Camino de Santiago (la ruta de las estrellas)
Santiago el Mayor era uno de los íntimos de Jesús de Nazaret; uno de los tres discípulos presentes en la transfiguración del monte Tabor, junto a su hermano Juan -llamado el amado- y Pedro. Su misión era predicar en las tierras más lejanas, en el final del mundo. Tras no salirle muy bien las cosas, regresó a Jerusalén, donde fue decapitado por orden de Herodes. Sus allegados trasladaron sus restos en barco, a la tierra que le vio difundir la buena nueva, para ser enterrado.
A partir del descubrimiento de su tumba en el s. IX, se crean multitud de rutas para llegar al lugar donde descansan las osamentas del santo. Las más destacadas son: El camino Primitivo, que cruza Lugo desde Oviedo. La vía de la Plata, que se inicia en Sevilla, subiendo por Mérida, Salamanca, Zamora, y bifurcándose por Astorga o Ourense. El camino del Norte, que bordea todo el mar Cantábrico desde Irún, y en Ribadeo empieza a descender, hasta enlazar en Arzúa con el más transitado de todos, el camino Francés, con sus dos ramales, el de Roncesvalles en Navarra y el de Somport (Summus Portus) en Huesca. También hay que mencionar el camino Portugués y el que parte del cabo de Fisterra (finis terrae), conocida como A Costa da Morte.
La ruta que he realizado es el camino Francés, por el ramal aragonés, desde Somport -unos 100 kms. más que desde Roncesvalles-. En total unos 849,8 kms. por 9 provincias (Huesca, Zaragoza, Navarra, la Rioja, Burgos, Palencia, León, Lugo, a Coruña), hasta llegar a la majestuosa catedral de Santiago, donde se halla la urna con los supuestos restos del Apóstol. MAPA
Muchos pueblos han nacido a raíz del Camino; en la mayoría, la línea amarilla que indica la dirección a seguir, pasa por la calle Real o Mayor de las localidades, y siempre por delante de las iglesias, catedrales, conventos... que daban servicios al peregrino de ayer y de hoy.
Esta senda que se pierde en el tiempo, hay que realizarla en un solo viaje -si es posible-, de principio a fin, para sumergirse plenamente en la conciencia del Camino, y dejar que los días, las lluvias, el soplo del viento... vayan modelando el alma y el cuerpo, como la arcilla en las manos del artesano.
Los males más frecuentes del caminante suelen ser las ampollas, tendinitis y dolores de espalda, así como problemas de insolación y mala alimentación.
lgunos consejos prácticos:
- Antes de empezar, durante las semanas anteriores, acostumbrar el cuerpo recorriendo largas distancias.
- Nunca llevar las botas nuevas (las ampollas aparecerán a pares).
- El peso de la mochila es fundamental, llevar lo justo.
- Empezar recorriendo distancias más cortas (he visto compañeros que comenzaban realizando 30 kms. diarios, y al cabo de unos días tenían que dejarlo, por graves problemas de tendinitis, dolores de rodilla o decidían coger el autobús para saltarse tramos, lo cual desvirtúa el propio Camino y la autenticidad con uno mismo).
- Durante la travesía, beber con frecuencia agua y bebidas isotónicas.
- La alimentación es muy importante; comer bien y de todo.
- Si surgen calambres musculares, podemos optar por comprar pastillas de magnesio, que nos aportarán los elementos necesarios para contrarrestarlos.
- También existe un producto llamado Sueroral, que disolviendo un sobre en 1 litro de agua, nos suministra todos los ingredientes básicos para el buen funcionamiento del organismo, aunque su sabor es un poco repelente (o sino un par de "Aquarius").
- Una gorra, doble calcetín (el de fuera grueso y fino el de dentro) para evitar roces, una capelina y un corazón lleno de aventura...
Al llegar a Somport (unos 1600 mts. alt.), nos quedaremos maravillados por las espléndidas y prístinas cimas que nos rodean. En un promontorio hay una pequeña capilla, con una virgen (no está de más pedirle protección, para tan largo viaje hacia el océano). Al lado de la carretera, un gran mojón y panel informativo nos señalará el inicio del sendero -coincide en todo el Aragón con el GR 65.3-, junto a una bonita baranda de madera, que nos introduce de lleno en el descenso de este bello valle, siempre al lado del río Aragón -nos acompañará hasta la población de Sangüesa, Navarra, donde un puente nos permite cruzarlo, para nunca más saber de él-.
Inicio del Camino en Somport, en el Pirineo aragonés.
Al llegar a Canfranc Estación, tenemos que dirigirnos a la Oficina de Turismo, para que gratuitamente nos den la Credencial de peregrino -indispensable para dormir en los albergues, y bonito recuerdo, ya que los hospitaleros la irán sellando-. Además, con la Credencial, podremos solicitar al llegar a Santiago la Compostela -un singular diploma de peregrino-, que permite a la hora de volver en avión, un importante descuento por parte de Iberia, así como visitar gratis el museo de la catedral.
Cascada al lado del sendero, descendiendo el valle Aragón.
Una vez en Jaca, dejaremos atrás el valle Aragón y los pueblecitos que le dan vida. Tras visitar la Ciudadela y la Catedral, cambiaremos el rumbo en dirección a poniente, para ya no dejarlo más. ¡Ojo al tramo que va de Puente la Reina de Jaca a Artieda! (se la conoce como la etapa del desamparo). Aprovisionarse bien de agua, ya que no hay localidad alguna -a no ser que uno se desvíe de la ruta-, sólo desierto. En una curva, una fuente junto a una granja al lado de la senda polvorienta, nos devolverá la alegría, ya cerca del promontorio donde está encaramado el precioso pueblo de Artieda, con un buen albergue y amplias vistas del Pirineo, y del polémico embalse de Yesa.
Antes de dejar atrás Aragón, su último pueblo, Undués de Lerda -con menos de dos docenas de habitantes-, nos recibirá con la grandeza de pisar una calzada romana de 2000 años de antigüedad. Todo un privilegio para el caminante moderno.
Navarra nos abre sus puertas con una localidad que huele a huevos podridos: Sangüesa. Según sopla el viento el mal olor varía. Uno se pregunta a qué es debido... pero sólo al dejar atrás la población se descubre el misterio; una enorme fábrica de papel con una inmensa balsa al aire libre, que impregna la atmósfera de sustancias químicas que resultan insufribles. Únicamente la generosidad del albergue de las Hijas de la Caridad, y la riqueza monumental e histórica, conseguirán apaciguar un poco el corazón contrariado del peregrino.
Antes de alcanzar el cementerio de árboles -la fábrica de papel-, se nos plantean dos opciones -bifurcación-. La mejor sin lugar a dudas, es la que a través de Liédena, cruza la espectacular y maravillosa Foz de Lumbier. Un escondido cañón, tallado por el río Irati, con una sobrecogedora presencia de buitres y águilas.
Senda navarresa, hacia el Alto de Loiti (740 mts. alt.), que se divisa al fondo, entre los montes.
¡Atención!, en Monreal se ha puesto en funcionamiento un albergue. Los que por tema de logística tengan pensado dormir en este lugar, tienen el asunto resuelto.
Después de recorrer las soledades y durezas del sendero, por pueblecitos como Otano, Ezperun, Guerendiain, uno llega agotado a Tiebas. Dejan pernoctar en la sala de un colegio, y si uno quiere ducharse, tiene que bajar para luego subir, una impresionante cuesta, en dirección a la piscina municipal. No cabe decir que no hay que pagar nada.
Una vez pasado Enériz, llegaremos a uno de los lugares más energéticos de la zona, con la fabulosa ermita de Santa María de Eunate -cien puertas en euskera-; construida en el s. XII por los caballeros Templarios, siguiendo su característico diseño octogonal y simbolismo iniciático. Vale la pena entrar y sentarse en uno de sus bancos de madera. El sosiego y la calma afloran como los campos de trigo que nos rodean.
Ermita de Sta. María de Eunate, construida en el s. XII por los caballeros Templarios.
Una vez llegados a Gares (Puente la Reina de Navarra), el camino se une con el ramal de Orreaga (Roncesvalles), y tras cruzar el mítico puente de piedra sobre el río Arga, ya sólo habrá un itinerario para todos. Lo que también se traduce en un mayor número de gente. Se echa a faltar la tranquilidad de los albergues y caminos recorridos... pero esto no es nada, comparado con lo que nos espera al llegar a Galicia. A más masificación, más buena cara. ;-)
Algunos pequeños núcleos habitados nos acercarán a Lizarra (Estella), donde el hospitalero puede llegar a ser un poco irritante. Un grupo de granadinos decidió pasar la noche al lado del río Ega, para preservar así la concordia. Lizarra (Estella) es una vieja ciudad; tras cruzar el empinado puente de la Cárcel, con la iglesia de San Miguel al lado, uno se topa de frente con la soberbia y misteriosa Iglesia del Santo Sepulcro. La riqueza monumental del lugar es importante, pero en el ambiente se percibe crispación.
Iglesia del Santo Sepulcro, en Lizarra (Estella).
Tras dejar el suburbio de Ayegui y un matadero que habla de muerte, decidí coger la bifurcación del monasterio de Irache; no tanto por su historia, sino por la famosa fuente del agua y el vino que hay en las famosas bodegas de al lado. En horarios de trabajo, mantienen abierto el grifo, que regala un sorprendente buen vino. Un regalo que en nuestros días, extraña a más de uno. Gracias desde estas páginas, por vuestra generosidad hacia el peregrino o caminante de hoy.
Cabe mencionar la penúltima localidad de Navarra, antes de entrar en la Rioja. Torres del Río posee una gran fuerza, y su oculta iglesia templaria del Santo Sepulcro -con influencias árabes-, en medio de las callejuelas, es una buena muestra de ello. Llama la atención el grupo que regenta el albergue privado.
La Rioja nos recibe con su capital, Logroño. La mirada queda cautivada por las torres barrocas de la catedral de Sta. María la Redonda, la piramidal de Sta. María del Palacio, y el puente de piedra sobre el río Ebro. Vale la pena recorrer las callejuelas del casco antiguo, que rodean la catedral. Las tapas, raciones y buenas copas de vino tinto, nos alegrarán la velada. No marchar sin antes probar las pochas riojanas. Un deleite.
Logroño, con el puente de Piedra sobre el río Ebro. Al fondo, las torres de la catedral de Sta. María la Redonda y de Sta. María del Palacio.
Superado el alto de San Antón, llegaremos a Nájera. Una enorme muralla rocosa, llena de cuevas, nos habla de los habitantes que antaño moraron allí. En el albergue, despiertan al agotado nómada con música clásica o cantos gregorianos. En este punto hay que hacer mención a dos grandes benefactores del camino: Santo Domingo de la Calzada y su compañero San Juan de Ortega. Sus obras de ingeniería en la creación y mejora de puentes y caminos, son determinantes.
En Santo Domingo de la Calzada destacan la Catedral, la torre Exenta, el puente medieval, sus murallas, y el acogedor albergue del monasterio de monjas Cistercienses. Cenar en su hospedería es alimentarse bien.
Espectáculo en el cielo de los campos riojanos. Un decorado maravilloso antes de entrar a Castilla.
La Rioja se ha quedado atrás con sus amplios campos de vid, y Castilla-León nos recibe en su provincia de Burgos, con el pueblecito de Redecilla del Camino. Un gran panel informativo de la ruta Jacobea en su comunidad, y un buen punto de Información -con gran surtido de libritos y mapas gratis-, harán las delicias del viajero.
Panel informativo de la ruta jacobea, en Redecilla del Camino. Primer pueblo de Castilla y León.
Ahora será cuestión de irse preparando para los montes de Oca. Un paraje con abundancia de robles y pinares, grandes cortafuegos, y al final, en un lugar de gran belleza y armonía, el monasterio y pueblo de San Juan de Ortega, con su fresco mausoleo y su bonito "milagro de la luz". El albergue es deplorable. Se encuentra en unas condiciones de gran abandono. Se paga la voluntad.
La senda pasa por Atapuerca (pueblo conocido por sus yacimientos prehistóricos), y ya sólo queda prepararse para la dura entrada a Burgos, con grandes camiones silbando al lado de uno, un enorme polígono industrial, e infinidad de calles hasta llegar al albergue, que se encuentra en el otro extremo de la ciudad, en la misma salida -un gran detalle y sensibilidad por parte del Ayuntamiento-. Hay gente que para salvar la agresividad de la entrada a la gran urbe, decide coger el autobús en los 7 últimos kms. Si podéis dejad esa tentación, recorredlo a pie, vuestra fuerza interior saldrá reforzada. El peregrino antiguo tenía que afrontar a los lobos, ladrones y enfermedades... el caminante moderno tiene otros peligros.
Burgos sorprende por su Catedral gótica, el arco de Santa María, el paseo de la Isla al lado del río Arlanzón, el Hospital del Rey, y ya más intimista, a la salida del parque del Parral, una recoleta ermita en honor a un peregrino que al volver de Santiago, decidió asentarse en el lugar para ayudar a los necesitados. Acogedor sitio para reposar y meditar.
Catedral gótica de Burgos.
Se acercan las llanuras, los árboles sin sombra, tres interminables mesetas nos ocultarán Hontanas, encajonada en el fondo del valle. El que regenta el bar del pueblo lo tiene bastante guarro, y según cómo, el trato puede ser desagradable; mejor comer en el albergue o en la piscina municipal, donde hacen unos excelentes bocadillos de tortilla de patatas.
Al dejar Hontanas, alcanzaremos una interesante zona telúrica, la que se extiende desde el mágico convento de San Antón hasta Castrojeriz. Una combinación de montes y llanos, con construcciones que se pierden en los siglos. Sólo restará cruzar el puente Fitero sobre el río Pisuerga, para entrar en los dominios de Palencia.
En Boadilla del Camino hay un buen albergue y restaurante dentro del mismo complejo. Al salir del lugar, nos encontraremos con el canal de Castilla, que nos acompañará hasta Frómista -considerado el chacra del corazón por los esoteristas-, donde unas fabulosas esclusas nos hablarán de tiempos pasados. El refugio del lugar es excelente, junto a la iglesia de San Martín.
Canal de Castilla, entre Boadilla del Camino y Frómista. Al fondo, los campos de trigo y el verde de algún solitario árbol, acaban por crear un auténtico jardín Zen.
La vía prosigue por andaderos, al lado de la carretera, por localidades como Carrión de los Condes, Terradillos de Templarios o Sahagún, ya en tierras de León. Buen lugar para comprar, refrescarse y desayunar como Dios manda. Otro andadero nos conducirá hasta el Burgo Ranero, y por pequeños núcleos habitados, hasta llegar a la gran metrópolis de León, cruzando la N-601 de mala manera y de prisa, para que no te atropellen. Un recibimiento muy lamentable. El Ayuntamiento tendría que preocuparse un poco, en arreglar y solucionar la entrada del Camino en su ciudad.León posee una de las joyas más hermosas del Camino... La Catedral gótica, con 1800 mts. cuadrados de vidrieras, una maravilla que sobrecoge el alma al entrar en su interior. Mil luces, mil colores, mil rosetones sorprendiendo la mirada en cada rincón, como un juego sutil de perfumes, entre el amado y la amada.
Catedral gótica de León.
Otra visita de deber, es la contemplación del románico de la Basílica de San Isidoro, y la acogedora fuente que hay delante. Pasear por las callejuelas de todo el casco antiguo es un gozo. Bares, restaurantes, tiendas... músicos, títeres, estatuas humanas... y el generoso albergue del monasterio benedictino de las Hermanas Carbajalas, cerca de la plaza Mayor. Al marchar, pasaremos por delante del renacentista parador de lujo de San Marcos, antiguo hospital de peregrinos; cruzaremos el generoso río Bernesga sobre un elegante puente, y unos bien cuidados jardines, con abundancia de color, agua y aves. Uno se va de esta villa con la mochila llena de cosas buenas...
Después de unos 48 kms. de senda, asfalto, pueblecitos... se alcanza el crucero de Santo Toribio, y a sus pies en el valle, Astorga. Las torres de la catedral de Santa María -300 años tardaron en terminarla-, nos saludan en la distancia, así como el palacio episcopal diseñado por Gaudí, que se encuentra al lado. Junto al albergue hay un amplio jardín -en dirección contraria un restaurante italiano, para saborear buena pasta-, con grandes árboles donde tumbarse a descansar. ¡Ahora!, la subida a la calle del refugio, no se la deseo ni a mi peor enemigo...
Crucero de Santo Toribio. Al fondo, Astorga.
Antes de llegar a Rabanal del Camino, pasaremos por un gran robledal, destacando el centenario roble del Peregrino, donde bien merece detenerse a su sombra, para beber agua, apaciguarse, y escuchar su majestuosa presencia. En Rabanal hay 2 refugios públicos, pero no os lo penséis, dirigios al privado, que está en la plaza al lado de la carretera; por 500 pts. dormiréis en uno de los mejores de la ruta, con una barra de bar en el recinto interior donde comer y beber. Los aseos y las duchas están en muy buen estado.
Empiezan las primeras subidas. Deteneos antes a desayunar en el Mesón de Gaia, en Foncebadón, para coger fuerzas. Una preciosa doncella, vestida de época medieval, os servirá en vasos y platos de barro; unas enormes velas os darán luz si queréis encenderlas, y una buena música New Age os amenizará la comida... leed los nombres de los platos y tapas de los que disponen... os quedaréis asombrados.
A la salida del mesón, una profunda inspiración, y a subir el monte Irago. A unos 1504 mts. alt. encontraremos la mítica Cruz de Ferro (Hierro), sujetada por un gran montículo de piedras, colocadas por los peregrinos durante siglos. Hay que depositar una piedra o algún objeto -como los miles de peregrinos anteriores a uno-, símbolo de dejar en este sitio, para siempre jamás, algún lastre del pasado, para volar más libre de ataduras. Resulta curioso descubrir algún contrato de matrimonio finiquitado, alguna tarjeta de crédito obsoleta, o bisutería varia... cerca tenemos la ermita de Santiago.
La mítica Cruz de Hierro, a unos 1504 mts. alt., en el monte Irago. Aún habrá que ascender hasta los 1517 mts., antes de empezar a descender, dirección al pueblo abandonado de Manjarín.
Una vez ya descendiendo, entraremos en el primer pueblo del Bierzo, el Acebo... por fin empiezan las buenas comidas, cañas de sidra y paisajes verdes. Destacar la playita que se han montado en Molinaseca, junto al río Meruelo, y el puente románico. A cuatro pasos tenemos ya Ponferrada, la capital, famosa por su castillo templario -monjes guerreros que defendían al peregrino en su viaje- y su gran simbolismo.
Castillo Templario en Ponferrada.
Después de cruzar pueblecitos y campos de vid -región conocida por su buen vino-, alcanzaremos agotados Villafranca del Bierzo. Destacar el pórtico del Perdón, de la iglesia de Santiago, así como el castillo y la colegiata de Santa María. Si encontráis llenos los dos albergues y el cámping -cosa nada extraña en la estación de verano-, os recomiendo dormir en el hostal del Comercio, edificio del s.XV, aunque los que lo regentan no llevan más de 60 años.
A la salida, tras haber dormido y cenado bien, hay que cruzar el puente sobre el río Burbia y continuar recto -importante-, hasta la N-VI. No cojáis al cruzar el puente la vía de la derecha hacia Pradela, puesto que es muy dura.
Los camiones os rozarán las orejas y os peinarán gratis el tupé durante toda la N-VI, pero a estas alturas uno está ya más curtido que un toro, y más os vale, porque el ascenso a Laguna de Castilla -último pueblo de León- y O Cebreiro -puerta de Galicia a unos 1300 mts. alt.-, es una de las subidas más duras. ¡¡¡Buen Camino!!! en las cuestas de los montes de León.
Galicia nos recibe con sus características brumas, y su vegetación exuberante (castaños, robles, álamos, campos de maíz, hórreos, ríos, y mil matices más, hasta entonces desconocidos). El alto de San Roque (1270 mts. alt.) nos muestra la enorme estatua al peregrino, y el Alto do Poio su gran pendiente. Sólo resta ir descendiendo entre pequeñas aldeas hasta Triacastela (tres castillos).
Estatua al Peregrino, en el alto de San Roque (1270 mts. alt.)
Sorprende al entrar en Galicia, la cantidad de gente y grupitos de chavales -en plan excursión fin de curso- que se encuentran en la ruta. Uno se pregunta de dónde carajo han salido, si no los has visto anteriormente, y es que muchos empiezan en O Cebreiro -los últimos 153 kms-. Al cabo de 2 o 3 días los ves quejándose, por las continuas subidas y bajadas en las espléndidas corredoiras. Incluso vi a unos que iban montados en el remolque de un tractor. Otros, incluso con la mochila y las botas puestas, se subían en autocares, que el mismo grupo alquilaba para saltarse jornadas enteras. Los más sutiles utilizaban coches de soporte. Siempre ha existido la picaresca... y en estos tiempos brilla que da gusto.
Galicia es la abundancia personificada. Campos de maíz entre mágicas brumas, mientras al fondo, los castaños, robles y álamos, se dejan ver tímidamente.
A partir de Galicia, a cada 500 mts. hallaremos un mojón informativo, referente a la distancia que resta para llegar a Santiago -muchos indican un valor incorrecto, por lo que mejor llevar una guía técnica-. A la salida de Triacastela se plantean dos opciones:
- A la izquierda por el monasterio de Samos.
- A la derecha por el místico valle de San Xil.
Mejor seguir la segunda opción, una exaltación de la belleza en su estado más inmaculado... tenues nieblas, aldeas salidas del túnel del tiempo, corredoiras imposibles, grupos de vacas buscando sus pastos... parajes que se han mantenido intactos durante siglos, y sin la influencia de la carcoma del tiempo... la intemporalidad aflora a cada paso con más fuerza, y romper ese silencio pleno sería todo un sacrilegio.
Decorados propios del Edén asaltan continuamente los pasos del caminante.
Sarria nos devuelve a la realidad de los grandes núcleos habitados, con sus prisas, sus ruidos y quehaceres rutinarios. El itinerario nos lleva por pequeños pueblos y aldeas, por el mítico km. 100. Tras cruzar el embalse de Belesar -nutrido por las aguas del río Miño-, subiremos a Portomarín. Este lugar posee un tesoro precioso: la iglesia-fortaleza de San Nicolás, construida por los monjes-caballeros de la Orden de San Juan de Jerusalén, en el s. XII. Antes se encontraba más abajo en el valle, junto al antiguo pueblo que desapareció bajo las aguas del pantano, por lo que se desmontó piedra por piedra -aún se ve la numeración de las mismas-, y se reconstruyó en la plaza central de la nueva ubicación de Portomarín.
Iglesia-fortaleza de San Nicolás, s. XII. Construida por los monjes-caballeros de la Orden de San Juan de Jerusalén, en Portomarín.
La senda siempre será rica en vegetación, la naturaleza siempre estará presente... pasado Ventas de Narón, al lado izquierdo del camino, veremos el Cruceiro de Lameiros acompañado de buenos robles. Al entrar en A Coruña, los eucaliptos aflorarán por todos los rincones, embriagando el aire con su perfume. La sensación de encontrarse en alguna selva boliviana será grande, maravilloso...
Vacas, gallinas, gatos, pastores, aldeas, ... hórreos, eucaliptos, corredoiras... una tierra generosa y llena de autenticidad.
De Pedrouzo (Arca) a Santiago es un paseo. Se pasa cerca del aeropuerto de Labacolla y se sube al Monte do Gozo, donde el peregrino puede contemplar ya por fin, la ciudad del apóstol... ¡¡¡Ultreya!!! El corazón se llena de júbilo y gratitud. El final del viaje está casi a un tiro de piedra. Después de pasar por las míticas rúas de los Concheiros, de San Pedro, Porta do Camiño, Casas Reais, la igrexa das Ánimas, praza de Cervantes, Acibechería, vía Sacra y praza da Quintana, uno llega a la emblemática Puerta del Perdón de la Catedral. Aquí termina un camiño y empieza otro.
Monumento dedicado a la visita del papa Juan Pablo II en 1992, en el Monte do Gozo. Lugar desde donde el peregrino, divisa ya por primera vez la Ciudad Santa. ¡ULTREYA!, es el grito que aflora del corazón.
Bajamos por la rica praza das Praterías, rúa Fonseca, para alcanzar la praza do Obradoiro, con las espléndidas y aéreas torres barrocas de la fachada. Al subir los 33 escalones y entrar, nos toparemos de frente con una de las joya del románico, el Pórtico de la Gloria, construido por el maestro Mateo en el año 1188. Se colocan los cinco dedos en la columnata central -donde ya hay la hendidura de la mano, de colocarla tantas veces, por tantos peregrinos durante siglos-, y se da gracias por estar ahí, por las personas que uno ha conocido, y por la salud de todos ellos. En la parte posterior está la estatua del constructor Mateo, donde el realizar 3 golpes con la cabeza para adquirir su saber, se ha convertido en parte del ritual.
Visión de la Catedral de Santiago, llegando a la praza Quintana; donde se encuentra la Puerta Santa o del Perdón, que sólo se abre en los Años Santos (cuando el 25 de Julio coincide en domingo).
A medio día, el espectáculo del botafumeiro esparciendo incienso sobrecoge el corazón, y más cuando al final todo el mundo estalla en un gozoso aplauso, por tan sublime momento. También es de deber subir a abrazar la estatua del apóstol, que está en el altar Mayor -parecido a lo que se hace con la Moreneta en Montserrat-, y posteriormente bajar a la cripta, donde hay la urna de plata que guarda los supuestos restos del Santo.
La sobrecogedora fachada barroca de la Catedral de Santiago, desde la praza do Obradoiro. Los rayos del Sol se filtran por entre los millares de arabescos en piedra, que abruman la mirada del espectador.
Todo el casco antiguo de la ciudad es un laberinto de calles, por donde perderse intencionadamente. Estatuas humanas, gaiteros y cantautores, dan vida a sus centenarias piedras. Pasear por el paseo dos Leóns, en la Alameda, nos ofrecerá unas vistas preciosas de la zona monumental. Acercarse al convento de San Francisco -fundado por San Francisco de Asís-, praza da inmaculada, monasterio de San Martín Pinario, y andar y andar por sus emblemáticas rúas de Vilar, Nova, da Calderería, da Conga, Preguntoiro... y dejarse embelesar...
Aquí termina un camino, y empieza otro...
Disfrutar del Ribeiro, del caldo y pulpo gallego, merluza, empanadas de todo tipo, tartas de Santiago, y demás delicias, nos harán recuperar las fuerzas perdidas desde que salimos del Pirineo. Si además llegamos el día 25 de Julio -el día de Santiago-, como fue en mi caso sin pretenderlo, aunque parezca increíble, nos veremos imbuidos en mil espectáculos y fiestas. Recordemos que "el Camino de Santiago" ha sido declarado como "Primer Itinerario Cultural Europeo" por el Consejo de Europa, y Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
El peregrino antiguo solía acercarse a Fisterra (Finisterre), para tirar simbólicamente sus botas al océano o quemar alguna prenda. En la estación de autobuses a primera hora de la mañana, parte un bus a Fisterra, y a las 16h su última recogida en el muelle de A Costa da Morte para Santiago. Es un viaje de más de 3 horas... y una vez allí, hay que andar un buen trecho por asfalto, hasta alcanzar el famoso faro, junto a un albergue y restaurante de lujo -con un olor a marisco irresistible-. El océano Atlántico se pierde entre labruma y los acantilados... Algunos tenderetes de objetos marinos llamarán nuestra atención, y pronto llegará la hora de bajar al pueblo, para comer un buen plato de pescado, recién sacado de las profundas aguas por sus gentes, que durante generaciones han vivido de los frutos de tan amplio y grandioso espacio, en A Costa da Morte...
Es de visita obligada acercarse a este mítico lugar. Fisterra (finis terrae), con sus barcas de pescador y un bonito cruceiro, mientras las brumas acarician al temido océano Atlántico.
¡Buen Camino amigos! no os lo penséis, vale la pena. Lo mucho que aprenderéis y conoceréis no tiene precio. Mil libros no pueden proporcionar el saber de un día en pleno Camino de Santiago.
Los acantilados, la bruma, la negrura del océano, el faro... y el antiguo peregrino, tirando sus botas o sandalias, para nunca más ser, en los confines de A Costa da Morte.
Lecturas: En la época medieval se seguían las referencias del Codex Calixtinus de Aymeric Picaud. En la actualidad tenemos buenas obras, como la guía "El Camino de Santiago a pie", de ediciones El País/Aguilar. "El Camino de Santiago", ed. Edilesa.
Música: "Plenilunio" de Luar na Lubre (Luna Llena)."Por el Camino de Santiago" de Candeal.