartado sobre mejoras al
sistema de Daguerre que en 1839 era lógicamente bastante escueto,
en la edición de 1841, que aparece bajo el título de "Descubrimientos
fotográficos", consta de seis páginas interesantísimas,
en que nos habla someramente de muchos detalles relativos a los trabajos
sobre el daguerrotipo de distintos investigadores y fotógrafos75.
No puede pasarse por alto que en estos
textos fotográficos que Nicolás Arias incluye en sus traducciones
del Beudant, hace mención expresa de algún que otro detalle
interesante sobre el diorama el cosmorama y el panorama, llegando a abordar
algo sobre el uso de estos términos, sobre el establecimiento del
Diorama madrileño que dirige su amigo Pablo Cabrero y sobre el cosmorama
de la interesante Galería Topográfica de Madrid.
Todos los textos fotográficos
que incluye Arias en sus traducciones al Beudant son en la actualidad una
fuente importante para apreciar algo sobre el modo en que se difunden en
España los conocimientos fotográficos durante una época
tan temprana, y si bien no conseguimos averiguar cuál es exactamente
la implicación de Nicolás Arias en los acontecimientos fotográficos
de su época, ni su verdadero interés específico en
la fotografía, en su época sus ediciones debieron de ser
sin duda singulares bases para la difusión del conocimiento fotográfico.
Pedro
Higinio Barinaga / El Correo Nacional de Madrid
Como hemos visto, buena parte de lo
que Arias incluye sobre fotografía en su traducción de 1839
lo toma del trabajo de Pedro Barinaga, trabajo y personaje que conviene
abordar para poner de manifiesto algo sobre el que creo que hasta ahora
era totalmente desconocido como persona involucrada en la realidad fotográfica
española de 1839. Poco se sabe de este personaje, aunque algunas
circunstancias nos permitirán asociarle con algunos detalles que
pudieran arrojar algo de luz sobre su vinculación con personajes
implicados en actividades fotográficas madrileñas de 1839.
En principio hemos de recurrir a lo
que nos dice Nicolás Arias en su adición 21 para identificar
a Pedro Barinaga como el que escribe los textos fotográficos que
aparecen en El Correo Nacional de Madrid y que dice usa para confeccionar
sus adiciones. En este periódico aparecen más o menos regularmente
textos fotográficos en una sección del periódico que
se llama "Boletín Científico e Industrial." Este "Boletín"
no sale ni diariamente ni a intervalos enteramente estables, sino que se
inserta cada vez que finaliza alguno de los folletines que se publican
en el periódico, de esta manera la redacción alterna su vocación
de entretener a los lectores con la de ilustrarlos, preocupación
ésta muy en la línea que como veremos sigue la obra conocida
de Pedro Barinaga. En estos "Boletines científicos e industriales"
se dan noticias de lo más variadas, como asuntos de arqueología,
inventos, bellas artes en general y desde el 28 de enero de 1839, de fotografía.
Por lo que nos dice Arias es concebible pensar que cuanto contiene este
boletín sobre fotografía podría estar escrito por
Barinaga, pues sería bastante improbable que en la redacción
contaran con más de una persona capaz de redactar notas sobre un
tema que por entonces es especialmente particular. En cualquier caso, es
posible confirmar que efectivamente Barinaga participa en la redacción
de este Boletín por la existencia de una nota que se inserta en
el "Boletín" del día 4 de noviembre de 1839; al pie de una
noticia relativa a la "Transmisión del calor
radiante" aparece una nota firmada por "P.B.", sin duda Pedro Barinaga.
En los boletines que se han consultado (1839 - 1841, periodo en que este
Boletín se inserta en el periódico) no se vuelve a encontrar
otra nota de este tipo que esté firmada por P.B., en cambio en las
muy escasas notas que sí se insertan en el "Boletín" figurará
la firma de "N. de la R." por Nota de la Redacción, por lo
que no es posible formalmente usar estas notas para seguir la pista de
Pedro Barinaga en este periódico. La fuente de las noticias que
se insertan probablemente son los periódicos franceses, ya que en
muchas de ellas se advierte, si no de dónde las sacan, que son textos
que a su vez fueron redactados y presentados a esta o aquella Academia,
como es por ejemplo el caso de varios de los textos fotográficos
incluidos en este boletín. Debido a ello no sabemos a ciencia cierta
si el interés por el daguerrotipo y los temas afines figuran en
el "Boletín" directamente por el interés particular de Barinaga
o si se trata simplemente que este personaje es el encargado de ser el
traductor - redactor de este boletín76.
Lo que sabemos, a través de los escritos de Arias, que escribe Barinaga en El Correo Nacional son los textos que aparecen los días: 9 de septiembre, "Física. Explicación del daguerrotipo"; 4 de noviembre, "Química. Teoría de los efectos producidos por el daguerrotipo", y el mismo día bajo el mismo epígrafe "Reproducción de las imágenes obtenidas con el daguerrotipo"; y 9 de diciembre, "Física. Heliografía de M. Bayard." Como ya hemos citado varias veces aquí, El Correo Nacional ya había publicado el 28 de enero 1839, yo creo que como resultado del interés de Pedro Barinaga, el artículo que Gaucheraud publicara en La Gazette de France el 5 de ese mismo mes. El 29 de julio del mismo año publica en el "Boletín" una noticia breve bajo el título de "Dibujos fotogénicos" que cuenta algunos pormenores de la exposición de daguerrotipos que hizo Daguerre en la Cámara de diputados francesa. Este acontecimiento tuvo lugar originalmente el 7 de julio77, y a tenor de lo que dice este breve texto de El Correo Nacional, bien podía haber sido redactado tras leer alguna noticia que sobre este hecho se vertió en la prensa parisina, pero su redacción hace pensar que está escrito por alguien que asiste al mismo o por alguien que sigue la pista a los acontecimientos daguerrotípicos en París. Esta última posibilidad sugeriría que la redacción de El Correo Nacional está recibiendo directamente desde París informes sobre las noticias fotográficas, que tiene allí alguien que les manda la información al respecto. Ya hemos relatado que en París están en la época Felipe Monlau, Eugenio de Ochoa, Pedro Mata, y seguramente el mismo Joaquín Hysern y Molleras, y alguno de ellos pudiera ser quien manda a El Correo Nacional parte de la información "científica e industrial." Parte del interesante texto del 29 de julio dice así:
parte principal del cuadro
que representa el grupo de objetos antiguos, conserva un carácter
chermsísimo78, y
no ha perdido en la reproducción ninguno de los méritos que
tiene en la escultura, a pesar de la gran diferencia de tamaño.
...
No obstante es interesante que apenas
se le prestara atención en la parte dedicada a las noticias propiamente
dichas, cosa que está en estrecha sintonía con el carácter
político y localista de estos periódicos. La evidente falta
de espacio que se deriva de la estructura de los periódicos de entonces
que está definida por cuatro únicas páginas, restringiría
mucho el tratamiento que pudieran dar a todo aquello que no fuera de inmediata
atención, noticias que además habían de insertarse
sin trastocar las secciones fijas y los materiales que habían de
insertar para lograr captar lectores. Los folletines y la información
general complementaban las noticias propiamente dichas, y con ellas se
intentaba hacer un periódico más atractivo y vendible. Al
insertar El Correo Nacional un "Boletín científico
e industrial" que inserta textos que dan al periódico un carácter
didáctico y progresista, elevan el valor puramente informativo del
periódico, y en el estrecho margen de sus cuatro páginas
intentan además insertar de vez en cuando alguna que otra ilustración.
Estas ilustraciones ponen a este periódico en sintonía con
la prensa ilustrada que unos años más tarde empezaría
a generalizarse, pues en la década de los treinta y los cuarenta
no es nada habitual que un periódico diario insertara ilustraciones
y desde luego mucho menos habitual es insertar ilustraciones que estuvieran
directamente relacionadas con un texto insertado en el periódico.
Tal es el caso de la ilustración que El Correo Nacional inserta
para conmemorar el primer aniversario de la firma del Convenio de Vergara
en su portada el día 31 de agosto de 1840. En esta fecha transcriben
este convenio decisivo para la firma de la paz de la primera guerra carlista
(1833 - 1839) y a dicha transcripción acompaña un grabado
que representa el conocido "Abrazo de Vergara" en el que los generales
Rafael Maroto y Baldomero Espartero simbolizan la paz firmada en ese convenio.
Otras ilustraciones son crudos y simples dibujos de monumentos destacados
en España que se traen a las páginas del periódico
acompañadas de un texto explicativo, y en los que a menudo
se
descubre alguna conexión informativa del momento, como por ejemplo
es el caso cuando el 2 de mayo de 1840 reproducen un crudo grabado
(firmado por Castelló) del monumento madrileño dedicado a
los Héroes del dos de mayo junto al texto que se inserta
para conmemorar el trigésimo segundo aniversario de los acontecimientos
que se recuerdan aquel día.
La actividad ilustrativa de El Correo
Nacional y el interés por incluir textos fotográficos
en el boletín deben ser considerados como derivados de un mismo
interés y de una misma necesidad. No es difícil adivinar
que los medios de comunicación de entonces que fueran específicamente
conscientes del interés que tenían los medios gráficos,
vieran en la invención del daguerrotipo la aparición de un
método que les permitiría, en cierto modo incluso les prometía,
tener un acceso más sencillo y eficaz a imágenes que verter
en sus páginas, y que lo vieran además como un invento que
prometía la posibilidad de traspasar a sus páginas la imagen
-fotográfica80-
misma. Un sueño del medio periodístico que tardaría
todavía más de cuarenta años en solucionarse enteramente,
pero que le tendría durante todo ese tiempo experimentando, esperando,
probando y desarrollando métodos con los que conseguir la traslación
de imágenes al periódico para que sirvieran a sus fines comerciales
e informativos.
No está enteramente claro cual
es la extensión y relevancia del papel que desempeña Pedro
Barinaga en la redacción de El Correo Nacional, y lo poco
que se sabe sobre este personaje no permite hacer ninguna conjetura al
respecto que nos lleve más allá de lo que ya sabemos, que
no es más que escribió varios textos fotográficos
en el boletín de este periódico. Sólo a través
de su bibliografía podemos llegar a vislumbrar algo de su perfil
como hombre de su tiempo. El carácter más o menos técnico
y didáctico, así como las fechas de las escasas obras que
bajo este nombre aparecen en los ficheros de la Biblioteca Nacional nos
permiten establecer que el autor de las mismas es el mismo Pedro Barinaga
que escribe en El Correo Nacional. Los títulos que figuran
son: Curso de Lengua Italiana81
(1843, Vol. 9 de la "Biblioteca de Educación"), Elementos
de Zoología o historia natural de los animales82
(1843, traducción de la obra de Milne-Edwards y Aquiles Comte),
Curso
de educación para las niñas83
(1844, coautor: Manuel Díaz Ilarraga) Historia de la revolución
de Inglaterra, desde la subida de Carlos I al trono hasta su muerte84
(1847, traducción de la obra de Guizot), y Tratado elemental
de aritmética para uso de las escuelas de instrucción primaria85
(1852).
Exceptuando la traducción del
libro de historia de Guizot, los restantes títulos son eminentemente
libros de texto destinados expresamente a la enseñanza, y tres de
ellos de temas más o menos científico - técnicos.
Ésta es la misma actividad, aunque en otra disciplina, que hemos
visto está desarrollando Nicolás Arias y a su vez la que
gravita sobre el carácter general de los textos del "Boletín
científico e industrial" incluidos en El Correo Nacional.
La coincidencia entre la labor de traductor de Nicolás Arias y la
de Barinaga se pone de relieve además en que ambos hayan traducido
del francés un tratado científico, sobre física Arias
y sobre zoología Barinaga, y además un título histórico,
Arias la autobiografía de Godoy, y Barinaga un título del
eminente Guizot. Todo ello traducido además del mismo idioma. No
es que realmente diga mucho esta coincidencia, pero sí que permite
establecer un mismo contexto profesional entre ambos personajes, contexto
que viene a apoyar la impresión de que ambos se conocen y colaboran
profesionalmente, al menos en el sentido que sugiere el uso que hace Arias
en sus adiciones al Beudant y en su Memoria sobre el daguerotipo
de los textos fotográficos de Barinaga .
Independientemente de lo interesantes
que puedan ser los títulos de Barinaga, poco más dan de sí
como fuentes para deducir el contexto general de su biografía; sin
embargo sus libros presentan un par de detalles que pueden ser la base
para hacer un par de consideraciones especulativas interesantes. El primer
detalle tiene que ver con el hecho de que el libro de Barinaga Curso
de lengua italiana de 1843 es fruto, como él mismo nos dice
en la introducción, de un encargo que le hace la "Junta delegada
del Liceo" (se incluye en una hoja de respeto del libro una línea
impresa en la que se lee: Al Liceo Artístico y Literario de Madrid.
El autor"). Marie-Loup Sougez86
nos cuenta en su Historia de la fotografía ya mencionada,
sobre las actividades del Liceo como "patrocinador" de unos fallidos experimentos
daguerrotípicos que se llevaron a cabo en Madrid por el Duque de
Veragua, Alejandro Oliván y el marqués de Valmar. Resulta
interesante citar la posibilidad que la relación citada entre Barinaga
y El Liceo pudiera sugerir que exista alguna relación entre Barinaga
y el asunto de aquellos experimentos de 1839.
La segunda consideración especulativa,
elucubración necesaria para intentar establecer una posible relación
entre Barinaga y Eugenio de Ochoa y Alberto Lista, se puede hacer en base
a detalles que se encuentran en los libros de Barinaga y se deriva directamente
de lo que sugieren un par de viñetas que contienen. Ya se comentó
aquí algo sobre las viñetas cuando se describían las
coincidencias en el uso de viñetas "de" la revista El Artista
y en las cubiertas del manual original de Daguerre y en la traducción
de Pedro Mata, pero en aquella ocasión se atendía a las viñetas
exclusivamente desde su forma y uso. En aquel planteamiento ya se vio lo
problemático de la interpretación de la inclusión
y uso de las viñetas en el material impreso del siglo XIX, y como
veremos ahora, no lo es menos cuando se intenta interpretar la función
y el significado del contenido iconológico de la imagen que representan
las viñetas. En muchos casos el contenido iconológico es
nulo, como lo suelen ser aquellas viñetas de temas vegetales o geométricos
cuya función no sobrepasa (a primera vista, claro) la función
decorativa. En otros casos el sentido decorativo está complementado
por un valor simbológico y emblemático simple más
o menos claro; como es el caso de viñetas de imágenes de
instrumentos científicos en obras científicas, globos terráqueos
en los de tema geográfico, o el de la clásica conjunción
de la paleta, la escultura, una escuadra junto a una corona de laureles
y un compás para una obra artística o "culta".
Sin embargo en otros casos las viñetas
son más complejas y cumplen una función específicamente
iconológica dentro del libro, una función donde lo decorativo
se complementa con una información gráfica no inmediatamente
aparente y cuya correcta interpretación puede permitirnos hacer
conclusiones más precisas y determinadas. Tal es el caso de un par
de viñetas que se incluyen en títulos de Pedro Barinaga;
en su libro Tratado elemental de aritmética aparece una pequeña
viñeta marcando el final del escueto prólogo de la obra,
representa un joven muchacho tumbado en el campo, que sujetándose
la cabeza con la mano derecha, examina un libro abierto en la actitud de
leerlo atentamente, y a sus pies un sombrero elegante yace boca arriba
dando a la escena un ambiente de relajo y tranquilidad. En la portada del
libro Curso de educación para las niñas87
se incluye una viñeta en la que vemos, sentada en un banco a la
sombra de un arbolillo de un jardín, a una señora que sostiene
en una mano un libro abierto y que con la mirada y la mano derecha hace
ademanes de estar dirigiéndose con vehemencia a un reducido grupo
de niñas y niños, los cuales a su vez dan muestras de estar
prestando atención a la señora, todo bajo la atenta mirada
de un perro con su cachorro para sugerir el ámbito doméstico
de esta escena de jardín. Lo interesante de estas viñetas
es que representen ambas escenas de "tema pedagógico", un niño
estudiando y a una madre - maestra enseñando a un grupo de pequeños,
ambas escenas dispuestas al aire libre. Todo ello recuerda poderosamente
los conceptos pedagógicos que defendía (y aplicaba) Alberto
Lista relativos a las ventajas de enseñar al aire libre, y que frecuentemente
debieron de ser consideradas como excentricidades y "moderneces" poco acordes
con las costumbres pedagógicas establecidas de la época (doctrinas
revolucionarias dirían de lo que enseñaba y propagaba
Lista88). Estas prácticas
las menciona en varias ocasiones en sus escritos Eugenio Ochoa cuando recuerda
sus tiempos de alumno del colegio de San Mateo que dirigía el propio
Alberto Lista.
Toda esta elucubración sobre
las viñetas para sugerir la circunstancial posibilidad de que Pedro
Barinaga hubiera sido alumno de Alberto Lista y que puede estar observando
en los libros que hace para la enseñanza las orientaciones pedagógicas
del propio Lista. Si este fuera el caso es posible que juzgara oportuno
manifestar, representar tácitamente, esta orientación con
la inclusión en sus libros de viñetas alusivas a las prácticas
características de los postulados pedagógicos de su maestro,
como lo son la de impartir enseñanzas y estudiar al aire libre a
que hacen alusión las mencionadas viñetas. Esta relación
de Barinaga con Lista le podría poner en relación también
con Eugenio de Ochoa, quien ya hemos comentado fue alumno de Lista. Todo
un tanto especulativo, bien es cierto, pero la figura de Pedro Barinaga
y su actividad en torno a la fotografía han estado hasta la fecha
en la más profunda oscuridad, y si aquí se han vertido algunos
detalles sobre ella, poco hacen para sacarla de las tinieblas; así
que cualquier pista puede ser buena para intentar añadir datos sobre
este interesante personaje, que sin duda debe ser incluido a la lista de
los que merecen nuestro reconocimiento y atención.
E. de L. "Photógrapho y
pintor"
No obstante, en el año 1846
irrumpe en el panorama editorial español un título que vendrá
a romper, momentáneamente, esta tendencia y establece un verdadero
punto de partida editorial de la actividad fotográfica como fenómeno
práctico en España. Eduardo de León y Rico - "E.
de L." - publica su libro El daguerreotipo. Manual para aprender
por sí sólo tan precioso arte ..., una obra que sin duda
es el fruto de una larga y contrastada experiencia fotográfica práctica.
Al compartir E. de L. sus experiencias, observaciones y conocimientos en
este libro, abre un camino importante en la difusión de la fotografía
práctica y de los conocimientos técnicos de su momento.
Este manual es especialmente particular en el panorama de la bibliografía fotográfica temprana precisamente por estar escrito por un fotógrafo practicante que explica las cosas desde la experiencia concreta y desde el conocimiento contrastado y aplicado. No es este manual un tratado fotográfico en cuanto que explique con profundidad los conocimientos sobre la materia en la época, pero sí es un compendio de los distintos tipos de fotografía más importantes que existen en 1846, pues dedicará a prácticamente cada uno de ellos algún comentario sobre su comportamiento y sus resultados. Uno no debe engañarse por el término con que E. de L. encabeza el título de su manual, pues el término daguerrotipo tiene en la época un significado algo más amplio (y en ocasiones confuso) que en la actualidad, pues en aquel tiempo equivale en buena manera a lo que hoy denominaríamos fotografía. Efectivamente veremos que en el manual E. de L. discute diversos pormenores fotográficos además del estrictamente daguerrotípico, aunque como era de esperar por la fecha, el mayor peso específico del libro se dedica del proceso daguerrotípico propiamente dicho.
Eduardo de León y Rico es muy
consciente del valor que tiene en su texto el que esté derivado
de la experiencia y en varias ocasiones hace especial mención e
hincapié en este hecho, todo lo cual pone de relieve un detalle
muy relevante; concretamente que considera su manual como un directo competidor
en España del manual de Daguerre y de aquellos manuales sobre el
daguerrotipo que se producen en Francia. No es difícil entender
precisamente de la insistencia de E. de L. en este punto que en su tiempo
los manuales existentes hasta entonces, y que son ni más ni menos
que las traducciones del manual de Daguerre que hemos venido comentando
aquí, se debían considerar como instrucciones enredosas y
de difícil uso práctico. Efectivamente el manual de Daguerre
era un texto que si bien describe cómo hacer un daguerrotipo, no
lo hace en términos que faciliten mucho la labor a aquel que no
tuviera ya una cierta experiencia en el manejo de sustancias químicas
y en el uso de aparatos más o menos técnicos. En manos de
científicos y de personas habituadas al manejo de los preceptos
químicos y físicos, el manual podía fácilmente
servir como base y orientación para que éstos realizaran
daguerrotipos, pero para artistas y personas legas en estas materias que
quisieran manejar el invento, el manual no resultaba siempre claro y sería
fuente de más de una incertidumbre práctica. No hay que olvidar
que Daguerre se ve obligado a presentar este manual como parte del acuerdo
que tiene con el estado francés, y debe ser el vehículo público
con el que desvela su secreto, y por tanto cuando lo redacta, o se lo redactan,
todo lo explica como si fuera muy fácil y claro, y allí donde
existiera un paso problemático o algo inconsistente pasa de puntillas
como si tal dificultad o variable no existiera. En definitiva, el manual
no es exactamente una herramienta especialmente clara en que las dificultades
propias del proceso se analicen en profundidad.
Sin duda todo ello debió de
ser fuente de amplias frustraciones para quien con la sola base del entusiasmo,
los aparatos y el manual de Daguerre, se dispusiera a intentar obtener
daguerrotipos89. No extraña
pues que las primeras referencias a la ejecución de daguerrotipos
que tenemos en España tengan que ver con experiencias hechas por
médicos y entendidos en física y química, y que todo
el desarrollo inicial de la fotografía se realizara fundamentalmente
desde este medio profesional. Todas estas circunstancias debieron construir
una concepción general de que si bien el invento da resultados espectaculares,
el realizarlos estaba fuera del alcance de los mortales, poco más
o menos. E. de L. consciente de este hecho debió de estimar que
su libro escrito desde una experiencia práctica podía salvar
el abismo que separaba a los que sí entendían el manual y
los que no, o sea, que podía hacer más accesible el daguerrotipo
a todos cuantos sintieran que querían y podían permitirse
poner a prueba el invento.
El autor nos cuenta en la portada misma del libro lo siguiente:
"Al dar cima a mi pequeña
obrita, creo haber conseguido por lo mismo un ahorro de tiempo y de gasto
a los amantes de este arte en España y de haber adelantado algunas
necesarias y curiosas observaciones, propias de la experiencia en las pruebas
que he hecho y en que he creído llegar a la perfección que
tiene hoy; sólo deseo en ello la buena sanción del público
y esta será la mejor recompensa a mi trabajo."
E. de L. divide su manual "para mejor orden" en cinco grandes apartados:
[Pp. 8 - 36] 2º - Colección de fórmulas para hacer por sí toda clase de líquidos y productos necesarios para sus diversas operaciones.
[Pp. 37 - 43] 3º - Explicación detallada para conocer bien la máquina y demás útiles necesarios antes de operar.
[Pp. 44 - 74] 4º - Sistema práctico-explicativo de toda la operación en general.
[Pp. 75 - 80] 5º - Grabado, dorado, plateado y reproducción de imágenes daguerrienses y otros apuntes curiosos.
Tras la breve "Primera parte" en que
nos cuenta muy sucintamente en un par de páginas algo sobre el descubrimiento
y características generales del daguerrotipo que desarrollaran dice
"Mr. Daguerre y Mr. Niépce", el autor entra de lleno en la "Segunda
parte" titulada "Fórmulas para componer todos los líquidos
necesarios a la fotografía y demás ingredientes accesorios".
En una breve introducción a esta parte relata los nombres
más importantes que considera que han contribuido al desarrollo
del invento en los últimos años: Chevalier, Gaudin y Lerebours
por sus "ingeniosísimas y admirables máquinas", Seguier,
Brebison y Fucautt (sic, Foucault) "con sus mejoras en el yoduraje", Claudet
"con su ventajosa combinación de cloro y yodo, principio de todas
las sustancias aceleratrices" que dice abre la puerta al retrato fotográfico,
Fizeau por su "bellísimo fijamiento de la imagen por el cloruro
de oro", todos los cuales han "elevado el arte fotográfico o daguerreotípico
a una altura, a que indudablemente no hubiera llegado Daguerre en mucho
tiempo". Pero el objetivo de esta parte del manual no es describir acontecimientos
históricos ni "llenar con frases vanas(,) los estrechos límites
de este manual estrictamente ceñido a conducir como por la mano,
al mejor resultado en las operaciones al aficionado de tan precioso arte"
..., y por lo tanto zanja rápidamente este asunto y pasa a desarrollar
la "colección de fórmulas".
Efectivamente esta "Segunda parte" está compuesta por multitud de lo que él llama fórmulas, pero que en realidad son algo más que eso, pues cada apartado en que describe cada una de ellas está compuesto de varios párrafos en los que no sólo cita los ingredientes y proporciones de la fórmula, sino que describe cómo preparar "los líquidos y demás ingredientes accesorios" y en algunos casos el modo de operar con ellos y los resultados que se obtienen. Una rápida ojeada a las fórmulas que incluye y la forma que tiene de disponerlas en esta segunda parte pone de manifiesto la orientación general del manual así como el grado de precisión y variedad de los métodos que propone a diferentes pasos del proceso daguerrotípico. Los apartados son los siguientes:
[P. 9] Preparación de los polvos de pulir.
[p. 11] Sustancias aceleratrices:
[p.30] Papeles fotogénicos.
La "Tercera parte" del manual se dedica
a la "Explicación detallada para conocer bien la máquina
y demás útiles necesarios para operar." En siete páginas
despacha
la descripción de cada uno de los aparatos necesarios indicando
en cada punto en qué consiste y cuales son las funciones básicas
de las partes que las componen, y en cada caso advierte muy acertadamente
qué condiciones fundamentales han de cumplir los aparatos para que
los resultados fotográficos sean perfectos. No incluye ningún
tipo de ilustración descriptiva de los aparatos y sus indicaciones
escasamente valdrían para construirlos uno mismo, en cambio dirige
a los lectores a los fabricantes de aparatos daguerrotípicos Chevalier,
Gaudin o Lerebours como los que producen los instrumentos más apropiados.
La "Cuarta parte" del manual, tal vez la más interesante de todas para el lector contemporáneo, es la dedicada al "sistema práctico-explicativo de toda la operación en general." El propio autor nos cuenta sobre este sistema (p. 44):
En la introducción de esta "Cuarta parte" del manual, E. de L. sigue contándonos:
Esta preocupación estética
del autor es una constante en el manual y revela a un fotógrafo
decididamente empeñado en alcanzar un grado de excelencia estética
en las pruebas que realiza. A tenor de lo que va diciendo en el texto se
adivina que el retrato fotográfico es el tema gráfico que
más le interesa, al menos es al que hace referencia implícita
o explícitamente en la mayoría de las ocasiones, detalle
del que se deriva la posibilidad de que E. de L. dispusiera de algún
gabinete de retratos o que hubiera trabajado en alguno de los que existían
en algún punto de Europa. Nada se sabe de su actividad en Madrid,
y es improbable que su experiencia la adquiriera en esta ciudad precisamente
en un gabinete de retratos, pues en Madrid no parece que se montara uno
hasta 184690, pero sobre
el particular no se puede llegar a ninguna conclusión definitiva.
Lo que sí queda claro con el texto de este manual es que su autor es un experimentado retratista fotográfico, y es en su descripción de la "tercera operación: Colocación del modelo y cámara oscura" donde se explaya sobre las particularidades de esta disciplina y donde tal vez mejor apreciemos el cuidado que decimos tiene E. de L. de hacer observar a sus lectores que el aspecto estético del resultado es tan importante de resolver como lo es resolver las dificultades técnicas mismas. Es éste un extraordinario texto cargado del sabor de la época y una particularmente interesante fuente original que nos permite vislumbrar el modo de pensar y razonar de un fotógrafo de gabinete de retratos y el modo en que establece una estrecha relación entre la práctica y su estética.
"Después de preparado ya así todo lo necesario, se pasa a colocar el modelo o a buscar el más bello punto, si es vista.
"Incesantemente debe estarse retando el modelo para una inmovilidad perfecta, pues el más mínimo descuido o distracción de él, sería funesto para la copia; ... y lo mismo, y aun más funesto y cuidadoso puede ser con los ojos, por tener algún rato la vista en un lado, y luego poco a poco en otro, o tal vez, que es lo que más sucede, abrirlos mucho al principio y acabar por casi cerrarlos; éste es el mayor mal en los retratos, así hay muy pocos fotógrafos, que saquen los ojos puros: yo los he logrado purísimos, y con las líneas de los párpados grabadas con fuerza sobre la plancha y hasta las pestañas también; siendo así, que no he privado a ningún modelo que pestañee, todo al contrario debe hacerlo, pues así, no cansando la vista, no los va cerrando, que es lo fatal para ellos: y sólo sí se les exigirá mirar ni quitar la vista a un punto dado.
"Pasaremos a hablar de la colocación: ésta es la más cuidadosa del artista; en ella se ven sus conocimientos de dibujo, o su buen gusto e inteligencia."
"Húyase siempre de esas posturas forzadas; ... la cara no debe estar alzada, debe caer más bien un poco, y de ningún modo de frente a la máquina; ladéese un poco hacia el lado contrario a donde dé la luz, que se estudiará perfectamente, ... el cuerpo debe estar ya de un lado, ya de otro en la silla y las piernas igualmente en la misma dirección, puesto que si estuvieran de frente a la máquina, habría muy fuertes escorzos que harían destruir la severidad del buen dibujo, pues éstos son los que peor da la cámara oscura. Lo mismo diremos del cuerpo y vientre si se saca hacia afuera, porque daría feísima postura; ...
"Nada más bello
que poder colocar al rededor del sujeto objetos de arte o sus ropas, pero
esto debe ser hecho con suma gracia y sencillez, pues haría feísimo
si fuere pesado o numerosos los adornos." ...
"Los velos o mantillas pocas veces se arreglan bien, pero si se logra ponerla de manera que se vea luz al través de ella o el objeto sobre que posa, será de un precioso efecto.
"Los sombreros y gorras deben levantarse un poco de la frente, para que no hagan sombra sobre la cara, pues aunque a la simple vista parezca que no, cuando se mire por la cámara se verá todo lo contrario ... pero generalmente está la cabeza muy bien sin nada, o cuando más, con un sombrero redondo o gorrita graciosa.
"Con los de señora es dificilísimo, si no imposible, lograr que no hagan sombra, por eso debe huirse de ello.
"Del pelo y de la barba es de lo que también debe el fotógrafo tener sumo cuidado y sumo estudio; los pelos muy lustrosos y atusados, como los muy desordenados, son a su vez malísimos de copiar, y así se debe hacer componerlos al modelo en un término medio.
"La barba debe procurarse
que no toque ningún cuerpo negro como el corbatín u otra
cosa, pues en este caso produciría una confusión de muy mal
efecto."
"Los edificios vistos
de frente, no tienen tan buen efecto como los mirados por un ángulo,
particularmente si hay en ellos torres, pues en este caso se ve más
número de ellas; no hay tanta monotonía, y las líneas
que se proyectan, marchan del cuadro a dentro, con un efecto arquitectónico
admirable: el foco debe ponerse del objeto que más interese sacar,
o al fondo de la vista."
"Si la imagen es pesada en un lado del pecho, o en un brazo, o en una mano, entonces es porque ha sido escorzada aquella parte, y por consiguiente más cerca del objetivo que las otras."
En cualquier caso apenas han llegado
noticias hasta nosotros de este curioso autor fotográfico, y por
desgracia no conocemos ni una sola fotografía suya. De su obra gráfica
sólo se conoce una litografía (y en ningún lado aparece
como "pintor") y del registro bibliográfico de este enigmático
personaje sólo se conocen, además de su manual, un par91
de títulos. En 1844 publica la Guía pintoresca-descriptiva
del Real Sitio de Aranjuez92,
obra que si bien en sí misma no carece de interés, apenas
nos aporta dato alguno sobre el autor. Una segunda obra, un breve folleto
de 16 páginas, Croquis topográfico - científico,
monumental y artístico, comercial e industrial de Madrid93,
de 1874 por "E. de León" en cambio sí contiene una serie
de datos interesantes. En primera instancia hemos de considerar que la
gran cantidad de años (28) transcurridos entre la publicación
de este folleto y la del manual, pudiera indicar que el autor de este folleto
podría no ser nuestro E. de L., sin embargo el folleto mismo incluye
una serie de detalles que nos permiten identificar éste como su
autor. La firma que figura en el ejemplar examinado lee "Eduardo de León"
y en el apartado de este folleto en que se enumeran los establecimientos
de Madrid dedicados a los "Productos químicos" figura el establecimiento
del propio E. de León como de "E. de León y R. fabricante
premiado de productos químicos, de sosa, jabones, licores y aceites
mejorados" .... Todo esto unido al hecho de que Eduardo de León
y Rico se interesa (al menos desde 1850, como luego veremos) por los "croquis
topográficos" de Madrid, y que ya en 1844 E. de L. ha publicado
una "Guía" (la mencionada de Aranjuez), nos permite aceptar y defender
que efectivamente el autor de este folleto es la misma persona que escribe
el manual fotográfico.
En la portada de este folleto figura
el sello en seco del autor que lee: "E. de León. Director Químico
Industrial de diversas empresas. Premiado en varias exposiciones. Propietario
de las Minas Baños Minerales y Fábrica La Albanesa El Fénix
y Beau Soleil en Madrid - Toledo y Burdeos." La colocación circular
del texto sin la inclusión de puntuación alguna dificulta
su lectura y no resulta fácil saber exactamente el nombre de la
mina o de las empresas de las que es propietario E. de León. No
obstante lo que nos interesa es el hecho de que este sello junto a la información
que contienen el propio folleto son las únicas fuentes de información
más o menos biográficas que hasta ahora se han encontrado
sobre Eduardo de León y Rico. Veintiocho años de diferencia
entre este folleto y el manual de fotografía es mucho tiempo como
para establecer entre las correspondientes actividades una correlación
directa, pero en cualquier caso nos pone en perspectiva una actividad profesional
(química) del personaje en 1874 que está relacionada con
su actividad de 1846 (fotografía). Este Croquis topográfico
- científico es una obra de cierto interés histórico,
el propio autor describe en la portada que "Comprende esta utilísima
guía, cuanto puede necesitar saber el hombre de negocios o el viajero,
para poderse conducir fácil y provechosamente por la villa y encontrar
lo que necesite. También le acompaña un planito de
Madrid hecho de manera especial y nueva".... Lo que nos interesa aquí
especialmente es el hecho de que esta obra incluya un "planito" de Madrid.
Este plano consiste en un curioso mapa de Madrid (impreso litográficamente)
que se divide por sectores definidos por cuadrículas que servirá
para la localización de los distintos lugares descritos en esta
pequeña guía de Madrid. Interesa este "planito" por la relación
que permite establecer con la actividad de Eduardo de León y Rico
en 1851, año en que produce y publica la litografía que se
ha mencionado es la única obra gráfica de E. de L. que ha
llegado hasta nosotros.
En 1851 Eduardo de León y Rico efectivamente edita una litografía que corresponde con una vista aérea de Madrid que no está enteramente desvinculada de su relación con la fotografía. Esta litografía se anuncia desde el 9 de febrero de 1851 como primera entrega de la serie de litografías que había de llamarse "España panorámica". En principio nunca se llevó a cabo la serie, y sólo se llegó a imprimir la primera litografía94 de la misma como muestra que sirviera para dar una idea precisa de la naturaleza de las imágenes que se pretendían realizar. Esta litografía estuvo expuesta en diversas librerías de Madrid, como podemos averiguar por el anuncio que se hace de ella en el periódico de Madrid El Clamor Público del 27 de febrero de 1851:
"La primera lámina, que es la lámina de Madrid, figurando ser tomada desde un globo sobre su centro, es de un precioso efecto, pues en ella se ven sus principales calles, monumentos, paseos y jardines.
"Todo cuanto se pudiera
decir de esta lámina y de la de Aranjuez, que la seguirá
muy en breve, lo podrá hallar mejor explicado el que guste suscribirse
o comprarla, con ver esta primera lámina y leer los prospectos en
casa de Monier, de Bailly-Bailliere, calle del Príncipe; Bonat,
Puerta del Sol; Sala, calle Toledo, y en otros varios puntos desde donde
se halla expuesta al público" ...
Lo que relaciona esta litografía
de E. de León y Rico con la fotografía es que la publicación
de la misma coincide, en el espacio de escasas semanas, con las fechas
en que Charles Clifford (1819 - 1863) está elevándose en
globo en Madrid95 (enero
de 1851) con una cámara fotográfica, lo cual junto al hecho
de que ambos son fotógrafos que están interesados en realizar
vistas aéreas de Madrid, nos permite conjeturar que la litografía
de Eduardo de León y Rico pudiera estar basada o derivada precisamente
de la actividad aerostática del fotógrafo inglés
Charles Clifford (y acompañante), y en mayor o menor medida pudiera
tener que ver con el "panorama" de Madrid que el propio Clifford había
anunciado iba a tomar desde su globo con su cámara fotográfica
durante su ascensión del 12 de enero de 1851. Si bien el propio
Clifford contó que no pudo realizar el proyectado panorama durante
aquella ascensión, nada impide suponer que hubieran realizado en
estas fechas otras ascensiones para realizar el panorama que no pudieron
tomar el día 12 de enero.
Por otro lado, la sorprendente similitud
y paralelo gráfico existente entre esta litografía y las
que Alfred Guesdon96 (1808
- 1876) publica periódicamente en La Illustration, Journal Universel
de París desde 1853 (hasta 1866), y con aquellas que publica también
desde 1853 este mismo litógrafo y arquitecto francés con
el título L'Espagne a vol d'oiseau, nos llevan a considerar
formalmente la conjetura de que el acompañante de Charles Clifford
en sus ascensiones aerostáticas fuera precisamente Alfred Guesdon,
conjetura que se deriva directamente del hecho de que en varias ocasiones
la grafía del constantemente variable nombre de aquel acompañante
se presenta como un nombre extraordinariamente similar al de Guesdon97;
todo lo cual unido al hecho de que la perspectiva y la composición,
así como el detalle y tipo de precisión, de estas imágenes
(las de Guesdon y la de E. de L.) son muy poco frecuentes en las litografías
de su época y que marcan con absoluta claridad una manera muy concreta
y específica de levantar imágenes aéreas de
una ciudad, genera un conjunto de coincidencias que permite fundamentar
con datos positivos nuestras sospechas. Pero claro son sólo sospechas
por mucho que se fundamenten en datos, pero la importancia de la obra de
E. de L. nos obliga a encontrar relaciones como ésta entre él,
Charles Clifford y Alfred Guesdon que puedan siquiera arrojar un poco de
luz en el, por otro lado tan oscuro, contexto en que E. de L. pudo desarrollar
su actividad profesional y fotográfica.
Los textos fotográficos de primera
época son algo más que anécdotas históricas
y algo más que meras fuentes con las que reconstruir la narrativa
y la cronología de unos hechos concretos. Lo más importante
que aportan, y tal vez lo más difícil de descubrir en ellos,
es la visión que en la época se tenía sobre el invento
y sobré qué se esperaba de él. Cada uno de estos textos
nos abre la posibilidad de apreciar la visión con que cada autor
y su inmediato contexto entendían el invento de la fotografía;
el conjunto de ellos es el que nos brinda el medio con el que intentar
descubrir y estimar las formas más o menos precisas con las que
su contexto histórico general entendió qué era y qué
significaba el invento del daguerrotipo. Es muy conveniente intentar concebir
cómo fue considerada la fotografía en aquella época
para poder entender cómo y porqué evoluciona a lo largo del
tiempo esta concepción sobre la fotografía y la fotografía
misma. El conjunto de los textos que fueron escritos durante la primera
época son fundamentales para construir una idea al respecto, y los
que se han traído aquí constituyen sólo un fragmento
fundamental del catálogo total de los textos que se produjeron en
la escena fotográfica temprana.
En principio los textos que aquí
se han traído no parecen indicar que este camino tuviera en España
una trayectoria demasiado diferente a la que traza en el resto del mundo,
al menos no muy distinto de lo que fue en países que no fueran Francia,
Inglaterra, la esfera alemana, y los Estados Unidos de América,
lugares en los que la fotografía encontraría una acogida
y un desarrollo especialmente significativo, cosa lógica por otra
parte si se considera que son países que o están en plena
expansión o tienen una tradición y trayectoria especialmente
proclive hacia la absorción de los inventos técnicos para
que entren a formar parte activa de su desarrollo.
En cualquier caso, la fotografía
sí llegará a germinar en España. Por un lado se manifiesta
como un medio que pasivamente se va incorporando con las transformaciones
técnicas y fenomenológicas que define el propio desarrollo
del medio fotográfico europeo, pero sin participar en este desarrollo
de una manera activa. Por otro genera personajes de una estatura y capacidad
fotográfica, técnica y artísticamente, cuyo trabajo
les significa muy por encima del medio general en el que operaran. Éste
es un fenómeno, una dualidad, muy interesante que sólo un
estudio más atento de la historia fotográfica española
pondrá de manifiesto en todo su significado e importancia.
Resulta muy difícil despejar
las importantes incógnitas con la visión tan fragmentaria
como la que tenemos de la historia de la fotografía española
en la actualidad, fragmentación que se agrava por la actualmente
tan persistente y tan generalizada actitud de desestimar el estudio de
la fotografía como un medio propio y complejo, y verlo únicamente
desde los postulados estéticos propios del entendimiento de la realidad
actual. Postulados que con demasiada frecuencia desestiman la riqueza y
significado de la fotografía argumentando que todo cuanto no tiene
que ver con el aspecto creador mismo del fotógrafo, es de índole
o interés técnico. Reducción difícil
de aceptar por muy cómoda que resulte.
En cualquier caso, los textos que se
han traído a este trabajo nos permiten apreciar un momento en que
todavía no habían tenido lugar las escisiones que experimentaría
la fotografía a lo largo de su propia evolución y a lo largo
de la evolución que los conceptos mismos sufrirían a lo largo
de ya más de ciento cincuenta años. Este momento todavía
permite ver como conviven en cierta armonía las ideas sobre la fotografía
como algo relativo al desarrollo de los medios gráficos mismos,
tanto desde su vertiente científica como reproductora. Retratistas,
artistas, científicos e impresores comparten durante los primeros
años una misma realidad fotográfica y cada uno de ellos concibe
el medio fotográfico como una misma cosa, como algo que entra en
sus esferas de interés para aportarle algo, y sólo lentamente
cada uno de ellos irá desarrollando sus propias aplicaciones y sus
propias necesidades, y aunque con el tiempo se irán estableciendo
algunos puntos de contacto entre los distintos caminos fotográficos,
llegará un momento en que parezca que llevan caminos independientes,
separados y totalmente desconectados.
Muchos de estos distintos caminos se
desestiman y no se considera, al menos no generalmente, que formen parte
de la historia de la fotografía misma. Uno de los más importantes
caminos que se desestima sistemáticamente es por el que transita
el medio fotográfico para el desarrollo de imágenes impresas
en tinta y que corresponde con lo que viene en llamarse la fotomecánica.
El daguerrotipo sería considerado desde su aparición como
una técnica moderna y prometedora que aportaría un paso adelante
en el desarrollo de los medios gráficos impresos. No hay más
que prestar atención a los temas que se tratan en los textos originales
relativos al daguerrotipo durante sus primeros años de existencia
para comprobar que efectivamente se esperaba de este proceso una contribución
importante en esta materia y que participara de lo que se esperaba de la
tecnología misma, eso es, que las cosas se hicieran mejor y con
más facilidad. Es más si se mira con mucha atención
los elementos que subyacen en buena parte de las realidades prefotográficas,
sobre todo en la actividad del propio Niépce, es posible considerar
que la búsqueda de un sistema fotomecánico en el que no interviniera
la mano para realizar el dibujo, tendría una intervención
decisiva en generar las circunstancias desde las que fue posible el desarrollo
de la propia invención del daguerrotipo. El daguerrotipo como sistema
técnico
a menudo es desestimado como algo secundario en el desarrollo de los métodos
de producción de imágenes en múltiple, fueran éstas
en tinta o en papel argéntico; incluso se ha desestimado en base
a su incapacidad de generar imágenes en múltiple como un
sistema que participa del desarrollo de la fotografía misma.
Los distintos textos de la época
sugieren que el método daguerrotípico se vinculaba muy estrechamente
con sus posibilidades como medio para obtener imágenes precisamente
en múltiple, máxime por sus evidentes relaciones formales,
aunque sólo fuera por estar constituido el daguerrotipo por una
plancha metálica, característica que por sí sola establecía
en su tiempo la base para considerar la gran afinidad del proceso daguerrotípico
con los sistemas de grabado tradicionales, y el hecho de que la aplicación
del daguerrotipo al medio de la estampación generaba una imagen
en tintas lo habría confirmado como un medio gráfico más
de entre los que estaban en boga en su época, consideración
que confirmaron además los primeros ensayos fotomecánicos
prácticos (Donne, Fizeau, Charles Negre, Berres, etc, etc.), procesos
que si bien adolecieron de grandes e importantes limitaciones, confirmaban
las expectativas que se habían puesto en el proceso daguerrotípico.
Si el daguerrotipo en un principio no servía para obtener directamente
imágenes en múltiple, en la época se entendía
que sólo sería cuestión de tiempo que se consiguiera.
Si se había conseguido atrapar la fugaz imagen de la cámara
oscura, ¿qué no se podría hacer con una imagen
no fugaz? pensarían en su tiempo. El hecho de que se esperara
obtener imágenes en tinta y no en papel fotográfico es algo
que en su tiempo no hacía menos fotográfico el proceso, es
más, todavía ni existía el concepto de que lo fotográfico
no fuera precisamente eso; y si bien era irrelevante para considerarla
como imagen fotográfica el que se obtuviera de un negativo
o de una plancha daguerrotípica, que estuviera en tinta o en sales
de plata, la imagen proveniente de una plancha metálica en principio
tenía más sentido como medio de reproducción en múltiple
que la obtenida con un proceso en papel, no en vano el proceso del negativo
traslúcido es ajeno a los procedimientos que por entonces se consideran
como tradicionales para la reproducción y estampación en
múltiple de imágenes. Considerar como esencialmente fotográfico
la característica de su multiplicidad a partir de un negativo fotográfico
es una consideración que se hace en la actualidad, pero es una forma
de concebir lo esencial del proceso fotográfico que ha tardado muchas
décadas en desarrollarse.
Si bien no hay duda del papel que ha
desempeñado la fotografía basada en la relación negativo
/ positivo y lo que ha supuesto el papel argéntico como el vehículo
de la imagen fotográfica así obtenida, llevar sus consecuencias
al periodo de 1839 - 1846 para interpretar la manera en que se entendía
la relación entre el daguerrotipo y la fotomecánica desdibuja
la realidad histórica más allá de lo aceptable. El
desarrollo de la fotografía misma junto con los procesos fotomecánicos
irán de la mano a lo largo de su larga existencia, y están
todavía íntimamente relacionados y su futuro depende de una
misma realidad tecnológica, dependencia que se deriva además
del hecho de tener las mismas raíces históricas y técnicas;
es más tal vez incluso sean una sola y misma "cosa". El momento
de la escisión que se lleva acabo sobre la concepción de
la fotografía y la fotomecánica y que hace pensar en la actualidad
que son dos realidades diferentes y distintas (la fotografía como
un medio artístico y la fotomecánica como un medio técnico),
tendrá lugar una vez que ambos procedimientos son capaces de producir
en sus propios términos imágenes comercializables y de suficiente
calidad, imágenes que en cada caso servían a sus propósitos.
En cuanto cada uno de ellos se desarrolla en un nicho propio toman lo que
aparentan ser caminos diferentes, pero mientras se trabajó para
que se alcanzara ese punto, la escisión conceptual no se había
producido, y es importante no olvidar que es inútil aplicar nuestros
conceptos, ya post-escinionistas, a la época donde esta escisión
simplemente no se había dado. La aplicación de nuestros conceptos
respecto a la época temprana de la fotografía produce paradojas
metodológicas que inducen a importantes errores de apreciación.
Los textos que se han traído
aquí pueden servir, entre otras muchas cosas, como medio para descubrir
y apreciar cómo se entendía la fotografía en aquella
lejana época cuando la escisión no había tenido lugar,
y más concretamente cómo la veían y abordaban los
personajes que participaron de su difusión en España en un
tiempo en el que el arte, la fotografía y la tecnología todavía
eran cofrades y todavía no se habían visto obligados a circunscribirse
a lo que pueden parecer realidades separadas e individuales.
150 años de fotografía en la Biblioteca Nacional. Guía inventario de los fondos fotográficos de la Biblioteca Nacional. Diversos autores (Coordina y dirige Gerardo F. Kurtz e Isabel Ortega. Ensayo por Lee Fontanella: 150 años de fotografía: contemplación y comprensión. Y ensayo por Marie-Loup Sougez: La imagen fotográfica en el medio impreso. Desarrollo de la fotomecánica y aproximación a los inicios en España). Madrid: Ediciones EL VISO, Ministerio de Cultura, 1989
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Gallego Paniagua, Ángel. Secretos del daguerreotipo, o Manual práctico de photografía, escrito en castellano por Ángel Gallego Paniagua. Contiene los procedimientos más modernos para obtener los retratos tanto en placas metálicas como en papel y cristal. Las operaciones están explicadas con la extensión y claridad necesarias para que el aficionado pueda por sí solo, aunque no tenga el menor conocimiento en el dibujo, dedicarse a esta maravilloso arte, y hacer retratos con la perfección y semejanza a que nunca llegará el mejor pintor. Madrid?: ?, 1851? [[Nota a este libro en esta edición electrónica: Debe tenerse en cuenta que, cómo se señala en el presente texto, esta obra se trae aquí como referencia a un libro de cuya existencia sólo se tiene conocimiento por los anuncios que sobre él se hacen en la prensa madrileña del siglo XIX; todo intento para su localización "material" ha sido infructuoso y permanece sin ser localizado ejemplar alguno de esta obra.]]
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Última actualización: 13 febrero 2000
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