G. F. Kurtz Fotogfkurtz@teleline.es |
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Gestión - inventario - conservación |
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Visitas desde 9/03/2000 :
- Todo el mundo se tenga, si
todo el mundo no confiesa que no hay en el
mundo todo doncella más
hermosa que la emperatriz de la Mancha, la sin par
Dulcinea del Toboso.
Paráronse los mercaderes
al son destas razones, y a ver la estraña figura
del que las decía; y,
por la figura y por las razones, luego echaron de ver
la locura de su dueño;
mas quisieron ver despacio en qué paraba aquella
confesión que se les
pedía, y uno dellos, que era un poco burlón y muy
mucho discreto, le dijo:
- Señor caballero, nosotros
no conocemos quién sea esa buena señora que
decís; mostrádnosla:
que si ella fuere de tanta hermosura como significáis,
de buena gana y sin apremio
alguno confesaremos la verdad que por parte
vuestra nos es pedida.
- Si os la mostrara -replicó
don Quijote-, ¿qué hiciérades vosotros en
confesar una verdad tan notoria?
La importancia está en que sin verla lo
habéis de creer, confesar,
afirmar, jurar y defender; donde no, conmigo
sois en batalla, gente descomunal
y soberbia. Que, ahora vengáis uno a uno,
como pide la orden de caballería,
ora todos juntos, como es costumbre y
mala usanza de los de vuestra
ralea, aquí os aguardo y espero, confiado en
la razón que de mi parte
tengo.
Don Miguel de Cervantes. Don
Quijote de la Mancha - Libro I, Cap. III.