Las chapas de cava, un invento del siglo XIX

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Cuando en la época de Dom Pérignon se descubrió el medio de hacer que el vino se volviera espumoso las botellas eran taponadas con espigas de madera revestidas de estopa impregnada de aceite y selladas con cera. Rápidamente se dieron cuenta de que este taponamiento era insuficiente para retener la presión del gas del vino e impedir que las botellas tuvieran fugas. Tuvieron entonces la idea de utilizar tapones de corcho para taponar las botellas, pero muy rápidamente hubo que embridar seriamente los tapones para que no saltaran por la presión del gas natural del vino de Champaña.

Así es como se recurrió a la cordelería de cáñamo para mantener el tapón sobre las botellas. Para más seguridad ciertos tratantes complementaban esta cordelería con uno o dos hilos de alambre trenzado, la colocación del alambre se hacía mediante una pinza tijera. Pero esta sujeción metálica presentaba dificultades para destapar las botellas y había que utilizar una pinza especial o pequeño gancho para cortar el alambre.

Para facilitar el descorche de las botellas sin tener que utilizar una pinza o gancho, y sobre todo sin riesgo de herirse, surgió la idea de hacer un pequeño anillo en el hilo a encordelar. Este pequeño anillo, no obstante, a veces iba provisto de una plaquita de plomo en la cual estaba grabada la palabra "CHAMPAGNE" o también el nombre del negociante. Pero la colocación de estas cuerdas y alambres era larga y difícil. Se decidió entonces perfeccionar el alambre a encordelar preformándolo.

Las chapas fueron inventadas por Adolphe Jacquesson, un fabricante de champán , quien registró la patente el 11 de noviembre de 1844. Con anterioridad, las chapas se fijaban a la botella con una cuerda.

Parece que la primera motivación de Jacquesson a la hora de inventar esta chapa fue la económica. en esa época, la porosidad de los tapones permitía que se escapase de vez en cuando una parte del líquido y del gas. El champán se oxidaba y perdía sus cualidades. Jacquesson decidió utilizar tapones de un diámetro y una longitud superiores a los habitualmente usados, para lo cual también tuvo que inventar una máquina que le permitiese introducirlos a la fuerza dentro del cuello de las botellas.

Resuelto este primer problema, todavía había que solucionar el problema de poder sujetar el tapón a la botella. Para ello, este personaje tuvo al brillante idea de sujetar los tapones mediante una placa de metal y de esta forma no salían disparadas por la presión del gas.


Ahora las cápsulas son utilizadas como armas de marketing. En efecto, los productores personalizan desde hace años sus placas. Llevados por la moda la mayoría de las marcas poseen la suya propias. La cápsula ha pasado pues a la posteridad desde simples herramientas técnicas a objeto de colección placomusofilia.

Ver también : Novedades (Ultimas placas reconocidas por la CPC)

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