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Eduard Fuchs Eduard Fuchs (1886-1940), periodista y anticuario socialdemócrata cercano a Franz Mehring -el Lenin alemán-, cofundador con Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht del SPD (Partido Socialista Alemán). Fuchs resultaba un personaje interesantísimo, pues provenía de una familia proletaria que lo formó para impresor, no había tenido formación universitaria, había participado en los círculos anarquistas de Munich, poseía una desordenada y vasta cultura, era conocido en los círculos burgueses alemanes como el coleccionista de arte más consultado antes de la Primera Guerra Mundial y el principal poseedor de las caricaturas de Honoré Daumier (considerado padre de la caricatura política moderna). Además, era millonario. En 1933, funcionarios del Tercer Reich, siguiendo órdenes expresas del Führer Adolf Hitler, incluyeron en el Index Prohibitorum un libro considerado best- seller para la época: Historia ilustrada de la moral sexual desde la Edad Media hasta el presente. El libro desde su publicación en 1909 había atravesado una complicada historia repleta de escándalos, persecuciones, censuras, bloqueos de venta. Pero también de éxitos: la primera tirada de veinte mil ejemplares se vendió en tres meses y luego las reediciones serían constantes hasta el punto de que en 1930 era, según estadísticas, el libro más consultado en la Biblioteca Imperial de Berlín. Muchos de los lectores lo leían buscando un manual de técnicas sexuales, otros por satisfacer el placer voyeur de contemplar la extraordinaria colección de caricaturas y pinturas alusivas al tema erótico y muchos por mera novelería. Poco interés suscitó en los medios científicos y académicos, que lo descartaron como libro pornográfico. Las múltiples reimpresiones del libro enriquecieron a Fuchs, lo que fastidiaba a los pulcros dirigentes comunistas ortodoxos, que preferían no contar entre su corte intelectual con tan exótico huésped. Sólo en los años treinta un marxista hegeliano, seguidor de las teorías psicoanalíticas, Max Horkheimer, repararía en Fuchs e invitaría a otro marxista "atípico", Walter Benjamin, a escribir un ensayo sobre el famoso coleccionista. Benjamin escribió para la Revista de Investigación Social, en 1937, un trabajo titulado "Historia y coleccionismo: Eduard Fuchs", que contextualizaba -y de paso reivindicaba- la labor del historiador y crítico de arte. No parecía el marxismo la corriente más adecuada para reflexionar sobre la sexualidad. Condicionado en su versión leninista a estudiar la sociedad en sus aspectos más lúgubres -la explotación del proletario por el burgués, la teoría de la plusvalía, el antagonismo de clases sociales, la revolución comunista-, la moral-y sobre todo la moral sexual-, al lado del derecho, del arte y de la ciencia, sólo constituía una parte de la "superestructura" que reflejaba las condiciones de la "estructura", es decir, las relaciones de producción en un período determinado. Si las relaciones económicas eran de explotación capitalista, el arte y la moral justificaban esas relaciones injustas. La cartilla parecía fácil de recitar. Pero la realidad era más compleja y menos mecánica, y al dudar de la lección los marxistas heterodoxos resultaron tildados de reaccionarios o idealistas. Dos de ellos fueron Walter Benjamin y Eduard Fuchs. Al comienzo de su ensayo señalaba Benjamin: "Fuchs es sobre todo un pionero: el fundador del único archivo existente para la historia de la caricatura, del arte erótico y del cuadro de costumbres". Si recordamos que Benjamin trabajaba en un proyecto relativamente similar sobre el París de finales del siglo XIX, hallaremos las afinidades electivas que unen a los dos marxistas desarraigados. Fuchs intentaba por primera vez darle una interpretación materialista a la historia del arte erótico desde finales de la Alta Edad Media. ¿Pero cómo hacerlo sin caer en el evolucionismo histórico que caracterizaba a la crítica de la cultura -piénsese en Francesco de Sanctis en Italia, en el neokantiano Dilthey en Alemania, en Sainte-Beuve en Francia, en Menéndez y Pelayo en España-? Según ellos, la historia del arte era un continuum hacia adelante, es decir, destino histórico y perfeccionismo nacional. Fuchs prefería pensar en procesos históricos fusionados, en que partes del antes persistían en el después y, sobre todo, en las relaciones de producción materiales que subyacían al desarrollo de la cultura. Parecía fácil pensarlo, pero difícil de llevarlo a la práctica.
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